Nietzsche. Habermas

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NIETZSCHE

Nace en Prusia en 1844. Fue un filólogo, experto en latín y griego clásico, y fue un caso único en la historia universitaria: al acabar la carrera y sin examen previo fue nombrado catedrático.

Fue un enfermo crónico, probablemente de sífilis. En 1888 le da un ataque de locura, pasa al cuidado de su madre, luego de su hermana y finalmente muere en 1900.

Sus obras más importantes son “El origen de la tragedia”, “Así hablo Zaratustra”, “Genealogía de la moral” y “El crepúsculo de los ídolos”.

Es un escritor difícil por el empleo constante de metáforas, símbolos, imágenes... al que no le importaba ser contradictorio consigo mismo. Pese a esto fue capaz de ver con claridad y de exponer cual era el mundo que se avecinaba en el s. XX.

Pertenece al romanticismo y su pensamiento se suele identificar de vitalista, en el sentido de que para él la vida es el valor supremo.

1. Crítica de la cultura occidental (metafísica, moral y religión)

2. El nihilismo y la transmutación de valores

La operación que llevan a cabo judaísmo y cristianismo con los valores morales consistía en una inversión de los valores. Los valores originales eran los de bueno igual a rico, poderoso, noble... y malo igual a plebeyo, débil, pobre... El cristianismo le da la vuelta y el bueno pasa a ser el pobre, el débil, el plebeyo...

Esta inversión de los valores ha consagrado lo que para Nietzsche son valores anti-vida, es decir, valores que van en contra del libre despliegue de la voluntad del poder. Pero la cultura occidental ha desembocado en la muerte de Dios que deja al descubierto la nada. La contemplación de esa nada hace de nosotros nihilistas.

El nihilismo puede ser vivido como un nihilismo negativo (aquel que perpetúa la mentira y el autoengaño a través de la creación de ficciones, mundos imaginarios que constituye para el débil un refugio y un consuelo) o como un nihilismo positivo (aquel que aceptado la nada se vuelve creador, es fiel a lo que Nietzsche llama el sentido de la tierra y caracterizado por el “amor fati”, el amor al destino). La creatividad del nihilista positivo viene determinada porque es a su vez un hombre trágico, en el sentido de que en este individuo lo apolíneo y lo dionisiaco se hallan en equilibrio. Este nihilismo positivo tendrá la misión de llevar a cabo la transmutación de los valores.

La transmutación no consiste en deshacer la inversión de los valores, no consiste en volver a una determinada moral anterior a la inversión sino que consistiría más bien en recuperar el momento originario de la creación de valores hasta llegar a una situación en que cada uno procede a crear sus propios valores, dejar que la voluntad de poder fluya de forma espontánea y libre creando así nuevos valores e imponiéndoselos a los demás, volver a permitir la libre confrontación de voluntades que tratan de imponerse las unas a las otras en un juego eterno de seducción.

Cuando Nietzsche habla de imponer valores se refiere a imponer en el sentido de seducir.

El individuo capaz de hacer esto será un nuevo tipo de ser humano, que Nietzsche profetiza y al que llama el superhombre, es decir, el hombre nuevo más allá del hombre.

3. La vida y la voluntad del poder. Lo apolíneo y lo dionisiaco

Para Nietzsche no hay verdad absoluta, sino que lo que hay son verdades, puntos de vista o perspectivas, debido a que el lenguaje es incapaz de aprehender la realidad por dos razones: primero porque la realidad misma es inaprensible, ya que es pura apariencia en continuo cambio, en continua transformación y por debajo de esta apariencia no hay nada, en el sentido de que no hay Dios, no hay un más allá... y la segunda razón es que la propia naturaleza del lenguaje lo incapacita para capturar la realidad absolutamente.

El lenguaje es una forma de representar la realidad a través de símbolos, pero dejando fuera de esa representación muchos de los elementos de la realidad. El lenguaje para Nietzsche es metáfora.

Como no hay verdad, para distinguir un decir correcto de un decir incorrecto, Nietzsche propone otro criterio de validez distinto de la verdad, que es el criterio de la vida. Serán válidos aquellos discursos que favorecen el desarrollo de la vida y no serán válidos los que la obstaculizan.

Lo que Nietzsche entiende por vida puede desglosarse en dos sentidos distintos: la vida se puede entender como lo orgánico, lo biológico, y también se puede entender como la existencia, las vivencias.

El sentido primario en el que Nietzsche entiende la vida es le primero, la lucha continua y eterna de las fuerzas que se oponen e intentan imponerse las unas a las otras.

Como manifestación de esta forma de entender la vida tenemos la otra, nuestra propia vida es para Nietzsche una continua lucha de fuerzas. Esto es así porque en lo que consiste la vida es lo que el llama la “voluntad de poder”. Esto se entiende en el sentido de la tendencia que hay en todo ser vivo de ser cada vez más.

