Narrativa Española en la democracia

Manuel Vázquez Montalbán. Eduardo Mendoza. Arturo Pérez Reverte. Novela neorrealista. Generación X

  • Enviado por: Isilwen
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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TEMA 14. LA NARRATIVA ESPAÑOLA DE LA DEMOCRACIA

La mayoría de los autores de este periodo se muestran contrarios al régimen franquista y comienzan a publicar entre 1968 y 1975. Durante los años setenta, hay autores que siguen cultivando la novela experimental e intelectual que tiene su origen en Tiempo de silencio. Suelen prestar más atención a la forma que al contenido, llegando el argumento casi a desaparecer. Manifiestan un rechazo total por la anécdota, e iniciaron el camino de un tipo de novela basada en la elaboración del lenguaje y en la reflexión. Abundan las historias fragmentadas y los monólogos interiores. Están dirigidas a un lector inteligente y culto, con formación suficiente para comprender las dificultades sintácticas planteadas.

A partir del advenimiento de la democracia en 1975 se abre el panorama de la novela en España de manera que es imposible destacar algunas características o tendencias generales por encima de otras. La novela se hace más fácil y accesible de manera que se comienza a extender y popularizar como el género más importante de final de siglo. Se renueva el interés por la historia y la variedad estilística. Cada autor emprende un camino personal con la pretensión de diferenciarse al máximo de sus contemporáneos. Así, comienzan a surgir nuevos subgéneros dentro de la novela con la finalidad de ampliar el panorama literario; están las novelas policiacas, la novela negra, de intriga, de ciencia ficción, de aventura, rosa, de espionaje,… Los temas abarcan desde el realismo al compromiso ético, desde la reconstrucción histórica a la pura fantasía. Atienden tanto a las circunstancias sociales y los acontecimientos históricos y políticos como a la vida cotidiana y los conflictos individuales. La creación literaria se convierte en tema con un personaje escritor que muestra o habla de su novela.

En los últimos años se están imponiendo la novela de aventuras y la novela histórica como los dos subgéneros más pujantes. La novela policíaca combina la tendencia a narrar una historia que resulta interesante y atraiga al lector con aspectos sociales y de denuncia. Reconstruye momentos históricos en los que se ha producido serios conflictos y narra los hechos siguiendo el hilo de una intriga. Este modelo nació con La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, que recrea la Barcelona de principios del s. XX y los conflictos obreros de la Semana Trágica. Otro autor relevante es Manuel Vázquez Montalbán.

La novela histórica, influida por El nombre de la Rosa de Umberto Eco, recrea hechos históricos. Pueden citarse a José María Merino, Miguel Delibes y Arturo Pérez Reverte.

El mercado impone su peso a la literatura de manera que se comienza a publicar con la finalidad de vender una gran cantidad de obras. Los autores se popularizan como creadores de opinión en los distintos medios de comunicación. El termino best seller se asienta como sinónimo de calidad y triunfo. En los últimos veinte años ha crecido espectacularmente el número de publicaciones a causa de la gran cantidad de premios literarios y del comercio que las editoriales han instaurado a través de grandes cadenas de distribución. Los autores más exitosos suelen publicar un libro cada uno o dos años para no perder el interés por parte de los lectores.

Los autores más destacados de los últimos años son:

  • Manuel Vázquez Montalbán (1939-2004)

Además de un destacado poeta, cultivó con éxito la novela. Es el creador del detective Pepe Carvalho, protagonista de Yo mate a Kennedy, Tatuaje, La soledad del manager, Asesinato en el Comité Central, La rosa de Alejandría, El balneario, El delantero centro fue asesinado al atardecer y El laberinto griego. Tiene un gran número de publicaciones de todo tipo, destacan sus últimas novelas, como Un polaco en la corte del rey Juan Carlos.

Ha recibido el premio Planeta y el premio de Literatura Policiaca (Francia) por los Mares del sur.

  • Julián Ríos (1941)

Es uno de los representantes de la continuación de la novela experimental en los años setenta y ochenta. Publica Larva, como germen de lo que sería una serie de seis novelas, de las que publicó dos en España: Babel de una noche de San Juan y Pandemónium. El resto lo publicó en Argentina.

  • José María Merinos (1941)

Cultiva el relato tradicional en la Novela de Andrews Choose. Una de sus características es la unión de la realidad y la fantasía, lo que se observa en El caldero de oro y No soy libro. Escribe, en colaboración con Juan Aparicio, El transcantábrico. Viaje en el bullero y Los caminos del Esla.

