Mujeres periodistas en Latinoamérica

Periodismo hispanoamericano. Comunicadoras. Medios de comunicación. Discriminación. Estereotipos. Integración laboral de la mujer. Acoso sexual

  • Enviado por: Bea
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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MUJERES PERIODISTAS EN LATINOAMÉRICA

INTRODUCCIÓN

Este ensayo pretende mostrar la situación actual de las mujeres comunicadoras en el mundo latinoamericano.

Es bastante fácil conocer a gente que haya estudiado, pretenda estudiar o incluso imparta cursos de Periodismo. Está muy extendido el prototipo de periodista, definido siempre como una persona siempre a la zaga de las últimas noticias, viviendo por y para su trabajo, intentando conseguir esa exclusiva que haga de su nombre un ejemplo a seguir por futuros periodistas. Pero muchos de ellos, no lo consiguen.

La competencia es grandiosa, en el mundo de la comunicación, y conseguir simplemente publicar el primer artículo en algún diario o revista de tirada local ya es un logro para los que empiezan a tener contacto con este mundillo.

Pero, ¿cuántos de ellos al final sí lo consiguen? Y, de los que lo consiguen, ¿cuántas son mujeres? Y de estas mujeres que lo consiguen, ¿cuántas lo hacen en América Latina?

Así pues, con este ensayo pretendo mostrar en qué circunstancias se encuentran las mujeres que se quieren dedicar al Periodismo, cuántas lo intentan sin éxito, y cuántas logran sus metas. Pero también quiero reflejar a qué nivel llegan, dentro de la comunicación. Es decir, cuántas llegan a ocupar un alto cargo, en este ámbito, y cuántas se deben conformar con ser redactoras en un diario local, con ínfimas posibilidades de superarse.

PRÓLOGO

En Latinoamérica y el Caribe hay 60 mil mujeres periodistas.

Aunque ha aumentado la presencia de la mujer en los medios de comunicación, incluso en cargos de dirección en Latinoamérica y el Caribe, esto no se ha dado en todas las áreas. Continúan existiendo prejuicios masculinos y dificultades a la hora de abordar temas de género.

En Guatemala, por ejemplo, existe solamente una mujer editora de una revista electrónica, Laura Asturias. Y es que, el problema no es tanto que las mujeres ocupen esos espacios, sino que su papel ha sido incomprendido por muchos.

Como Emi Aqueche hace presente en su artículo “La mujer periodista en los medios de comunicación”, en Guatemala, por lo menos el 25% de los reporteros, redactores y jefes de información son mujeres. Pero de este 25%, sólo el 5% forma parte de un equipo de noticias en la radio o en la televisión, mientras que en Internet es mucho menos.

El problema principal es que, en Latinoamérica, la mujer sigue siendo identificada como un producto que vende, una cara bonita que atrae más audiencia y eleva el rating (porcentaje de aparatos sintonizados a un canal o estación en un momento dado, en comparación con el total de aparatos existentes en un área determinada) en las noticias. Se sigue menospreciando su trabajo en las calles, cuando muchas están exponiendo sus vidas para trasladar la información.

En muchas ocasiones, el problema se agrava con la situación social de la mujer. Ésta juega diversos papeles en la sociedad, que limitan su actividad periodística.

El trabajo en los medios de comunicación, tanto en prensa, como en radio, televisión o prensa electrónica, exige dedicación y entrega absoluta, y obliga muchas veces a la mujer a dejar en un segundo lugar a la familia y su propia vida personal, ya que el trabajo en los medios requiere inmediatez.


CARTA DE BRASÍLIA

Las mujeres periodistas de 17 países de América, se reunieron en la Primera Conferencia Latinoamericana, los días 3 al 5 de mayo de 2001, en Brasilia (Brasil), para evaluar la situación profesional y laboral de las mujeres periodistas en el continente americano. Elaboraron propuestas de acción para presentarlas en la I Conferencia Mundial de las Mujeres periodistas en Seúl (Corea), el 11 de Junio de 2001.