Nietzsche nunca da una definición de lo que entiende por “voluntad de poder”, pero en cualquier caso no se debe interpretar en términos de sujeto tal como lo entiende la tradición filosófica de Descartes en adelante, en la cual se entiende el yo consciente y auto transparente (que pensamos de nosotros mismos, que sabemos quienes somos y porque actuamos). A partir de Nietzsche esta concepción cambia y se entiende que nosotros no nos conocemos a nosotros mismos, nosotros somos para nosotros mismos lo más desconocido y por eso no se puede entender la voluntad de poder como la voluntad racional consciente.

Para Nietzsche la voluntad de poder es un impulso primario que sólo busca su autosatisfacción, en definitiva, aquello a lo que se reduce la vida.

La primera obra importante que escribe Nietzsche se llama “El origen de la tragedia” que es un estudio sobre la evolución del género teatral de la tragedia clásica griega. Las primeras representaciones tuvieron lugar en las fiestas dionisiónicas, en las cuales la representación consistía únicamente en un coro. El teatro se institucionaliza con Esquilo, que va a introducir una novedad revolucionaria: los actores. Con Sófocles aumenta el número de actores y finalmente Eurípides elimina el coro, quedando ya sólo los actores para representar los papeles.

El problema aparece cuando Nietzsche interpreta este proceso de la siguiente manera: para él el coro representa lo que llama lo dionisiaco y los actores representan lo apolíneo.

Lo dionisiaco es lo nocturno, lo instintivo, lo irracional y lo multitudinario.

Lo apolíneo es lo diurno, lo racional, lo individual y lo sobrio.

Para Nietzsche, en realidad, lo apolíneo y lo dionisiaco son dos facetas de lo humano, es decir, en todo ser humano conviven lo apolíneo y lo dionisiaco.

4. El superhombre y el “eterno retorno”

Nietzsche emplea la palabra alemana “ubermensch” que se ha traducido por superhombre. Sin embargo esta traducción no expresa lo que él quiere decir. En alemán “uber” quiere decir por encima, o sobre. En este sentido se podría traducir por el “ultra hombre” o “El hombre que está por encima del hombre” (un nuevo tipo de individuo).

En el Nietzsche de juventud se sostiene que la única manera de hacer soportable la nada es el arte y en este sentido destaca como figura fundamental al creador artístico que aparece caracterizado como aquel capaz de ver donde otros no ven para crear algo absolutamente nuevo.

Al irse desarrollando el pensamiento de Nietzsche la figura del genio artístico creador se va transformando en el superhombre y el objeto de su creatividad pasa del arte a la moral, figura encargada de realizar la transvaloración de los valores dentro de una marca metafísica que es la teoría del eterno retorno. Esta teoría cierra la concepción metafísica de Nietzsche, marca el límite metafísico de la concepción nietzscheana del mundo.

Frente a la concepción del tiempo y del universo judeo-cristiana de era una concepción lineal, con principio y fin; la antigua concepción griega del tiempo era una concepción circular, todo es un eterno repetirse cíclico, sin principio ni fin. Esta concepción griega es revisada por Nietzsche desde el punto de vista de la física decimonónica, que era una física mecanicista (todo movimiento es por contacto mecánico, no a distancia) y determinista (con el aparato matemático adecuado podemos descubrir el pasado y prever el futuro). Tenemos:

1- La cantidad de materia y energía que hay en el universo, aún siendo grandísima, es finita.

2- El tiempo en cambio es infinito.

3- El estado del universo en un instante dado no es más que una determinada combinación de esa materia energía finita.

4- En un tiempo infinito todas las combinaciones posibles de materia y energía sucederán infinitas veces.

Todos estos puntos nos llevan a la conclusión de que el actual momento que vivimos no es más que una determinada combinación de energía y materia que ha sucedido infinitas veces y sucederá infinitas veces.

Desde el punto de vista de la física actual es eterno retorno es imposible.

Lo importante de esta teoría no es un contenido cosmológico, sino la lectura moral que hace Nietzsche de él en conexión con la idea de la transvaloración de los valores y con la idea del amor fati o amor al propio destino. Esta lectura consiste en que la idea de la aceptación de la vida debe ser total, con lo bueno y con lo mal, y hay que desear, querer y vivir intensamente cada momento, porque cada momento es eterno en su eterna repetición.

Para poder aceptar esto hace falta un determinado tipo de hombre, hace falta el superhombre, es decir, el individuo que acepta plenamente toda su vida, que se atreve a vivirla pese a su sin sentido, que acepta de si todo lo que es y que en esa apertura al mundo y a la tierra es capaz de crear.

HABERMAS

Nace en Alemania en 1929. Realizo estudios de filosofía, psicología, historia, literatura y economía. A partir de 1956 quedo vinculado a la Escuela de Frankfurt.

Sus obras principales son “Ciencia y técnica como ideología”, “Conciencia moral y acción comunicativa”, “La teoría de la acción comunicativa” y “Facticidad y validez”.

Hace unos años obtuvo un premio Príncipe de Asturias.

