Museo arqueológico: José María Soler

Historia antigua. Patrimonio artístico y cultural. Arqueología. Paleolítico. Yacimientos. Cuevas. Sílex. Piezas arqueológicas. Puntas de flecha. Decoración. Restos de huesos

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MUSEO ARQUEOLÓGICO

"JOSÉ MARÍA SOLER"

Villena (Alicante)

PALEOLÍTICO MEDIO

"CUEVA DEL COCHINO" (Vitrina no 1)

Los más antiguos testimonios de la presencia del hom­bre en la región de Villena se hallan en una peque­ña cueva sita en los contrafuertes meridionales de la sierra del Morrón: la llamada "Cueva del Cochino". Salvo unos fragmentos de cerámicas medievales y roma­nas y unas puntas de flecha de sílex eneolíticas, apareci­das en la explanada exterior, la cueva proporcionó 1.160 pie­zas de pedernal, de las que el 10% eran "puntas", otro 10% "raederas", el 7% "raspadores", y el resto "perforadores", "buriles", "denticulados" y lascas folioides. Es un material típico del musteriense,

PALEOLÍTICO SUPERIOR Y MESOLÍTICO

No han aparecido hasta el momento en la región vestigios de las culturas del Paleolítico Superior, aunque se han de­tectado instrumentos líticos tipológicamente asimilables a la cultura "Solutrense" en alguno de los yacimientos de su­perficie del término municipal.

"CUEVA GRANDE DE LA HUESA TACAÑA" (Vitrina no 2)

El material recogido consiste en 2.600 piezas de sílex, 9 lascas de cuarcita, pertenecientes casi todas al mismo núcleo, varios huesos y fragmentos, algunos aguzados; un "cardium" perforado, y varios trozos de "pecten".

En el millar y medio de piezas más o menos definidas, más del ochenta por ciento consiste en hojillas microlíticas, con o sin retoque, probablemente "golpes de buril".

En el numeroso conjunto de "hojillas retocadas", más de un centenar responden al tipo de "dorso rebajado' pero hay unas sesenta de sección triangular, de las llamadas "de cresta", minuciosamente retocadas, aunque no en los bordes, sino en la arista opuesta al plano de lascado.

Hay una gran serie de "buriles", alrededor de ciento cincuenta. Los "perforadores" o "taladros", son escasos, pero magníficamente representados. También hay una raedera apuntada en el extremo y con efecto de "buril" en el otro. Para la fijación cronológica del yacimiento es fundamental una "gravette" de 42 mm. de longitud, en sílex pardo-rosado. Por tanto, en esta cueva hay una industria de facies microlítica, sin geométricos, asimilable al "Mesolítico I", fechable hacia el 12.000—10.000 a.C.

"CUEVA PEQUEÑA DE LA HUESA TACAÑA" (Vitrina no 2)

Entre los materiales hay hojas y hojillas, núcleos, 5 trape­cios y dos microburiles, y el conjunto encaja en el "Mesolítico II" o “Epipaleolítico-Geométrico”, fechable entre el 10.000 y el 6.000 a.C.

'PINAR DE TARRUELLA" (Vitrina no 6)

Las prospecciones superficiales han proporcionado lámi­nas y laminitas con borde rebajado, raspadores, raederas, perforadores, lascas con muescas y denticulados y un trapecio. No se ha hallado cerámica, pese a su proximidad al Arenal de la Virgen, donde existen va­rias especies, incluida la "cardial". El conjunto puede inscribirse en un "Mesolítico" o "Epipaleolítico-Microlaminar", entre el 12.000 y el 10.000 a.C.

ESTACIONES LÍTICAS SUPERFICIALES (Vitrina 2 y 4)

Por todo el término municipal aparecen ya­cimientos de superficie con sílex, sobre todo en las orillas de la antigua Laguna y en las terrazas del río Vinalopó, y se discute su cronología entre el Paleolítico y la plena Edad del Bronce, pasando por todas las etapas intermedias. Lo único claro es que el del Pinar de Tarruella es claramente Mesolítico, y que hay hojillas de dorso rebajado en alguno de los yacimientos del sector oriental y alguna raedera de tipo "musteriense" al pie de la Huesa Tacaña.

NEOLÍTICO

"CASA DE LARA" (Vitrina no 3)

Prospecciones superficiales, aunque intensas, han suministrado ya más de cincuenta mil piezas de sílex. Abundan los núcleos de lascas y de hojas, en gran parte de tamaños medianos o reducidos, pero hay también utensilios grandes de ofitas, calizas duras o cuarcitas. De otras piedras finas, como fibrolita, se fabrican hachuelas de tamaño diminuto.

Toda la industria del sílex tallado se halla representada en este yacimiento. Hojas medianas de borde retocado, de muesca sencilla o múltiple, de huella bifacial y retoque paralelo, y una decena de dientes de hoz. Cientos de raspadores de todos los tipos. Raederas y cuchillos; puntas bifaciales de talla tosca; lascas talladas en Y o en T, instrumentos mixtos de ras­pador y perforador.

Asimismo hay microlitos geométricos, hojillas de borde rebajado y microburiles, que siguen distintos tipos, técnicas y tamaños: triángulos, trapecios, medias lunas de dorso rebajado, segmentos de doble bisel, etc., así como flechas de talla bifacial.

En la cerámica del yacimiento se dan casi todos los procedimientos decorativos propios del Neolítico: ungulaciones, puntillados e impresio­nes diversas, entre ellas la "cardial". Desgraciadamente, el tamaño de los fragmentos no permite reconstrucciones con­vincentes. También hay cilindros curvados con orificios en los extremos y pla­cas provistas de cuatro perforaciones.

