Musicoterapia

Educación Especial. Terapia. Psicología. Música. Psicofisiolóficos. Pedagogía. Maestro. Metodología. Ritmoterapia. Meloterapia. Armonoterapia. Instrumentos

  • Enviado por: JavideOz
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  • Breve introducción a la Musicoterapia

  • La Musicoterapia la consideramos como la terapia basada en la producción y audición de música, escogida ésta por sus resonancias afectivas, por las posibilidades que da al individuo de expresarse en el ámbito individual y de grupo, y reaccionar a la vez según su sensibilidad, y también al unísono con los otros.

    Se utiliza con éxito en numerosas instituciones especializadas en la reeducación de niños inadaptados y de Educación Especial, por sus efectos positivos, produciendo relajamiento o acción, según los casos, y creando una atmósfera de alegría y confianza.

    La música enriquece la vida, y por este motivo es necesario que rodee al niño disminuido un ambiente musical rico y controlado en estímulos, puesto que esta experiencia sensorial es lo que le va a proporcionar un desarrollo emocional, psicofisiológico y social equilibrado.

    En Musicoterapia no sólo se utiliza la música, sino que también el sonido, en su vertiente más variada de actividades relacionadas con la producción de sonidos: discriminación, asociación, realización de juegos sonoros, descripción sonora de instrumentos, voces, naturaleza, cuerpo humano, representación gráfica a través del color, instrumentos electrónicos, representación corporal...

    El movimiento también es un elemento imprescindible, puesto que la música es movimiento. Siendo una de las artes dinámicas, es inevitable que el movimiento sea el protagonista. La necesidad que siente el niño de expresarse, de moverse constantemente, puede y debe aprovecharse para abrir canales de comunicación que den lugar a un proceso de entrenamiento y de recuperación, llegando así a un desarrollo físico, emocional y metal equilibrado e integrado.

  • Origen e Historia de la musica en Educacion Especial

  • "En el pensamiento científico siempre están presentes elementos de poesía. La ciencia y la música actual exigen de un proceso de pensamiento homogéneo." (Albert Einstein)

    Un poco de historia…

    Las propiedades de la música de cara a combatir enfermedades son conocidas (o mejor dicho intuidas) desde tiempos inmemoriales, si bien hemos de remontarnos hasta la época egipcia, 1500 años antes de nuestra era, para encontrar las primeras referencias escritas que tratan los efectos beneficiosos producidos por la música sobre el cuerpo humano. A pesar de ello, son muchos los autores que señalan a la Biblia como el primer libro que alberga relatos sobre música curativa o Musicoterapia.

    A partir de ese momento resulta difícil determinar por donde transcurrió el camino del saber del hombre sobre los efectos curativos de la música, dado el extenso número de publicaciones que hablan sobre ello. Ejemplo claro lo constituyen las fábulas y leyendas dónde los autores dan muestras de intuir el gran poder de sugestión de la música. Son muchos lo relatos, de diferentes culturas además, que otorgan a la música y el sonido un importante papel en la creación del universo. No obstante, a lo largo de la historia del ser humano muchos elementos acústicos han guardado estrecha relación con la magia y lo metafísico. Esto se acentúa en algunas culturas en las que los rituales van imprescindiblemente acompañados de música, a la que se le atribuye un especial poder beneficioso.

    Pero por otro lado ya en la época de los griegos encontramos un uso razonable y lógico de la música para prevenir y curar enfermedades físicas y mentales, apartado de las implicaciones mágicas y religiosas. Tanta importancia cobró la música para los griegos que muchos trataron incluso de institucionalizarla. Figuras como Platón (“…la música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”) o Aristóteles podrían considerarse hoy día como precursores de los musicoterapeutas, pues en sus estudios sobre medicina incluyeron siempre la música como factor a tener en cuenta.

    La época renacentista va a traer consigo un punto de inflexión para la Musicoterapia con la puesta en escena de ilustres como el “padre Tomás de Bruselas” (S.XVI), el español Ramos Pareja o Marsilio Ficino, cuya influencia se proyectó a lo largo de los años en poetas como Ronsard y en otros personajes.

    El barroco va a dar lugar a la aparición de Atanasio Kircher, quién llevó a cabo estudios sobre la música y sus efectos sobre el hombre y los publicó en su “Musurgia universales”, mientras que Burton recopiló en una obra todos los casos de “curación por música” datados. En esta época muchas personas se esforzaron por dar una demostración física de las capacidades de las vibraciones musicales. Pero a partir del siglo XVIII va a darse más importancia a los efectos de la música sobre “fibras del organismo”. Representantes de éste momento histórico bien podrían ser Lorry, Nance F. Marquet o Pierre Buchoz. Como vemos, el hombre se acerca cada vez más a una explicación científica que ansía y que busca para demostrar la influencia de lo físico (vibraciones musicales) sobre lo moral (estados de ánimo).

