Movimientos sociales

Historia. Evolución. Cambió social. Funciones. Modelo de Marx. Revolución Francesa. Maniqueísmo. Visión apocalíptica. Edad de Oro

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HISTORIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

EVOLUCIÓN DE LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS

La historia de los movimientos sociales fue una de las vías de renovación para acabar con la visión institucional y elitista de la historia. Antes, la historia se ocupaba de los grandes hombres, de los héroes, sin embargo en el siglo XIX tiene lugar un cambio en el foco de interés a favor de los estados nacionales que se consolidan en este periodo y contra el cosmopolitismo de la ilustración. Se puede decir que todo aquello que ocupa a los estados es en cierta medida una historia de las relaciones internacionales, esta concepción de la historia fue la dominante hasta mediados del siglo XX, aunque ya desde principios de siglo se inicia una corriente motivada por la consolidación de las ciencias sociales en la visión de la historia; cabe mencionar también en estas mismas fechas la influencia del marxismo. Fue en cualquier caso un proceso lento pues las instituciones académicas pusieron muchas reticencias para acertar la nueva visión, aunque tras la II Guerra Mundial se asentaría definitivamente.

Los cambios acelerados que en la década de los 80 tuvieron lugar, acabaron con las élites políticas, económicas y sociales y en este sentido la historia dejó se centrarse en la individualidades para prestar atención principalmente a las multitudes que influyen enormemente en los cambios históricos. Ahora lo que interesaba era el pueblo, que tenía tanta influencia en los acontecimientos como las mencionadas individualidades; hay que señalar que existen también excepciones que en los siglos anteriores también se interesaron por la colectividad.

Todo ello dio lugar al desarrollo de la historia social que al principio se centro ante todo en los movimientos de protesta; esto es así por que en los primeros tiempos del interés por los movimientos sociales, estos eran sinónimo de movimiento obrero como consecuencia del la influencia marxista; sin embargo esta era un percepción muy corta y estrecha de los movimientos sociales, donde no cabía el estudio de las masas sociales, además atendiendo a esta visión se dejaba fuera todo aquello que no estaba vinculado al trabajo y por tanto los años anteriores a la revolución industrial. De este modo hace unos 20 ó 30 años esta identificación entre movimientos sociales y movimiento obrero cambió, se superó hasta que los movimientos sociales integraron toda acción de protesta contra las estructuras de poder, fuera cual fuese la clasificación ideológica o estratificación social a la que pertenecieran los movilizados.

Durante mucho tiempo se había creído que si no había estado no podía haber protesta social, sin embargo la realidad es que se puede hablar de movimientos sociales contra otras instituciones o estructuras de poder distintas del estado; en la Edad Media cabría destacar la iglesia por ejemplo.

MOVIMIENTO SOCIAL, CAMBIO SOCIAL - CONFLICTO SOCIAL.

En una sociedad estática es muy difícil que se desarrolle el movimiento social; fue precisamente el cambio social y el interés que se generó entorno a él, lo que originó la aparición de las ciencias sociales.

De las muchas teorías sobre el cambio social se puede hacer una doble clasificación: Teorías Cíclicas o Circulares y Teorías Lineales y ascendentes de la historia.

Las primeras están relacionadas con los procesos de la vida orgánica propias del mundo clásico grecolatino, que volvieron a disfrutar de cierto auge durante el renacimiento, puesto que se trata de un periodo de recuperación del pasado clásico propio de periodos históricos pesimistas, como situado entre las dos guerras mundiales. Hoy en día estas teorías no tienen mucha aceptación, aunque la postmodernidad podría vincularse en cierta media con esta visión circular. En cuanto a las Teorías Lineales cabe señalar que están insertadas dentro de la fé en el progreso. Consideran el cambio social como algo inherente a la sociedad, que siempre evoluciona a situaciones mejores que las de partida; dentro de esta visión hay dos variantes, una que considera el cambio evolutivo y gradual y otra que considera el cambio a través del conflicto. La visión evolucionista tuvo sus primeras tribulaciones en Comnte, Spencer, y Durkheim que contemplaban las sociedades y sus cambios pasando por etapas de creciente racionalidad y por fuerzas internas que no son explicadas empíricamente; la visión actual de dicha perspectiva son las teorías de la modernización que suponen que todas las sociedades acabaran abandonando sus formas anteriores de vida para pasar al sistema industrial capitalista con la democracia como mejor modo de gobierno; se trata de pasar de lo más simple a lo más complejo, urbanización, secularización y diferenciación estructural; sin embargo ha provocado muchas críticas pues está fundamentada tan sólo en la experiencia de un área muy concreta del planeta, la zona occidental desarrollada, además de haber transcurrido únicamente en dos siglos. Existe en esta visión una fé en el progresó y como toda fé es indemostrable.

En cuanto a las teorías del conflicto están basadas en el marxismo, donde el conflicto de clases es el principal fundamento; en ellas se niega la posibilidad del cambio pacífico y se asevera que no hay más posibilidad que la ruptura social; ponen en evidencia la falta de integración de nuestro sistema social, consideran el conflicto como algo normal y creen inevitable que conduzca a la ruptura de los sistemas de producción; las teorías del conflicto sitúan el origen del antagonismo social en la desigual distribución del poder, en las desigualdades sociales en definitiva.

ELEMENTOS QUE INTEGRAN UN MOVIMIENTO SOCIAL

La acción colectiva es manifestación de un conflicto general y político por estar vinculado al poder. La acción colectiva o movimiento social pone de manifiesto la existencia de un conflicto social que ha pasado a ser evidente; pone de relieve grupos que se movilizan por considerarse agraviados por alguna injusticia. Se exige a los que tienen el poder que remedien dicha injusticia o bien se lucha contra el poder para suplantarlo y solucionar ellos mismo la injusticia cometida; es lo que diferencia las reformas de las revoluciones.

Los movimientos sociales son confrontaciones sociales entre grupos que actúan colectivamente para alterar la distribución del poder con objetivos comunes. el surgimiento de una acción colectiva requiere la concurrencia de determinadas circunstancias sin las cuales es muy difícil que esta pueda desarrollarse:

  • Estructura de oportunidades políticas: para que tenga lugar un movimiento social se precisa que exista una situación favorable llamada oportunidad política; estas varían de unos movimientos a otros. El marco político influye enormemente en la movilización.

  • Estructuras de movilización: los movimientos sociales están integrados por personas que se comunican a través de redes sociales de carácter formal e informal. Estas cambian en función de los contextos históricos temporales, culturales etc. todos los medios de comunicación y formas de asociación son elementos básicos y necesarios para el inicio de un movimiento social. Es difícil que una persona aislada tenga suficientes recursos y motivación para actuar colectivamente. Estás redes son sistemas de sociabilidad, es allí donde se crean sentimientos compartidos, de pertenencia al grupo, de movilización y organización para solucionar el conflicto a través de la concreción de formas y rituales.