Hay igualmente alrededor de un centenar de objetos de adorno, en su mayor parte conchas per­foradas (pectúnculo, cardium...), recogidos en prospecciones superficiales.

El metal es muy escaso, pero está magníficamente repre­sentado por un puñal de lengüeta, un robloncillo de enmangamiento y algunos trozos de lo que parece un punzón. También hay metales de épocas posteriores, lo que se debe a que el yacimiento, por los datos obtenidos hasta el momento, debió ocuparse desde el 10.000 hasta el 2.000 a.C.

"ARENAL DE LA VIRGEN" (Vitrina no 5)

Hay láminas y laminitas de borde rebajado, núcleos, denticulados, muescas, raspadores, microlitos geométricos, microburiles y dos pun­tas de flecha.

También hay dos vasijas globulares con decoración cardial. Hay también tiestos incisos, con relieves y ungulaciones, fechables entre el tercero y el cuarto milenio.

“CUEVA DEL LAGRIMAL” (Vitrina nº 4)

Había un nivel inferior (Lagrimal IV), carente de cerámica, con microlitos geométricos, microburiles y abundantes hojillas de dorso rebajado, correspondiente a la fase inicial del Mesolítico II. El nivel siguiente (Lagrimal III) contenía todavía hojillas de dorso, un mayor índice de microlitos geométricos, brazaletes de concha y abundantes fragmentos de cerámica lisos, algunos con ma­melones u orejetas; sólo cuatro fragmentos estaban ador­nados con líneas finamente incisas; no había ni el menor asomo de cerámicas impresas; por tanto es un Neolítico de cuevas sin cardial.

En el nivel siguiente (Lagri­mal II) disminuye el índice de borde rebajado y sigue aumen­tando el de los geométricos, pero hay ya cuatro puntas de flecha bifaciales, una hachuela pulida, brazaletes de con­cha, cerámicas lisas o con pezones utilitarios, un fragmen­to de boca con bordes picados, varios trozos de colador o encella, cinco fragmentos con adorno acanalado en líneas paralelas o en espina de pez, y dos punzones de cobre, uno de ellos con su mango de asta.

El nivel I es ya moderno, con gran cantidad de restos moriscos y medievales. Los iberos están ausentes, y la presencia ro­mana sólo está atestiguada por algunas monedas.

"LA MACOLLA" (Vitrina no 6)

El sílex es abundante y de excelente calidad. Hay núcleos y esferoides, hojas profusamente retocadas en uno o en los dos filos y también sin nin­gún retoque, raspadores, perforadores, raederas, muescas y puntas de flecha de retoque bifacial de diversas formas. Abundan las hachas o azuelas de ofitas locales, hendedores y piedras de molino. También hay una pequeña hachuela de fibrolita, así como molinos, mor­teros y afiladores de arenisca micácica y una moleta y va­rios esferoides de cuarcita, así como bruñidores de yeso.

De concha hay fragmentos de pedúnculo y de cardium; de hueso, cinceles en el extremo de huesos fuertes y fragmen­tos de punzones pulidos; de barro, fragmentos de pesas de telar y un trozo con improntas de caña o junco, y como ob­jetos de adorno, una falange con ranura circular cerca de un extremo y un fragmento de brazalete de caliza fina. En cerámica hay media docena de fragmentos "cerámica cen­telleante", elaborada con mica dorada como único desgrasante.

En la decoración hay líneas incisas, paralelas o en ángulo, y se dan también los pequeños mamelones o botones en serie. El ornamento más repetido es el de puntos gruesos y profundos. Un último tipo de decoración es el de anchos surcos paralelos. Entre las formas, predominan los cuencos, algunos de borde exvasado y las ollas cilíndricas de base redondeada, y no son infrecuentes las vasijas de base plana. No abundan las asas, pero si los mamelones, algunas con orificio vertical. Es­tos mamelones son de todos los tamaños y se colocan en cualquier posición; en muchos de los casos son postizos, y algunos aparecen sueltos.

También hay huesos, de cápridos, équidos, óvidos y suidos por lo menos. Así pues, el yacimiento se fecharía entre el 6.000 y el 2.000 a.C.

ENEOLÍTICO

"CUEVA DE LAS LECHUZAS" (Vitrina n. º 6)

Consta de tres crá­neos completos, cuatro cráneos sin la mandíbula inferior, otro infantil, falto del occipital, dos calvarías y varios huesos sueltos, algunos de ellos quemados. En resumen hay evidencia de 18 esqueletos de todas las eda­des.

Además de huesos, se hallaron los siguientes materiales: Sílex: 13 puntas de flecha. Piedra: 1 hacha y una azuela de ofita gris. Hueso: 3 punzones; 3 tubos recortados; 1 colgante de base abultada; 6 vértebras de pez. Otros adornos: 1.087 ejempla­res de conchas de "marginella"; 5, de trivia; 11, de "columbella"; 89 de "phasianella"; 53 de "dentalium"; 1 caracoli­llo perforado, 5 plaquitas de caliza; 2 cuentas de "calaita" o "esteatita" en forma de oliva; 26 cuentas discoidales blan­cas; 12 cuentas cilíndricas de color ambarino; 1.033 cuen­tas discoidales de color gris o negro; 1 placa rectangular de caliza blanca con orificio de suspensión. Cerámica: Cuenco de base aplanada; cuenco de base re­dondeada y vasija esférica.

El conjunto puede fecharse entre el 3.000 y el 2.000 a.C.

