Niños de la Calle

Pobreza y prostitución infantil. Derechos del niño. Maltrato. Abuso sexual. Drogas en la infancia. Violencia o delincuencia. Soluciones

  • Enviado por: Macarena Lopez Y Karla
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 75 páginas
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HIJOS DE LAS CALLES

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Pobreza


La pobreza es definida como aquella condición caracterizada por la carencia de recursos, medios u oportunidades para la satisfacción de las necesidades humanas mínimas, tanto de tipo material como cultural. Cuando se habla de pobreza se hace referencia a un asunto delicado que se vincula de manera estrecha con las posibilidades del bienestar y los horizontes de la democracia. De ahí que la situación en que viven millones de pobres en todo el planeta sea, quizá el tema que más preocupa a diversos gobiernos que reconocen en el mismo una fuente potencial de desestabilización, violencia y alteración de la paz.

Atendiendo a la definición, el pobre no puede alimentarse, tampoco vestirse ni educarse. Además no recibe atención médica adecuada ni tiene acceso a fuentes de trabajo, al tiempo que su vida afectiva y espiritual tiende a ser reducida.

Aunque hay tantas definiciones como enfoques se hagan de la pobreza, por razones metodológicas resulta conveniente circunscribirla a la carencia de recursos económicos. Aquel que teniendo dinero no se vista ni tenga un albergue adecuado para su familia y que no gaste en educación ni en alimentarse o hacerse ver por el médico, no es un pobre, sino un pobre diablo, un rico avaro.

Aunque uno crea en la formación integral del individuo, en el desarrollo de la vida espiritual y en el disfrute de los bienes de la cultura , pobre es quien simplemente quien por carecer de dinero o medios, su lucha diaria es la satisfacción de necesidades biológicas y sociales mínimas.

La pobreza es ,entonces la incapacidad de generar recursos pecuniarios, es una falla para progresar de una manera socialmente aceptable, con el dinero como una especie de vía final común.



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Los pobres son muy eficientes en reproducir más pobres y por tanto la ayuda estatal y comunal se diluye en un mar de necesidades insatisfechas. A menudo se dice que "la plata jala plata" lo cual tiene mucho de cierto, pues invierte quien tiene medios; y a la inversa, la pobreza crea más pobreza. Así, entre más tiempo pase, el problema se hará más severo, como ya se observa el caso de la miseria extrema y riqueza opulenta,. en nuestro país. El perfil de bienestar del país se está acinturando al tiempo que engrosa su extremo inferior, ante la mirada indiferente de quienes ocupan el estrato superior.

La paternidad irresponsable y la función de incubadora en las mujeres pobres es un asunto de valores de su subcultura conduce a las más altas tasas de natalidad, elevada tasa de defunción pero debido a servicios médicos asistenciales mantienen alta también la tasa de crecimiento neto.

Si todos los pobres del mundo, que son mayoría, desearan vivir como una "ideal clase media", nos encontraríamos con la ingrata sorpresa de que haría falta otro planeta gemelo de la tierra para satisfacer las necesidades materiales de los moradores de este mundo.

Cada etapa del desarrollo histórico de la humanidad ha tenido un elemento clave de la producción de riqueza: la población para tener mano de obra, el territorio para la extracción de productos primarios o la tecnología para la elaboración de bienes y servicios con alto valor agregado.

El problema acusa dimensiones alarmantes. En fechas recientes los medios han dado cuenta de la tragedia humana que se vive en Zaire, país en el que a la antidemocracia y el autoritarismo se agregan severos conflictos étnicos y una pobreza lacerante que se ha traducido en una hambruna generalizada e inhumana.



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Africa, continente al que muchos estudiosos reconocen como la cuna del hombre y también de algunas semillas que hoy son base de la alimentación universal, ofrece un ejemplo dramático de las consecuencias del colonialismo y también de la implantación de políticas públicas diseñadas en Occidente que poco o nada tienen que ver con la realidad y aspiraciones de los pueblos que se ubican al sur del Sahara. Frente a este triste escenario, la comunidad internacional está obligada a reaccionar de inmediato para evitar que Zaire se convierta en vergüenza del género humano.

En otras latitudes, sobre todo en los países en desarrollo de Asia y América Latina, la pobreza también propicia todo género de preocupaciones. Aunque en estos dos continentes el hambre no acusa los niveles devastadores que se registran en Africa, es evidente que las tendencias son poco alentadoras y que, de no atenderse de inmediato rezagos y carencias, difícilmente podrán remontarse situaciones que podrían poner en riesgo a la democracia y convertirse en motivo de emergencia nacional. Tan sólo por citar un ejemplo, baste con recordar que las ciudades perdidas, los cinturones de miseria, cantegriles, favelas, slums o shanty towns que proliferan en toda la región latinoamericana y del Caribe, contrastan de manera brutal con el estilo de vida de los habitantes de las grandes capitales de los países de la región.

Una situación tan grave no puede continuar. La marginación de muchos debe ser atendida de inmediato a través de políticas públicas que verdaderamente atiendan las causas estructurales que concentran la riqueza en unas cuantas manos y generan la pobreza de la mayoría. Estas políticas, que en años recientes se vistieron de exitosas en el caso mexicano, han probado su profunda ineficacia y su estrecha vinculación con un modelo económico que difícilmente puede responder al reto social de los países en desarrollo, al reto que plantean 120 millones de desempleados y 700 millones de subempleados en todo el planeta, según indican algunas cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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Ante un escenario de esta naturaleza, en el que la dignidad del hombre tiende a diluirse, es urgente e impostergable que la comunidad internacional reactive sus esfuerzos en favor de una nueva agenda del desarrollo. Es urgente, sobre todo, que lo haga a la luz del reconocimiento del fracaso de las políticas de combate a la pobreza que se concibieron a partir de la óptica distributiva neoliberal. Si realmente se quiere atender este fenómeno entonces debe trabajarse con toda seriedad. Experiencias recientes, como la del caso mexicano, indican que deben evitarse acciones que atienden la pobreza de manera focal y transitoria o con criterios de emergencia. La respuesta la tienen los gobiernos. Ellos tienen la delicada responsabilidad de diseñar nuevas políticas de combate a la pobreza, políticas que ya no pueden seguirse concibiendo como parte de todo un razonamiento vinculado a la economía de mercado. En cualquier caso, estas políticas deben partir del supuesto de que la pobreza refleja insuficiencias estructurales que deben ser corregidas desde su base para evitar que en el mediano y largo plazo el hambre, la desnutrición y la falta de oportunidades de muchos, se conviertan en factor de desestabilización social.

La pobreza que padece gran parte de la población de los países iberoamericanos es preocupante por su magnitud y persistencia. Los frutos del progreso se distribuyen sin equidad. El costo de las crisis y los ajustes es absorbido principalmente por los sectores empobrecidos de la sociedad.

Las señales más visibles y dramáticas se observan en el desamparo de la población infantil, en los contingentes de jóvenes sin perspectivas, en las familias desintegradas, en la violencia delictiva y en la falta de atención a los grupos más vulnerables.

En Chile la desigual distribución de los ingresos es sólo uno de los aspectos que reflejan la condición de vulnerabilidad de los que viven la realidad de la pobreza.



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A ese aspecto se suma una larga lista de otras inequidades, que abarcan una amplia gama de aspectos socioeconómicos y psicosociales, que en su conjunto interactúan para facilitar o dificultar al ser humano una existencia justa y digna1. Sin embargo, todas las estadísticas de las inequidades sociales no permiten siquiera un remoto acercamiento a la realidad vivencial de la pobreza.

La pobreza como encuadre de la vivencia excluida de millones de personas, determina la libertad de los que en ella viven al limitarles la satisfacción de las apremiantes e impostergables necesidades que demanda la vida. Esta situación crónica de no libertad propicia una condición que podríamos denominar como esencialmente vulnerable, al verse las personas en la necesidad de realizar diversos intentos de engañarla y superarla.

La pobreza que padece gran parte de la población de los países iberoamericanos es preocupante por su magnitud y persistencia. Los frutos del progreso se distribuyen sin equidad. El costo de las crisis y los ajustes es absorbido principalmente por los sectores empobrecidos de la sociedad.

Las señales más visibles y dramáticas se observan en el desamparo de la población infantil, en los contingentes de jóvenes sin perspectivas, en las familias desintegradas, en la violencia delictiva y en la falta de atención a los grupos más vulnerables.



Evolución de la pobreza en Chile

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El total de pobres existentes en Chile en noviembre de 1994 asciende a la cantidad de 3.916.474 personas, lo que equivale al 28.5% de la población total del país y aún 24.1% del total de hogares.

De esa cantidad, 2.812.158 personas (20.5%) son pobres, no indigentes y 1.104.316 personas (8.0%) son indigentes, lo que corresponde a 17.5% y 6.6% de los hogares respectivamente.

Al analizar los antecedentes arrojados por la CASEN 94 comparativamente con la CASEN 92, constatamos que la pobreza ha tenido una fuerte disminución. Se descendió en 4.3%, que corresponde a 3.4% de los pobres no indigentes y 0.9% a los indigentes.

La disminución corresponde más a los pobres no indigentes que a los indigentes mismos, que es la población más carenciada y por ende, más necesitada del comportamiento solidario del país porque es mucho más oneroso establecer acciones para superar la indigencia que para salir de la pobreza no indigente.

La superación de la situación de indigencia es muy difícil y compleja debido a las características de la población que se encuentra en ese estado. En efecto, es gente con poco nivel de organización, bajo nivel educativo, desintegración familiar, escasa participación, muy poca autoestima y con fuertes niveles de frustración. En ella el alcoholismo, la drogadicción y la delincuencia encuentran terreno fértil. En síntesis, se ubican en situación de extrema marginalidad con respecto al resto de la población



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La pobreza en los niños

Si la pobreza global en el país todavía es mucha, en el mundo de los niños es aun mayor. Esto se debe principalmente en que el medio popular tienen más hijos que en los sectores acumulados. Por otra parte, el aumento de las separaciones matrimoniales o de pareja en estos tiempos, acrecentado por situaciones de pobreza, repercute principalmente en los niños del mundo popular. Así, cuando los padres se separan, los niños junto al progenitor que permanece con ellos -generalmente la madre- acentúan su grado de pobreza. Quien abandona el hogar familiar logra a veces salir de esta posición. En Chile el 40.4% de los menores de 15 años permanece en situación de pobreza. Entre 1992 y 1994 ha disminuido en 4.7% la pobreza en los niños pero cualquier esfuerzo es insuficiente cuando apreciamos que aún permanecen en este estado más de un millón y medio de ellos, y que incluso en la III, VI y VII región aumento en vez de disminuir. Más de la mitad de los niños en estas regiones viven en estado de pobreza.


DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO


Los resultados de la CASEN 94 indican que entre 1992 y 1994 el ingreso promedio de los chilenos aumentó un 6.4%. Dicho ingreso per cápita pasó de 90.000 pesos mensuales (noviembre del 92) a 96.000 (noviembre del 94).

Sin embargo, este crecimiento promedio de los ingresos no se distribuye de manera proporcional entre los diversos sectores socioeconómicos del país. Constatamos que 70% de los hogares está por debajo del ingreso medio señalado, lo que nos indica que el aumento en los hogares de ingresos altos se eleva muy por sobre el promedio visualizando incluso

Que en el primer decil(hogares de más bajo ingreso) estos disminuyen. En efecto , los hogares del decil mas pobre obtuvieron un ingreso equivalente a 109% del total, proporción que en 1994 baja a 1.7%. Por su lado, los hogares del decil de ingresos más altos concentraron el 40.8% de los ingresos totales en 1994, cifra que subió con respecto a


1992, en donde estos concentraban 40.6%.

Para el decil de los más pobres el ingreso per cápita apenas supera los 11.000 pesos y, para el decil de los más ricos, el mismo dato asciende a los 442.000 pesos mensuales.

El por qué no están en sus hogares:


Muchos niños salen de sus casas porque no reciben la atención de sus padres pero algunos salen para escapar el abuso sexual, físico o emocional de sus padres. Muchas veces, los padres no son los padres formales. Se refiere a este problema como "la desintegración de la familia."

Los niños que viven en las calles son el resultado de una  sociedad  donde predomina el consumismo, y el interés por "tener", antes que "ser persona".

Estos niños proceden de familias desintegradas, víctimas de políticas económicas con visión netamente capitalista, que obliga a los padres a salir a trabajar dejando a los hijos abandonados durante todo el día, hasta altas horas de la noche;  en muchos casos exigiéndoles aún con castigos físicos a que trabajen y aporten para su sustento y el de su familia.



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Se agudiza el problema de estos niños por la ciencia de los valores morales, la influencia y la manipulación medios de psicológica de la comunicación, el alcoholismo, la drogadicción, etc.  La agresión física y psicológica es un factor determinante para que los niños y niñas abandonen su hogar, huyendo de su realidad y creyendo encontrar más seguridad en las calles que en su casa.

Al principio, la experiencia les causa pavor, pero tienen más temor al maltrato que reciben de sus progenitores, o de uno de ellos, aceptado en forma sumisa por el otro.

Su ambientación es lenta, poco a poco se incorporan a grupos de niños que viven en las mismas circunstancias, escapando a su dura realidad, inhalando sustancias volatiles, bebiendo alcohol para combatir el frío y el miedo, robando para sobrevivir, buscando caricias a través del sexo.

  • Maltrato Infantil:

Una cantidad significativa de la población infantil vive situaciones de

maltrato, pero por su crueldad e irracionalidad, la sociedad tiende a omitirlos, olvidarlos e integrarlos a la lista de temas tabú en Chile.

En el último tiempo, las denuncias por maltrato se han incrementado, pero no es posible asegurar que sea una consecuencia del aumento del maltrato.

En Chile, no existe un organismo que aglutine las estadísticas nacionales sobre casos de maltrato infantil y, en consecuencia, no es posible conocer qué porcentaje de la población está involucrada en ellos, ni menos evaluar las medidas y políticas de protección adoptadas hasta este momento.