  • Definiciones de la realidad: también es necesario que los participantes compartan definiciones de la realidad, el diagnóstico y las medidas necesarias para resolver el conflicto deben ser comunes para que la acción colectiva se pueda plantear. Se trata por tanto también de un proceso cultural donde además se elaboran instrumento culturales. La conciencia de clase pertenece a este ámbito. Estos procesos culturales se desarrollan en las redes sociales como las de creación de identidad colectiva ¿?. Todo ello se construye a partir de las opiniones de la gente que comparte informaciones y creencias, poniendo lo que sabe o piensa en común a través de reuniones grupales y rituales.

Por otro lado, además de las mencionadas condiciones esenciales, para que un movimiento sea considerado como tal, tiene que poseer unos elementos mínimos; un programa o proyecto que defina los objetivos, es decir ideología; un cierto nivel de organización entre los participantes, donde destaque un aparato dirigente; y una cierta acción en el tiempo.

En cuanto a la organización puede hablarse de diversos grados de estructuración, pues se dan zonas difusas de transición entre lo que todavía no puede considerarse un movimiento y lo que sería una organización formal; es frecuente que a medida que el movimiento se va conformando y consolidando hasta convertirse en un movimiento en sí mismo, la organización vaya incrementándose progresivamente. De dan casos de movimientos sociales convertidos en instituciones formales, como partidos políticos, experiencias muy frecuentes sobre todo en el mundo contemporáneo, aunque existen ejemplo de ello también en la Edad Media.

En cuanto al programa cabe señalar que la ideología de la protesta popular estará constituida por el conjunto de ideas alrededor de las cuales se vertebre el movimiento en cuestión. Se puede hablar de dos niveles en la ideología de la protesta, una llamada inherente y otra denominada derivada. El nivel inherente está basado en la experiencia directa, en la memoria colectiva; entran en juego las creencias que forman parte de la cultura popular. El nivel derivado estaría compuesto por una plasmación elaborada de aquellas ideas vertebradoras del movimiento como los derechos del hombre, soberanía, nacionalismo... estas con el paso del tiempo podrían convertirse en algo inherente. Así la ideología de un movimiento puede concentrarse en obras escritas de mayor o menor relevancia, en símbolos que representen su esencia, o pueden tener un carácter aun más difuso.

Dentro de este campo de ideas que forman parte de la protesta social, es necesario hablar de algunos conceptos clave como mentalidad, utopía y mito.

  • La mentalidad es un conjunto de ideas compartidas, que no están formuladas explícitamente, sobre cuestiones cotidianas. Pertenecen al ámbito del inconsciente e influyen en los comportamientos individuales y grupales.

  • La utopía se refiere a un proyecto de sociedad deseable pero imposible de alcanzar. También se podía definir cómo la descripción minuciosa de la organización social perfecta y armónica. El protagonista en la utopía es siempre la sociedad; en relación con los movimientos sociales, la utopía es importante porque sin una idea de lo que sería un sociedad perfecta es imposible determinas el caminos o caminos adecuados para alcanzar el ideal que se persigue. En determinadas corrientes sociales y momentos de la historia, se plantearon modelos utópicos como alcanzables y posibles, es el caso del siglo XIX. Por otro lado también resultan interesantes esos modelos de sociedad ideal porque a través de ellos se desvelan las diversas variedades políticas, sociales y económicas que se contemplaban en el momento, como los principales problemas del periodo que se trate. Son por tanto, indicativos de las causas a legadas por los movimientos sociales. Muchas utopías han tenido una gran capacidad movilizadora.

  • El mito es un conjunto de representaciones manifestadas por imágenes o símbolos no ordenados sistemáticamente e integrados en un todo; es una historia de hechos primordiales que conformaron nuestra sociedad y explican como es en el presente. Hoy en día por mito se entiende también aquellas creencias movilizadoras y vertebradoras de la lucha social; el mito sirve para justificar el presente, incluso la autoridad.

FUNCIONES DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES

Existen movimientos sociales desarrollados con la finalidad de transformar el orden existente o bien para conservar dicho orden. También existen movimientos que ante un cambio no deseado optan por la marginación en vez de intentar enfrentarse al sistema y cambiar aquello que rechazan o bien para establecer modificaciones que ansían; normalmente esta no es una opción voluntaria, sino que se produce ante su imposibilidad de incidir en el resto de la sociedad; aunque hay distintos grados de aislamiento, desde la emigración colectiva como medida más suave, hasta el suicidio colectivo como solución mas grave.

REVOLUCIONES

La edad contemporánea está dominada por un gran mito que es la revolución, el temor de su estallido o bien la esperanza de su llegada. La revolución se puede entender como forma extrema de conflicto; es un mito que dura 150 años desde la Revolución Francesa, reforzándose con la Revolución Rusa, hasta su progresivo decaimiento a mediados del siglo xx, pues se empieza a percibir que éstas no cumplen las expectativas puestas en ellas.

Desde Aristóteles no se ha dejado de reflexionar sobre el término revolución, pero es a partir de la Revolución Francesa cuando dicho término adquiere una connotación optimista y una carga positiva, unido a una enorme proliferación de estudios sobre el tema; incluso el propio término cambió de significado pues hasta entonces revolución quería decir vuelta al punto de origen; en las grandes conmociones políticas anteriores a 1789, no se empleaban el concepto revolución, esto es así porque hasta la Revolución Francesa, para justificar una protesta o revuelta popular, se apelaba a la tradición como elemento de valor y no el cambio, este como he dicho antes, adquirirá una connotación positiva a partir de 1789.

Mientras que la Revolución Inglesa pasó desapercibida por diversas razones entre las que cabría destacar, que los ingleses no quisieron exportar su modelo, la Francesa supuso una gran convulsión; entre ambas tuvo lugar la Revolución Americana, que también tendría una medida importancia. En este punto en preciso señalar que mientras no hubo estados la revolución no era posible, es a partir de su aparición y consolidación cuando comienzan a darse las revoluciones políticas.

A finales del siglo XIX existen dos grandes teorías de interpretación de la revolución. La primera pone énfasis en los aspectos gubernamentales respecto a la toma ilegal Del poder, por su parte las teorías socioeconómicas ponen el énfasis en sus efectos sociales; la verdad es que la una sin la otra no es suficiente para explicar las revoluciones, porque las transformaciones en la estructura social o económica se prolongan en décadas o siglos; si los cambios se producen sin un episodio de asalto al poder, no se podría hablar de revolución pues no habría un elemento político; así mismo sin transformaciones sociales o económicas tampoco podríamos hablar de revolución. El aspecto social es esencial pero no suficiente; la revolución tiene como punto de mira la toma del poder que permitirá el desarrollo de un cambio político el cual conllevará los cambios económicos y sociales. Mirar apuntes.

La primera generación de historiadores tuvo una visión negativa de la revolución, tras la acontecida en Francia; eran más proclives al Antiguo Régimen y al pensamiento reaccionario, por ello dan una explicación paranoica de la historia revolucionaria que consideran un producto del azar; a partir de 1820 con la creciente influencia del romanticismo empieza a adoptarse una visión más positiva aunque sigue siendo poco científica, y aunque si era más sicológica y social no se analiza en profundidad el proceso revolucionario.