"CUEVA DE LAS DELICIAS" (Vitrina no 6)

Hay un parietal infantil, otro robusto maxilar y un frontal de adulto. De cobre hay 4 aretes cerrados y 9 abiertos, con los extremos unidos, una hebilla o asa formada por una barrita con los extremos aguzados que se cierran formando sendos ojales, y otra anilla, con vástago horizontal en el interior, enlazada en cadena con dos anillas más pequeñas. De sílex hay una punta de flecha romboidal, y de otras piedras, seis cuentas discoidales, dos esferoidales y una en forma de tonelete. De concha, dos fragmentos de pedúnculo y otros dos de dentalium, y hay otra cuenta bicónica negra de una sustan­cia probablemente vegetal.

Puede datarse el yacimiento entre el 3.000 y el 2.000 a.C.

"CUEVA DEL ALTO N. º 1 (Vitrina n.° 6)

Hay quince individuos enterrados, más de un centenar de piezas dentarias, y huesos sueltos. El lugar probablemente era un osario, con enterra­mientos de segundo grado. El material recogido consiste en un arete de cobre o bron­ce adherido al cráneo no 10, en el fragmento de un punzón y en una plaquita arrollada en espiral y con un orificio de suspensión. De hueso hay un trozo de caña re­cortada por ambos extremos y un colgante de forma oval con orificio de suspensión. De concha, un "trochus" perfo­rado, y 5 frag­mentos de dentálidos. Y de cerámica, fragmentos de cuen­cos lisos y un trozo con líneas incisas irregulares.

El yacimiento se data entre el 3.000 y el 2.000 a.C.

"CUEVA DEL ALTO N.° 2"

Es un yacimiento excavado solamente en parte, en el que, a unos estratos neolíticos se superpone una ocupación en época ibero-romana (ties­tos pintados y un vaso de sigillata)

"CUEVA DEL MOLINICO" (Vitrina n.° 14)

Primero se halló una cuentecilla de oro formada por una chapita arrollada con lí­neas incisas. (Vitrina no 28), y luego veintidós individuos enterrados. Sin embargo, el material hallado es bastante escaso, se limita a un punzón y un arete de cobre o bronce; un diente partido longitudinalmente y perforado; cuatro vértebras de pez; dos "columbellas" perforadas y fragmentos de dos "conus"; fragmentos de cerámica lisa, tres de ellos de bordes de cuen­cos y un cuenco entero con dos mamelones. El yacimiento se fecharía entre el 3.000 y el 2.000 a.C.

"PUNTAL DE LOS CARNICEROS" (Vitrina n.° 5)

Se recogieron algunos fragmentos de cerámica lisa; un cuenco con decoración incisa estilo "Boquique" y varios fragmentos campaniformes, así como un raspador, 1 denti­culado, 1 hojita y varias lascas de sílex. Es fechable entre el 3.000 y el 2.000 a.C.

"CUEVA DEL PUNTAL DE LOS CARNICEROS" (Vitrina no 5)

Se hallaron dos tibias humanas, fragmento de un maxilar inferior, trozo de un hueso largo, ocho piezas dentarias y varios fragmentos indeterminados fueron los únicos testimonios de enterramiento que se recogieron. Los objetos de ofrenda son los siguientes: 1 punta de flecha romboidal de sílex; un trapecio con reto­que abrupto, una placa de sílex tabular, con restos del "cortex" y retoque invasor por ambas caras; pequeña hoja con algunos retoques en el frente; pequeña lasca con muesca retocada y efecto de buril; siete cuentas de calaíta en for­ma de tonelete; seis cuentas bicónicas blancas; una cuen­ta negra, plano-convexa, con una perforación en X hori­zontal; un "cardium" sin horadar; dos conchas de "marginella", con dos perforaciones cada una; un arete de plata de 5 mm. de diámetro y fragmentos cerámicos de cuencos lisos.

Se trata de un enterramiento Eneolítico datable en el año 3.000 a.C.

“PEÑÓN DE LA ZORRA" (Vitrina no 6)

Hay cenizas, carbones, mo­linos y huesos de fauna. Los materiales recogidos son los siguientes, Sílex: 1 hoji­ta, 1 buril, 1 perforador y 9 dientes de hoz. Otras piedras: 1 mazo de ofita, 1 molino, 1 percutor de cuarcita, 3 placas de arenisca. Cerámica: Una olla carenada de cuello largo, 1 cuenco espatulado, 1 cuenco con orejeta de aprehensión, 1 cuenco con mamelones, 1 fragmento con cordón y 5 fragmentos con adorno campaniforme. Hueso: Espátulas y fragmentos aguzados. Es, como el anterior, un poblado Eneolítico del tercer milenio.

"CUEVA OCCIDENTAL DEL PEÑÓN DE LA ZORRA (Vitrina no 5)

Hay algunos huesos humanos: tibia, cúbito y radio, muy alterados, un fragmento de parietal humano y dos cuentas de calaíta en forma de tonelete. El resto de los hallazgos es: 1 punta de flecha con pedúnculo triangular, en sílex melado. Una concha de "dentalium" de 4,5 cm. de longitud; un arete de plata de 15 mm. de diámetro y varios fragmentos de un cuenco de pas­ta negruzca con la superficie espatulada. Es un enterramiento Eneolítico, 3.000 a.C.

"CUEVA ORIENTAL DEL PEÑÓN DE LA ZORRA" (Vitrina no 5)

Hay fragmentos de huesos hu­manos destrozados y algunas piezas dentarias, destrozados por carnívoros, pero también un magnífico ajuar formado por una lanza o puñal de lengüeta con bordes biselados, dos puntas de flecha tipo "Palmela" y un arete de plata de unos 14 mm. de diámetro. También hay una lasca rectangular de sílex, con un borde retocado, tres lasquillas amorfas, fragmentos de cinco cuencos de cerámica, dos de ellos con mamelones, y catorce vértebras de pez.