    El siglo XIX va ser el escenario dónde Esquirol y Tissot, psiquiatra y médico respectivamente, aparezcan y den algunas ideas claves de la Musicoterapia. No pudieron comprobar el efecto físico de la música sobre sus pacientes, pero se aventuraron a indicar que en mayor o menor medida alejaba a los enfermos de sus dolencias, salvo en el caso de los epilépticos, donde podía resultar contraindicatoria.

    Todo esto nos da idea de que la concepción curativa de los sonidos que el hombre ha tenido presente en la historia no es algo actual, si bien es cierto que los avances de la ciencia a partir del siglo XIX y sobre todo, en el XX, han permitido sentar las bases de una nueva disciplina científica, la Musicoterapia.

    Musicoterapia y educación…

    Un precursor de la Musicoterapia es sin lugar a dudas Emile Dalcroze (1865-1950) que destaca por ser llamado el “creador de la rítmica”. Para él, la música debía jugar un importante papel en la educación y ser uno de sus pilares básicos. Sus principios sobre la música fueron adoptados por sus alumnos, quienes se convirtieron en los pioneros de la “terapia educativa rítmica”. Dalcroze se convirtió así en el primer gran valedor de la terapia musical, si bien el camino para la aparición del concepto “Musicoterapia” fue allanado en gran medida por la contratación de músicos en hospitales estadounidenses, tras la Primera Guerra Mundial, constituyendo una “ayuda musical” que dio sus frutos en muchos casos y atrajo el interés de los médicos. Fue sin duda un impulso para hacer del músico un terapeuta.

    1950 es un año clave. Nace, de manos de un grupo de profesionales, la “Nacional Associaton for Music Therapy” que va a desarrollar desde entonces una actividad social y de difusión traducida en revistas, congresos y una carrera de musicoterapeutas, que van a ofrecer servicio en centros importantes de enfermedades mentales y en otros centros, entre los que destacan, por lo que a nosotros nos atañe, las escuelas diferenciales.

    A partir de entonces podríamos decir que se produce el boom de instituciones relacionadas con la Musicoterapia en muchos países del mundo y especialmente en Europa. Destaca entre todas ellas la “Society for Music Therapy and Remedial Music”, encabezada por Juliette Alvin y que actualmente recibe el nombre de “British Society for Music Therapy”. Esta asociación es un punto unión de los musicoterapeutas hoy en día. Enumerando otras sociedades de este tipo mencionaríamos la “Academia de Música de Viena”, la “Association de Recherches et d´applications des techniques psychomusicales” francesa, la “Academia Española de Musicoterapia” o la “Asociación Italiana de estudio de la Musicoterapia”. El movimiento se extendió de Europa a Latinoamérica y, tras las “Primeras Jornadas Latinoamericanas de Musicoterapia” (1968) aparecieron asociaciones en Brasil principalmente, pero también en Uruguay, en Perú, en Argentina… Más tarde en otros lugares el mundo, como Sudáfrica, han aparecido instituciones encaminadas al estudio de la Musicoterapia.

    El surgimiento de tantas sociedades originó la posibilidad de que el concepto de “musicoterapeuta” se desvirtuara y se relacionara con el de “educador musical”. Es por ello que se fundó la Asociación Médica de Musicoterapia. París va a albergar el “Primer Congreso Mundial de Musicoterapia”(1974), siendo Buenos Aires su segunda sede en 1976. Desde entonces el movimiento y el desarrollo de la Musicoterapia han crecido rápidamente. Claras muestras son los acontecimientos científicos relacionados con el tema, la bibliografía que comienza a aparecer y la demanda de musicoterapeutas existente.

    Reflexión El poder de la música ha sido desde siempre conocido por el hombre. Con mayor o menor precisión, de un modo científico o mágico, con más o menos lógica, la música ha sido usada desde siempre en labores de curación y búsqueda de beneficios para la salud. El paso del tiempo y el avance y desarrollo social y científico ha originado distintas concepciones hasta llegar a nuestros días, dónde la música ha engendrado la disciplina científica que conocemos como Musicoterapia y que se encuentra asentada e institucionalizada en nuestra sociedad. Juega en la actualidad un papel importante dentro de la medicina y su estudio e impartición es una tarea que desarrollan miles de personas y, gracias a ellas, hoy los beneficios que puede originar la música se han potenciado y se han adaptado a muchos ámbitos mejorando la vida de miles de personas. De entre esos ámbitos destaca para nosotros la educación.

