Nacionalismo vasco

Historia contemporánea de España. Sabino Arana Goiri. Partido Nacionalista Vasco. Euskadi. Política. Ideología. Autonomismo. Independentismo. ETA (Euskadi Ta Askatasuna). Unción patriótica

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II.- EL INICIO DE LA ACCION POLÍTICA

El 3 de junio de 1893 se celebró en el caserío de Larrazabal de Begoña una merienda-cena en honor de Sabino de Arana con motivo de la publicación de su obra Vizcaya por su independencia.

A los postres, Sabino de Arana pronunció un discurso, conocido a partir de entonces como Juramento o Discurso de Larrazabal, en el que planteó por primera vez públicamente, ante los convidantes, su hermano y un reducido número de amigos, cuya relación figura al final del documento, su novedoso programa político.

La clara definición que hizo del mismo, distinguiéndolo radicalmente del resto de las opciones existentes entonces en Bizkaia, así como la dura crítica, sin concesiones, que efectuó de éstas, a una de las cuales, la fuerista, pertenecían la mayoría de los convidantes, supuso que su discurso fuera recogido con educada frialdad en un principio, y que más tarde se produjera una fuerte discusión en la que Sabino de Arana no consiguió convencer con sus argumentos a los asistentes.

"Bajo el cielo estrellado de aquella noche cruelmente bella,

Sabino y Luis de Arana volvieron solos y en silencio por las

veredas dormidas a la orilla de los campos en fecundación,

volvieron a su casa de Abando a reanudar sus paseos y

pláticas, rebosantes de unción patriótica, en el jardín forjador

de empresas generosas, en la galería abierta al despertar del

sol”

EL DISCURSO DE LARRAZABAL

DISCURSO PRIVADO

LEIDO POR

A. ETA G.'TA'R S.

EN LA CENA CON QUE POR VARIOS COMPATRIOTAS FUE

OBSEQUIADO

EN LARRAZABAL (BEGOÑA)

EL DÍA 3 DE JUNIO DE 1893

Señores:

Ya que vuestro entusiasmo patrio, bizkainos que me oís, de tal suerte se encendiera al contacto de la chispa que lancé a la publicidad en mi modesto libro Bizkaya por su independencia que, velando vuestra vista con su humareda, os impidió el ver en mí lo que realmente soy, un sencillo hijo de Bizkaya, y fue capaz a moveros a hacerme este desmedido obsequio de sincero afecto, permitidme que, después de manifestaros por ello mi más profundo agradecimiento y de contestaros con el ofrecimiento a vuestro servicio de todo cuanto soy y tengo en lo que no redunde contra Dios o contra mi Patria (no toméis a indiscreción la severidad de la frase al señalar la condición), os declare francamente lo que mi opúsculo significa, explicándoos sus causas ocasional y final.

La primera la habéis visto indicada en la Advertencia, donde digo: “Del radical extravío que ha experimentado el espíritu bizkaino, merced a las exóticas ideas de los bizkainos más influyentes, testigo ha sido el presente siglo: en esta época ya no se habla una vez de independencia, y así en la adversidad como en la fortuna, Bizkaya ha de pensar y sentir como siente y piensa la nación española; y entre tantos libros como a la luz han salido de plumas bizkainas, tantos oradores que han abogado por nuestras libertades y periódicos tantos que al aparecer han protestado tanto no pretender otro fin que la defensa de los intereses euskerianos, ni una sola voz se ha levantado que haya definido y proclamado la verdadera y única política bizkaina, ni una mano que a este pueblo desventurado le haya mostrado en la historia lo que fue e indicándole en lo porvenir lo que debe ser.”

