Niveles de análisis del lengüaje

Psicolingüística. Comunicación verbal y no verbal. Ser humano. Clases de fonemas. Adquisición del vocabulario. Etapas. Patalogías del lenguaje. Pragmática

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II Niveles de análisis del lenguaje

La lingüística, es la ciencia que estudia el lenguaje humano. Como disciplina científica que es, ha sistematizado el estudio de este objeto distinguiendo diferentes niveles de análisis. Aunque hay algunas diferencias entre los autores, existe consenso en distinguir a lo menos seis niveles focales: fonético, fonológico, morfológico, sintáctico, semántico y discursivo.

Conviene advertir que estos no son niveles nítidamente diferenciados unos de otros. Existen, en efecto, zonas de traslape donde se intersectan los dominios de unos y otros (hay traslape entre fonética y la fonología; morfología y sintaxis, etc.). Tampoco debemos pensar que la distinción de estos niveles obliga al estudio de una lengua desde las unidades más pequeñas (el sonido) hasta las más complejas (unidades del nivel discursivo).

Es lo habitual, pero muchas veces ocurre que las claves para describir adecuadamente un nivel más básico están presentes en los niveles más complejos.

• Fonética: La fonética estudia los sonidos que producen los seres humanos para comunicarse unos con otros, y el estudio de estos sonidos provee las herramientas teóricas para reconocer, pronunciar, y escribir cualquier sonido de habla. Los sonidos que produce la voz humana se pueden estudiar en conjunto a partir de diversos puntos de vista. Dos de ellos han llegado al grado de precisión que los convierte en útiles para la lingüística: la fonética articulatoria, y la fonética acústica,.... La fonética articulatoria describe el sonido lingüístico desde el punto de vista de su producción (interesará saber, por ejemplo, de qué manera éstos se articulan, qué órganos intervienen, etc.); la fonética acústica describe el sonido lingüístico desde el punto de vista de sus propiedades físicas (interesará saber, por ejemplo, cuál es su frecuencia de onda, su duración, etc.).

Hay varias clases de sonidos:

-Por su zona de articulación: bilabial, alveolar, dental, velar, palatal, glotal, etc.

-Por su manera de articulación: oclusivas, fricativas, aproximantes, vocales, etc.

Los lingüistas utilizan símbolos técnicos para representar los sonidos tal como se pronuncian en cada caso. Un conjunto famoso de símbolos es el AFI (Asociación Fonética Internacional). Un estudiante de la fonética debe poder definir, reconocer, producir y transcribir una gama amplia de los sonidos utilizados en lenguas humanas.

[p] es una oclusiva bilabial sorda

[k] es una oclusiva velar sorda

Las transcripciones fonéticas que utilizan un sistema como el AFI facilitan la escritura de palabras, aún de lenguas que no tiene alfabeto, para que sean reconocidas por otras lingüistas sin conocimiento de la ortografía particular a esa lengua.

CLASIFICACION DE FONEMAS SEGÚN MODO PUNTO Y SONORIDAD

LETRA FONEMA MODO PUNTO SONORIDAD

P p Oclusiva Bilabial Sorda

B - V b Oclusiva Bilabial Sonora

T t Oclusiva Linguodental Sorda

D d Oclusiva Linguodental Sonora

C - K - Q k Oclusiva Velar Sorda

G - GU g Oclusiva Velar Sonora

F f Fricativa Labiodental Sorda

S - C - Z - X s Fricativa Dental Sorda

LL - Y y Fricativa Palatal Sonora

G - J j Fricativa Velar Sorda

CH ch Africada Palatal Sorda

M m Nasal Bilabial Sonora

N n Nasal Alveolar Sonora

Ñ ñ Nasal Palatal Sonora

L l Lateral Alveolar Sonora

R r Vibrante Simple Alveolar Sonora

R - RR r^ Vibrante

compuesta

Alveolar Sonora

Clasificación de los fonemas vocálicos:

Se producen con el tracto vocal abierto saliendo el aire libremente a través de la boca.

Según el grado de abertura:

• Abierta: lengua totalmente separada del paladar /a/

• Media: lengua a una distancia intermedia del paladar /e/o/

• Cerrada: lengua muy cerca del paladar:/ /i/u/

Según la posición:

• Anterior: la lengua se aproxima a la región delantera del paladar: /e/i/

• Central: la lengua se encuentra en la parte central del paladar /a/

• Posterior: la lengua de aproxima a la zona velar: /o/u/

Criterios de clasificación

• Sordas: no vibra la cuerda vocal. Turbulencias. Baja energía, alta frecuencia y

poca estabilidad a corto plazo

• Sonoras: vibra la cuerda vocal. Periódico. La frecuencia fundamental es el llamado tono. Alta energía y estabilidad a corto plazo:

• Nasales: el velo del paladar está separado de la pared faríngea

• Orales: el velo del paladar está unido a la pared faríngea y no permite el paso

de aire hacia la cavidad nasal:

• Oclusiva: el sonido se produce en dos fases, cierre del tracto seguido de apertura súbita (explosión

• Fricativa: el aire encuentra un cierre parcial o total en algún punto del tracto, provocando una turbulencia

• Africada: composición de oclusiva seguida de fricativa

• Vibrante: el ápice de la lengua se pone en vibración simple o múltiple

• Lateral: el aire sale por uno o ambos lados de la lengua

Desarrollo fonémico para cada grupo de edad

La adquisición se hace desde las consonantes posteriores hacia las anteriores,

como lo vamos a ver en la tabla de adquisiciones.

Edad años Sonidos del habla

3-4 años /b/ch/f/g/k/l/m/n/ñ/p/t/y/s/d/j/ua/ue/io/ia/ie/oi/ai/

sonido final /l/

4-5 años /r/ei/au/ sonido final /s/

5-6 años /rr/eu/ui/uo/ sonido final /r/d/j/

Posteriormente, el niño comienza la asociación de fonemas para dar lugar a la

sílaba, realizando las siguientes combinaciones:

Vocal "a"

Consonante-Vocal "ma"

Vocal-Consonante-Vocal "ama"

Vocal-Consonante "am"

Consonante-Vocal-Consonante-Vocal "mamá"

Sínfones

Se llama así a los grupos fónicos formados por dos fonemas consonantes, el

primero es licuante y el segundo es líquido.

