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Nacional sindicalismo


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EL NACIONAL SINDICALISMO

La realidad inmediata es el Sindicato, por ser la clave y raíz de la vida humana, en el carácter y hechos económicos.

El Sindicato es la única entidad que puede enfrentarse con las exigencias de la producción y el consumo.

El Sindicato, debe ser apolítico, porque política es la palabra Capitalista, nosotros somos Anticapitalistas.

El Sindicato no pactará nunca con un Estado capitalista, es más, sería un Estado frente a otro Estado, sin relaciones diplomáticas inclusive.

El Sindicato, dará la batalla al Estado cualquiera que sea su política.

Nuestras ideas, nos permiten una incautación total y absoluta del País.

Formaremos cuadros de combate, hasta conseguir la victoria del proletariado.

Una vez dueños del poder, no surgirán dificultades, pues queda asegurada la producción y por tanto la Economía.

No existe tiranía en el Sindicato, por lo tanto asegura su vigor, sus funciones no son coactivas, perteneciendo su acción a la Organización Económica.

El mero hecho de pasar la frontera un trabajador, queda de manera inmediata incorporado al Sindicato, pues de no ser así no tendría garantía su supervivencia, de ésta manera queda incorporado a la Producción.

No entrar en el Sindicato el hombre no tiene valor, en el sentido económico, dentro de la Sociedad, pues en lo demás el hombre es libre, portador de valores eternos.

El hombre es libre dentro del Sindicato, pues si ponemos Estado nos encontraríamos en un sistema Fascista.

El anarco-sindicalismo español, resulta invencible a los Gobiernos que se ponen a espaldas del pueblo.

El pueblo español, es invencible a los Gobiernos que se ponen a espaldas del pueblo.

El pueblo español, es mendigo y aristócrata.

El socialista, es el obrero que persigue ser señorito.

El comunista, es el señorito que se empeña en ser obrero.

El Sindicato y la pistola, son las fuerzas del trabajador.

El Estado Nacionalsindicalista, se propone resolver el problema social, basándose en intervenciones reguladoras de la Economía privada.

Ni por ascendencia familiar, ni por su formación académica ni por su titulación profesional, ni por sus impulsos, ni por sus usos y sus hábitos personales y sociales, ni por temperamento, parecía destinado José Antonio a representar la exigencia y el origen motor de un sindicalismo que vertebrara a los hombres del trabajo.

José Antonio venció la batalla de la vida frente a sí mismo, luchado contra lo más cercano de sus inclinaciones íntimas.

Hasta se puede escribir que su pensamiento se ejercitaba en la esgrima intelectual, para que lo auténtico no cediera ante lo espontáneo.

Se dejó arrastrar por los clamores de la época, quebrando los cristales de las torres de marfil en las que su temperamento y su plenitud espiritual, encontraban placidez y sosiego y no deja de ser pertinente que esta entrega a empeños de generación, sometidos los impulsos y la renuncia de sus satisfacciones. La declara José Antonio, en el acto del sindicato de los estudiantes el 21 -1 -1935.

En José Antonio es una obsesión esta lucha entre la urgencia moral del debe -ser instada por descomposición de la Patria y por la inminente invasión de los bárbaros y la natural inclinación al goce espiritual de los refinamientos intelectuales.

La clara y terminantemente determinación de integrar a todos los hombres de España en un sindicalismo nacional, superador de castas y clases, demuestra que en la lucha terca entre la convivencia.

José Antonio, asiduo lector de Ortega, sufrió el asedio impresionante de su prosa, y acabó por ser invadido por el tropel de sus ideas.

La rebelión de las masas de 1930, realiza el prodigio literario de levantar a asunto intelectual, filosófico y religioso, el tema social y político.

Ortega declara este hecho como el más formidable de su tiempo. A José Antonio, le hierve en la imaginación política la anatomía intelectual en que Ortega ubica el hecho.

Las masas ejercitan hoy un repertorio vital, que coincide en gran parte, con el que antes parecía reservado exclusivamente a las minorías, y segundo al propio las masas se han hecho rebeldes, frente a las minorías y las suplantan.

José Antonio acepta con absoluta seriedad, la indicación de que el todo el mal del presente y porvenir, tienen en el ascenso general del nivel histórico del pueblo y las masas su causa y raíz.

La conversión al sindicalismo de la rebelión de las masas representa la interpretación inteligente de José Antonio, frente al populismo y en guerra abierta frente al socialismo -comunismo.

Así se comprende el alcance realista de su nacional -sindicalismo en el que se salen los valores espirituales, sin menoscabo[Author ID0: at ] de la sindicación de todos los hombres que intervienen en el proceso de la producción.

Un sindicalismo, que no cifre su empeño en forcejeos reivindicativos de reducida eficacia alternante, sino que comporte una transformación de la estructura empresarial de la organización socio -económica.

José Antonio no es un doctrinario del sindicalismo, el sindicalismo no es tampoco una ideología para él.

Sólo mediante una participación orgánica, de trabajadores y empresarios organizados por ramas de la producción que dispongan de una completa información de la situación económica de las empresas y de los incrementos medios de la productividad, que se logran por hora de trabajo de la previsible evolución de los precios y de las variaciones de la demanda de mercado, además de otros datos imprescindibles, se puede practicar una justa distribución de la renta que logre el mayor incremento posible de los salarios sin aumentar el paro.

El porcentaje de renta ahorrada está estrechamente vinculado a la distribución, que se hace de la misma entre el Trabajo, Estado y Capital. Para conseguir el pleno empleo, de los factores de la producción es indispensable lograr que se ahorre anualmente un elevado porcentaje de la renta conseguida, que tiene que ser distinto para cada nivel de productividad nacional.

Una participación del trabajo en la renta nacional, que exceda de los incrementos netos de productividad, genera inevitablemente paro así como un aumento del coste del crédito, porque el ahorro nacional disponible, resulta insuficiente para lograr el incremento de la productividad que corresponde a la subida de salarios.

El desempleo no se elimina reduciendo las horas anuales de trabajo, con ello se consigue disminuir la renta nacional y en consecuencia el ahorro y crear mayores dificultades para que las empresas aumenten los puestos de trabajo.

El Nacionalsindicalismo, con sus centrales obreras entienden que: incrementar al máximo posible la masa salarial, que percibe el conjunto de los trabajadores, debe ser considerado el objetivo más preferente de cualquier otro que se pueda lograr a nivel de clase o individual.

Por elevado que sea el porcentaje de paro que sufra cualquier nación el pleno empleo se consigue tan pronto como se restablezca la justa distribución de la renta nacional, que corresponde a su nivel de productividad.

El porcentaje de renta ahorrada está estrechamente vinculado al grave error de creer que se puede valorar con objetividad la exacta aportación del trabajo y el capital a la renta que se consigue, para después distribuirla con justicia, mediante el recuento de votos, que obtienen en las elecciones generales los partidos políticos, que teóricamente les defienden.

El Estado Nacionalsindicalista, permitirá toda iniciativa privada compatible con los intereses colectivos, protegiéndolos así como estimulándolos las más beneficiosas.

El Estado, que está totalmente al servicio de la Patria así como al servicio del hombre, frente a la iniciativa privada, por tanto, ha de ser punto de apoyo y de estimarlo, para su desarrollo siempre que esta iniciativa, no vaya reflejada en una actividad contraria al supremo interés de la Patria.

En un Estado democrático -liberal, la iniciativa privada se desenvuelve según sus fuerzas, carece de apoyo y tiene plena libertad para desarrollarse, tanto si favorece a la Patria, como si perjudica sus intereses.

Su estilo de enfrentarse con el problema, pone de manifiesto que ha descendido a la entraña de la tierra, el fenómeno social, por inhibición o por estudio y se enfrenta a él sin deformar su naturaleza, ni las peculiaridades que ofrece en su origen y en su desarrollo histórico, social y político.

Los que se desentienden del pensamiento de José Antonio, a la hora de instrumentar el sindicalismo, alegando la usura de ideas en su obra escrita, no demuestran discernimiento, ya que el sindicalismo es una realidad dinámica progresista y circunstancial, definida por sus fines y por sus metas, de carácter humano y social, y por la rigidez de unas fórmulas que el sindicalismo acepta como precarias en función del fin irrenunciable.

El sindicalismo, es hoy un fenómeno de orden moral y no sólo laboral, social y político.

Por muchos esfuerzos que realice la historia, no encontrará una fecha de nacimiento por el sindicalismo.

La industria provoca la aparición del fenómeno sindical, pero el fenómeno provocado por la revolución industrial, no presenta caracteres que permitan configurarse como una realidad del orden social, económico y político[Author ID0: at ].

El fenómeno sindical aparece con la revolución industrial. La peculiaridad del fenómeno sindical aparece desdibujada en las plumas, de quienes pretenden arborizarla en el tronco de los gremios y las corporaciones.

El sindicalismo, es más un estallido de la conciencia que el resultado de una evolución en el proceso económico. Cierto que en cada nación el fenómeno sindical, reviste singularidades indígenas y discriminatorias cronológicas, pero estas singularidades y esta desigualdad de origen están en función de la atmósfera humana, y de las presiones sociales.

No deja de ser curioso que el vocablo, aceptado para designar el fenómeno sea de bautismo culturista intelectual y clásico, de ascendencia griega sin que la virtud etnológica de la palabra elegida de agazaparse el posible salto hacia la realidad que había que señalar.

La ontogenia del sindicalismo, es la conciencia humana y personal de un sector social, que en un momento luminoso y dolorido de su evolución se percata de su condición infrahumana de asalariado.

Autognosis de una forma de esclavitud, no sólo ante los hombres sino ante sí misma.

No de odio, sino de insufrible indignidad personal y social, los brotes de indignación, son debidos a la desconsideración ajena ante la dignidad mancillada.

Si se olvida o desconoce el fenómeno de la explosión sindicalista, se desvirtúa la naturaleza de la manifestación de origen, y lo que es más grave, se mantiene el equívoco de su proceso histórico y se justifica la tesis marxista, de la lucha de clases y la evolución fatal del sindicalismo hacia el social -comunismo.

La violencia no es una nota esencial en el despertar de la conciencia, del asalariado, sino una actitud provocada por contraste frente a la inconsciencia humana, del capitalismo industrial de Carlos Marx, que no acepta otra actividad sindicalista que la que derive hacia la estatología.

De hecho el triunfo obrerista del soviet. Señala la desaparición del sindicalismo en Rusia y la politización del sindicalismo anglosajón, desencaja al sindicalismo de sus goces[Author ID0: at ], reduciéndole a pieza electoral de recambio bipartidista.

El sindicalismo nunca ha tenido una teoría definida, ya que ha sido siempre un movimiento de fines concretos en circunstancias determinadas, pero su desarrollo y es su obediencia a exigencia de la justicia.

También es exacto que pese al carácter profesional, e industrial del sindicato no han sido los profesionales, o los industriales afiliados los únicos beneficiarios por la acción sindical, sino toda la sociedad ya que el sindicato es un movimiento revolucionario contra toda una sociedad teledirigida, por el individualismo de los privilegiados.

El sindicato tiene un origen incierto, pero su cometido es claro, sus raíces múltiples apuntan hacia un árbol único. Por lo demás la fuente de donde brota, no es única ni al fluir de su corriente constante, ni son siempre limpias sus aguas, y sobre todo no han sido puros sus afluentes.

El sindicalismo ofrece un singular espectáculo de ingenuidades, violencia, credulidades y aislamientos, por su carácter originario reivindicativo y por su evolución histórica, hacia la participación no implique abdicaciones, de lo que constituye su razón de ser.

Todo el mundo conoce los sindicatos, pero ignora lo que es.

El sindicalismo se mantiene en un principio en los límites de unas reivindicaciones legítimas.

La legalidad capitalista, al catalizar las aspiraciones sindicalistas acrecienta el sentimiento de clase social, en los asalariados activa las defensas de clase.

La clase obrera de la sociedad maquinista, no tarda en alargar el alcance del aforismo de que la unión hace la fuerza.

La ley hace la fuerza. . . . . y la ley.

En rigor el sindicalismo como movimiento asociativo de clase, no es una consecuencia lógica de su nacimiento, sino una exigencia táctica de su desarrollo inaceptado.

No hay pues, exageración sino comprobación fehaciente, al escribir que el marxismo no es otra cosa en su vertiente económica, que el penúltimo capítulo de la intransigencia capitalista y de la indolencia liberal.

La legalidad capitalista y liberal, frente a la legitimidad del movimiento asociativo obrero, aplica con suficiencia y claridad entre sindicalismo y poder público favorece la clandestinidad, aviva la imaginación de los asociados, suscita la aparición de líderes, provoca situaciones conflictivas en el ámbito laboral y político y reafirma el sindicalismo como fuente en oposición abierta.

La virulencia de los contratos origina rupturas en el seno del sindicato diferencia las tácticas, multiplica las estrategias, pero el eje del movimiento sindical sigue siendo el de la legitimidad efectiva frente a la legalidad poderosa, pero gradualmente impotente.