Bizkaya, nuestra Patria, incurrió en el siglo IX, ya lo habéis leído, en el gravísimo yerro de establecer la forma señorial y en el más grave de estatuirla sobre bases diametralmente opuestas al espíritu de sus instituciones; el extranjerismo de los bizkainos más considerados por su ilustración o por la fuerza de su brazo, que determinara aquella evolución política, ejerció en la masa del pueblo su fatal influjo, y españolizándola progresivamente en sus ideales, la arrastró a conferir el cargo de Señor de Bizkaya primeramente a un súbdito español y más tarde al mismo monarca de la vecina nación latina; este hecho torció en tanto grado las inteligencias y los corazones de los bizkainos, que produciendo aberraciones tales como la de llamar en los documentos Rey y Señor a quien sólo era Señor y consentir firmara Yo el Rey las cartas y pragmáticas quien sólo podía hablar a Bizkaya como Señor, causó la más profunda y trascendental de llamarse a sí mismos españoles los bizkainos; y no rechazado este maldito nombre de nacionalidad por aquel pueblo que no paraba mientes en las palabras, sino en los hechos, ni en los nombres, sino en las cosas, y que no preveía que las generaciones ulteriores habían de caer en la persuasión de que aquí les correspondía por naturaleza, de tal suerte corrompiose la idea de la Patria que, si el historiador filósofo puede explicarse la adopción del citado nombre a la época del apogeo y engrandecimiento de España, encuéntrase confundido al ver que al iniciarse y desencadenarse la de su decadencia, no sólo no renació y se desarrolló el espíritu bizkaino genuinamente patrio, sino que en la misma forma paulatina y gradual fue su organismo presa de la más sustancial descomposición: y aquella Bizkaya que tuviera la dignidad de conservarse pura e intacta en medio de las inmigraciones ibérica y céltica, y la altivez de despreciar el fausto del Imperio romano; aquella Bizkaya que supo esquivar el roce con los bárbaros del septentrión y que pudo ser mermada, pero nunca sometida, por el acero del belicoso visigodo y burlara la energía y el talento del más poderoso de sus reyes, Leovigildo; aquella Bizkaya que supo guardar su independencia al precio de la sangre de sus hijos, venciendo en mil combates al musulmán, al hispano, al galo y al sajón; aquella Bizkaya intrépida por mar, fuerte por tierra y temida, aunque pequeña, por todas las naciones... hijos de Bizkaya, vedla ya en el siglo XVIII, intoxicada por el virus españolista, anémica y sin fuerzas para oponerse a un contrafuero, y por último en este nuestro siglo despedazada por la furia extranjera, y expirante, que no muerta lo cual fuera preferible, sino humillada, pisoteada y escarnecida por España, por esa nación enteca y miserable!

Si juzgara preciso encareceros la desgracia de Bizkaya, iría presentando ante vuestros ojos, punto por punto, el menoscabo que ha padecido así en lo religioso y lo moral como en lo político y lo económico, tanto en su raza como en su lengua. Pero vese claramente que este patriótico movimiento que estáis demostrando presupone en vosotros el convencimiento de que vuestra Patria es víctima de alguna penosa desventura, y no he de abusar de vuestra atención, ocupándola en puntos que, por sabidos y sentidos, es excusado tocarlos.

Ni se os oculta, seguramente, cómo el infortunio de Bizkaya sobrepuja a toda ponderación, si observamos el olvido y desamparo, mejor aún, el menosprecio y la saña de que, en medio de su desgracia, es objeto por parte de sus hijos esta nación desdichada.

En ocho partidos diferentes están principalmente divididos en la actualidad los bizkainos: tres católicos y cinco liberales. Los tres católicos son: el carlista, el integrista y el neoautonomista o fuerista simplemente. De los cinco liberales, dos son monárquicos: el conservador y el fusionista; y tres republicanos: el radical, el federal y el posibilista.

Ya lo veis: ocho distintas banderas tremolan en las cumbres de nuestros montes... ¿Distinguís tal vez entre ellas a la bizkaina?

Si se lo preguntáis a los prohombres de esos ocho partidos, y más como la respuesta ha de ser pública, todos os contestarán que son acérrimos fueristas y cada uno de ellos os dirá  que su respectivo partido es el más amante de Bizkaya, el más entusiasta y sincero defensor de sus derechos e intereses.

Pero, ­ah, infelices: cuan hartos estamos de tanta farsa!

Farsa digo y repito: farsa y no error es el vicio que caracteriza a esos partidos cuando, alardeando de amar Bizkaya, no hacen otra cosa que ultrajarla y ofenderla o cuando menos desampararla: porque, prescindiendo del punto de vista que puede decirse teórico, bajo el cual desde el primer momento del juicio quedan los ocho partidos convictos de españolistas y cinco de ellos de anticatólicos, y descendiendo a la esfera de los hechos, porque hay un refrán en el idioma que hablo que dice “obras son amores y no buenas razones”, respondedme, después de hojear las historias de todos y cada uno de esos partidos: ¿las halláis limpias? ¿No encontráis acciones antibizkainas que sublevan el ánimo y omisiones no menos irritantes? Y si repasáis las hojas de sus respectivos órganos periódicos, ¿no veis cómo están atestados de especies y frases y artículos enteros que sólo un espíritu antibizkaino (antibizkaino por malicia, por conveniencias o por lo que fuere) puede producir?

­Pobre Bizkaya, si tu destino estuviese a merced de esos partidos españolistas que te van carcomiendo las entrañas!

