Muerte y resurrección de Jesucristo

Jesús de Nazaret. Cristianismo. Cristianos. Iglesia Católica. Politización de la religión. Dios. Fe. Teología de la Cruz

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¿POR QUÉ MUERE JESÚS? ¿POR QUÉ LE MATAN?

1.- Dimensión histórica de la muerte de Jesús.

La vida de Jesús es una creciente oposición entre él y quienes van a ser los causantes de su muerte. Vivió en una sociedad conflictiva, en la que los grupos luchaban con intereses enfrentados: saduceos y fariseos; autoridades romanas y Herodes; sacerdotes y letrados o teólogos; población judía y samaritana; y entre los galileos y judíos. Comunidad dividida por intereses políticos, económicos, ideológicos y religiosos.

Jesús vivió de tal forma que al final todos se aliaron contra él. Su posición es transformativa, partidista y beligerante, por su propia persona y acción histórica. Lo que decía era conflictivo, y él mismo era aún más conflictivo. Al poner en peligro el orden socio-religioso establecido, pone en peligro a sus propios enemigos y de este enfrentamiento salieron fariseos y herodianos dispuestos a deshacerse de él. La lucha a favor del hombre oprimido, del pobre y del marginado, les inquieta. Les asombra la solidaridad de Jesús con los pecadores, su conducta y sus acciones, lo que hace insostenible su situación y llegan a su apresamiento, enjuiciamiento y posterior ejecución.

Se reúnen los sumos sacerdotes, los ancianos del pueblo, los escribas y fariseos, y todos coinciden en querer matar a Jesús, pero no se atreven por temor al pueblo. Es acosado por los poderes sociales, políticos y religiosos.. Se busca que quede como blasfemo público, que ponía en conmoción los pilares de la estructura del judaísmo.

Las acusaciones cambian ante Pilatos, que se preocupa por las connotaciones políticas del personaje, de cara a los judíos se presenta como Hijo del Bendito y su "blasfema" interpretación de la ley, y de cara a los romanos como rey de los judíos. Los sacerdotes sabían bien la doble vertiente del mesianismo, y por eso pueden trastocar el sentido de la acusación: "hemos encontrado a este hombre excitando al pueblo a la rebelión e impidiendo pagar los tributos al César y diciéndose ser el Mesías, Rey". Si no hubieran visto en él a un enemigo de su poder y de la estructura social reinante, no le hubieran llevado a la muerte.

2.- ¿Politización de la religión?.

Jesús no fue un político, ni un revolucionario, ni un líder de masas, fue un hombre

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religioso, un pacifista y amigo de publicanos y colaboracionistas, quizás por eso los sinópticos introducen a Judas para hacer más factible la captura de Jesús, hombre cercano a los revolucionarios celotas. El complot resulta y sus enemigos le capturan.

Su mensaje no es político, no pone acento en lo sociopolítico, sino en lo religioso y en lo doctrinal . Sin embargo, su anuncio tiene consecuencias políticas, podía aparecer como excitador del pueblo a la rebelión y como opuesto a la tributación. Inquieta su anuncio de un reinado de Dios con abolición de todo dominio del hombre sobre el hombre, solidaridad con los pecadores, con los pobres y marginados. Todo esto es demasiado para instituciones, grupos y poderes dominantes de la sociedad, que deciden quitarlo de en medio.

Pilatos tenía que saber que el Mesías iba a ser enemigo de los romanos; toda la época y la región estaba llena de expectativas mesiánicas y de levantamientos armados de tinte mesiánico, pero parece no tomar en serio la acusación. Los sumos sacerdotes y escribas le siguen acusando e insisten en que Jesús subleva al pueblo por medio de su enseñanza.

La condena a la crucifixión es pena típicamente política para los rebeldes contra Roma y como "títulus" de la condenación se establece su pretensión de convertirse en rey de los judíos..

