Movimiento feminista en América latina

Historia universal. Mujer. Política. Sociología. Ciudadanía. Liberalismo. Mitos. Movimientos sociales. Derechos

  • Enviado por: Malu
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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El tema elegido para el trabajo final de la materia “introducción a las ciencias políticas” es: movimiento feminista EN AMERICA LATINA.

El tema elegido, se relaciona con la unidad numero VI, precisamente con el texto “ciudadanía y política. Hacia una identidad ciudadana” de Sebastián Barros. Y con la unidad VII, con el tema Movimientos sociales”.

Parto buscando la respuesta a una pregunta que ronda mi cabeza; ¿Por qué la mujer ha sido tan relegada del ámbito publico, no ha tenido los mismo “derechos”que los hombres para incursionar en política? Y la duda quizás más importante, ¿cuál fue el motivo que llevó a la mujer, en la actualidad a “liberarse”? gracias al cual se ha revertido la situación por la que antes pasaba.

A fines de la década del 60´, una generación de mujeres jóvenes dio origen a los movimientos feministas en las grandes metrópolis de Estados Unidos y Europa.

Influenciadas por estas experiencias y por el contacto con literatura que provenía de los países centrales, muchas latinoamericanas -fundamentalmente de clase media- iniciaron la formación de grupos de reflexión y activismos por los derechos de las mujeres.

Inicialmente eran mujeres de la clase media; una parte significativa provenía de la amplia vertientes de la izquierda.

El surgimientos de estos grupos se dio en el marco de una aguda radicalización de la lucha de clases que, en el continente, se manifestó en el ascenso obrero y popular cuyas expresiones más destacadas fueron los cordones industriales chilenos, el cordobazo en Argentina, las movilizaciones estudiantiles en México, etc.

Estos hechos pueden considerarse como las experiencias más agudas y como consecuencia; la entrada en escena de numerosos movimientos de guerrilla urbana y campesina.

La expresión masiva y movimentista a nivel regional fueron los encuentros feminista, cada dos años primero, y luego cada tres. En ellos se expresarían los avances feministas, las estrategias compartidas, los conflictos en perspectiva y visiones potenciando estrategias y discursos; y se desarrollaría a través de ellos , una variada, rica e inmensa articulación entre lo nacional y lo transnacional.

A mediados de los 70´, sin embargo, la derrota de ese ascenso a través de la contrarrevolución sangrienta en los países latinoamericanos, abrió el curso a una nueva

ofensiva imperialista en la región que luego se conoció con el nombre de “neoliberalismo”.

Los regímenes dictatoriales que se asentaron en gran parte del continente, impidieron el desarrollo de los movimientos feministas, no sólo por la instauración de una ideología reaccionaria basada en la defensa de la tradición y la familia, sino también por la

persecución política y el terrorismo de estado con sus secuelas de tortura, exilios forzosos, cárcel, desapariciones y asesinatos de activistas sociales, gremiales y políticos.

La polarización social que Vivian nuestros países también se traducía en las visiones que se tenían del feminismo: la derecha consideraba a las feministas como subversivas y contestatarias; la izquierda por el contrario, las tildaba de “pequeño burguesas”.

Si bien algunos grupos feministas realizaron acciones durante los regímenes totalitarios y otras mujeres mantuvieron grupos de reflexión y estudio en un clima de

hostilidad, lo cierto es que el movimiento feminista recupera protagonismo recién a principio de los 80´, con las caídas de las dictaduras y la instauración de los nuevos regímenes democráticos en toda la región.

La dictadura logró cortar, los hilos de continuidad con la etapa anterior. Muchos de los planteos iniciales del feminismo volvieron a rediscutirse, en cierto sentido los años del terror obligaron a que, una vez instalados los regímenes democráticos, las feministas tuvieran que “volver a empezar”.

En los 80`, la derrota de Argentina en la guerra de Malvinas ya había actuado como un disiplinador para el continente y todo el mundo semicolonial. La lección aprendida fue la de que no había que enfrentarse al imperialismo, que éste era invencible. Además la “guerra sucia” de la contra armada por EEUU en Nicaragua, y la desarticulación de la revolución a través de pactos y la cooptación de algunos sectores de la guerrilla, terminaron de cerrar el cuadro de esta ofensiva imperialista que fragmento y puso a la defensiva al movimiento obrero y popular.

Las feministas de los 80´, como diría Nancy Fraser refiriéndose a la violencia contra la mujer, cuestionaron los limites discursivos establecidos y politizaron problemas hasta entonces despolitizados, crearon nuevos públicos para sus discursos, nuevos espacios e instituciones en las cuales estas interpretaciones opositoras pudieran desarrollarse y desde donde pudieran llegar a públicos más amplios.