Sólo existen iniciativas que, aunque están llenas de buena voluntad y cuentan con resultados positivos, siguen siendo aisladas y parciales.


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En 1994 se realizó la primera investigación en Chile sobre el maltrato infantil, por la psicóloga y consultora de la UNICEF, basada en una muestra representativa de los distintos estratos socioeconómicos a nivel nacional, sin limitarse a los casos denunciados en los tribunales o que llegan a los servicios de salud.

Fueron encuestados 1.533 estudiantes de octavo básico de seis regiones del país. De ese total, el 63% dijo haber sido víctima de algún tipo de violencia física -leve o grave- por parte de sus padres; un 14.5% víctima de violencia psicológica; y sólo un 22.5% no había sido maltratado.

Sobre la base de estas cifras, se concluye que el uso del castigo físico en los niños constituye una conducta profundamente arraigada en la cultura chilena, que se da en todas las clases sociales, y que es ejercida tanto por el padre como por la madre, aunque esta última la utiliza con más frecuencia, quizá porque, por lo general, son ellas quienes permanecen más tiempo con los hijos.

Sobre los casos denunciados, el estudio revela que los estratros socioeconómicos más pobres suelen tener los índices más altos de maltrato infantil. Pese a que la comisaría recibe diariamente entre 20 y 25 denuncias de maltrato, según la investigación realizada por Soledad Larraín, sólo el 10%de los niños heridos llega a un hospital, y un porcentaje menor, a los juzgados. Del resto, que no es denunciado, nada se sabe.

Se ha intentado estructurar una política de atención coordinada en redes, pero, según la psicóloga, eso es muy insuficiente a lo largo del país. Incluso en regiones, prácticamente no hay nada. Las campañas realizadas también presentarían deficiencias. A pesar de que sus mensajes han acrecentado el número de denuncias por maltrato, objetivo que se busca, los organismos encargados de dar protección no dan abasto, o sólo dan una respuesta poco efectiva a las demandas.



Una de las soluciones que la justicia Chilena usualmente da a los niños víctimas de maltrato es de tipo institucional. La protección de la víctima pasa por la institucionalización del niño, y así se le expone a otras victimizaciones. Existen otras posibilidades, aunque no usualmente adoptadas, como sacar al agresor del niño de su casa, o buscar que un miembro de la familia se haga cargo de él. Pero estas medidas también tienen limitaciones.

Según la ley 19.324 sobre Violencia Intrafamiliar, el agresor sentenciado puede ser obligado a abandonar su hogar, pero máximo por 180 días. Después vuelve. Y en el caso de los familiares que podrían quedarse con el pequeño, es común que ellos sientan temor de que el agresor tome represalias o les quite al niño. Porque además, no hay un segumiento de lo que sucede con los niños y sus agresores después de que la justicia se ha hecho parte en el asunto. Lo que falta, en opinión de la psicóloga, es un organismo centralizado, un sistema integral de protección que coordine desde la recepción de las denuncias hasta la rehabilitación de los menores maltratados, incluyendo a sus agresores.

La Corporación Niño Agredido fue creada en 1985 con el objeto de prestar atención Psicológica a los niños maltratados y a los padres maltratadores, hoy atiende a cerca de 170 niños mensualmente, de forma gratuita. Para su director, Pantzeska Zuloaga, el estrés y la competitividad en que actualmente se desenvuelven factores que desembocan en los adultos son actitudes violentas contra los niños, los más indefensos.


Y a esto hay que agregar que el 90% de los padres que son atendidos por la corporación han sido niños agredidos.


La psicóloga de la corporación, dice que los niños maltratados presentan una ambivalencia: “son sus pares y les pegan”. Y como no conocen otro ambiente que el violento, crecen suponiendo que esto es normal. Dice que no se saca nada si no se trata al niño y a su agresor paralelamente, pues las terapias en grupo permiten que se trabaje con más personas al mismo tiempo. Los tratamientos duran entre 6 meses y 1 año.

Durante este período, a los niños se les sube el autoestima y se les da el espacio para que expresen sus emociones.



Por su parte, los padres que llegan voluntariamente tiene conciencia de que no están en lo correcto, y son quienes tienen más posibilidades de rehabilitarse. El perfil común indica que tienen problemas de control de impulsos, que pueden ser drogadictos y alcohólicos, que tienen muchas frustraciones y niveles de inteligencia limitados.


Luego de ser tratados realizan un “contrato de no violencia” con la corporación, el que, en ciertos casos, es supervisado por las asistentes sociales de la institución.


Zuloaga reconoce que en los últimos años se han dado pasos importantes en materia de protección infantil, como la promulgación de la ley 19.324. Pero coincide con Soledad Larraín en que queda bastante por hacer.


En 1992, la Comisión de Legislación y Justicia del Senado le solicitó a la corporación algunas sugerencias sobre esta materia. Como respuesta, la entidad propuso crear un ente estatal: el Defensor del Menor. Su tarea era prevenir delitos y maltratos contra los niños, educar a la población entregándole información sobre este flagelo social, rehabilitar a los maltratados y maltratadores, y representar a los menores en instituciones judiciales.


Abandono:

Sin duda, una de las situaciones más lamentables y dramáticas que vive el continente latinoamericanoes el de la infancia abandonada.


Los niños que deambulan por el centro de la ciudad sin actividades fijas, alejados de sus familias y de sus barrios de origen, muchos de ellos fugados transitoriamente o definitivamente de sus casas o de instituciones infantiles, son el sector más vulnerable de los niños que están en las calle.

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Son vulnerables por el riesgo y la violencia a la cual están expuestos, porque sus necesidades vitales distan mucho de ser satisfechas; no asisten a la escuela o lo hacen muy irregularmente; no poseen documentos o los han extraviado; se alimentan de las sobras de los restaurantes y no concurren a comedores escolares o municipales; duermen durante el día en las calles o plazas porque pasan sus noches en vela. Sus familias se encuentran desintegradas por lo que no pueden volver a ellas; a veces han perdido toda referencia con su familia de origen debido a los continuos cambios de domicilio a que se ven obligadas las familias.



destacar la situación de Brasil. Este país-continente posee más de 57 millones de personas con menos de diecisiete años y de éstos, unos treinta millones viven en condiciones de abandono y miseria, calculándose que de ellos, unos diecisiete millones viven en las calles de las principales ciudades brasileñas.

Lejos de querer bombardear con cifras sobre la situación en este

estamos tan acostumbrados que pasan ante nuestros ojos de forma indiferente aunque "no sabemos cuánto dolor encierra cada uno de estos números. Estos pequeños que viven en absoluta carencia de todo. Se agrupan en bandas para autodefenderse, trabajan como lavacoches, limpiabotas, vendedores de cualquier cosa, prostitutas, carteristas e incluso como narcotraficantes.


El código penal chileno sanciona el abandono a menores según:

1. El abandono de un menor de edad o un incapaz por parte de la persona encargada de su guarda, será castigado con la pena de prisión de uno a dos años.

2. Si el abandono fuere realizado por los padres, tutores o guardadores legales, se impondrá la pena de prisión de dieciocho meses a tres años.

3. Se impondrá la pena de prisión de dos a cuatro años cuando por las circunstancias del abandono se haya puesto en concreto peligro la vida, salud, integridad física o libertad sexual del menor de edad o del incapaz, sin perjuicio de castigar el hecho como corresponda si constituyera otro delito más grave.

Abuso Sexual


Una de las definiciones más completas del abuso sexual infantil es la elaborada por el National Center of Child Abuse and Neglect (NCCAN). Según esta agencia federal norteamericana, comprende "los contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual también puede ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando ésta es significativamente mayor que el niño (la víctima) o cuando (el agresor) está en una posición de poder o control sobre otro menor".

Los abusos sexuales se definen a partir de dos grandes conceptos: el de coerción y el de la diferencia de edad entre agresor y víctima. "La coerción (con fuerza física, presión o engaño) debe ser considerada por sí misma criterio suficiente para que una conducta sea etiquetada de abuso sexual del menor, independientemente de la edad del agresor".

La diferencia de edad impide la verdadera libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual común, ya que los participantes tienen experiencias, grado de madurez biológica y expectativas muy diferentes. "Esta asimetría supone en sí misma un poder que vicia toda posibilidad de relación igualitaria".

A continuación se detallan las conductas y prácticas que pueden incluirse en la categoría del abuso sexual:


  • Conductas físicas:

El abuso sexual comprende un amplio abanico de conductas físicas:

•Violación (penetración en la vagina, ano o boca con cualquier objeto sin el consentimiento de la persona).

•Penetración digital (inserción de un dedo en la vagina o en el ano).

•Exposición (mostrar los órganos sexuales de una manera inapropiada, como en el exhibicionismo).

•Coito vaginal o anal.

•Penetración anal o vaginal con un objeto.

•Caricias (tocar o acariciar los genitales de otro, incluyendo forzar a masturbar para cualquier contacto sexual, menos la penetración).

•Contacto genital oral.

•Obligar al niño a que se involucre en contactos sexuales con los animales.


Los abusos sexuales a menores son, por tanto, mucho más frecuentes de lo que generalmente se piensa, aunque hay que precisar que en estos porcentajes se incluyen desde conductas sexuales sin contacto físico, como el exhibicionismo, hasta conductas más íntimas, como el coito anal o vaginal. Las niñas sufren de una y media a tres veces más abusos sexuales que los niños. Se dan en todas las edades, pero más frecuentemente entre los 10 y los 13 años. En el 46% de los casos, se repiten más de una vez sobre la misma víctima.

Los abusos tienen efectos diferentes para niños y niñas. Los niños varones que han sido agredidos es más probable que abusen de otros menores y suelen mostrarse agresivos, mientras que las niñas suelen sentir depresión y ansiedad. No todas las víctimas necesitan tratamiento tras la agresión, pero todas precisan ayuda. Una ayuda que el 60% no recibe.

En cuanto a los agresores, la mayoría son varones que, casi en la mitad de los casos, realizan su primer comportamiento de abuso antes de cumplir 16 años. De hecho, los abusos cometidos por adolescentes y jóvenes está creciendo debido a factores como el abuso de alcohol. Los agresores suelen, además, ser reincidentes y remisos al tratamiento. En la mitad de los casos no conocen a las víctimas. En la otra mitad, se trata de familiares o conocidos de los niños o niñas. La mayoría no son pedófilos (sujetos inmaduros que no son capaces de adoptar pautas de comportamiento sexual adulto).


Los resultados de un estudio de 1991 muestran las respuestas de 143 niños de las calles de Guatemala. Todos, cien por ciento de los niños, dijeron que habían sido abusados sexualmente; cincuenta y tres por ciento por los miembros de sus familias. Aproximadamente sesenta y cuatro por ciento las niñas dijeron que la primera persona con quien ellas habían tenido relaciones sexuales fue el padre. De los niños, casi ocho por ciento dijeron que la persona primera fue la madre o el padre. De todos, noventa y tres por ciento reconocieron que tuvieron enfermedades que fueron contraídas por relaciones sexuales. Ellos sufren de explotación sexual que se llama turismo sexual en que sus derechos son violados.


NIÑOS DE LAS CALLES

¿QUIÉNES SON?

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Todos los conocemos un poco de vista. Nos los cruzamos en las esquinas de las grandes ciudades, en un semáforo de las afueras, revoloteando a la puerta de cines y espectáculos, o rebuscando en los contenedores de basura.


Los conocen mucho más en los servicios sociales municipales, a él y a sus hermanos, pero sobre todo a su madre. Va mucho por allí a ver si le dan una vivienda sin goteras, con techo y ventanas, y por biberones para el más pequeño.

Los conocen también en los centros especializados de menores, por donde con frecuencia pasan paulatinamente todos los hermanos. No es raro que también el padre o la madre, o los dos, sean antiguos alumnos de un centro similar.

En los colegios públicos de E.G.B. del extrarradio también tienen conocimiento de su existencia; aunque más por las veces que el profesor pasa lista que por los días en que puede preguntarles la lección, sabérsela puede ser un milagro y acabar la E.G.B. imposible.

Cuando crecen y llegan a los 15-16 años empiezan a ser bastante conocidos en los tribunales tutelares, en las comisarías, en los centros penitenciarios y en los de asistencia psiquiátrica, en el mundo del tráfico de drogas y de los ajustes de cuentas.

Con el tiempo tendrán hijos que, a su vez, reproducirán el mismo proceso de marginación. Sencillamente porque entre una y otra generación no ha mediado ninguna intervención social eficaz y global que rompa el proceso.

Pertenecen al estrato inferior de nuestra sociedad industrial, que vive en una situación de carencia económica extrema, con escasas posibilidades de acceder a los bienes y recursos en la comunidad, con una calidad de vida muy baja en contraste con esa sociedad. Puede decirse que cuanto mayor es el nivel medio de la sociedad la distancia que separa a este sector de la población es también mayor.


¿CÓMO SON?


Descripciones espontáneas.

Si observamos a estos niños y adolescentes "de la calle" veremos que son chicos como los demás: movidos, juguetones, saltarines. Si preguntamos su opinión a personas que los han tratado más de cerca, como los profesores o educadores, nos dirán que son mucho más difíciles de educar que los niños de clase media. Los describen como distraídos, inconstantes, inclinados a los juegos violentos, fáciles para la agresión física; en el terreno de los aprendizajes escolares, dicen, no tienen motivación, no entran a clase; si lo hacen, o están pasivos, o molestando a los demás. También suelen decir que son de reacciones irregulares e imprevisibles, sin venir a cuento se enfadan por una nimiedad que otras veces no le dan importancia, o por el contrario explotan de alegría incontenible por cosas sin importancia.

En contraste con los niños de su misma edad pero de superior nivel social los profesores suelen decir que no atienden a razones, que los reflexiones que surten efecto con aquellos no lo hacen con estos; que el niño de la calle lo que mejor entiende es "el palo", que la amenaza de llamar a sus padres o de expulsarlos del colegio les deja indiferentes o incluso les alegra; y que las notas, el aprobar en junio o el repetir curso, les resulta tan lejano que es lo mismo que hablarle a una pared. Y no digamos de los argumentos sobre «el día de mañana", o él "estudia para luego tener un buen trabajo".