A partir de los años 40 del siglo XX se comienza a tener en cuenta todos los factores de la revolución; es Marx quien más contribuirá a hacer de la revolución un mito movilizador, construyendo su modelo de revolución con la mirada puesta en la Revolución Francesa. Así la concepción marxista consiste en considerar la revolución como la forma normal que permite que se produzca los procesos de transición entre distintos modos de producción. Para Marx por tanto, la Revolución Francesa no fue consecuencia del azar, sino que estaba inserta en el devenir social, era necesaria.

Según Marx, toda conflictividad social hay que insertarla en el conflicto global de las clases enfrentadas. Era un seguidor de Hegel, aunque Marx estudia la estructura social y analiza dentro de ella cuales son los elementos dinámicos que serán los causantes de la destrucción del modelo de producción presente a favor de un nuevo modelo. Marx da la vuelta al materialismo de Hegel. Para Marx cada modelo de producción es necesario en un determinado momento pero, antes o después ha de ser sustituido por otro mejor.

Marx explicó en su teoría que la revolución es una acumulación de cambios en tres terrenos diferentes; en el técnico económico, en el político y en el social. Así la revolución sería un periodo de transición entre dos modos de producción diferentes. Para Marx un modo de producción estaría constituido por cuatro elementos; dos de ellos serían la cultura y las instituciones, que conformarían lo que él denominó superestructura, la cual se ve condicionada por los otros dos elementos y es un reflejo de los mismos. Por otro lado estaría lo que Marx denominó la base real de la sociedad, constituida por las relaciones de producción y por las fuerzas productivas, que serían el elemento dinámico del todo modo de producción; así, en un determinado momento las fuerzas de producción avanzarían, se desarrollarían con respecto a las relaciones de producción que por el contrario quedarían estancadas; pues bien, es este desajuste lo que origina en la teoría de la revolución de Marx el comienzo del proceso revolucionario que culminara con el reajuste de ambos elementos. En la revolución se producirá un conflicto entre la clase dominante y la dominada cada una de las cuales se identificarían con los elementos anteriores, fuerzas productivas y relaciones de producción. Por último las instituciones y la cultura sufrirán cambios en función de la nueva clase dominante surgida del proceso revolucionario. Marx señala además en esta teoría que el cambio técnico- económico es imparable una vez iniciado el proceso revolucionario, y que se produce un cierta integración entre la nueva y la vieja clase dominante.

VISION MARX DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

En un marco de modo de producción fundamentalmente agrario, hay una importante clase productiva, la burguesía, que trabaja en la producción de bienes para abastecer las necesidades de una clase dominante muy escasa. Sin embargo, en un momento dado tiene lugar un cambio dentro de las fuerzas productivas, pues la burguesía amplia su ámbito de actuación; desarrollo de artículos de lujo para la clase dominante, desarrollo de la industria, de la banca et; se puede decir que es la propia aristocracia la que en principio contribuye a la aparición de la burguesía para la satisfacción de sus necesidades; el problema aparece cuando se produce el mencionado fortalecimiento de la burguesía, cuando ésta empieza a exigir derechos, y aspira a producir más y con mayor libertad. Será por tanto cuando el freno de las fuerzas productivas en contraste con el deseo de avance de la burguesía ( fuerza productiva) cuando tenga lugar la ruptura y la conocida Revolución Burguesa, que desbancará del poder a la anterior clase dominante, modificando el sistema a su imagen y semejanza.

CRÍTICAS AL MODELO DE Marx

En otras revoluciones surgidas en el tránsito del modelo feudal al burgués- capitalista no se dan las correspondencias precisas para que lo defendido por Marx, es decir lo que aconteció en Francia se pueda convertir en un modelo universal y por lo tanto extrapolarlo a todas ellas; no hay correspondencia ni con Italia, España, Inglaterra etc.

  • Cabe señalar en este sentido, que una cosa es la transición entre modos de producción y otra cosa son las revoluciones políticas; en Francia se produjo un cambio en el sistema de dominio y explotación de la tierra, tuvo lugar un cambio en la situación de la mano de obra, etc y estas transformaciones coincidieron en el tiempo con la revolución política, que daría lugar al establecimiento del régimen liberal; sin embargo no existe en realidad causa- efecto entre ambos procesos.

  • Dicha transformación socioeconómica, no puede considerarse un paso del feudalismo al capitalismo. Únicamente si redujéramos el primero a su aspecto señorial ( el poder de la nobleza sobre su tierra y trabajadores, con la consiguiente jurisdicción sobre los campesinos que estaban vinculados a la tierra misma por herencia, en situación de semilibertad o servidumbre) la visión de Marx podría aceptarse; sin embargo el feudalismo era un sistema mucho mas complejo que eso; en él había aspectos como la mencionada servidumbre, pero había además otros como la soberanía provincial, el vasallaje, la economía de subsistencia, la autarquía... y lo cierto es que todos estos elementos ya habían desaparecido en la época moderna a medida que surgían y se consolidaban los estados nacionales de la mano de las monarquías absolutas, permaneciendo como único elemento del feudalismo la servidumbre antes destacada.

Así pues, las revoluciones que desembocan en los modelos liberales, no se hicieron contra el feudalismo, que ya no existía, sino contra las monarquías absolutas que en su momento habían derrotado al modelo feudal.

  • Por otro lado hay que señalar, que ninguna de las revoluciones políticas se producen en países donde la burguesía fuese poderosa en ninguna medida, de hecho son muchos los autores que niegan que la burguesía fuese dueña de los medio de producción en Francia; lo que hay son desequilibrios políticos, debilidad del estado y quiebra de la legitimidad del mismo, pero en estos casos no se produce realmente un enfrentamiento entre burguesía y aristocracia. Si estudiáramos los actores revolucionarios, la burguesía estaría ausente de los procesos políticos o en el caso de participar se pondría de parte de la monarquía existente. Son funcionarios, intelectuales, clérigos, aristócratas los que apoyaron las revoluciones. Concretamente el protagonismo de las primeras fases de la Revolución Francesa? Estuvo en manos de la aristocracia ilustrada. Igualmente diversos autores destacan el papel de los campesinos, insertado en una autentica guerra campo- ciudad.

  • Por otro lado se puede afirmar que desde la caída del Imperio Romano hasta el establecimiento del Antiguo Régimen, no hubo ninguna revolución.

  • Para concluir es importante señalar algunos aspectos; la crítica al modelo de la Revolución Francesa no quiere decir que en la historia no haya habido revoluciones; sin embargo es complejo llamar revolución burguesa a los cambios que se produjeron desde el siglo XVIII en adelante. En otro sentido, las revoluciones modifican ciertas cosas y sientan las bases para cambios futuros que requieren su tiempo, es decir que aquellos que participan en la fase revolucionaria, probablemente no sean los mismos que después disfruten de los cambios que estas conllevan. Lo que hay que hacer es insertar el estudio de las revoluciones en los procesos de cambio social. Atendiendo a lo expuesto anteriormente se debería llamar a los procesos revolucionarios no, revolución burguesa sino antiabsolutista o liberal-oligárquica, incluso nacionalistas avanzado el siglo XIX, o democráticas aun mas avanzado el siglo XIX. Por ultimo, a pesar de las críticas que se le puedan hacer al modelo de Revolución en Francia, fue en todo caso un proceso movilizador que pretendía acabar con el antagonismo social.

