Nacimiento y consolidación de la URSS

Historia contemporánea. URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Partidos. Cámaras. Estalinismo. Lenin. Trosky

  • Enviado por: Antonia
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TEMA 36. NACIMIENTO Y CONSOLIDACIÓN DE LA URSS

La revolución, la guerra civil y el “comunismo de guerra” de los bolcheviques habían literalmente devastado el país. El descontento popular era manifiesto. A lo largo de 1920 estallaron disturbios y protestas en zonas rurales y en enclaves industriales de las grandes ciudades. Entre el 23 de febrero y el 17 de marzo de 1921 se produjo el más grave de todos ellos, verdadero punto de inflexión, además, en la historia del régimen comunista: la sublevación de los marineros del Kronstadt, la unidad emblemática de la revolución de octubre, que fue aplastada por el Ejército Rojo tras violentísimos combates y una posterior y durísima represión. El Ejército Rojo había añadido así a su papel militar, una función claramente represiva. (En la primavera de 1921 el gobierno tuvo que reconocer que el hambre, la desnutrición y enfermedades derivadas habían creado una situación de emergencia que podía afectar a unos 25 millones de personas. En agosto firmó acuerdos de ayuda con EEUU y la Cruz Roja Internacional).

Como consecuencia de todo ello, el régimen, a instancias de Lenin, procedió a una rectificación radical de su política económica. Así se aprobó en 1921 la NEP (Nueva Política Económica) que supuso básicamente la reintroducción de mecanismos de mercado en la economía y la eliminación parcial del control del Estado sobre la producción y la distribución de mercancías. (Lenin y Stalin aceptaron la conveniencia de imprimir un ritmo más lento a la instalación del comunismo en Rusia y de una etapa transitoria de respeto por la propiedad privada y el libre intercambio de productos. La NEP sustituye a la severidad de la economía de guerra, en la que se había extinguido el derecho privado de propiedad ante las urgencias colectivas).

La NEP supone el abandono del ideario colectivista en economía y el retorno transitorio a formas de capitalismo controlado, con el fin de estimular la producción. En concreto, se permitió el funcionamiento del sector privado en la agricultura, en el comercio y en la industria. Las requisas de alimentos fueron abolidas. Se autorizó la libertad de comercio dentro del país. Volvieron a autorizarse los establecimientos comerciales privados. Muchas pequeñas industrias fueron devueltas a los empresarios. Se estimuló la inversión extranjera y el sistema bancario y financiero fue reformado. Paralelamente, se produjo una apertura diplomática.

Los resultados fueron rápidos y notables: en 1926 la producción industrial alcanzó ya los niveles que había tenido en 1913. En el frente diplomático, los frutos también fueron positivos (en 1924, Gran Bretaña reconoció al régimen soviético; luego lo hicieron los principales países europeos).

Políticamente, la dictadura era cada vez más rigurosa. Primero, se prohibieron los partidos menchevique y socialista revolucionario, y en el X Congreso del Partido Comunista de 1921 se impuso éste como partido único. Los cuadros del partido, sólidos y cerrados, mantenidos en constante guardia por la disciplina, la delegación y la purga, dominaron la opinión pública del país y fiscalizaron la gestión del Estado y sus delegaciones administrativas. El partido se constituyó bajo la jefatura implacable de dos comités: la Oficina de organización y la Oficina política (o Politburó).

En 1922 se constituyó la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas compuesta por la República Federal Rusa, la Ucraniana, la Bielorrusa y la Trascaucásica. Esta organización federal fue la respuesta a los problemas planteados por la existencia de numerosas nacionalidades en el antiguo Imperio, y en ella los grados de autonomía administrativa variaban según la importancia de cada nacionalidad.

En 1924 se aprobaba la nueva Constitución que configura un Estado cuya célula funcional se desea que continúe siendo el soviet. Sus puntos principales son:

  • Dos Cámaras: un Comité Central (o Soviet Supremo), equivalente a los parlamentos occidentales, y un Presidium (o Consejo de Comisarios del Pueblo), equivalente a un gobierno.

  • Dominio del Partido Comunista, único admitido.

  • Sólo tenían derecho al voto los trabajadores.

  • La organización burocrática y política se basaba en los soviets, que serían locales, regionales, republicanos y el Congreso de los Soviets de la Unión, supremo órgano legislativo que designaba al gobierno.