Son fonemas líquidos: L y R

Son fonemas licuantes: P, B, F, T, C, G y D que sólo se combinan con R. Del

proceso de articulación de los sínfones y según los órganos que intervienen, se

pueden agrupar así:

Lateral Central

Labio-linguo- alveolar PL BL PR BR

Labi-dental- linguo- alveolar FL FR

Dento-lingual-alveolar TL TR DR

Linguo-velar-alveolar CL GL CR GR

• Fonología: Ahora bien, si concebimos el lenguaje humano en general y los

sonidos del habla en particular como un medio a través del cual logramos

comunicarnos, convendremos en que una distinción bipartita como la recién vista

(fonética articulatoria y fonética acústica) no considera un aspecto importante; a

saber, cómo los individuos perciben estas unidades concretas. Necesitamos

considerar, en consecuencia, además de la fonética acústica y articulatoria, una

fonética auditiva o perceptual.

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Los dominios científicos en los cuales están basadas cada una de estas subdisciplinas —fonética acústica, fonética articulatoria y fonética perceptual o auditiva— corresponden a la fisiología, la física y la psicología, respectivamente. Nótese que en cada una de estas áreas de la fonética, el objetivo central se vincula con la descripción de un fenómeno concreto: el sonido lingüístico.

En el nivel fonológico, el objetivo estará centrado no ya en describir los sonidos, sino en determinar cuál es la función que estas unidades concretas desempeñan en el sistema de la lengua. En fonología nos preguntamos si dos sonidos articulatoriamente similares son dos unidades funcionales distintas (fonemas) o son sólo dos variantes (alófonos) de una misma unidad funcional. También interesa estudiar en fonología la sustitución, caída y adición de fonemas en la morfología de una lengua (morfofonología) y cuáles son las posibilidades de combinación de estas

unidades funcionales (fonotaxis).

La fonología tiene que ver con la organización sistemática de los sonidos de una lengua específica. Se habla de la fonología del castellano, la fonología del catalán, etc. La fonología se fija en la función de los sonidos en la lengua.

Desde una perspectiva temporal el análisis fonológico puede ser visto sincrónica o iacrónicamente. El análisis diacrónico estudia los fenómenos fonológicos en su evolución histórica; el análisis sincrónico estudia los fenómenos fonológicos en un momento histórico determinado (en estas notas privilegiaremos el estudio fonológico sincrónico focalizado en la identificación de los fonemas de una lengua). Una distinción clásica que se plantea en el nivel fonológico, por otra parte, es la oposición entre las nociones de fono y fonema. El fono es una unidad concreta que

describimos en términos de ciertos parámetros articulatorios; el fonema es unidad abstracta que cumple en la lengua una función opositiva o contrastiva. En fonología distinguimos, en consecuencia, dos niveles con sus respectivas unidades: un nivel concreto (cuya unidad es el fono) y un nivel abstracto (cuya unidad es el fonema). Ésta es la distinción clásica. Sin embargo, podemos ser aún más rigurosos y distinguir tres niveles de abstracción con sus respectivas unidades de análisis. Así, en el nivel más concreto encontraríamos los sonidos lingüísticos, esto es, cada una de las unidades únicas e irrepetibles que un sujeto produce en un momento y lugar

determinados (un espectrograma permitiría observar, por ejemplo, que cada vez que producimos un enunciado como [no], los sonidos [n] y [o] son diferentes); en un nivel medio de abstracción encontraríamos los fonos, esto es, una agrupación de sonidos que comparten los mismos rasgos articulatorios y que son manifestaciones de unidades funcionales (al situarnos en este nivel diremos, por ejemplo, que el castellano de Chile tiene entre sus fonos los siguientes: [s] [fricativo, alveolar, sordo] y [z] [fricativo, alveolar, sonoro]); y, finalmente, en un nivel de abstracción mayor

encontraríamos el fonema, esto es, una unidad perteneciente al nivel teórico cuya función consiste en formar y diferenciar signos (Ávila 1989). Al situarnos en este nivel diremos, por ejemplo, que en el castellano de Chile existe un fonema /s/, el cual tiene dos realizaciones alofónicas en distribución complementaria: [z] (que ocurre ante consonante sonora) y [s] (que ocurre en los demás casos).

Un aspecto que conviene subrayar en este punto, es el hecho que los fonemas y sus correspondientes realizaciones alofónicas, son de un número pequeño y carecen de

significado. Esto dota al sistema comunicativo humano de enorme economía y eficiencia, toda vez que con un número finito de unidades sin significado podemos producir un número infinito de unidades

Adquisición del sistema fonológico

En el desarrollo fonológico se distinguen diferentes momentos o fases, las que deben ser vistas dentro del desarrollo general del lenguaje y la comunicación. Se puede distinguir un periodo inicial de gritos y llantos que obedecen a estados fisiológicos y posteriormente uno de gorgoreo, el que el bebé emite sonidos asociados a estados placenteros. El periodo del balbuceo marca la transición desde el juego vocal al lenguaje verbal.

El siguiente cuadro muestra las etapas en el desarrollo del lenguaje en el ser

humano.

• Inicios de la Comunicación (nacimiento a 10 y 11 meses)

• Nivel prelingüístico

o Etapa de llantos, gritos, “gorgoreo” (hasta 4 o 5 meses)

o Etapa de balbuceo (hasta 10 y 11 meses). Comunicación no

verbal y paralinguistica.

• Transición al primer nivel lingüístico (hacia los 11 y 12 meses)

• Comunicación Verbal y No Verbal (desde 2º año)

• Primer Nivel lingüístico (12 a 30 meses)

o Etapa de primeras palabras, más balbuceos (12 a 18 meses)

o Etapa de enunciados de dos elementos (18 a 24 meses)

o Etapa de enunciados de más de dos elementos (24 a 30

meses)

• Segundo Nivel lingüístico: Preescolar (30 a 60/72 meses)

• Tercer Nivel lingüístico (escolar)

• Niveles de la adolescencia y adultez.

Pautas evolutivas del desarrollo fonológico

La mayoría de las perspectivas teóricas admiten la hipótesis de la continuidad entre el periodo del balbuceo y el del habla con significado. Se asume que el proceso de adquisición fonológica comienza desde el nacimiento con la emisión de los primeros sonidos -etapa prelingüística- y se continúa de forma progresiva y gradual hasta la edad de los cuatro años aproximadamente, en donde la mayoría de los sonidos aparecen discriminados en palabras simples. El proceso se termina de completar, en el caso del español, a la edad de los seis o siete años, cuando se dominan determinadas sílabas (“pal” y “pla”, etc ) y fonemas complejos (/r/ y /rr/) .