No es esta coyuntura propicia para detenernos en las vicisitudes de una lucha, en la que el Estado dimite de su misión esencial, ciego para el proceso irreversible del Imperio de las masas, miope [Author ID0: at ]en la percepción de las consecuencias diversas y se coaliga[Author ID0: at ] con fuerzas políticas vendiendo a sus hombres, en el mercado de la oposición, política con olvido de la teología sindical, baste a la ocasión subrayar, que en España en los años que discurren entre el 14 de Abril de 1931 y el 20 de Noviembre de 1936, el adueñamiento de las masas constituye el fenómeno más importante de la vida económica, religiosa, política y social de los españoles y que todas las fuerzas políticas recobran su poder, o se sumergen en el ostracismo por el valimiento o por el abandono de Las masas obreras.

La gran tragedia para el sindicalismo, se inicia al ceder a la tentación política, y al dejarse arrastrar por la turbulencia del extremismo socialista arropado por los pies, ineficaces y reaccionarias motivaciones de las asociaciones confesionales.

El sindicalismo auténtico, no sólo no consigue institucionalizarse sino que se debate entre el sueño romántico humanista y retórico y la desesperación agria y cruenta del resentimiento de clase.

De poco sirven las ideas si desaparece el ideal, pero un ideal traicionado por ideas y por hechos, que ni se esclarecen ni le acercan, exasperan hasta la desesperación a los hombres que viven en sus manos un régimen como el capitalismo, que puede permitirse el lujo cruel de prescindir de las manos del obrero o de canjearlas por metal.

El sindicalismo, no entró en la II República Española ni compresión ni cauce. Excitando sin mesura por el partido socialista español, hasta hacer olvidar a los obreros una verdad, la de que para ser ellos menos pobres, tenían que ayudar hacer una España más rica se vio a la fuerza de rendirse ante las exigencias políticas de los partidos a los que favoreció en 1936.

No es de extrañar que, es una reacción despiadada, el sindicalismo degenera en anarquismo social, que es el resultado de sus principios contradictorios.

La II República Española fue la gran estafa para el sindicalismo, no se ha meditado lo suficiente en la importancia decisiva, que tuvo este engaño en la provocación de la catástrofe.

Acostumbrada la monarquía de Sagunto a repartirse el poder, entre los grupos privilegiados, con olvido de los representantes de las nuevas clases desinteresadas, las nuevas clases por encontrar una leal colaboración en el gobierno de Primo de Rivera, menospreciado el interés nacional, en la pugna de los partidos republicanos. España trato entristecidas por ruta a la deriva, a los siete meses de la proclamación de la República, se encontraba una de las más importantes y urgentes. La de favorecer la autonomía sin[Author ID0: at ]dical [Author ID0: at ]en el ámbito de los intereses económicos y sociales, integrando su fuerza en las ambiciones nacionales y responsabilizando al sindicalismo, en la reconstrucción de la Patria en vez de politizarlo al sindicalismo, con fines de turbia política antinacional o con temor ante el poder que emana de un socialismo laboral.

José Antonio fue el hombre que aceptó la situación de derecho del esfuerzo para ajustar esta situación, denunciándola y desenmascarándola en todos los terrenos.

José Antonio, no encara el problema sindical como un estudio teórico sino que acepta el fenómeno y advierte su gravedad histórica. Por muy escasa que supongamos su erudición[Author ID0: at ] no podemos disminuir su experiencia vivida.

El impacto de la Revolución Rusa, la creación del Ministerio Español de Trabajo en 1920, la usurpación de la Confederación Nacional de Trabajo durante la Dictadura, su bolchevización previsible consumada en 1934, el programa, los estatutos y las reservas morales del partido sindicalista de Ángel Pestaña, la aportación jonsista[Author ID0: at ], el imperativo de conciencia de ser fiel a la comunidad española en sus miembros más sufridos y entrañables anteponiendo esta fidelidad al oportunismo político parlamentario se conjugaron en el pensamiento Joseantoniano.

Determinaron su decisión de cifrar en el sindicalismo la suprema razón social y humana de su movimiento político.

El Nacionalsindicalismo asume todas las exigencias del sindicalismo revolucionario, propugna la transformación de la empresa, acelera el dinamismo de la sociedad, compromete a los obreros en el gobierno, planifica la economía nacional y fundamenta la evolución socio -económica en la libertad y dignidad de la persona humana como valor intangible, subordinando a este concepto supremo la interpretación de la realidad socio -económica y de la variedad cambiante de las fórmulas de sindicación.

Si no temiera introducir en el léxico metalizado del sindicalismo el vocablo alógeno diría que José Antonio nos ha legado la metafísica próspera del sindicalismo humanista.

En esta cuestión como en tantas otras, José Antonio sigue siendo un inédito mal plagiado.

Los sindicatos, no son unas asociaciones de origen discrecional paralelas a la organización del Estado y extrarradiadas de la misión que lo compete.

Cuando los sindicatos se organizan o funcionan marginados de la dinámica integral del Estado, los sindicatos se sienten obligados a ser anarquistas por ley de vida.

Esta especie de anarquismo que caracteriza al sindicalismo histórico no es una nota esencial de su programa fundacional, ni una aspiración recóndita sino la respuesta obligada frente a un Estado que no acepta o no comprende la naturaleza del proceso natural y acelerado e incontenible en el mundo laboral y de los hombres que lo pueblan.

Cuando el Estado se resiste a la transformación operada por la revelación de una nueva conciencia en las masas trabajadoras y se empeña en mantener su autoridad en el poder económico del ejército, de la iglesia y de los intelectuales agnósticos o se formaliza en un liberalismo demócrata de lánguida vigencia ineficaz, o se abroquela[Author ID0: at ] en una Dictadura Pontifical Armada, o se despeña en una irresponsabilidad.

El mal es previsible: la dictadura sobre el proletariado anónimo personalizado en el partido.

José Antonio refuerza el Estado confiándolo, en exclusiva, unas misiones esenciales. La fortaleza de su autoridad y el prestigio invulnerable de su postura soberana no se acrecientan por absorción estadista de funciones o misiones, sino por el inexcusable cumplimiento de las que le son esenciales.

Entre las misiones que el Estado no tiene porque cumplir, por sí mismo, se encuentra la regulación completa de la economía completa nacional. Lo que sucede es que la regulación de la economía no es atribuible a poderes intermedios con finalidad política, sino a entidades tradicionales que son las que vivifican la carne y el alma de sus miembros.

Los sindicatos no serán ya (José Antonio) arquitecturas parasitarias, sino integridades verticales de cuantos cooperan a realizar cada rama de la producción.

No se trata de que el Estado descargue en los sindicatos la responsabilidad efectiva del desarrollo económico, exigiéndoles el compromiso de asegurar el orden económico, salvando el interés general y realizando el bien común material.

Por que una cosa es que el Estado tenga como fin primario lograr el bienestar material para todos los ciudadanos, como fundamento el más firme la paz y otra muy desigual que este fin tenga que regularlo por sí mismo, por vía restrictiva gubernamental.

La entrega a los sindicatos de la regulación completa de muchos aspectos económicos, que es la frase exacta de José Antonio, supone una concepción del sindicalismo con capacidad para cumplir el cometido y una idea del Estado, que consienta sin desmerecer en su naturaleza esta delegación.

El sindicato viene a constituir una de las bases auténticas de la organización del Estado.

José Antonio, concibe a los sindicatos como integridades verticales de cuantos cooperan a cada rama de producción, la expresión se repite. Los sindicatos pasan a ser órganos directos del Estado, es decir, no son órganos del Parlamento o de los partidos políticos.

El Parlamento y los partidos políticos no pueden interponerse en la organización de los sindicatos, so pena de someter lo natural a lo artificioso.

Al estatificar al sindicalismo, lo socializa ya que su concepción del Estado es de naturaleza y estructura social, desvinculado en sus misiones esenciales.

En el pensamiento de José Antonio, no es un sindicalismo de Estado o de Estado[Author ID0: at ], sino que es el Estado sin abdicar su soberanía, el subalternado a los fines de un sindicalismo concebido como estructura básica de la comunidad laboral.

José Antonio no rechaza la tesis de Sorel: "Todo el porvenir del socialismo reside en el desarrollo autónomo de los sindicatos obreros".

Siempre que ese porvenir suponga la transformación recíproca del socialismo en sindicalismo.

Es innegable que durante más de 30 años, los españoles hemos sido capaces de alcanzar sin generar paro, ni quiebras masivas de empresas, los más altos incrementos de renta por persona de nuestra historia, gracias a la eficaz participación en el poder, y sobre todo, en la distribución de la renta de los representantes de los sindicatos nacionales que constituían una organización que encuadraba a las fuerzas que participaban en la economía española.

Los sindicatos españoles se inician en España a partir de 1936 promovidos por un reducido número de camaradas que estaban vinculados al ideario político de la Falange Nacional Sindicalista.

La creación del Servicio Nacional del Trigo, en 1937, aprobado por todos los sindicatos agrícolas de la España Nacional, constituyó el primer ensayo que se anticipaba a la futura Organización Sindical.

A partir de 1943 los representantes en las cortes españolas los Sindicatos sumaban más de un tercio del conjunto de los procuradores, aportando la más genuina y positiva de la Democracia Orgánica al Movimiento Nacional.

Sin embargo, algunos de nuestros hombres que ocupaban el poder en los decisivos años de transición demostraron que estaban vacíos de profundas convicciones y de sólida experiencia política, ya que impulsados por razones de difícil justificación, contribuyeron a destruir sin valorar el servicio que había prestado a España la Institución que les había servido de plataforma política, despreciando los consejos de quienes en esos meses decisivos defendíamos una evolución política y trascendental.

Consumada ya la ruina política y económica de España, quienes estamos vinculados a esta ideología política, tenemos el deber de reivindicar para ese vértice ideológico.

El mundo debe saber que nuestros fundadores -José Antonio, Ramiro y Onésimo -honraron a España alumbrando la última y definitiva política capaz de ofrecer a la humanidad, las soluciones que acaban con la incultura, el hambre y el colonialismo, gracias a un desarrollo racional y acelerado, que beneficie a los pueblos y a las clases más necesitadas.

El Nacional -Sindicalismo, no pretende difundir su doctrina haciendo demagógicas contra la lucha de clases ni utilizar como pilares exclusivos de nuestra propaganda la defensa de los valores del espíritu y la unidad nacional, aunque los riesgos de que ambos puedan ser conmovidos nuestros más nobles sentimientos??? /[Author ID0: at ] Aunque los riesgos de ambos puedan conmover nuestros más nobles sentimientos.

También se podría designar con el nombre de Democracia Mixta, lo primero porque alcanzar la justa distribución de la renta entre los factores de la producción y el Estado debe ser el objetivo primordial para lograr una pacífica convivencia a nivel nacional.

Designarlo con el nombre de Democracia Mixta puede resultar apropiado entre la Democracia inorgánica y orgánica, sin embargo ese nombre adolece de contenido, ya que no implica que ha de estar localizado en la vanguardia de la línea democrática.

Antes de justificar el nombre definitivo de ese vértice esencial de las ideologías dedicamos un breve espacio, a determinar las afinidades ideológicas del Nacional -Sindicalismo.

Las conclusiones que se obtienen de este análisis para determinar el orden de afinidades crecientes del Nacional -Sindicalismo son las siguientes:

1-El Nacional -Sindicalismo es la ideología situada en el vértice diametralmente opuesto a la monarquía absoluta y por ello, es la que se encuentra más alejada.

2. -La Democracia Liberal es después de la monarquía absoluta la ideología más distanciada del Nacional -Sindicalismo, ya que la separa la más larga diagonal de todos los planos, que es la democracia inorgánica.

3. -El fascismo está alejado del Nacional -Sindicalismo por la diagonal del plano del trabajo aunque trazada en un plano paralelo.

4. -La distancia entre el comunismo y el Nacional -Sindicalismo se mide por la diagonal del plano del capital, aunque trazada también sobre un plano paralelo.

5. -A la Democracia Conservadora la separa del Nacional -Sindicalismo el eje que mide la aportación del trabajo a la renta que como hemos dicho es el de mayor dimensión de los tres.

6. -Al socialismo democrático solo le separa del Nacional -Sindicalismo el eje que mide la aportación del capital a la renta obtenida por el trabajador.

7. -La ideología más próxima al Nacional -Sindicalismo es la Dictadura Justicialista, ya que la arista que mide su distancia es la más pequeña, pues es la renta conseguida anualmente por el trabajador. A nosotros nos moviliza la profunda y absoluta convicción de que el vértice o estrella polar, que corresponde a nuestra política en el desarrollo económico, nos ha permitido demostrar científicamente gracias a la economía política espacial, que la dinámica y justa distribución de la renta que defendemos entre Trabajo, Estado y Capital, para cada nivel de productividad, nos permite conseguir con precisión objetivos inalcanzables para cualquier ideología política, que contemple los problemas económicos y sociales desde el plano del Trabajo y Capital.

También constituyen un grave error que se puede valorar con objetividad la exacta aportación del trabajo y el capital a la renta conseguida, para después distribuirla con justicia mediante el recuento el recuento de votos, que obtiene en las elecciones generales, los partidos políticos que teóricamente les defienden.