1. Teoría crítica frente a teoría tradicional. Razón tradicional y razón crítica.

2. Conocimiento e interés

En los años 60 destacan dos obras de Habermas que son “Conocimiento e interés” y “Ciencia y técnica como ideología”.

Según Habermas los planteamientos positivistas tienen una actitud objetiva y poco dada a la autorreflexión y a la crítica que lo que pretenden es enmascarar la conexión entre conocimiento e interés.

Segundo la tradición del historicismo alemán Habermas distingue entre lo que el llama ciencia empírico-analíticas y ciencias histórico-hermenéuticas.

Para Habermas las ciencias empírico-analíticas responden a un interés teórico y de dominación y las ciencias histórico-hermenéuticas tienen un interés práctico, destinadas a orientar la acción humana.

Según Habermas a estos dos grupos habría que añadir un tercer grupo que funcionase como integración de ambas y que estuviesen basadas en un interés distinto, que sería el interés liberador de la humanidad. La integración crítica de ambos grupos tendrá que basarse en lo siguiente:

Las ciencias empírico analíticas aparentemente se basan en hechos, pero los hechos sólo se constituyen como tales a través de una previa organización de nuestra experiencia en el ámbito funcional de lo que Habermas llama de la acción instrumental. Es decir, no existen los hechos puros, sino que dependen de nuestra experiencia.

Por otro lado, las ciencias histórico-hermenéuticas se relacionan en la experiencia objetiva en el lenguaje y en nuestras acciones y se dirigen a la comprensión de sentido. Sin embargo, esa búsqueda de sentido ha sido reducida por el positivismo a pura experiencia objetivista.

Habermas plantea la necesidad de ciencias críticas guiadas por un interés liberador y que tengan a la autorreflexión como método de liberación. Esta filosofía crítica tendrá como misión fundamental descubrir las funciones y límite a las diferentes ciencias para a partir de ahí establecer metas mayores de auto liberación a través de procesos de socialización como el trabajo, el dominio y el lenguaje.

Para Habermas la posibilidad de la emancipación está dada a priori en la estructura del leguaje.

La filosofía crítica indica a la acción instrumental y al a acción comunicativa la vía para liberarse de sus constricciones.

En la obra “ciencia y técnica como ideología” redefine la pareja conceptual trabajo e interacción de la siguiente forma: el trabajo será acción racional respecto al objeto o también acción instrumental según reglas técnicas o estratégicas; interacción será acción comunicativa mediada simbólicamente y organizada en base a normas vigentes de un modo vinculante. A partir de esta definición Habermas explica la dialéctica social post-industrial de la siguiente manera:

La acción comunicativa es el conjunto de vínculos sociales que legitima la racionalización del sistema social vigente. En las sociedades pre-industriales estos vínculos eran los mitos de distintas clases, la religión, las tradiciones, etc.

La sociedad tradicional muere cuando la esfera de su acción comunicativa es invadida por la racionalización propia de la acción instrumental.

Para Habermas los planteamientos de Marx serían válidos para dar cuenta de la sociedad industrial pero no de la post-industrial. En la sociedad industrial, la sociedad civil no era molestada por el estado liberal, sin embargo la sociedad post-industrial es también post-liberal.

Para Habermas hay otra forma de racionalidad sin ser la instrumental, que es la racionalidad comunicativa, siempre que funcione sin coacción.

Tampoco es adecuada la idea marxista de lucha de clases. Para Marx la oposición entre clases sociales antagónicas es le motor del estado. En la sociedad post-industrial ya no hay lucha de clases.

Todos estos planteamientos van a ser desarrollados por Habermas en los años 80 en forma de una teoría compleja que se llama “teoría de la acción comunicativa”.

3. Teoría de la acción comunicativa y actos de habla

Habermas define la teoría como una teoría orgánica de la racionalidad crítica comunicativa basada en la dialéctica entre acción instrumental y acción comunicativa o entre sistemas y mundo de vida y la invasión de los segundos por los primeros.

En la “Teoría de la acción comunicativa” todo lo que funciona bajo la acción instrumental lo va a llamar sistema y todo lo que funciona bajo la acción comunicativa lo llama mundo de vida.

El problema de la sociedad actual es que los sistemas están invadiendo los mundos de vida.

El punto de partida de Habermas es de nuevo una crítica a la teoría de la racionalización de Weber que Habermas no tenía en cuenta. Hay una evolución posible del capitalismo hacia una sociedad emancipada a través de la potenciación de la acción comunicativa que por su propia forma de actuar es emancipadora.

Para explicar en que sentido la acción comunicativa es emancipadora parte de la teoría de los actos de habla de Searle y Austin, para la cual el lenguaje tiene dos funciones elementales: la representativa y la performativa, es decir, la descripción y la acción.

La función performativa establece una serie de actos de habla de tres tipos: locucionarios (que engloban el simple decir algo), ilocucionarios (lo que se hace cuando se dice algo) y perlocucionarios (los efectos que en los demás tienen los actos ilocucionarios)

(...)

4. La ética dialógica