Ingram (1976) comenta la necesidad de poseer un marco general de desarrollo fonológico para poder situar a cualquier niño en su proceso de adquisición. De este modo, establece una serie de etapas generales en el proceso de adquisición

fonológico y las compara con las etapas del desarrollo cognitivo propuestas por Piaget estableciendo un paralelismo entre ambas, hecho que se resume en el siguiente cuadro:

ETAPAS COGNITIVAS (Piaget) ETAPAS FONOLÓGICAS (Ingram)

Periodo sensorio motor (0-1,6)

• Desarrollo de sistema de movimiento y percepción

• Se adquiere la noción de permanencia del objeto

1. Vocalización prelingüística y percepción (0,0-1,0)

2. Fonología de las primeras 50 palabras (1,0-1,6)

Periodo de las operaciones concretas (1,612,0):

A) Subperiodo preconceptual (1,6-4,0)

• Inicio de la representación simbólica

• Actividad centrada en el aquí y el ahora

• Predominio del juego simbólico

3. Fonología de morfemas simples

Expansión del repertorio de sonidos del habla.

Procesos fonológicos que determinan las

producciones incorrectas. Estas predominan

hasta los 4 años donde la mayoría de las

palabras simples son correctas.

B) Subperiodo intuitivo (4,0-7,0)

• Percepción inmediata

• Comienzo de la adquisición del concepto

de reversibilidad

• Comienzo del juego social

4. Culminación del repertorio fonético.

Adquisición de los sonidos problemáticos a

nivel productivo a los 7 años. Producciones

correctas de palabras simples. Comienzo del

uso de palabras más largas.

C) Subperiodo de las operaciones concretas

(7,0-12,0)

• Aprendizaje del concepto de reversibilidad

• Comienzo del concepto de conservación

de la materia.

5. Desarrollo morfofonemático. Aprendizaje de

una estructura derivacional más elaborada.

Adquisición de las reglas morfofonrmáticas del

lenguaje

Periodo de las operaciones formales (12,016,0)

• Utilización del pensamiento abstracto

• Resolución de problemas mediante la

reflexión.

6. Deletreo. Habilidad para deletrear.

El nivel de organización refleja la manera en que el niño está estructurando el sistema. Se llama repertorio fonológico al conjunto de sonidos que el niño usa contrastivamente, para diferenciar significados. Debido a la inmadurez de sus aparatos auditivo y articulatorio, a las limitaciones de procesamiento -que incluyen limitaciones atencionales y de memoria- y a la poca experiencia con el lenguaje, el niño pequeño usa estrategias propias ante la necesidad de comunicarse con el

adulto Ahora, conviene destacar también que el nivel fonético y el nivel fonológico no son dos niveles independientes. Son, más bien, "dos caras de una misma moneda", dos perspectivas desde las cuales se analiza un mismo objeto.

Citemos a Quilis (p. 7):

Algunos lingüistas han pretendido hacer de la Fonética y de la Fonología ciencias independientes y tratarlas por separado. Hoy se vuelve a ver en estos dos aspectos fónicos del lenguaje un núcleo, una montaña con dos vertientes inseparables que requieren un mutuo apoyo para su existencia útil y definitiva. El desarrollar solamente la Fonética no tiene el mismo alcance ni extensión que cuando se desenvuelve con miras a la función que esos símbolos desempeñan en el sistema de la lengua. El pretender describir solamente el aspecto fonológico de una lengua sin tener para nada en cuenta el fonético, es un absurdo, y más que esto un imposible. El valor y desarrollo de la Fonología y de la Fonética se condicionan mutuamente.

El estudio de la fonología es la base para el alfabeto de la lengua. No hay ninguna lengua del mundo que se representa fonéticamente por su alfabeto práctico pues la representación fonética incluiría muchos detalles predecibles.

Históricamente, ante un niño con errores en su habla, poco inteligible, sin una causa aparente para su trastorno, se tendía a pensar que las dificultades estaban en el acto físico de producir los sonidos, es decir, en la posibilidad de ejecutar las secuencias de gestos articulatorios necesarios. Se usaba entonces la etiqueta de desórdenes articulatorios o dislalias múltiples. Otros autores hablaban de trastornos sensoriomotores, considerando la existencia de problemas a nivel perceptual, en la discriminación auditiva de dichos sonidos. De esta forma, se pensaba en un rigen periférico, lo cual implicaba que todos los problemas con los sonidos del habla fueran abordados como si solamente requirieran foco sobre la percepción y/o la producción.

En los años 80, comienza a haber un alejamiento de la etiqueta de trastornos articulatorios. A partir de la aplicación de teorías fonológicas y de adquisición del lenguaje, y teniendo en cuenta la evidencia clínica, se empieza a considerar que estos trastornos tienen un origen más central o lingüístico.

Para este nuevo enfoque, el problema estaría en el aprendizaje de la fonología del lenguaje, esto es, en aprender qué sonidos de la lengua permiten hacer distinciones de significado. Se habla de desórdenes fonológicos del desarrollo y se instala la diferencia entre errores fonológicos y errores fonéticos.

-Errores fonológicos: derivan de una mala estructuración del sistema de contrastes de la lengua. Los sonidos pueden aparecer en el habla del niño pero en forma inapropiada, lo cual genera problemas para la transmisión de significados.

-Errores fonéticos: derivan de un problema articulatorio y el niño altera la producción del sonido en forma sistemática.

En la práctica, la aparición del enfoque fonológico en lugar de ampliar la visión sobre los problemas del habla, parece haber originado una visión igualmente estrecha, pues al considerar aspectos más cognitivos o centrales, deja excluido todo lo que es articulatorio. Tal como plantea Acosta (1998), debería considerarse el desorden fonológico desde una perspectiva amplia en la que se dé entrada a las dificultades fonéticas, ya que lo que se ve generalmente en la clínica, son niños que presentan errores fonéticos y fonológicos al mismo tiempo. La distinción entre ambos tipos de errores nos da idea de su origen, orientándonos para elegir la terapia más adecuada.

La semántica: Es un subcampo de la gramática y, por extensión, de la lingüística. Proviene del griego "semantikos", que quería decir "significado relevante", derivada de "sema", lo que significaba "signo". Se dedica al estudio del significado de los signos lingüísticos y de sus combinaciones, desde un punto de vista sincrónico o diacrónico.

