Naturaleza y desarrollo en América Latina

Ciencias naturales en Latinoamérica. Ecología en Latinoamérica. Medio ambiente en Latinoamérica. Naturaleza Latinoamericana. Flora. Fauna

  • Enviado por: Angela Arias Molina
  • Idioma: castellano
  • País: Costa Rica Costa Rica
  • 9 páginas
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Informe

Concepciones de la Naturaleza y desarrollo en América Latina

Este es un texto bastante extenso en el que se tratan las diferentes visiones que se han tenido de la Naturaleza, así como sus “usos” a lo largo de América latina. Se presenta un resumen de cada una de las secciones del texto.

Para empezar, debemos saber que la palabra Naturaleza viene del latín natura y eso significa “nacimiento”. Entonces tendríamos dos usos comunes para la palabra: naturaleza para referirse a las cualidades y propiedades de un ser; y Naturaleza para los ambientes que son artificiales, con ciertos atributos físicos y biológicos como especies de flora y fauna.

La herencia europea en las concepciones de la naturaleza

Las ideas de Latinoamérica acerca de la Naturaleza fueron fundamentadas por los europeos, quienes la veían como una entidad que ofrecía todos los recursos necesarios y que era deber del ser humano controlarla y manipularla.

Pensadores como F. Bacon y R. Descartes superaron la visión medieval de la Naturaleza como forma organicista, como un ser vivo, y donde las personas eran un componente más.

Comenzó a verse a la naturaleza como un conjunto de elementos, algunos vivos y otros no, que podían ser manipulados y manejados. Se manipula y apropia la Naturaleza como condición y necesidad para entender requerimientos cuya meta era el progreso perpetuo. Los primeros economistas promovían el progreso material y la apropiación de la naturaleza para conseguirlo.

La frontera salvaje

En el inicio de la conquista y la colonia, la naturaleza era incontrolable y se imponía sobre los seres humanos. Pero pronto se pasó al control y dominio de las fuerzas naturaleza. Siguiendo la imagen de Descartes, donde todo era una máquina, la Naturaleza era analizada en sus piezas y desde allí se promovían los medios para la manipulación y control de la misma.

Entonces, la misión se entendió como una conquista de la Naturaleza, pero además será la obra humana la que permite “civilizar” a la Naturaleza, para que ésta ofrezca sus frutos y riquezas. Se busca civilizar espacios que se consideran salvajes, es decir, a la Naturaleza.

La Naturaleza como canasta de recursos

A medida que avanzaba el control de la Naturaleza, se imponía una visión utilitarista. Quedaban atrás los miedos a la Naturaleza, ya que la misma se convirtió en una “canasta” de recursos que podían ser extraídos y utilizados. Se daba un énfasis que apuntaba a la eficiencia y productividad en cómo extraer esos recursos, y en cómo se los aprovecha en las estrategias de desarrollo.

Dentro de esta perspectiva utilitarista, se desarrollaron algunas ideas conservacionistas. Dentro de una visión manipuladora y utilitarista de la Naturaleza, es posible encontrar una postura conservacionista. Aunque esto es importante, en realidad esas posturas no protegen a la Naturaleza, sino los recursos que alimentan a la economía. Esto quiere decir que esas maneras de “conservación” de la Naturaleza, eran meramente sacarle mejor provecho a los recursos naturales.

La Naturaleza como ecosistema

También se estuvo desarrollando la ecología como ciencia. Pero la ecología también quedó atrapada dentro de la visión cartesiana de la máquina, ya que concebía a la Naturaleza como una máquina. La tarea del ecólogo era describir las partes de ese conjunto (la Naturaleza) y comprender cómo funcionaba. Entonces los mecanismos y funcionamientos de la Naturaleza se conciben como leyes que el hombre no debería violar o alterar.

El ecólogo brindaría la información de cómo intervenir en la Naturaleza para conseguir los mejores éxitos productivos. Aquellos ecólogos interesados en los temas ambientales generaron un vínculo entre el campo científico y su práctica ambientalista. Es entonces cuando la Naturaleza agresiva se convierte en frágil y débil.

La ecología clásica, al presentar una Naturaleza con un orden propio, también ofrecía un marco de referencia para proponer medidas de gestión.

La Naturaleza como capital

La economía considera a la Naturaleza como una forma de capital y, con esto, es posible promover la “internacionalización” de esos recursos de la economía.