Sólo mediante una participación orgánica, de trabajadores y empresarios organizado por ramas de la producción que disponga de una completa información, de la situación económica de las empresas, de los incrementos medios de la productividad, que se logran por hora de trabajo, de la previsible evolución de los precios y de las variaciones de la demanda del mercado, además de otros datos imprescindibles, se puede practicar una justa distribución de las rentas que logren el mayor incremento posible de los salarios sin aumentar el paro.

El Nacional Sindicalismo, no pretende difundir su doctrina, haciendo demagógicas, contra la lucha de clases, ni utilizar como pilares y la voz de nuestra propaganda, la defensa de los valores espirituales y la unidad nacional, aunque los riesgos de que ambos conmuevan nuestros más nobles sentimientos.

La más importante conquista del Nacionalismo -Sindicalismo con su doctrina ha logrado alcanzar mediante la economía espacial, que nos sirve de soporte científico, son las siguientes:

1º) El porcentaje de rentas ahorradas está estrechamente vinculada a la distribución que se hace de la misma entre el trabajo y estado capital

2º) Para conseguir el pleno empleo, de los factores de la producción es indispensables lograr que se ahorre anual mente un elevado porcentaje de las rentas conseguidas, que tiene que ser distinto para cada nivel de productividad nacional.

3º) Una participación del trabajo en la renta nacional que exceda de los incrementos netos de productividad, genera inevitablemente paro. Así como un aumento de costes del crédito, por que el ahorro nacional disponible resulta insuficiente para lograr el incremento de productividad que corresponde a la subida de salarios.

4º) El desempleo no se elimina reduciendo las horas anuales, de trabajo con ello sólo se consigue disminuir la renta nacional y en consecuencia el ahorro y crear mayores dificultades para que las Empresas aumenten los puestos de trabajo.

5º) Los diligentes de las centrales obreras Nacionales -Sindicalistas entienden que incrementar al máximo posible las masas salariales, que perciben el conjunto de los trabajadores, deben ser considerado el objetivo más preferente de cualquier otro que se puede lograr a nivel de clase o individuo.

6º) Por elevado que sea el porcentaje de paro que sufre cualquier nación el pleno empleo se consigue tan pronto como se restablezca la justa distribución de las rentas nacionales, que corresponde a su nivel de productividad.

7º) La ideología política que hace posible y potencia los derechos humanos, desde el plano de la democracia orgánica, sin sentirse vinculada a los intereses de clase es la que puede garantizar la paz social la convivencia civilizada y la más alta costa de desarrollo económico.

Un retirado desequilibrio entre la renta producida y la consumida, como durante años se viene haciendo en España, aumentando nuestra deuda exterior, tiene que conducirnos a situaciones de inestabilidad política aunque la practiquen gobiernos respaldados por un mayoritario voto.

En base a esta síntesis de conquistas doctrinales logradas por nuestra ideología política, lo Nacional Sindicalista esperemos recuperen la confianza del pueblo español, precisamente por que aceptamos el compromiso de conseguir durante el plazo de un mandato electoral, los objetivos siguientes:

1º) Elaborar con el mayor rigor científico programas de desarrollo económico -social dentro de un régimen de libertad de mercado que permitan alcanzar el máximo incremento posible de renta por persona.

2º) Lograr para todos los trabajadores de cualquier nación el pleno empleo y el más alto crecimiento anual de la masa salarial.

3º) Asegurar la supervivencia de las Empresas que sean capaces de soportar una dura y leal competencia, una adecuada presión fiscal una elevación de salarios basada en el incremento de los precios y en la mejora lograda de la productividad.

4º) Reducir el coste del crédito, hasta situarlo medio punto por debajo de la rentabilidad media de las Empresas.

5º) Ajustar la presión fiscal al nivel de desarrollo de cada nación y distribuir la aportación de las rentas de capital y trabajo al presupuesto, de acuerdo con sus variables participación en la renta nacional.

6º) Superar la crisis económica que sufra cualquier nación de característica similares a las de España, en un plazo que no excedería de cuatro años.

7) Reorganizar la economía española por ramas de la producción asignando la representación en dichas entidades a las centrales sindicales obreras y a las federaciones patronales, que libremente elijan los trabajadores y empresarios, a fin de que ambas partes contribuyan a programar el desarrollo económico nacional y a distribuir en justicia la renta conseguida.

Frente a esta clara y rigurosa doctrina política, del Nacional -Sindicalismo, fortalecida por la posición geométrica que le corresponden en las coordenadas del desarrollo económico, y su lógico esquema institucional, que le ofrece posibilidades de valorar con rigor científico las aportaciones del capital y el trabajo para crear la renta nacional.

¿Dónde podríamos localizar a la mayoría de los partidos políticos y coaliciones electorales españolas que han surgido de la reforma política? La respuesta es sencilla, en la más etérea inconcrección, por en su mayoría no saben medir la dimensión de las crisis, ni adoptar las decisiones precisas, para superarlas, ya que las decisiones que deberían adoptar podrían ser concordantes con su propia ideología política.

Entristece comprobar la excepcional y decisiva influencia que sobre el pueblo español ha ejercido la imagen de los líderes políticos difundida por la televisión. Entristece pensar que ha tenido que pasar años de reiterados fracasos para que la mayoría de los electores tomen conciencia de que el impacto inicial que lograron algunos políticos, no concuerde ni con el deseo del contenido ideológico de los partidos a quien representaban ni con su insuficiente formación cultural.

La gravedad de la crisis en España está inmersa, sin comparación las más graves de las cuentas sufren cualquier nación de Occidente de Europa nos obliga a todas si aspiramos a eludir los graves riesgos que nos amenazan, debemos tratar de enriquecer la formación política de los españoles.

NACIONAL SINDICALISMO

Y

LIBERTAD

El hombre tiene que ser libre. Pero no existe la libertad sino dentro de un orden.

Consideramos al hombre como portador de valores eternos, como envoltura corporal de un alma que es capaz de salvase o condenarse.

La estimación de la libertad, es una estimación por el hombre.

Lo radical no es concepto de libertad, en abstracto, sino el hombre en concreto, ya que su libertad no es una propiedad con la que se relaciona el hombre, sino una nota esencial de hombre en sí mismo.

Quien comience por desentrañar al hombre de su destinación eterna reduciéndoles a anécdotas existenciales o a productos físicos, no respeta la libertad profunda, por muy amplio que sea el repertorio de libertades que le concedan.

De lo que se trata que el hombre no sólo viva en libertad sino de que viva su libertad. Para lograrlo ha de mantener su soberanía los principios fundamentales.

La libertad de hombre precisa del amparo de un sistema que permita su ejercicio, sin que quede la libertad, que siempre será parcial, por razón de la variabilidad de los principios que aplica n en función de la mayoría que los decreta.

El sistema no puede sustituir ni absorber a la libertad, sino que hay que defender la posibilidad de su ejercicio, sin alterar su esencia.

Vivir sin verdad y sin libertad significa vivir en la mayor tristeza in una desolación sin límites, en ausencia y vacío. Sabido es que para vivir en libertad se requiere vivir ordenadamente.

El hombre es la unidad fundamental, portador de valores eternos, el hombre es la unidad y no solamente es libre, sino que tiene ser libre. Esta fortaleza de libertad que aqueja el hombre, como un gozo, es la que reclama un orden, dentro del cual la libertad se ejerza y se potencie.

La dialéctica ensayada entre la libertad y el orden, sistema o Estado es sencillamente impresionante, sobre todas las cosas, el hombre, y en el hombre su libertad.

Ahora bien, si el orden económico en que desarrolla el hombre su vida no le ofrece garantías para el ejercicio de su libertad, de nada sirven las exaltaciones verbales.

Cuando es el orden económico el que adquiere el poder determinante y dominador de las relaciones sociales o humanas, el hombre necesita un amparo y una defensa, que sólo puede ofrecérsela el Estado con capacidad para imponerse a los intereses económicos desbocados.

A un Estado, dotado de esta capacidad, es fuerte y autoritario, frente a la oligarquía económica, pero no frente al hombre o su libertad.

Fuerte para poder servir a la unidad de destinos de los hombres o su libertad, a los hombres que integran un pueblo, como unidad del destino universal. Solo así la libertad de todos y de cada uno de los que forman un pueblo encuentra la garantía de la libertad.

La tiranía no es sólo una condición del Estado que desprecia la libertad individual o colectiva, sino que también es tiránico el Estado que al inhibirse de su misión y del cumplimiento de su destino, consiente el desprecio de la libertad individual entregando maniatada a los poderes económicos.

La justificación interior del Estado se encuentra en decisión de defensa de la libertad de los hombres todos, en igualdad inequívoca tomando como base la decisión espiritualista del ser humano. La tiranía se comete cuando se favorece la humillación del hombre y el uso imposible de su libertad real.

No deja de ser curioso el hecho comportable de que España, los estados que se han desentendido de ésta concepción espiritualista del hombre, han concluido siempre en la tiranía por muy liberales que fueran sus programas.

La libertad del hombre es, un valor eterno e intangible. Estos valores no son atributos de la libertad en sí misma, sino del hombre, que es al que en rigor personaliza la libertad.

Por eso, si la nación de la que forma parte un hombre no es una nación libre, ese hombre no puede ser de veras libre.

Si el hombre en un uso indebido de su libertad, menoscaba la libertad de la Patria, o debilita la unión o la fortaleza necesaria para que sea libertad se ejerza, está arruinando los prepuestos requeridos para el ejercicio de la libertad personal dentro de la Patria en que vive.

Atentar contra el destino de una Patria, como España, aflojar los lazos de su unidad, o envenenar el discurso de su historia, es vituperable en nombre de la Patria, pero también en nombre de la libertad, si esa Patria es España como destino de unidad en defensa de la libertad individual.

En los puntos iniciales, expresión aforística del Ideario insistente en la explicación del hombre como conjunto de un cuerpo y un alma es decir, como capaz de un destino eterno, como portador de valores eternos.

La libertad individualista, concebida como expresión insolidaria de cada uno, puede ser correcta, siempre que no tirotee o bombardee los fundamentos de la convivencia pública, en la que se salva la libertad de todos y de cada uno.

La organización política es la que cimienta, por naturaleza, realizar el cometido de salvaguardar la libertad, y sólo la consigue si se respetan los fundamentos en que se cimienta su estabilidad: la jerarquía y el orden.

José Antonio, que proclama y defiende la libertad profunda del hombre denuncia la libertad incondicionada. La denuncia podía ser interpretada como contrafigura de la libertad profunda y radical, sino se precisan con cuidado las condiciones de la libertad.

Las condiciones de la libertad no son circunstanciales a la libertad misma, sino que son exigidas por la propia condición humana y por la sociabilidad inmanente.

La perfecciones de la libertad goza de las prerrogativas del hombre, y no pueden canonizarse extrañándolas de la persona en la que residen.

José Antonio, con agudeza crítica, califica a la libertad de valor relativo e instrumental. La calificación merecería reparos si la instrumentación de la libertad sirviera a valores de rango inferior al de las verdades supremas o al de las personas humanas.

Pero José Antonio lo que pretende con la declaración es no convertir al hombre en siervo ante la verdad y el bien.

La libertad es un valor respetable, porque permite al hombre dirigirse al bien, y es repudiable (no la libertad, sino su ejercicio) cuando se constituyen en una virtud independiente del hombre, y de su destino.

La idolatría de la libertad acaba por falsificar al hombre, dejándole al arbitrio de quien las administran por razones económicas o políticas circunstanciales y relativas.

El problema de la libertad fue atendido en un curso de formación para dirigentes en 1935 en Marzo.

Tomando pie a la frase desdeñosa de Lenin “libertad”. ¿ Para qué? Se afirma con visión penetrante que, en afecto, la libertad no es lo más importante sino que lo decisivo es el hombre, la realidad del hombre libre, el hombre como portador de valores eternos.

El hombre adquiere conciencia de su libertad cuando peligra la posible acción de su ejercicio.

Mientras el hombre vive dentro de sus libertades, como en el aire el pájaro la libertad no es una realidad problemática. Tan pronto evoluciona sobre la naturaleza en que está inserto y se configura el orden político, el hombre se percata que su libertad no es una manifestación natural, sino la expresión de un valor moral viviente en esa realidad sociológica que es el Estado.

El Estado no es un producto artificioso de la naturaleza, o una evolución causal del proceso interpersonal, sino una constitución racional de la sociedad organizada.

El reino de la axiología y de la norma en el que se asienta el Estado y al que sirve, impone al hombre un recto uso de su libertad en reciprocidad comunitaria, que lejos de amortiguar su ejercicio lo canaliza y sublima.

El Estado viene a ser como una creación de la libertad responsable, un fruto de la libertad humana, frente a la libertad natural.

Por eso, al Estado no le está permitido desentenderse del hombre libre sino favorecer, proteger y armonizar a los hombres en el ejercicio de sus libertades.

Y al hombre le está vedado desentenderse del Estado o pugnar por desintegrarlo, ya que, de suyo y por sí, el Estado armoniza a los seres humanos, fecundando su vida y las entidades naturales de convivencia dentro de la armonía de las estructuras básicas en las que descansan una recta concepción del Estado.

