Novela posterior a 1936

Literatura española contemporánea. Exilio. Postguerra. Realismo social. Camilo José Cela. Generación del Medio Siglo. Escritores. Características

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LA NOVELA POSTERIOR A 1936

(La novela de los años 40 y 50: de lo existencial a lo social).

  • Novelistas españoles en el exilio

  • La prosa narrativa de los exiliados españoles alcanza una dimensión enorme. Algunos de estos novelistas ya habrían iniciado su obra antes de la Guerra Civil: Sender, Ayala, Aub, Chacel… Es posible conocerlos en este resumen a causa de la variedad de sus grupos generacionales, y la diversidad de sus planteamientos y tendencias narrativas, desde la coexistencia de formas tradicionales y vanguardistas en sus comienzos antes de la guerra hasta su tratamiento de la inmediata historia de España, interpretada desde la distancia del exilio.

    RAMÓN J. SENDER. Buena parte de su novelística está dedicada a la España del primer tercio del siglo XX y a la Guerra Civil. Lo autobiográfico y la España anterior a la Guerra se aúnan en la serie de nueve novelas “Crónica del alba” (1942-66). La parábola domina en “El rey y la reina” (1949), novela de orientación simbólica sobre la guerra. Y también ofrece una visión de la guerra en su excelente novela “Requiem por un campesino español” (1960). Sender cultivó la novela histórica en “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre” (1964). La película “El Dorado” se basa en esta última novela de Sender.

    FRANCISCO AYALA, más conocido por sus cuentos y narraciones cortas. Es autor de dos novelas relacionadas entre sí: “Muertes de perro” (1958) y “El fondo del vaso” (1962), situado en el subgénero de las novelas del dictador, indagación del régimen dictatorial de una imaginaria república hispanoamericana. En ambas se mantiene la intención moralizadora del autor y una variedad estilística que va desde la caricatura y el esperpento hasta la parodia, la ironía y el humor (relación con V. Inclán en su “Tirano Banderas”).

    MAX AUB, es autor de una obra muy extensa y variada. En el más audaz realismo tradicional, destaca “La calle de Valverde” (1961), sobre el Madrid de la dictadura de Primo de Rivera. Escribió un ciclo novelesco sobre la Guerra Civil, bajo el título general de “El laberinto mágico”.

  • La novela de posguerra (años 40)

  • En España, el ambiente de desorientación cultural de comienzos de la posguerra es muy acusado en el campo de la novela. Sólo la obra de Baroja parece servir de ejemplo para ciertos narradores de la llamada “generación del 36” (o de la guerra).

    Pero, junto al desolado realismo barojiano, se cultivaron otras líneas: la novela psicológica, la poética y simbólica. Es una época de búsqueda.

    Dos fechas suelen señalarse como indicios de un nuevo arranque de género: 1942 con “La familia de Pascual Duarte” de Cela, y 1945 con “Nada” de Carmen Laforet. Pero entre esos años se revelan autores como Torrente Ballester, Gironella, Delibes… y sangre sobre la sangre. La novela ilustra una concepción del hombre: criatura arrastrada por la doble presión de la herencia y del medio social. Pascual, según Madariaga, es “un infeliz que cose”. Todo ello tiene unas raíces sociales concretas, pero es más visible el pesimismo existencial del autor.

    CARMEN LAFORET, escribió “Nada” que causó un doble impacto. Su autora presentada, sin el menor tremendismo, a una muchacha que había ido a estudiar a Barcelona, donde vive con sus familiares en un ambiente sórdico de mezquindad, de historia, de ilusiones fracasadas, de vacío… Era una parcela irrespirable de la realidad del momento, con un estilo desnudo y un tono desesperadamente triste.

    El reflejo amargo de la vida cotidiana es una nota frecuente en la novela de posguerra. Su enfoque se hace desde lo existencial. De ahí que los grandes temas sean la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte…

  • El realismo social en la novela (1950-1962)

  • De la angustia existencial pasamos a las inquietudes sociales, la sociedad como tema. La novela social será la corriente dominante entre 1951, fecha de “La Colmena”, y 1962, fecha de “Tiempo de silencio de Martín-Santos”. Para muchos críticos, “La Colmena” es la precursora de la corriente con su despiadada visión de la sociedad madrileña. Otra obra representativa de 1951 sería “La noria” de Luis Romero, de personaje colectivo, con Barcelona como marco. Añádanse dos obras de Delibes: “El camino” (1950) y “Mi idolatrado hijo Sisí” (1953).