    Los usos terapéuticos de la música se han aprovechado para la Educación Especial, lo cual no es de extrañar debido a la naturaleza de los alumnos que se agrupan en torno a esta especialidad educativa. La música constituye un factor importantísimo que sirve para lograr mejoras tanto físicas como anímicas y allanar la vida y la educación de alumnos especiales. Para muchos alumnos la música es a menudo un hilo conductor de otras tareas educativas o incluso la misma puerta de la educación. Donde antes había obstáculos en el camino de la educación de un niño la música ha sabido enraizarse y arrancarlos, dejando vía libre al aprendizaje. Hemos encontrado una vía de entrada a otros mundos que no hemos de desaprovechar ni subestimar y si contribuye, con sus artes, a facilitar el proceso de enseñanza de un niño, bienvenida sea.

  • Objetivos de la musica en Educacion Especial

  • La Musicoterapia, en Educación Especial, no persigue la formación de músicos dentro de un colectivo de alumnos con deficiencias. En líneas generales diremos que se busca aprovechar el uso terapéutico de la música para mejorar en dichos alumnos valores como la afectividad, la conducta, la perceptivomotricidad, la personalidad y la comunicación. Por otro lado pueden también mejorarse funciones psicofisiológicas de los individuos, tales como el ritmo respiratorio y cardíaco gracias al efecto que la música tiene sobre el sistema neuromuscular.

    Pero podemos concretar un poco más y hablar más detenidamente de los objetivos psicofisiológicos. Podríamos, dentro de este grupo, enumerar algunos de los principales, como son:

    • Desarrollo de las facultades perceptivomotrices que permitan al niño un conocimiento de las organizaciones espaciales, temporales y corporales.

    • Desarrollo psicomotor: coordinación motriz y oculo-motriz, movimientos de asociación y disociación, regulación motora, equilibrio, marcha, lateralidad, tonicidad...

    • Integración y desarrollo del esquema corporal.

    • Creación y desarrollo de los reflejos.

    • Desarrollo de la discriminación auditiva.

    • Adquisición de destrezas y medios de expresión: corporales, instrumentales, gráficos, espaciales, melódicos, del color, temporales...

    • Desarrollo de la locución y de la expresión oral mediante la articulación, vocalización, acentuación, control de la voz, expresión. Coordinación pensamiento-palabra. Control de la respiración. Ayuda a la lectura labial. Ejercitación y dominio de los músculos que intervienen en la fonación.

    • Dotar al niño de unas vivencias musicales enriquecedoras que estimulen su actividad psíquica, física y emocional.

    • Vivencia del fenómeno musical en sus manifestaciones rítmicas, melódicas, armónicas e instrumentales.

    Tendríamos por otro lado encuadrados en el grupo de objetivos afectivos o emocionales los siguientes:

    • Sensibilización a los valores estéticos de la música. Sensibilización afectiva y emocional. Goce espiritual por la satisfacción emocional y refuerzo del yo.

    • Acercamiento al mundo sonoro, estimulando intereses.

    • Refuerzo de la autoestima y personalidad mediante la autorrealización.

    • Elaboración de pautas de conducta idóneas que faciliten la adaptación interpersonal y social.

    • Desarrollo de sus capacidades intelectivas: imaginación, inteligencia creadora, atención, memoria, comprensión de conceptos, observación, concentración, agilidad mental, vivacidad, fantasía, reacción...

    • Desarrollo de la atención.

    • Aumentar la confianza en sí mismo y la autoestima.

    • Liberación de la energía reprimida a través del ritmo para lograr un equilibrio personal.

    Y por último estableceríamos un conjunto de objetivos sociales donde quedarían englobados:

    • Establecer o restablecer las relaciones personales. Pretendemos orientar al niño en sus relaciones con los demás y abrir en él un cauce de comunicación.

    • Integrar social y grupalmente al niño para que pueda establecer una relación adecuada con el grupo, y hacer a la vez que se sienta aceptado.

    • Rehabilitar, socializar y reeducar al niño, a través de su participación activa o pasiva, en el contexto escolar.

    • Integración escolar y social al adquirir nuevos cauces de comunicación. Fomentar las relaciones sociales.