TEORÍAS SOBRE LA REVOLUCIÓN

Existen dos modelos, uno de gran presencia e importancia, que son los modelos elaborados por la sociología estructural funcionalista, y por otro lado estarían los modelos políticos.

La sociología empieza a interesarse por la revolución, a partir de la segunda guerra mundial, y a partir de todo el proceso de descolonización, a raíz del endurecimiento de la Guerra Fría y las tensiones estudiantiles y obreras de los años 60 y 70 ; quizás en un intento de reprimirlas.

    • Modelo volcánico de revolución: la embestida de cambios incontrolados en la estructura de la sociedad engendra múltiples tensiones que, si no se aplacan, irrumpen en una violencia de masas en el momento y lugar en el que los controles sociales se relajen o se debiliten. Estas tensiones surgen de varias fuentes: expectativas irrealizadas que superan los logros gratificantes y producen frustración; la desorientación sufrida por gente sencilla apartada de su entorno tradicional y sometida a la desconcertante complejidad y cruda innovación de la vida moderna; y al mismo tiempo el trauma de la integración en la estructura de roles de la sociedad competitiva y burocrática. Los seguidores de este modelo consideran que las revoluciones son una consecuencia negativa y patológica del proceso de modernización.

Chalmer Johnson: los procesos de cambio social sitúan a los sistemas sociales en un entorno de tensión; hay sistemas sociales que saben adaptarse a las nuevas circunstancias pero otros son incapaces de afrontar y canalizar la introducción de nuevas ideas, nuevas tecnologías nuevas formas de organización económica etc y de ahí la aparición de los desequilibrios. Las revoluciones se producen cuando el sistema social entra en crisis y no puede hacer frente a los deseos sociales. Cuando esta situación se alarga los individuos se desorientan y entonces se dejan atraer por quienes ofertan sistemas de valores alternativos que se convierten en puntos vitales de la protesta social; y todo ello unido con la consiguiente pérdida de legitimidad que padecen los grupos dominantes al no contrarrestar el desequilibrio con políticas que mantendrían la confianza en el sistema de valores de los actores no desviados

La probabilidad de que tenga lugar una revolución depende por tanto de tres factores: la capacidad de las élites para las reformas; el grado de violencia al que recurra el estado; elementos casuales que priven a las élites del empleo de los elementos de control y se conviertan en aceleradores de la revolución. Para Johnson la revolución es un fenómeno anormal y la función del científico social es prevenir y evitarlas. ( en contraste con Marx para quien la revolución es un fenómeno normal).

Hay que señalar que este modelo tiene muchos fallos, como el papel que se le asigna a la élites y a las instituciones. Se trata de un modelo auto-explicativo que falla bastante en su fin de evitar las revoluciones. Así mismo, no queda claro que la repuesta reformista de apertura de las élites no represente un síntoma de debilidad que en si mismo propicie un proceso revolucionario. Jonson tampoco explica cómo los diferentes estratos de la población afectados por la crisis del sistema, pueden organizarse en una causa común y mucho menos cómo pueden derrocar a un gobierno o sacar partido de la caída de este; es decir que esta teoría no concreta que grupos se desvían y que grupos son los que movilizan al resto para llevar a cabo una acción colectiva contra el régimen vigente.

Por otro lado dentro del amplio marco de los modelos volcánicos hay que hacer mención a las teorías de la Frustración, basadas en la frustración de las expectativas, procesos mentales individuales que originan mentalidades revolucionarias, en ellas lo importante es la conciencia que la colectividad tiene que su situación social es insoportable. En este sentido nos encontramos con la teoría de la curva en J de Davies, donde la revolución tiene más posibilidad de producirse cuando a un periodo prolongado de expectativas y gratificaciones crecientes le sigue otro breve en el que opera un brusco cambio, y en el que el vacío entre las expectativas y las gratificaciones se ensancha rápidamente y se vuelve intolerable; es decir, que en este contexto la sociedad mantiene sus expectativas paralelas a la prosperidad a pesar del descenso de la misma, lo que provoca que se ensanche el espacio entre lo que la gente espera y lo que obtiene, estallando su frustración a modo de revolución. Por gratificaciones Davis entiende la satisfacción de las necesidades humanas básicas.

El problema de esta teoría es que no explican el paso de la frustración individual a la colectiva, tampoco el paso de la frustración colectiva a la acción, o porque esta se dirige contra la autoridad; así mismo, no identifica que grupos experimentan cada vez menos gratificaciones, cuales se sienten frustrados o cuales se rebelan tampoco señala cómo distinguir las frustraciones que desembocan en revoluciones y las que representan la semilla de la continuidad política. por último, al estar construidas sobre valores sicológicos es difícil medir cuales son las expectativas y la frustración de la población.

Dentro de las teorías volcánicas también podemos destacar, la Teoría de la Privación, un sentimiento que percibe la persona cuando recibe menos de lo que considera que merece. Es entonces cuando aumentan las posibilidades de violencia colectiva. Como teoría predicativa representa todo un fracaso, pues puede ser útil para entender la génesis de la conflictividad social, o las causas del descontento, sin embargo al dejar de lado el factor político se convierte en insuficiente para explicar los modelos de revolución.

    • Modelo político: el modelo político busca la génesis de las revoluciones y de la violencia de masas, así como en la guerra, en los intereses competitivos y las aspiraciones de los grupos de poder. Las revoluciones y la violencia colectiva surgen de las continuas pugnas por los recursos, influencia y la hegemonía, previamente dispuestos en el marco de los canales diplomáticos. También como en la guerra, implica un control calculado de fuerzas, los contendientes se miden arriesgándose al enfrentamiento solo cuando los beneficios probables sobrepasan los peligros. Para el modelo político por tanto el estudio de la revolución requiere descartar la imaginaria noción de en “estado mental” de toda una sociedad, incitado a arranques agresivos por la frustración sentida, o la tensión estructural, y se centre en los equilibrios reales de poder y en los modelos de luchas existentes entre las clases, los partidos y los grupos de interés en lucha.

El modelo político refuta la concepción volcánica en tres aspectos: la naturaleza y origen de los sentimientos de injusticia; la composición social de las masas revolucionarias; la trayectoria de la cólera de la acción.

  • En la medida en que la violencia colectiva no es una mera erupción de rabia, sino una concurrencia de disputas entre intereses contrapuestos para conseguir una ventaja táctica, su razón de ser, reside no en vagas frustraciones sociales sino en quejas de principio; es decir que más que arranques caóticos de gente enfadada, las revoluciones implican una estructura social, un modelo político y una lógica táctica.