Las democracias del continente fueron, finalmente, los regímenes que garantizaron la continuidad de los planes económicos que significaron la perdida de enormes conquistas del movimiento de masas.

Durante el periodo represivo y particularmente durante los primeros años de la democracia, los grupos de los derechos humanos tuvieron un gran protagonismo en nuestro continente. Estos movimientos organizados para denunciar las torturas, las desapariciones, y los crímenes de la dictadura, fueron protagonizados fundamentalmente por mujeres, (madres, abuelas, viudas). Por un lado, el que hayan sido mujeres quienes visiblemente encabezaron estas denuncias y las luchas posteriores por el castigo a los responsables por el terrorismo de estado, y por otro, la política -especialmente- de los estados unidos- de priorizar los derechos humanos en la agenda

internacional, fueron dos elementos claves para entender el cambio producido en el lenguaje y las formas de reclamo feministas.

Uno de los rasgos significativos de las feministas, fue la intención de perfilar y/o acentuar un discurso de derechos que, recuperando los derechos de las mujeres en las décadas anteriores, los ubicaran como conquista y afirmación de derechos.

El acercamiento militante de las feministas, muchas de ellas llegadas del exilio, a las mujeres que incluso bajo los regímenes de terror ya se habían organizado en el reclamo de sus familiares desaparecidos, presos, y torturados.

Los términos de democracia y derechos humanos instalados en la agenda publica permitieron el trasvasamiento de las demandas feministas a un lenguaje novedoso, a través de la política partidaria, los organismos internacionales y los grupos de trabajo local.

Fue el periodo de las conquistas de derechos civiles fundamentales, lucha en la que es feminismo tubo un evidente compromiso: el divorcio vincular, la patria potestad, las leyes relativas a la violencia domestica, aspectos parciales relativos a derechos sexuales, salud reproductiva, etc.

Las acciones realizadas por las feministas estuvieron fundamentalmente orientadas a recrear practicas colectivas, a desplegar las nuevas categorías de análisis, las nuevas visibilidades e incluso los nuevos lenguajes que los feminismos a niveles nacionales estaban perfilando, para nombrar lo hasta entonces sin nombre: sexualidad, violencia domestica, asedio sexual, violación en el matrimonio, feminización de la pobreza, etc.

En la década del 80´, resurge el feminismo, y esto se visualiza mediante una redefinición de las relaciones con el estado, con los partidos políticos y con el resto de las organizaciones sociales.

Las feministas incluyeron sus reclamos particulares en esta situación iniciando la creación de nuevos grupos, presionando a los políticos y parlamentarios, exigiendo al Estado la implementación de una nueva legalidad que contemplara básicas demandas nunca resueltas.

Los encuentros que se prolongaron durante toda la década estuvieron signados por estas discusiones: además de la doble militancia, la pertenencia a distintas corrientes dentro del feminismo que expresaban distintas herencias ideológicas y políticas; la discusión acerca de la practica de los grupos de autoconciencia, o de “llevar” la conciencia a otros grupos de mujeres de sectores populares, etc.

Los feminismos latinoamericanos, se expresaron y visualizaron asumiendo “dos formas de existencia”: como centros de trabajo feminista, y como parte del amplio, informal, movilizado, voluntario, callejero movimiento feminista, haciendo confluir, desde una “identidad feminista” dos dinámicas diferenciadas: la de profesionales activistas en los temas de las mujeres y las de militantes de un movimiento en formación.

El equilibrio entre ambas lógicas y dinámicas, que pudo ser recreado y mantenido en los 80´ fue debilitado a favor de una creciente institucionalidad en la década de los 90´.

La década del 80´ culmina con el IV encuentro realizado en México, donde un grupo de mujeres elabora un documento crítico en el que, con agudeza, se describen los “mitos” del movimiento feminista, que según las firmantes, impiden un desarrollo del movimiento. Este documento tiene gran repercusión; allí se manifiesta que el feminismo tiene un largo camino por recorrer ya que, a lo que aspira realmente, es a una transformación radical de la sociedad, de la política y de la cultura.

Los mitos que enumeraron son:

  • A las feministas no les interesa el poder

  • Las feministas hacen política de otra manera

  • Todas las feministas son iguales

  • Existe una unidad natural por el solo hecho de ser mujeres

  • El feminismo solo existe como una política de mujeres hacia mujeres

  • El movimiento, es un pequeño grupo

  • Los espacios de mujeres garantizan por si solos un espacio positivo

  • Lo personal es automáticamente político

  • El consenso es democracia

Estos mitos, han ido generando una situación de frustración, autocomplacencia, desgaste, ineficiencia y confusión, que muchas feministas detectan y reconocen que existen y que esta presente en las inmensas mayorías de los grupos que hoy hacen política en América Latina.