Tan peligrosa aparecía la persona y la acción de Jesús, que las autoridades judías habían calculado que esa peligrosidad iba a traer una mayor represión por parte de los romanos; si le dejaban seguir su camino ocasionaría la intervención de los romanos que destruirían el lugar santo y la nación entera, por lo que Caifás pensó que era mejor que muriera un solo hombre por el pueblo y no pereciera toda la nación. Jesús murió porque su visión de Dios y de los hombres colisionaba con los valores imperantes de la sociedad.

3.- La actitud y conciencia de Jesús.

Jesús era un hombre medianamente inteligente y sensible, por lo que era consciente de la peligrosidad de su vida y de que su actuación ofrecía a sus enemigos motivos acumulados para llevarlo a la muerte. La hipótesis contraria no es aceptable, conocía el propósito de sus adversarios y preveía el peligro mortal que corría, sin embargo no cambia su actitud ni altera el sentido de su misión.

Jesús espera la "hora", pero la "hora" implica el paso por la "glorificación" de la muerte, aunque no evita la turbación ni el deseo de que no ocurra. La muerte aparece como culminación de su vida, como culminación de su combate; es así la glorificación de su vida, pero una glorificación ante la que no oculta su temor.

Las últimas palabras de Jesús en la cruz muestran todo el dramatismo de la conciencia oscura y confusa de Jesús, respecto al sentido de la muerte. Su muerte con la expresión típica de que rindió su espíritu, donde espíritu ha de interpretarse en el sentido judío.

Perdón a los que matan, el premio a quien se arrepiente y un último suspiro de confianza en el Padre. Sigue con su talante de misericordia y perdón y mantiene en pié su confianza y esperanza respecto del Padre.

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Jesús muere en la cruz acosado por sus enemigos, abandonado por sus discípulos; todo ello como resultado de lo que hizo en su vida, como resultado de su oposición radical a quienes acaban venciéndole en la cruz.

4.- El papel de Dios en la muerte de Jesús.

Dios no quería la muerte de Jesús. No es un ser vengativo que exige una víctima por el pecado del hombre, ni un padre despiadado que condena a su propio hijo. Dios no desea su pasión y muerte, busca que el pueblo se convierta y escuche su mensaje.

La muerte de Jesús es el resultado de la decisión del hombre, es consecuencia de la libertad humana, no es la obra de Dios. Dios nos ha creado libres, con capacidad para hacer de la historia humana un paraíso o un infierno, capaz del bien y del mal, con libertad para pecar y matar.

Dios quiere la conversión del hombre y no el asesinato de Jesús, y no está dispuesto a renunciar a su obra y a su misión, ante la amenaza de muerte. La lucha por el reino de Dios suponía necesariamente una lucha a favor del hombre injustamente oprimido, que lleva al enfrentamiento con los responsables de la opresión.

En la cruz acaba la rivalidad contra Dios, el Dios de la llamada, el que apela a nuestra adultez. Hay que superar el miedo a la muerte y el miedo al Dios del castigo para recibir la buena noticia de su amor. Es un Dios que quiere convencer y sabe esperar para conquistar el amor humano. No es ele verdugo del hombre, no abandona al hombre, y espera que nos abandonemos a él..

La cruz le da un sentido y una respuesta al problema del mal en el mundo, lleva a superar el miedo natural a la misma muerte, y así poder ser fieles a los valores con los que Jesús vivió su existencia.

4.- La teología de la cruz.

Actualmente la teología de la cruz es defendida por teólogos protestantes y católicos. La cruz de Jesús es la denuncia radical a la conciencia prometéica del hombre, que quiere construir un paraíso en la tierra, y sueña con una autosuficiencia histórica, que le hace independiente de Dios y constructor único del reino de la libertad, de la utopía del reinado de Dios.

La cruz es un aviso. El hombre autosuficiente quiere prescindir de Dios, se basta a sí mismo, por eso la teología de la cruz, es la afirmación de la necesidad de la gracia, gratuidad de ésta y la búsqueda de nuestra identidad contra todo sueño de inmediatez y de totalidad.

Dios no puede redimir a la humanidad sin el hombre mismo, no puede, porque él mismo se ha cerrado ese camino. La cruz y el reino son una llamada al compromiso y a la liberación, desde y como Jesús.