  • Si como sostiene el modelo volcánico, las revoluciones y la violencia colectiva son erupciones de rabia, entonces los rebeldes más dispuestos, deberían surgir de entre las gentes que sufren las peores injusticias; el modelo político sin embargo pronostica lo contrario: que los grupos desplazados, privados de derechos civiles, estarán muy poco representados en el censo del activismo popular; esto es así, por que las gentes con los mas graves sentimientos de injusticia por los que luchar son muchas veces los que cuentan con menos recursos. Por eso el modelo político supone que los grupos nucleares de la política revolucionaria serán aquellos cuya base económica, nivel social, estructuras organizativas y conexiones políticas, les dote de poder táctico de negociación para ejercer una presión en el escenario político a favor de sus exigencias.

  • Mientras que el modelo volcánico no explica en su teoría cómo el cambio fomenta los sentimientos de injusticia entre grupos específicos, ni cómo dicho descontento se convierte en una protesta organizada, el modelo político supone dos relaciones analíticas que cubren estos vacíos: por un lado cabe señalar que la influencia del cambio estructural en el conflicto es enorme aunque indirecta; los cambios y las transformaciones en la estructura y composición social afectan al número, la identidad, los intereses y los sentimientos de injusticia característicos de los grupos que luchan por el poder local y central así como sus demandas colectivas. Así mismo los cambios de la sociedad reestructuran los campos de lucha; es decir que modifican los objetivos de las lucha política como las estrategias a seguir. Una vez que se ha explicado cómo el cambio influye en el desarrollo de los sentimientos de injusticia, llega el momento de explicar el modo en que dichos sentimientos se canalizan en protesta organizada, pues lo individuos no son movilizados por arte de magia. Su cólera debe dirigirse hacia fines colectivos a través de la coordinación y las oficinas directivas de organizaciones formales o informales; asociaciones de amigos con intereses comunes, comunidades de campesinos, sindicatos, partidos políticos etc. así pues lo importante es que debe haber algún tipo de organización que permita canalizar el descontento y buscar las oportunidades del poder social.

  • MANIQUEISMO

    Se trata de una visión dual del Bien y el Mal sin matices. El Mal es el más relevante debido a su influencia en la sociedad, ya que el elemento negativo es necesario por su potencial manipulador y movilizador de la sociedad.

    Las comunidades políticas suelen formarse contra algo; el enemigo nos da la vida podríamos decir; como ejemplo estaría la ideología nacionalista que tiene como factor relevante el encontrar en el otro, en el diferente al enemigo. El surgimiento del grupo está ligado a la búsqueda del enemigo, al chivo expiatorio; en este sentido cabe destacar que es ésta la función que cumplen las religiones al canalizar la violencia colectiva hacía algún elemento exterior; estas suelen explicarlo todo en función de la existencia de un agente maligno, que de cierta manera nos expíe de responsabilidad y culpa por nuestros malos actos. Así mismo la creencia en ese ser maligno nos hace olvidar nuestros pequeños problemas interno teniendo en cuenta la gravedad de dicha amenaza exterior.

    A lo largo de la historia, nos encontramos a diversas colectividades y grupos sociales que sucesivamente han encarnado El Mal; desde los cristianos en la Roma clásica, los herejes, en la Europa cristiano-católica, los mismos católicos y protestantes en función del bando, hasta por ejemplo los comunistas o los capitalistas dependiendo de la coalición de la que hablamos. Así pues, siempre en la historia ha existido una colectividad que representaba el Mal, la cual debía ser además fácilmente reconocible para que pudiera ser eliminada y alcanzar de ese modo la felicidad los judíos han sido el objeto maligno más recurrente de los últimos dos mil años, concretamente por parte de los cristianos que consideraban al judío el pueblo que había matado a Cristo.

    El volcar la agresividad contra un agente externo ha sido una práctica que ha tendido también a la personificación en contra de colectivos como los ricos, esto es así, porque en una sociedad estática como lo era en la Edad Media, se solía asociar al que se enriquecía con prácticas poco honestas incluso con pactos con el diablo; de modo que desde entonces hasta nuestros días, de forma un tanto inconsciente sigue estando latente el poner en entre dicho la conducta moral del rico.

    Ha sido también muy habitual asociar a los grupos malignos con determinadas características físicas o morales; como ejemplo cabría destacar a las brujas, contra las que hubo persecuciones desde finales del siglo XVI y durante todo el siglo XVII; las brujas, se creía eran mujeres solitarias, con cierta influencia, que como féminas no podían de ningún modo lograr por ellas mismas y es por ello que su poder se creía debían de obtenerlo de un varón, en este caso el demonio. Todos estos grupos cumplían además con diversos componentes comunes, eran orgiásticos, degenerados, hacían pactos con el diablo, practicaban canibalismo etc.

    Norman Knah: las colectividades que encarnan el mal son aisladas del resto de la sociedad, pues es necesaria su clara localización; son gente con poder, prestigio, influencia, superioridad intelectual etc; el gran desconocimiento que en realidad hay a cerca de ellos permite cubrirlos de misterio y atribuirles todo tipo de mal sin reconocerles ni un ápice de bien; siempre tiene que se un solo grupo, y no puede estar disperso porque en tal caso la agresividad contra él también se dispersaría. Son tolerados en épocas tranquilas, y atacados en periodos de crisis; el identificar a un grupo como encarnación del mal, y atribuirle todo tipo de maldades, permite movilizar más fácilmente contre el y que la unidad en este sentido sea enorme.

    En esta dualidad del Maniqueísmo hay que hablar también del Bien. La encarnación máxima del Bien será Cristo, el Mesías, de modo que hablaremos del elemento mesiánico. Las fuerzas del Bien se organizarán en torno a alguien decidido y dispuesto a practicarlo con el objetivo de erradicar completamente todo mal. En la religión judía, el Mesías va a ser el enviado de Dios, y este les conducirá hacia el triunfo final. Para los cristianos el Mesías ya ha llegado, es Jesús. Esta idea del Bien encarnado en alguien que está decidido a lucha contra el mal absoluto, ha sido representada por líderes convertidos en sucesores de cristo, que iniciaron movimientos de protesta contra la iglesia dominadora en la Edad Media, muchos de estos movimientos reúnen por tanto un gran componente político. En las cruzadas, con mucha frecuencia podemos encontrar líderes político- militares a los que se les atribuían caracteres casi divinos pues estas encarnaciones del bien daban valor y seguridad y sin ellos surgía el temor a movilizarse. Se trataba de hombres con rasgos excepcionales que atraían a las mentalidades primitivas, convencidas que les dirigiría al triunfo sobre el mal;

    Es el seguimiento ciego a un líder carismático que se asemeja al culto a la personalidad de muchas figuras del siglo XX , coincidiendo siempre con momentos de crisis. En el mesianismo es importante la figura individual o colectiva del Mesías pero también es relevante analizar a los seguidores que consideran que su Mesías tiene fuerza física ( como guerrero) fuerza moral ( entendido como pureza de espíritu) y capacidad para sacrificarse y sufrir por los demás, idea típicamente cristiana.