    * Pese a no guardar una relación directa con la Educación Especial, he creído conveniente tratar en este apartado otras aplicaciones que tiene la Musicoterapia. Como hemos visto ayuda a niños con dificultades en el aprendizaje, con problemas de conducta o autoestima, con trastornos médicos y de desarrollo, así como problemas de integración social… pero… no son los únicos beneficiados. En general podríamos decir que se realizan terapias con un gran número de distintas enfermedades que van desde las degenerativas hasta las farmacodependientes, pasando por los daños cerebrales o físicos, los problemas de dolor agudo o crónico o pacientes con enfermedades terminales. Y esto implica, claro está, que entre los asiduos a la Musicoterapia no encontramos exclusivamente niños, sino personas de cualquier edad, y no solo eso, sino que además Musicoterapia y enfermedad no tienen por qué ir siempre caminando de la mano, pues la Musicoterapia se aplica también con personas que no sufren ningún daño físico o mental. Es el caso de esas personas que acuden a sesiones de Musicoterapia para reducir el estrés o por el mero placer de escuchar música. También son conocidos los usos en el parto de las mujeres, o en la búsqueda de ampliar la creatividad.

    Reflexión: La Musicoterapia se imparte en vistas de unos objetivos de muy variada índole. La variedad musical que existe y la flexibilidad de la misma a la hora de crear actividades relacionadas con ella hacen que los objetivos que persigue la Musicoterapia aspiren a afectar a casi todos los aspectos del ser humano, desde el psicofisiológico, al social pasando por el afectivo y emocional.

    La música es amplia y puede llegar muy lejos. Puede influir en los estados de ánimo o mejorar la comunicación entre personas. Es, como tantas veces se ha dicho, un lenguaje universal y una forma de evadirse de este mundo y sumergirse en otro donde el sonido recobra un protagonismo especial.

    Niestzche decía, “Sin la música la vida sería un error”, esto deja entrever que la música es necesaria para la vida pero hoy sabemos que además de necesaria es útil gracias a la Musicoterapia, que tal vez persiga unos objetivos ambiciosos, pero en vistas del potencial de la música, a mi entender, nada alejados de sus posibilidades. Que la música ayuda a mejorar la vida no es ningún secreto y al frente de esa búsqueda de mejoras se encuentra la Musicoterapia. La idea es clara: Siempre que de mejorar la vida se trate, aprovechemos al máximo la música, pues esta se presta a ser estudiada, a ser enseñada, a ser sentida, amada y valorada… se presta a ayudar a las personas y todo ello sin pedir nada a cambio.

  • Metodos

  • Entendiendo por método el “conjunto de procedimientos” utilizados para entender o explicar algo, debemos incluir dentro de la Musicoterapia dos métodos principalmente: el activo (participación del alumno) por un lado y el pasivo (el alumno escucha principalmente) por otro.

    El método activo está llamado a ser la base de la actividad musical del alumno, para que éste se desenvuelva mejor y más cómodamente y sobre todo, para que aprecie el aprovechamiento y los objetivos de las actividades que se realizan. Por otro lado, el método pasivo es más habitual en procesos de medicación o de entretenimiento. Dado que se basa en técnicas de escucha se utiliza normalmente con alumnos que no responden al método activo. En estos casos la música puede ser el ariete que rompe las barreras de otros mundos y nos acerca a ellos. Un caso singular es el de los niños autistas, por ejemplo. Hay estudios e investigaciones que demuestran que la música viene a ser el picaporte de una puerta sellada a cal y canto y por ello, un punto de comunicación de inigualable valor para el trabajo con éste tipo de niños. Pero existen otras actividades que manan de las técnicas de escucha. Es habitual por ejemplo el uso de la música como relajante y reconfortante y esto adquiere una dimensión especial basada en el estrés que genera la vida en una sociedad como la nuestra. La audición musical de hecho es un proceso muy utilizado en psiquiatría con determinados pacientes.

    Pero en Musicoterapia el método jamás ha de ser rígido ni inamovible. Esto se debe, claro está, a la variedad en la naturaleza de los alumnos. El musicoterapeuta debe reunir habilidades y conocimientos suficientes para adaptarse a las situaciones que se le presenten. Así podrá iniciar y sumergir a cualquier niño con problemas en el universo de sonidos, de fenómenos auditivos y rítmicos… de música… todo ello con el objetivo de lograr desarrollar en él una conciencia auditiva y musical. De hacer que aprecie la estética y aproveche el valor lúdico de la música para un enriquecimiento y mejora de su vida.