Estas mujeres analizaron las siguientes situaciones:

  • A pesar de la creciente presencia de la mujer periodista en el manejo de la información y la comunicación, con las políticas regionales y globales para superar el trato desigual en los diversos campos, ésta sigue siendo objeto de discriminación de género, sexual, salarial, laboral, racial y étnica.

  • Aunque existan leyes protectoras y defensoras de los derechos de la mujer, en la práctica éstas son desconocidas y se transgreden impunemente.

  • Las actuales políticas neoliberales se traducen en el campo de la comunicación en concentración de la propiedad de medios, desregulación laboral, cierre de medios informativos, despidos masivos y agresiones y amenazas en el ejercicio de la libertad de expresión y violación de derechos humanos, lo que afecta profundamente a la situación de la mujer periodista.

  • Todavía existen estereotipos que determinan ciertos patrones sociales de desigualdad de oportunidades, lo que evita que la mujer periodista pueda desarrollar armónicamente su trabajo y limita su acceso a la toma de decisiones.

  • La imagen de la mujer periodista latinoamericana se sigue utilizando con motivos mercantilistas, que subordinan sus méritos intelectuales y su capacidad profesional a su físico y su edad.

Así, en un total de 23 proposiciones, llegaron a la conclusión de que los sindicatos deben impulsar el acceso igualitario de hombres y mujeres a los programas de capacitación. Estos tienen siempre la última palabra, ya que, cualquier situación regularizada por el sindicato, tiene que ser acatada por los medios adscritos en él.

Estos deben impulsar una imagen positiva de la mujer, teniendo muy en cuenta las cuestiones raciales y de género.

Se debería resaltar una de las propuestas en este supuesto, ya que toca un tema que muchas veces pasa desapercibido:

  • Que los periodistas y los medios no adopten rutinas que discriminen o deformen la imagen de la mujer en especial en los avisos publicitarios y reportajes de entretenimiento.

La imagen de la mujer como ama de casa, que limpia, va a la compra, cuida de los niños, prepara la comida para la familia y cuida al marido cuando llega a casa, cansado del trabajo… Y la adopción de este comportamiento como normal, hacen que la mujer no pueda proyectar sus ganas de superación, de apartarse de ese tópico para ocupar puestos tradicionalmente relacionados con el hombre. Pocos medios publicitarios ayudan a cambiar esta imagen anticuada y conservadora de la mujer. Al contrario, lo que hacen es favorecerla y promoverla, con lo cual, el progreso se ve aún más entorpecido. La misma sociedad que lucha por reconocer los derechos a ambos sexos es la que frena a la mujer para conseguirlos. Aún así, hay que aceptar que las mismas mujeres son las que se frenan en su avance, en su lucha por el reconocimiento social. No hay peor machismo que el de la mujer.

A veces las mujeres, sin darse cuenta, aceptan los códigos tradicionales y los adoptan, como si no hubiese otra alternativa. Cuando la alternativa es precisamente rechazar lo dado, decir NO a lo fácil, y luchar con las demás por el reconocimiento de sus capacidades y sus derechos a las mismas oportunidades que el género masculino.

En la Carta de Brasilia también proponen garantizar el mercado de trabajo para las mujeres deficientes físicas, ya que éste es un tema en el que también los hombres tienen prioridad. En este aspecto, se suma la creencia de que las mujeres son inferiores y más débiles a la inferioridad física que éstas padecen. Así se reafirma la condición de la mejor valúa del hombre.

PRINCIPALES PROBLEMAS

Pero los principales problemas con los que se tienen que enfrentan las mujeres periodistas son la desigualdad de oportunidades de empleo, la desigualdad salarial, de ascenso en cargos, de asuntos de carácter femenino y el acoso sexual.

Sobre estos temas, los sindicatos deben pronunciarse severamente, ya que son un continuo en los medios de comunicación. El paro, la temporalidad y la precariedad, la desigualdad salarial y las dificultades para conciliar la vida familiar, personal y laboral definen hoy el trabajo de las mujeres.

