Música popular argentina

Tangos. Cambalache. Carlos Gardel. Enrique Santos Discépolo. Raúl González Tuñon

  • Enviado por: Piojoso87
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 6 páginas
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Cambalache

Enrique Santos Discépolo (1935)

Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo se...
en el quinientos seis
y en el dos mil también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublés...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor...
ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
¡No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao!
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón...

¡Que falta de respeto,
que atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y «La Mignón»,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
contra un calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril
El que no llora, no mama,
y el que no afana es un gil.
¡Dale nomás! ¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao!
Que a nadie importa
si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labura
noche y día, como un buey
que el que vive de los otros,
que el que mata o el que cura
o está fuera de la ley.

Nací el 27 de marzo de 1901... Como ven, camino por la vida un paso atrás del siglo. Yo bien quisiera ir un paso adelante, pero le tengo miedo al papel de precursor". Un ingenio amargo recorre los apuntes autobiográficos de Enrique Santos Discépolo. Igual que sus piezas editadas como "tango cómico", escasas en relación con las decididamente trágicas que lo sacralizaron y lo proyectaron a nuestra época como el poeta de la desesperación. Quién diría hoy que el desgarrado autor de Uno y Yira, yira, alguna vez, como monologuista en radio, estuvo auspiciado por sonrisa Kolynos...

Huérfano a los nueve años, creció bajo la influencia decisiva y la autoridad de su hermano mayor Armando. A los 16 ya era actor —comenzó en El chueco Pintos, escrita por Armando en colaboración—, y a los 17 autor teatral —la compañía Vittone-Pomar estrenó en el Nacional El duende, que firmaba Enrique junto con Mario Folco—. Para el teatro compuso su primer tango, Bizcochito, que el experimentado músico Salvador Merico procuró mejorar para un debut por demás intrascendente. Al estreno de su segundo tango, Qué vachaché (1926), se le debe una anécdota tragicómicamente discepoliana, y decididamente fantasiosa, transcripta por su historiador Norberto Galasso: "Sale la hermana del apuntador convertida por azar en cancionista... El pianista, un honrado padre de familia a quien internaron semanas después en un manicomio... A su lado, el violinista rascaba el instrumento con un optimismo y una cara de pambazo irritante. Sonreía a todo. Era feliz. Era feliz porque desafinaba... El flautista era asmático y la flauta rencorosa. Había no sé qué resentimientos personales entre ellos...". A este relato le cae bien la sentencia del propio Discépolo "Nos burlamos a gritos de nuestro fracaso para evitar que se burlen los demás", porque Qué vachaché fue, efectivamente, un estreno sin suerte. En cambio el siguiente, Esta noche me emborracho en la voz de Azucena Maizani, resultó un éxito inmediato que en poco tiempo grabaron solistas como Carlos Gardel, Ignacio Corsini, la orquesta de Osvaldo Fresedo con el cantor Ernesto Famá y la Orquesta Típica Víctor en versión instrumental, entre otros. Esta noche me emborracho redimió a Qué vachaché y generó una expectativa que el poeta no defraudaría en sus siguientes obras.

Desde esa época acarreó el hiperbólico título de "filósofo del tango". Sergio Pujol rescata en su biografía Discépolo (1996, Emecé) la nota de Dante A. Linyera en La Canción Moderna de noviembre del ''28: "Esta noche me emborracho es la tragedia del hombre que siente, Qué vachaché, la del hombre que piensa, y Chorra la del hombre que cree. El tango tiene ya su salvador y su filósofo. Welcome".

Escribió poco menos de cuarenta tangos —en algunos casos, en colaboración— y explicó: "Mis canciones nacen así: voy caminando por Corrientes y se me aparece un tango en el oído. Primero se me ocurre la letra, es decir, el asunto. El tema me empieza a dar vueltas en la cabeza durante varios días. Hasta que de pronto estoy sentado en la mesa de un café, leyendo en mi casa o caminando por la calle y empieza a zumbarme en el oído la música que corresponde a ese estado de espíritu, a esa situación de tango. Y aquí se me presenta la tragedia porque yo no sé música (...) Corro a buscar un amigo que me lo escriba. Muchas veces, no lo encuentro enseguida. Y aquí empieza la desesperación para que esas notas, esas notas que de repente se me han presentado no se me vayan".

Cambalache, escrito en 1934 para la película El alma del bandoneón —donde lo cantó Ernesto Famá— recuerda a Qué sapa, señor (Discépolo, 1931) y a Al mundo le falta un tornillo (Enrique Cadícamo, 1932), pero cobró un peso incomparable. Yira, yira proviene de su anterior En el cepo. El lenguaje estilizado de Sin palabras (del ''45, el mismo año de Canción desesperada) es por lo menos compatible con el auge internacional del bolero a través del cine mexicano, y con la todavía vigente censura radiofónica que había proscripto el uso del voseo. Si en 1943 la censura alcanzó a Uno (debía de objetársele inconveniencia moral), todavía operaba en 1949, cuando Discépolo y Mores volvieron a colaborar en Cafetín de Buenos Aires y el autor se permitió comparar el café con la madre, y además llamarla "vieja": "Puedo entender críticas a mis tangos. Lo que resulta imposible de aceptar es cierto tipo de protección y consejo, ponga tal palabra en lugar de la que usted ha usado —respondió en Noticias Gráficas—. Lo que muchos llaman lunfardo es brillo de la imagen popular, es una nueva forma de metáfora, es el lenguaje propio de la canción".