    La creatividad debe primar en las aptitudes del musicoterapeuta para llevar a cabo una educación dónde no se ausenten elementos como el juego, la libertad y la imaginación. Un repertorio variado fundamentado en la capacidad creativa del profesor permitirá afrontar con éxito problemas y situaciones que se presenten. Para impartir Musicoterapia hay que conocer además los procedimientos de enseñanza de ritmo, melodía y armonía, es decir, los elementos básicos de la música que han de inculcarse en los alumnos no solo como un conjunto, la música, sino también por separado para que sean capaces de apreciarlos. Existen, por ello, métodos para cada uno de los tres factores.

    Pero con lo descrito hasta ahora el éxito de la Musicoterapia no está ni mucho menos asegurado. Hay otras condiciones a tener en cuenta. Papel de protagonista para la motivación en ese sentido. Llevarla a cabo correctamente hará sin duda más eficaz el esfuerzo por lo que el docente ha de saber manejar formas de estimular al paciente que, además, ha de tener un conocimiento claro y conciso de las actividades que va a realizar, la forma y el momento de hacerlas y los objetivos. Una explicación transparente se antoja necesaria por la peculiaridad de los niños para que se adapte a su capacidad de comprensión y a sus deficiencias. El profesor debe adaptarse a las necesidades del alumno y es, ésta afirmación, un principio que rige toda la Educación Especial.

    La sesión de Musicoterapia…

    Tras la teoría llega la práctica. La ejecución de los ejercicios ha de ser lenta y gradual de menor a mayor dificultad. Hay que evitar la tensión, la angustia, la frustración o la fatiga. La duración variará según convenga el profesor, si bien hay que tratar de no provocar cansancio. Unos ejercicios variados, cortos y atractivos ayudarán a establecer una dinámica de clase alegre y participativa, siendo los juegos un buen modo de que los alumnos consideren entretenidas las clases. En las audiciones musicales debe evitarse también la monotonía que ocasionan a veces composiciones excesivamente largas. En definitiva diremos que el profesor debe encontrar una relación entre la teoría y la práctica, debe programarse en función del desarrollo evolutivo del niño y adaptarse a él, o al grupo, en todo momento, teniendo en cuenta, claro está, las características psíquicas, físicas y sociales de cada individuo.

    Para lograr una ambientación adecuada en toda sesión de Musicoterapia la música debe emplearse de forma adecuada. Un recibimiento musical a los alumnos ayuda sin duda a ir creando un clima que sumerja al niño. Música relajante para comenzar y algo más movido para llevar a cabo juegos y ritmos. Así ayudaremos al alumno a que se inicie en el movimiento al son de la música y libere su necesidad de dinamismo. Además, es también interesante enseñar instrumentos nuevos a los alumnos y que éstos disfruten de la posibilidad de tocarlos y manifestarse mediante ellos al mostrar sus preferencias y sus gustos.

    Reflexión Si la música es la llave que abre puertas de difícil acceso, un buen método es el hierro que forja esa llave. En Musicoterapia la constitución de un procedimiento de enseñanza eficaz ayuda a amplificar y potenciar los resultados obtenidos. Sin lugar a dudas, el método que debe llevar a cabo el musicoterapeuta ha de tener en cuenta en todo momento las características especiales de cada alumno o grupo de alumnos y adaptarse en la medida de lo posible.

    Para ello deberá poseer unas aptitudes cimentadas en una creatividad que le permita variar su repertorio de actividades y pueda así adaptar el método a cada situación particular. Debe fomentar el amor del alumno por la música, haciendo las clases divertidas, atractivas, alegres y útiles. Huir de la monotonía en todo momento y de la desvirtuación de los objetivos de las actividades son tareas del profesor por igual. Porque la música puede evadir y burlar las deficiencias, puede ayudar a superarlas y puede poner su granito de arena en la superación y la motivación personal. Es un arma de un gran potencial, un sable afilado para las cuerdas que tensan vidas de niños con problemas, pero hemos de tener en cuenta que de nada sirve eso si la mano que blande ese sable no cuenta con una habilidad y una destreza peculiar, es decir, con un buen método.

  • El profesor de Educacion Especial y la musica

  • Centrándonos exclusivamente en nuestro país, España, hemos de comenzar este apartado señalando que la titulación de Musicoterapeuta no existe en la actualidad, es decir, no se encuentra institucionalizada. Eso implica una laguna profesional que debe verse subsanada, pues hasta ahora la música que se imparte en centros de Educación Especial corre a cargo de los profesores (que no son especialistas en este ámbito). Por ello, urge la necesidad de que la Musicoterapia sea concebida como una especialización dentro de la Educación Especial y, por ello, se consiga una mejor preparación de los profesionales. De este modo un musicoterapeuta podrá conocer a la perfección su trabajo y sus posibilidades y hacer valer la música en sus diferentes manifestaciones: Ritmoterapia, meloterapia, armonoterapia y juegos musicales.