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¿POR QUE SON ASÍ?


Durante muchos años, por no decir que hasta hace un par de décadas, las explicaciones a la conducta de un individuo, o de un colectivo de características comunes, se han venido buscando en uno de los dos polos enfrentados: en la persona o en la situación.


.Explicaciones genetistas o personalistas.


Son numerosos los autores que han puesto el acento en el polo personal. Para ellos son las características de la persona, su constitución, su genética, su organismo, quienes explican mayoritariamente el hecho de tener unos rasgos intelectuales-cognoscitivos u otros, el tener unas formas de reaccionar u otras. Las posturas genetistas más extremas (C. Burt, 1961; H.J. Eysenck, 1967, 1979; A.R. Jensen, 1973, 1974; S. Car, 1980) atribuyen los rasgos intelectuales y de personalidad a factores hereditarios sobre todo. Es la presencia de determinadas características genéticas en el organismo (sistema nervioso fundamentalmente) del individuo lo que hace que presenten unos rasgos u otros.

En concreto, en el caso de los niños de la calle si sus rasgos son inferiores, cualitativa o cuantitativamente, a los de los niños de clase media es porque aquellos poseen una dotación genética determinada que resulta menos apropiada para desenvolverse en esta sociedad. Además la endogamia, el hecho de que se casen ordinariamente sujetos de un mismo estrato social, hace que esas características genéticas de inferior calidad en los sujetos de clase baja se vayan reforzando y consolidando, con lo cual el fenómeno, para estos autores, se repite generación tras generación.



En el polo opuesto nos encontramos con la línea situacionista. Para estos autores, cuya sede fundamental ha estado en el conductismo extremo, la explicación radica en las características de la situación en las que se produce tal conducta. Aún entre estos (L.J. Kamin, 1978; Ch. Valentine, 1968) hay diferencias explicativas notables. Hay explicaciones puntuales, concretas y lineales, que atribuyen a una característica del medio una forma de conducta. Por ejemplo: están poco motivados para la escuela porque los padres no tienen prácticamente estudios; o les cuesta aprender a leer porque en casa no hay libros ni revistas, etc.. Como si una circunstancia ambiental concreta no estuviera profunda e íntimamente interrelacionada con las restantes características del medio, o con gran parte de ellas. Y como si un rasgo o forma de conducta no estuviera, también, en íntima interrelación con otras manifestaciones comportamentales.


El modelo explicativo interrelacional.


Los estudios sobre la evolución psicológica de los niños de nivel social inferior adoptados tempranamente por familias de clase media (J. Valverde y J. Fernández, 1986) con el progreso notable que para ellos representa, nos descartan la influencia generalizada de los factores genéticos. Por otra parte, las medidas más parciales, o no transformadoras de la globalidad del contexto, como los internamientos o la mera escolarización, que difícilmente suponen la superación de las limitaciones anteriores, nos inducen a pensar que no son influencias puntuales del medio social quien determina el conjunto de características psicológicas que veíamos antes en estos chicos.

La influencia del medio social en la conducta hay que considerarla a través del proceso de socialización, considerando a este como un proceso global, interactivo y constante entre un organismo hipotéticamente sano y un ambiente especifico homogéneo (A. Bandura, 1986).


No tiene sentido, y aunque lo tuviera será prácticamente imposible, pretender hacer un análisis correcto de la persona por un lado, de la situación por otro y de la misma conducta por otro. Veamos brevemente cada uno de estos tres componentes pero desde una perspectiva interactiva.


La persona


En primer lugar hay que tener en cuenta que cuando abordamos el conocimiento de una persona, a poco tiempo que lleve de vida, no estamos ante un organismo puramente biológico por su exclusiva dotación genética. Ese niño que tengo delante es la realidad resultante del desarrollo de unos genes en un medio físico y social determinado. Igual que el árbol que contemplo no es fruto sólo de las características que tenia la semilla plantada, sino además de la tierra en que se sembró, del clima, de la influencia de la flora y fauna circundante, es decir, que cuando se atribuye un comportamiento a unas características de la persona estamos implícitamente refiriéndonos a la dotación genética y a la vez al conjunto de situaciones por las que ese individuo ha pasado a lo largo de su vida y a la huella que han dejado en él.

Pero aún más, en la persona no sólo está presente la dotación genética y la trayectoria histórica situacional, sino que la misma conducta a realizar está también interaccionando en ella. La conducta a realizar, en la medida en que haya sido ejecutada anteriormente por el sujeto o haya sido contemplada por él en otros, ha producido ya unos efectos en la persona en términos de satisfacción o insatisfacción, de consecuencias que puede desear repetir o no. Por tanto esta conducta que la persona se dispone a realizar tiene unos antecedentes históricos que forman ya parte de la persona misma. Pero el proceso de interacción entre persona y conducta no está sólo en el pasado y en su conexión con el presente, sino también en el futuro. La conducta presente, en cuanto posible, tiene unas metas y genera unas expectativas en el sujeto que la va a realizar. Expectativas que son satisfacción de necesidades, búsqueda de gratificación o evitación de conflicto, adaptación al medio, a nuevas situaciones.


Si la persona es una realidad interactuante con situación y conducta, la situación también lo es.

La situación


El contexto en el que una persona realiza una conducta determinada tampoco es aséptico ni cerrado en si mismo respecto a los otros dos elementos. Podemos pensar en la situación como circunstancias externas, fisicas y materiales, en que se ejecuta una acción, pero sobre todo si consideramos el contexto social-interpersonal la interacción es especialmente clara e importante (R. Moos, 1986).

La situación social en la que va a realizarse esta conducta es consecuencia, hija y heredera, la mayoría de las veces, de las conductas anteriores de la persona en situaciones similares o contrapuestas. Las conductas precedentes son las que han dado lugar, en buena parte, a la situación actual. Y a su vez la conducta presente va a poder modificar o mantener el estado situacional posterior.

Por otra parte. esta situación concreta no tiene un valor universal, no es independiente de la persona que se encuentra en ella no es la misma situación (aunque en abstracto lo parezca) para cualquier persona Ante todo, y esto es algo que ya planteó K Lewin (1935) y en lo que insiste actualmente D. Magnusson (1981), una situación determinada adquiere significado motivador o explicador de una conducta según cómo la perciba la persona afectada por ella. Esta vivencia de la situación es la que explica el hecho de que dos personas de trayectorias distintas reaccionen de manera diferente ante situaciones objetivamente idénticas. Y también explica el que haya semejanza de comportamientos ante situaciones ambiguas por parte de sujetos de trayectorias vitales parecidas.


La conducta


Con lo dicho en los dos apartados anteriores no es difícil considerar que la conducta influye en y es influenciada por persona y situación.

La conducta influye en la persona porque efectivamente después de cada conducta realizada el individuo sale reafirmado o modificado en sus características personales. Y la conducta es influida por la persona en el sentido de que va a ser ejecutada de una manera u otra en función de las habilidades, objetivos, etc. que el sujeto haya adquirido en su proceso madurativo y socializador anterior.

La influencia de la situación en la conducta no requiere gran explicación. Dos situaciones distintas generarán conductas diferentes. Únicamente hay que tener en cuenta lo dicho antes: que no es la situación objetiva sino la vivencia por el sujeto la que tiene influencia en la conducta La conducta, a su vez, influye en la

situación en la medida en que las situaciones subsiguientes van a depender de la conducta que ahora realice el individuo, de cómo la nueva conducta modifique el contexto. incluso, en la medida en que la conducta actual no es instantánea sino que es pensada, iniciada y captada la reacción del entorno, es decir, en la medida en que la misma conducta es un proceso va modificando el contexto situacional presente al mismo ritmo en que va siendo realizada

Conviene hacer notar aquí que la gama de comportamientos humanos es muy variada. El esquema interaccional que exponemos aquí no es aplicable a las conductas más elementales, instintivas o reflejas, sino a las más complejas, y cuanto más lo sean más aplicable resulta: a los procesos de adquisición de lenguaje, al aprendizaje escolar, a la adquisición espontánea de conocimientos. a los comportamientos sociales y de convivencia.


Aplicación del modelo interaccional a la conducta infantil en un medio social desfavorecido


Para llegar al análisis práctico y a la intervención, en el esquema interaccional que antes veíamos es necesario hacer un desdoblamiento de los dos elementos básicos determinantes de la conducta: la persona y la situación, o si se prefiere, organismo y medio ambiente.


El desdoblamiento del organismo


El primero de los polos, la persona o el organismo, presenta dos facetas claramente diferenciables, pero que en la práctica se confunden con facilidad. Por una parte tenemos el conjunto de sistemas orgánicos que configuran el cuerpo humano: sistema nervioso, motor, respiratorio, que están básicamente determinados por la herencia pero desarrollados a lo largo de la vida en función de circunstancias y experiencias muy diversas, según vimos antes. Por otra parte tenemos una serie de capacidades, aptitudes o habilidades, tales como el lenguaje, el razonamiento, la emocionabilidad, la impulsividad, agresividad, etc., que son inseparables de aquellos sistemas orgánicos, más aún son la expresión vital y comportamental del organismo. Ahora bien, este conjunto de capacidades y habilidades comportamentales (a las cuales llamaremos en adelante características o variables cognitivo reactivas, porque suponen las capacidades de conocer y reaccionar el individuo ante las situaciones) ya quedan más alejadas de la dotación genética que las estructuras y sistema que las sustentan, y más influenciadas, conforme avanza la vida, por las características del medio en que se desarrolla el organismo.


El desdoblamiento de la situación


Por lo que respecta al polo de la situación el desdoblamiento es igualmente imprescindible para entender la interacción y actuar sobre ella. Un contexto situacional en el cual se desarrolla un individuo presenta una serie de características estructurales, objetivas, que son las primeras que saltan a la vista. En el caso del medio social desfavorecido son las características sociológicas peculiares de la clase social más baja. Las llamaremos características objetivas del medio social por el fácil acceso que hay a ellas. Pero junto a estas características objetivas, si profundizamos en el conocimiento de ese medio social, veremos que hay una amplia gama de formas de desenvolverse o de estilos de vida peculiares de ese medio, que son inseparables de él y derivadas de las características objetivas anteriores. A estas formas de desenvolverse o estilos de vida las llamaremos características funcionales del medio social.

Por tanto el planteamiento inicial de interacción entre herencia y medio ambiente, o entre persona y situación, queda matizado en cuatro variables que se influyen recíproca y escalonadamente según el siguiente esquema:


Niños de la Calle

Veamos a continuación el contenido de cada una de las cuatro variables determinantes de la conducta, y la relación existente entre ellas, referidas al medio social desfavorecido en el que se desarrollan los niños de la calle.

Características objetivas de este medio social


Estas características objetivas son las que se derivan directamente de la posición social del individuo dentro de la estructura de la sociedad en la que vive. Son, por tanto, características eminentemente sociológicas y demográficas. Son fácilmente constatables y a partir de ellas suelen obtenerse de manera objetiva los índices de características de estatus.

Dentro de este conjunto de características, las primeras y más importantes son las que constituyen la situación económica: ingresos y trabajo.

Los ingresos por definición y sin necesidad de establecer límites o comparaciones son siempre, en este medio social, reducidos e inciertos. Reducidos quiere decir insuficientes para cubrir satisfactoriamente las necesidades básicas de los miembros de la unidad familiar; nos movemos, por tanto, en situaciones de acusada pobreza. Inciertos porque o bien no responden a un empleo estable o porque este está sujeto a los frágiles mecanismos de regulación.

El trabajo, además de estar íntimamente vinculado con los ingresos, se caracteriza sobre todo por el hecho de ser exclusivamente manual, basado en la fuerza y resistencia física, nada cualificado y de contenidos sucios o desagradables a los sentidos. Al mismo tiempo, e inseparable de lo anterior, encontramos que se trata de trabajos eminentemente subordinados, el último escalón del proceso productivo, y repetitivos, rutinarios, sin un margen mínimo a la iniciativa personal y a la toma personal de decisiones importantes. Lo cual da lugar a una visión inmediatista, poco general, de la dinámica productiva.



Un trabajo de tales características a la fuerza hay que considerarlo poco gratificante. La única gratificación es la del salario, pero este ya sabemos que es escaso y que puede faltar con facilidad. Es un trabajo que no puede considerarse "actividad creadora" sino que responde a la concepción del "ganarás el pan con el sudor de tu frente".

Intimamente relacionadas con la situación económica están las condiciones de urbanismo y vivienda, y esto no por gusto sino por ley de la oferta y la demanda. La vivienda es forzosamente reducida, con escasez de piezas y servicios de hogar, y que no puede facilitar espacios de índole mínimamente personal. La ubicación de este tipo de viviendas se encuentra o en los sombríos barrios del casco antiguo de la ciudad o en las zonas suburbiales de la misma (la vivienda de zona rural. y en general toda la caracterización de ese medio, habría que verla desde parámetros distintos). En tales zonas, antiguas y suburbiales, de la ciudad es notable la deficiencia y carencia de servicios de barrio de todo tipo: materiales, culturales y asistenciales.

Otra característica fácilmente constatable en este medio social, a su vez interrelacionada con la situación económica en reciprocidad de causa y efecto, es el nivel de instrucción de los adultos que lo componen y que rodean al niño: el analfabetismo total y los bajos niveles de escolarización y capacitación laboral de los miembros de la unidad familiar y del contexto barrial.

Entrando en otras facetas, encontramos, como característica objetiva de este medio, la unidad familiar con un elevado número de hijos, unido con frecuencia a la presencia de abuelos y, a veces, hijos de los hijos. Esta característica fácilmente constatable por observación y a nivel censal, combinada con el reducido tamaño de la vivienda nos da unos índices de hacinamiento notables que acentúa la falta de espacios personales y la conflictividad intrafamiliar.