El Estado, se alza así como el servidor ejemplar de las libertades auténticas del hombre, y como su garantía y promotor.

Coordinador de los múltiples destinos particulares, que los hombres realizan por tener un oficio, por formar una familia, por pertenecer a un Municipio, por agruparse en un Sindicato.

Cuando comienza a perpetrase el atentado estatal a la libertad es al suponerle una figura artificiosa o al constituirle desde unas bases que no son las naturales y orgánicas, sino desde unos grupos de intereses individualistas, sociales, económicos o políticos partidistas o encontrados.

El Estado como servicio y misión, representa la disciplina, la armonía y la norma, para el recto y valioso ejercicio de la libertad.

José Antonio arranca de la idea de libertad, como valor profundo, eterno e infatigable del hombre para descalificar al liberalismo, a la democracia y por supuesto, a los totalitarios. José Antonio monta sus argumentos contra el liberalismo, el capitalismo y el totalitarismo desde la libertad como valor insuprimible.

La libertad nativa del hombre, aherrojada por la sociedad, representa uno de los ataques más arteros contra la libertad humana.

Si la sociedad es una dimensión, esencial del hombre, la libertad personal es una libertad en sociedad.

Si la sociedad es, de suyo e históricamente, perversión y encadenamiento, la recuperación social de la libertad resulta imposible.

Una proclamación individualista del hombre frente a la sociedad, termina en una constitución artificiosa de la sociedad en la que el hombre queda aprisionado.

La libertad entera del hombre le impone la libre aceptación de la sociedad como desarrollo esencial de su ser.

A esta aceptación la llama José Antonio, con excesiva generosidad y sin demasiadas preocupaciones verbales renuncia a una parte de la libertad. La verdad es que no se da tal renuncia sino -y éste es el sentido de la frase en el contexto -reconquista de la libertad en situación.

Lo demás, el primitivo melancólico y nostálgico, el amor galante a una libertad bucólica, es puro ensayo literario.

La libertad real en todas sus dimensiones será la que emane de los depositarios de la confianza pactada, quedando los hombres en absoluta indefensión ante sus valores más íntimos y esenciales.

No se han percatado los teóricos de la sociedad de que el totalitarismo es la postrera consecuencia del liberalismo, y de su hija, la democracia.

En el fondo, las masas conscientes de que la sociedad y el Estado son soberanos e independientes de los hombres que los integran, acaban a la larga por exigir la subordinación de los fines supremos al desarrollo instintivo de sus apetencias incontroladas.

El liberalismo y la democracia no sólo desencadenan el instinto de las masas, sino que matan a la libertad.

Las masas no matizan y si la única libertad posible la renuncian en una voluntad independiente, la independencia que se atribuye esa voluntad soberana, no puede pudrir aunque lo pretenda las razones germinales de la persona humana y el árbol frondoso de sus manifestaciones ingénitas y sociales.

Al analizar con cuidado los textos en que José Antonio expone su concepción de libertad, se aprecia la dosis de malevolencia suministrada por quienes le atribuían contaminaciones totalitarias.

Su ataque al socialismo soviético no lo fundamenta en el nuevo orden económico que pudiera implantar, eso no le asustaba, lo que le produce irritación es la sustitución de la libertad individual, por la justicia férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, sino que regula también nuestro descanso, y para que no quepa duda alguna, insisto en retirar la concepción occidental y cristiana de los valores esenciales frente a la destrucción y clausura decretada por la revolución socialista de izquierdas y ante la tolerancia de la democracia formalista de la época.

Queda pues claro que en José Antonio la libertad es un valor a cuyo esclarecimiento y defensa han de supeditarse otros valores, que el Estado ha de gozar de todas las prerrogativas necesarias y suficientes para que la libertad personal y profunda se manifieste en las libertades reales tanto en el ámbito social como en el político.

La libertad, en el orden real, no es un don gracioso, sino una conquista y una concepción de Estado en la que por definición, por constitución o por ausencia de misión, las libertades resultan impracticables, no es una concepción democrática, sino una claudicación demagógica.

En definitiva, el Estado es el servidor de una idea que le trasciende y cuyas raíces no se encuentran en él mismo, sino en la persona humana. Es decir, en una realidad superior integradora de las generaciones pasadas, presentes y futuras, a las que no puede poner precio ni los Estados ni los individuos ni las sociedades.

Las falsas libertades locales sin la unidad de su destino en la historia o las reducen a la esclavitud de otras redes sin gloria, sin esperanza y sin universidad.

Al estrechar el vínculo entre la libertad como valor y al hombre como portavoz del mismo, configura a la persona humana como el ser que se dignifica y se realiza por ella.

La noción de la libertad se esclarece con el valor, y la noción del valor se ilustra con la de libertad.

Frente al dilema libertad -determinismo, de la filosofía clásica y de la moderna, prima la filosofía contemporánea el de existencia -valor pero concebida la existencia como liberta ya que la existencia es aceptada como la “conciencia que cobramos de nuestra libertad”.

Podemos convenir en que la libertad esencial del hombre sea siempre libertad existencial. Esta libertad no es absoluta, como tampoco lo es esencial, lo absoluto es la condición para obrar, y el obrar condiciona el primero por exigencias de la situación.

El hombre se enfrenta con el valor de algo que le es esencial como persona, la libertad que fundamenta a la persona, funda el valor, pues no se concibe que alcance pueda más merecer el valor.

El valor del hombre se presenta como carácter exigente. En los seres y en el deber ser, la exigencia prospera el valor.

Con esta tendencia del hombre hacia algo no constituido, para algo no realizado y solicitado por el deber -ser vinculándolo al fondo de la libertad personal.

La libertad del hombre, como tensión originaria fundamento de la historia en el tiempo.

La libertad se cumple en el valor, y sólo en él permite el ejercicio de la actividad del hombre como libertad.

La libertad que se cumple en el valor, en rigor no acaba de cumplirse nunca, ya que su cumplimiento es sólo inicial, principio de nuevas pretensiones, que enaltecen, avivan y esclarecen la libertad.

El valor no es una propiedad del ser o del deber -ser, dimanaste de su esencia, o una de sus cualidades o imperativos que hayan de ser aprendidos intelectualmente o puedan serlo en reducción estimativa, sino que es como la transparencia infinita del ser de los entes y del deber -ser que atrae a su fondo sin fondo y sin opacidades, al hombre persona.

La atracción sólo se realiza humanamente como respuesta de reciprocidad a la pretensión origen de la conciencia.

El valor se descubre cuando el hombre, sin agotarse, en la sensación en el juicio o en la violencia, realiza las posibilidades de sí mismo realizando las posibilidades de la realidad y del deber -ser. Esta realización es una auténtica encarnación del valor. Por eso, el hombre solamente realiza las posibilidades y se realiza a sí mismo si ejercita la libertad creadora de sus propias ideas, sin que las posibilidades, cualesquiera que sean pongan fin a la libertad al realizarse. Más aún ese ejercicio sólo es posible dentro de un orden.

La libertad aparece así como una actividad incontaminada del espíritu aunque esté acondicionado su ejercicio.

El hecho de estar condicionado su ejercicio no lleva consigo la particularidad de ser el condicionante, sino que excluye esta particularidad.

La libertad libera al hombre de la naturaleza, de la realidad de las cosas de sí mismo y de los mismos valores que encarna, ya que la libertad al realizar un valor crea valores, al encarnar el valor esclarece nuevas exigencias, descubre posibilidades inéditas, ahonda profundidad del deber -ser.

El valor encarnado es fuente del libertad, y sólo es libre el hombre que alimenta su libertad en los valores realizados: la civilización, la historia, la Patria.

La libertad del hombre es una libertad concreta, con la concreción de su condición existencial.

No es que el hombre quede constreñido a su condición existencial sino que desde ella se realiza o si se prefiere se escandaliza.

La vida humana es una realidad extraña de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella.

La libertad no es infinita, pues la infinitud de la libertad no tiene sentido alguno en rigor intelectual, ni el ejercicio de la libertad permite una correcta significación histórica.

La libertad consiente al hombre el hacerse señor de sí mismo y enseñorearse de todo.

Al hacerse el hombre señor de sí mismo dota de valor a los límites que le circunscriben como ser de la naturaleza y se sobrepone a lo que le circunda, sin resultar parte de nada, sea esto superior o inferior a él.

La libertad personaliza al hombre, que es en último análisis en lo que consiste el valor singular que el ser hombre comporta; Más honda que la racionalidad es la libertad, y más fecunda y rica en manifestaciones que la inteligencia, en la que se enraíza.

La razón y la inteligencia comprenden la realidad, pero la libertad se hace cargo de ella, sin anularla realizando su valor.

El valor de la realidad es siempre un valor en la conciencia, realizable por la libertad y en la libertad.

La relación entre libertad y valor es, pues una correlación fundante en su doble dimensión de realidad y de existencia aunque con diverso significado y distinto alcance.

Una realidad humana desprovista de valor es una realidad deshecha. Es decir, no es una realidad. La realidad no es lo que es mientras es lo que es siéndolo.

El valor como poder transformante de la naturaleza, es el que la permite pasar del ser al ser que puede ser.

La existencia comporta al hombre la libertad, sin que la voluntad del hombre pueda nada contra la determinación.

La voluntad del hombre no es libre, para dejar de ser libre.

La libertad es afirmación del valor del hombre, y está suponiendo la coordinación de todos los valores con el valor de la libertad personal.

Cuando la libertad no realiza los valores, no se realiza como libertad con valores ni se ejerce actividad auténticamente humana.

El hecho inexorable de ser libre, le pone al hombre en trance de tener que hacerse con las riendas de la libertad, de ser dueño de su libertad, de ser libre en la decisión al elegir, para que la libertad no sea servil. En la correlación libertad -valor es el valor el que dota de sentido a la libertad existencia, salvando al hombre de la servidumbre natural.

Tan falso resulta ampararse en la libertad fundamental de la persona humana para reducir la expresión social de la libertad efectiva, como proclamar los derechos de las libertades sociales, sin respeto por la libertad profunda e interior del hombre.

Para ser verdaderamente libre hay que saber liberarse de la libertad anárquica, instintiva o animal. Las condiciones de la libertad son su salvaguardia.

En el uso de las libertades ha de observarse el principio moral de la responsabilidad personal y social. Los hombres de nuestro tiempo, están sometidos a toda clase de presiones y corren el peligro de verse privados de su propio juicio y libertad.

Los problemas de la libertad en el mundo moderno, sólo pueden ser resueltos por el estudio de los límites y de las condiciones que en un campo y en una situación determinada, pueden hacer efectiva y eficaz la posibilidad de elección del hombre. EL

NACIONAL SINDICALISMO

Y

LA JUVENTUD

Si alguna vez me acometió la duda de si los veteranos de la falange llegaran a dirigir a España en cambio no dude nunca de que la regirán los muchachos que han descubierto en la falange su verdadera actitud ante España. (José Antonio)

José Antonio es uno de los pensadores españoles que ha tomado más en serio lo que representa la juventud para dotar de sentido a la vida y para arrastrar la muerte.

La muerte a tiro sucio de un joven ilusionado Matías Montero, fundador del Sindicato Católico de Estudiantes, limpio de alma y claro de estilo que “aspiraba a una muerte española”.

El 9 de Marzo de 1934 el cuerpo y alma de José Antonio se estremecen al comprobar el alcance trágico de su rectoría política, pues al día siguiente decidió el destino de su vida.

El día 10 de Marzo de 1934 se operó en José Antonio un gran cambio en sus ideas en la carne y en el alma de su ser y fue ya para siempre fiel a la juventud, simbolizada en Matías Montero.

No le abandonó nunca la presencia en el recuerdo, actuando en él como una palpitación cruenta, como una lágrima en sus ojos.

La falange debe a Matías Montero, la gracia de la seriedad y el compromiso de su entrega.

Desde ese momento José Antonio ofreció su rostro a la muerte como un deber de conciencia, las frases del epitáceo “Que Dios te de su eterno descanso, y a nosotros nos niegue el descanso hasta que sepamos ganar para España la cosecha que siembra tu muerte”.

“El martirio de Matías Montero no es sólo para nosotros una lección sobre el sentido de la muerte, sino sobre el destino de la vida: Cuando dudemos, cuando desfallezcamos, cuando nos acometa el terror digamos !No¡ esto es grande, es fecundo, sino no le hubiera ofrendado la vida.

La muerte de Matías Montero confió a José Antonio el sacramento militar de la confirmación política.

Dos meses antes del aniversario, en el acto del S. E. U. esta vez en Valladolid propone a Matías Montero como ejemplo de buen universitario y de joven que participa en la tragedia de nuestro pueblo.

Al que nos asesinaron a traición y que cayó muerto con el alma y los ojos llenos de luz de nuestra España de los Reyes Católicos, la España cuyo signo ostentaba nuestro yugo y nuestras flechas. La juventud a nivel de actualidad en España y en Europa y en el mundo, es la que mejor ha percibido los últimos estertores del sistema liberal -capitalista del siglo XIX.