    Gran parte de este trabajo está dedicado a explicar los efectos beneficiosos que la música puede contribuir a alcanzar y ni que decir tiene que el profesional de Musicoterapia debe conocer a la perfección todo lo relacionado con su disciplina. Conocer así los efectos de la música sobre el cuerpo humano, los diferentes métodos a llevar a cabo en cada situación que se le presente, los contenidos técnicos del material con el que trabaja y las características y limitaciones de los niños con los que va a relacionarse.

    La acción de un musicoterapeuta está condicionada sobre todo por dos cuestiones principales: Su propia personalidad y preparación técnica y musical y la deficiencia que padezca cada alumno en concreto. La relación profesor-alumno, condicionada por la personalidad de cada uno de ellos, influye por tanto sobremanera en el resultado final. El profesor debe tener en todo momento un control total del alumno y constatar cualquier manifestación o conducta que resulte conflictiva para afrontarlas debidamente, ya que no todo son alumnos ejemplares y más aún tratándose de niños de Educación Especial.

    Un musicoterapeuta que trabaje en el campo de la Educación Especial debe tener poderosas armas de seducción y cautivación para atraer la atención de sus alumnos y que éstos participen de forma activa en las propuestas. Hablamos, en todo momento, de Educación Especial, pues es en este momento lo que a nosotros nos interesa. Por ello, es necesario apuntar que el trato con niños discapacitados o deficientes en algún aspecto es delicado y por ello requiere dedicación y esfuerzo. El musicoterapeuta ha de ser consciente de ello y equilibrado psicológicamente, pues su predisposición y su actitud se proyectan en sus alumnos. Además, ha de controlar también su estado físico y sus acciones corporales, mostrándose siempre participativo y con afán de comunicación. La expresividad juega un papel importante en la Musicoterapia y en la imagen que los alumnos tienen de su profesor.

    En el apartado de las explicaciones, claro está, el musicoterapeuta debe ser claro para evitar en todo momento la sensación de frustración en los niños. Por otra parte, como está bien explicado en otro apartado de este trabajo, el profesor debe valerse de elementos y actividades musicales como el canto, el movimiento y los ritmos etc. para motivar a sus alumnos. Debe por ello conocer a la perfección la materia, dominarla y se competente. Solo así podrá dar la mejor educación a sus alumnos, eligiendo en todo momento el material más adecuado y adaptado a las necesidades de cada uno. Por supuesto, para llevar a cabo dicha labor, ha de conocer cuanto pueda sobre el niño en cuestión y tener un diagnóstico al alcance de su mano para valorar la educación musical que debe recibir el alumno, es decir, la metodología estará en todo momento condicionada por el niño. Es, sin duda, una constante en el mundo de la Educación Especial.

    Otra de las aptitudes que debe formar parte de la naturaleza del profesor es la capacidad de mantener en todo momento la disciplina dentro de la clase. Las sesiones de Musicoterapia han de desarrollarse en un ambiente distendido y relajado, pero no por ello el profesor debe perder la autoridad en ningún momento. Hay que tener en cuenta un factor importante también tratándose de alumnos con deficiencias. La afectividad va a jugar un importante papel, aunque eso sí, el profesional no puede olvidar nunca su rol dentro de un grupo y dejar de lado el rigor científico pese a que ciertas actividades se presten a ser lúdicas y afectivas.

    A tener en cuenta también es la necesidad de evitar en todo momento cualquier tipo de actividad violenta o represiva por parte del profesor. No debe nunca escapársele la situación de las manos ni recurrir al castigo como medida para conseguir el orden. El musicoterapeuta debe tomar con calma las situaciones que se le presenten y mostrarse siempre partidario de discutir y hablar cualquier incidente con los alumnos en todo momento y prevenir, sobre todo, las agresiones sobre sí mismo o sobre el resto de alumnos. Además, ha de abstenerse siempre de hacer juicio alguno o valoración ante los niños, sean cuales fueren las actuaciones. No hay que olvidar que el objetivo de la Musicoterapia no es que los alumnos sean excelentes músicos, sino que se sientan bien gracias a la música. No hay mejor premio ni recompensa que esa y si debe existir algún tipo de gratificación por parte del profesor hacia los alumnos, ésta ha de ser siempre de carácter verbal para reforzar la autoestima y la satisfacción de los niños.