  • Luis Mateo Díez (1942)

Cultiva las novelas realistas al estilo de los autores del s. XIX. Suele incluir elementos imaginarios y humorísticos, como en La fuente de la edad, novela que le vale el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica. Ha publicado algunos libros de cuentos y relatos cortos, como Memoria y palabra.

  • Eduardo Mendoza (1943)

Es uno de los principales novelistas. Comienza su carrera literaria en 1975 con La verdad sobre el caso Savolta, caracterizada por la intriga y la acción. Esta novela tiene una clara finalidad de denuncia social y crítica hacia la burguesía acomodada de principios del s. XX.

En una línea parecida, publica El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas. La ciudad de los prodigios es una de sus grandes novelas, a través de la vida de un modesto niño narra la evolución de Barcelona desde finales del s. XX.

Sin noticias de Gurb fue publicada por entregas en el diario El País, y narra las aventuras de un extraterrestre que se pierde por Barcelona justo antes de los Juegos Olímpicos de 1992. Se trata de una novela cargada de humor, ironía y parodia.

  • Luis Landero (1948)

Comienza a escribir bastante tarde. Destacan Juegos de la edad tardía, Caballeros de fortuna y El mágico aprendiz.

  • Javier Marías (1951)

Publica con 15 años su primer cuento, La vida y muerte de Marcelino Iturriaga en El noticiero Universal de Barcelona. Desde entonces no ha dejado de cosechar éxitos literarios dentro y fuera de España. En sus novelas mezcla el amor con elementos misteriosos y policiacos.

En 1971, publica con la ayuda de Juan Benet su primera novela, Los dominios del lobo. A esta obra le siguen Travesía del horizonte, El monarca del tiempo, y El siglo. Mientras ellas duermen es un libro de relatos breves. Una de sus mejores novelas es Mañana en la batalla piensa en mí. Colabora habitualmente como columnista en diversos diarios.

  • Arturo Pérez Reverte (1951)

Ha ejercido como corresponsal de guerra en TVE durante la mayor parte de su vida, profesión que deja para dedicarse a la literatura. Desde sus primeras novelas cosecha un gran éxito.

Publica novelas basadas en hechos históricos como El húsar, El maestro de esgrima, La tabla de Flandes, La sombra del águila y la serie de novelas basadas en el capitán Alatriste: El capitán Alatriste, Limpieza de sangre, El sol de Breda, El oro del rey y El caballero del jubón amarillo.

A causa de su conocimiento directo de la guerra, intenta desmitificar los conflictos bélicos o instituciones en Territorio comanche y La piel del tambor.

Colabora como articulista de opinión con diversas publicaciones.

  • Julio Llamazares (1955)

Triunfa en 1985 con Luna de lobos, que narra la historia de cuatro combatientes republicanos huidos a las montañas al término de la Guerra Civil. Evoca su infancia en El río del olvido y en Escenas del cine mudo.

  • Antonio Muñoz Molina (1956)

Es actualmente el miembro de la RAE más joven.

En sus novelas mezcla elementos policiacos, históricos y misteriosos. Comienza su carrera con Beatus ille. El éxito le llega pronto y recibe el Premio Nacional de Literatura por El invierno en Lisboa y El jinete polaco, que también recibió el Premio Planeta. En Beltenebros desarrolla sus facultades de escritos de novela policiaca con gran éxito en una mezcla de elementos amorosos e intrigantes. Ardor guerrero es una evocación no exenta de crítica de sus recuerdos del servicio militar.

Sus últimas novelas son Carlota Fainberg, En ausencia de Blanca, Sefarad y Las ventanas de Manhattan.

La novela neorrealista o de la generación X estuvo de moda desde la caída del muro de Berlín (1989) hasta el 11/09 cuando el nihilismo de esta generación perdió el favor de los lectores. Su interés temático se centró en la representación de la conducta de los jóvenes adolescentes, sus salidas nocturnas en las grandes ciudades, el uso de las drogas, del sexo, del alcohol y de la música rock.

La obra de los X fue recibida por la crítica con duras descalificaciones, sus autores fueron declarados parias y renegados de la literatura. Pero sus ficciones, los personajes y sus modos poco convencionales de comportarse pedían que los textos fueran juzgados desde las preferencias del lector individual, el rotundo éxito alcanzado por este tipo de novela entre los lectores jóvenes pedía mayor respeto. Se enfrentaban dos maneras de entender la novela: una en que el valor lo decidía el criterio de unos pocos entendidos y otra en que se pedía libertad de criterio individual a la hora de determinar cuáles eran los textos literarios más valiosos.