El yacimiento es claramente Eneolítico.

"CUEVA DEL BARRANCO"

Hay quince fragmentos de un cuenco color siena, de superficie ligeramente espatulada, y fragmentos de otra vasija gris de cuello exvasado. También hay algunos huesos humanos y un premolar muy desgastado, un colgante de con­cha y un fragmento de piedra verdosa, de superfi­cies pulidas, con un par de molduras.

"CUEVA NEGRA DEL MORRÓN"

Expoliado con anterioridad, losa únicos restos hallados son tiestos rojizos per­tenecientes a dos vasijas de cuello exvasado, una de ellas de gran tamaño, una lasca de sílex tallada a modo de raedera transversal y una veintena de conchas de "marginella", con dos perforaciones.

“CUEVA OCCIDENTAL DE SALVATIERRA" o “CUEVA DE LAS BLANCAS"

Hay algunas piezas den­tarias y fragmentos de cráneos humanos, huesos de animales y tiestos de todas las épocas, de entre los que interesa destacar decenas de fragmentos a ma­no, lisos, algunos con mamelones y bordes picados. Las pastas son porosas, de colores pardos, grises y negros, con algunos ejemplares de color siena claro o rojizo, bien espatulado. Varios tiestos pertenecen a vasi­jas grandes de perfil en S, bien cocidas y espatuladas, que pueden ser Eneolíticas, pero que bien pudieran pertenecer a la Edad del Bronce.

"CUEVA ORIENTAL DE SALVATIERRA" (Vitrina no 5)

Se hallaron huesos humanos y de fauna junto con cerámicas ibéricas y medievales de época antigua. Los materiales prehistóricos recogidos en la cueva son los siguientes: Sílex: Un pequeño núcleo con negativos de las­cado; dos dientes de hoz, y una flecha romboidal de reto­que bifacial cubriente. Adornos: Tres cuentas discoidales blancas. Metal: Un punzón de cobre o bronce y tres fragmen­tos de otro, ambos de sección cuadrada. Cerámica: Un cen­tenar de tiestos lisos, generalmente con espatulado brillante, pertenecientes a cuencos y ollas de paredes rectas, algu­na de cuello recto y otras de perfil en S. Pueden ser fecha­dos entre el 3.000 y el 2.000 a.C.

EDAD DEL BRONCE

“CABEZOS DE PENALVA O DE LA LAGUNILLA" (Vitrina no 14)

Exploraciones superficiales suministraron los ma­teriales siguientes: Piedra: Molinos barquiformes, alisado­res y bruñidores diversos. Sílex: Es abundantísimo, con nu­merosos núcleos y lascas con burdos retoques, que han podido utilizarse como raspadores, buriles, perforadores y otras piezas "de fortuna". Hay muchas lascas foliáceas, verdaderas hojas y varias docenas de dientes de hoz.

Metal: Una punta de Palmela en dos trozos, con pedúnculo de sección cuadrada, de cobre, con solamente 0,1% de estaño. Conchas: Una ciprea y un pedúnculo perforados. Cerámica: Cuencos hemisféricos; ollas con perfil en S, varias de ellas con pezones cerca del borde; fragmentos de vasijas care­nadas, de inflexión redondeada, algunas con arranque de asas en la propia carena; trozo de boca con grueso cordón paralelo al borde; dos fragmentos con líneas incisas, recta una y curva la otra; un trozo de boca con serie de pequeños botones junto al borde, y un gran cuenco hemisférico, ne­gruzco, de superficie espatulada y grandes mamelones en el tercio superior.

La datación del yacimiento puede estar entre el 2.000 y el 1.000 a.C.

"TERLINQUES" (Vitrina no 14)

Se recogieron abundantes dientes de hoz, una flecha de sílex romboidal, de talla bifacial; núcleos e instrumentos de sílex y cuarci­ta, de entre los que hay que destacar un mazo de minero de base plana y ranuras de enmangamiento; fragmentos de cobre o bronce, con una punta de espiga tipo Palmela; bra­zales de arquero, afiladores, punzones de hueso, conchas perforadas, una cuenca ovalada de oro y un espiral de pla­ta. La cerámica es muy abundante, con las formas típicas de cuencos, ollas globulares o de cuello indicado y vasos carenados.

El análisis de unos carbones procedentes del Departamento I se ha remontado al 1.850 a.C., la más alta hasta ahora de las obtenidas para la Edad del Bronce por estas comarcas.

"EL POLOVAR" (Vitrina no 14)

Es un yacimiento casi totalmente arrasado por las canteras, aunque se han recogido fragmentos cerámicos y dientes de hoz, claro testimonio de la existencia del yacimiento y de su sig­nificación cultural.

"PEÑÓN DE LOS MOSQUITOS"

En él se han encontrado tiestos lisos, algunos con mamelones.

"CABEZO DE LA ESCOBA" (Vitrina n. º 12)

Hay un cuenco amarillento, una vasija carenada gris, con trigo; una olla globular, con pezones en el cuello, que contenía bellotas; otra vasija carenada, color siena, con se­ries de tres pequeños botones en el borde y en la carena, con habas y una cabeza de ajo; otra vasija de carena alta que sólo contenía huesos de fauna, y otra vasija grande, de cuerpo esferoidal, con deformaciones producidas probable­mente por la acción del fuego.