En la medida en que el medio social inmediato al niño está formado en gran parte por personas adultas, se han de incluir aquí las pautas de funcionamiento habitual de esos adultos. Hay que considerar una característica de influencia directa del medio la presencia en el mismo de padres y adultos (amigos también) imbuidos de las características funcionales de ese entorno. Es importante constatar esta circunstancia porque, además de la relación que enseguida veremos entre variables objetivas y funcionales del medio, buena parte de la interrelación entre ambas y de la asimilación que el niño hace del medio es a partir de esas figuras referenciales y de los procesos de aprendizaje directo y por modelos que ellas le facilitan. Estos adultos son un punto fundamental de unión entre características objetivas y funcionales, por eso todo planteamiento serio de intervención tendrá que incidir en ellos.

Para que esta caracterización del medio que acabamos de hacer tenga el proceso de influencia en la conducta y en el individuo que estamos analizando, no puede ser un conjunto de circunstancias (tampoco tendría sentido uno o dos rasgos aislados de los demás) de aparición reciente y súbita. Por esta razón el esquema procesual no es aplicable al fenómeno actualmente derivado del masivo desempleo, a los así llamados "nuevos pobres". Para que el esquema resulte explicativo hay que aplicarlo en el supuesto de que el niño nace y se cría en un medio social de las características enunciadas, y que, de alguna manera o grado, sus padres y figuras referenciales han vivido también antes en un medio similar.

Podemos, en fin, sintetizar todas las características objetivas de ese entorno como un medio azaroso, incierto, duro e inclemente para la persona que se desarrolla en él.

Al mismo tiempo hemos de considerar, y cada vez más, que ese medio es valorado por las personas que viven en él no sólo en sí mismo sino también, y mucho, en relación y contrapunto a las características también objetivas de otros medios sociales distantes de él, pero cercanos y conocidos a través de la comunicación social. Estos otros entornos sociales podrán resultar, en ese contrapunto, admirados despreciados o envidiados, pero ciertamente inaccesibles para los miembros del estrato inferior.


Características funcionales del medio social desfavorecido


Por características funcionales hay que entender ya formas de conducta, o mejor pautas de actuación, pero no del niño o niños que estamos estudiando, sino del entorno social en el que se producen los procesos interaccionales de socialización y maduración. Las variables funcionales son aquellas formas de conducta, de organización del medio social, son aquellos estilos de vida que resultan más económicos, en términos de posibilidades de placer-displacer. Imaginemos a una persona intentando vivir en un medio social como el que hemos descrito antes, pero con esquemas de clase media. Estará abocado a una frustración total y a un sentimiento radical de impotencia, ridículo y vergüenza.

Estas variables funcionales, o modo de funcionar en un medio social deprimido, se derivan en buena parte de las características objetivas de ese mismo entorno. Pero, a su vez, funcionar de esa manera contribuya a seguir viviendo en ese medio social y a ser

considerado por los demás de tal estatus. Al mismo tiempo es la única forma de sobrevivir en él con las posibilidades que allí se dan. Ahí podemos apreciar la influencia mutua entre las características objetivas y las funcionales, y la dificultad para facilitar la promoción social desde dentro.

Entre las características funcionales de un medio social deprimido hemos de reseñar en primer lugar las relativas a pautas de alimentación: cantidad y calidad de alimentos, forma y frecuencia de los mismos, etc. Junto a ella la higiene personal y ambiental, de vivienda y zona urbana; y los cuidados sanitarios suministrados tanto en el ámbito familiar como en el institucional. La alimentación, la higiene y la sanidad vienen mediatizadas por las circunstancias económicas y de instrucción de los padres, pero junto a estos determinantes básicos se asocian otras variables funcionales como las que incluimos en el grupo de "concepción de vida", como creencias mágicas, planificación, rechazo a las instituciones, o en el de "experiencias selectivas" o en el de ''comunicación familiar". Conviene caer en la cuenta de las fuertes implicaciones entre los diferentes elementos del conjunto.


Lo peculiar de estas primeras características funcionales enunciadas es la posibilidad que tienen, si llegan a situaciones extremas o muy prolongadas, de influir directamente (sin mediar los cognitivos reactivas) en el organismo a niveles muy diversos. Las consecuencias más evidentes se aprecian en la relación peso/talla, pero también en los déficits sensoriales, auditivos y visuales, por falta de higiene y por enfermedades, con frecuencia sencillas pero mal curadas (R. Alonso, A. Bueno y M.J. Frau, 1988). A nivel de maduración del sistema nervioso se pueden constatar repercusiones en la psicomotricidad fina y en el desarrollo del lenguaje (inmadurez, dislalias, dislexias). Lo importante de la influencia directa de estas variables funcionales en el organismo es que con ellas se crea un circuito corto de interacción entre medio social-organismo-conducta, donde las variables cognitivo-reactivas quedan no entre el medio social y la conducta sino directamente entre organismo y conducta.


Las restantes características de funcionamiento en un medio social desfavorecido tienen su influencia en la conducta y en el organismo a través de las variables cognitivo-reactivas. Entre ellas las primeras que resaltan, y quizás las más estudiadas una a una, son las relativas a la organización del medio familiar (J. Lautrey, 1985), el estilo de disciplina imperante en ese medio social y las peculiaridades de la comunicación intrafamiliar (B. Bernstein, 1960, 1961, 1969; W. Labov, 1977).

Es bastante lógico que la organización del medio familiar sea poco flexible en un contexto social como el descrito antes. Para que haya flexibilidad en la organización ha de haber pluralidad de posibles alternativas; hay que tener visión de largo alcance en los procesos; hay que disponer de muchos datos y posibilidad de ponderarlos todos.


Cuando todo esto no está disponible, la forma más adaptativa de organizarse es o la extremadamente rígida, inflexible, o la anómica. Supuesto que una organización flexible implica que hay, para las cosas importantes, una normativa básica (en comidas, sueño, ocio,...) pero que tal normativa puede ser exceptuada si se dan unas determinadas circunstancias. Esta organización del medio familiar abarca también la estructuración física y personal del espacio disponible, y ya hemos visto las limitaciones que este medio impone para ello.

Si pasamos ahora al estilo de disciplina imperante veremos que guarda una íntima relación con la organización del medio. No podía ser de otra manera. La disciplina ha de ser casi necesariamente rígida, basada en el refuerzo físico aversivo (castigo físico) fundamentalmente, y esto por un cúmulo de razones que están implícitas en las características objetivas dei medio, e íntimamente relacionadas con otros rasgos funcionales. Ahora bien, esta rigidez disciplinar con mucha frecuencia está asociada a la incongrurencia del criterio de aplicación. Por la acción que un día el chico recibe una paliza fenomenal al día siguiente no ocurre nada, o incluso se le ríe la gracia, o es el mismo adulto quien lo realiza.

La comunicación intrafamiliar suele resumirse en un código lingüístico peculiar, de vocabulario reducido, poco abstracto y poco matizador, con predominio de la frase afirmativa e imperativa. En cambio la comunicación no verbal es rica por la frecuente exteriorización de las emociones; siendo esta exteriorización, por lo general, explosiva tanto en formas como en intensidad. Todo esto va unido a una notable dificultad de intimidad personal, a la imposibilidad de aislarse consigo mismo, que permita la reflexión y la clarificación de los sentimientos que no se saben o no se pueden expresar.

Otro gran grupo de características funcionales en este medio social lo podemos denominar selectividad de experiencias, en el sentido de que el medio social en el que vive le selecciona forzosamente la gama de experiencias que va a poder vivir intensamente. Esta selección de experiencias tiene lógicamente su origen en las posibilidades que le ofrece el medio, tanto físico como social aquí íntimamente unidos.


Entresacamos sólo algunas, como las más evidentes en relación con la caracterización objetiva anterior: predominio de las experiencias de manipulación de objetos frente a la dificil manipulación de palabras y conceptos; abundancia de experiencias de fuerza y de convivencia con el mundo animal; en otro plano, también muy importante, experiencias de ser rechazado y experiencias de frustración. La conrespondencia e interacción de estas experiencias selectivas con las características objetivas del medio, por una parte, y con las variables cognitivo-reactivas, por otra, no requiere mayor empeño. La diferencia con el niño de clase media radica en que este es posible que tenga acceso directo a las experiencias del niño de clase inferior, mientras que a la inversa es mucho más difícil.

Especial importancia tienen, como en cualquier contexto educativo y socializador, los modos de gratificación que se emplean preferentemente en el medio social deprimido. Ellos van a significar en el presente y en el futuro su forma habitual de establecer metas e incentados, así como sus mecanismos de autovaloración y recompensa. Encontramos que tales modos estás compuestos de pequeñas gratificaciones de satisfacción inmediata Y esto es así porque tal medio difícilmente puede ofrecer grandes medios económicos y de todo tipo, posibilidades de previsión y control de las circunstancias. Elementos todos ellos que no están precisamente muy al alcance de los estratos sociales inferiores por sus características objetivas y por la concepción de vida que veremos a continuación. Tan importante como la pequeñez e inmediatez de las gratificaciones, es el hecho de que estas lleguen con harta frecuencia más asociadas al azar y a la suerte que al esfuerzo dei propio individuo. Todo lo cual es, por una parte, coherente con las características directas del medio y con las variables cognitivo-reactivas. Conductas aparentemente absurdas, como la de esa familia (todos conocemos alguna) que tras un golpe de suerte en los "ciegos" o tras unos ingresos obtenidos en un trabajo eventual, emplean ese dinero en la adquisición de un televisor en color o un coche de última mano, sin reparar en otras necesidades mucho más perentorias o de previsión de futuro.


No son conductas absurdas, tienen su lógica interna en los modos habituales de gratificación en esa familia y en ese medio social. Como no tiene sentido decirle a un niño de esa extracción social "no te comas ahora el caramelo, guárdatelo para después de cenar" y no tiene sentido por razones obvias de su propia realidad. Sin embargo es una frase típica y llena de sentido en la clase media.

Otro grupo de características funcionales es el que podemos denominar como concepción de vida. Es una agrupación de rasgos relacionados con algunas otras características funcionales del medio social desfavorecido. Nos encontramos con abundancia de creencia mágicas de todo tipo, marcadas supersticiones y una forma muy elemental de religiosidad. Ante el gran número de enigmas e incertidumbre que rodean su vida, este suele ser su marco de referencia. Antes hemos encontrado en el plano de la acción la escasa posibilidad y utilidad de la planificación a medio o largo plazo. En el terreno del pensamiento, cuando los fenómenos y los acontecimientos de la vida superan las posibilidades de explicación por parte de los individuos, como ocurre entre los pueblos primitivos, la coherencia lógica queda suplida por las fuerzas del azar, por las creencias mágicas y el fatalismo.

En el plano social-institucional es frecuente encontrar el rechazo y la desconfianza hacia las principales instituciones de la sociedad general, aunque en este terreno habría que introducir importantes matizaciones, sobre todo mirando a nuestro país concreto. Relacionado en parte con lo anterior y muy enraizado en características objetivas del medio está la escasa valoración de la instrucción, tanto en la etapa preescolar como en la escolar y en la capacitación para un puesto de trabajo.

El último grupo de características funcionales es una síntesis parcial de todas las anteriores. En la medida en que los modelos de identificación y aprendizaje están saturados de las características funcionales descritas, se convierten tales personas en mediadores entre el ambiente y la conducta. Ahora bien, los modelos de identificación y aprendizaje que encuentra el chico de nivel social inferior no son, hoy día, sólo los que le ofrece la sociedad a través de los medios de comunicación social. Podemos apreciar fácilmente que entre unos modelos y otros se dan claras contradicciones.


Tales modelos pueden resultar contradictorios tanto en los valores que representan como en los medios de que disponen para conseguirlos. Y pueden resultar contradictorios, también, en la fuente de atracción que tienen para el chico. En unos modelos la fuente de atracción es el afecto y en los otros es el prestigio. La resultante de conducta que puede surgir tras estos procesos contradictorios de modelado no debe extrañar que sea, cuando menos, confusa, ambivalente y desconcertante.


Es importante resaltar antes de finalizar este apartado que es a todas luces insuficiente analizar y relacionar aisladamente una característica funcional respecto de una variable objetiva de estatus o respecto de una variable cognitivo-reactiva. Lo importante es la mayor o menor plenitud del conjunto, tanto como caracterización funcional del medio, cuanto respecto a su influencia en la conducta a través de las siguientes variables.


Características cognitivo-reactivas


Es necesario recordar que estas variables cognitivo-reactivas, que son las más frecuentemente exploradas e investigadas desde la psicología y que se las considera mediadoras entre el individuo y la situación, no son ajenas a las influencias del medio, también, entre las situaciones y la conducta, aunque sean variables propias de la persona. En realidad representan una forma de pervivencia del medio en la persona que realiza la conducta; a la vez que la forma que tiene la persona de relacionarse con su medio a través de la conducta.

Una enumeración agrupada de las características cognitivo-reactivas del muchacho-adolescente de un medio social desfavorecido se describiría aproximadamente de la siguiente manera:


A) ASPECTOS COGNITIVOS


· Pensamiento concreto: razona sobre elementos cercanos, reales y tangibles. Le cuesta generalizar y abstraer. No razona sobre elementos, palabras o proposiciones abstractas.

· Razonamiento intuitivo: global, sintético. Sin comprobar la reversibilidad del proceso, o analizar los matices y elementos complementarios.

· Aptitudes verbales de código restringido: palabras cotidianas y de argot abundantes. Frases cortas, coordinadas, enunciativas e imperativas. Expresiones gráficas y onomatopéyicas propias (creativas). No utilizan palabras abstractas, ni pluralidad de adjetivos y adverbios para matizar. Tampoco frases largas o de subordinación.

· Amplia comunicación no-verbal: gestos, mímica, ademanes, posturas.

· Curiosidad Intelectual pragmática: Le interesa más el cómo y el para qué de un fenómeno o artefacto; sin preguntarse por el qué y por qué del mismo.

· Desarrollo notable de la motricidad gruesa y de las habilidades kinéticas de rapidez, fuerza y equilibrio. La motricidad fina, en cambio, la desarrollan de forma tardía e imprecisa.