    Como vemos, el musicoterapeuta debe a veces realizar funciones propias de los psicólogos. Aceptar y reconocer el derecho del niño a manifestarse, respetarlo y tener presente su evolución, sus intereses, sus motivaciones etc. Debe ser comunicativo con el niño y dejar en todo momento una puerta abierta a sugerencias del alumno, que han de ser aceptadas con agrado para realzar la autoestima de los mismos. Juega también un papel importante la voz del educador, pues se ha demostrado que influye grossomodo en la estabilidad emocional de niños especialmente sensibles y esto puede ser causa de rechazo al tratamiento musical.

    Por último, es útil insistir en este apartado en la necesidad de adaptación del profesor y el método a cada deficiencia. Para ello, se desarrollan hoy día las directrices a seguir en cada situación concreta y poseemos un amplio conocimiento en cuanto a las actividades que deben desarrollarse y las actitudes que debe tomar el profesor en cada caso determinado. Claro está, no son estos conocimientos sino una guía útil que constituye el primer acercamiento a la práctica y, aunque en ésta las cosas sean diferentes, al menos tenemos una idea de qué y cómo enseñar en cada caso.

    Reflexión: El auge de la Musicoterapia no se ha visto aún recompensado con la formación exclusiva de profesionales de esta disciplina en algunos países como el nuestro. Pero dados los logros de este tipo de terapias, datos en mano, quizá sea el mejor momento para plantear un camino individual para la preparación de musicoterapeutas, pues hasta ahora la función de éstos ha venido siendo desarrollada por médicos, psicólogos, maestros… Por otro lado, considero necesario especificar que un musicoterapeuta no ha de ser músico de vocación, sino ante todo, terapeuta y gran conocedor de su disciplina a nivel teórico y práctico.

    Dicho esto, es necesario que un musicoterapeuta reúna unas indiscutibles aptitudes para ejercer su profesión con ciertas garantías de éxito y además ha de renunciar a actitudes naturales del ser humano, (tales como castigar o premiar) pero que deben verse reprimidas a la hora de impartir sus clases, dada la naturaleza de los alumnos (tratándose de alumnos de Educación Especial)

    La labor de un musicoterapeuta con alumnos de Educación Especial no es precisamente moco de pavo. Por ello, debe tratarse de una persona cualificada, preparada emocionalmente y equilibrada, además de poseer otros valores como la creatividad o la capacidad de transmitir motivación a los niños y, por supuesto, ser un excelente conocedor de su materia y amarla profundamente, pues solo así podrá transmitir a los alumnos cuanto quiera y no cuanto pueda. Esto, sin duda, se ve reflejado en los resultados finales obtenidos y constituye una fuente de satisfacción no solo al niño, sino también al profesor que ve como su esfuerzo y su dedicación se ven recompensados con algo que el dinero no puede pagar; la felicidad de sus alumnos y un escaloncito más en la satisfacción personal de éstos.

  • Condiciones del aula

  • La Musicoterapia debe impartirse en un aula especializada que debe cumplir unos requisitos espaciales y ambientales:

    * Dado que el elemento básico es el uso de la música y el sonido, la sala debe tener unas dimensiones adecuadas pero que no sean excesivamente grandes para evitar que los alumnos se desorienten. El espacio es una variable que el profesor debe dominar y manipular a su antojo en función de la actividad a realizar, el número de niños, los instrumentos, si es en grupo o individual…

    * Otra variable que el musicoterapeuta debe controlar en el aula es la iluminación. Ésta puede ser empleada para crear diversos tipos de clima según convenga a la actividad a realizar. Esto ayudará a una mayor integración y vivencia de la música.

    * La temperatura ha de ser adecuada para favorecer la concentración del alumno. Tanto mejor si el suelo está correctamente aislado del frío y la humedad, evitando de este modo molestias y distracciones. Un material útil para esta tarea es la madera, que además transmite vibraciones, lo que la hace doblemente interesante.

    * La insonorización de la sala va a potenciar también un mejor desarrollo de las actividades y la comunicación previniendo de molestias exteriores como pueden ser ruidos u otros sonidos que puedan perturbar el transcurso de las actividades. Asimismo se evita causar molestias a quienes se encuentren fuera y se favorece la intimidad y libertad de ejecución de los ejercicios. Sin duda, es un factor de gran importancia.