Estas posturas expanden la racionalidad económica manteniendo al mismo propósito de instrumentalización y manipulación, así como el antropocentrismo, donde el valor de la Naturaleza está dado por los valores de uso y cambio asignados por el ser humano. La Naturaleza se podría contabilizar en dinero y, por lo tanto, la protección del ambiente era en realidad una forma de inversión.

La conservación apunta a asegurar tanto los procesos ecológicos como las especias vivas, y todo eso depende de una dinámica ecológica, pero no de una económica.

La naturaleza fragmentada

Tras varias posturas, la Naturaleza pierde cohesión, unidad y atributos comunes. Las tendencias de ambientalismo neoliberal o del libre mercado bregan por una asignación de propiedad extensa sobre la Naturaleza, lo que permitiría una gestión económicamente más eficiente del medio ambiente.

En la nueva versión defendida por neoliberales y neoclásicos, la propiedad puede existir sobre un ecosistema, y en la forma más extrema, sobre variedades genéticas de especies vivas. En ese campo ni siquiera el ser vivo completo es de interés, sino alguno de sus atributos genéticos, los que pueden ser comercializados, y por lo tanto se los regula por medio de patentes y otros derechos de propiedad.

Las estrategias de desarrollo frente a la Naturaleza

Las estrategias de desarrollo en América latina también se inspiraban en Europa como un modelo a seguir. El crecimiento material no sólo era un objetivo, sino que no se dudaba de su posibilidad. La Naturaleza era simplemente ignorada o referida al medio que haría posible ese progreso.

La visión de la Naturaleza cubre una amplia gama de posiciones, desde la canasta de recursos hasta el capital natural. Todas ellas eran antropocéntricas, y en muchos casos la Naturaleza era algo ajeno a la problemática del desarrollo, o bien era la que nutría el crecimiento económico.

Teoría de la dependencia

Esta corriente postuló como ideas básicas el estructuralismo y la dependencia, criticando las concepciones clásicas y neoclásicas de la asignación de precios y las formas de operar del mercado. El concepto de dependencia parte de reconocer que ciertas regiones se desarrollan a expensas de otras: un centro y una periferia.

La perspectiva “periferia” de la teoría determinaba una visión obligada de lo que sucedía en los países “centro”. Los dependistas también apostaban a la industrialización, la búsqueda del progreso económico, y la continua generación de un excedente.

Los dependistas no desarrollaron una visión alternativa sobre la Naturaleza, o sobre cómo articula el desarrollo con su marco ambiental. En sus estudios los recursos naturales jugaron un papel menor. Los dependistas siempre consideraron que la región poseía enormes espacios libres e importantes reservas de recursos; los problemas en realidad estarían en las trabas sociales de un correcto proceso de desarrollo.

Aunque sin confundirlos con los dependistas, es importante recordar que las expresiones sobre desarrollo provenientes de la izquierda marxista y no-marxista tampoco generaron visiones alternativas sobre la Naturaleza. Todas ellas compartían la fe en el progreso técnico, en el manejo cada vez más afinado del ambiente.

Límites del crecimiento

“Los límites del crecimiento” fue un estudio que desencadenó gran polémica en América Latina. En este se sostiene que la Naturaleza es limitada, tanto en los recursos disponibles como en sus capacidades de amortiguar impactos ambientales. Aquello que siempre apareció como inmenso, o que nunca suscitó interés en buscarle fronteras, repentinamente se evidencio como finito y agotado.

No podía invocarse un crecimiento económico continuado ya que los recursos eran finitos. Tanto gobiernos como intelectuales, tras atacar el informe, invocaban la necesidad de mantener el proceso de desarrollo de la región, considerando que los problemas ambientales eran propios de los países industrializados y no de América Latina.

Estas discusiones continuaron en Estocolmo, en la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre ambiente y desarrollo, en 1972. Con esta conferencia, la temática ambiental pasó al primer plano, haciéndose evidente su vínculo con el desarrollo. Las naciones latinoamericanas sostuvieron que cada Estado era soberano en manejar sus recursos naturales. Esa postura terminó convirtiéndose en un pretexto para minimizar las mediad ambientales efectivas. Los diferentes aspectos son todos reducidos a un problema político, donde se cuestiona el orden económicamente internacional, y se vuelva a postular un posible futuro brillante para todos los países del Sur.