· Necesidad de metas a corto plazo, de ver pronto el fruto de su pequeño esfuerzo. No le sirven las metas a largo plazo.

· Motivación por necesidades inmediatas y útiles. La motivación de logro, de superación personal, tiene escasa fuerza para él.

· Campo de intereses muy circunscrito a las experiencias que ha vivido, más que a las expectativas.



B)ASPECTOS REACTIVOS:

· Reacciones primarias, impulsivas y rápidas. La reflexividad les cuesta, difícilmente es su reacción espontánea.

· Fuerte expresión emocional, tanto de los sentimientos positivos como de los negativos. Es bastante fácil conocer sus estados de ánimo, aunque puede desconcertar la intensidad del mismo valorado desde otros esquemas.

· Dureza de carácter: no hieren especialmente su sensibilidad hechos o situaciones desagradables (sucias, sangrantes, abusivas,...) por estar habituado a ellas. Por el contrario puede herir él la sensibilidad de personas de otro contexto sin haber pretendido tanto.

· Baja resistencia a la frustración: se hunde fácilmente y le cuesta encontrar caminos positivos de superación cuando no se cumple algo muy esperado, recurriendo entonces a mecanismos de defensa muy elementales: negación del conflicto o

de la realidad, agresividad extra o intrapunitiva. Difícilmente racionaliza por sí mismo.

· La expresión de la agresividad es más frecuentemente física. La agresividad verbal es directa, no larvada.

· El control de la vida y de su propia actuación lo sitúa en fuerzas personales o impersonales ajenas a él. Tarda más que otros en llegar a ver que él puede controlar parte de su vida y de sus acciones.

· Fácilmente influenciables por las situaciones, contextos y personas. Fruto de esta característica y del "control externo" de su actuación suele presentar una normativa interior muy elemental (ojo por ojo), poco critica y menos autocrítica, y poco generalizada.

Es difícil denominar cada una de las variables cognitivo-reactivas en términos positivos, o simplemente neutros. Lo he intentado así, al estilo de Riexman que veíamos al comienzo de estas páginas, pero en algunos rasgos resulta casi



imposible por la connotación peyorativa que arrastran bastantes de ellos, aun dentro de la tradición científica. En parte, también, por la asociación positiva de los opuestos con las características propias de la clase media y superior.


El organismo.


El componente orgánico del ser humano ha sido siempre, y es lógico que lo sea, la sede de las características genéticas que intervienen en la conducta. Es el sustrato fisiológico del comportamiento en cuanto elemento receptor y elaborador de la información recibida del exterior y en cuanto instrumento de expresión de la respuesta.

Pero esta realidad orgánica de origen genético no puede ser considerada, ni aun en sus partes más íntimas, una caja negra" herméticamente cerrada, aislada completamente de las influencias del exterior.

Es día a día inevitable la consideración del hombre no ya como un ser psicobiológico por una parte y psicosocial por otra, sino como una realidad global bio-psico-social. Las tres facetas forman un todo, y no puede haber un fenómemo importante y duradero que afecte a una faceta sin encotrar su eco en las otras dos. No como tres elementos de un conjunto abordables por separado, sino como un conjunto con tres elementos inseparables y recíprocamente interactuantes.

Hablando del organismo humano sin duda es el sistema nervioso el que asume la responsabilidad del control de la conducta, aunque esta se exprese a través de todos los miembros y órganos, y aunque la realidad exterior nos llegue por medio de los sentidos, aspectos que también se han de considerar en esta variable.

Todo lo que altere el funcionamiento del sistema nervioso se reflejará en el comportamiento del individuo. Pero al mismo tiempo un sistema nervioso al que se le haga funcionar continuamente de una forma determinada (la plasticidad


es una característica básica del sistema nervioso) por las exigencias del medio, acabará convirtiéndola en su manera de actuar, en detrimento de otras posibles.

En este sentido las variables cognitivo-reactivas son por una parte la expresión de la forma de funcionar el sistema nervioso y, por otra, son la expresión resultante de la forma de desenvolverse el individuo en un medio determinado.

Ya vimos que algunas características funcionales del medio: alimentación, higiene, sanidad, podían tener una incidencia directa en el organismo a través dei desarrollo y maduración de todo el sustrato somático de la conducta, en especial del sistema nervioso (W.T. Greenough, J.E, Black y Ch. S. Wallace, 1987). A la inversa también se da esta influencia directa cuando limitaciones orgánicas, genéticas o adquiridas, condicionan determinadas formas de desenvolverse en el medio: ceguera, sordera, invalidez, enfermedades de larga duración o elevado riesgo.


CONSECUENCIAS Y PELIGROS DE VIVIR EN LAS CALLES


  • Comercio Sexual: -Prostitución

La condición de menor de edad determina la existencia de un atentado a la libertad sexual en tanto que se presume la ausencia de su consentimiento. A partir de aquí, se distingue entre:

La inducción, promoción o favorecimiento de la prostitución de menores, castigadas con penas que van desde un año a cuatro años de prisión y multas considerables.

La utilización de la coacción, el engaño o el abuso de la situación de superioridad o necesidad, condicionando al menor de edad a ejercer la prostitución, castigadas penas de prisión de cuatro a seis años y multa elevadas.



Las penas de prisión se endurecen si el culpable aprovecha su condición de autoridad pública, agente de ésta o funcionario público. En estos casos, también se establece la pena de inhabilitación absoluta.

Asimismo, se tipifica como delito la utilización de menores con fines o en espectáculos exhibicionistas o pornográficos y se sanciona con una pena de prisión de uno a tres años.

Por otro lado, el que tenga bajo su potestad, tutela, guarda o acogimiento a un menor de edad y, conociendo la prostitución de éste, no haga lo posible para impedirla, o no acuda a la autoridad puede ser castigado con una pena de multa que es significativamente alta.


  • Drogadicción


Niños de la Calle
El problema de la droga es percibido como una de las principales amenazas en todos los ámbitos de la vida en sociedad. Sin embargo, las consecuencias últimas y los peores daños caen sobre la intimidad de las personas, destruyendo la vida y todo lo que ella implica; historia, sueños, proyectos, amores, dignidad y libertad. No basta, por tanto, la represión; es necesaria una perspectiva que considere en su raíz el dolor humano y la marginación que sufren y expresan especialmente los más pobres.



Es universalmente aceptado que las complejas consecuencias psicosociales de la ingesta de una sustancia destinada a producir una particular alteración de conciencia, dependen de la sustancia y de las condiciones del medio en el que se la consume. Este va a contribuir a la expresión de determinados valores y pautas de acción, así como a hacer difícil el surgimiento de otros, menos valorados, e incluso castigados por esa misma sociedad.

Para las personas que la consumen, la droga no es una cuestión universal; es una vivencia personal y terriblemente íntima, que toma forma y se expresa interactuando con su historia. Surge entre ambos, ser y droga, una relación existencial, paradójicamente cargada a ratos de sentido, pero desde donde imperceptiblemente se gesta el inevitable sufrimiento psicológico. Esta vivencia se ve marcada por la gravedad cuando la persona se relaciona con la droga desde la realidad de la pobreza. Acá la carencia absoluta o relativa de las redes de apoyo social propician tal estado de vulnerabilidad que surge la inevitable sensación de encierro psicológico, desde donde el consumidor, limitado aun más por la respuesta social, ve como imposible la salida.


  • Un fondo de dolor y deterioro

 


Es cierto que la drogadicción y sus consecuencias no son privativas de la pobreza, pero tampoco es menos cierto que la pobreza vulnerabiliza en extremo a los que en ella viven, agravando y profundizando los riesgos presentes en nuestra sociedad. La situación actual del consumo de drogas en el mundo de la pobreza, está generando consecuencias sin precedentes en la historia de los problemas drogadiccionales de nuestro país y de nuestra región.


Niños de la Calle


Más allá de los índices revelados por las escasas investigaciones realizadas en Chile, aquellos que trabajan con esta realidad pueden evidenciar un alarmante deterioro en las vidas de miles de niños y jóvenes que por su condición de extrema vulnerabilidad han caído en el dolor de la vivencia drogadiccional. Hablar de deterioro físico, psicológico y social es revestir de eufemismo académico los reales contenidos de estos deterioros. El dolor y la depresión enmarcan daños y vivencias traumáticas que concluyen en abandono, violencia, cárcel y muerte. Así lo muestran desafortunadamente las historias de vida de los jóvenes que han buscado en la droga una alternativa de sentido para sus vidas.

Las historias de vida de personas que llegan a "tocar fondo" a través de la droga, están marcadas por experiencias traumáticas de dolor y deterioro en ámbitos que involucran la totalidad de sus existencias. El progresivo deterioro de la salud física se ve acompañado por profundos quiebres en la estabilidad psicológica de la persona. La presencia crónica de la angustia, los recurrentes períodos de depresión, la paulatina pérdida de la propositividad ante la propia existencia, dan paso a un colapso generalizado de los recursos psicológicos con que la persona cuenta para sustentar su identidad y solidificar su personalidad. La pérdida de los límites morales de autoprotección y su consecuente deterioro valórico, facilitan el surgimiento de un estilo de vida de alto riesgo, cargado de vivencias que concluyen en daño para la personalidad del individuo.


  • Violencia y Delincuencia


Se expone que hay pánico en la población chilena por el aumento de la violencia. Se sugiere que dicha violencia sería consecuencia de la exclusión a que quedan sometidos algunos sectores de jóvenes y los pobres, en este sistema.

La exclusión se ha transformado en el gran tema y preocupación social del mundo de hoy. El nuevo sistema de soluciones a los problemas económicos y de sociabilidad de las personas son los mercados absolutos.

Lo que se impone crecientemente es una visión comunicacional/relacional de la sociedad. El comercio de mercancías, los mercados transaccionales son el modelo de los múltiples intercambios con que la sociedad se vincula respecto de lo que ocurre entre las personas a nivel público y privado y lo que ocurre en la política, en la cultura, en fin, en el conjunto de la vida social. En este tipo de juegos de intercambios existe como algo normal un sector residual que va quedando rezagado, deshecho, o simplemente desprovisto de habilidades para competir en forma adecuada. Son los excluidos.

Se señala que hay dos hechos que han sido concomitantes con la restauración de la democracia en Chile: la drogadicción y la delincuencia juvenil. Las razones de esa concomitancia son un misterio. La psicología social tendrá como tarea tratar de explicar el porqué al mismo tiempo que el país comenzaba a transitar en la democracia y hacia la nueva modernidad, surgían estos dos fenómenos con singular virulencia.

Al investigar el tema se vislumbran algunas pistas. Una explicación podría ser la represión. En la dictadura todo era reprimido. Al reprimir la política se reprimía también el delito común. Al democratizarse la política, los delincuentes habrían visto un espacio vacío.


Otra hipótesis más fuerte se refiere a la diferencia de oportunidades, de consumo, de bienestar. La democracia relajó la segregación que se había sobrepuesto a la ciudad. Le dijo a los pobres que tenían derechos. Derechos a consumir, a pasarlo bien, a ser como todos los habitantes de la ciudad. Pero las distancias cada día más lejanas, se expresaron con transparencia. Se puede pensar que allí se encuentra el origen de la violencia cada vez más feroz, de los jóvenes excluidos.

Hoy el pobre sería señalado como la víctima de la sociedad. No hay un discurso real de integración que llegue al joven --hombre o mujer-- del mundo popular. Es el discurso del mercado el que está presente durante el día y todos los días. Ese es un discurso de la exclusión. Surgen por ello las subculturas, las bandas urbanas, las etnias locales con identidades determinadas que no se integran al resto de la sociedad.

De muchas maneras las comunidades han denominado los grupos de jóvenes y adolescentes calificados en "riesgo social" por sus actitudes, costumbres, situación de vida. Esos nombres varían, pero tienen en común dos cosas: por un lado la preocupación y la alarma social que provocan y, por otro, la falta de distinción entre lo que constituye una actividad delictiva propiamente dicha y un comportamiento simplemente desviado de las costumbres y tradiciones, o lo que es peor, "desviado" por los condicionamientos socioeconómicos en que se encuentran y la ausencia de una familia.

Se concluye que la democracia surgió sin un principio fuerte de identidad, de comunidad, de integración. Los principios que animaron la lucha por la democracia, a corto andar fueron reemplazados por los sistemas transaccionales mercantiles, consolidando la exclusión, los excluidos y las prácticas degradadas de la violencia hacia adentro la droga, y de la violencia hacia afuera la delincuencia.


La prevención antes que la represión.


Esta parece ser la regla básica en materia de menores, a la que debiéramos dedicarle mayores esfuerzos institucionales. La mejor manera de prevenirse contra la delincuencia juvenil es la de impedir que surjan delincuentes juveniles, para lo cual se requieren adecuados programas de asistencia social, económica, educacional y laboral.

Mientras respecto de otros sectores de la criminalidad el Estado realiza importantes esfuerzos para prevenirla, en materia de menores observamos una actitud bastante más pasiva.

Cuando hablamos de los menores de edad se piensa más en la represión y en la necesidad de someter a castigo a los potenciales delincuentes.

Es obvio que debemos prevenir la delincuencia juvenil. El problema está en ver si estamos dispuestos a intentarlo, pues requiere de la participación de una gran cantidad de sectores, tanto públicos como privados. La prevención verdadera implica el desarrollo de políticas y programas que permitan una mayor distribución de la riqueza, más adecuados programas de asistencia social, el fortalecimiento de la educación en todos los niveles como una prioridad, oportunidad de trabajo, en fin mejores oportunidades de vida en todos los sentidos y para todos.

La delicuencia juvenil va de la mano con la violencia, porque los jóvenes y niños carecen ingresos monetarios, lo que los lleva a robar para poder subsistir. Al no estar con su familia no tienen la opción para llenar los espacios de afecto importante para el niño, lo que los lleva a participar en pandillas.

Las actividades del niño en pandillas se mueven en torno a sentimientos de identificación compartidos por sus pares que atraviesan situaciones y sentimientos similares: la soledad, la falta de afecto, etc.