Gardel grabó ¿Qué vachaché?, Esta noche me emborracho, Yira, yira, Chorra, Victoria, Secreto, Confesión, Malevaje (música de Filiberto), Sueño de juventud. En 1930 debutaron juntos en el incipiente cine sonoro, en la serie de cortos musicales del cantor, presentando Yira, yira. En el cine, Discépolo seguiría como actor, autor y director, con una producción desparejamente valorada por la crítica. Su composición actoral para El hincha (que dirigió Manuel Romero) y su película Cuatro corazones, entre otras, permanecieron llamativamente vigentes.

La intérprete por excelencia de sus tangos fue Tania. Anita Luciano Divis y Enrique fueron presentados por José Razzano en 1928, en el cabaret Follies Bergeres, donde ella cantaba Esta noche me emborracho. El contraste entre la diva toledana ("Yo era una engrupida que adoraba las joyas y picaba alto") y el poeta tímido, feo e increíblemente delgado ("He llegado a estar tan flaco que si me tapaba un ojo quedaba disfrazado de aguja"), no podía ser más rotundo: a las pocas semanas compartían un departamento en el Centro. Pasaron juntos más de veinte años, con un único paréntesis de seis meses que el poeta pasó en México, en 1946, junto a Raquel Alicia Díaz, quien posiblemente haya tenido un hijo suyo. Pero fue mucho más lo que se habló y especuló acerca de presuntas infidelidades de ella y de la resignación de él ("Si vos me vieras desnudo, la comprenderías a Tania", se cita en Pujol). La pareja hizo viajes y presentaciones en Europa, Chile, México ("Tengo alma de valija. Donde veo una estampilla me la pego"). Filmaron y grabaron discos juntos (él dirigió orquesta).

Si no precipitó su final, como se tiene por probable, la vinculación con el peronismo signó sus últimos años. Al frente del Teatro Cervantes —un cargo que acepto ad honorem— se ganó no pocas antipatías. Pero fue sobre todo su actuación en radio, en el ciclo propagandístico Pienso y digo lo que pienso, instado por el poderoso funcionario Raúl Apold, lo que le valió profundas enemistades. El 2 de julio de 1951 comenzó la serie de charlas radiales en apoyo a Perón. Durante muchas noches se dirigió inflamadamente a Mordisquito, un opositor imaginario: "Vos siempre viviste sin la angustia del peso que falta y nunca llegaba hasta tu mundo el rumor doloroso de las muchedumbres explotadas. ¿Entendés, Mordisquito? ¡No! ¡A mí no me vas a contar que no entendés, que no entendiste ya, hace mucho tiempo! ¡No! ¡A mí no me la vas a contar!".

Si Mordisquito encarnó al opositor, la oposición vio encarnada en Discépolo la obsecuencia política, y lo castigó. Alguien compró todas las entradas de una cena en su homenaje, sólo para dejarla desierta. La temporada teatral de Blum pasó del éxito de taquilla a la declinación. Y hubo antiguos amigos que lo increparon directamente.

Discépolo acusó los golpes. El 23 de diciembre de ese año, murió en su departamento de la calle Callao. Como si cumpliera con una última exigencia de su propio mito, acurrucado en un sillón del living dejó lugar para la sentencia que no constó en el acta de defunción: "Discepolín se murió de tristeza".

LA LUNA CON GATILLO (Raúl González Tuñon)

Es preciso que nos entendamos

Yo hablo de algo seguro

Y de algo posible.

Seguro es que todos coman

Y vivan dignamente

Y es posible saber algún ida

Muchas cosas que hoy ignoramos.

Entonces es necesario que esto cambie.

Un poema no es una mesa,

Ni un pan,

Ni un muro,

Ni una bota.

Un poema es un poema

Y ya esta todo dicho

Con un pan,

Con una mesa,

Con un muro,

Con una silla,

No se puede cambiar al mundo.

Con una carabina,

Con un libro,

Eso es posible.

Comprendéis por que

El poeta y el soldado

Pueden ser una misma cosa?

Subiré al cielo,

Le pondré gatillo a la luna

Y desde arriba fusilare al mundo,

Suavemente,

Para que esto cambie de una vez.

Raúl González Tuñon

Nació el 29 de mayo de 1905, en Saavedra 614, en el Once. Hasta ese 14 de agosto de 1974 vivía en un departamento en Pacífico, con su mujer, Nélida Rodríguez, y su hijo Adolfo (Fito). Allí, en la mesa del comedor pasaba en limpio sus poemas en una vieja Underwood negra. Los escribía a mano en Clarín, donde trabajaba.