Un pequeño cuenco se ha­llaba bajo los tiestos de la vasija de las habas, y otro, algo mayor, junto a la de las bellotas. En las inmediaciones de este hogar se encontraron tres tortas oblongas de barro con cuatro orificios, un punzón de hueso y dos fragmentos de otro punzón de cobre que tenia en su composición 0,005 de estaño.

ENTERRAMIENTO

Se halló un esqueleto en posición encogida, apoya­do sobre el costado derecho, y de ajuar sólo un pendiente formado por un espiral de plata, o más bien un arete con los extremos sueltos, del que colgaba una especie de carrete de oro formado por una lámina curvada hacia el exterior (Vitrina no 28), y un paquete de huesos co­rrespondientes a otro individuo.

"CABEZO DE LA HIEDRA" (Vitrina no 14)

Hay varios cuencos esferoidales o cilíndricos de colores pardos, rojizos y anaranjados, ollas o cazuelas de perfil en S, una de ellas con el borde picado por incisiones elípticas. Otra, de cuello recto y superficie pulida, llevaba dos orificios cerca del borde; y un tiesto amarillo, más delgado, tenía un orificio similar.

Ha­bía también varios ejemplares con carena media, poco acu­sada por lo general, una de ellas tenía un color rojo vinoso, poco corriente. Se ven también cordones aplicados, así co­mo mamelones y orejetas, y uno de los ejemplares llevaba dos de estos mamelones en sentido vertical.

"CABEZO DEL CANTALAR" (Vitrina no 14)

Exploraciones superficiales han dado los siguientes materiales: Piedras varias: Molinos de mano y afiladores de arenisca. Sílex: Núcleos de lascas y uno de hojas; abundantes lascas atípicas y una docena de dientes de hoz. Metal: Una punta de Palmela con pedúncu­lo corto de sección cuadrada, y un punzón, también de sec­ción cuadrada. Ambos son de cobre, con sólo indicios de estaño en su composición.

Cerámica: Un cuenco ovoide amarillento, con dos orejetas en posición vertical cerca del borde; otros dos fragmentos con series de botones en re­lieve; un trozo con la superficie "peinada"; varios fragmen­tos con mamelones; un trozo de buena factura, con mame­lón alargado y borde picado con incisiones irregulares. Hay un par de vasijas con iniciación de carena redondeada. Pue­de fecharse en 1.500 a.C.

"ALTOS DE LA ZAFRA"

En una visita de reco­nocimiento se recogieron hoces de pedernal y otras piezas de la misma piedra, así como numerosos ties­tos de vasijas corrientes.

"LOS PEDRUSCALES"

Se recogieron fragmentos de vasijas rojizas o negruzcas, algunos de su­perficie espatulada.

"LA CREUETA”

Hay abun­dante cerámica lisa, de formas corrientes, con algunos frag­mentos de base plana, algún tiesto carenado y fragmentos con mamelones u orejetas.

"LAS PEÑICAS" (Vitrina no 5)

Hay botones de hueso con perforación en V, así como tiestos con gruesos cordones, que en un caso se do­blan en ángulo redondeado. Abundan también las series de botones de diversos tamaños, entre los que destaca un ties­to grande de cuenco carenado, con un círculo de botones por toda la carena. Hay muchos cuencos de factura tosca, con escaso o nulo pulimento. La datación del yacimiento debe oscilar entre el 2.000 y el 1.000 a.C.

"BARRANCO TUERTO"

Hay espartos entretejidos.

"CABEZOS DE VALERA" (Vitrina no 14)

Prospecciones superficiales han suministrado gran canti­dad de cantos de cuarcita, molinos barquiformes, dientes de hoz y lascas de sílex, punzones de hueso, cipreas perforadas, cuentas de collar circulares y gran cantidad de cerámica, sin diferencias apreciables con la de muchos de los yacimientos ya descritos.

Como todos ellos, puede fechar­se entre el 2.000 y el 1.000 a.C.

“PEÑÓN DE LA MONEDA"

Hay muchos fragmentos cerámicos pertenecientes, en su mayor parte, a dos vasijas cilíndricas de cuello recto, con series de pezones dobles la una y cuello algo exvasado la otra. También hay un molino oblongo y una piedra abrasiva de arenisca.

"PEÑÓN DEL REY" (Vitrina no 19)

Hay muchas piezas de sílex, se recogieron más de quinientas entre núcleos, lascas, verdaderos raspadores, al­gún buril y numerosos dientes de hoz, uno de los cuales está fabricado en un hoja de cinco cm. de longitud. También se halló una punta de flecha de pedúnculo y aletas en sílex blanco, así como ollas de paredes rec­tas, algunas con orejetas de aprehensión y una con el borde picado por incisiones finas. Les acompañan una val­va grande de pedúnculo con ancha perforación circular; un fragmento de placa de pizarra irisada, con orificio de sus­pensión, y una punta de Pálmela algo deformada, de seis cm. de longitud, con el pedúnculo de sección cuadrada.

"CABEZO REDONDO" (Vitrinas no 7 al 12)

Se excavaron más de mil metros cuadrados, repartidos en 18 Departamentos escalonados en la vertiente occidental del cerro, sin excesivas preocupaciones defensivas, pues las viviendas de las zonas bajas se levantan a pocos metros del suelo. Los muros, en muchos de los casos, sostienen la plataforma de tierras apisonadas que forman el piso de las habitaciones situadas a mayor altura.