    * En las sesiones de Musicoterapia es habitual el uso de juguetes sonoros y musicales de diversa índole, además de, claro está, una variedad considerable de instrumentos musicales. Esto requerirá un espacio (armario, estantería…) donde, cuando no estén siendo utilizados, puedan quedar debidamente recogidos y ordenados liberando así un espacio que puede ser útil para el desarrollo de otro tipo de actividades como danza, juegos...

    * No puede faltar por supuesto un equipo de sonido de calidad y con los altavoces correctamente orientados en el aula. Una buena percepción auditiva facilitará la tarea, si bien es necesario tener en todo momento un control total del volumen, los cambios de música, el momento en que ésta comienza. Hay que evitar una mala calidad de sonido y efectos como el eco o la reverberación. Esto podría influir negativamente en los resultados finales.

    Reflexión: El espacio físico dónde se va a desarrollar la terapia musical es, sin lugar a dudas, uno de los elementos más importantes en la búsqueda de unos resultados satisfactorios. Más aún tratándose de una actividad como la Musicoterapia, donde el sonido es el protagonista y no puede verse en ningún momento eclipsado o perjudicado por unas malas condiciones. Hay que dotar de los elementos que requiera el aula con tal de conseguir que esta sea adecuada para que las actividades programadas por el musicoterapeuta se desarrollen con normalidad y así se puedan lograr los objetivos marcados: beneficiar al alumno en la medida de lo posible.

  • Resultados de la musica en Educacion Especial

  • Sabemos, datos recogidos en mano, que la Musicoterapia ha ayudado a muchos niños a mejorar notablemente sus deficiencias, apuntando, eso sí, que las mejoras logradas varían en función del tipo de deficiencia sufrida, así como el grado de la misma. Es decir, los resultados varían en un niño ciego y en uno autista, por ejemplificar.

    Aún así, podríamos enumerar una serie de resultados que vienen siendo los más habituales en terapias de este tipo y que, generalizando, son los siguientes:

    • La música se convierte en un medio de expresión y un cauce abierto al río de información y emociones que queremos que el alumno adquiera. Es, sin duda, una vía de comunicación que además ayuda a mejorar las percepciones del niño, la motricidad y su afectividad.

    • Otro de los resultados que se dan con más frecuencia, y no solo en Educación Especial, es el de usar la música para liberar tensiones, problemas, inquietudes, miedos… es decir, hace las veces de calmante, relajante y quimera de la ansiedad.

    • La música ayuda notoriamente a lograr una satisfacción tanto personal como grupal y además, es un buen modo de alcanzar un equilibrio a novel psicofísico y emocional. Nos acerca al arte, creado con el fin de satisfacer al ser humano de un modo más profundo que la palabra.

    • Sabemos del efecto que tiene la música a nivel psicofisiológico por el análisis de encefalogramas, reflejo psicogalvánico, ritmo cardíaco, amplitud respiratoria… Además, sabemos que los estímulos aumentan el rendimiento del propio cuerpo, así como el riego sanguíneo en la cabeza. Por otro lado, en el caso concreto de los niños, se ha comprobado que la música es un de los estímulos a los que más habitualmente responden los niños aún en los casos más complejos de deficiencias padecidas por éstos.

    Reflexión: Apartado éste, el de los resultados que arrojan las prácticas de Musicoterapia, interesante como ningún otro. Sin lugar a dudas, toda práctica a nivel educativo o sanitario ha de perseguir un fin, como en muchos otros campos. Si, como hemos venido repitiendo una y otra vez a lo largo de todo el trabajo, la Musicoterapia y más concretamente la música posee un indiscutible potencial que bien puede ser aplicado en salud y educación, de nada serviría dicho potencial si, datos en mano, no se conocieran las mejoras que produce y no se analizaran los resultados. Siempre se ha sabido del poder curativo de la música, pero la humanidad ha tenido que esperar mucho para poder estudiar y demostrar los efectos que ésta tiene sobre el cuerpo humano, más allá de suposiciones y predicciones. Ahora que somos capaces de controlar las variables de nuestro cuerpo, que somos capaces de analizar los efectos, las causas, los porqués, los peros y los contras, no hemos de desaprovechar la oportunidad de hacerlo.

    Porque así mostramos al mundo que la Musicoterapia no es en vano, porque ayudamos a que se valore como merece, a que se trate como se debe y sobre todo, porque ayudamos a que mejoren los procedimientos y a que más personas tengan acceso a ella. Los datos no vienen sino a confirmar lo que ya preveíamos, pero es en los mismos datos donde podemos encontrar la forma de ir un poquito más allá.

    “A veces, cuando nadie me ve, gusto de imaginar si no será la música la única respuesta posible a todas las preguntas”

    (Buero Vallejo)