De Estocolmo a Río de Janeiro

Se insistía en cada país tenía el derecho soberano de determinar sus prioridades económicas y políticas y consecuentemente, sus niveles de protección ambiental y cómo dispondría de sus recursos naturales.

En 1987, la Comisión de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, presentó el estudio “Nuestro Futuro Común”, a partir del cual se popularizó el concepto de “desarrollo sostenible”. Es informe no implica un cambio de rumbo, sino que por el contrario refuerza el paradigma tradicional del desarrollo, basado en el crecimiento económico y la apropiación de la Naturaleza.

Geografía y desarrollo

Aunque en la mayoría de los casos se consideraba que una mayor riqueza en recursos naturales aumentaba las posibilidades para el progreso económico, ha habido posturas que creen lo contrario. Un ejemplo particularmente relevante para los países tropicales es la reciente tendencia en concebir la abundancia en recursos naturales como un impedimento para el desarrollo.

Según los informes del BID entre 1997 y 199, así sucede en América latina. Por ejemplo, la dotación de recursos, especialmente los minerales y la disponibilidad de tierra para cultivos y ganados, está fuertemente asociada con la inequidad. La contracara de esta vinculación se observa en países que poseen dotaciones reducidas en recursos, pero que han ganado en riqueza y equidad. A juicio del BID, cuanto más rico sea un país en recursos naturales, más lento será su desarrollo.

La explotación de los recursos naturales genera una renta que va a unas pocas personas, se desenvuelve por prácticas que requieren empleo reducido y una mínima educación, lo que junto con el concurso de otros factores termina desencadenando la situación de pobreza y desigualdad actual.

En este terreno, América latina está en desventaja ya que la propiedad sobre los recursos naturales y las oportunidades para la educación están muy concentradas. Además, una de las principales causas de las condiciones negativas de los trópicos se debería, según el BID, a que la vida en esas áreas es complicada por las enfermedades, las pestes, los problemas con el clima, y la calidad del agua.

Mientras los males tenían en lugar en los trópicos, los países templados aparecen con sociedades idílicas y horizontales que apuntaban al progreso y la igualdad. El determinismo geográfico de este modelo presenta un modelo ingenuo de las sociedades de los países industrializados del hemisferio norte, con la implícita idea que deben ser el ejemplo por imitar.

La fatalidad tropical

En el pasado, la pobreza Latinoamérica se explicaba por un determinismo que era al vez, geográfico y social. Esta última consideraba a los latinos como holgazanes y perezosos. Esas ideas también eran frecuentes en América latina, tanto entre visitantes como entre muchos intelectuales criollos, quienes insistía en el desapego por el trabajo de los latinoamericanos, su falta de disciplina, y su tendencia a dejarse llevar por las fiestas.

Intelectuales criollos o extranjeros se sorprendían por la distancia que existía entre la enorme disponibilidad de recursos y el atraso del desarrollo, criticando su bajo aprovechamiento y responsabilizando a una supuesta cultura perezosa. Esa es otra de las razones por las cuales en distintos países de Améica Latina se buscaba la “civilización” del indio, y el reemplazo del criollo haragán por el inmigrante trabajador.

La riqueza ecológica que se busca conservar aparece para otros como un obstáculo para el desarrollo, de donde se entorpece desde un inicio cualquier posibilidad de sostenibilidad en un sentido ambiental. El determinismo geográfico también anula, o reduce a su mínima expresión, los componentes sociales, políticos y culturales, ya que sería la geografía un factor determinante y no las decisiones de los seres humanos.

Estilos de desarrollo de Latinoamérica

En primer lugar, sobresale que todas las corrientes consideran el crecimiento económico como necesario para América latina. Esto se registra tanto en las posturas tradicionales de origen liberal y neoliberal, como en la izquierda marxista y no marxista.

En segundo lugar, resulta evidente un apego al progreso, y la visión mecanicista de una sociedad que necesariamente debe avanzar hacia logros siempre superiores.

En tercer lugar, en todas estas posturas la Naturaleza no aparece, o cuando lo hace es bajo una forma subsidiaria. Se han minimizado las restricciones ambientales al desarrollo, y en algunos casos se las ha combatido y negado. En lugar de referirse a la Naturaleza, se apunta a dotaciones en recursos naturales, tomados en forma aislada uno de otro. Se concibe además que esos acervos de recursos son enormes, con capacidades de amortiguación de impactos también enormes, y que en sí mismos no generan límites al progreso material.