El término semántica, se refiere a los aspectos del significado o interpretación de un determinado código simbólico, lenguaje o representación formal. En principio cualquier medio de expresión (código, lenguas,...) admite una correspondencia entre expresiones de símbolos o palabras y situaciones o conjuntos de cosas encontrables o inferibles en el mundo físico o abstracto que puede ser descrito por dicho medio de expresión.

Quienes estudian la semántica tratan de responder a preguntas del tipo "¿Cuál es el significado de X (la palabra)?". Para ello tienen que estudiar qué signos existen y cuáles son los que poseen significación —esto es, qué significan para los hablantes, cómo los designan (es decir, de qué forma se refieren a ideas y cosas), y por último, cómo los interpretan los oyentes—. La finalidad de la semántica es establecer el significado de los signos —lo que significan— dentro del proceso que asigna tales significados.

La semántica se estudia desde una perspectiva filosófica (semántica pura), lingüística (semántica teórica y descriptiva) así como desde un enfoque que se conoce por semántica general. El aspecto filosófico está asentado en el conductismo y se centra en el proceso que establece la significación. El lingüístico estudia los elementos o los rasgos del significado y cómo se relacionan dentro del sistema lingüístico. La semántica general se interesa por el significado, por cómo influye en

lo que la gente hace y dice.

La adquisición del vocabulario

La etapa de las primeras palabras se inicia entre los nueve y los catorce meses. En ella convergen los procesos de percepción y producción fonológicas a los que se superponen la función expresiva y la función referencial propias de la organización léxico-semántica. Y también en esta fase hay que distinguir la comprensión, que precede, y la expresión de las palabras.

En la adquisición del vocabulario aparecen en primer lugar los sustantivos y las interjecciones; los primeros como designación de personas (papá, mamá) y objetos del entorno; las interjecciones, en cambio, como elemento que recuerda el grito con función apelativa.

Hacia los quince meses aparecen los primeros verbos, y hacia los veinte, los adjetivos y los pronombres. A causa de la aparición de los sustantivos como palabras-frase, con frecuencia equivalentes a un deseo, algunos han defendido que estos sustantivos a menudo ejercen la función de verbo. Así, agua, puede significar:

dame agua, quiero agua, tengo sed... Lo que justificaría su identificación como verbos.

Pautas evolutivas del desarrollo semántico

En el caso de la semántica, es difícil presentar marcos evolutivos de los primeros años de vida, ya que su evolución depende de tal número de variables que no permiten establecer el desarrollo tipo para cada edad. No obstante vamos a exponer seguidamente algunas características cronológicas que han destacado diversos autores.

En cuanto al nivel de comprensión, Monfort y Juares (1989) señalan una serie de

pautas evolutivas.

-A los 12 meses, el niño entiende más o menos tres palabras diferentes

-Entre los 12 y 18/20, hay un registro más lento y la cantidad anterior aumenta hasta la veintena.

-Hacia los 24 meses, el aumento es mucho más rápido y el niño suele entender unas 250 palabras diferentes.

-Hacia los 36 meses, en un niño sin alteraciones de lenguaje, el crecimiento del vocabulario es importante. Cada día aparecen palabras nuevas coincidiendo con un mayor uso del lenguaje.

-Hacia los cuatro años este crecimiento se acentúa, el niño comienza a jugar con el lenguaje y formula numerosas preguntas. En estas edades, el niño incorpora nuevos rasgos de significado a las primeras palabras conocidas.

-Hacia los cinco años el promedio de palabras que comprende oscila entre las 2.000 y las 2.200

-A los seis años comprende una media de 3.000 palabras

La primera etapa del grito y del llanto no tiene valor semántico. Estos forman parte de un comportamiento motor, o, en el mejor de los casos, son medios para atraer la atención. La etapa del balbuceo queda en mera acción circular egocéntrica.

(MONFORT y JUÁREZ).

Pero según RONDAL, (1982) la adquisición de palabras empieza muy lenta.

Número de palabras comprendidas por el niño según la edad

(De RONDAL, J. A.: El desarrollo del lenguaje, Ed. Médica y Técnica, Barcelona, 1982, pág. 23.). La tabla recoge en cifras aproximadas el desarrollo de la comprensión semántica hasta los seis años. A partir de esa edad, el desarrollo de la comprensión es muy particular para cada caso y depende de numerosas variables (socialización, escolarización, etc.).

Calidad del lenguaje del niño

El niño, a la vez que va adquiriendo el lenguaje, va organizando su percepción de la realidad. Pero en esta evolución el progreso cuantitativo no sigue el mismo ritmo cualitativo. Este desarrollo, como casi todos los desarrollos del niño, se produce de forma discontinua y supone una serie de reconstrucciones sucesivas.

Para PIAGET, entre los 3 y los 6 años su lenguaje, igual que su pensamiento, es

ante todo egocéntrico. Incluso el lenguaje socializado que aparece luego, al principio sirve para satisfacer impulsos o necesidades, como por ejemplo para jugar, más que para comunicar

ideas. Igualmente sirve para decir lo que piensa y afianzarse en ello.

A partir de la escolarización su lenguaje adquiere más posibilidades de comunicación. Pero entre los 7 y 8 años todavía su lenguaje continúa siendo egocéntrico en un 20 ó 25%.

Lenguaje y conducta en el niño

El lenguaje acompaña constantemente la acción de los niños. Según VYGOTSKY esto contribuye a organizar su conducta.

Se han realizado experiencias (LURIA) para observar de qué manera las conexiones

verbales regulan la actividad del niño. Se puede concluir:

1. La función deíctica del lenguaje, o demostración, está formada ya a los 2 años.

2. La comprensión del lenguaje en el niño no tiene carácter selectivo: a veces la influencia que las palabras ejercen sobre él no es semántica, sino impulsiva. Así, si a un niño de 3 años se le dice que apriete una pelota con las manos, la aprieta; pero si se le dice que no apriete más, sigue apretando.

3. Hasta los 4 años no se puede dar más que un valor relativo a la influencia de las consignas. La comunicación interhumana no es sólo lingüística. Hay variedad de mensajes.

La pragmática:

Si la semántica se plantea la pregunta "¿Qué quiere decir X?", la pragmática

intentará responder (Calsamiglia y Tusón, 1991) a preguntas del tipo:

• "¿Qué quieres decir con X?"

• "¿Cómo hemos de decir X para hacer lo que queremos?"

• "Qué hacemos al decir X?"