­Pobre Bizkaya, si la Divina Justicia no hubiese envainado ya la espada con que tan duramente está  castigando acaso tus pasadas culpas, y no hubiese sonado en la Providencia la hora de tu restauración!

He aquí, bizkainos, la ocasión de mi opúsculo: la cruel desgracia en que Bizkaya la ha sumido la extranjera dominación, juntamente con el daño que muchos bizkainos renegados le hacen directamente y el que los demás indirectamente la causan con un desafecto y el abandono en que la dejan.

Que si mi Patria fuera libre, o, a pesar del vil yugo que ha humillado su frente, se agitara en su seno el espíritu restaurador y en los círculos y en la prensa periódica, en los libros profanos y en los piadosos, en el templo y en los espectáculos, en la cátedra y en el taller, en el palacio y en la casería, en los cargos autoritarios y en los empleos, en el monte y en la calle y dondequiera no se respirara una molécula de infecto aire extranjerista, y se aprovecharan todos los momentos en bien de la Patria, y todas las cosas, por nimias e insignificantes que fuesen, se revistieran del tinte patrio, y los bizkainos todos, eclesiásticos y seglares, sabios e ignorantes, ricos y pobres, fuertes y débiles, ancianos y jóvenes, hombres y mujeres, todos en sus respectivas esferas de acción y relaciones trabajaran con ahínco por la libertad patria, de tal suerte que el norte de su brújula fuese el patriotismo y de patriotismo estuviese la atmósfera bizkaina saturada... si tal mis ojos vieran, ni mi opúsculo hubiese jamás aparecido a la luz pública, ni yo me habría entregado con mis cortas fuerzas al estudio de las leyes, la historia y la lengua de Bizkaya, al que nunca me sentí inclinado por natural afición.

Mas cuando habiendo llegado a conocer a mi Patria y caído en la cuenta de los males que la aquejaban, extendí mi vista en derredor buscando ansiosamente un brazo generoso que acudiera en su auxilio, un corazón patriota, por todas partes tropecé con la invasión española que talaba nuestros montes y que, en vez de ser rechazada, era loca y frenéticamente secundada por indignos hijos de Bizkaya, y no hallé en ninguna un partido, una sociedad, un libro, un periódico, una página, una sola página bizkainos que me escucháis, verdaderamente bizkaina.

Fui yo carlista hasta los diecisiete años, porque carlista había sido mi padre, aunque un carlista que sólo trabajo por el lema Religión y Fueros y a quien el dolor de la ruina de nuestras libertades lo llevó al sepulcro. Pero ya desde que había, a los quince de mi edad, estudiado Filosofía, distinguía mis ideas y decía que era carlista per accidens, en cuanto que el triunfo de D. Carlos de Borbón me parecía el único medio de alcanzar los Fueros: deseaba que D. Carlos se sentara en el trono español, no como fin, sino como medio de restablecer los Fueros; que Fueros llamaba yo en aquella época a nuestras instituciones y decía de mí que era fuerista, palabra que desde entonces acá  nunca me la he aplicado porque su empleo por los bizkainos es en mi concepto un manifiesto atraso.

Pero el año ochenta y dos (­¡bendito el día en que conocí a mi Patria, la eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas!), una mañana en que nos paseábamos en nuestro jardín mi hermano Luis y yo, entablamos una discusión política. Mi hermano era ya bizkaino nacionalista; yo defendía mi carlismo per accidens. Finalmente, después de un largo debate, en el que uno y otro nos atacábamos y nos defendíamos sólo con el objeto de hallar la verdad, tantas pruebas históricas y políticas me presentó él para convencerme de que Bizkaya no era España, y tanto se esforzó en demostrarme que el carlismo, aún como medio para obtener no ya un aislamiento absoluto y toda ruptura de relaciones con España, sino simplemente la tradición señorial, era no sólo innecesario sino inconveniente y perjudicial, que mi mente, comprendiendo que mi hermano conocía más que yo la historia y que no era capaz de engañarme, entró en la fase de la duda y concluía prometiéndole estudiar con ánimo sereno la historia de Bizkaya y adherirme firmemente a la verdad.

Aquellos de vosotros que posean la lengua patria, han podido enterarse de esta mi resurrección en la dedicatoria del libro; pero los demás ­cuan lejos estabais de saber que a vuestro lado y no en mi silla se sienta el primer factor de ese libro que tanto os ha simpatizado y de cuanto con la mente o el corazón, con la pluma o el brazo, este bizkaino que os habla, oscuro pero entusiasta, pueda producir!