El empeño en detener su desaparición exaspera a la juventud, y la identificación de capitalismo y paternalismo y presta a la rebeldía en las generaciones.

No hay más que dos formas de ser joven: la auténtica, combativa y resuelta alumbramiento de un orden nuevo, y la desfalleciente escurridiza y cauta.

La primera acepta el compromiso con el mundo y con la vida de una manera profunda, completa y responsable, la sonriente y pálida cuelga la flor de sus halos del olmo viejo, en su mitad podrido.

La juventud ha puesto en órbita una facultad dormida en las generaciones anteriores; la imaginación, y la inteligencia transformadora. Los jóvenes a los que asusta la revolución, serán víctimas sin pena ni gloria.

Un nuevo ciclo, una nueva tierra, una sorpresa original se anuncia, y ciego será quien no lo vea.

La juventud se ha encontrado a sí misma y ha recobrado la conciencia de su responsabilidad.

No es ella la culpable de que el mundo cruja, sino que ha asumido el empeño dramático de denunciar la catástrofe y de erigirse juez.

No hay más que dos opciones en el dilema: o el orden nuevo del marxismo o el orden nuevo llamado personalismo social. En los dos, la revolución es el único camino.

La juventud no tiene porque no estar conforme, en gran parte, con la crítica marxista del mundo vencido, y convoca a la juventud a la dura vocación y al sacrificio del orden nuevo desde la primacía de lo espiritual.

Una juventud sumisa a un orden caduco y caducado es una podredumbre artificial, un asteroide resto de un planeta desaparecido.

Estas dos maneras (la marxista y la nuestra) de entender el mundo se reparten el alma de la juventud.

Sobre las tormentas alienta una nueva concepción del mundo, el naufragio lo provocan quienes se cierran en el camarote o se contentan con lamentar el griterío que levanta la tripulación.

Al combatir por igual a unos y a otros con las medidas angustiosas inútiles que les sugiere su inspiración agonizante no detendrá la revolución e irritará a los protagonistas: “o vosotros o nosotros triunfaremos sobre las ruinas de lo que por minutos desaparece”.

Para bien vuestro y nuestro, será nuestra revolución nacional la que prevalezca.

Ningún régimen se sostiene si no se consigue reclutar a su alrededor a la generación joven en cuyo momento nace y para reclutar a una generación joven hay que dar con las palabras justas, hay que dar con la fórmula justa de la expresión del concepto.

Hay que ofrecer el pan de la palabra como una epitafia y no como un salario. Los intelectuales lo saben y no siempre hornean el pan de la palabra en afán de verdades, sino de ambiciones de gloria académica.

La dictadura no operó la transformación revolucionaria de España porque los intelectuales no entendieron al General y los jóvenes se desentendieron de la Empresa.

Los que le quisieron hombres sin gracia ni estilo de juventud no apetecían una revolución a fondo, y los que podían y debían haberla entendido se dedicaron a un esteticismo beligerante, frívola seducción de juventudes.

La juventud, aunque las masas no matice tiene claro el afán, como el poeta y su ambición es legítima. En otras palabras, la revolución a que aspira la juventud es necesaria y sólo ella está en las mejores condiciones para hacerla.

La frustración en el empeño, en la conquista no son achacables a la juventud por serlo, sino a los encantadores de inquietudes o a los viejos mercaderes de ilusiones.

Cuando se habla de los permanente, de lo vivo y de lo muerto, de lo permanente y de lo efímero convendrá que no se mezcle en el asunto el valor de la actitud resuelta y sobreviviente del auténtico empeño.

No en las soluciones concretas y en el apego a fórmulas variables sino en la actitud ante la vida y la muerte, ante la injusticia y ante el dolor, ante la mentira y ante el egoísmo, ante el individualista egoísta es como hay que valorar la política inexorable de la juventud de ayer y de siempre.

Una virtud fundamental en la juventud es la emoción por la justicia social y la repugnancia ante la hipocresía del capitalismo.

La poesía invocada es una gracia de juventud, no un alarde retórico de versificaciones, porque la juventud es por definición y por esencia la poesía que promete.

El mundo necesita un reajuste, que le salve de su ruina moral. Este afán de reajustar el mundo se encuentra en todas las juventudes conscientes de responsabilidad.

Este afán es universal y los jóvenes españoles se suman a esta preocupación. Lo que acontecía a las juventudes españolas era un fenómeno singular, debido a su situación espiritual, política y material de la trasguerra.

España participará en la edificación de las estructuras nacionales a nivel Europeo y mundial, este empeño es obra de juventud. Una juventud segura de sus pisadas, juventud con conciencia de generación, de responsabilidad, de estilo, príncipe de la tragedia, del mundo y no sólo sufridora de la injusticia social y de la desmembración de la Patria.

Las juventudes españolas y las Europeas viven en el desamparo de unas realidades que no responden a los ideales pregonados y perciben con claridad, fuego y rabia que desde lo alto de su vuelo imaginativo todo es pequeñez.

Se precisa el cometido: una España entera y armoniosa, se escogen los protagonistas: la juventud por sí misma; se marginan los falsificadores sin intermediarios, ni administradores.

Se precisa el cometido: una España entera y armoniosa, se escogen los protagonistas: la juventud por sí misma; se marginan los falsificadores sin intermediarios; se excluyen los cautelosos; los jóvenes que ni sienten a España ni la entienden.

En España los partidos de derechas y los de izquierdas coinciden en desencantar a sus juventudes, al desentenderse de la auténtica realidad interior que supone la juventud, como categoría histórica ya la tratar de someterla al juego de sus intereses y de sus rencores de insolencia de su miopía y de su odio a la Patria y religión.

Las derechas y las izquierdas, como partido descoyuntan la unidad de las juventudes, que vieron traicionadas la fe que en un principio habían depositado en los programas.

La juventud, como dimensión histórica y no como coyuntura, cronológica como categoría fundante y no como tránsito de sumisiones, como protagonista y no como comparsa, como esperanza viviente y no como espera paciente y desazonada, que es como se presenta en la hora actual, fue adivinado, anunciado y gritado por José Antonio con una anticipación de lustros y con una lograda elevación de estilo.

Los estallidos de la juventud, que han tenido su estruendo estremecedor en Francia, en Mayo de 1968, eligiendo al país más civilizado como potenciador de la onda expansiva del movimiento mundial, no son ni representan la expresión fiel del ímpetu de las juventudes, sino la rebeldía iconoclasta de quienes no se muestran en propicios a que se siga usando el nombre de Dios en vano, o se utilice el cuño de la Patria.

Para legalizar injusticias y discriminaciones, sean del género que sean.

Más escandaloso resulta el desorden injusto del mundo actual que la justicia desordenada de las juventudes. Por lo menos, si que cabe señalar y, copio fases ajenas, que la sociedad no tiene ningún derecho al “histerismo” ante la rebeldía estudiantil.

Si se analizan y describen los sucesos acaecidos en París, en la facultad de Nanterre, en las de Berlín, en las californianas, en las inglesas, en las de Milán, en las de Turín, en las de México, en la de Moscú, en la de Roma o en la de Madrid, prescindiendo al estudiarlo de la sociedad en que nacen y explotan, se corre el riesgo de disolver la categoría esencial, de honda significación, en un anecdotario de anarquías y desenfreno.

En un mundo como el nuestro, en una sociedad de bienestar material, perdido el sentido de la vida y oscurecida la luz de la norma, y del espíritu, ensombrecido por la hipocresía social, el alto promontorio de un ideal humano, negociada la cruz de Cristo en el mercado de las transacciones, el alma juvenil naturalmente cristiana.

Al no comprar a precio justo al levadura espiritual y política ofrecida por José Antonio, español y cristiano, las democracias parlamentarias y “representativas” de lo viejo han tenido que comer a precios prohibidos el pan negro marxista y cínico.

La juventud arrojada a la intemperie por las tribus acampadas bajo los sombrajos de los partidos se ha visto obligada a montar su propio sistema de soluciones ambiguas y por supuesto, utópicas.

Cierto, que los estudiantes se han vuelto hacia la pura ideología del XIX y combaten las seudoideologías de nuestro siglo, cuyas aspiraciones se miden por el éxito y que son arbitrariamente manejables, tanto por el marxismo soviético como por el fascismo o por el neoliberalismo.

Pero no es menos cierto que la trimembre disyunción no es perfecta y que a las juventudes se les ha ocultado la solución en la que sus aspiraciones se cumplan, comprometiéndose en ellas y con ellas sin menoscabo de la idealidad y sin que sea el marxismo soviético, el fascismo o el neoliberalismo los que manejen el éxito.

José Antonio ha sido secuestrado para los españoles cuando su pensamiento y su estilo podían haberse alzado como bandera y como símbolo de una política de juventud, constructora de un mundo nuevo con fe en sí misma y en su estilo.

La doctrina de la revolución, tal como la prefiguró José Antonio es la doctrina de la juventud consciente y responsable. Los que arguyen que la revolución está pendiente, habrán de reconocer que sólo la juventud podrá cumplirla y los que ante los brotes de rebeldía de las juventudes, bueno será que recapaciten en que es sólo un ensayo medroso y que si no se las ofrece campo para la revolución económica y social bajo la supremacía de lo espiritual y del imperativo de una educación integral, humana se convertirán en órgano del marxismo.

Quien tiene que reformarse no es la juventud, es la sociedad; y sabido es que en una sociedad injusta puede reconocer la injusticia que la corroe pero no es capaz de defenderse a sí misma con brío. Es muy posible que el aparato oficial de las democracias liberales consiga éxitos espectaculares y que la juventud ceda en sus posiciones ante la habilidad política de los poderes públicos.

Si el éxito es interpretado como respuesta favorable a una continuación sociopolítica y no se incorpora la verdad de los anhelos y de las aspiraciones de la juventud rebelde a las nuevas formas de la organización política y de las estructuras de poder, la tregua sólo servirá para una reorganización de las fuerzas y para una exasperación en las actitudes.

Las juventudes tienen una razón oculta en el corazón sobre la que nada pueden las razones parciales de una sociedad de consumo comarcal y de opulencias aparentes.

La desesperación es la cultura del hambre y la barbarie anárquica es la guardia civil de la justicia imperante.

La era interplanetaria exige un orden social a niveles desconocidos por los agrimensores capitalistas y por los allanadores marxistas de la orografía social.

Las juventudes saben lo que quieren (y no sólo lo que no quieren) pero no aciertan a saber como realizar sus ambiciones.

Si la sociedad y los sistemas vigentes abusan de ésta deficiencia operativa e instrumental de la juventud, no conseguirán secar la fuente de las aspiraciones, sino que favorecerán el desbordamiento.

El bien es, de suyo, difusivo y la justicia social reprimida es un artefacto de espoleta retardada que condensa su fuerza para que sin el pensamiento no posee romper como una debastación incontenible.

La única salida consiste en la ordenación nacional y humana inexorable de la nueva sociedad; aceptar el lenguaje original de la juventud, traduciéndolo a formas auténticas de socialidad, sin traicionarlo con sintaxis neocapitalistas.

Si la sociedad “urgente” no responde a las vigencias de la nueva edad, la nueva edad ensayará sus formas enfrentándose violentamente con la sociedad, sin que las apelaciones al orden o a la paz tengan eco ni audiencia en las juventudes.

Identificar el orden con el vigente, si el éste esconde un desorden interior y prolongue una injusticia social humana es una desgraciada invitación a la peor forma de anarquismo, desde unos presupuestos de represión humana.

Las soluciones tibias no ofrecen ni seguridad, ni esperanza para resolver problemas trágicos ni para afrontar de raíz las estructuras de la convivencia social y de la representación política. Reafirma la voluntad de la rebeldía.

Transformar la espontaneidad en reciedumbre consciente y sublimar la emoción juvenil en un servicio que la dignifique.

La juventud no es un fin en sí misma, ni una meta móvil. Es la edad en que los años adquieren significación y renuncia.

Lo que la juventud no consiente, ni espiritual ni biológicamente, es la frustración cotidiana de su conciencia personal. Aunque suene a paradoja es un dogma:

“La juventud necesita creer en algo y a alguien. El sin sentido de su revolución es consecuencia de la filosofía social y política en que se gesta su formación. ”

La juventud conjuga sin contemplaciones el verbo “anonadar”, introducido en el mercado de la vida por intermediarios de la cátedra y de la literatura existencialista.

La juventud se ha apropiado de la vieja máxima de que “la letra con sangre entra” y ésta es la hora en que resulta difícil distinguir si la rampa del lanzamiento de la juventud es la inhabitabilidad moral del mundo en que viven o la finitud radical de la vida humana pregonada como optimismo activista.

Sobre lo que no cabe el olvido es sobre la definición con que los jóvenes se presentan ante el futuro: como unos hombres que todavía no han empezado a dejar de serlo, aunque los cómplices de la resistencia sigan empeñados en decirles que son unos hombres que todavía no han empezado a serlo.

La experiencia de lo vivido no les vale como razón ni como criterio, no viven de residuos ya que no es lo que ha sido lo que desean restaurar, sino que es lo inexperimentado lo que desean instaurar. Tienen en más su exoneración de responsabilidad ante el pasado que su posible irresponsabilidad ante el futuro.