Las actividades del grupo se convierten en ritos a cumplir y el grupo se convierte en una alternativa frente a espacios que no satisfacen a los niños.



Esta unión en pandillas provoca el choque de estas, pudiendo tener consecuencias hasta fatales de sus miembros.

Pero estos no son los únicos peligros que enfrentan los niños en las calles, como viven en extrema pobreza no tienen las condiciones higiénicas adecuadas para una persona, por lo tanto son vulnerables a cualquier enfermedad.

Ya que los niños pasan la mayoría del tiempo en la calle, no tienen una educación. Ellos no tienen la oportunidad de asistir a la escuela para obtener una educación formal.


PLANO INTERNACIONAL

SON CIEN MILLONES


En el mundo existen cien millones de niños que viven en la calle, según Unicef. La mayoría se concentra en los países en vías de desarrollo, aunque no es un problema exclusivo del Tercer Mundo sino que afecta también a países como Estados Unidos. 40 de esos cien millones de niños viven en Latinoamérica; entre 25 y 30 en Asia y 10 millones en Africa (1). En algunas metrópolis de América Latina hay más de 100.000 niños que viven en las calles, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2).

Estas cifras abarcan tanto a los jóvenes que pasan todo el día en la calle, aunque por la noche regresan a casa de sus padres o de algún familiar para dormir, como a los que siempre pernoctan a la intemperie, en las paradas de autobús o bajo las marquesinas de las tiendas. La gran mayoría de los niños que deambula por las ciudades pertenece a la primera categoría, aunque resulta difícil estimar su porcentaje exacto. El resultado de un sondeo realizado por Unicef arrojó que poco más del 6 por ciento de los niños encuestados no tenía hogar. A nivel global, esta organización estima que para uno de cada diez niños de la calle, ésta se ha convertido en su casa .



El fenómeno de los niños de la calle es fruto del imparable crecimiento urbano, la pobreza y la falta de alternativas. Algunos huyen de la violencia en su casa, otros se ven obligados a buscar trabajo porque sus padres no los pueden mantener. Los niños que no han roto sus vínculos familiares, suelen entregar sus ingresos a su madre para contribuir de esta forma a la economía doméstica. Cuando la calle se ha convertido ya en su único hogar, suelen gastar el escaso dinero que obtienen en comida, tabaco, drogas y en el juego, pero también en ver películas o comprar juguetes. La imposibilidad de conservar sus ingresos en un lugar seguro y el continuo miedo a ser despojados por sus propios compañeros o por la policía, les impide ahorrar el dinero para poner los cimientos de un futuro mejor.


LATINOAMERICA

BRASIL


En Brasil hay como mínimo unos 200.000 niños de la calle, aunque la cifra de pequeños en situación de extremo riesgo o miseria es mucho más elevada. Algunas fuentes, como Unicef, elevan el número de los niños en condiciones de pobreza hasta los 44 millones (6). El hambre, la prostitución, las palizas, la droga, las detenciones y la muerte violenta a manos de escuadrones de la muerte son su pan nuestro de cada día. Venden bolsas de plástico, bolígrafos o chicles, limpian parabrisas o botas, roban carteras y, al caer la noche, hay muchos que acuden a los hoteles de turistas para ofrecer sus favores sexuales a cambio de algunos dólares. Muchos aspiran pegamento o gasolina para drogarse.


Niños de la Calle


La ONG brasileña Movimento Nacional de Meninos e Meninas de Rua (Movimiento Nacional de Niños y Niñas de la Calle) denunció el pasado mes de octubre, que 172 menores de 18 años fueron asesinados sólo en dos estados (Pernambuco y Alagoas) entre enero de 1995 y julio de este año (7). Entre 1988 y 1990 se asesinaron 4.611 niños en 17 de los 26 estados que tiene Brasil, según estadísticas de la Policía Federal. En algunos estados la violencia es extremadamente alta: hay estudios que indican que sólo en el estado de Río de Janeiro fueron exterminados unos 3.500 niños entre 1993 y 1995.

El Movimiento cuenta en estos momentos con 4.000 educadores en todo el país. Algunos de ellos proceden de la calle: en su infancia fueron meninos de rua (niños de la calle). Su actividad les sitúa, muchas veces, en el punto de mira de los violentos. "Dos fueron asesinados recientemente en Recife", declaró a Infomundi Tess Alves, miembro del Movimiento de Niños y Niñas de la Calle en Fortaleza, capital del Estado de Ceará situado en el nordeste del país en el que, durante 1995, 350 niños y adolescentes murieron de manera violenta, en muchos casos atropellados por coches. 85 niños fueron asesinados, 48 de ellos con un arma de fuego, 22 con arma blanca, 4 murieron tras ser golpeados....


En el mismo año 1995 se denunciaron una media de 28 violaciones de menores al mes. La mayoría de las víctimas eran niñas entre 10 y 14 años. Las denuncias por agresiones a niños y adolescentes superaron las 127 por mes.

La situación se agrava por el hecho de que muchos de los asesinos son agentes de la policía militar. El hecho de que sólo puedan ser juzgados por un tribunal militar, si el crimen se cometió en su horario de servicio, les otorga en la práctica una impunidad total. Según Tess Alves, educadora del Movimento, "lo peor de todo es la desidia y la pasividad de la gente. Cuando un niño es golpeado en plena calle por un policía, todos se asoman para mirar, pero nadie hace nada. Es como si los niños no existieran".

El "caso de la Candelaria" ha marcado, sin embargo, un ligero cambio en este sentido. El 30 de abril pasado se produjo una resolución histórica: un policía militar fue condenado, por primera vez, por su participación en el asesinato de más de siete niños y un adulto. Los hechos ocurrieron en julio del 93, cuando un grupo de policías abrió fuego sobre medio centenar de niños mientras dormían en el portal de la Iglesia de la Candelaria, en Río de Janeiro. El tribunal condenó al policía Marcos Emmanuel a 309 años de cárcel. La presión internacional ha tenido su influencia en el caso, según Alves, quien reclamó la "ayuda de España" para frenar este tipo de fenómenos. "Una carta de España dirigida al presidente del Gobierno tiene mucho más efecto que una manifestación ante la sede de las autoridades. Necesitamos vuestra ayuda, no sólo en el sentido económico, sino más aún como apoyo moral", aseguró la educadora del Movimiento de Meninos de Rua .

"Los pequeños sufren todo tipo de violencia: son golpeados en plena calle por personas ricas, detenidos por la policía e incluso asesinados a sangre fría", añadió Alves. Fortaleza tiene unos 17.000 niños marginados.


MEXICO


Un estudio realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef-México) y el Gobierno de la Ciudad de México registró unos 13.373 menores que viven y/o trabajan en la calle sólo en la capital de este país. Esto significa un incremento del 20 por ciento de 1992 a 1995 y representa un índice anual de crecimiento del 6,6 por ciento en el número de niños y niñas en esta situación. El citado estudio señala que la cantidad de menores creció y el fenómeno se generalizó en toda la ciudad. También aumentó la proporción de menores de 0 a 6 años que sobreviven en la calle junto a sus familias .

Los niños de la calle son, fundamentalmente, varones, aunque el número de niñas se está incrementando notablemente. Su edad fluctúa entre los 5 y los 16 años, con algunas excepciones de jóvenes entre los 17 y los 20. Presentan una baja escolaridad (generalmente primaria incompleta) y algún grado de desnutrición.

Proceden de colonias y barrios urbanos marginales, cuyas familias, originalmente rurales, han emigrado a la ciudad. En algunos casos los propios niños han emigrado sin su familia del interior de la república, principalmente de los estados del centro y sur del país .


GUATEMALA


Se estima que sólo en la capital de Guatemala existen más de 5.000 niños de la calle. Llevan el estigma de la delincuencia y sufren la violencia de las fuerzas de seguridad. Son golpeados, torturados y muchas veces asesinados de la manera más cruel por agentes de la policía que quieren "dar un aviso" a otros niños.

La sociedad suele considerar la violencia empleada contra estos críos como algo natural "como aplastar a una cucaracha", según un portavoz de Amnistía Internacional.


En Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica la situación es parecida: miles de niños viven y trabajan en la calle, bajo la continua amenaza de ser disparados a sangre fría por la policía, aunque sólo cometan un pequeño hurto o se estén drogando.


PERU


Un estudio realizado por Educa a instancias de Medicus Mundi entre 150 niños y niñas trabajadores entre 10 y 14 años que frecuentan colegios en zonas marginales de la capital de Lima evidenció que un 40 por ciento de ellos trabajaba de vendedor en la calle y un 46 por ciento utilizaba sus ingresos para ayudar en el hogar. Un 30 por ciento de los niños entrevistados gastaban sus ingresos en sus necesidades personales.

Aunque estos niños se vuelcan en su trabajo, no lo consideran más importante que la escuela: un 45 por ciento prefiriría estudiar en el tiempo que actualmente emplea en trabajar y un 92 por ciento asegura estar decidido a continuar sus estudios secundarios. Aproximadamente la mitad sueña con una carrera universitaria, de acuerdo al estudio realizado por la contraparte local de Medicus Mundi en Lima.


AFRICA

BURKINA FASO


Una encuesta realizada por Unicef y el Gobierno burkinabé en 1991 cifraba en 1.300 el número de jóvenes que vive en las calles de la capital, Ouagadougou, de aproximadamente 700.000 habitantes. 81 de ellos afirmaron dormir en la calle mientras que el resto disponía de casa para pernoctar o se albergaba en su local de trabajo.

El perfil típico de un niño que se busca la vida en las calles de esta ciudad es el de un varón - sólo el 11 por ciento son chicas - que tiene entre 7 y 17 años -. El


30 por ciento es menor de 14 años. Uno de cada dos vende algún tipo de mercancía: ropa, fruta o bebidas, otros realizan transportes con carretillas de mano, lustran botas o limpian objetos. Sólo un 7 por ciento mendiga. La prostitución no parece incluirse entre sus actividades.


Los resultados de la encuesta entre los niños que habitan permanentemente en la calle eran parecidos, con la diferencia de que en este colectivo sólo se encontró una niña frente a 80 niños.


La mitad de los niños de la calle de Ouagadougou ha estado escolarizado en algún momento. Hay que apuntar que uno de cada dos lo está en centros coránicos, un factor que puede contribuir a aumentar el fenómeno de la marginalización, ya que los alumnos de estas instituciones pueden ser incitados a romper sus vínculos familiares y ejercer la mendicidad para completar su educación religiosa. La interrupción de los estudios en la escuela oficial es frecuentemente consecuencia de la incapacidad de los padres para pagar el material escolar o de la distancia que separa la escuela del hogar. La escolarización primaria alcanza al 30 por ciento de la población en edad escolar. La mayoría de estos niños procede de áreas rurales. Sólo uno de cada cuatro es nativo de la capital.

"Los niños de la calle de Burkina Faso no tienen nada que ver con los niños de la calle de Latinoamérica. Aquí son de primera comunión, muy inocentes, aunque se empiezan a detectar fenómenos preocupantes: aspiran colas y comienzan a tomar anfetaminas", declaró a Infomundi Ernesto López, administrador de programas de Unicef en Ouagadougou. También asisten a cines pornográficos. "Cuando roban, la policía les muele a golpes", según López. De acuerdo a sus datos, apenas existen organizaciones capaces de afrontar un problema "cualitativa y cuantitativamente cada vez más importante". "Hay asociaciones que declaran trabajar para la infancia, pero en realidad viven de la infancia porque", añadió López, "quienes las integran son, ellos mismos, jóvenes en situación precaria".


GHANA


La capital, Accra, cuenta con unos 10.000 niños de la calle. 4.000 de ellos son niñas, que están "especialmente expuestas al abuso sexual". No tienen lugar fijo de residencia y trabajan por su cuenta en la calle o para operadores de distintas actividades del sector informal. El 88 por ciento de estos niños de la calle no asiste a la escuela. Entre los que sí van al colegio, el 77 por ciento acude irregularmente, mientras que algunos niños de más edad siguen cursos de formación profesional. Muchos dejan la escuela antes de completar su formación. En especial, los que tienen entre 10 y 14 años. En el 84 por ciento de los casos se debe a problemas económicos y en el 10 por ciento a falta de interés por los estudios. El 96 por ciento de los niños son emigrantes. Sólo el 20 por ciento son huérfanos, aunque en más del 40 por ciento de los casos, los padres viven separados, según una encuesta de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Los niños de la calle de Ghana duermen en el exterior de edificios o tiendas en colchones de cartón o paja. Su jornada laboral comienza a las cuatro y media de la madrugada. Buscan en las basuras, lustran zapatos, portean bultos, venden géneros o mendigan. Las niñas se dedican más a las ventas (62%). Los niños, a los servicios (55%). Muchas de las niñas no consiguen mantenerse con los ingresos que obtienen y se convierten en prostitutas. Algunas comienzan a la temprana edad de 11 años, inducidas por sus compañeros sexuales que las prestan a otros hombres.


CHAD


Un estudio realizado por Appert, contraparte local de Medicus Mundi en un microproyecto destinado a apoyar a este colectivo, estima en 2.000 el número de niños que vive en las calles de Nyamena, una capital con alrededor de 600.000 habitantes que crece al ritmo de un 24 por ciento al año. Suelen ser varones entre 6 y 16 años. Se agrupan en pandillas, trabajan juntos y muestran cierta responsabilidad mutua. Vigilan y limpian motocicletas, lustran botas, trabajan en restaurantes o en el mercado. Algunos mendigan como parte de su educación coránica. Si conservan el contacto con sus padres, les ayudan económicamente. Otros confían sus ahorros a los dueños de los restaurantes u otros establecimientos para disponer de ellos en caso de necesidad. Los juegos de azar y las drogas también forman parte de su vida, aunque muchos declaran, por ejemplo, que preferirían jugar al fútbol, si tuvieran un balón.