Pronto comencé a conocer a mi Patria en su historia y en sus leyes; pero no debe el hombre tomar una resolución grave sin antes esclarecer el asunto y convencerse de la justicia de la causa y la conveniencia de sus efectos.

Mas al cabo de un año de transición, disipáronse en mi inteligencia todas las sombras con que la oscurecía el desconocimiento de mi Patria, y levantando el corazón hacia Dios, de Bizkaya eterno Señor, ofrecí todo cuanto soy y tengo en apoyo de la restauración patria, y juré (y hoy ratifico mi juramento) trabajar en tal sentido con todas mis débiles fuerzas, arrostrando cuantos obstáculos se me pusieran de frente y disponiéndome, en caso necesario, al sacrificio de todos mis afectos, desde el de la familia y de amistad hasta las conveniencias sociales, la hacienda y la misma vida. Y el lema Jaungoikua eta Lagizarra iluminó la mente y absorbió toda mi atención, y Jaungoikua eta Lagizarra se grabó en mi corazón para nunca más borrarse; y por guía de todos los actos de mi vida me tracé un lema particular cuyas iniciales van al final del opúsculo que conocéis y de todos mis escritos.

Tres trabajos se presentaron desde el primer día ante mis ojos: estudiar la lengua de mi Patria, que desgraciadamente me era en absoluto desconocida, su historia y sus leyes; y en segundo lugar, proporcionar a los compatriotas que no poseyeran el Euskera, por medio de la publicación de una Gramática, el medio de aprenderlo, e instruirlos, mediante algunos libros, y un periódico, en la historia y la política patrias; y como síntesis de todos estos trabajos, la extirpación del extranjerismo e implantación del patriotismo, uniendo a los hijos de Bizkaya bajo una sola bandera, la inmaculada bandera de la tradición, a fin de alcanzar la fuerza necesaria para sacudir el yugo de la esclavitud y digna y vigorosamente restaurar la Patria.

La obra era magna; no sé si me sentí con fuerzas para emprenderla te llevarla a término feliz, pero no me faltó el ánimo; ni jamás me faltará si el pueblo bizkaino aún conserva su dignidad y no ha renunciado a su perfecta regeneración. Y si repetidas veces el negro espectro de la imposibilidad del fin se ha presentado a mi imaginación y tratado de disuadirme, siempre le he recibido con estas palabras: "teóricamente no has de vencerme, luchar contra ti mismo, y sólo te ceder el campo cuando en la práctica te vea dominado; si en este terreno me viese vencido, abandonar a mi Patria". Pero (tenedlo entendido, hijos de Bizkaya) si tan triste caso llegara, juro, al dejar el suelo patrio, dejaros también un recuerdo que jamás se borre de la memoria de los hombres. Y no atribuyáis a soberbia lo que sólo sería efecto del intenso dolor que me causaría el envilecimiento de los bizkainos y la muerte de mi Patria; yo no quiero nada para mí, todo lo quiero para Bizkaya; ahora mismo, y no una sino cien veces, daría mi cuello a la cuchilla sin pretender ni la memoria de mi nombre, si supiese que con mi muerte había de revivir mi Patria.

Por ella desde hace diez años estoy trabajando; por ella dejé la carrera, pues me parecía indigno el ocupar mi poca actividad en acopiar bienes de fortuna para la familia que andando el tiempo pudiera constituir, y si hasta ahora tan poco he producido, ha sido por la negativa pasión de la pereza, que por desdicha largas temporadas me ha tenido dominado.

Efecto de esa pasión es el que la impresión de la Gramática, cuyo original en su esqueleto o borrador ha muchos años estaba terminado, se suspendiera apenas comenzó, y el que la proyectada sociedad bizkaina, cuyos estatutos hace tres años fueron redactados, no se haya todavía constituido.

Unos cuantos folletos y el opúsculo Bizkaya por su Independencia es cuanto mi pluma hasta el presente ha dado a la publicidad.

Si han movido algún tanto los corazones bizkainos, o si, por el contrario, han sido simiente recibida por terreno estéril, vosotros debéis de saberlo, generosos compatriotas; pues que por lo dicho quedáis enterados de que la causa final de su publicación y particularmente del opúsculo es la de instruir a los bizkainos en aquella parte de la historia patria cuyo conocimiento le es necesario y despertar de esta manera en sus almas el sentimiento patrio.

Aquí debiera terminar, pues queda principio me formé de exponeros las causas ocasional y final de la publicación de mi libro; pero no lo haré sin antes dirigiros una advertencia y pediros dos excusas.