La desigualdad de oportunidades de empleo quizá es la diferencia más notable entre géneros. El cuidado de los niños y los ancianos aún está relacionado con las mujeres, y éstas asumen ese trabajo como propio, en vez de repartirlo con la pareja. Así, que éste es un problema añadido para el trabajo remunerado de las mujeres: la insuficiencia de infraestructuras de atención a la infancia y de centros de día y residencias para atención de personas dependientes, unida a la baja calidad y los elevados precios de estos servicios, condenan a un número importante de mujeres a permanecer fuera del trabajo asalariado.

El escoger a un hombre antes que a una mujer, para el mismo puesto de trabajo, por el simple hecho de que ella tiene posibilidades de quedarse embarazada y pedir la baja por maternidad, es una situación que, nos guste o no, aún prevalece en muchas de las empresas de comunicación.

La desigualdad salarial ha sido un continuo desde que la mujer empezó a luchar por sus derechos. El trabajo de ésta, aun siendo exactamente igual que el del hombre, se ha visto infravalorado en todas las ocasiones. Desgraciadamente, una reportera de guerra no cobrará lo mismo que su homónimo masculino, ya que se deduce, erróneamente, que el trabajo que ésta realiza no tiene el mismo riesgo que el del hombre. Esta condición se da en todos los casos, desde el cargo más inferior al superior, pasando por todos los intermedios, donde suelen estar la mayoría de las periodistas, ya que, otro de los problemas a los que se enfrentan son las oportunidades de ocupar altos cargos.

Quizá por las razones antes mencionadas por las que las mujeres sufren desigualdad de oportunidad de empleo, también sea por las que sufren desigualdad de ascenso en cargos.

Una mentalidad muy extendida es la de pensar que, una cosa es aceptar que la mujer también puede trabajar, y otra muy distinta, que sea capaz de tener a un grupo de personas por debajo suyo.

La condición de la mujer siempre ha estado arraigada a la sensibilidad, la delicadeza, la docilidad, la clemencia… todos adjetivos que no se relacionan con el poder. De esta imagen se desprende que la mujer no podría imponerse frente a un grupo de subordinados, no tendría la autoridad necesaria y suficiente. Aunque muchas mujeres quieran demostrar que esa afirmación está equivocada, muy pocas tienen la oportunidad de demostrarlo.

Por supuesto, uno de los problemas que menos atención reciben son los problemas de carácter femenino. El ser mujer comporta ciertas responsabilidades, ya sean físicas o familiares.

Dentro de las responsabilidades físicas se encuentran las derivadas de la menstruación y la menopausia. Ambas situaciones, completamente inevitables, comportan cierto comportamiento en la mujer, como cambios de humor y dolores, que deben ser comprendidos y aceptados por los compañeros de trabajo y por el empleador. El hecho de ser mujer va directamente unido a estas dos situaciones, por lo que las mujeres no pueden evitar estar en ellas. Sin embargo, las burlas, quejas y demás comportamientos nada tolerantes, no ayudan en absoluto al buen rendimiento de la mujer en el trabajo, ya que se siente inferior, una molestia, por algo que va con su condición de mujer y no puede eludir.

El embarazo también es una de las situaciones que empeoran la relación de la mujer periodista con su trabajo. A una periodista embarazada, rápidamente se le relega a puestos de oficina o similares, eludiendo a su condición de futura mamá y su necesidad de reposar. Es cierto que se necesita reposo, pero no necesariamente desde el primer mes de embarazo, donde la mujer aún es capaz de salir a la calle en busca de la noticia.

Una vez ya se ha tenido el bebé, el siguiente problema consiste en cómo compaginar el trabajo con el neonato, ya que las empresas no ofrecen muchas o casi ninguna ayuda y,

como se ha mencionado anteriormente, la mujer sigue siendo la responsable de hacerse cargo de los niños.

Estos problemas son únicamente femeninos, pero no por ninguna razón psicológica, sino, simplemente por una razón física. Por lo cual, deberían estar contemplados específicamente en cada trabajo, ya que son situaciones que no se pueden evitar en ningún caso, ni se pueden relegar al sexo masculino.

No se puede olvidar uno de los problemas más graves que sufren las mujeres, tanto periodistas como no, en sus trabajos: el acoso sexual.