    La tradición mesiánica la podemos localizar no solo en el pasado sino también en las dos ideologías movilizadoras del siglo XX, en el nacionalismo y el socialismo; en el primero es raro encontrar un líder mesiánico individual, pues suele ser toda la nación la que lo encarne. En el segundo caso tampoco hablamos generalmente de un Mesías individual, sino nuevamente de uno colectivo identificado con el proletariado, que ha de llevar a cabo una misión redentora. Marx define al proletariado, como el que representa el sufrimiento universal, y en este caso su fuerza física reside en su gran número.

    VISIÓN APOCALÍPTICA

    Esta visión apocalíptica del mundo hace referencia al triunfo del Bien sobre el Mal, atendiendo a una antigua idea procedente de la antigua Mesopotamia y del Zoroastrismo; es por tanto pre-judía y pre-cristiana. Zoroastro en una de las cunas de la civilización, Persia, fue el primero en anunciar que el mundo tendrá un fin marcado por la lucha entre el Dios de Bien y el Dragón del Mal, cuando el mal sea excesivo; esta lucha se llevará a cabo en el interior de cada hombre y en el seno de la sociedad en general; se creía que el Dios del Bien mandaría ciertos salvadores que impedirían que todo se hundiera, así el ultimo de ellos al final de los tiempos lograría vencer al maligno; es por ello que conviene estar del lado del Bien para ser beneficiario de su victoria, de la salvación individual y social, y poder formar parte del mundo perfecto que se iniciará.

    Esta concepción tuvo un gran influjo posterior en las creencias del pueblo judío, con ayuda de su propia concepción lineal ascendente de la historia, aunque con algún problema ,pues frente a la mayoría de las religiones del momento los judíos eran monoteístas, de modo que tuvieron que adaptarse y adoptar una visión dual que comprendiera la malignidad y la benignidad. Cuando los hebreos perdieron su independencia política y pasaron a una situación de servidumbre bajo otros pueblos surgió entre ellos una firme esperanza en que Yahvé los establecería en un nuevo reino, del que hubo diversas versiones. Los judíos consideran que el dios del Bien es exclusivamente suyo, de modo que en la batalla final éste ayudaría a su pueblo elegido a vencer al mal y a establecerse en el reino de la absoluta justicia.

    En este contexto cabe destacar el libro de Daniel de en el que dio a conocer en forma de sueño su visión de los cuatro imperios entrono al 165 a. C, se trataba de un sueño compensatorio, de futuro feliz, que tendría una gran influencia en las concepciones medievales. Pues bien, a estos cuatro imperios les seguiría la batalla final entre el Bien y el Mal, de cuya resolución surgiría un quinto imperio universal y eterno; en esta creencia, el cuarto imperio era el Romano que encarnaba al Mal, de modo que la lucha final entre los judíos, que serían a su vez ayudados por un mesías enviado por Dios, y los romanos desembocaría en el mencionado reino de paz y justicia. Esta creencia ayudó a que los judíos se mantuvieran unidos en un mundo hostil. Pos otro lado tanta relevancia tuvo el libro de Daniel que Carlo Magno al crear su imperio, no tuvo mas remedio que llamarlo Greco-Romano, pues según Daniel solo podía haber cuatro imperios antes del tiempo final.

    Esta tradición apocalíptica de la religión judía pasó casi íntegramente al cristianismo, donde también se habla de fin del mundo y del establecimiento de un reino de justicia en el que se disfrutarían de 1000 años de felicidad; había una presencia muy clara del fin de los tiempos y del dolor y es ese elemento de inmediatez el que sirvió enormemente en la expansión del cristianismo pues convenía estar del lado del Bien cuando llegase su tiempo. En este marco de creencias, es preciso destacar el Apocalipsis de San Juan que conecta directamente con el sueño de Daniel. Según San Juan Cristo reinará con los mártires sobre la tierra durante mil años ( número entendido como símbolo de la perfecta situación terrena), después de dicho periodo, se soltará de nuevo al Demonio y a continuación tendrá lugar la segunda venida de cristo, el juicio final y el establecimiento definitivo del reino de Dios; esta creencia tuvo gran expansión a lo largo del siglo II entre masas populares y los hombres cultos, que anhelaban un reino en esta tierra que compensará las persecuciones.

    Por su parte la iglesia cristiana tuvo una visión ambigua, pues se enfrentaba a multitud de problemas de establecimiento y captación; aunque estas ideas parecían atraer a muchos seguidores al mismo tiempo eran un pretexto demasiado fácil para estallidos sociales y disensiones dogmáticas. Poco a poco la inmediatez de la promesa del reino de la justicia se volvió atemporal y condeno la iglesia la creencia de la segunda venida de cristo proclamado por el Apocalipsis. Al final, la segunda venida se transformó atendiendo a lo escrito por San Agustín y con el apoyo de la Iglesia, en una creencia espiritual y no material, la Ciudad de Dios, en realidad era meramente espiritual y reinaba ya entre los fieles desde la llegada de Cristo, nada más había que esperar en esta vida. A partir de entonces el mineralísimo, es decir la creencia en la vuelta física de Cristo, se convirtió en una herejía; sin embargo esta idea había arraigado tanto en la sociedad que dio lugar a todo tipo de movimientos político- espirituales, dando sustento ideológico a la mayoría de los movimientos populares de rebeldía social durante la Edad Media y la época de la Reforma hasta la Edad Moderna.

    EDAD DE ORO

    La creencia en el reino de Dios en la tierra, un reino de paz y justicia, donde se iniciaría la era de la felicidad, enlazaría con la llamada Edad de Oro, que no era un periodo mejor sino perfecto, pues era anterior a la aparición del mal en el mundo. La gran teorización de la Edad de Oro procede de los estoicos, del reino de Saturno. la característica principal de la Edad de Oro, era la igualdad absoluta, que se perdió con la aparición de la propiedad privada que introdujo el Mal en el mundo, los odios, el caos, la rivalidad, todo ellos hicieron necesario el establecimiento de la autoridad para que controlara esa situación. Para la Iglesia Cristiana, el pecado también fue el causante del fin de la Edad de Oro y por tanto de la felicidad; de esta forma el mito clásico confluye en la tradición greco-cristiana, que darán lugar durante la Edad Media a la idea de que en la sociedad primitiva no había propiedad, de modo que si se quería vivir como antaño había que poner en común todos los bienes privados para que así cada persona fuera igual a las demás; según las creencias mineralistas allí donde hubiera esta forma de vida sería posible el retorno a la era de la felicidad. Estas ideas lo que hacen es legitimar el pasado para dar esperanzas de futuro, el retorno a los orígenes, posee una gran fuerza legitimadora y movilizadora.