La advertencia (y permitidme os la haga con toda llaneza) se refiere al carácter de esta reunión. La cual, iniciada por vosotros para darme una muestra de vuestra simpatía, no tiene, no puede tener, un carácter nacionalista. Yo debo declarar que en manera alguna acepto vuestro obsequio en este concepto, sino como merced que me hacéis por lo que en mi libro hayáis podido hallar de vuestro agrado. La sociedad nacionalista no está  aún constituida, ni podrá  estarlo hasta principios del próximo año; sus estatutos están redactados, su programa político perfectamente definido, y otro día, si me lo permitís, os daré una idea de unos y otro; pero nadie es aún miembro de esa sociedad, ni puede alistarse en ella hasta el día que aparezca la proclama. De consiguiente, los que, habiéndome brindado con esta cena, se encontraren aquel día con que el programa nacionalista no responde a sus deseos, no serán tachados de inconsecuentes, ni porque hayan asistido a esta reunión podrán ser inculpados por sus partidos respectivos.

Y debo pediros dos cosas: es la primera, que me perdonéis el que en este desaliñado discurso haya hablado tanto de mi persona y mis cosas. Si es censurable y odioso el ocuparse en si mismo en una simple conversación, lo es mucho más el hacerlo en público y por escrito. Pero en este caso la necesidad de hablaros de mí mismo al exponeros la causa final de mi libro, disculpa tal vez mi indiscreción y espero indulgencia de vosotros.

Lo segundo que habéis de perdonarme es el que os haya dirigido la palabra en idioma extranjero, pues que el contarse entre vosotros bizkainos que desconocen el patrio me ha obligado a ello.

Y ahora, gritad conmigo: ­¡Viva la independencia de Bizkaya!

Lista de los convidantes


Uribe, AIday y Urquijo, Pedro

Angulo y Hormaza,

Estanislao

Aburto, Areilza, Enrique

Aristegui y Urtaza,

Mendieta, Dionisio

Menchaca y Zarraga,

Ramón

Zulueta, Felipe

Aburto y

Eduardo

Alda, Santiago

Ansu tegui y

Josu Maria

Araniburu y

Eustaquio

Arana y Goin, Luis

Azaola y Zabala, Jos

Cortina y Arteaga,

Benito

Garteizgoxeascoa y

Goitisolo, Pablo

Guiard y Larrauri,

Adolfo

Ibarra, Santiago

Ibarreche y Ugarte,

Gregorio

Llodio, Ciriaco

Ogara, Lucas

Sota, Ramón

Ugalde y Jauregui,

Santos

Ultutia, Julian

Zabala, Luis


El autor de este discurso no lo ha considerado digno de publicidad. Por esto lo llama privado, y no ha tirado más que veinticinco ejemplares, esto es, los suficientes para hacer a cuantos compatriotas le convidaron a la cena un pequeño presente, como recuerdo y en testimonio de agradecimiento por el obsequio recibido. Al propio tiempo de hacerles esta declaración, les recuerda cómo el 21 de julio es el día señalado para reunirse en Gernika en fraternal banquete, en el cual, para cumplir la palabra, expondré  los puntos principales del programa nacional y dar  una idea sobre la organización de la liga en proyecto.

Sabino Arana Goiri

Sabino Arana Goiri (1865-1903), político español, fundador del nacionalismo vasco. Nació en Abando (en la actualidad perteneciente a Bilbao, en Vizcaya), en una familia que militaba en el carlismo. A los siete años hubo de exiliarse en Bayona (Francia), debido a la ayuda prestada por su padre a los rebeldes en el inicio de la tercera Guerra Carlista. Después de regresar a España y apartarse desde 1882 de la ideología paterna, en 1883 se trasladó a Barcelona para iniciar sus estudios universitarios, que abandonó cinco años más tarde. A partir de entonces se dedicó a la propagación de la cultura y la filología vasca, así como de su propio pensamiento profundamente nacionalista. De 1889 es su libro Orígenes de la patria vasca.