Sin embargo, a pesar de las repercusiones que tuvo el documento, los mitos se siguieron sosteniendo en gran parte del movimiento, incluso hasta nuestros días.

A fines de la década ya estaban visualizados los problemas que impedían, según algunas, el avance del movimiento feminista en el sentido de una transformación radical de la sociedad, la política y la cultura. Las divergencias que se esbozaban a pesar de los intentos de homogeneización, de obturación de la critica y de romántica hermandad se hicieron más ineludibles al calor de la aparente inevitabilidad de la ola de despidos, privatizaciones y el ataque al nivel de vida de las masas en nuestro continente.

Acompañando las privatizaciones de los servicios del estado, la creciente desocupación y precarización del trabajo, tanto el Banco Mundial como otros organismos financieros internacionales, comenzaron a anticiparse a las consecuencias negativas derivadas de la aplicación de sus propias recetas, que aumentaron los ajustes y, por lo tanto, la pobreza en toda la región.

Cuando la mayor parte del programa “neoliberal” ya se había implementado, el Banco Mundial priorizó la financiación de programas sociales bajo los lemas de “participación” y “transparencia” reapropiándose de los discursos críticos a su propio accionar. Las organizaciones no gubernamentales fueron las ejecutoras privilegiadas de sus proyectos asistencialitas y focalizados.

Los 90´, época de privatizaciones, aumento de la desocupación en todo el continente, y “relaciones carnales” de los gobiernos Latinoamericanos con los EEUU. No fue una etapa fructífera para quienes decidieron mantener la autonomía financiera, política e ideológica.

El impacto de las lógicas neoliberales no solo en lo económico sino en lo social y cultural, acentuaron el énfasis de una lógica básicamente movimentista hacia una lógica más institucional, y acentuaron la tendencia hacia una creciente fragmentación e

individuación de las acciones colectivas como movimientos. Según Lechner, “el espacio de acción de las organizaciones cívicas se encuentra acotado por las transformaciones que sufre tanto lo publico como lo privado. Las reformas económicas en curso, no solo restringen la acción del estado sino que a la vez fomentan un vasto movimiento de privatizaciones de las conductas sociales.

Muchas feministas, con cierto prestigio en el movimiento, con conocimientos específicos y una trayectoria política en la reivindicación de los derechos de las mujeres,

formaron parte de esta tecnocracia que se sumo a los organismos multilaterales, las agencias de financiamiento, el Banco Mundial y las organizaciones que se transformaron en plataforma para el lanzamiento de carreras personales. Otras se mantuvieron a la vera de los financiamientos y criticaron durante estas tendencias, pero su voz fue minoritaria y su lucha, sólo hizo eco en el vacío que las rodea.

La mayoría de los organismos, se encuentran formados por mujeres técnicas y profesionales, que trabajan con “sectores populares”, “barrios pobres”.

Se presentan como mediadoras entre las agencias de financiamiento y los movimientos de mujeres; y formulan programas para los mismos, brindando servicios que van desde talleres, cursos de todo tipo, repartición de comida, organización de ollas populares, planificación familiar (control de la natalidad), etc.

Esta relación, que implica diferencia de clases, de poder y de acceso al manejo de recursos, genera vínculos jerárquicos y tensiones entre las mujeres de las organizaciones y las de los movimientos que trabajan.

Las políticas neoliberales que se iniciaron en la década del 80´ y alcanzaron su punto culminante en nuestro continente durante la década del 90´, hicieron que el movimiento feminista se fragmentara y privatizara.

Algunos datos escalofriantes:

  • América Latina y el Caribe, registran los índices más altos de violación contra las mujeres: el homicidio representa la quinta causa de muerte, el 70 % de las mujeres padece violencia domestica y el 30 % reportó que su primera relación sexual fue forzada. Se calcula que el 80 % de las agresiones permanecen en el silencio ya que no son denunciadas por temor o por la certeza de que la denuncia no será tomada en cuenta.

  • En la provincia de Buenos Aires (Argentina), se calcula que en 120.000 hogares hay mujeres que sufren maltrato, y en el lapso de un año se cometen más de 50 homicidios de mujeres en manos de sus parejas.