• "¿Qué principios/máximas/reglas de juego regulan nuestra actividad lingüística?"

.. "¿Qué diferencia hay entre lo que queremos decir, lo que decimos y lo que decimos sin querer?" (Reyes, 1990)

El punto de partida de la pragmática es la consideración de "el hablar" como "un hacer". La lengua es su uso, y ese uso es siempre contextualizado. Como señala Levinson (1983), "la pragmática es el estudio de la capacidad de los usuarios de una lengua para asociar oraciones a los contextos en que dichas oraciones son apropiadas". El objeto de la pragmática será el estudio de la lengua en su

contexto de producción. Desde esta perspectiva, se entiende por contexto no sólo el "escenario" físico en que se realiza una expresión sino también el bagaje de conocimientos que se asume como compartido entre los participantes en un encuentro comunicativo. Ese conocimiento compartido es el que asegura el entendimiento de los hablantes y permite poner en funcionamiento todo un juego de

presuposiciones. El acto comunicativo no se entiende como algo estático, ni tan siquiera como un proceso lineal, sino como un proceso cooperativo de interpretación de intencionalidades. Al producir un enunciado, el hablante intenta hacer algo, el interlocutor interpreta esa intención y sobre ella elabora su respuesta, ya sea lingüística o no lingüística. Tanto el proceso de manifestación de intenciones como el proceso de interpretación exigen que los interlocutores compartan una serie de convenciones que permitan otorgar coherencia y sentido a los enunciados que se producen, sentido que va más allá del significado gramatical de las oraciones, como

se pone de manifiesto en los enunciados indirectos.

Para Wittgenstein (1953), el lenguaje se ordena de acuerdo con las reglas de uso público, el significado de las palabras reside en su uso cultural, regulado y público y, por lo tanto, es la cultura, las "formas de vida" —concepto paralelo al de "juegos de lenguaje"—, la que confiere significado a los enunciados. En la proposición 23 leemos: "La expresión juego de lenguaje ha de subrayar aquí que hablar es una parte de una actividad o de una forma de vida".

El juego de lenguaje es el uso reglamentado del lenguaje. En el proceso de adquisición de una lengua, lo que se adquieren son, precisamente, esas reglas de uso socialmente marcadas que debemos aprender a usar en diversas situaciones y contextos y que, si bien son implícitas, están en el propio uso, ni están por debajo de él ni son diferentes a él. En la citada proposición 23 Wittgenstein presenta una lista, a modo de ejemplo, de la multiplicidad de los juegos del lenguaje. Entre otros, cita los siguientes: dar órdenes y actuar siguiendo órdenes, describir un objeto por su

aspecto o por sus medidas, fabricar un objeto de acuerdo con una descripción, relatar un suceso, hacer conjeturas acerca de un suceso, formar y comprobar una hipótesis, hacer un chiste y contarlo, suplicar, agradecer, maldecir, saludar, rezar...

Así pues, el lenguaje no es, según Wittgenstein, un simple instrumento para expresar lo que uno piensa, sino una forma de actividad, regulada y pública.

Grice (1975) plantea que e! intercambio conversacional es similar a cualquier transacción contractual en la que los participantes tienen un objetivo en común, sus actuaciones son mutuamente interdependientes y existe un acuerdo tácito para que la transacción continúe hasta que ambas partes decidan terminarla de común acuerdo. Esta concepción le llevará a formular el principio de cooperación como principio regulador de todo acto comunicativo: "Haz que tu contribución a la conversación sea la adecuada, en el momento en que se produce, para la finalidad aceptada del intercambio conversacional en el que estás participando" (1975: 4546).

Grice observa que, si bien estas máximas son convenciones que regulan los intercambios comunicativos, en muchas ocasiones se transgreden o se producen desajustes. En esos casos, los participantes en el intercambio realizan un proceso de implicatura para que quede a salvo el principio de cooperación. Así como en la teoría de los actos de habla se distingue entre el significado literal y la fuerza elocutiva (la orientación hacia el objetivo esperado del acto de comunicación), desde la teoría del principio de cooperación se establece una diferencia entre "lo que se dice" y "lo que se implicaba". Para Levinson (1983: 97), el concepto de implicatura es altamente interesante porque: " Es un ejemplo paradigmático de la naturaleza y el poder de las explicaciones pragmáticas de los fenómenos lingüísticos. Se puede mostrar que el origen de estos tipos de inferencia pragmática residen fuera de la organización del lenguaje, en algunos principios generales de la interacción cooperativa y, sin embargo, permeabilizan la estructura del lenguaje".

Adquisición de la pragmática (uso del lenguaje): Según Halliday, el progreso

hacia el sistema adulto atraviesa por tres fases:

La fase I, en la que se incluyen seis funciones:

a) Función instrumental, por la que el niño consigue los objetos que satisfacen

sus necesidades.

b) Función reguladora, le permite que alguien haga algo.

c) Función interaccional, en la que el lenguaje es utilizada para la interacción

social.

d) Función personal, que se utiliza como medio de expresión personal y para

introducir el hablante en el acto del habla.

e) Función heurística, en la que el lenguaje permite explorar el su contorno y

aprender.

f) Función imaginativa, por la que se utiliza el lenguaje para crear un entorno

(juegos, narraciones, etc.);

g)

Ejemplos:

Adquisición de la pragmática Función instrumental Función reguladora

Función

interaccional

Función

imaginativa

Función

heurística

Función

personal

La fase II posee un carácter transicional y tiene las siguientes funciones:

a) Pragmática (se refiere al lenguaje en cuanto acción, y procede de la función

instrumental y de la reguladora);

b) Matética (es el lenguaje en cuanto aprendizaje y procede de la personal y

*heurística); y, por último, la función

c) Ideacional, que contribuye la ambas;

La fase III constituye el comienzo del sistema adulto. Destacan tres funciones:

a) La ideacional,

a) La interpersonal

b) Y la textual

Alessandri María Laura, 1978 Trastornos del lenguaje, detección y tratamiento en el aula Landeira Ediciones S.A.

Pautas evolutivas del desarrollo pragmático

Los estudios centrados en el desarrollo pragmático mantienen que la evolución de las funciones lingüísticas es en gran medida universal y relativamente precoz al culminarse antes de que se complete el desarrollo de los elementos estructurales del lenguaje (Holliday, 1975). En este sentido, se suelen diferenciar dos etapas:

1. Etapa Prelingüística. Una de las principales aportaciones de la pragmática al estudio del lenguaje infantil es la atención que presta al desarrollo en el periodo prelingüístico, etapa en la que se concretaría el origen del uso del lenguaje para interactuar con los otros y se establecería las bases de las funciones comunicativas.