En alguna ocasión, se adosan al muro escalones de piedra a dos vertientes pa­ra ascender hasta las casas vecinas. Las paredes están for­madas por hiladas de piedras trabadas con barro y muchas veces enlucidas con otra capa de barros alisados. Las viviendas suelen ser rectangulares pero a veces se convier­ten en elipsoidales al curvar sus ángulos. El muro de la co­ta más baja, que probablemente cerraba el poblado, tenía un metro de espesor, con cimientos fuertemente reforzados por el interior, y estaba atravesado por un albollón de desagüe. Las techumbres eran de cañas y barro, y estaban sosteni­das por postes de madera calzados con arcos de piedras superpuestas. Se han contado hasta 46 de estos postes, que estaban pareados en quince ocasiones.

Hay enterramientos de todos los tipos, generalmente sen­cillos, pero también dobles, tanto en el subsuelo de las vi­viendas como en los escarpes de la cima; en urna tumbada o en posición vertical; en tierra, dentro de un marco de pie­dras, o en fosa, con enterramientos superpuestos; un ca­dáver infantil se depositó sobre el fragmento de una tinaja en un rincón de la casa. Sumamente interesante es el caso de una cueva enlosada, con una pequeña cista en la inter­sección del techo con el suelo, que contenía un cadáver in­fantil portador de un colgante de oro en forma de trompeti­lla. La cista se ocultó al construir en el centro de la cueva una especie de túmulo rectangular formado por grandes pie­dras trabadas con un amasijo de tierras blancas muy com­pactas, que albergaba el cadáver de un adulto con ofrenda de dos vasijas carenadas dobles. Sobre el túmulo, aún se construyó una cista irregular con losas de canto para alber­gar un enterramiento de segundo grado, trasladado de otro lugar, puesto que el cráneo se colocó dentro de la cista con la mandíbula encima y el resto de los huesos se depositó en manojos a uno y otro lado.

Todo ello posterior evidente­mente al enterramiento primitivo de aquel niño, y es muy de señalar que a media ladera abajo de esta cueva, apare­ció lo que hoy se conoce como "Tesorillo del Cabezo Redondo", en el que hay diez trompetillas similares a la del enterramiento y un trozo de lingote, demostrativo de que el orífice no andaba muy lejos de aquellos lugares.

Esto lleva al apartado de la metalurgia, que está plena­mente desarrollada. Centenar y medio de objetos metálicos han sido ya recogidos, y es una mínima parte del yacimien­to lo que ha sido excavado. Hay hachas, puntas de flecha, cuchillos, punzones, cinceles, roblones, clavos, diademas, brazaletes, aretes y colgantes, a lo que hay que añadir ves­tigios de hornos y moldes de fundición, contando como tal un fragmento de jibión, que siguen usando como moldes algunos orfebres actuales. El análisis de alguno de estos objetos ha dado un diez por ciento de estaño y un uno por ciento de arsénico.

Por lo que respecta a la economía, más de cincuenta mil huesos de fauna ha dado ya el Cabezo Redondo, de los que fueron analizados treinta y tres mil quinientos por especialistas alemanes. Sintetizando sus resultados se observa que 25.000, o sea el 75% del total, eran de cabra y oveja; 3.420 de cone­jo; 2.350 de toro o vaca; 1.150 de cerdo; y solo 550 de caba­llo. Estas cifras ponen claramente de manifiesto que la do­mesticación de la cabra, la oveja, el buey y el cerdo debió ser anterior a la del caballo, que en la economía de pobla­ciones ya asentadas desempeña un papel muy limitado, ya que el buey era muy superior al caballo como animal de ti­ro. Los habitantes del Cabezo Redondo eran pues cazado­res, pastores y ganaderos, que tendrían sus corralones en la suave pendiente amesetada de la vertiente oriental.

Se han documentado en varios Departamentos el trigo, la cebada y unas pequeñas simientes que parecen mijo, pinas y piñones, y simientes de "hierba viborera" (Echium pustulatum) y de "gamón" (Asphodelus fistulosus), que probable­mente eran ya consideradas como medicinales, igual que en la actualidad. Todo ello queda sin embargo oscurecido ante la presencia de esa ingente cantidad de huesos de fau­na, lo que hace deducir que la agricultura y la recolección eran actividades secundarias para aquellos habitantes del poblado, especialmente pastores y ganaderos.

Se recogieron más de doce mil tiestos de cerámica, de los cuales, dos mil son bocas. Descontando teóricamente de esta cifra un 5%, por los fragmentos que puedan pertene­cer a cacharros ya contados, da un total de 1.900 vasi­jas, de las cuales, 110 van provistas de mamelones u oreje­tas de aprehensión y sólo 14 llevan asa. No llegan a cua­renta los tiestos con adorno inciso o puntillado, y hay me­dia docena de fragmentos ornados con el procedimiento de la excisión. Se dan todas las formas derivadas del cilindro, del cono y de la esfera, con gran abundancia de cuencos carenados, una buena serie de vasos geminados y algunas vasijas de base plana o apuntadas. De hueso abundan los punzones, entre los que destacan los acanalados que conservan la apófisis como empuñadura y que pueden ser considerados como verdaderos puñales. Hay espátulas, cinceles, un botón con perforación en V, y varias puntas de flecha con aletas y pedúnculo, aparte de amuletos y objetos de adorno.

ÉPOCA IBÉRICA

"LA NECRÓPOLIS DE INCINERACIÓN DEL PEÑÓN DEL REY" (Vitrina no 19)

Una cata superficial puso al descubierto crecido número de vasijas muy fraccionadas, salvo media docena escasa que por excepción, se hallaba en buen estado. Todas están fabricadas a torno, con arcillas finas y bien .cribadas. Sus coloraciones oscilan del negro intenso al amarillo rojizo, pasando por el gris azulado, con predominio de las oscuras. Todas carecen de decoración, si no se considera como tal unos acanalados concéntricos más o menos anchos que ondulan la superficie, tanto interna como externa de algunas de ellas, o ciertas líneas finamente incisas que se observan más bien en la zona de separación del cuello y la panza o alrededor del pie. Es general en to­das ellas el bruñido más o menos intenso.