En la obra Vizcaya por su independencia, aparecida en 1892, plasmó el contenido del movimiento político que habría de configurar más adelante, al tiempo que esbozaba la historia del pueblo vasco con el objeto de recuperar el sentimiento nacional de éste. Promovió distintas publicaciones periódicas reivindicatorias del nacionalismo vasco. Tras participar en la creación de varias organizaciones, en julio de 1895 fundó y pasó a presidir el Partido Nacionalista Vasco (PNV). La ideología de este partido se basaba inicialmente en el antiespañolismo y la recuperación de las formas de vida tradicionales de los vascos y en el planteamiento de la creación de un Estado vasco independiente formado por las tres provincias vascas españolas (Guipúzcoa, Vizcaya y Álava), Navarra y el País Vasco francés. En 1888 y en 1896 publicó, respectivamente, sus dos tratados sobre la gramática y la ortografía del euskera vizcaíno (la peculiaridad de la lengua vasca hablada en Vizcaya). Fue enviado a prisión en varias ocasiones, en una de ellas a raíz de la derrota española en la Guerra Hispano-estadounidense (1898), cuando felicitó públicamente al presidente de Estados Unidos William McKinley por su victoria.

En 1898 fue elegido diputado provincial de Vizcaya, cargo que desempeñó hasta 1902. En esa época, su actitud política comenzó a dar un giro notable que le llevó ese mismo año a promocionar la creación de una denominada Liga de Vascos Españolistas, y a defender una “autonomía lo más radical posible” para las provincias vascas dentro del conjunto de España. Su fallecimiento, que tuvo lugar en la localidad vizcaína de Pedernales, en 1903, impidió que profundizara en su nuevo proyecto.

Partido Nacionalista Vasco (PNV)

Partido Nacionalista Vasco (PNV), formación política vasca creada en julio de 1895 por Sabino Arana, cuya actividad ha influido decisivamente en los avatares de la historia española desde entonces, especialmente en los años en que el ejercicio democrático le permitió actuar como la fuerza hegemónica del País Vasco desde una ideología nacionalista estrechamente vinculada a la democracia cristiana.

Sus primeros componentes ideológicos defendían el integrismo católico, el rechazo al Estado liberal, la exaltación de la etnia vasca y la creación de un Estado vasco independiente. Tras la muerte de Arana (1903), el partido adoptó postulados más moderados, reclamando algún tipo de autogobierno para el País Vasco que no implicara la ruptura con el Estado español. A la vez, procuraba llevar los ideales nacionalistas fuera del ámbito político con la creación de una serie de organizaciones —culturales, femeninas, juveniles e incluso, un sindicato— con las que logró una hegemonía social por encima de su fuerza política.

A raíz de la proclamación de la II República en 1931, el PNV encabezó el movimiento en favor de la autonomía, que no se consiguió hasta que comenzó la Guerra Civil en 1936. Instituido el primer gobierno autónomo vasco en octubre de ese año, José Antonio Aguirre pasó a presidirlo incluso desde que en 1939 hubo de hacerlo desde el exilio. En 1960, le sucedió, también en el exilio, Jesús María de Leizaola. El PNV mantuvo una activa oposición al régimen franquista, aunque sus acciones resultaran más simbólicas que eficaces. Mientras que sus dirigentes en el exilio buscaban apoyos en el exterior, el logro más importante fue su ingreso en la Internacional Demócrata Cristiana (IDC), de la que fue uno de los fundadores.

Con la restauración de la democracia en España, Leizaola presidió brevemente en 1979 el que sería primer gobierno, si bien provisional, tras la transición posterior a la muerte del dictador Francisco Franco. Bajo la dirección de Xabier Arzalluz desde abril de 1980, el PNV recuperó a partir de entonces su papel de principal fuerza política en el País Vasco, que le permitió triunfar en todas las elecciones autonómicas celebradas desde entonces en él. Después de la aprobación del nuevo estatuto de autonomía en 1979, el PNV encabezó el gobierno vasco, aunque la disidencia que en 1985 lideró el entonces presidente autonómico, Carlos Garaikoetxea, puso en peligro su hegemonía. Entre 1985 y 1999, José Antonio Ardanza presidió el gabinete autónomo y, en ese último año, fue sustituido por Juan José Ibarretxe. El mayor problema al que se enfrentó el partido desde 1979 fue sin duda la actividad terrorista de ETA y la relación de ésta con el proyecto de autodeterminación previsto por un importante sector interno del PNV, especialmente desde principios de la década de 1990.

En octubre de 2000, el PNV fue excluido de la Internacional Demócrata Cristiana Popular (IDCP, nombre adoptado por la IDC en 1999). Este hecho vino motivado por la aprobación de la reforma de los estatutos de dicha organización en el transcurso de su XIII Congreso. La modificación de su artículo 5 obligaba a sus partidos miembros a estar integrados en su organismo continental, en el caso del PNV el Partido Popular Europeo, que la formación vasca había abandonado el año anterior.