Desde una perspectiva funcional, en la que se concibe el lenguaje como instrumento de de interacción y comunicación, se apoya la idea de continuidad entre socialización y comunicación preverbal y desarrollo del lenguaje. El niño no espera a disponer del lenguaje para comunicarse. Desde el nacimiento los bebés muestran motivación para le relación interpersonal (Clemente, 1995) y derivan hacia el uso del lenguaje, reaccionando ante estímulos humanos (voz y rostro)

(Tough, 1987 Mayor, 1993). Belinchón et al. (1992) hablan de presintonización para referirse a esta motivación o “reacción preferente” del bebé hacia los estímulos procedentes de personas, sobretodo si son estímulos de naturaleza lingüística.

Un aspecto básico para el posterior desarrollo de la intencionalidad comunicativa y del lenguaje es que el niño reconozca las bases interpersonales de la comunicación.

Aunque las primeras vocalizaciones y gestos del niño carecen de intencionalidad, tienen un efecto sobre los adultos, por lo que pueden considerarse perlocucionarias (Bates, 1976). Los adultos le atribuyen significado comunicativo y referencial. Las señales del niño (gritar, sonreír, etc.) son interpretadas y respondidas diferencialmente, asignándoles intencionalidad. El adulto favorece

así el desarrollo de la competencia pragmática al otorgar al niño el papel de interlocutor y no de mero receptor (Bruner 1983).

Estas pautas tempranas dan lugar a lo que se ha denominado “protoconversaciones”: diálogos muy primitivos caracterizados por el contacto ocular, sonrisas y alternancias en las expresiones que se observan en los niños de tres meses e incluso de dos meses.

La relación entre niño y adulto se convierte progresivamente en gestual e intencional, situándose en una fase ilocutiva de desarrollo comunicativo (Belinchón et al 1992; Siguán 1991).

Bates, Camaioni y Volterra (1979) identifican dos tipos de conductas intencionales o actos ilocutivos en la comunicación preverbal (en torno a los 9-12 meses), que se ejecutan mediante el empleo de “performativos gestuales”

a) Los protoimperativos: utilización de señales convencionales (como extender los brazos) y gestos deíticos (señalar, dar, etc.) para influir en la conducta de los demás, bien para conseguir un objeto que posee el otro,

o bien para que realice una determinada acción. Son expresiones

precursoras de la función reguladora.

b) Los protodeclarativos : uso de verbalizaciones convencionales para dirigir

la atención del adulto hacia objetos o eventos y compartir juntos. El acto

del niño es interpretado como una declaración cuyo propósito es trasmitir información, de ahí que se consideren el preludio de la función

informativa. Mientras en los protoimperativos el niño utiliza al interlocutor

para conseguir un objeto, en los protodeclarativos utiliza el objeto para

alcanzar una meta social.

2. Etapa Lingüística: En una fase posterior (en torno a los dieciocho meses) los

actos ilocutivos comienzan a incluir proposiciones, momento en el que

aparece el lenguaje. Durante un tiempo la comunicación continuará siendo

fundamentalmente gestual, progresivamente (hacia los tres años) la

comunicación se apoyará en la palabra y los gestos se limitarán a reforzarlas.

Este cambio tiene gran influencia en el desarrollo de las funciones

comunicativas.

Una taxonomía para evaluar las funciones comunicativas en el periodo de transición

de la comunicación preverbal (gestual) a las primeras palabras (entre los16 y los 35

meses) es la propuesta por Dale (1980). Este autor diferencia dos códigos para

clasificar las emisiones infantiles: El estatus del diálogo donde propone seis tipos de

emisiones, y las funciones pragmáticas propiamente dichas, en las que distingue

catorce categorías.

-Estatus del diálogo:

1. Emisión espontánea

2. Respuesta

3. Imitación elicitada

4. Imitación espontánea de las emisiones del adulto

5. Repeticiones de sí mismo

6. Enunciados inclasificables

-Funciones Pragmáticas:

1. Denominación

2. Atributos

3. Demandas

4. Comentarios

5. Referencias verbales al pasado o al futuro

6. Demandas de objetos no presentes

7. Demandas de información

8. Afirmaciones

9. Negaciones

10.Emisiones de rechazo

11.Indicación de no existencia

12.Llamadas de atención

13.Expresiones ritualizadas

14.Inclasificables

A partir de las décadas del 80 y del 90, lingüistas como Snow (1976), Crystal (1987),

Dale (1980), Lyons (1981), MacNeill (1986), entre otros, destacan la relevancia que

tiene la intención comunicativa del hablante en el proceso de la comunicación.

Intención comunicativa

El concepto de intención comunicativa es empleado para la presentación, comprensión y ejercitación de formas gramaticales y estructuras sintácticas, y, en ocasiones, también de unidades léxicas, con independencia de cualquier situación comunicativa concreta en la que pudieran ser aplicadas. Por ejemplo: Cómo expresar una acción que se produjo antes del momento del habla; cómo designar la persona a la que está destinada la acción; como se denominan los días de la

semana o los meses del año; cómo contar en determinado orden o bien conocer la posición de las unidades en las cifras.

Por otra parte, el lenguaje no sólo es verbalización; también implica un aspecto no verbal o pararalingüístico que, según Ajuriaguerra (1985) reviste importancia comunicativa. Abraham (1981:10) define los medios de la comunicación no verbal como "Medios de la articulación lingüística que se insertan sumándose a la codificación semántica, sintáctica y fonológica. A través de ellos se pueden expresar contenidos y poner de relieve intenciones".

Lenguaje no verbal

La pragmática de la comunicación se refiere, al estudio del impacto de la actividad simbólica en la conducta humana como también a la conducta humana como actividad simbólica o mensaje. Es decir, la pragmática existe tanto como un acompañamiento del lenguaje verbal como un lenguaje en sí mismo que llamamos

"no verbal".