Los neorrealistas se empadronaron en el bando con menos poder en la institución literaria, escribían una literatura comprometida con lo cotidiano, con sus experiencias personales y contaron como únicos aliados a los lectores jóvenes. Contrarrestaron con la compra masiva de obras el silenciamiento o el desdén impuesto por la mayoría de los profesores universitarios y críticos literarios.

La campaña contra los X fue acompañada por una inacabable serie de acusaciones, siendo la principal su falta de originalidad, el que los autores españoles eran meros imitadores de autores extranjeros. Otro reproche crítico fue la supuesta pobreza de su lenguaje, alegando que estaba plagado de coloquialismos porque los neorrealistas concedían gran importancia al componente oral en sus textos. Estas novelas vienen repletas de diálogos y monólogos, sus escritores deseaban zafarse de las restricciones impuestas por la lengua escrita según patrón académico. Utilizarán en abundancia el dialogo de conversaciones en los que nada se cuenta, que simplemente reflejan la búsqueda de sentido a las propias acciones de los personajes, repletos de cortes, de frases inacabadas, de palabras sueltas,… En cierta manera, la lengua recupera el uso de los recursos orales.

Este rasgo de oralidad de las narraciones neorrealistas explica en buen medida el irracionalismos que en ellas se advierte, ese deseo de socavar los que escapa a un mundo continuo, el de las instituciones, de lo civilizado, de la continuidad del mundo burgués, de la organización social de la democracia capitalista. Suponía la respuesta de la calle al lenguaje notarial y académico.

Otra novedad fundamental proviene en su parareferencialidad. En la página de ficción surgen innumerables menciones a películas, vídeos, drogas, conciertos de rock,… Se supone que el lector domina junto al referente real, un parareferente informativo, compartido por todos, lo cual muestra su escasa consistencia conceptual.

La publicación de la novela Historias del Kronen de José Ángel Mañas en 1994 fue el detonante, obtuvo un gran éxito de ventas pues la juventud encontró reflejada en sus páginas una búsqueda de identidad semejante a la experimentada por ellos.

Los paraísos falsos de la burguesía de la sociedad del bienestar fueron rotos por Mañas y los X. sus novelas no ofrecían ningún refugio. La certidumbre de la conducta burguesa, edificada sobre ejemplos no seguidos por sus defensores, saltaba hecha añicos. Los jóvenes buscaran el contacto con sus coetáneos, estableciendo con los amigos la relación afectiva que la vida profesionalizada de los mayores les negaba. Papá y mamá volvían tarde del trabajo, y al niño/a sólo le quedaba el recurso de ponerse a hacer cosas aceptables, educadas, y así convertirse por su propia fuerza en meritorios ciudadanos como sus progenitores. La novela neorrealista deshizo el mito de la libertad concedida por los sesentayochistas, que constituía una forma de desentendimiento de los padres de la educación de los hijos. La novela reinsertaba con vigor expresivo a sus jóvenes protagonistas en la vida social, en la cotidiana, donde la gente reacciona y siente como en la realidad.

Los neorrealistas representaran asimismo una realidad donde faltan unos principios o valores que permitan jerarquizarla. La droga, la bebida, los sentimientos personales forman parte de la vida humana, que en ocasiones hace crisis. Los mayores miran a los jóvenes y esperan que sepan comportarse. Estas novelas representaron una realidad existente. Los que se negaron a aceptarlas como tal rehusaban aceptar el desarrollo ocurrido en la sociedad de los años noventa.

Los personajes neorrealistas revelan un vacío de valores que los presentan como adanes del mundo urbano moderno, reaccionando al medio en vez de intentar dejar en él su sello personal. La droga, los sonidos, los instintos, el sexo, las prepotencias, la falta de trabajo y de alicientes los aísla, a la vez que une a los grupos de amigos, con quienes se reúnen para realizar el paso de la juventud a la vida adulta.

Lo gestual se convierte en algo sumamente importante. Los mensajes emitidos por los personajes resultan escasos y parco su contenido, y una gran parte del mensaje lo transmite un movimiento físico. En realidad, los neorrealistas ponen el argumento en la prosa del texto de forma distinta que sus predecesores. Es un neofuturismo, un neometropolitismo, que sitúa al hombre en un entorno donde el sexo, la droga, la velocidad se convierten en puntos de referencia. Los argumentos de los neorrealistas difieres de los ricos murales decimonónicos. Se llega enseguida al centro del asunto, a poner al lector en una situación de compromiso lectorial.