    Los mitos cumplen una función política por la que se explica el pasado, el presente y se utilizan para justificarlos. Así, las referencias de tipo mítico ( mesías, Edad de Oro, final de los tiempos etc) son el marco en el que se inserta el discurso político contemporáneo; se trata de un discurso muy emocional, no está basado en la razón y por ello puede ser difícil de captar aunque representa la base de la movilización de las masas. Los intelectuales por su parte han caído en una secularización del paraíso que nos traería la igualdad, principal característica de la Edad de Oro, dicha igualdad, fue la gran meta desde el siglo XIX hasta mediados del XX

    Existen dos grandes oleadas donde proliferan movimientos con rasgos mineralistas; van en primer lugar desde el siglo XI hasta el XIII durante las cruzadas, y una segunda oleada que arranca a mediados del siglo XIV coincidiendo con la peste negra, alargándose hasta el primer tercio del Siglo XVI como oposición al protestantismo.

    ++++ Entorno a las cruzadas surgieron movimientos mineralistas, movilizaciones populares entorno a su vez de predicadores acusados de herejía; Dichos movimientos estaban imbuidos de ideas apocalípticas según las cuales en Tierra Santa aparecería de nuevo Cristo. Se trataba de un periodo de mal absoluto debido a la guerra entre el bien y el mal que se estaba librando entre la iglesia ( el Bien) y los musulmanes que representaban el Mal. Estas expediciones populares a Tierra Santa fueron las causantes de la primera matanza de judíos que se llevo a cabo por el camino, pues si la finalidad era eliminar todo el mal de la tierra se podía empezar antes de culminar el viaje.

    Es en este contexto en el que surge la primera formulación de la idea de progreso de la mano de Joaquín de Fiore ( s. XII), que ve la historia como un despliegue de la Trinidad divina cuyas tres personas se suceden en tres tiempos que se estructuran en tres reinos sucesivos: el primero es el del Padre que abarcó desde los orígenes hasta la venida de Cristo, periodo regido por las leyes del temor y la servidumbre; el segundo es el del Hijo, marcado por la fe y por un status de libertad; y el tercero es el del Espíritu Santo, marcado por el amor y el status de amistad. Según los cálculos de Fiore las cuarenta generaciones que se equiparaban a las transcurridas entre Adán y Cristo estaban a punto de cumplirse, de modo que el tercer reino puramente espiritual, donde la gente se reduciría voluntariamente a la pobreza, eliminándose así la propiedad y las riquezas, comenzaría en torno al año 1260. esta era la teoría del progreso en sus tres estadios.

    Respecto a la segunda oleada de movimientos mineralistas cabe enmarcarla sobre el 1347-48, periodo en el que la peste negra asola Europa, reduciendo la población entre un tercio y la mitad del total, que no se recuperaría hasta el siglo XVIII. Estos acontecimientos coincidieron además con la crisis social, política y productiva del feudalismo, de modo que todo unido favoreció el desarrollo de posturas mineralistas; la crisis demográfica se venía venir desde mediados del siglo XIV , que comenzó ya con malas cosechas, subida de precios, además de la mencionada peste que provoca la huída de la población a las ciudades favoreciendo su propagación; tienen lugar entonces, cierres de mercados en las urbes, un descenso en la mano de obra lo cual desemboca en una grave inestabilidad política.

    El feudalismo había tenido su razón de ser, la seguridad, la protección del señor etc pero el cambio de circunstancias militares y la desaparición progresiva de la caballería afecto mucho a la nobleza y su poderío. Durante la guerra de los Cien Años, el campesino comienza a armarse el mismo para protegerse, y el señor deja de resultar efectivo para desarrollar su papel principal, el de la protección; los gremios que hasta entonces acumulaban el poder y la influencia política en las ciudades, también entran en crisis, como consecuencia de una mayor especialización y la proliferación de gremios de rango social inferior, sobre todo en la rama textil, que ofrecían peor calidad aunque suficiente para cubrir las necesidades. Los gremios clásicos se creen con mayor legitimidad para ocupar puestos políticos en los consejos municipales, lo que origina enfrentamientos gremiales dándose una estratificación muy clara entre ellos, con su diferenciación en categoría y clase.

    Es en medio de toda esta crisis que resurgen con fuerza las tesis mineralistas, que aunque pueden tener una apariencia religiosa, lo cierto es que poseen un fundamento cada vez mas político y social. Cabe destacar en este sentido un movimiento que aparece a mitad del siglo XIV, los flagelantes, que tuvieron algún antecedente ya en la primera oleada, sobre todo en Italia . esta práctica de flagelación pública era desconocida por la Iglesia, que nunca había defendido el castigo físico auto-impuesto, es por ello que este se vió como un movimiento anticlerical. En aquellos momentos la peste se veía como un castigo divino, de ahí los movimientos de flagelación como ritos de purificación. Los flagelantes se presentan como nuevos sacerdotes, que puede entenderse en un contexto de tendencia al cambio de élites; se producen reconversiones colectivas y asaltos también colectivos a las iglesias, como muestra del temor a la muerte que reinaba, y del deseo de aplacar a Dios con sus acciones.

    Sin embargo desde el punto de vista social lo que interesa es esa sustitución de élites; a la Iglesia se la acusa de avaricia, de lujuria etc, además poco a poco este movimiento comienza a increpar también contra los ricos, lo que termino por convertirlo en herético, a la vez que adquiría carácter de movimiento de masas, que negaba la autoridad del Papa y el clero, y defendían que ellos habían sido adiestrados directamente por el Espíritu Santo.

    A finales de la Edad Media empieza a cuestionarse que este movimiento solo engloba a pobres e ignorantes, ya que comienza a integrar a gente pudiente y culta; al mismo tiempo empiezan a generalizarse movimientos sociales de crítica al dogma de la Iglesia, los cuales terminan englobando tesis de carácter político y social, que se convertirán en los antecedentes de la Reforma Luterana.

    Dos movimientos heréticos merecen ser destacados en este punto, son el de Wyclif y el de Hus. Ambas son teóricos, eclesiásticos, y su doctrina fue recogida por movimientos de masas.

    Wyclif escribió en latín generalmente, aunque fue el primer traductor de la Biblia al ingles, lo que permitió a cualquiera que supiera leer, interpretar las sagradas escrituras sin necesidad de que los clérigos jugasen el papel de intermediarios; el mayor punto de confrontación entre Wyclif y la iglesia fue su defensa de que ésta debía de volver a los principios del cristianismo primitivo, es decir su creencia de que la iglesia debía renunciar a su poder político y económico, y someterse a la autoridad civil en las cuestiones terrenales y mundanas; además, Wyclif se oponía a algunos sacramentos, y esto le supuso la expulsión de las instituciones universitarias. Tras su muerte sus seguidores, en torno al 1381, otorgaron argumentos ideológicos a los movilizados en la guerra iniciada por el campesinado, que reivindicaba igualdad en la propiedad, contra la situación de sometimiento que padecía; se trató de un movimiento anti-señorial.