El acoso sexual es un ataque a la dignidad del individuo.

El grupo más vulnerable es el de las mujeres, especialmente, las mujeres divorciadas o separadas, las recién llegadas al mercado laboral, las que se encuentran en una situación precaria, las mujeres con minusvalías y las pertenecientes a minorías raciales.

Dado que, poco a poco, los hombres y las mujeres tienden cada vez más a trabajar en niveles similares, se producen numerosos casos de acoso sexual entre personas del mismo nivel jerárquico, sin que en el acoso estén implicados necesariamente empleados y superiores.

Las consecuencias del acoso sexual, en la mujer se ven reflejadas en su salud, ya que tiende a empeorar; la confianza en sí misma, debido a que se cree inferior a los demás, y cree poder perder el empleo si no accede a las proposiciones de acoso; su ánimo, pues su situación la anula a la hora de decidir o valorar ciertas situaciones, aun siendo ajenas a su trabajo; su rendimiento, porque se siente aturdida y nada valorada, siente que su trabajo es trivial y lo puede perder en cualquier momento; y sus perspectivas profesionales, ya que relaciona todos los supuestos futuros trabajos con esa situación de acoso, le parece que esa es la única manera de acceder a un puesto de trabajo, y, una vez más, se derrumba al ver la mala fortuna que, según ella y otras muchas mujeres, han de sufrir para lograr lo que quieren.

El problema no es que exista el acoso, sino que los estados no lo reconocen ni hacen nada por evitarlo. No hay ayudas ni investigaciones propias para estos casos. Y las mujeres acosadas, no tienen nunca el valor de denunciarlo, porque están atadas, amenazadas o coaccionadas.

Si el Estado actuase de manera eficaz y contundente contra estos abusos, las empresas pondrían mucho cuidado en evitar esas situaciones en su compañía.

El problema en el campo del Periodismo es que existe más demanda que oferta. Esto significa que el conseguir un trabajo digno de periodista, con el que ganarse la vida, sin tenerlo que compaginar con otro trabajo secundario, se convierte en una tarea muy complicada. Así, cuando las mujeres consiguen un buen trabajo con el que poder sobrevivir bien con lo que han estudiado, intentan no perderlo, sea como sea. Y ese “sea como sea”, unido a la fragilidad de la mujer que acaba de llegar a un puesto nuevo de trabajo, muchas veces es aprovechado por los superiores o compañeros. En estas ocasiones, incluso las mujeres más fuertes y decididas, sucumben a los abusos, ya que creen que es la única manera de conservar el trabajo.

Esta situación es completamente indigna. Degrada, desvalora, desmerece y anula a la mujer. Y es uno de los puntos más importantes donde se tendrían que enfocar los cambios en esta profesión.

LOS ESTUDIOS SOBRE PERIODISMO

Aún así, quizá el problema radique en que no hay estudios suficientes sobre la situación de la mujer en el Periodismo latinoamericano.

El Periodismo en sí ha sido analizado de diferentes maneras, desde diferentes ámbitos, diferentes áreas de conocimiento, como la sociología, la psicología, la economía, la política… Pero estos estudios siempre han estado centrados en la imagen del periodista como HOMBRE. Nunca han tenido en cuenta las desigualdades entre sexos.

Y, añadiré más, los estudios han estado centrados no sólo en la imagen del periodista como hombre, sino, además, como HOMBRE EUROPEO. Esta situación, entonces, no refleja nunca la situación real del Periodismo.

Bien es cierto que en cada país el Periodismo se vive de una manera diferente, dependiendo de la situación del momento. Pero también es cierto que en un mismo continente existen bastantes similitudes.

Las relaciones entre países vecinos fuerzan, en cierta manera, a los países a crear uniones entre ellos, ya sea por política o por mercado (las dos razones más poderosas). Con lo cual, se crean semejanzas entre estos países.

Es decir, se podría agrupar el Periodismo por continentes, ya que estos suelen tener las mismas características, contando más tarde con las peculiaridades de cada país en concreto.

Pero la situación cambia de continente a continente.