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Era necesario que Dios se marchara de dentro de la historia, era imprescindible que se fuera, para que por fin llegáramos a ser adultos, para que retomáramos el peso de nuestra tarea y responsabilidad. Responsabilidad que nos pesa en un mundo ambiguo y carente de santido. Le pesa a la comunidad eclesial, a la jerarquía y a cada uno de nosotros.

5.- Significado teológico de su muerte.

Debemos analizar la institución de la eucaristía y los títulos trascendentes de Jesús.

a).- La institución de la eucaristía. Jesús, en la víspera de su pasión, consideraba expiatoria su muerte, al menos si se ve su muerte prenunciada en la cena y en la institución de la eucaristía. Respecto al pan, es cuerpo suyo para vosotros, y su carne es para la vida del mundo. Respecto al vino, es la sangre derramada no sólo por vosotros sino por muchos, para el perdón de los pecados. Jesús les dice a sus discípulos y les manda que hagan lo que le han visto hacer en su recuerdo, haciéndolo así, anunciarán la muerte del Señor hasta que haya vuelto. No volverá a beber del producto de la vid con ellos, sino en el reino del Padre. Se trataría nada menos que de una nueva alianza, sellada con un nuevo sacrificio, culminadora y superadora de la antigua. Vista la muerte desde la cena poco o nada importaría el planteamiento de por qué le matan; lo importante sería el sentido de su muerte, tal como aparece en la institución eucarística.

b).- Los títulos transcendentes de Jesús. En los distintos enfrentamientos de Jesús con sus enemigos, los evangelistas ponen en su boca una serie de títulos, que mostrarían cómo el propio Jesús teologizaba lo que le estaba ocurriendo, de modo que, a través de ellos, se podría adivinar lo que pensaba acerca de su muerte.

Si nos atenemos al tema del templo: la superación religiosa del templo, como lugar más adecuado del encuentro del hombre con Dios, aunque esto no supusiera en él un rechazo absoluto del templo tradicional de Jerusalén. La conexión del sistema de la destrucción del templo con su reedificación en tres días --alusión a la resurrección-- es postpascual.

El interrogatorio del Sumo Sacerdote es el que hace saltar la cuestión de los títulos de Jesús. Le pregunta si es el Mesías, el Hijo del Bendito. Jesús acepta estos títulos, pero los reinterpreta desde el título de Hijo del hombre, sentado a la derecha del poder de Dios, que incluye un sentido de presente y de actualidad, aunque la plena identificación de toda la carga teológica del Hijo de hombre con el Jesús histórico sólo se realizará en la experiencia creyente de la comunidad primitiva

Algo parecido ha de decirse sobre su autoproclamación como Mesías, título que es interpretado como rey de los judíos ante Pilatos y como Hijo del hombre ante el Sanedrín. Jesús no rechaza el título que le atribuye el sumo sacerdote.

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6.- Conclusión.

Tras este análisis, podemos decir que el valor por qué murió Jesús no se explica con independencia del por qué le mataron. A Jesús le mataron por la vida que llevó. Si desde un punto de vista teológico-histórico puede decirse que Jesús murió por nuestros pecados y para la salvación de los hombres, desde un punto de vista histórico-teológico ha de sostenerse que le mataron por la vida que llevó. No fue ocasional que la vida de Jesús fuese como fue; como no fue tampoco ocasional que esa vida le llevara a la muerte que tuvo.

La conexión del por qué muere con el por qué le matan no se basa en una confusión de sus enemigos. Ni los judíos ni los romanos se confundieron, pues el anuncio del reino de Dios era de hecho una amenaza contra el orden social establecido, en cuanto éste estaba estructurado sobre fundamentos opuestos a los del reino de Dios.

Jesús predica un reino de Dios concreto, que es la contradicción de un mundo estructurado por el poder del pecado; un poder que va más allá del corazón del hombre y que se convierte en pecado histórico y estructural. En estas condiciones históricas la contradicción es inevitable y la muerte de Jesús se constituye en necesidad histórica.

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LA RESURRECCIÓN

1.- Cuestiones relativas a los hechos.