También hay una fíbula anular en perfecto estado de conservación, y dos trozos de hierro pertenecientes a una lanza. El resto de los objetos son un fragmento de cuchillo afalcatado, también de hierro; hoja metálica foliácea con pedúnculo de sección cuadrada; otra hoja más pequeña con pedúnculo plano y un orificio circular; botón metálico circular con dos círculos incisos paralelos y rayitas oblicuas y paralelas en la superficie, y varios trozos de hierro de dudosa significación.

La profusión de vasijas, así como su situación en simples hoyos rodeados de piedras obligan a pensar en una ne­crópolis de incineración. Las cenizas del difunto, juntas a veces con algunos objetos de su uso personal, fueron de­positadas en un hoyo y recubiertas con una de estas vasi­jas, rodeando el conjunto de piedras protectoras.

"PUNTAL DE SALINAS" (Vitrinas no 15 al 18)

Hay numerosos fragmentos de cacharros: grandes ánforas de tipo púnico, ollas grises y pardas sin deco­ración, vasijas pintadas con motivos geométricos sencillos y en raros casos vegetales. Hay también cerámi­ca de importación, ática de figuras rojas y campaniense de las series A y B. Destacar la ausencia de "sigillata" y de cualquiera otra especie de ce­rámica romana.

Entre los objetos de bronce había numerosas fíbulas anu­lares y un solo ejemplar de la Téne, sortijas con chatón, bro­ches, anillas, roblones, ponderales y asas. De hierro se re­cogieron falcatas y vainas, espadas de hoja triangular, lan­zas, regatones, soliférreos, cuchillos afalcatados y clavos. Se recuperó algún ponderal de plomo.

El vidrio era abundante, en forma de cuentas de collar, ver­des, azules, amarillas y policromadas, y también en fragmen­tos de pequeñas vasijas.

De hueso había agujas, punzones y tabas, y de barro, fusayolas, pesas de telar y numerosos tejos circulares.

También aparecieron sendos pendientes de oro formados por un núcleo grueso que se adelgaza hacia los extremos y termina en dos hilos que se arrollan en el lado opuesto, así como una bolita de mismo material. El Puntal de Salinas se fecha entre el 375 y el 350 a.C., por lo que entra de lleno en los poblados ibéricos de la época antigua.

"EL ZARICEJO” (Vitrina no 19)

Se halló una escultura animalística, algunos fragmen­tos cerámicos ibéricos con pintura geométrica, dos fragmentos de molinos de orejas y molinos circulares. También hay tres frag­mentos cerámicos claramente asignables a la Edad del Bron­ce, y una punta de sílex de talla bifacial. Todo ello proce­dente, sin duda, del vecino poblado de Terlinques.

Materiales propiamente ibéricos son las ánforas y grandes vasijas sin decoración, las ollas de pasta deleznable y as­pecto arcaico, aunque fabricadas a torno, las pequeñas va­sijas de color gris y los vasos pintados con rojo vinoso y decoración lineal o simplemente geométrica. Hay también tres fragmentos "precampanienses" de barniz negro brillan­te, pero no hay restos de "figuras rojas" ni el más mínimo residuo de "sigillata", que aparece, sin em­bargo, al pie de la ladera oriental del cabezo de Terlinques.

Por tanto, el yacimiento en­tra de lleno en los poblados "antiguos" de la civilización ibérica, y se fecharía en la segunda mitad del siglo IV a.C. y a esta fecha pertenece también la escultura de la Leona del Zaricejo.

LA LEONA DEL ZARICEJO (Sala II)

Pese a su estado antiguo de fragmentación, se ve claramente que es una leona. Ello puede com­probarse más claramente en el lado izquierdo, que es el me­jor conservado, con su oreja aplastada sobre el cráneo, y con su robusta mandíbula, finamente labrada.

Tiene la particularidad de la curvatura antianatómica de sus molares superiores, de los que conserva cinco, separados del único que posee en la mandíbula inferior por un hueco cuadrado del mismo tamaño que los molares. Quizá el artista quiso representar así la violencia con que el animal apresa­ba algo entre sus fauces, como parece indicar un trozo cur­vo que, partiendo de la única muela inferior, llega hasta la primera de la mandíbula superior. Visto por el lado izquierdo, que está bastante mutilado, el perfil de la cara parece antropoide. Es­tá labrada en una piedra caliza blanquecina. Mide en lo conservado 34 cm. de largo, 34,5 cm. de altura y 25 de anchura o espesor. La longitud de las orejas es de 13 cm. con el orificio auricular a 2,5 cm. de la ceja. El cráneo, oval, presenta tres estrías paralelas a 3 cm. la una de la otra.

"POBLADO IBÉRICO DE SALVATIERRA" (Vitrina no 23)

Hay cerámi­cas "campanienses" de barniz negro y la "sigillata", y multitud de cerámicas ibéricas pintadas, desde las simplemente geométricas hasta las florales de complica­dos dibujos y las ornadas con figuras animalísticas y aun con figuras humanas.