    Así llegamos a 1954, que Sobejano llama “año inaugural” de la novela social. En ese año se dan a conocer Aldecoa, Fernández Santos, Sánchez Ferlosïo, Ana María Matute, Juan Goytisolo… Les seguirán otros como Carmen Martín Gaite, García Hortelano, Caballero Bonald, etc., que han recibido la denominación de generación del Medio siglo.

    Entre ellos hay evidentes rasgos comunes. Ante todo, la solidaridad con los humildes y los oprimidos, la disconformidad ante la sociedad española, el anhelo de cambio.

    En lo concerniente a la orientación estética, dentro del realismo dominante se pueden señalar dos enfoques:

    - el objetivismo, que se propone dar un testimonio escueto, sin aparente intervención del autor.

    - el realismo crítico, en cambio, no se limita a reflejar la realidad, sino que pone de relieve las miserias e injusticias con ámbito de denuncia.

    En la temática, el interés de lo colectivo desplaza a lo individual; los problemas sociales se anteponen a los personales. Repasemos algunos temas:

    - la dura vida del campo es, tal vez, el tema más abundante, desde “Los bravos” de Fernández Santos (1945) o ciertas novelas de Aldecoa, “El fulgor y la sangre” (1954), hasta “La zanja” de A. Grosso (1961)…

    - el mundo del trabajo, las relaciones laborables aparecen con frecuencia; (“Central eléctrica” de L. Pacheco).

    - novelas de tema urbano: “La Colmena”, “La noria”…

    - novelas de la burguesía, de la juventud desocupada, abúlica (“Juego de manos” de Juan Goytisolo)…

    Técnicas y estilo: la estructura del relato suele ser aparentemente sencilla; se prefiere la narración lineal. Sencillez y concisión se percibe en las descripciones. Se concentra la acción en un espacio y un tiempo reducidos. Preferencia por las novelas de personaje colectivo, y, junto a él, la presencia del personaje representativo, tomado como síntesis de una clase o grupo. El diálogo ocupa un lugar preeminente; recoge el habla viva. El lenguaje adopta e estilo de la crónica, desnudo, directo.

  • CAMILO JOSÉ CELA

  • En su arte, y por encima de su variedad, destaca lo vigoroso de sus creaciones. Su estilo es el resultado de un ingente trabajo sobre nuestra lengua, su léxico, sus posibilidades expresivas, rítmicas, etc. De ahí una considerable sabiduría que se extiende a múltiples registros: la dureza amarga, el humor desgarrado, la franca obscenidad, el tono lírico y hasta los experimentos más audaces, unas veces recoge la realidad de forma directa, como Baroja. Otras, de forma distorsionada, vecina a la deformación quevedesca o al <<esperpento>> de Valle Inclán.

    Trayectoria novelística

    En 1942 publica su primera novela, “La familia de Pascual Duarte” (Ver la novela de posguerra).

    -“Pabellón de reposo” (1944) es su segunda novela, experimento pacífico, el anti-Pascual, en palabras de su autor. Es una novela de la inacción, en ella se transcribe los monólogos de unos enfermos de un sanatorio antituberculoso.

    - Su tercera novela, “Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Torees” (1944), pastiche de la novela picaresca.

    - Cela emprendió luego su obra más ambiciosa, “La Colmena” (1951). Su tema central es la incertidumbre de los sentidos humanos. En torno a ello hay unos temas dominantes: el hambre, el dinero, el sexo, el recuerdo de la guerra… y todos estos temas confluirían en una idea: la alienación. Estaría entre lo existencial y lo social, pero como obra precursora de la novela social de los años 50, iniciando así <<una nueva etapa en la novela española>>. En el plano técnico tres notas estructurales de “La Colmena” pasaron pronto a la novela social de 1950 en adelante: la concentración del tiempo, la reducción del espacio, la protagonización colectiva. Su papel innovador y su influencia son indiscutibles.

  • La novela española desde 1962 hasta 1975

  • A partir de 1960 comienzan a manifestarse signos de cansancio del realismo dominante en la novela.

    Nuestros autores tienen cada vez más en cuenta las aportaciones de los grandes novelistas extranjeros. Y pronto causará un fuerte impacto la nueva novela hispanoamericana.