PNV EN EL EXILIO

En 1960 concluía otra etapa del nacionalismo vasco. Moría en el exilio un todavía joven José Antonio Aguirre. Muchos creyeron que con él moriría también la llama de la lucha por los derechos históricos del Pueblo Vasco. Pero no fue así. A Aguirre le sustituía Jesús María Leizaola, otro prestigioso líder nacionalista que como Aguirre había pasado los últimos 25 años en el exilio.

Se siguieron manteniendo los mismos objetivos. La política internacional y europeísta seguía siendo importante para el nacionalismo. La presencia vasca continuó en foros y cancillerías internacionales. En el Departamento de Estado, en el Movimiento Europeo, en las cancillerías europeas, en la Unión de Partidos Demócratas Europeos o en la Internacional Demócrata Cristiana. Los nombres de Joseba Rezola, Juan Ajuriaguerra, Xabier Landaburu o Manuel Irujo están íntimamente unidos a la historia de la Democracia Cristiana y de las iniciativas europeístas en el continente.

En 1962 se celebró el Congreso de Munich, organizado por el Movimiento Europeo, con una extraordinaria presencia vasca.

Cada vez más la estructura clandestina nacionalista en el interior de Euskadi irá cobrando mayor peso, pensando ya en la posibilidad de una no muy lejana caída de la dictadura franquista. Desde el principio del exilio, se había mantenido el embrión de unas fuerzas de seguridad y orden. Unas fuerzas que nacieron al final de la II Guerra Mundial en París, adiestradas bajo la supervisión de expertos norteamericanos.

Juan Ajuriaguerra se convierte en el indiscutible líder nacionalista. Poco a poco, se van incorporando al partido las nuevas generaciones de vascos nacidos tras la Guerra Civil.

El Partido Nacionalista vuelven a utilizar los mismos mecanismos con los que años atrás consiguieron su implantación en todos los ámbitos de la vida vasca: grupos culturales, deportivos o folclóricos. Y en 1964 el PNV organiza, por primera vez desde la Guerra Civil, el Aberri Eguna (día de la patria vasca) en el interior del País Vasco, con presencia de miles de personas. Las nuevas generaciones van tomando el relevo a los que durante años habían conseguido mantener vivo el nacionalismo vasco.

No era fácil conservar toda la actividad exterior de los años anteriores. Primero ya no se disponían de recursos económicos como para poder estar representados en todas las instituciones. Y además, eran ya demasiados años de exilio, de desgaste de muchos de los que habían participado en esta política. Pero se siguió trabajando, día a día.

"Esta doble doctrina -indicaba Leizaola a finales de los sesenta- viene siendo la nuestra. Con la precisión de que entendemos que España debe entrar en Europa, para lo cual debe aceptar las condiciones políticas de la Comunidad Económica Europea y del Consejo de Europa. En el fuego de las preguntas y respuestas que me hicieron en Caracas, en el palacio del presidente Caldera, yo mismo contesté a la pregunta de si Euzkadi entendíamos nosotros que debía entrar en Europa: "..Si, y también España". Programa sencillo, pero cuya realización exigirá tanta testarudez y constancia como la que vienen demostrando los vascos desde los tiempos del Emperador Augusto... Por cierto que la primera vez que yo veía uno de los de ETA, inmediatamente después de la muerte de Manzanas, le hice un gesto como diciendo que había que abandonar lo que Primo de Ribera llamó la dialéctica de las pistolas".

Leizaola se encontraba en sus manos, además, con otro problema: "Euzkadi ta Askatasuna" (ETA). ETA Nacía en 1959 después de escindirse el grupo Ekin de la organización juvenil del Partido Nacionalista Vasco (EGI) .

El PNV, y el Gobierno vasco en el exilio que este partido sustentaba, habían renunciado, prácticamente desde el final de la II Guerra Mundial, a establecer dentro del Estado español una resistencia armada contra el franquismo. "La Resistencia" organizaba huelgas, distribuía propaganda, preparaba actividades clandestinas o realizaba actos de autoafirmación vasca. Pero ahora ETA asumía una de las pocas armas de oposición que el PNV había decidido no utilizar: la violencia.

ETA surgía a partir de un grupo de jóvenes que no había participado en la Guerra y que no estaban satisfechos con la situación política. Propugnaban el uso de la violencia para debilitar el régimen de Franco. Poco a poco su repercusión internacional empezó a ser mayor.

Desde el rechazo absoluto a cualquier forma de violencia, Leizaola siguió luchando por mantener uno de los principios por los que Aguirre había batallado durante toda su vida: la unidad de acción de todas las fuerzas del exilio contra el franquismo.