    Hus por su parte, muy influenciado por Wyclif, y en un clima político y social complejo, predicó contra la corrupción de la Iglesia, contra su poder político y económico, y defendió un mayor comunitarismo social. Se trataba de un personaje muy popular, un líder de masas, cuyas reivindicaciones coincidieron en el tiempo con la predicación católica de una cruzada contra el rey de Nápoles; por otro lado Hus afirmaba que los cristianos no tenían por que pagar indulgencias, especialmente cuando los mandatos populares iban en contra de los fundamentos cristianos; todo ello le llevó a ser excomulgado. Dos años después en pleno concilio de Constanza Hus acudió a predicar, y como consecuencia de ello fue condenado a muerte. La respuesta social ante estos acontecimientos se tradujo en un levantamiento popular en Bohemia, considerado el primer levantamiento herético de finales de la Edad Media. La férrea oposición Papal obligó a los movilizados a aislarse en comunidades rurales, a la vez que en Bohemia se desarrollaba una especie de guerra civil con fuertes tintes mineralistas en su discurso. Se defendía la discusión de la Biblia en grupo, la eliminación de determinados sacramentos y la supresión de los diezmos y derechos feudales.

    Los Hussistas constituyeron la llamada comunidad de bienes de principios cristianos, creando a su vez un importante ejército, que finalmente sería derrotado, debido a las divisiones internas que surgieron entre ellos. Más tarde se celebraría un nuevo concilio para pactar con los hussistas más moderados, hasta que tres años después el último sector que quedaba fue derrotado.

    Es importante señalar que en esta época, el poder del papado y el emperador se empiezan a difuminar; surge un nuevo sentimiento de identidad colectiva, y aparecen nuevos centros económicos, políticos y sociales, dispersos en distintas áreas geográficas; en este contexto podemos situar los movimientos heréticos que culminarían finalmente en los de la propia Reforma; esta no tenía en principio ningún objetivo político o social, sus preocupaciones eran sólo religiosas; sin embargo tuvo una gran implantación en el ámbito político que supuso perdida de poder para la Iglesia tanto en la parte protestante como en la católica adoptando estas un carácter cada vez más nacional. Por otro lado el protestantismo alcanzó unas expectativas de cambios sociales que Lutero no buscaba ni pretendía conseguir, sus objetivos eran exclusivamente religiosos; para él la Iglesia Católica era el anticristo y cuando este aparecía era señal del fin de los tiempos.

    Cuando Wyclif y Hus defienden la traducción de la Biblia a lengua vulgar, no había aun imprenta, sin embargo cuando Lutero predica, esta aparece, y hace realmente posible que cualquiera pudiera leer e interpretar con libertad las sagradas escrituras, es decir que ya nadie tiene por que aceptar necesariamente la interpretación oficial de las autoridades eclesiásticas. Al mismo tiempo esta autonomía que empieza a implantarse en el terreno religioso se extiende también al ámbito político, lo cual explica que el liberalismo se desarrolle antes en los países dónde había triunfado el protestantismo.

    Aunque Lutero no aspiraba a convertirse en un revolucionaria político, algunos de sus seguidores si lo esperaban, de modo que a principios del siglo XVI algunos predicadores como Muntzer instruyeron en contra del clero católico y también en contra del clero alineado con Lutero, pues consideraban que todos ellos se desentendían en realidad de la pobreza de las clases más humildes. Muntzer afirmaba que el tiempo de la siega había llegado, y por ello todo príncipe cristiano debía coger la espada para matar a los herejes, porque de lo contrario lo haría el pueblo.

    GUERRAS CAMPESINAS

    En torno al 1525, existía en Alemania un gran desconcierto religioso, político y social, que desembocó en una preocupación generalizada entre el campesinado del suroeste del país. En este contexto se elaboraron programas de reivindicación que abarcaron tanto el plano político como el religioso. Lutero ante la falta de apoyos con la que contaban los poderosos, objetivo de las quejas campesinas, publicó un panfleto titulado, “contra las bandas campesinas asesinas y ladronas”; el sentido de está reacción por parte de Lutero se comprende conociendo su defensa de la procedencia divina de toda autoridad, es decir que el poder de príncipes y monarcas es concedido y querido por Dios, de manera que desobedecer a estos es lo mismo que desobedecer al mismo Dios.

    La revolución campesina se prolongó durante meses, caracterizada por contener un fuerte componente mineralista; finalmente todo concluyó en la batalla de Frankenhausen, donde murieron 5000 campesinos; no hubo a partir de entonces nuevas manifestaciones por parte del campesinado. Por lo que se refiere a la comunidad urbana, también se produjo una crisis en la autoridad, que desembocó en movilizaciones más localizadas, iniciadas por grupos dentro del luteranismo, que aspiraban a llevar una vida de perfección; estos, resaltaban los valores pacifistas del evangelio, criticando a toda autoridad, pues al contrario que Lutero, consideran que no está legitimada por Dios, y en principio sólo reconocen la sabiduría de los ancianos. Para ellos el buen cristiano únicamente se somete a principios religiosos no materiales.

    En este mismo contexto cabe destacar, la existencia de 40 tendencias anabaptistas; todas ellas niegan el valor de los ritos religiosos; a finales de los años 20, su presencia en el norte y oeste de Alemania y Holanda es enorme y su postura su vuelve radical al defender la idea mineralista del fin del mundo, se trataba de mineralistas de tendencia apocalíptica. Un ejemplo muy conocido se produjo en la ciudad de Münster, la cual estaba gobernada por un príncipe-obispo que al morir no dejó sucesor. A partir de ese momento el poder pasa a manos de los gremios anabaptistas en su mayoría, convirtiéndose poco a poco en un gran refugio para todos ellos; en ella se gobernaba de forma dictatorial y represiva, se expulsaron a todos los católicos amenazados bajo pena de muerte, quedando la ciudad cerrada y aislada, hasta que un año y medio mas tarde el ejército asaltó la urbe y sus líderes fueron decapitados.

    COMPLETAR LO QUE FALTA

    LOS MOVIMIENTOS NACIONALISTAS

    El fenómeno del nacionalismo es muy reciente, entorno a los dos siglos de antigüedad y es una de las ideologías más mitificadas. Los defensores del nacionalismo, buscan sus argumentos en orígenes remotos y van estableciendo conexiones con las naciones actuales, pues se quiere presentar lo actual como algo inmanente. Por otro lado los términos empleados por esta ideología son recientes; en el caso del término mismo de nacionalismo existen cuatro usos diferentes; como ideología, en base a la esencia de las nacionalidades y en la autodeterminación de los pueblos, donde a cada nación le corresponde un estado, que pueda ejercer su poder soberano sobre el territorio en el que se encuentra. Como un sentimiento, aquí nacionalismo de identifica con una cultura o comunidad a la que llamamos nación, por la cual se está dispuesto a sacrificar los propios intereses; y en este sentido simple reconocimiento de que uno pertenece a una comunidad. En el sentido de patriotismo, como orgullo de pertenecer a un determinado pueblo, o nación. Patriotenismo en un sentido etnocéntrico y racista, unido a la necesidad de dominar a los demás