No cabe duda que esa muerte fue un gran shock, para el que la comunidad no estaba preparada. Históricamente lo más probable es que la comunidad se dispersara tras la muerte de Jesús.

No hay el menor síntoma de exaltación fanática, de resentimiento antijudío, o de confianza y autoafirmación grupal. La idea de in mesías crucificado no entraba en sus categorías, ni en las tradiciones religiosas del tiempo. Mucho menos la alusión a su posible resurrección.

Hay que valorar el papel de "las mujeres", que son las primeras testigos de la resurrección, y son enviadas a contarlo a otros discípulos. Probablemente fue Pedro el testigo aceptable que necesitaba el grupo para volver a reunirse: comienza a llamar y a congregar a los discípulos dispersos. Se constituye en la "piedra" sobre la que comienza a edificarse la comunidad disgregada.

La tumba vacía expresa la creencia, que todo el mundo parece aceptar. La resurrección "al tercer día", no es algo cronológico, lo que quiere decir es que Jesús realmente murió, es un hecho real,.

Históricamente, Jesús acaba con su muerte, no a un milagro que rompe con las leyes naturales, es un hecha cualitativamente distinto.

Algo ocurrió en aquél grupo de hombres: el Maestro vivía, había superado el dominio de la muerte. Es una convicción basada en la experiencia.

2.- El significado de la resurrección.

a).- Revelación del Dios trino Los textos de la resurrección más antiguos son viejas fórmulas o profesiones de fe. Las tradiciones evolucionan haciéndose cada vez más complejas, influidas por el correr del tiempo, esto siempre ocurre con una transmisión oral, de ahí que se mezclen relatos sobre la tumba vacía con otros de apariciones. Las tendencias apologéticas con las teológicas denotan un proceso de reflexión y maduración comunitaria.

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Los discípulos no son testigos del hecho mismo, sino de la revelación divina y del encuentro con Cristo resucitado.Se trata de una revelación trinitaria, según la cual Dios resucitó a Jesús, es decir, pentecosté y la resurrección son un mismo suceso. Se tiene al mismo tiempo, que Cristo vive, resucitado, y el Espíritu de Dios le fortalece.

Los cristianos dividen la historia en antes y después de Cristo, porque después de la vida, muerte y resurrección de Jesús se ha producido el hecho decisivo de la existencia humana. Creer en la resurrección, implica convertirse al estilo de vida y a los valores defendidos por Jesús. Se supera el miedo a la muerte, viviendo como Cristo. Implica que un cristiano tiene que estar dispuesto a ser antes víctima que verdugo.

Hoy todos vivimos con mucho desencanto y desesperanza. Los nuevos líderes y figuras mundiales han perdido esa confianza en el hombre. El pesimismo, el desencanto, la desesperanza, la tentación a la resignación se extiende, tanto a nivel de la Iglesia tentada de volver a la restauración, como de una sociedad que en los tiempos de crisis revela la inhumanidad y la injusticia sobre la que se asienta.

Creer en la resurrección es oponerse a eso, superar el miedo a la muerte: al aislamiento social, al desprestigio, a la burla, a la incomprensión, al rechazo, a la difamación… de los de siempre.

b).- Afecta al mismo Jesús terreno. Se trata de una revelación, y como tal concierne al mismo Jesús. Es el encuentro con Cristo triunfante de la muerte y una experiencia en la fuerza del Espíritu, experiencia de exaltación, de triunfo, de resurrección. Cristo está inmerso en Dios, y donde está Cristo está el cielo, no como lugar espacio-temporal, sino estar con Cristo en Dios.

Esto concierne a la persona de Jesús y tuvo consecuencias para él mismo. Los discípulos convivieron mucho tiempo con él, teniendo una imagen falsa del personaje, y a partir de la resurrección, reflexionan, y en los evangelios se nos relata lo que pasó, a la luz de lo que está sucediendo ahora, nos cuentan lo que ellos actualmente viven.