Cuando hablamos con alguien sólo una pequeña parte de la información que obtenemos de esa persona procede de sus palabras. Los investigadores han estimado que entre un 60 y un 70% de lo que comunicamos lo hacemos mediante el lenguaje no verbal; es decir, gestos, apariencia, postura, mirada y expresión

El lenguaje no verbal es en parte innato, en parte imitativo y en parte aprendido. Generalmente, distintas áreas del cuerpo tienden a trabajar unidas para enviar el mismo mensaje, aunque a veces es posible enviar mensajes contradictorios, como cuando alguien está contando una anécdota divertida pero la expresión de su cara es triste. Esto puede ser debido, por ejemplo, a que mientras habla está pensando en otra cosa, tal vez en lo siguiente que va a decir, y la expresión de su cara se corresponde con lo que está pensando y no con lo que está diciendo, de manera

que deja perplejo a su interlocutor.

En otras ocasiones, los mensajes son confusos debido que se pueden estar transmitiendo varias emociones a la vez, como rabia, miedo y ansiedad, que a veces aparecen unidas.

Con los desconocidos nos comunicamos principalmente a través de los ojos. Por ejemplo, cuando vamos caminando por un pasillo estrecho y nos encontramos con alguien de frente, primero le miramos a los ojos y luego desviamos la mirada hacia el lado del pasillo por el que pretendemos pasar. Cuando no se emiten estas señales o no se interpretan correctamente, lo más probable es que ambas personas acaben manteniendo una especie de baile a derecha e izquierda hasta aclararse.

Proxémica

El término proxémica fue introducido por el antropólogo Edward T. Hall en 1963 para describir las distancias medibles entre la gente mientras estas interactúan entre sí. El término proxemia se refiere al empleo y a la percepción que el ser humano hace de su espacio físico, de su intimidad personal; de cómo y con quién lo utiliza. Hall diferenció tres espacios en el sentido del territorio propio:

• Espacio fijo: es el marcado por estructuras inamovibles, como las barreras de los países.

• Espacio semifijo: es el tipo de espacio que posee obstáculos posibles de mover o que se mueven.

• Espacio personal o informal: espacio alrededor del cuerpo. Varía en función de las culturas, ya que cada cultura estructura su espacio físico. Este espacio puede ser invadido. Si se utiliza un territorio ajeno con falta de respeto (mirar fijamente a alguien u ocupar dos asientos con bolsas cuando hay gente de pie) se da una violación del terreno.

Morfosintaxis

La morfosintaxis o nivel morfosintáctico se refiere al conjunto de elementos y reglas que permiten construir oraciones con sentido y carentes de ambigüedad mediante el marcaje de relaciones gramaticales, concordancias, indexaciones y estructura jerárquica de constityentes sintácticos.

Para muchas lenguas el estudio del nivel morfosintáctico puede dividirse en:

• La morfología: (< griego µ..f-, morph ['forma'] + ....a logía ['tratado']) es la rama de la lingüística que estudia la estructura interna de las palabras para delimitar, definir y clasificar sus unidades, las clases de palabras a las que da lugar (morfología flexiva) y la formación de nuevas palabras (morfología léxica). La palabra 'morfología' fue introducida en el siglo XIX.

La sintaxis es una subdisciplina de la lingüística y parte importante del análisis gramatical. Se encarga del estudio de las reglas que gobiernan la combinatoria de constituyentes y la formación de unidades superiores a estos, como los sintagmas y oraciones.

La sintaxis, por tanto, estudia las formas en que se combinan las palabras, así como las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas existentes entre ellas. La sintaxis

Dado que las primeras palabras del niño se han considerado como holofrases, ya que se interpretan como la expresión de deseos, es evidente que no pueden tomarse como manifestaciones sintácticas. La sintaxis y la morfosintaxis tendrán su razón de ser cuando el niño tenga capacidad para unir dos palabras. Y, para su comprensión, habrá que tener presente el contexto en que se pronuncian estas frases elementales. Así, mamá, agua, dicho en el ambiente familiar, puede significar: mamá, quiero agua. Pero mamá, agua, ante una fuente o un río, puede significar: mamá, veo agua.

Según R. TITONE (1976) la sintaxis se desarrolla con anterioridad a la morfología. Lo que supone prioridad psicológica de la primera sobre la segunda en busca del significado de la frase.

Aunque N. CHOMSKY pusiera el acento en la naturaleza sintáctica del lenguaje, en la actualidad el reconocimiento de la prioridad del significado sobre la forma es general.

Para McCARTY (1957) el proceso de desarrollo sintáctico del lenguaje se condensa en cuatro fases:

1ª La oración reducida a una sola palabra, que tiene lugar entre los 9 y los 15

meses.

2ª La oración principal, con predominio de nombres y ausencia de determinantes, preposiciones, conjunciones y verbos auxiliares. Entre los 12 y los 27 meses.

3ª Las oraciones de cuatro o cinco palabras, con las mismas características que la anterior, pero atenuadas. Existe en ellas escaso dominio de la flexión, y aparecen algunas oraciones subordinadas. Sucede esto entre los 2 y los 3 ó 4 años.

4ª La oración completa de seis a ocho palabras, con mayor complejidad de elementos elacionantes y más dominio de la flexión. Sucede esto entre los 5 y 6 años, período en el que el niño realiza las estructuras básicas de la lengua. Antes de los 4 años, una o dos palabras pueden asumir todas las funciones de la oración. Ciertamente se trata de una sintaxis diferente de la del adulto. En la

actualidad está abandonada la teoría de las gramáticas infantiles.

Según Dale (1980), se dan las siguientes etapas

. Etapa I. Aparece cuando el niño tiene de 18 a 20 meses y se caracteriza por la

aparición de las primeras palabras.

• Nivel I: lenguaje telegráfico. Es una combinación de palabras, en donde se

expresa la idea principal.

• Nivel II. Se emplean adjetivos, adverbios y artículos.

• Nivel III. Se emplean las conjunciones, las preposiciones y los pronombres.

SED

. Etapa II: desarrollo del uso de las flexiones. Aparecen las preguntas, la pluralidad

y la conjugación de verbos irregulares.

La morfología

El niño puede llegar a los 5 años sin haber conseguido entender la separación de las

palabras. Esto plantea una dificultad léxico-morfológica que tiene que superar, de lo

contrario no podrá distinguir la terminación de las palabras, ni las palabras aisladas,

cuestiones decisivas para la morfología.