La situación política y económica prominente en cada continente es lo que siempre influye más, en los medios de comunicación. Por esta razón es por lo que, cuando existe un cambio de régimen político, un cambio de derecha a izquierda o a la inversa, los medios de comunicación públicos cambian radicalmente su ideología, favoreciendo abiertamente al poder político y sus ideales. De aquí vienen las continuas discusiones sobre “manipulación informativa”, como por ejemplo la ocurrida en España, en la cadena de televisión pública Televisión Española (TVE), en base a la huelga general ocurrida el 20 de junio de 2002. La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa puso a TVE como ejemplo de influencia del poder político en la radiodifusión pública, recordando la manipulación 'informativa' que hizo de dicha huelga. Se omitieron los datos favorables a la movilización y a los propios sindicatos y sólo se ofrecieron las respuestas contrarias a la huelga. Concretamente, el juez consideró probado que no se emitieron los resultados de la encuesta en los que el 50% de los encuestados se habían mostrado de acuerdo o muy de acuerdo con la convocatoria de huelga general, que la mayoría consideraba que los sindicatos habían hecho más esfuerzos que el Gobierno por evitarla; que el 54% creía que había muchos o bastantes motivos para convocarla y que el 64,3% había manifestado no tener temor ante la huelga o poco temor en el 22%, y que sí se publicó que el 54% de la población no irá a la huelga y que el 34% la secundará.

La Audiencia Nacional condenó a TVE por no ofrecer información veraz sobre ésta. La Audiencia condenó a la cadena a emitir el contenido de la sentencia en todos los informativos de un día.


Así, dependiendo de la ideología dominante, la situación de la mujer será una u otra.

Como cualquier otra situación o ámbito, todo depende del poder político regente, para obtener mayores o menores favores.

Con lo cual, cuando el poder está más concienciado socialmente con la situación de la mujer, ya sea laboral o personal, éstas pueden obtener más ayudas. El recibir ayudas del Estado motiva a las mujeres, ya que se sienten valoradas y trabajan con más ganas, sabiendo que su trabajo está cobrando una importancia que, quizá con otro régimen, no recibirían.

Pero si el poder es más elitista, éstas quedarán relegadas a un segundo o tercer puesto, ya que cobrarán más importancia los grandes negocios que hacen que el Estado reciba dinero constante.

CONCLUSIÓN

La situación de la mujer periodista en Latinoamérica dista mucho de ser comparable a la del hombre periodista. Los discursos machistas, en los que el hombre sigue teniendo el poder y la última palabra en cualquier situación, siguen vigentes en nuestros días. El problema principal al que se enfrentan las mujeres hoy en día, es la valoración de sus aptitudes y su trabajo. Su imagen sigue siendo la de ama de casa, débil, compasiva y dependiente. Y, mientras esos tópicos no se extraigan de la opinión popular, el avance será imposible.

El hecho de que no existan estudios sobre el Periodismo femenino en Latinoamérica, por otro lado, es comprensible. ¿Quién los va a hacer? Si los hacen mujeres, las tacharán de subjetivas y feministas; si los hacen hombres, serán sólo una minoría, y serán tachados de idealistas que piensan que de verdad puede haber igualdad.

Todavía queda mucho camino por recorrer, pero el primer paso depende de las propias periodistas. Éstas tienen que aceptar que su situación laboral es muy inferior a la de sus colegas masculinos, mientras que su trabajo es exactamente igual o incluso superior.

Hay que abandonar la actitud resignada y victimista que tienen muchas mujeres, para poder conseguir los logros que se propongan.

En Europa ya se han vencido algunos obstáculos que en América Latina siguen insalvables. Quizá mirar un poco al exterior y aprender de los logros de otras colegas sería una buena ayuda para su situación.

Pero, una vez más, la decisión está en sus manos. Mientras se siga aceptando esa situación, no podrá haber ningún atisbo de cambio.

Y mientras no haya cambios, habrá situaciones irregulares aceptadas como normales.

La clave está en saber que las mujeres son igual de aptas que los hombres…

¿O quizá son superiores y por eso los hombres ponen tantos obstáculos a su crecimiento laboral…?

BIBLIOGRAFÍA

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