Ahora se tiene una comprensión mucho más plena, más rica, y en ella se mezcla tanto lo prepascual como lo pospascual, tanto lo que aconteció cronológicamente como lo que se vislumbra a posteriori como su significación más importante.

Jesús es el Cristo, es el Hijo de Dios. El rígido monoteísmo judío se rompe al afirmar a un Dios que es comunidad intrapersonal, y al postular que un hombre es Dios. Se reliza el sueño de la humanidad porque Dios ha divinizado al hombre al hacerse él mismo hombre.. Esta conclusiones teológicas de la comunidad primitiva sólo tienen validez si es que han llegado al convencimiento de que la resurrección afecta a la persona misma de Jesús.

c).- Experiencia de fe. La convicción unánime de los cristianos es que Cristo ha resucitado y "está sentado a la derecha del Padre", unida a la fuerza del Espíritu de Dios, que adquiere un nuevo conocimiento sobre Jesús, el significado de la cruz y el plan de Dios. Comunican esa "novedad" al pueblo, para abrirles los ojos y ofrecerles una segunda oportunidad que Dios les brinda.

Exige la libre decisión del hombre, basada en la credibilidad del mensaje que se pregona, en el testimonio de los testigos, en los signos y señales que les acompañan, en los frutos que produce.

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Según la opción del hombre y la respuesta con la que se compromete, así también resulta una forma de vida. Seguimos siendo creadores de nuestra vida, proyecto de futuro que se expresa en nuestros deseos, aspiraciones y compromisos últimos. A este nivel nos interpela la resurrección. El mensaje sólo es accesible al hombre que se abre a la mirada de Jesús, y lleva a renunciar a la autosuficiencia humana.

La esperanza que dimana de la fe en la resurrección es el resultado de una opción libre. Pedimos lo imposible, superar la certeza cruel de la muerte, con la esperanza de una resurrección que nos haga partícipes de la que creemos referente a Jesús. Pero es nuestra esperanza.

El hombre es un ser absurdo, que aspira y desea lo imposible, que pregunta por aquello que no tiene respuesta, que espera lo inalcanzable, y que persigue siempre una felicidad esquiva y huidiza. Desde la experiencia de la resurrección de Cristo, asumimos la muerte como inevitable, pero encarándola en la esperanza y en la fe de que no es lo último, ni lo definitivo en la vida del hombre.

La fundamentación última de la ética y del humanismo se basan en una esperanza que trasciende el presente empírico y que para el cristianismo se llama resurrección de los muertos.

3.- Punto de partida para descubrir a Cristo.

Jesús tenía razón, Dios está con él. Jesús ofrece verdaderas garantías para alcanzar la liberación definitiva, incluso por encima de la muerte. Esta muerte ha sido algo previsto y preparado en los designios de Dios para la salvación del hombre.

Jesús era un hombre débil, mortal como nosotros. La muerte nos iguala a todos y, si Jesús ha muerto, quiere decir que es hombre como todos nosotros. Pero, la resurrección, nos descubre algo nuevo, que es un hombre que vive una relación única con Dios, Dios estaba en él.

Cristo no solo vive ahora para los hombres, sino entre los hombres. La comunidad de creyentes no se siente huérfana, es necesario saber descubrir el resucitado, saber escucharlo en el Evangelio, dejarnos alimentar por él en la cena eucarística, saber encontrarlo en todo hombre necesitado.

Ya el mal, la injusticia y la muerte no tienen la última palabra. La vida no es un enigma sin meta ni salida, conocemos el final. Todos aquellos que luchen por ser cada día más hombres, un día lo serán. Todos aquellos que trabajen por construir un mundo más humano y justo, un día lo conocerán. Todos los que, de alguna manera hayan creído en Cristo y hayan vivido con su espíritu, un día sabrán lo que es VIVIR.

F I N

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BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA:

Fotocopias facilitadas por el profesor de religión.

¿Por qué muere Jesús y por qué le matan? . Ignacio Ellacuría. Biblioteca Católica Digital.

La Resurrección de Jesucristo. Jose Antonio Pagola. Catequesis Cristológicas.

José Llamas Iniesta

2º Bachillerato

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