Esto resulta particularmente difícil cuando se trata de hacerle entender la separación entre el nombre y el artículo. En esta adquisición de la morfología entra en juego la analogía más que la imitación. Gracias a la capacidad generalizadora del niño, puede formar palabras por derivación, cuando se trata de terminaciones frecuentes, como las de oficio -ero- o las de diminutivos y aumentativos. Aunque es evidente que otras menos frecuentes tiene que aprenderlas individualmente y no puede crearlas. Ese el caso de los verbos irregulares -soy, vine, sé, huelo- de notable dificultad. La tendencia del niño a la regularización de las palabras lo lleva a la hiperregularización, y, en consecuencia, a los clásicos errores infantiles ya aludidos, como rompido, morido, hací...

La confusión de tiempos y modos de los verbos es todavía frecuente a los 5 años.

Pautas evolutivas del desarrollo Morfosintáctico

Han sido varios los autores que han intentado caracterizar los “patrones evolutivos de adquisición de la morfosintaxis”. En esta línea, es interesante la que nos ofrece del Río y Vilaseca (1988), integrando las descripciones llevadas a cabo por autores como Crystal (1981). Rondal (1982) y Bouton (1976), distinguiendo cuatro etapas:

Prelenguaje, Primer desarrollo sintáctico, Expansión gramatical y Últimas adquisiciones, cuyos rasgos más destacados son los siguientes.

1. Prelenguaje

0-6 m Vocalizaciones no lingüísticas no condicionadas. Escasa influencia de la

lengua materna sobre aspectos productivos.

6-9 m. Las vocalizaciones empiezan a adquirir algunas características del

lenguaje propiamente dicho, tales como entonación, ritmo, tono etc.

9-10 m preconversación: el niño vocaliza más durante los intervalos que deja el

adulto, al mismo tiempo que intenta espaciar y acortar sus vocalizaciones para

dar lugar a alguna respuesta del adulto.

11-12 m. Comprende algunas palabras familiares. Sus vocalizaciones son más

precisas y controladas en cuanto a altura tonal e intensidad. Agrupa sonidos y

sílabas repetidas a voluntad.

2. Primer desarrollo sintáctico

12-18 m. Surgen las primeras palabras funcionales; en ellas se da, por lo general, una sobreextensión semántica y así, por ejemplo, llama “perro” a todos los animales. Se produce un crecimiento cuantitativo, tanto a nivel de comprensión como de producción de palabras.

18-24 m. Aparecen los enunciados de dos elementos. Con anterioridad se presenta un periodo transicional donde las secuencias de una sola palabra empiezan a aparecer unidas, pero sin la coherencia prosódica que caracteriza a una oración, ya que suelen hacer una pausa entre las dos palabras (por ejemplo: “papá/aquí”). Empiezan a aparecer las primeras flexiones. Uso de oraciones

negativas mediante el “no” aislado o bien colocándolo al principio o final del enunciado (ej: “omí no”, “dormir no”), Aparecen las primeras interrogativas marcadas con ¿qué? y ¿dónde?

24-30 m. A este periodo suele denominársele “de habla telegráfica” , al no aparecer en ellos las principales palabras-función, tales como artículos, preposiciones, flexiones de género, etc., que no formarán parte de sus locuciones hasta el final de esta etapa. Este intervalo de edad se caracteriza por la aparición de secuencias de tres elementos, con la estructura principal de N-VN (nombre, verbo, nombre) como en “nene come pan”.

3. Expansión gramatical

30-36 m La estructura de las frases se va complejizando, llegándose a la combinación de cuatro elementos. Empiezan a aparecer las primeras frases coordinadas (por ejemplo,” mamá no está y papá no está). Aumenta la frecuencia de uso de las principales flexiones, sobretodo las del género y número, junto a nuevas formas rudimentarias de los verbos auxiliares ser y estar. Aparecen los

pronombres de primera, segunda y tercera persona y los artículos determinados el y la. Los adverbios de lugar también están presentes en las asociaciones simples que se emiten en este periodo.

36-42 m El niño aprende las estructura de las oraciones complejas de más de una cláusula con el uso frecuente de la conjunción y. Aparecen las subordinadas con pero y porque, así como el uso rudimentario de los relativos con que. En las oraciones negativas integra la partícula en la estructura de la frase (por ejemplo “el niño no ha dormido”). Los marcadores interrogativos de las frase también van complejizándose. El uso prácticamente correcto de los auxiliares ser y haber

permiten al niño, en estos momentos, usar el pasado compuesto (“el muñeco ha dormido”). Aparecen, asimismo las perifrásticas del futuro (por ejemplo” voy a saltar”).

45-52 m. Las diversas estructuras gramaticales se van complementando mediante el empleo del sistema pronominal, pronombres, posesivos, verbos auxiliares, etc. Se detecta, en general, una eliminación progresiva de los errores sintácticos y morfológicos. Empiezan a aparecer las estructuras pasivas, así

como otras formas complejas de introducir frases nominales (por ejemplo “después de, también”…), aunque estas estructuras no terminarán de consolidarse hasta los nueve o diez años. Se usan correctamente las principales flexiones verbales: presente, pretérito perfecto, futuro (en forma perifrástica) y pasado. Las distintas modalidades del discurso (afirmación, negación e

interrogación) se hacen cada vez más compleja. El dominio de las preposiciones también aumenta; se utilizan con frecuencia las de tiempo y las de espacio aunque, en ocasiones, no de la forma correcta.

4. Últimas adquisiciones

>54 m El niño aprende estructuras sintácticas más complejas: pasivas, condicionales, circunstanciales de tiempo, etc. Y va perfeccionando aquellas con las que ya estaba familiarizado. Los usos de la voz pasiva y las conexiones adverbiales siguen perfeccionándose y generalizándose aunque no llegan a una adquisición completa hasta la edad de siete u ocho años aproximadamente. Hacia los seis años empieza a apreciar los distintos efectos que tiene la lengua al usarla (adivinanzas, chistes, etc.), y a juzgar la correcta utilización de su propio lenguaje.

Rondal y Crystal completan la descripción anterior añadiendo algunos aspectos de adquisición más tardía, como son:

-Incremento en la producción de pronombres posesivos

-Utilización correcta de adverbios y preposiciones de espacio y tiempo

-Uso correcto de las formas irregulares de los verbos

-Aparición del pluscuamperfecto y condicional en el repertorio de producción

de formas verbales.

-Uso de los determinantes como categorías gramaticales plurifuncionales.

-Aparición de las primeras oraciones de relativo, en sustitución de las

yuxtapuestas y coordinadas.

-Uso adecuado de la concordancia de los tiempos verbales entre la oración

principal y la subordinada

-Cambio en el orden habitual de los elementos de las frases para dar énfasis.