No hay cerámicas áticas, pero sí "kálaos", que es una de las formas tardías en el repertorio ibérico. Se recogieron también fusayolas de barro, abundantes fragmentos de hierro y vidrio, cuentas negras de collar con adornos en blanco, alfileres de bronce o plata, "pondus" de bron­ce o plomo, morteros o exprimidores cerámicos, con vertedero y el fondo sembrado de piedrecillas incrustadas, y lo que es importante para la datación: un par de monedas, pe­queños bronces, con la venera y los delfines de la ceca saguntina. El poblado puede ser fechado desde finales del siglo III hasta el siglo I a.C.

LA DAMA DE CAUDETE (Sala II)

Se trata de un busto femenino de 68 cm. de altura, con man­to que enmarca la cabeza y desciende por los hombros pa­ra unirse debajo del escote y continuar hasta la base en plie­gues escalonados. Las manos están ocultas bajo el manto, si es que no se trata de mutilaciones antiguas. Lleva tres collares y va tocada con peineta corta cubierta por una ajus­tada mantilla que llega hasta la frente y desciende por los aladares dejando al descubierto unos rizos del cabello. La mantilla se ciñe a la cabeza por medio de una diadema que puede ser un pliegue de la misma mantilla, y este pliegue se ajusta a su vez por un cintillo de cuatro hilos paralelos. El manto se inicia en la región occipital a modo de cuello alzado y deja albergados unos grandes pendientes circula­res que cuelgan de las orejas, ocultas bajo la mantilla.

Por la parte posterior, a la altura del cuello, hay un resalte que ha sido vaciado verticalmente para dejar un hoyo de diez cm. de longitud, seis de anchura y cinco de profundidad. Puede tratarse de una variante de los huecos cinerarios de que van provistas algunas esculturas coetáneas, como la de Elche o la de Baza. Parece abonar esta suposición la cir­cunstancia de que toda la parte posterior de la escultura se halla simplemente desbastada, como para estar empotra­da y ser contemplada de frente. La Dama de Caudete puede fecharse con toda seguridad dentro del S. IV a.C.

"CASA DE LA TEJERA" (Vitrina no 19)

Hay tiestos ibéricos de buena calidad con decoración geométrica, así como va­rios "clavos" cuadrangulares de arcilla, posiblemente utili­zados en los hornos alfareros para separar unas vasijas de otras durante la cocción.

EL MUSEO ARQUEOLÓGICO "JOSÉ MARÍA SOLER"

El Museo fue inaugurado el 3 de noviem­bre de 1957 por el entonces Inspector General Jefe del Ser­vicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas, don Julio Martínez Santa-Olalla y varias autoridades. Lo integraban dos salas contiguas, en las que se habían instalado catorce vitrinas exentas y dos fijas, y un departamento anexo para almacén y laboratorio.

Tras el descubrimiento en 1963 de los tesoros, una Orden Ministerial de 16 de febrero de 1967 autorizó la creación oficial del Museo, que había sido solicitada por el Ayuntamiento de la Ciudad.

En 1979, la que se había transformado en Dirección Gene­ral del Patrimonio Artístico y Cultural, a propuesta de su De­legación Provincial en Alicante, otorgó una importante sub­vención para restaurar el Palacio Municipal. Las obras, diri­gidas por el arquitecto don Ramón Valls Navascués, termi­naron en 1982, pero continuaron en el siguiente para am­pliar y remodelar las instalaciones del Museo con la habili­tación de un amplio almacén en los sótanos del edificio, lo que permitió utilizar el antiguo taller como nueva sala de exposición.

Durante las obras, aparecieron diversos materiales en el subsuelo de la Sala II y del taller—almacén, así como un pozo de cinco metros de profundidad en la Sala I. con ma­teriales perfectamente estratificados y que abarcaban un lar­go período, desde el reinado de Carlos I hasta el de Felipe IV. Todos estos materiales se exhiben hoy en una de las vi­trinas del Museo.

Las dos salas antiguas, una vez eliminado el tabique que las separaba, forman hoy la Sala I, en la que hay instaladas diez vitrinas laterales y cinco centrales, y el antiguo almacén—taller, rebajada su altura, constituye hoy la Sala II, con nueve vitrinas laterales y cuatro centrales. Anejos a la Sala I se han construido un laboratorio y un despacho para la dirección.

La terminación de las obras coincidió con el traspaso de competencias arqueológicas a la Comunidad Autónoma del País Valenciano, que comenzó su actuación con el vallado del importante yacimiento del Cabezo Redondo.

La reinauguración del Museo se realizó oficialmente el 1 de diciembre de 1988.

En cuanto a lo que yo opino, las dos grandes lacras del Museo Arqueológico de Villena son la presentación y la seguridad, que demuestran lo poco que el Ayuntamiento de Villena valora el ingente esfuerzo que José Mª Soler llevó a cabo durante toda su vida para devolver la Historia a la luz. Las primeras vitrinas no están bien iluminadas, el contenido de las mismas muchas veces no está puesto a una altura que facilite su observación, sino todo lo contrario. Asimismo, la descripción de las piezas es defectuosa, y faltan paneles explicativos para los legos en la materia, aunque lo peor es la caja “fuerte” donde supuestamente se guarda el Tesoro y el Tesorillo (es una copia, el original se halla a buen recaudo en una caja de seguridad de un banco en Alicante), más decorada que el baúl de la Piquer.

No obstante, lo más preocupante del museo es su seguridad: entré sin que nadie me preguntara ni me atendieran, y sólo después de mucho insistir salió la encargada. Si hubiera llevado un bolso grande, hubiera hecho el agosto sin apenas esfuerzo. Y luego nos preguntamos por qué la dama de Elche u otros objetos de la región no son expuestos en los museos locales...

'Museo arqueológico: José María Soler'