La postura frente al ambiente es fuertemente antropocéntrica. Han existido esfuerzos de conservación dentro de esta ideología. Los más importantes se vincularon al utilitarismo eficiente.

En los últimos años, cuando el concepto Naturaleza llama la atención a quienes estudian y diseñan las estrategias de desarrollo sus preocupaciones no responden a un interés en el ambiente, sino a comprender que las variables ecológicas pueden afectar los ciclos productivos. Las recientes tesis de conservación debido al valor económico potencial de los ecosistemas no niegan, sino que refuerzan el uso instrumental de la Naturaleza.

Lo mismo sucede frente a algunos problemas ambientales que alcanzan dimensiones globales y por lo tanto pueden afectar a todo el planeta. La Naturaleza, que se encontraba por “fuera” del desarrollo, es ingresada; el concepto de desarrollo sostenible completa ese reingreso, abandonado una postura de oposición entre desarrollo y ambiente. Pero esa vinculación sirve para mantener y reforzar la ideología del progreso. El ambiente pasa a ser una condición para el crecimiento económico.

Las nuevas visiones de la Naturaleza

El concepto de biodiversidad encierra tres diferentes tipos de elementos:

  • las distintas especies de flora, fauna y microorganismos.

  • la variabilidad genética que posee cada una de esas especies.

  • los ecosistemas, incluyendo a las especies pero también a sus elementos físicos.

  • Es obvio que este concepto está lejos de describir un único atributo del ambiente, sino que es extremadamente amplio. Sin embargo, también ofrece una imagen de unidad y coherencia; genera la ilusión de un todo gestionable. Pero, a la vez, enfatiza la particularidad de la diversidad, donde el ambiente encierra múltiples pluralidades y cada representación de la vida es singular y debe ser conservada.

    La Naturaleza es puesta además como un espació idílico, donde predomina la cooperación y la simbiosis entre los seres vicios, y que debería servir como ejemplo a la humanidad.

    Un examen crítico muestra que, en realidad, las áreas llamadas “silvestres” en América latina han sido hogar de grupos indígenas. Para esas comunidades, esos sitios no son salvajes sino su hogar.

    Otras corrientes novedosas sobre la Naturaleza se han inspirado en las concepciones indígenas y campesinas. En ellas se presta atención tanto a los conceptos sobre el entorno que poseen esos grupos, como a las formas de relacionarse con el ambiente. En estas aproximaciones el ser humano vuelve a ser un elemento más dentro de la Naturaleza.

    Estas posturas se basan en vivencias de pertenencia y empatía con el entorno, y la religiosidad hacia el ambiente, encontrada en varios de estos grupos.

    Posturas que se generan en el hemisferio norte ejemplifican la reinvidicación de ciertos aspectos culturales que sirven a las metas del discurso ambientalista, pero que olvida otras manifestaciones que son contradictorias con esos propósitos.

    En otros casos se ha generado una visión organicista de la Naturaleza, como lo ilustra la hipótesis de Gaia. Esta idea sostiene que todo el planeta constituye un sistema que se autorregula, con propiedades emergentes que recuerdan a un cuasi-organismo de nivel superior. Este concepto posee algunas convergencias con el de biosfera, y el de cuasi-organismo en la ecología vegetal de principios de siglo.

    Los aportes más importantes en los últimos años rompen con el antropocentrismo y reconocen valores propios en la Naturaleza, y por ello son llamados biocéntricos.

    Creación social de la Naturaleza

    Hay quienes ven a la Naturaleza como un mero agregado de elementos, otros como un super-organismo.

    La categoría de Naturaleza es una creación social, distinta de cada momento histórico, cambiante de acuerdo con cómo los hombres se vinculan con su entorno. También se determina socialmente qué se considerará Naturaleza, y qué deja de serlo cuando es artificializado. La naturaleza resulta ser una categoría propia de los seres humanos.

    Relación dialéctica

    Las conceptualizaciones de la Naturaleza vinculadas con la temática del desarrollo se desenvuelven por relaciones recíprocas. La anulación de la visión medieval del ser humano integrado a la Naturaleza como un único ser vivo, permitió que se la “desarticulara” y manipulara. Después las diferentes corrientes utilitaristas buscaron usar el entorno de la manera más eficiente. Finalmente, las posturas de la ecología biológica apelan al caos y la economización del ambiente como capital, muy acordes con la sociedad capitalista de fin de siglo.