En 1966 el PNV impulsaba la creación del Equipo Español de la Democracia Cristiana que iba a representar a todos los partidos democráticos de inspiración cristiana del Estado en la Unión Europea de Demócrata Cristianos.

En Enero de 1966 el EBB hará pública una declaración política en la que definía el programa nacionalista y en el que se destacaban como puntos básicos de su acción política la democracia, la autodeterminación y la construcción de la Europa de los Pueblos.

ETA (Euskadi Ta Askatasuna)

Organización terrorista independentista vasca (su nombre, en euskera, significa 'Euskadi y Libertad') cuyo objetivo es la obtención de la independencia del País Vasco (Euskadi) respecto del Estado español, nacida en 1959 por la fusión de EKIN, un grupo nacionalista universitario, y ciertos sectores de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco. Su surgimiento tuvo lugar durante la dictadura del general Francisco Franco, aunque su actividad se prolongó tras el fallecimiento de éste en 1975 y la consiguiente transición a la democracia bajo el inicio del reinado de Juan Carlos I.

ETA durante el franquismo

Las Asambleas I (1962), II (1963), III (1964) y IV (1965) la definieron como una organización revolucionaria, nacionalista y anticapitalista, que utiliza la lucha armada para conseguir la independencia de Euskadi. En la V Asamblea (1967) se consagró el carácter marxista y se fijó una estrategia en varios frentes: obrero, cultural, político y militar, con atracos a bancos y atentados contra las instituciones policiales que se incrementaron a partir de 1968. Se expulsó a los considerados españolistas, quienes formarían el Movimiento Comunista. Las resoluciones de la VI Asamblea (1970) no fueron aceptadas por la mayoría de los militantes históricos, al ingresar una parte de sus componentes en la Liga Comunista Revolucionaria (trotskista).

En 1970 se juzgó a varios de sus dirigentes en el denominado proceso de Burgos, que provocó una gran repulsa política contra el franquismo. Las tensiones entre el frente obrero y el militar no impidieron la realización del atentado que costó la vida al presidente del gobierno franquista Luis Carrero Blanco en 1973. Posteriormente, una serie de atentados indiscriminados intensificaron los conflictos internos y dividieron a partir de 1974 a la organización entre ETA militar, compuesta principalmente por militantes exiliados en el País Vasco francés y partidarios de la prioridad de la lucha armada, y ETA político-militar, con predominio de afiliados del interior que pretendían combinar la acción de masas con secuestros y atentados.

ETA durante el régimen constitucional

Los llamados “poli-milis” impulsaron en 1976 una organización política de carácter marxista-leninista que debía ser la vanguardia de la lucha nacional a la que se subordinaban las acciones violentas y que acabó concretándose en la coalición Euskadiko Ezkerra. Los “milis”, por su parte, aprobaron un programa mínimo conocido como la alternativa KAS, de la que surgiría en 1978 Herri Batasuna (HB), que debía dar cobertura a ETA, máxima protagonista del movimiento nacionalista revolucionario autodenominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV).

ETA político-militar sufrió en 1977 una escisión de los llamados comandos Bereziak (especiales) que se fusionaron con ETA militar y que acabarían monopolizando la violencia política. ETA político-militar se disolvió prácticamente en 1982, después de que Euskadiko Ezquerra iniciara la negociación con el gobierno presidido por Leopoldo Calvo Sotelo para liberar a determinados militantes que renunciaban a la lucha armada. Múltiples acciones policiales provocaron desde entonces muchas “caídas” (detenciones) de dirigentes y militantes, sobre todo a partir de 1986, cuando el gobierno francés comenzó a intervenir de manera más decidida en la colaboración antiterrorista con el gabinete presidido por Felipe González. ETA provocó 788 víctimas mortales entre 1968 y 1995, convirtiéndose en el mayor problema político del Estado español.

El 16 de septiembre de 1998, por primera vez desde su nacimiento, ETA anunció una tregua indefinida y total (es decir, el cese de su actividad violenta). El 6 de noviembre siguiente, en un nuevo comunicado, condicionó el definitivo final de sus actos terroristas al pleno reconocimiento de la soberanía vasca, y el 21 de diciembre de ese mismo año aceptó el ofrecimiento del gobierno presidido por José María Aznar para iniciar contactos negociadores. No obstante, el 28 de noviembre de 1999 ETA puso fin a la tregua, demostrando así que su intención no había sido otra que profundizar en lo que los terroristas denominaban “proceso de construcción nacional” vasco. En enero de 2000, la organización reanudó la comisión de atentados.

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