A lo que José Antonio tiende no es a alentarles en lo que digan o hagan, sino a reafirmarles en lo que son y en lo que representan de inevitable.

Por eso todo el empeño de José Antonio se cifra en la necesidad de que se acepte una ética del prevenir en la que instale la política.

Los jóvenes actuales quieren ser los antepasados de sí mismos. Pero ésta pretensión sólo es fecunda si se remonta en la genealogía a una raíz creadora y se extiende a una finalidad trascendente. EL

NACIONAL SINDICALISMO

Y

EL SOCIALISMO

Frente a la economía burguesa individualista se alzó la socialista que atribuía los beneficios de la producción al estado esclavizando al individuo.

Ni una ni otra han resuelto el problema del productor. Contra ella levantamos la Sindicalista, que ni absorbe en el Estado la personalidad individual, ni convierte al trabajador en una pieza deshumanizada del mecanismo de la producción burguesa.

(José Antonio)

Frente al Estado liberal, que vino deparar la esclavitud económica fue justo su nacimiento.

Los obreros tuvieron que defraudarse contra aquel sistema que sólo les daba promesas de derechos pero se cuidaba de proponerles una vida justa.

El socialismo surge para reivindicar al obrero, para mejorar la suerte del proletariado.

El socialismo surgió como una exigencia justa frente a la injusticia social, como una reacción en defensa de los oprimidos por la tiranía económica de los poderosos ofrecida por el liberalismo capitalista.

El socialismo consiste, esencialmente, en la propiedad de los medios fundamentales de la producción, consistencia por esencial, para desautorizada maniobra política.

La socialidad de los factores de producción y el control estatal, característica del socialismo como sistema.

El socialismo interpreta desde una perspectiva social un proceso económico radicalizado por la revolución industrial.

El socialismo ofrecerá, más tarde, como una de las virtudes el capitalismo de Estado.

El socialismo no es de una consideración rigurosa o de progreso económico -social ni para el materialismo, ni para la historia.

El hecho de que los marxistas, hayan especulado sobre la cuestión sin resolverla e incluso agrabándolas perdiendo toda la razón, para que el argumento pierda su valor, su fuerza y su verdad.

El capitalismo dueño de los instrumentos de producción y poseedor de los medios de financiación se convierte en arbitro de la situación y explota a los hombres que intervienen en el negocio.

Los explotadores de un negocio son los que la conciben y financian, son los que intervienen en la producción como trabajadores, tengan el mínimo interes de acceso a la dirección, gestión o participación de la Empresal.

La lucha de clases incubada en el capitalista desintegra el sistema. El marxismo ha captado el fenómeno y ha intervenido en la exarbolación de la lucha de clases, considerándola como el factor determinante de la descomposición.

El socialismo fué justo en su nacimiento y la justificación se la ofreció el capitalismo, al negarse en su reforma estructural y al no aceptar la primacía de unos principios morales y humanos, como fué la transformación.

Suplicó benevolencia en oídos católicos, ante la comparación, pero así como el desentimiento de la iglesia ante ciertos valores humanos y religiosos de algunos reformadores, les ha obligado al cabo de siglos a adoptar una actitud revisionista desconcertante y ambiguos.

El capitalismo al desoir las exigencias fundamentales de orden moral y humano de los trabajadores, se ha derrumbado también como sistema económico hundiéndose las posibles virtudes de organización que pudiera poseer. Las masa no matizan y el marxismo juega con esta mentalidad del pueblo en la lógica irracional de su proceso económico dialéctico.

En la interpretación de Engels, alcanza la categoría de sembrador germinal del marxismo, basándose en algunos principios que, en efecto, se encuentran en el escritor frances, aunque Engels se vea obligado a reconocer que la tendencia burguesa sigue afirmándose en el junto a la tendencia proletaria.

La reforma ardiente y contunaz de la economía liberal y de la organización capitalista, movido por su afán igualatoria.

Cree en la humanidad y confía en la justicia, y a la hermandad de los trabajadores las llaves de la paz, del progreso y de la felicidad.

El Capitalismo se encontró con las exigencias de tener que considerar el trabajo, como algo más profundo que una prestación asalariada y de tener que medir las horas de los trabajadores, con el metro de la producción y de la plus -valía del producto.

La imposición del Estado para que intervenga en la economía y en la reorganización de los estudios sin distinciones clasistas.

La propiedad privada, separa una de otra a las mentes humanas, sirve de causa constante para el resurgimiento de la esclavitud. Dentro de la sociedad es fuente inagotable de engaño y de fraude entre los hombres y provoca la prostitución en las mujeres. . .

Sin embargo, el alcance marxista de estos comentarios queda invalidado si se constrasta con otras en las que se propugna como solución justa de transformación evolutiva dentro del sistema vigente.

José Antonio escribiría cien años más tarde “El liberalismo, económico dijo que todos los hombres estaban en condiciones de trabajar, como quisieran, se había terminado con la esclavitud, ya a los obreros no se les manejaban a palos, pero como los obreros no tenían para comer sino lo que se les diera”.

Como los obreros estaban desatendidos, inermes frente al poder del capitalismo, era el capitalismo el que señalaba las condiciones y los obreros tenían que aceptarlas o resignarse a morir de hambre.

Así se vió como el liberalismo, mientras escribía maravillosas declaraciones de derechos en un papel que apenas leía nadie, entre otras cosas porque el pueblo ni siquiera se les enseñaba a leer.

Mientras el liberalismo escribía estas declaraciones nos hizo asistir al espectáculo más inhumano que se haya presentado nunca.

En las mejores ciudades de Europa, en las capitales de estados, con instituciones liberales más finas se hacinaban seres humanos, hermanos nuestros, en casas informes, negras, rojas horripilantes, aprisionados entre la miseria y la tuberculosis y la anemia de los niños hambrientos, recibiendo de cuando en cuando el sarcasmo de que se les dijera como eran libres y además soberanos.

El socialismo responde a una evolución de la conciencia histórica.

La conciencia política de Europa que despunta en Maquiavelo y adquiere plenitud en el siglo XIX.

En este siglo, el socialismo no es un empeño exclusivo de los ideológos habidos por socialistas sino que es obra de pensadores, de las más diversas tendencias y principios.

La historia del socialismo moderno es la historia del pensamiento europeo y la respuesta de pensadores cristianos, anárquicos, historicistas y tradicionalistas.

Los factores que determinan esta coincidencia son: económicos, políticos, sociales y religiosos, somedios a sus principios.

El socialismo, como aspiración, no es una doctrina. Es un impulso natural y humano, evangélico en unos y agnóstico en los demás, que esconde sus raices en la dialéctica entre personas humanas y socialidad histórica.

Cada pensador actúa desde unos presupuestos y cifra su empeño en unas soluciones, sin que aparezca lo que pudieramos llamar la metafísica del socialismo.

El cristianismo que podría haber sido la fuente y la luz del movimiento socialista, con sólo haber motorizado las ideas del Evangelio en la conciencia social, se vio sorprendido por un filósofo revolucionario de origen judio nacido el 5 de Mayo de 1818 en una ciudad alemana de la orilla derecha del río Mosela.

El socialismo abierto a unas posibilidades cristianas consonantes con la tradición Europea, adoptaba una interpretación anticristiana sometiendo a la teoría determinista los elementos valiosos de la doctrina y de la praxis evangélica.

José Antonio se ha enfrentado con el socialismo comunista en lo que tiene de concepción anticristiana interpretación materialista de la vida y de la historia sentido de represalia, proclamación del dogma de la lucha de clases.

La historia como un juego de resortes económicos, supresión de lo espiritual, desprecio de la religión, negación de la Patria, odio, separación de todo vínculo de hermandad entre los hombres.

La pretensión puede ser honesta en mentes desconocedoras de la dialéctica marxista, pero el revisionismo marxista una superación de sus dogmas canónicos.

El marxismo no delinque ante los epifenómenos de la realidad evolutiva lo que sí puede afirmarse es que las exigencias del socialismo, el ideal socialista, no sólo no ha encontrado en el marxismo su satisfación sino que de suyo el marxismo ha convertido al hombre liberado por el socialismo de la opresión liberal -capitalista.

El socialismo marxista representa la cancelación del socialismo humanista, redentor y personalista que queda subsumido en unas categorías extrañas a las aspiraciones del ideal que lo habían promovido.

Como en estas y análogas cuestiones, la exposición crítica no discurre siempre en corrección lógica con el pensamiento original de sus autores, nos atenemos a los textos marxistas de reconocida ortodoxia y de más alto porte a nivel de actualidad.

El socialismo comunista al que desde este momento llamaremos con justeza marxismo apoya su doctrina en unas categorías que son las que enriquecen el método dialéctico.

El marxismo arranca, como cualquier filosofía, de la percepción sensible de la obra de la observación de la realidad, pero que para el marxismo se realiza sobre la base de la actividad práctica.

Son las que nos permitirán actuar con éxito sobre las fuerzas de la naturaleza. El pensamiento teórico abstrae lo importante, lo esencial y lo necesario, desechando lo contingente.

En la formación de las categorías, fruto del pensamiento teórico, se pone de manifiesto uno de los más importantes pilares de la teoría marxista del conocimiento: la relación orgánica, la unidad entre la actividad cognoscitiva y la actividad práctica del hombre.

Más aún el pensamiento teórico opera como base de la actividad productiva del hombre, en un esfuerzo de asimilación práctica del mundo.

Las categorías no son un mero concepto simple, de muy dudosa interpretación sino conceptos fundamentales de los aspectos más generales y esenciales de la realidad y de los nexos y relaciones de los objetivos. Resulta así que las categorías no sólo sirven a la actividad práctica del hombre, sino que son también condensaciones de la actividad práctica de la humanidad.

Sin las categorías filosóficas, no hay conocimiento científico, ni pensamiento auténtico, ni progreso verdadero.

Queda claro, en la concepción marxista, que el contenido de las categorías expresa el contenido objetivo extraido del mundo real sobre el que revierten.

El mundo que se ofrece a los sentidos, es un mundo cambiante y sólo unas categorías que ofrezcan esa misma condición serán las aptas para reconocerlo, contemplarlo y transformarlo.

Un materialismo metafísico es tan superficial como el idealismo. En ambos sistemas las categorías son concebidas como entidades inmóviles permanentes, incapaces de reflejar la realidad en su esencia dinámica.

El marxismo, derrite las categorías sólidas y al considerarlas como fluidas y cambiantes, dialectiza su carácter, las flexibiliza para que puedan abarcar la realidad en su esencia cambiante, generalizarla y transformarla sin violencia conceptual y sin aprisiorismos.

Los cambios y el desarrollo reales y efectivos e inexorables de la realidad, son los que determinan la fluidez de los conceptos y de las categorías, ya que si nno fuera así el pensamiento y sus leyes no estarían vinculados al ser en su unidad total.

Las categorías de la dialéctica del pensamiento no son otra cosa que la expresión no ética de las categorías de la dialéctica de la realidad y de la verdad objetiva, de aquí su necesidad absoluta para todo pensamiento científico.

Las peculiaridades de las categorías y su dialéctica se explican por su expresión en función de la realidad que reflejan y sobre la que operan.

Los pensamientos marxistas propugnan que todos los grandes descubrimientos científicos han sido posibles gracias al empleo del método dialéctico y que el marxismo ha proclamado el materialismo, basándose en los descubrimientos de las ciencias de la naturaleza.

El marxismo entiende que la materia, la categoría de la materia, contiene todos los rasgos generales propios de cualquiera otra categoría como son los nexos y los vínculos del mundo objetivo y los del pensamiento humano que reflejan y desarrollan.

La categoría de materia expresa el aspecto esencial de la realidad, constituye la fuente del conocimiento y es el punto de partida para la solución de los problemas.

Añádase que con ella se designa la realidad objetiva y si se alza de manera específica como una entidad independiente de la conciencia humana y de toda la humanidad y se refleja en las sensaciones e ideas del hombre.

Con la categoría de materia el marxismo resuelve con rigor científico toda la problemática de la realidad y fecunda su teoría del desarrollo social.

El marxismo interpreta el proceso gnoseológico de la humanidad como un esfuerzo por elevarse desde la materia al pensamiento abstracto y desde este a la práctica, pero desconoce la autonomía de categorías sin base y sustento en la categoría de materia, ya que la materia no sólo pertenece al ser físico, sino también a la realidad entera como naturaleza y sociedad y a nuestro conocimiento.

No exageraba José Antonio al asignar el marxismo una interpretación materialista de la vida y de la historia. Comienza su obra con estas palabras: “El materialismo dialéctico resuelve el problema fundamental de la filosofía, afirmando el carácter secundario de la conciencia en relación con la materia tanto en el sentido ontológico.

Al definir el concepto de conciencia hemos de indicar, ante todo, que la conciencia es la propiedad de la materia, altamente organizada de reflejar la realidad objetiva.

Esa materia altamente organizada es el cerebro humano. Por lo demás, el problema había sido abordado en tonos polémicos por Lenin.