  • En nuestro país, se calcula que se producen entre 5.000 y 8.000 violaciones por año. Según las especialistas en violencia, una de cada cinco días de ausencia femenina en el hambito laboral es consecuencia de una violación o de violencia domestica.

  • Las mujeres constituyen el 70 % de los 1.500 millones de personas que viven en la pobreza absoluta en todo el mundo. Las campesinas son jefas de una quinta parte de los hogares rurales, y en algunas regiones hasta más de un tercio de los mismos, pero solo son propietarias de alrededor del 1 % de las tierras, mientras que el 80 % de los alimentos para consumo básico, lo producen las mujeres.

  • En Latinoamérica son 154 millones de mujeres las más pobres de entre los pobres.

  • En el último año, 13 millones de niños murieron por hambre en el mundo, es un número seis veces mayor al total de victimas que provocó la primer guerra mundial. La mayoría de esos niños, son niñas. Muchas y muchos son latinoamericanos.

  • El valor y el volumen del trabajo domestico no remunerado equivale entre el 35 y 55 % del producto bruto interno de los países .

  • La producción domestica representa hasta un 60 % del consumo privado ; este trabajo no remunerado, recae casi absolutamente en las mujeres y las niñas.

  • Las mujeres que trabajan lo hacen en situación cada vez más precarizada: no solo cobran un salario entre 30 y 40 % menor al de los varones por el mismo trabajo, sino que en su mayoría no tienen obra social ni derechos jubilatorios.

El movieminto en la actualidad:

La eclosión de los modelos económicos “neoliberales”, a principio del siglo XXI, dieron lugar a un resurgimiento de la movilización en el mundo, que fue acompañado por un intento de dialogo del feminismo con otros movimientos sociales. La participación de las feministas en las movilizaciones mundiales contra cada una de las cumbres de gobiernos imperialista, organizaciones multinacionales, y otras reuniones

donde se definen, en gran medida, los destinos de la humanidad, son un hecho novedoso de los años recientes.

“El movimiento entró en un ciclo diferente, una especie de transición hacia nuevas formas de existencia. Cómo evitar la nostalgia de lo que fuimos y acercarnos a lo que queremos y podemos ser en estos nuevos escenarios , es posiblemente la pregunta más tenaz que me ronda en estos tiempos...” (Gina Vargas, 2003)

Si el feminismo latinoamericano no ambicionara transformar la realidad del continente, padecería por millones de mujeres que desconocen sus premisas pero enfrentan

cotidianamente el hambre, la explotación, la violencia, el abuso y las humillaciones, entonces quedará reducido a las elaboraciones académicas, a los lobbys políticos y a proveer de “cuadros” a la tecnocracia de género que se ha incorporado a los estamentos gubernamentales y los organismos multilaterales.

Conclusión:

Según esta corta y tal vez simple definición, extraída del libro estudiado en la cátedra, un movimiento social es una red de interconexiones informales entre individuos, grupos y/o organizaciones que, en sostenida y habitualmente conflictiva interacción con autoridades políticas, elites y oponentes- y compartiendo una identidad colectiva- demanda públicamente cambios en el ejercicio o redistribución del poder a favor de intereses colectivos.

El movimiento feminista, en América Latina como en el mundo entero, surge por la situación que vivió y que en algunos lugares del mundo aún vive la mujer, situación de explotación, marginalización, violación de sus derechos, violencia,...

Fue muy importante, que la mujer latinoamericana, influenciada por literatura proveniente de países centrales, pudiera reconocer y asumir su situación, darse cuenta de que ella no era “posesión” del hombre ni pertenecía al ámbito “privado” como hasta ese momento le habían hecho creer.

En la historia de la humanidad, la mujer nunca tubo los mismos derechos, capacidades, posibilidades,... que el hombre. Siempre se la relegó al cuidado y crianza de los hijos, a servir a su marido, etc...

Por la situación en la que se encontraba, se dio cuanta de que ella podía dar más, y hoy esta comprobado, que la mujer trabaja más que el hombre, aunque gana menos por el solo hecho de ser mujer, es tan capaz como el hombre de realizar cualquier tarea que se proponga, etc.

Por eso me parece importante destacar, que aunque la situación de la mujer hoy, en Latinoamérica no sea igual que hace un par de décadas atrás, todavía le queda un largo camino para poder decir que definitivamente ha superado los oposiciones que ha tenido y sigue teniendo.

Gracias a las mujeres movimentistas, hoy todavía se sigue luchando por que las diferencias se acorten y ojalá lleguemos al día en que podamos decir que el movimiento feminista venció, y pudo cambiar la manera en que se ejercía el poder, y así cambiar la sociedad.