Paulatinamente se fue radicalizando el aparato del Estado, dominado por el Partido único (→ Lenin consideraba necesario reforzar la dictadura en el terreno político, a fin de evitar el desviacionismo en el plano económico y social).

A partir de 1922, la salud de Lenin (sufría de arterioesclerosis) entra en un rápido empeoramiento. Fue en ese momento cuando Lenin se ocupó insistentemente de dos problemas que se agrandaban en el nuevo régimen: el burocratismo (dentro del aparato estatal) y su propia sucesión. En sus últimos días recomienda la ampliación del Comité Central para democratizarlo y repartir mejor el poder en él (→ Lenin se da cuenta del poder acumulado en manos de Stalin y teme el mal uso de él). Propone que se reparta el poder; de no hacerse así, cree además que las relaciones siempre tirantes entre Stalin y Trotski conducirían rápidamente a una escisión (→ Lenin acertaba plenamente, sólo que no pudo prever que no sería exactamente una escisión lo que ocurriría, sino la eliminación por parte de Stalin de cualquier tipo de oposición en el plazo de 15 años y una persecución que acabaría física y políticamente no sólo con Trotski, su tradicional enemigo, sino con toda la vieja guardia bolchevique: Zinoviev, Kamenev, Bujarin...)

  • El estalinismo

Efectivamente, Stalin dominó totalmente la burocracia del partido, convirtiéndose en 1929 en su jefe absoluto e indiscutible, al expulsar a Trotski, Kamenev y Zinoviev del PCUS (en enero de 1928 Trotski fue, además, exiliado a Siberia y un año después fue expulsado de la URSS).

Con Stalin se confirmó el triunfo de la concepción nacional-comunista, esto es, la tesis del “socialismo en un solo país” (es decir, la tesis de que la revolución mundial exigía previamente la consolidación y defensa de la revolución soviética y, por tanto, la subordinación de la política comunista internacional a los intereses de la Unión Soviética), en contraposición a la teoría internacionalista de Trotski, que creía en una revolución internacional.

Con Stalin también terminó la NEP (en 1931) y al año siguiente se prohibió el comercio privado; acababa así la era de las concesiones y de las excepciones, y se instalaba el colectivismo integral.

El deseo de Stalin era, por una parte, una reafirmación del poder y de la unidad del Partido, y por otra, el fortalecimiento económico y militar de la URSS. Sus objetivos serían la rápida industrialización del país, la colectivización forzosa de la agricultura y la planificación estatal de toda la actividad económica; sus medios, la coerción y la represión, ejercidos a una escala jamás conocida en país alguno, y el encuadramiento de la sociedad a través de una formidable presión propagandística; los resultados, la transformación de la URSS en un gigante industrial y militar y una completa revolución social que cambió definitivamente la sociedad rusa.

El cambio se inició con la creación de un sistema económico de planificación central: cada cinco años se elaboraban unos planes que establecían los objetivos económicos a alcanzar (los planes quinquenales). Un departamento del gobierno central, el Gosplan, fijaba las cantidades a producir, los precios de los artículos, los salarios, etc. La dirección de cada empresa informaba al Gosplan de sus necesidades de materias primas, energía, maquinaria y personal, en función de los objetivos a alcanzar fijados por el plan.

El éxito de la industrialización fue completo (se construyeron unas 1.500 factorías y se quintuplicó la producción de carbón y acero, la de electricidad y la de petróleo). Pero lo realmente revolucionario fueron los cambios que introducía en el mundo agrario: se creaban granjas colectivas (o “koljozes”), de propiedad cooperativa, en las que se integrarían las explotaciones individuales y los minifundios y a las que el Estado asignaría maquinaria y otros recursos para elevar su productividad con menos mano de obra; y la granjas estatales (o “sovjozes”), de propiedad estatal y explotación directa por el Estado, con sus propios funcionarios y trabajadores. El ritmo de colectivización fue impresionante (en 1941, la agricultura estaba prácticamente colectivizada).