El determinismo de la conciencia desde la materia es un axioma marxista, y no hay forma humana de ascender a una interpretación de la vida, a no ser que se fabrique la noción de espíritu aceptando el vocablo a efectos puramente coloquiales.

El espíritu si se pronuncia en labios marxistas es para potenciar los grados de evolución de la materia en su proceso dialéctico.

La interpretación materialista de la historia no es en el marxismo una concepción subsidiaria, sino un dogma.

A la idea de libertad, que constituye la razón y el fundamento de lo histórico, hasta el punto de que toda la ideología, teología de la historia se resuelve en el estudio de la salvaguardis de la libertad ante la providencia o frente a los hechos, el marxismo define la libertad del hombre, como el reconocimiento de la necesidad objetiva del desarrollo social y de su utilización interesada.

La concepción materialista de la historia, es inseparable de la concepción materialista de la historia, jugaría así el capitalismo para la proclamación del materialismo histórico, el papel que el avance de las ciencias naturales.

Marx y Engels realizaron el salto gigantesco en la historia del pensamiento social con el descubrimiento de la explicación materialista de la historia.

Este sólo decubrimiento era bastante para inmortalizar el nombre de los fundadores del marxismo.

Los principios en que se basa el descubrimiento son reducidos a sintesis, los siguientes:

El desarrollo de la humanidad, obedece a las condiciones de la producción material; la sociedad no es otra cosa que el conjunto de todas las relaciones sociales, políticas y espirituales entre los hombres, establecidas sobre la base de un tipo dado de producción; no existe una sociedad abstracta, sino sociedades determinadas, en determinados niveles de desarrollo de la producción, con formación económica social;

Históricamente el desarrollo de las sociedades atraviesa por etapas primitivas, esclavistas, feudales, capitalistas y socialistas; la sociedad se integra por hombres vinculados por la producción material y sus procesos;

Las personas no se comprenden desde sí mismas, sino desde la sociedad, ya que cada hombre constituye el conjunto de las relaciones dominantes en una sociedad dada: la sociedad está ligada a la naturaleza de la que es una parte, sujeta y dependiente en unidad con ella.

La producción material es la que vincula a la sociedad con la naturaleza; el movimiento obrero es el alma material capaz de reorganizar la sociedad, basándose en las leyes descubiertas y conocidas del desarrollo social.

El hombre en la concepción marxistas es un producto de la naturaleza y una parte de ella, y el tránsito biológico a lo humano lo determina ese factor social llamado trabajo.

Dicho factor lo descubrió Marx. No el espíritu, no la conciencia; el trabajo ha creado al hombre y su conciencia, y es el único que posee un carácter social.

El dogma belicista de la lucha de clases, y la ruptura de los vínculos de hermandad y solidaridad entre los hombres, no son consignas de marxistas exaltados, sino expresión sosegada, implacable elaborada en la frialdad de los gabinetes.

No son sólo las ideas las cargadas de rencor, son también las expresiones, las iracundas, los teóricos y los historiadores marxistas condenan con agresividad y violencia cualquier pretensión en la que se adverta un carácter pacífico, por muy urgente y acelarada que se presente.

Se considera a los evolucionistas como “Transformadores pacíficos de la porquería capitalista” la frase es de Engels. “contrabandistas del capitalismo con bandera pirata de socialismo”.

Frantsov empolémicas con Werner, escribe que cuquier revisionismo el portunista o el evlucionista, contracide al maxismo que por esencia, es activismo revulucionario y para que no quede duda, añade: “El pensamiento social que habia roto con la acción social revolucionaria perdía toda posibilidad de progresar Podis desarrollarse tan sólo si señalaba el camino de la lucha de la clase obrera. No habia otro modo de avanzar todos los demás caminos los conducuan hacia atras, hacia el renacimiento de las vijas teorias del proceso social ya agotados.

En la obras de Lenin la revolución marxista no aparece como un esquema, sino como un fenómeno vivo.

Sus frases son soflamas. Entre las elegidas con frecuencia marxistas por Frantsov selecionamos un texto significativo: La revolución solicialista en Europa que un estallido de la lucha de masas de los deprimidos y descontentos de todo género.

Sectores de la pequeña burguesía y de obreros atrasados participarán inevitablemente en esta lucha, sin esa participación no es posible una lucha de masas, no es poosible ninguna revolución, y de modo igual aportarán al movimiento sus perjuicios, su fantasia, sus debilidades y errores.

Pero objetivamente, atacarán el capital y la vanguardia de la revolución. El proletariado avanzado, que expresará esa verdad objetiva de la luchas multiforme y exteriormente dispersa de la masas, y orientarlas para el poder, apoderarse de los bancos, expropiar a los trust, odiados por todo y llevar a la prectica otras medidas dictatoriales. Arrojando como suma el derrocaminto de la burgesia y la victoria del socialismo, que no se purificara inmediatamente, ni mucho menos, de la escoria pequeño -burguesa.

José Antonio, conocía en versión española, los textos de Lenin, resumidos en discursos y escritos de Largo Caballero, tanto más virulento cuanto que carecia del aparato doctrinario con que aparecen en Marx en Engels o en Lenin.

El socialismo marxista español, habían hecho suya la consigna leninista. La distadura del proletariado, es una lucha crueta bélica y pacifica económica y pedagógica, administrativa y educativa contra las fuerzas y las tradiciones del viejo mundo, con la particularidad de que la consquita con la dictadura del proletariado, señala sólo el comienzo del periodo de transición, en la ortodoxia marxista.

Los filósofos del marxismo, que distiguen tres formas fundamentales de lucha de clases, la económica, la politica y la idiología, consideran que la lucha armada, es imprecidible, si con ella alcanza el proletariado, el poder politico y puede ser midio único y decisivo.

José Antonio, atribuye al marxirmo la negación de la Patria. No hay. En segundo lugar, la Patria para el marxismo en el partido, es decir el regimen que expresa los intereses de los trabajadores, nacionales que elude el vocablo Patria el difinir el patriotismo, dice “ unicamente” como el resultado de la revolución socialista el amor por la patria se funde con la felicidad al nuevo régimen social, al nuevo estado creando por los trabajadores bajo la dirección de las clases obreras y el partido comunista.

Los trabajadores adquieren por primera vez si verdadera Patria, por los de más. La internacional comunista, supone la liveracíón de la Patria y del patriotismo concebido siempre como fase de transición, que es preciso superar.

No niega el comunismo, las peculiaridades de cada pais, pero señala que era carasteristicas son sublimadase un internacionalismo liberador de la servidunbre que supone la tradición en que se apoyan las ideas de la patria. Para el marximo la Patria sera la expresión socialista en un país de la experiencia acomulada por el socialismo mundial, hasta el punto de vista de que la seguridad de las Patrias, está garantizadas por el poder económico militar de loa Unión Soviética como país adelantado y promotor del comunismo mundial.

Los escritores marxistas, aducen como de la defensa de la economía, la soberanía de cada patria por la Unión Soviética, en caso de peligro el empleo seguido po Ungría en 1956.

El comunismo en su curso edificante de una sociedad mundial culminará en la formación de una cultura única para todas toda la humanidad.

Las Parejas, ese día aparecerán como sueños lúgrubes de un infantilismo despreciciable.

Otra de las carasteristicas de José Antonio, percibe en el marximo el cesprecio a la abolición de la religión y de Dios.

Tan cierta es la advertencia de José Antonio, sobre éste punto que lareligión aparece en la teoría marxista supertición de una anticientífica alimentada por el capitalismo.

Dios es un intruso de la dialéctica. Como quiera que la religión, establece una relación de dependenca entre el hombre y Dios, es claro que para el marxismo, que la religión aneja al hombre de sí mismo y de la naturaleza, sometiendola a la nada.

El evangenlio marxista no es ateo en sus raices, es una fisiología imanmentista, en la que eso en lo que eso que si biene llamando Dios, no puede aparecer ni como fundamento ni como producto elaborado.

La intromisión de Dios, en el mundo fué obra del terror. del miedo, del egoismo de la tirania amparada por la superstición en la evolución de la conciencia y la sociedad o con la conciencia de los hombres, obedece a un deliberado propósito de fortalecer, en su nombre situacioes de injusticia o adulterar el proceso de la cincia ahuyentadora de fantasmas, teológicos y liberadora de la esclavitud del hombre. La foorma más rápida y rédida de la anti -tesis, entre el judío y el cristianismo, antítesis religiosa.

Tan pronto como el judío y el cristianismo, reconozcan que sus religíones, más que ”diferentes” fases de desarrollo del espíritu humano que ha cambiado en la historia y al hombre.

Carlos Marx, entra en la tecnología, en el proceso directo de la produción, de la vida del hombre, las condiciones de las ideas y de la representaciones espirituales que de ellas se derivan.

El diccionario filosófico ha resumido con frases de Engel y de Lenin la ideas de que Dios y de la religión sostienen el marxisismo y leninismo.

Dios es la imangen fantasma de un ser sobrenatural, todo poderoso, al que se atrubuye la creación y la dirección del mundo.

La religión para el marxismo -leninismo es un fenómeno solcialmente acondicionado historicamente transitorio. por los demás Lenis en sus articulos sobre socialismo y religión, esclarece la esencia de la religión y la posición del partido comunista para abolirla, como la educación cientifica.

El materialismo dialéctico y nibel histórico, implica la imposibilidad radical del vocablo Dios.

Dios es un intruso de las dialécticas como quiera que la religión establece una relación y indempendencia entre el hombre y Dios.

Esclaro que el marximo y que la religón enajena al hombre de sí mismo y de la naturaleza.

Por lo demás, Lenin, en su artículo sobre socialismo y religión esclarece la esencia de la religión y la posición del partido cumunista, para abolirla con el valimiento de la educación científica.

El sistema de Marx, es una tesis comparada, aunque sea cierto que en la misma sencia marxista reside al síntesis de su pensamiento y de la historia.

La aparición de Dios, en el proceso dialectico, cualquier prertensión teista o religiosa en el marxismo es inconcevíbles.

El embrujo de Blanqui es el eslabón que conforma el pensamiento propio antireligioso de Marx. Dios palabra miserable y fatal de todas las desdichas y do todos los crimenes y en otro lugrar guerra a lo sobrenatural es el enimigo.

La religión se nutre de la ignorancia del pueblo, sobre ese algo no hallado, que los hombres encuentran en ese mundo, si són fieles a la dictadura del Marximo, ofrece un testimonio insaciable de su religión militante, agravada con Dios, por todos. Cuando filósofos marxistas aceptan el diálogo, con pensadores cristianos no es sobre la base de una posible revisión, sino con el empeño de comprobar hasta que punto el marxismo, con llevarse cristianos en la lucha enprendida por la total edifición marxista del mundo. El hecho de que el marxismo, funden la posibilidad en cuestiones de hecho, dejen intacta irreligiosidad militante marxista.

Jose Antonio, pertenece a la raza de pensadores y políticos que adoptan ante el marxismo, una resuelta actitud polémica de inrreconciliación intelectual, y política en el tema de Dios, y de la religión. No sólo en la conciencia íntima de su fé personal, la verdad y justicia de sus apreciaciones.

El marxismo, precinden de todas estimación del hombre, como valor espiritual por que el marxismo es el juego de palabras, puede ser tipificado de humanismo, precinden al estimar el valor del hombre, de la categoría del espíritu, por que no el estudio con profundidad del ser humano, que obtiene como resultado la negociación del espiritu, sino que la negaciación viene estudiada por el dialecto marxista, que ponen en jego el marxismo.

El hombre como espiritu encarnado, como individuo racional, como animal de realidades, con la libertad personal y capacidad volutiva de decisión individual.

En el marxismo, porque al llegar el hombre ya ha formulado unos juicios que hacen imposible la presencia en el espíritus.

El método de estudio del marxismo, le incapacita para percibir la espiritualidad del hombre y el descubrimiento de las personas en libertad. El hombre nace libre, y por doquier se encuentra en cuentra encadenado la mano a la idea naturaleza de la que hablamos en otro capítulo, lo cierto es que el marxismo empieza sus idearios con la tesis contradictoria a la del ramático ginebrano: El hombre nace encadenado, y es libre por doquier con sus grilletes.

El humanismo marxista sostiene que el espíritus inmaterial, ”sólo tiene espiritus en la imaginación“. En la concepción marxista el espíritu como realidad independiente de la materia en su ser y en su capacidad de obrar suplanta al hombre individual y real.

La conjución de los dos adjetivos, nos avisa de que lo individual lo es si es real, y lo real si individualiza en el hombre, en el grado que se realiza lo real material en forma de conciencia.

La materia, se marerializa como espíritu en virtud y por obra del desarrollo histórico del que es su productor, y al que debe su naturaleza, de la misma manera que acontece con la conciencia.

Cuando el marxismo, se enfrenta con el materialismo, no lo hace en nombre del espiritualismo, sino en su intento de superar la doctrina supone tanto al materialismo como el espiritualismo. EL espiritu del hombre, recibe su naturaleza, su fundamento y su desarrollo de la contextura social, deacuerdo con el dogma marxista de que todos los conocimientos y toda concienciencia, se deriva de la relación práctica de la vida real. Cuando el hombre actúa en si mismo o para si mismo con el pensamiento o con la conciencia, obra como ser aberrante ya que apostata de la realidad social y subjetiva al espítitu, que se convierte en fetiche.

