Nacimiento de la política; Moses Finley

Historia universal. Gobierno griego

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EL NACIMIENTO DE LA POLÍTICA

Nacimiento de la política; Moses Finley

Historia y Civilización Clásica I

“Todos somos griegos”

Pierce B. Shelley

Prolegómena

No es mi deseo a la hora de realizar el presente trabajo intentar una síntesis coherente del Nacimiento de la Política, destacando sus numerosos logros (v.g. sus agudos paralelismos), sino que más bien mi voluntad sería la de una persona que se enfrenta a este libro con una actitud crítica, y que no deja de asombrarse de las llamativas lagunas, conclusiones apresuradas, valoraciones morales, etc., que deben evitarse en un trabajo pretendidamente científico. Algunas de estas carencias bien podrían explicarse por falta de documentación en las fuentes; otras, en cambio responden a la descortesía del autor, que llega a descalificar llamando “tonterías”(sic) a menudo a planteamientos diferentes de los suyos. Sucede que el señor Finley, haciendo justicia a su nombre (Moses), se cree poseedor de una verdad profética demasiado a menudo.

Por otra parte se percibe cierta falta de cohesión interna entre los distintos artículos de la obra, seguramente producto del carácter fragmentario del trabajo, ya que, como el mismo autor reconoce en el prólogo, algunos capítulos son la versión por escrito de una serie de conferencias, mientras que otros se escribieron ex professo para formar parte del libro.

Pasaré, a continuación a enumerar cada uno de los puntos que por distintas razones me han parecido más llamativos:

-Pag.39: “[...] Atenas, Esparta y Roma se caracterizaron por una aceptación permanente de sus instituciones políticas y de los hombres y clases que las hicieron funcionar.” La aceptación de esto hubiera conducido ineludiblemente a una inmovilidad social de todo tipo(ni levantamientos, ni cambios de sistemas políticos -tiranía, democracia...-) ¿Por qué si no la no “aceptación de las instituciones” y, especialmente, “de las hombres y clases” que gobernaban, por parte de un grupo numeroso de la población se desembocó en las staseis en Grecia y en diversos levantamientos y desórdenes populares en Roma?.

-Pag.40: (hablando de los impuestos) “Nunca pasaron a ser contribuciones regulares, y los pobres estaban totalmente exentos de ellas en las poleis griegas, y también en gran medida en Roma. De hecho, pues, los ciudadanos pobres, especialmente los campesinos, estaban exentos en gran medida de la contribución[...]”.

Esto es sencillamente falso. Al parecer el señor Finley desconoce la Constitución de los atenienses donde Aristóteles recoge lo siguiente al comienzo del capítulo XVI: “toiaÚthj g£r tinoj !xÒdou tù Peisistr£tJ gignomšnhj,

sumbÁna… fasi t¦ per tÕn !n tù [`Um]httù gewrgoànta

tÕ klhqn Ûsteron cwr…on ¢telšj. „dën g£r tina pantelî[j p]štraj sk£ptonta ka !rgazÒmenon, di¦ tÕ qaum£sai tÕn pa da !kšleusen !ršsqai, t… g…gnetai !k toà cwr…ou. Ð d' 'Ósa kak¦ ka ÑdÚnai' œfh, 'ka toÚtwn tîn kakîn ka tîn Ñdunîn Peis…straton de labe n t¾n dek£thn.' Ð mn oân ¥nqrwpoj ¢pekr…nato ¢gnoîn, Ð d Peis…stratoj ¹sqej di¦ t¾n parrhs…an ka t¾n filer[g]…an

¢telÁ p£ntwn !po…hsen aÙtÒn[...]”. Doy la traducción remontándome un poco más atrás de donde empieza el texto original para que se entienda en su totalidad : “ (A esto se añadía que con el cultivo de la tierra aumentábanle a él también sus ingresos, ya que cobraba el diezmo de lo que se obtenía. Por esta razón estableció jueces municipales y él mismo salía a menudo al campo a para inspeccionar y zanjar disputas[...]). A una de estas disputas cuentan que se refiere la anécdota de Pisístrato relativa al campesino del Himeto que labraba lo que más tarde se llamó una finca exenta de pago; vio Pisístrato a un hombre que cavaba y labraba un terreno que era todo piedra, se extraño y mandó a un criado que le preguntara qué podía producir aquel terreno; <<disgustos y dolores>> respondió el labrador << y de estos disgustos y dolores es menester que Pisístrato tenga también el diezmo>>. Dijo esto sin conocer a Pisístrato, pero a éste le gustó su franqueza y laboriosidad y le eximió de todo tributo.”.

Aun cuando anécdotas de este tipo suelen ser recreaciones literarias, subyace a todas ellas una realidad social que es la que permite insertar dichas anécdotas sin convertir el texto en un absurdo para su público, un público que sin duda las hubiera rechazado.

-Pag.169: “[...] la única preocupación romana respecto a sus vecinos (dentro y fuera de Italia) era conquistarlos, cosa que hicieron con ferocidad intencionada, acompañada de desprecio.”. Ahora el señor Finley suma a la ignorancia de las fuentes la de la propia realidad: cómo piensa que ha sido transmitido el legado griego si no es gracias a la adaptación y conservación ejercida por el pueblo romano; nunca se hubiese asimilado y reelaborado algo que se despreciaba (desde el panteón de dioses, hasta los estilos arquitectónicos, pasando por los géneros literarios o los diferentes “metros” de su poesía, lo cual , a su vez, no se entiende a menos que hubiese una gran parte de la sociedad que admirase el Volksgeit griego, como Cicerón u Horacio por citar sólo alguno. En este sentido el propio Horacio nos refiere en sus Epistulae (2,1,156): “Graecia capta ferum victorem cepit et artes intulit agresti Latio.”. En español dice así: “ La Grecia vencida venció al fiero vencedor e introdujo las artes en el agreste Lacio.”. Quizá esta frase expresa desprecio en lugar de reconocimiento(¿?).

-Pag.170. Aquí el señor Moses Finley, cuando dice que de ninguna manera había sacramentum o algo similar entre los griegos, convierte un silencio de las fuentes (que no mencionan un juramento de este tipo) en una nueva verdad profética de la que es imposible dudar por su carácter divino. La realidad, en cambio, bien pudo ser otra muy distinta. Por lo que sabemos de Esparta no sería defender la cuadratura del círculo decir que debió haber algun tipo de juramento, a sus reyes , al resto de los homoioi, o a la propia ciudad. En cualquier caso hay una duda razonable que no está reflejada por ninguna parte.

-Pag.181. “Todas las ciudades estado reconocían firmemente que todos los ciudadanos era libres (excepto los sinvergüenzas que, por una razón o por otra, habían perdido toda o parte de su libertad).”. Quizá el señor Finley haya olvidado que entre esos esclavos (y hasta la abolición de la esclavitud por deudas propiciada por Solón) eran campesinos que por avatares del destino como una sequía , una inundación, o cualquier otro desastre, ya por mano del hombre, ya por causas naturales, cayeron en desgracia y engrosaron ese nutrido número de “sinvergüenzas”.

Bibliografía:

-El Nacimiento de la Política. M.I. Finley. Ed. Crítica.1986. Barcelona

Soporte informático:

-Thesaurus Linguae Latinae.

-Thesaurus Linguae Graecae.

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