    En 1962 surge “Tiempo de silencio”, novela considerada como obra inaugural de una nueva etapa en nuestra narrativa. Con el “Ulises” de Joyce como modelo, prodiga esta novela las alusiones a la “Odisea” y otros mitos clásicos. “Tiempo de silencio” es un desconsolado reflejo de la miseria existencial y se sitúa en un marco social concreto: el Madrid de los años del hambre. Desarraigo, frustración son los temas centrales que confieren a “Tiempo de silencio” su significación existencial. Pedro, el protagonista, viene a ser un trasunto de la mísera condición humana.

    La crítica ha definido al autor como narrador omnisciente que prodiga comentarios y juicios sobre sus criaturas, pero cede la palabra a sus personajes (monólogos) en muchas ocasiones.

    En cuanto a los aspectos técnicos destaca la narración en:

    - Las descripciones en las que preside la ironía y la elaboración metafórica.

    - Los diálogos presentan una variedad notable y responden a diversos registros y novedosas presentaciones.

    - Los monólogos. Explotación sistemática del monólogo interior.

    - Las digresiones; reflexiones del propio autor o del narrador al hilo del relato.

    Lenguaje

    Acostumbrados a la prosa sobria del realismo social, lo que sorprendió del lenguaje de “Tiempo de silencio” fue su barroquismo, el rebuscamiento, la experimentación lingüística, logrando un enriquecimiento del lenguaje de la novela.

    En los años que van de 1962 a 1975, se suceden aportaciones decisivas en la línea de la renovación experimental de la novela.

    - Camilo José Cela sigue la línea renovadora a partir de “San Camilo 1936” (1969) (Ver Cela).

    - Miguel Delibes, en 1966, demostraba su capacidad de incorporar nuevas técnicas en “Cinco horas con Mario”, largo soliloquio en que la protagonista evoca desordenadamente una vida y unas obsesiones. Más audaz sería “Parábola del náufrago” (1969), relato simbólico y alucinante que nos hace pensar en Kafka. Posteriormente escribe “Los Santos Inocentes”.

    - Torrente Ballester, culmina la trilogía “Los gozos y las sombras” (1963). En 1972 marca un hito fundamental en la trayectoria de nuestra novela con “La saga / fuga de J.B”, que es un tributo al experimentalismo y una magistral parodia del mismo, en la cual convienen lo mítico, lo mágico y lo irracional.

    Novelistas de la Generación del Medio Siglo.

    - Juan Bent escribe “Volverás a Región” (1967), novela experimental en torno a la ruina de una imaginaria comarca española. Más audaz aún es “Una meditación” (1970), que se presenta como un texto ininterrumpido (sin cortes de capítulos o secuencias). Es el monólogo de un personaje que evoca vidas de la mítica Región. La misma trayectoria enlaza otras obras posteriores.

    - Juan Marsé. En 1966 publica “Últimas tardes con Teresa”. Por su contenido, sigue siendo una obra de denuncia social, en la que son notorias las novedades técnicas: retorno al autor omnisciente, uso abundante del monólogo interior… En la misma línea se sitúa “La oscura historia de la prima Montse” (1970), en que los ideales y la generosidad de la protagonista contrastan con un sofocante ambiente burgués.

    Hacia 1970 se incorporan a la nueva novelística autores como: Ana Mª Matute, Carmen Martín Gaite, García Hortelano… (Citados en la novela de los 50-novela social).

    - Juan Goytisolo, fue uno de los pioneros en la busca de nuevas técnicas narrativas. De 1966 es “Señas de identidad”, una de las novelas más importantes de los últimos decenios. En ella se dan cita: cambios de punto de vista, saltos en el tiempo, uso de diversas personas narrativas, monólogos interiores, disertaciones, secuencias en forma de versos, diálogos en francés, páginas sin puntuación o en letra en cursiva, etc. Todo está magistralmente subordinado a su desgarrada búsqueda de identidad personal y de una revisión del pasado nacional. El camino emprendido en esta obra continúa con “Reivindicación del conde don Julián” (1970), y “Juan sin tierra”

    - Francisco Umbral, sus obras se sitúan en la confluencia entre la ficción, la autobiografía, la crítica periodística, el ensayo…Entre otros títulos, destaca “Mortal y rosa” (1975), bellísimo libro entorno a un hijo y su muerte.