Movimiento obrero

Internacionales socialistas. Primera Internacional. Unión General de Trabajadores. PSOE (Partido Socialista Obrero Español)

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EL MOVIMIENTO OBRERO

La Primera Internacional

En 1864 representantes de los obreros fabriles ingleses y franceses fundaron, en Londres, la Asociación Internacional de Trabajadores, que aspiraba a acabar con el sistema capitalista. Karl Marx, que vivía en Londres por esos años, fue elegido miembro del Consejo General provisional de la Internacional y se convirtió en la figura predominante en el seno de la Internacional, redactó sus estatutos y un discurso inaugural muy cuidado concebido para salvaguardar la unidad de los objetivos.

Sin embargo, desde el principio, los anarquistas de Pierre Joseph Proudhon y Mijaíl Bakunin se opusieron al modelo de Marx de un Estado centralizado dominado por los trabajadores. Bakunin precipitó una crisis en la organización al denunciar la actitud despótica de Marx y hacer un llamamiento para crear una Internacional "antiautoritaria". En el Congreso de la Haya de 1872, Marx salió victorioso y Bakunin fue expulsado de la Internacional. Tras la ruptura entre marxistas y anarquistas, sin embargo, se tomó la decisión de trasladar el Consejo General a los Estados Unidos, donde tuvo una existencia gris hasta que fue formalmente disuelto en 1876. A pesar de que la Primera Internacional provocó inquietud en los círculos políticos de la derecha europea, nunca contó con más de 25.000 miembros.

La Segunda Internacional

En 1889, centenario del comienzo de la Revolución Francesa, se celebraron dos congresos socialistas en París. Uno, inspirado en el Manifiesto Comunista de Marx, creó la que más tarde se conocería como la Segunda Internacional. La nueva organización, una vaga federación de partidos de masas, creó en 1900 un centro de coordinación, la Oficina Internacional Socialista (Bruselas). Hasta la I Guerra Mundial, la Segunda Internacional se reunió nueve veces en intervalos irregulares. En el Congreso de Londres de 1896, fueron expulsados los anarquistas, dejando a los marxistas, "sobre todo a los alemanes", en una posición de liderazgo incontestable. Éstos, a pesar de que seguían proclamando las teorías revolucionarias de Marx, buscaban la reforma dentro del marco legal alemán.

Numerosos marxistas franceses adoptaron el mismo acercamiento. En 1899 el socialista francés Alexandre Millerand aceptó la cartera de Comercio en el gabinete no socialista de René Waldeck-Rousseau. Ese mismo año, el líder socialista alemán Eduard Bernstein publicó su Socialismo Evolutivo, una revisión de la doctrina marxista donde rechazaba la inevitabilidad de la revolución y proponía la colaboración con los partidos no marxistas para alcanzar las metas socialistas. Karl Kautsky, líder de los marxistas ortodoxos alemanes, se opuso a los planteamientos de Bernstein.

Un conflicto paralelo minó los esfuerzos de la Internacional para evitar una guerra en Europa. Comprometidos ideológicamente con la paz y el internacionalismo, los socialistas europeos no podían aceptar la derrota militar de sus propias naciones, dentro de las cuales constituían subculturas reconocidas. Cuando la I Guerra Mundial estalló en 1914, las lealtades nacionales demostraron ser más fuertes que los compromisos de clase y la mayoría de los socialistas respaldó los esfuerzos de guerra de sus respectivos gobiernos. Esto supuso el fin de la Segunda Internacional, a pesar de que hasta 1920 los esfuerzos para revivir la organización no se abandonaron.

  • Giuseppe Fanelli organizó la sección española de la Asociación Internacional de Trabajadores. Más tarde en 1870 se celebró en Barcelona el primer congreso Obrero y se creó la FRE, adscrita a la AIT, llegó a tener en 1873 a 30.000 afiliados, que se repartían entre Cataluña, Andalucía y Valencia. La FRE se declaró ilegal en 1874. Existían también la UGT, el PSOE, la CNT...

  • La huelga general de Vizcaya de 1890, en la que participaron más de 20.000 trabajadores, marcó la entrada en la era entrada en la era industrial de la clase obrera organizada. Los huelguistas vizcaínos conquistaron la jornada media de diez horas, y las organizaciones socialistas, aprovechando el recién reinstaurado sufragio universal, presentaron por primera vez candidatos en las elecciones de concejales de 1891.

INVESTIGACIÓN:

La CNT: Etapa fundacional y de consolidación interna

Esta formación nació con el objetivo de constituir una fuerza relevante opositora al sindicato mayoritario, la Unión General de Trabajadores (UGT). Su fundamento inicial lo halló en el anarcosindicalismo catalán de Solidaridad Obrera. En el I Congreso de la CNT (1911, año en el que el sindicato recibió oficialmente su nombre) ya se convocó una huelga general, motivo por el cual el sindicato fue ilegalizado hasta 1914. Desde 1916, la Confederación cambió su estrategia de actuación respecto a UGT. Entabló relaciones con este sindicato y ambos llegaron al acuerdo de convocar conjuntamente la huelga general de 1917. Los vínculos entre ambas organizaciones se estrecharon y, en el II Congreso de la CNT (1919), se formuló la posibilidad de unificar los dos sindicatos para propiciar la cohesión del proletariado. En dicho congreso se aprobó la vinculación provisional de la CNT a la III Internacional pero, tras la visita del dirigente Ángel Pestaña a la Unión Soviética, éste desaconsejó la incorporación, y en 1922 la CNT se apartó definitivamente de esta organización.