El estudio reveló que estos jóvenes muestran un gran compromiso social y comunitario: colaboran en trabajos de emergencia para prevenir las inundaciones; plantan árboles en la ciudad tras haber recibido el material necesario por entidades como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO); se comprometen en la limpieza de plazas; conciencian a la vecindad sobre la necesidad de acometer trabajos de saneamiento.


ASIA

INDIA


En Madras, donde habitan más de 5 millones de personas, se estima que existen 45.000 niños de la calle y que cada día se añaden cinco más al ejército de pequeños indigentes urbanos. Un estudio realizado en Madras con 110 niños reveló que la mitad trabajaba en hoteles y puestos de té, 22 mendigaban, 5 recogían basura para después venderla...

La prensa hindú ha denunciado en varias ocasiones el acoso que sufren estos niños por parte de la policía. Según el diario The Hindu, "si un niño de entre 7 y 18 años es encontrado por una patrulla de policía después de las 10 de la noche, tendrá que pasar la noche en la comisaría. Muchas veces se solucionan pequeños hurtos vinculándolos con estos niños que, incluso, son utilizados como mano de obra gratuita para limpiar los servicios de los cuarteles, fregar las habitaciones y hacer trabajos desagradables para los agentes".

En una ciudad como Vijayawanda, en el sur de India, que cuenta con 900.000 habitantes, se calcula que existen unos 20.000 niños trabajadores o que viven en la calle. Suelen escaparse de casa a causa de las tensiones familiares, la violencia doméstica o simplemente atraídos por la ciudad donde, sin embargo, tendrán que vivir bajo los puentes. También aquí se alistan al ejército de los recogedores de basura, trabajo frecuente en todo el sur de Asia y considerado por Unicef como especialmente "antihigiénico, peligroso y degradante", ya que expone a los críos a heridas, enfermedades cutáneas como úlceras, sarna, etc. Se alimentan de restos de comida y corren el peligro de sufrir intoxicaciones y trastornos digestivos.


NEPAL


Society ha denunciado que en Nepal existen más de 11.000 niños de la calle, la mayoría entre 13 y 16 años. Casi todos son varones ya que la opinión pública es especialmente crítica con las niñas que están en la calle y tiende a considerarlas más que víctimas, culpables de cualquier agresión que puedan sufrir, por el sólo hecho de no haberse quedado en casa. La pobreza no es el único

en la calle: un estudio demostró que en la ciudad de Dharan, un 45 por ciento de los niños abandonó su hogar debido al desinterés de los padres y sólo un 32 por ciento lo hizo por razones económicas. Pocos son huérfanos. Algunos incluso son incentivados por sus padres a buscar un trabajo en la ciudad para contribuir a la economía familiar.


TAILANDIA


Tailandia cuenta con 10.000 niños de la calle, según el informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 1995, de Unicef . Esta cifra parece incluso baja frente a los cien mil menores que trabajan en la prostitución infantil en el mismo país. "Los niños deberían considerarse recursos y Tailandia es uno de los países que debería luchar duro para proteger sus recursos naturales", declaró el representante de Unicef Anthony Hewett.

En Vietnam, hay unos 50.000 niños sin hogar y en Camboya, un 20 por ciento de todos los mendigos son niños. Según Unicef, la infancia paga un alto precio por la rápida industrialización y urbanización de estos países asiáticos, que lideran el desarrollo mundial con un crecimiento anual que alcanza el 6,5 por ciento. En China existen alrededor de 200.000 niños de la calle.


FILIPINAS


En Filipinas existen unos 15.000 niños de la calle, según datos de Unicef. Otras fuentes estiman, sin embargo, que su número es mucho más elevado. Sólo en Manila podría haber unos 75.000 niños y adolescentes que trabajan en la calle. La proporción de menores abandonados o trabajadores oscila ahora entre el uno y el tres por ciento de la población infantil y está aumentando a un ritmo de un 4 por ciento al año.

Se estima que la mitad de ellos consume drogas, sobre todo disolventes y pegamento. Muchos se dedican a recoger bolsas de plástico, latas, botellas, piezas de automóvil, neumáticos y otros objetos reciclables en los inmensos vertederos de Manila, una actividad casi lucrativa que puede generar en seis horas más ingresos que los que obtiene un obrero en una fábrica tras una jornada de diez horas.


LA CALLE DEL SEXO

LATINOAMERICA


De acuerdo con los datos de un estudio elaborado por Naciones Unidas en 1991 en 10 ciudades (Alejandría, Bombay, El Cairo, Lusaka, Manila, México, Montreal, Río de Janeiro, Tegucigalpa y Toronto) los niños de la calle son a menudo víctimas de las "industrias del sexo", que los emplean en pornografía y prostitución "frecuentemente desde una edad muy temprana". La OMS ha constatado una "incidencia creciente de VIH/sida" entre los niños de la calle que son explotados sexualmente y ejercen la prostitución.

Un estudio realizado en 1991 por el Centro de Orientación y Tratamiento de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) de Guatemala y la ONG estadounidense Casa Alianza entre 147 niños y niñas entre 7 y 17 años reveló que todos habían sufrido abusos sexuales.



Más de la mitad dijeron que se los habían infringido sus propios familiares. En el caso de las chicas, esta cifra se elevó al 85%. Un 64% reconoció que tuvo sus primeras relaciones con su padre o madre, un 10 por ciento las mantuvo con un hermano, otro 10% con un tío y sólo un 8% con un amigo o novio.

Un 25% de todos los entrevistados dijo tener más de cuatro compañeros sexuales al día, aunque en el caso de las chicas esta proporción alcanzó el 92%. Ninguno utilizaba preservativo. Las enfermedades de transmisión sexual eran frecuentes: un 93% de los niños afirmó haberlas padecido. Todos utilizaban además pegamento u otros disolventes como droga, un 96% de ellos a diario.

En Brasil, un estudio publicado por la revista semanal Isto le dio resultados parecidos. Los niños y niñas marginados, trabajadores infantiles y habitantes de las calles suelen iniciarse sexualmente a la edad de 11 años. Tres de cada cuatro aseguran estar informados sobre el sida, pero sólo un 27% suele usar preservativo y un 44% no lo usa nunca. Sólo un 5% de los entrevistados declaró mantener relaciones sexuales por dinero .


AFRICA


El sexo forzado es una realidad cotidiana para los niños de la calle en Kenia. Su indefensión frente a los mayores los expone a todo tipo de abusos. Tanto las niñas como los niños suelen sufrir agresiones sexuales contra las que prácticamente no pueden hacer nada. El agresor suele ser un adulto en busca de sexo o, simplemente, compañeros mayores que viven igualmente en la calle. Para las niñas, la violación en grupo puede ser incluso un rito obligado para ser aceptadas en una pandilla. Su iniciación tiene lugar a menudo a los seis o siete años y es frecuente que terminen convirtiéndose en prostitutas.


En Nairobi, ya existen algunas organizaciones que acogen a estas niñas, les ofrecen alojamiento y la posibilidad de empezar una vida nueva.


ASIA


Los países del sureste asiático, como Tailandia y Camboya, destacan por el hecho de que la prostitución infantil no forma parte del fenómeno de los niños de la calle sino que abarca un sector mucho más grande de la población infantil. Según Unicef, en Tailandia hay diez veces más menores prostituidos que niños de la calle.


ALCOHOL Y DROGAS


La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que "una proporción importante" de los cien millones de niños de la calle existentes en todo el mundo "consume regularmente alcohol y otras drogas" para "contrarrestar su estrés, dolor y sufrimientos; en muchos casos no consideran la droga un problema, sino la solución".

De acuerdo a los datos del citado estudio de Naciones Unidas, una "proporción significativa" de los 550 encuestados tomaban alcohol u otras drogas. Las más consumidas eran las más baratas y fáciles de obtener: alcohol, tabaco, cannabis, pegamento, disolventes y fármacos. También se informó del consumo de cocaína, heroína, anfetaminas, cócteles de drogas y sustancias inyectables. El estudio reveló también que los niños de la calle son utilizados frecuentemente en la producción y venta de cocaína y en el tráfico de cannabis y heroína.



Estimaciones de la OMS indican que nueve de cada diez niños de la calle en Latinoamérica están enganchados al disolvente de pintura, al pegamento barato y otras drogas más fuertes. En los países andinos, y sobre todo en Bolivia, Colombia y Perú, se está registrando un "tremendo" aumento del consumo de cigarrillos mezclados con un derivado de la cocaína. Este derivado, denominado "basuco", es especialmente tóxico porque contiene queroseno, ácido sulfúrico y otros productos químicos utilizados para extraer la cocaína de la hoja de coca. El "basuco" causa una sensación de euforia más fuerte que la inhalación de pegamento y crea más adicción que éste .

Las investigaciones realizadas indican que la edad de consumo inicial es muy baja y está cayendo aún más. En México DF, un 12% de los encuestados dijo que había empezado a utilizar pegamento con regularidad cuando tenía 12 años, según la OMS. En Colombia y Bolivia, niños de 8 años aseguraron que traficaban y fumaban cigarrillos de basuco. En muchos casos, los camellos inician a los niños de la calle en la adicción para que sean clientes estables y sirvan de mensajeros.

Tanto en Centroamérica como en Brasil, la cola de zapatero se ha convertido en la droga más usada por los niños. "Oler cola" es tan frecuente que muchos niños ni siquiera conocen el uso original de esta sustancia, como relata el educador Francisco Lima del centro de acogida Barraca da Amizade en Fortaleza: "Un día un niño de siete años entró en el taller en el que realizábamos trabajos artesanales de cuero con chavales algo mayores y al ver los botes de pegamento, dijo que ahora comprendía por primera vez para qué servía la cola en realidad". El tolueno contenido en el pegamento crea una fuerte adicción.

El consumo de este tipo de drogas tiene serias consecuencias para los niños. La inhalación de cola industrial produce sensación de ligereza, alucinaciones ocasionales, pérdida de apetito y náuseas. A largo plazo puede afectar a los pulmones, daños irreversibles en el cerebro y los riñones y un deterioro de la salud general.


Unicef estima que más de la mitad de los 40 millones de niños de la calle latinamericanos usa la cola industrial como droga. "20 millones de clientes que consumen alrededor de 70 millones de litros de cola al mes es un gran negocio para los fabricantes de la cola", señala la organización americana Casa Alianza. En Estados Unidos, donde el problema de los niños de la calle es también, por cierto, muy serio, las sustancias basadas en tolueno están controladas estrictamente, mientras que son precisamente dos empresas estadounidenses las que producen la cola vendida en Latinoamerica.

Recientemente estas empresas, H.B. Fuller y Henkel, anunciaron que iban a suprimir el componente de tolueno en sus productos, aunque lo sustituirán por ciclohexane, otra sustancia seis veces menos tóxica que sin embargo causa efectos parecidos al tolueno tanto en el momento de su inhalación como a largo plazo sobre la salud, según Casa Alianza .


OBJETIVO: SACAR A LOS NIñOS DE LA CALLE

LATINOAMERICA


- Argentina El Consejo del Menor es una institución estatal autónoma que integra a unas 250 ONG. Se dedica a distintas actividades: prevención del abandono o el mal trato, guarderías, ayuda económica temporal, selección de familias para la adopción, recurso a la justicia en casos de explotación. El Consejo expide pases, es decir, imitaciones de un billete de un peso que se reparten en lugar de limosnas. Estos pases dan derecho a los niños a recibir ayuda y cuidados en instituciones como el Hogar Garrigos, donde los críos recogidos en las calles de Buenos Aires pasan los fines de semana.



- Brasil El Movimiento de Niños y Niñas de la Calle, galardonado por su labor con el premio Príncipe de Asturias en 1994, imparte clases de alfabetización a los pequeños, los conciencia de sus derechos y los acompaña al hospital si alguno requiere asistencia médica. Los educadores no reciben salario alguno por su labor, aunque muchos son profesores o funcionarios que compaginan su actividad profesional con el trabajo en la calle. Algunos comparten el sueldo que obtienen al margen del movimiento, con los compañeros que se dedican exclusivamente a la organización. Frecuentemente reciben amenazas telefónicas y a veces incluso pagan su vinculación al movimiento con la vida .

La labor del Movimiento de Meninos prioriza la sensibilización y la denuncia. Los niños son invitados a organizarse en los llamados núcleos de base, que reúnen a grupos de jóvenes marginados. Estos núcleos se convierten en un espacio de debate, donde los niños pueden decidir y diseñar actividades para reivindicar sus derechos como ciudadanos. Algunos de estos grupos se integran en las actividades culturales que les ofrece el Movimento: la representación de obras de teatro, la coreografía y aprendizaje de bailes populares y hasta la grabación de canciones. Estas manifestaciones artísticas sirven al mismo tiempo de terapia para socializarse y vencer los traumas de la droga y de la violencia y se pueden convertir incluso en una importante fuente de ingresos para los jóvenes artistas.

El Movimiento de Meninos, creado en 1985, cuenta hoy con cien ONGs asociadas y con más de 3.000 niños afiliados o vinculados en todo Brasil. Un 61% de sus cerca de 4.000 educadores son mujeres .

La organización Centro Projeto Axé trabaja para llegar a los aproximadamente 3.000 niños que viven y trabajan en las calles de Salvador y otras ciudades del estado de Bahía. Educadores de calle, convenientemente formados durante meses, captan su confianza y les ayudan a obtener documentos de identidad y



otros certificados oficiales. Les acompañan a una revisión médica, les facilitan asesoramiento jurídico y les alientan a reanudar sus relaciones familiares. Además, les proporcionan educación no académica, muchas veces en la misma calle, para que puedan asistir a las escuelas y centros de formación profesional o llegar a ser aprendices. Cuando los niños están preparados, se les inscribe en escuelas o se les busca un puesto como aprendices. El Projeto Axé cuenta además con emisiones radiofónicas para dar a conocer la magnitud del problema y planifica emitir también un programa televisivo moderado por ex niños de la calle que entrevistarán, entre otros, a los políticos locales.