A los 16 años ya conocía los bajos fondos porteños, que se convertirían en la médula de su poesía. A los 17 recibía 15 pesos por su poema "A Frank Brown" (el payaso), publicado en la revista Caras y Caretas.

A los 21, algunos "ladrones sentimentales" lloraban al escucharlo recitar sus versos. Sobre todo, los que hablaban de esas máquinas que mostraban la vida "color de rosa" por sólo 20 centavos, en el viejo Paseo de Julio, hoy Leandro N. Alem.

Desde su primer libro, El violín del diablo, se vislumbra una constante en su poesía: igualar lo alto y lo bajo; Baudelaire y sus paraísos artificiales conviven con el circo, las prostitutas y marineros.

Fue un eterno experimentador, viajero infatigable, aventurero empedernido. Abrazó las vanguardias de la década del 20. Colaboró en la revista Martín Fierro, dirigida por su amigo Evar Méndez, producto de jóvenes provocadores que apostaba a romper con las formas conocidas -aunque respetaba la tradición criolla-, dejándose seducir por la ciudad y sus márgenes: los guapos de los arrabales de Jorge Luis Borges, el tranvía donde leer a Oliverio Girondo, los canallas del propio Tuñón.

En toda su obra hay una fuerte marca autobiográfica. "Vi la luz en el barrio del Once, en el surero/ Y en mi barrio nacieron la poesía y el tango...", escribió en A la sombra de los barrios amados, en 1957. "Lo cual es mentira, claro", confesaría poco antes de morir.

Aventura en París

En sus poemas viven Baudelaire, Franois Villon, Federico García Lorca, Miguel Hernández, la literatura norteamericana, el cine y el jazz. Y las ciudades que recorrió: su obra es un gigantesco atlas, y los puertos sus puntos de referencia.

Pero además está la herencia familiar. El mismo se postula como una síntesis entre sus dos abuelos: Manuel Tuñón, el minero asturiano socialista que lo llevaba a las manifestaciones en Plaza Once, y Don Estanislao González: "Imaginero, qué hermosa profesión y qué hombre tan borracho".

El abuelo materno se disputa la paternidad de Juancito Caminador -su alter ego en la ficción-, con un prestidigitador de circo que se hacía llamar Johnnie Walker (literalmente Juancito Caminador), por el whisky. El personaje, protagonista de Todos bailan, de 1934, había debutado en Miércoles de ceniza (1928).

De los bares porteños como "El puchero misterioso", donde conoció Conrado Nalé Roxlo, González Tuñón saltó a una mesa en Montparnasse, la de La calle del agujero en la media, de 1930. Escribió ese libro ebrio de París, sus calles y sus mujeres, el surrealismo y la distancia.

Pero una sublevación de mineros en España lo golpeó contra una realidad todavía más violenta que la que conocería como corresponsal para el diario Crítica, de Natalio Botana, en la guerra del Chaco Paraguayo o en el Brasil de la revolución de Getulio Vargas. Entonces comienza una serie de libros de contenido más "social", más revolucionario, como La rosa blindada (1936) o La muerte en Madrid (1938).González Tuñón perdió demasiado pronto a las personas que quería: a su madre en la infancia, luego a su hermano Enrique, el cuentista, y a su primera mujer, Amparo Mom. Para los seres perdidos escribió Hay alguien que está esperando, de 1952. Hubo otros amores, como la chilena Irma Falcón, con quien tuvo una hija, Aurora Amparo.

En 1972 recibe el Gran Premio de la SADE. Atrás quedaba el joven que recorrió el país sin un centavo, dando lugar al hombre que, desde un poema recomendaba "no asustarse de partir y volver". Y para los poetas que recién empezaban reproducía una frase del inglés Roger Bacon del siglo XIII: "Contemplad el mundo".

Vocabulario:

Cambalache: tienda en que se compran y venden prendas, alhajas o muebles de lance.

Carabina: Arma de fuego menor que el fusil.

SINTESIS

Elegi estas dos poesias porque las dos hablan de la realidad, de los males que pasa la sociedad, en el caso de cambalache que se refleja un enfoque del mundo un tanto negativo, el mundo fue y sera una porqueria ya lo se..., que en su momento alla por el año 1935 era considerado algo pesimista, hoy es aceptada como un cruel espejo de nuestro presente.

En el caso de “La luna con gatillo muestra tambien una vision del presente, da la casualidad que los dos autores son contemporaneos entre si, sera que (digo yo) habia algo asi como un descontento entre estos dos autores y con una vision del futuro poco positiva lo que los hizo grandes?, pero sin embargo el poema de González Tuñon es un poco mas esperanzado expresando que esta realidad es convertible, pero tambien a la vez sadico cuando dice: Subiré al cielo, Le pondré gatillo a la luna

Y desde arriba fusilare al mundo, Suavemente, Para que esto cambie de una vez. Dos poesias que nos dejan algo que pensar sobre nuestra realidad.