El fortalecimiento significativo del sindicato anarquista se produjo a partir de 1918, momento en que la crisis de la industria catalana impulsó a miles de obreros a afiliarse a la organización. Con el fin de contrarrestar la fuerza adquirida por la masa obrera organizada, surgió el pistolerismo, financiado por los patronos, que sembró la violencia ciudadana y logró desestabilizar el sindicato. En 1923, tras la implantación de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, la CNT entró en la clandestinidad, desestructurada y dividida internamente a causa de la presión ejercida por el ala radical de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Su actividad en este periodo estuvo marcada por la participación en varias confabulaciones dirigidas a terminar con el régimen.

El periodo de madurez: la II República

Con la llegada de la II República, el número de afiliados a la Confederación se incrementó espectacularmente, llegando a contabilizarse hasta 1.200.000 militantes. En 1931 tuvo lugar el Congreso Extraordinario de Madrid, en el que se organizaron las Federaciones nacionales de industria, se planteó la puesta en práctica de una reforma agraria que expropiara los latifundios y concediera su usufructo a los campesinos, y se debatió la aceptación o no de las Cortes republicanas. Los partidarios de su reconocimiento alegaron que éstas eran fruto de la acción revolucionaria del pueblo mientras que los contrarios a su aprobación calificaron esta postura de colaboracionista y no apolítica. Finalmente, se impusieron los primeros, pero el alto grado de enfrentamiento alcanzado permitió constatar la crisis interna del sindicato. Ese mismo año se publicó un manifiesto firmado por treinta líderes de la Confederación (Pestaña, López, Joan Peiró, José Moix, Clará, entre otros), en el que defendían la idea de que la revolución debía ser obra de "un movimiento arrollador del pueblo en masa, de la clase trabajadora". La reacción contra este sector por parte de la FAI y de los dirigentes más radicales (Federica Montseny, Aláiz, Buenaventura Durruti, Joan García Oliver entre otros) fue tan violenta que excluyeron a los firmantes de la dirección de la CNT.

LA UGT: Unión General de Trabajadores (UGT)

Era una organización sindical obrera española nacida en Barcelona en agosto de 1888, en íntima relación con el socialismo marxista a pesar de su apoliticismo estatutario. Hasta su XIV Congreso de 1920 no asumió la lucha de clases como principio básico de la acción ugetista, si bien nunca llegó a establecer un órgano mixto de conexión institucional con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con el que estuvo relacionado desde su nacimiento. Junto al cuestionado apoliticismo, destacan otros aspectos en el análisis de este sindicato, como su burocratización y centralismo a raíz del traslado del Comité Nacional a Madrid en 1899, el paso en su X Congreso a las cotizaciones de base múltiple, o los cargos sindicales retribuidos.

La adopción de acuerdos coyunturales durante la fase desestabilizadora de la I Guerra Mundial se tradujo, con la llegada de Francisco Largo Caballero a la Secretaría General en 1918, en tácticas de acercamiento y unidad de acción con los anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y los comunistas, interrumpidas bruscamente al advenimiento de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y su régimen de monopolio sindical. La radicalización del ala caballerista durante la época de la II República, cuando la UGT rebasó el millón de afiliados, y el cruento estallido de la Guerra Civil ahondaron las fisuras internas y provocaron la salida de Largo Caballero de la Secretaría General en 1937.

El exilio derivado de la victoria franquista cerró medio siglo de historia de esta central sindical, resurgida de la clandestinidad en el marco de la transición democrática y que, junto con Comisiones Obreras (CCOO), constituyen las opciones con mayor arraigo entre los trabajadores en la España actual.

EL PSOE, Partido Socialista Obrero Español (PSOE), primer partido obrero de la historia de España, fundado en Madrid en 1879 tras la escisión de la Federación Regional Española de la I Internacional (AIT) y la decantación del pequeño grupo madrileño ('el grupo de los nueve') hacia el socialismo marxista, frente a la corriente mayoritaria de signo anarquista.

Aprobados sus Estatutos en el Congreso de Barcelona de 1888, comenzó su andadura histórica en solitario, sin alianzas con fuerzas burguesas según la estrategia rigorista diseñada por Pablo Iglesias. Los débiles resultados obtenidos con el aislamiento promovieron, escudándose en la Semana Trágica y el rechazo al gobierno de Antonio Maura, un giro táctico y la conjunción con los republicanos en 1909, que pronto se tradujo en la obtención de un escaño parlamentario para su carismático líder (Pablo Iglesias) y en una mayor implantación política nacional. Actitudes como las mantenidas por el partido en la tensa crisis de 1917 y la inclusión en sus horizontes ideológicos de un programa agrario y municipal, contribuyeron a este progresivo afianzamiento peninsular y a una mayor redistribución geográfica (incorporación de Andalucía y algunas zonas extremeñas).