- Bolivia Medicus Mundi está apoyando económicamente a dos ONGs bolivianas: Colonia Pirai y Asociación para el Apoyo de Niños y Adolescentes de la Calle (Aanac). Ambas operan en la zona de Santa Cruz. La primera atiende a 360 niños y adolescentes rescatándoles de las calles y proporcionándoles educación escolar y formación para que en el futuro puedan acceder, en condiciones dignas, al mercado laboral. Colonia Pirai dispone de instalaciones para la producción ganadera y agrícola en las que los niños pueden aprender un oficio y contribuir, además, a la autofinanciación de los programas que desarrolla la ONG.

AANAC, respaldada por Medicus Mundi Murcia, persigue la reinserción social de los niños de la calle. Sus educadores contactan con los críos y tratan de reconducirlos familiar y escolarmente. También dispone de una casa de acogida.

- Guatemala, Honduras y México La organización Casa Alianza ayuda a niños de la calle de estos tres países. Su cuartel general está en San José de Costa Rica. Desarrolla cuatro tipo de actividades: presta asistencia médica y consejo a los niños en la misma calle; les ofrece la posibilidad de integrarse en "centros de crisis", donde reciben comida, ropa, cama, tratamiento médico y educación a corto plazo; crea hogares de transición, en los que se orienta educativa y profesionalmente a los niños que desean cambiar el rumbo de su vida; y establece hogares de grupos, donde se recrea el ambiente familiar para que los niños se sientan, por fin, en casa hasta que cumplen, al menos, 18 años. Además,


Casa Alianza ofrece asesoramiento jurídico a los niños desde el asesinato, en 1990, de un crío de 13 años a manos de cuatro oficiales de la Policía Nacional de Guatemala. 1300 niños se han beneficiado, hasta ahora, de este servicio, en el que Casa Alianza es pionera. Desde 1990 la organización ha iniciado 250 procesos contra el aparato de seguridad del Estado y servicios de seguridad privados por asesinato y tortura de niños de la calle guatemaltecos.


La asociación mexicana Ednica (Educación con el Niño Callejero) está desarrollando programas de prevención para niños en riesgo de vivir en la calle y de orientación, educación y terapia para las familias de esta población. Intenta fortalecer asimismo las iniciativas locales y comunitarias en el cuidado y atención a los niños de su entorno, para modificar el contexto que hace propicia la salida de los niños a la calle.

- Haiti La fundación del ex presidente Jean-Baptiste Aristide, 'Lafanmi Selavi' (La familia es la vida, en creole), fundada en 1986, acoge ahora a 250 niños de las calles de Puerto Príncipe, entre ellos unas 35 niñas. Tras el golpe de estado de finales de 1991, el número de niños de la calle en Haití se ha incrementado de manera drástica, hasta alcanzar unos 200.000. El centro Lafanmi fue objeto de ataques que costaron la vida a varios menores y un miembro del equipo. Hoy, Lafanmi Selavi cuenta incluso con una emisora de radio moderada por los niños, Radyo Timoun, que emite durante cuatro horas diarias y trata sobre todo temas de pobreza, subrayando el problema de los niños encarcelados (32).

AFRICA - Burkina Faso En Ouagadougou existen algunos centros gubernamentales para la acogida y formación de los niños de la calle, aunque en palabras de Ernesto López, coordinador de los programas de Unicef en Burkina Faso, "son centros cerrados, cuasi prisiones.



Tienen un altísimo costo y además son absolutamente ineficaces, porque el niño de la calle lleva irónicamente una vida fácil y libre, sobre todo libre, y, aunque les ofrecemos comida y alojamiento, se van a los ocho días". En su opinión, hay que apoyar al sistema educativo en el medio abierto, a los educadores de la calle y no se deben crear servicios como centros de alfabetización o de salud dirigidos expresamente para los niños de la calle, sino que éstos deben ser admitidos en instituciones abiertas a todos. "Es que son ciudadadanos ¿o no se pretende que sean como los demás?", recalca López.

Niños de la Calle
Home Kisito, el único orfelinato de Ouagadougou, proyecta crear explotaciones agrícolas que puedan ser utilizadas como escuelas-granja para asegurar una futura ocupación a los niños que abandonan a esta institución y evitar que se conviertan en niños de la calle.


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-Chad Medicus Mundi Navarra ha respaldado una iniciativa para la reinserción social de unos 600 niños de la calle en Nyamena, la capital del país. El proyecto, continuado por la contraparte local Association pour la Promotion des Enfants

de la Rue au Tchad, persigue entre otros fines la escolarización de los menores, su alfabetización y el aprendizaje de técnicas artesanales. Los educadores se dedican a tomar contacto con los niños en su ambiente callejero, concienzarlos sobre su salud e higiene, integrarlos en trabajos comunitarios del barrio y ayudarles a encontrar formas de mejorar su nivel de vida.

- Ghana Uno de los problemas más graves de las niñas de la calle en Ghana es la necesidad de buscarse algún compañero que les otorga cierta protección a cambio de favores sexuales. Es frecuente que las niñas se queden embarazadas. En ese caso, suelen ser abandonadas inmediatamente por su protector. Para atender estos casos se creó en 1994 en Accra el refugio Mamobi, dirigido por el religioso Patrick Shanahan. El centro ha acogido ya a unas 140 niñas, dándoles comida, consejos y formación. Está apoyado por Unicef. La mayoría de las niñas embarazadas se queda 3 meses: un mes antes y dos después del parto. Algunas de las jóvenes madres regresan luego a sus pueblos, aunque la mayoría se queda en la capital, más favorable a sus deseos de libertad .

ASIA -India En Madras existen centros de rehabilitación que se dedican a reintegrar a los niños de la calle en la sociedad. Sólo uno de ellos, denominado Saranalayam, ha recuperado 450 niños en dos años. Técnicos del centro, que cuenta con el respaldo de una ONG alemana, recorren los puntos donde los críos duermen, los recogen y los trasladan a Saranalayam. Una vez allí, se les permite continuar con sus actividades en la calle pero poco a poco se les convence de la necesidad de que reemprendan los estudios que abandonaron o regresen a casa, si la causa de abandono se debió a fricciones pero no a actitudes más graves o violencias.



La asociación Child Relief and You (CRY) realiza cinco proyectos de ayuda a la infancia y apoya otros 90 de organizaciones locales en toda India. Algunas de estas iniciativas se dirigen específicamente a los niños de la calle. El proyecto de la organización Shri Krishna Chaitanya Vidhya Vihar (SKCV), localizado en Vijayawada en el sudeste de India, ha conseguido reintegrar a unos 3.000 niños en sus familias, ha abierto un centro de acogida para niños abandonados y ofrece clases de educación primaria a los pequeños, así como cursos de formación profesional en artesanía, reparaciones eléctricas, corte y confección e imprenta para los niños mayores.

-Indonesia En Yakarta, la organización local Mitra Masyarakat Kota (MMK) trabaja desde 1990 con niños de la calle. Los educadores establecen contactos con los menores y les ofrecen amistad, protección y atención sanitaria, así como programas para afianzar la autoestima y actividades de formación y aprendizaje.


DERECHOS Y ORGANIZACIONES QUE PROTEGEN A LOS NIÑOS

DERECHOS DE LOS NIÑOS

LA CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO ES PARTE DE LA LEGISLACIÓN NACIONAL RATIFICADA POR EL ESTADO DE CHILE EN AGOSTO DE 1990. DECRETO SUPREMO N°830.

• A APRENDER TODO AQUELLO QUE DESARROLLE AL MÁXIMO NUESTRA PERSONALIDAD Y NUESTRAS CAPACIDADES INTELECTUALES, FÍSICAS y SOCIALES

Niños de la Calle

• A EXPRESARNOS LIBREMENTE, A SER ESCUCHADOS Y A QUE NUESTRA OPINIÓN SEA TOMADA EN CUENTA.

Niños de la Calle

• A PARTICIPAR ACTIVAMENTE EN LA VIDA CULTURAL DE NUESTRA COMUNIDAD, A TRAVÉS DE LA MÚSICA, LA PINTURA, EL TEATRO, EL CINE O CUALQUIER MEDIO DE EXPRESIÓN

Niños de la Calle

• A TENER NUESTRA PROPIA RELIGIÓN

• A QUE EL ESTADO GARANTICE A NUESTROS PADRES LA POSIBILIDAD DE CUMPLIR CON SUS DEBERES Y DERECHOS

• A QUE NO SE NOS OBLIGUE A REALIZAR TRABAJOS PELIGROSOS NI ACTIVIDADES QUE ENTORPEZCAN NUESTRA SALUD, EDUCACIÓN O DESARROLLO

• A TENER A QUIEN RECURRIR EN CASO DE QUE NOS MALTRATEN O NOS HAGAN DAÑO

• A QUE NADIE HAGA CON NUESTROS CUERPOS COSAS QUE NO QUEREMOS

• A LA VIDA, EL DESARROLLO, LA PARTICIPACIÓN Y LA PROTECCIÓN

• A CRECER SANOS FÍSICA, MENTAL Y ESPIRITUALMENTE

• A PEDIR Y DIFUNDIR LA INFORMACIÓN NECESARIA QUE PROMUEVA NUESTRO BIENESTAR Y NUESTRO DESARROLLO COMO PERSONAS.

• A TENER UNA VIDA DIGNA Y PLENA, MÁS AÚN SI TENEMOS UNA DISCAPACIDAD FÍSICA O MENTAL

Niños de la Calle

• A TENER UN NOMBRE Y UNA NACIONALIDAD

Niños de la Calle

• A SABER QUIENES SON NUESTROS PAPÁS Y A NO SER SEPARADOS DE ELLOS

• A DESCANSAR, JUGAR Y PRACTICAR DEPORTES

Niños de la Calle

ORGANIZACIONES

A nivel Internacional:

  • UNICEF


El fondo de las Naciones Unidas para la infancia, UNICEF, trabaja con otras entidades de las Naciones Unidas, instituciones gubernamentales y organizaciones no gubernamentales (ONG), para proporcionar servicios comunitarios de atención primaria de salud, provisión de agua potable y saneamiento y educación básica que benefician prioritariamente a la niñez y mujer en más de 140 paises en desarrollo.

Niños de la Calle
El UNICEF fue creado en 1946 por la Asamblea General de las Naciones Unidas para responder a las necesidades urgentes de los niños al terminar la segunda guerra mundial en Europa. En octubre de 1953, la organización, que entonces se conocía como Fondo Internacional de las Naciones Unidas de Auxilio a la Infancia, se convirtió en una entidad permanente del Sistema de Naciones Unidas con un papel más amplio: responder a las necesidades a largo plazo de los niños que viven en la pobreza en los paises en desarrollo. Su nombre se abrevió y pasó a llamarse Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, aunque se mantuvo la sigla original, con la que se conoce la organización hasta hoy en día, el UNICEF, que desde su fundación ha afirmado que existe un vínculo entre progreso, la paz y el bienestar de los niños.


 


El UNICEF es una entidad semi - autónoma, con su propio cuerpo de gobierno, aunque forma parte integral del Sistema de las Naciones Unidas. Su Junta Ejecutiva de 36 miembros tiene la misión de crear políticas, analizar programas y probar los presupuestos de la organización. El secretariado del UNICEF, con sede en Nueva York, realiza sus trabajos por medio

 de más de 200 oficinas en más de 140 paises en desarrollo. Alrededor de un 80% del personla de UNICEF trabaja sobre el terreno, en una labor dedicada a evaluar las necesidades, analizar planes y establecer contactos con autoridades gubernamentales y colaboradores para suministrar servicios, provisiones y potenciar las capacidades de la población local.

El UNICEF ha recibido de la Asamblea General de las Naciones Unidas el mandato de abogar por la protección de los derechos del niño, para ayudar a satisfacer sus necesidades básicas y aumentar sus oportunidades de desarrollar todo su potencial. El UNICEF moviliza la voluntad política

 y recursos materiales con el fin de hacer realidad el conceptod de -los niños primero-. Además trabaja para cumplir con lo estipulado en la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).


SENAME


Servicio público que depende del Ministerio de Justicia. Esta encargado de la atención de niños y jóvenes que no tienen familia o, que su familia no los puede o quiere mantener y aquellos que presenten problemas de conducta, incluidos los infractores de las leyes.



Uno de los principales objetivos es mantener al niño vinculado a la familia, por lo que la internación en centros es una medida de excepción y transitoria.

Atiende a 60.000 niños y jóvenes (a octubre de 1995), a través de centros ubicados en todo el país y en convenio con instituciones colaboradoras privadas o públicas.

-Sus prioridades para el corto y mediano plazo:

-Desarrollar Programas para que los niños internados puedan volver a su respectiva familia o en su ausencia a una familia sustituta.

-Incrementar Programas especializados para jóvenes con problemas conductuales o que han infringido la ley.

Atiende mediante una red nacional de atención coordinada y supervisada por SENAME en que los niños pueden estar en Internados, en Centros Abiertos o en Casas de Particulares.

La atención se ejecuta por medio de instituciones privadas, que administran el 97% de los centros existentes, a quienes el Sename les entrega una subvención

-según modalidad asistencial- por el número de niños y jóvenes atendidos diariamente.

Para determinar el ingreso de un niño a la red nacional, se realiza un diagnóstico de su situación, en Centros cerrados o ambulatorios. En casos específicos se requiere la autorización o resolución de un juez de menores, de acuerdo a la Ley Nº 16.618.

La mayor parte de los centros son administrados por corporaciones y fundaciones sin fines de lucro, reconocidas por el SENAME, vinculadas o no a instituciones religiosas.



La subvención que reciben para financiar la atención de los niños es regulada por el decreto con fuerza de Ley 1.385 de 1980. Los recursos entregados dependen del tipo de centro: Internados, Centros Abiertos, Atención familiar, Atención de Prevención o de Tratamiento.

Algunas de estas instituciones son:

Hogar de Cristo; Aldeas S.O.S.; Consejo de Defensa del Niño; Asociación Cristiana de Jóvenes; Sociedad Protectora de la Infancia; Opción y diversas congregaciones católicas y evangélicas.