Pero numerosos campesinos -no sólo los kulaks- se opusieron a esta colectivización, apoyada exclusivamente por una minoría de campesinos pobres. Pese a todo, el gobierno la impuso, matando a centenares de miles de campesinos y desterrando a Siberia a muchos más con sus familias, mientras sus tierras eran entregadas a los koljozes. Muchos de estos campesinos preferían matar el ganado antes que entregarlo al Estado. Esto, unido a las sequías de 1930-31, ocasionó el hambre que produjo millones de muertos en Rusia en 1932. No obstante, los objetivos de la colectivización se consiguieron: el hambre fue desapareciendo hacia 1938-39 y la producción de cereales y sobre todo de trigo -para cuya explotación, pronto mecanizada, se abrieron grandes áreas en Siberia y otras regiones- mejoró. Pero la producción de alimentos, y la misma productividad agraria, nunca se recuperaron (→ Lo mismo bajo Stalin que bajo sus sucesores, la URSS sufrió una escasez crónica de alimentos básicos. La oferta de bienes de consumo fue en todo momento paupérrima. El objetivo de la industrialización y de la colectivización no era el bienestar individual, sino el desarrollo colectivo y el reforzamiento de la URSS).

Pero los cambios eran formidables. La mecanización del campo había avanzado considerablemente, lo que permitió que casi 20 millones de personas pasaran de la agricultura a la industria y los servicios (→ La revolución había hecho la clase obrera, y no al revés). La emigración del campo a la ciudad hizo que aumentara la población urbana (→ La escasez de viviendas en las grandes ciudades generó un gravísimo problema de hacinamiento). La industrialización fue posible gracias a la restricción del consumo popular y a los salarios industriales bajísimos, sacrificios impuestos por el régimen dictatorial de Stalin en el que no había libertad de expresión, de asociación, de prensa, de sindicación (→ Una legislación laboral verdaderamente tiránica definió huelgas, accidentes de trabajo y absentismo como formas de `traición' contra el Estado y la revolución, y los castigó incluso con la pena de muerte).

El régimen impuso un nuevo rigorismo moral como expresión de la ética proletaria del trabajo (→ la homosexualidad y el aborto fueron prohibidos. La familia, el matrimonio, la procreación y la maternidad, estimulados y exaltados). La simbología y los mitos del nacionalismo ruso fueron actualizados y puestos al servicio de la policía oficial, como elemento para enaltecer el colosal esfuerzo colectivo. En esa visión, Stalin, cuyo culto comenzó desde 1930, era “el gran arquitecto del socialismo” según la propaganda oficial. Se creó una cultura e ideología nacional y comunista (cine, arte y literatura fueron forzados a reflejar los valores y estética de la nueva moral proletaria). El régimen estalinista hizo, con todo, un colosal esfuerzo educativo, que tuvo además enorme trascendencia social: el número de estudiantes en secundaria y de universitarios aumentó espectacularmente (de éstos últimos, casi el 50 % era de clase obrera).

El marxismo era dogma de vida y ello conllevó finalmente a la implantación sistemática y planificada del terror. Fue llevada a cabo por la policía secreta, el Comisariado de Asuntos Internos (la antigua Cheka), y tuvo un doble objetivo: la depuración del PCUS y el reforzamiento continuado del poder de Stalin, y la formación de una sociedad neutralizada y subordinada a los proyectos de engrandecimiento nacional y socialista trazados por el Partido y sus líderes. Todos los opositores al régimen creado por Stalin llenaron los campos de concentración o fueron eliminados en las purgas. El alcance de las purgas de los años 1934-41 fue escalofriante: en total, una cifra cercana a los 10 millones de personas fueron arrestadas y represaliadas de alguna forma (ejecutados o encarcelados). El clima de delaciones, sospechas y miedo así creado cumplió su objetivo: toda posible alternativa de gobierno, todo potencial centro de oposición, toda hipotética reacción de descontento popular, quedaron destruidos para siempre. La política de Stalin quedó sólidamente apuntalada.

En resumen, el partido de Lenin y de Trotski desencadenó, contra la Gran Guerra, la Revolución de Octubre para instaurar la dictadura de los soviets; pero al concluir la guerra civil, el partido dominante fue devorado poco a poco por su propio aparato, al tiempo que Stalin se hacía dueño de éste último. Al término de este proceso, el poder absoluto se instauró en la URSS, y el partido bolchevique se hacía monolítico. La dictadura del partido fue sustituida a partir de 1928-29 por la dictadura de un hombre. Acosado por las consecuencias devastadoras de sus tentativas de transformación socioeconómica, el dictador desencadenó un terror loco; la Revolución devoraba a sus hijos, y se alejaba de sus objetivos.