EL

NACIONAL SINDICALISMO

Y

EL TRABAJO

¿Que es to de Armonizar el Trabajo y el Capital?

El trabajo es una función humana, como es atributo humano, la propiedad. Pero la propiedad no es el capital: EL capital es un instrumento económico y con esntrumento debe ponerse al servicio de la totalidad económica, no del bienestar personal.

DE NADIE

( JOSÉ ANTONIO )

EL NACIONALSINDICALISMO FRENTE AL TRABAJO EL HOMBRE Y LA PATRIA

El trabajo humano, es considerado, como un pricipio normativo regulador del sistema socieconómico.

Es un derecho universal de hombre, pero también es un deber individual y social y constituye una función del orden primordial, a la que ha de subordinarse otras consideraciones políticas, económicas y sociales.

El trabajo es una función humana, no solo porque es el hombre el que lo realiza, si no por que en él y como él se realiza el hombre.

Si el trabajo es una función humana no puede ser valorado únicamente ni preferente siquiera por el producto conseguido por él sino por la presencia del hombre al realizarlo.

En todo trabajo hay un hombre que trabaja, es un hombre el que lo realiza y la consideracón antropológica y finalista del trabajo es la primordial y la determinante de la estación.

El trabajador, si no ha de ser esclavo necesita tener conciencia viva del sentido de su labor.

No parece inhumano retener a un hombre durante treinta años de la posición en un ricón del taller, sin que se le proporcione una visión de las cosas que una noble sgnificación a su faena.

La ética del trabajo, no puede subsumirse en sociología, so pena de colectivizar al hombre irremisiblemente o de tratarlo como un esclavo.

La dignidad del trabajo es un correlato de la dignidad de la persona humana. Lo que es exigencia de la sociedad del hombre es el deber inexclusable de realizarlo.

La máquina si el hombre que la maneja es su apéndice, no solo revaloriza la dignidad del trabajador, sino que la rebaja.

Las concesiones que se otorgan al trabajador, en el sistema capitalista desde la reducción de horas laborales hasta las atenciones culturales no obedecen a una consideración de la función humana del trabajo, sino a las previsiones de un mayor rendimiento.

El trabajo de la maquina merece una consideración por supuesto productiva más elevada que el trabajador.

El trabajo como función humano, no queda reducido a una propiedad dinámica o activa del hombre, sino que alude a una dimensión esencial del ser humano.

El trabajo convierte al hombre en hombre, si supiera hablar así. El hombre es libre de trabajar o no, pero solo con el trabajo y por él, transforma su mundo y su vida en mundo y vida humana, porque con el trabajo, y por él, el hombre crea las condiciones para actualizar sus posibilidades.

La dignidad del trabajo no se especifica por su objeto formal o por el producto elaborado, sino por la dignidad del que lo ejecuta.

Lo que sucede es que el trabajo es algo que realiza el hombre por el mero hecho de ser hombre y para seguir siéndolo.

Debemos de tener en cuenta, la visión del trabajo en tres grupos: trabajo manual, intelectual y espíritual.

-->[Author:MCG]La unidad de los tres órdenes las recaba del servicio que todo hombre se ve obligado a prestar a la sociedad de la que es un miembro natural. Si ahondamos en el tema, observamos que todo trabajo, por ser función humana requiere la intervención del espíritu.

Degradar el trabajo manual porque se realice con las manos esuna aberración. Ni los ojos ven, ni los oídos oyen, ni las manos actuan, sino que él actúa, oye y ve es el hombre, con el valimiento de los ojos manos, y oídos.

El sembrador lleva el alma en sus manos al volotear la semilla y al peón artesano se le agolpa la luz del alma en el esfuerzo y se le rinde la fatiga, y no es infrecuente que al filósofo o al poeta se le canse el cuerpo en la batalla laboral que tiene que pelear con la inspiración.

El trabajador manual piensa con las manos a vesces con más profundidad que como piensa el intelectual puro con su mente; y en la obra realizada con el hierro o con la argamasa se transparenta el alma con más hondan claridad que en un soneto.

El defecto inveterado de identificar el pensamiento con la abstracción mental, o el amor con los suspiros, han disvirtuado la descarga espíritual del hombre que vive de sus manos.

La depreciación del hombre que parece sólo un cuerpo, porque en apariecia solo, es su cuerpo el que trabaja, supone un desconocimiento de la naturaleza del hombre y una falsificación del existir humano personal.

La biología del trabajo es la biologia del hombre, el trabajo mantiene al hombre no solo en forma, sino en existencia. Todos empleamos los músculos todos los días; si no lo hiciéramos, acabaríamos paralíticos.

La ergonomía es la ciencia del existir humano, y no solo la de la relación tensada del hombre con su ambiente. Así se explica como el trabajo no constituye un aspecto particular de la existencia humana, sino que representa una manifestación de la existencia del hombre y el elemento fundamental de covivenca social.

En el mundo moderno, el trabajo ha pasado a ser una categoría sociológica, aliado de la ciencia y de la técnica.

La Clase de trabajo que se realiza, no delata la "categoría" de hombre que se es, sino que responde a las exigencias, a las aptitudes, a la competencia, a la habilidad, al esfuerzo o a las ideas propias del hombre.

El trabajo, nos ha hecho libres de todo (o de casi todo) menos del trabajo, al que estamos sometidos por ley natural, con un sometimiento que no es esclavitud sino liberación de la naturaleza.

El hombre es su trabajo, del que depende no sólo como condición para vivir, sino como origen de su ser.

El trabajo hominiza a la naturaleza material en el seno de lo social. Los instrumentos del trabajo, los que fueren, o los medios de producción son la prolongación del cuerpo del hombre. Al perfeccionarlos se perfecciona, al perderlos se pierden, al carecer de ellos se venden o enajena.

La historia humana no ha sido otra que la historia de propiedad como prolongación del cuerpo de cada hombre en sus utensilios, herramientas o medios de producción.

Es una metáfora bíblica que se lee en el “Capital” y que sirve para la explicación de pensamiento de "Carlos Marx" aunque no tenga otra valor en él que el metáforico.

Las historia marxista de las humanidad es la historia de la concupiscencia de los propietarios esclavistas frente a los desposeidos esclavizados. Es decir, la lucha de clases entre opresores y oprimidos. La desposesión de los obreros, de sus medios de producción, los desarraiga de la naturaleza, de la sociedad y de sí mismos.

Le enajena de su peculiaridad, les coloca a merced de los propietarios privándolos de algo que es su “su alma social“ y no sólo de su arma de trabajo quedando encadenado al desarrollo económico del que resultan las víctimas, a pesar de ser los protaganistas activos.

Se les alimentan para que no mueran, y la remuneración por su trabajo no tiene otro significado ni más valor que el del aceite que tienen las maquínas.

El trabajo motor de la historia, tiene como caballos de fuerza a los hombres del trabajo, que se ven sometidos cada día a un rendaje más humillante y exigente, fortalecido por la plusvalía del trabajo hecho por ellos mismos.

Para nuestro propósito podemos ya resumir, señalando que el trabajo para Marx, no solo es una función humana, sino que el hombre es el resultado social del trabajo, y que la propiedad de los medios de producción no los recaba para el trabajador, como persona, sino para la clase obrera, representada por el partido, que es el único que goza de personalidad.

Es como una vuelta a la naturaleza originaria, en la que el hombre queda subsumido, con alma, cuerpo y libertad, en la sociedad que le absorbe.

Todas las expresiones o frases del marxismo, respecto al trabajo, hay entenderla desde su perspectiva materialista, en la que el hombre es un subproducto de la naturaleza material, y la sociedad el momento en que el trabajo ingresa en la historia como factor y creador determinante.

Aunque la expresión se preste a equívoco, bien se puede decir que el marximo idolatra al trabajo, sobre todas las cosas incluyendo entre ellas al hombre.

El humanismo marxista, del trabajo es un humanismo deshumanizado.

El capitalismo como fenómeno derivado del liberalismo económico, deshumaniza el trabajo del hombre.

Acumulados los títulos de la propiedad privada, centralizados los medios de producción, mecanizados los instrumentos de trabajo, el hombre ya no proyecta su personalidad sobre las cosas, sino que pasa a ser un elemento de producción que, gradualmente a medida que se concentra y se agiganta la sociedad titular de los derechos de propiedad de los medios de producción, pierde categoría, nombre y estimación.

De una parte, el trabajo es el común denominador de hombres y máquinas, de otra, los empresarios subordinan el título de sus derechos a la sociedad anónima como organización jurídica de finalidad productiva.

El capital, elemento básico en la produción racionalizada, al alzarse como medio de sí mismo, es decir, como condición y como fín para su propio desenvolvimento progresivo, se convierte en instrumento de poder, proletarizando a las masas, que no tienen otra manera de sobrevivir que la de someterse a las condiciones que el capitalismo le ofrezca.

El capitalismo no valora el trabajo como función humana, sino que sobrevalora la producción del trabajo como incremento del capital, seducido por el señuelo de que el aumento de producción satisfacerá un mayor número de necesidades.

Establecido el libro de juego de la oferta y la demanda, el capitalismo encuentra la vía expedita para la concentración industrial de la maquinaria, con la consiguiente unilateralidad de las ofertas, tasadas por la empresa productora.

La aglomeración del capital hace imsoportable, en un principio, la competencia; y en un segundo momento, arruina a las otras empresas o las absorbe.

Los trabajadores, al quedar a merded de su infortunio, sin otros instrumentos que sus manos, se entregan como mercancía, como útiles de trabajo a la gran industria, que les alquila y les emplean como apéndices de las máquinas, sin que el trabajo que realizan alcance la categoría de trabajo humano, sino el rango de utensilio mecánicos ajenos, en compensación o en intencionalidad, a los fines de la empresa y a sus resultados.

Con su trabajo maquinan su propia anulación, ya que el ideal de una empresa capitalista se centra en la sustitución progresiva del hombre por la máquina.

El capitalismo, como sistema, se desentiende del hombre, en cuanto hombre, y sufre el agobio de las complicaciones fisiológicas y psicológicas del hombre trabajador, que la máquina no le presenta.

El capitalismo asiste impasible (como ente anónimo que es) a la inevitable autoanulación del trabajador en virtud del trabajo que realiza.

El dulce nombre de desempleo, o desocupación, con que es conocido este fenómeno, no aminora la tragedia humana provocada por el capitalismo financiero. Para el capitalismo de la era industrial y tecnológica la máquina es el superhombre.

En el capitalismo, el trabajo no es aceptado como un dimensión esencial del hombre, que ennoblece, dignifica y perfecciona al que lo ejerce, sino que sólo se atiende en él el producto objectivado, con desprecio hacia la actividad espiritual con que se realiza.

Esta desantención es la que permite al capitalismo radicalizar la distinción entre el hombre que trabaja, del que se considera desligado y extraño, y entre el producto y labor realizada por él, que es lo único que le importa al capitalismo, y lo que exclusivamente valora.

El capitalismo, sean cuales fueren los propósitos iniciales, o la proclamación retórica de los capitalistas, o la esperanzas de un bienestar colectivo, lo cierto es ha producido una conmoción inhumana y ha creado una situación de miseria en los sectores más amplios y numerosos de las comunidades nacionales, incluso en las opulentas.

El capitalismo ha refrendado el vaticinio de Marx y ha motorizado a los obreros hacia el marximo como solución desesperada, en unos; como represalia, en otros, y como alucinación esperanzada, en muchos. En la economía cristiana del trabajo, el hombre aparece como derecho universal y como deber individual y social.

El trabajo no es una recta concepción cristiana, una imposición por el pecado sino una obligación y un deber humano.

Se aprecia desde el primer día humano de la creación que el trabajo constituye en el hombre una ley de vida.

El hombre es constitutivamente trabajador, ya que es el trabajo el que le permite vivir, pervivir y atender a las exigencias de los hijos que no pueden valerse por si mismos ni sobrevivir con los frutos espontáneos de la tierra.

Lo cierto es que, aceptado el trabajo como condición humana, las leyes que lo rigen han de quedar subordinadas a la dignidad personal del que lo ejerce y a la intervención divina del creador. Que es lo que cabalmente lo que el marxismo ni el capitalismo tienen en consideración.

El trabajo del hombre no es una libre determinación renunciable, o una pura exigencia en función individual de las necesidades peculiares, sino que representa una colaboración natural en el desarrollo del mundo en el que el hombre está inserto y del que foma parte como protagonista.

El hombre ha de ordenar, fructificar, desentrañar, recrear y tecnificar las virtudes ocultas de la naturaleza, elaborando sus productos y edificando la ciudad humana al ritmo de sus hallazgos.

El hombre no es una realidad definitiva, silenciosa ante la naturaleza creada, sino un ser histórico, en diágolo de voz y de trabajo con la tierra madre.

La naturaliza es maternal, no sólo porque nos engendra, sino porque nos ofrece como madre a nuestro poder fecundante.

El hombre, ser espíritual, es capaz, y está ob