Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Arquitectura renacentista española del siglo XVI. Felipe II. Juan de Herrera. Panteón de Reyes e Infantes

  • Enviado por: Alejandro Gómez morán Ballesteros
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Panteones de los Reyes e Infantes

La condición de panteón real del Escorial queda evidenciada desde un primer momento y así mucho antes de que se concluyera la construcción de la basílica entran en el monasterio en obras los cadáveres del emperador Carlos V, de reinas, príncipes e infantes, "acomodándose" todos ellos en la iglesia de prestado, es decir, en la vieja iglesia del monasterio, situada en el recinto del convento, en una de las zonas de más temprana construcción. Al inaugurarse la basílica en 1586 se trasladan los enterramientos a la bóveda situada bajo el prebisterio pero el propósito de Felipe III era construir una gran cripta bajo el altar mayor para panteón real, proyecto que sin embargo no se termina hasta el año 1654.

El diseño y primeros trabajos, que comienzan en 1617, se dirigen por los arquitectos Gómez de Mora y Crescenzi, cuyo clasicismo se corresponde bien con el espíritu del monasterio. La muerte de Felipe III (1621), los problemas de ingeniería (drenaje de aguas, aireación, iluminación) y las dificultades económicas suponen un parón de casi un cuarto de siglo, hasta que el ingenio y la perseverancia del fraile Nicolás de Madrid, consigue convencer al rey para que se continúe el proyecto, y así, nueve años después y contando con escultores, broncistas y fundidores italianos bajo la dirección de otro excelente arquitecto del barroco clasicista-Alonso Carbonell-, se termina el panteón real, que inaugura Felipe IV en 1654. El panteón de Infantes se construyó dos siglos después, entre los reinados de Isabel II y Alfonso XIII, terminándose en 1886.

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De la Antesacristia parte la escalera que conduce a ambos panteones, toda ella de preciosos mármoles y jaspes tan bien ensamblados y unidos que parecen de una sola pieza. El primer tramo conduce a un descanso iluminado por una ventana que da a los jardines. De esta meseta arrancan dos brazos conduciendo el de la izquierda al panteón de Reyes y el de la derecha al de Infantes.

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Panteón de Reyes

A Dios Omnipotente y grande. Lugar sagrado destinado por la piedad de los Príncipes austriacos a los despojos mortales de los reyes católicos, que bajo el altar mayor están esperando el deseado dia de manos del restaurador de la vida. Carlos V, el más esclarecido de los Césares, deseó este lugar de supremo reposo para sí y para los suyos; Felipe II, el más prudente de los reyes, los designó; Felipe III, Monarca sinceramente piadoso, dió principio a las obras; Felipe IV, grande por su clemencia, constancia y religiosidad, le aumentó, embelleció y terminó el año del Señor de 1654.

Esta inscripción en latín, da entrada a un recinto circular situado bajo el altar mayor en el que descansan en 26 sepulcros de traza barroca y mármol negro los restos de los Monarcas de las casas de Austria y Borbón a excepción de Felipe V y Fernando VI.

Está recubierto de mármoles de Toledo pulidos, los adornos son de bronce dorado, el suelos de mármoles y jaspes de vistosos colores.

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Se abre tras una puerta con verja de bronce dorado a fuego sobre la que se lee una inscripción latina que resume con gran precisión y economía verbal el desarrollo del proyecto real. Viene a decir: "... Carlos V deseó este lugar, Felipe II lo eligió, Felipe III dio comienzo las obras y Felipe IV lo agrandó, adornó y terminó...", bien es cierto que tras cada rey figura además un calificativo laudatorio que no nos resistimos a reproducir: "el más esclarecido de los Cesares", "el más prudente de los Reyes", "Príncipe verdaderamente piadoso" y "grande por su clemencia, constancia y religiosidad".

Tras la puerta de acceso sigue otro tramo de escaleras que termina en un nuevo rellano con dos puertas: la de la derecha conduce a la sacristía del panteón y a uno de los pudrideros, y la de la izquierda a otros dos pudrideros y al antiguo panteón de Infantes.

Un último tramo de escalones conduce a un nuevo descanso con un pórtico con otra reja de bronce parecida a la de entrada. Por ella entramos al panteón, recinto poligonal situado a 11 m. bajo el altar mayor, cuyos ocho lados mayores se ocupan por el altar, la puerta y seis series de urnas sepulcrales, tres a cada lado. Las urnas son de mármol gris con cartelas de bronce en las que se lee en letras negras el nombre del rey o reina cuyos restos contiene: las de la izquierda corresponden a los reyes, las de la derecha a las reinas cuyos hijos han sido reyes de España (excepto Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV enterrada aquí por expresa voluntad de aquel monarca).

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En su colocación se ha seguido el orden cronológico: Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV, Carlos II, Luis I, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII, cuyos restos se depositaron en el panteón en 1980 y D. Juan de Borbón, padre de Juan Carlos I. Faltan los restos de Felipe V (que reposa en La Granja con su segunda esposa Isabel de Farnesio) y Fernando VI (enterrado en las Salesas Reales de Madrid con su esposa Bárbara de Braganza).

En el lado de las reinas está la emperatriz Isabel y las reinas Ana (cuarta esposa de Felipe II), Margarita (esposa de Felipe III), Isabel (primera mujer de Felipe IV), María Ana (segunda esposa de Felipe IV), María Luisa (primera mujer de Felipe V), María Amalia (esposa de Carlos III), María Luisa (esposa de Carlos IV), María Cristina (cuarta esposa de Fernando VII), Francisco de Asís (rey consorte), María Cristina (segunda esposa de Alfonso XII) y la urna vacía que aguarda los restos de la reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII. También hay que destacar otros elementos del panteón que combinan el arte y nobleza de los materiales con la seriedad del lugar: las esculturas y tallas en bronce dorado como el Cristo de Domenico Guidi, la espléndida araña genovesa de 24 brazos, los ángeles que sostienen los candelabros entre pilastras, o los mármoles y jaspes de diversos colores que recubren todo el recinto.

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Panteón de Infantes

Estos Panteones se acabaron de construir en 1888. Constan los panteones de nueve cámaras que tienen revestidas sus paredes y pavimentos de mármoles blancos de Florencia y Carrara. En estos panteones estan enterradas las reinas que mueren sin descendencia real y los príncipes e infantes.

Destacan por su belleza la tumba de Don Juan de Austria, obra de Giuseppe Galleoti, y la Rotonda de párvulos, polígono de mármol blanco de Carrara, conteniendo 60 nichos, 36 ya ocupados por infantes e infantas muertos en la primera infancia.

Hay que ascender al segundo rellano para tomar el tramo que baja al nuevo panteón de Infantes, situado en unos grandes sótanos que ya existían bajo la Sacristía y Salas Capitulares, al que también se accede por una puerta con inscripción latina que relata que este túmulo se hizo a iniciativa de la reina Isabel II "para honrar el augusto parentesco y descendencia de los Reyes e inhumar los restos de las Reinas consortes que mueren sin hijos príncipes, y de los Príncipes e Infantes". Fue terminado por la regente María Cristina en 1886, días en que toda España lloraba entristecida por la muerte de Alfonso XII.

Pasada la puerta del panteón descendemos hasta la última meseta en la que una ventana a la izquierda filtra una luz mortecina y una puerta a la derecha sirve de entrada a un pudridero. Sin embargo las naves de este panteón no transmiten la sensación fúnebre del panteón real, quizá por la conjunción de la luminosidad de los mármoles y jaspes de colores claros, la policromía de los escudos (rojos los Austrias, azules los Borbones) y las figuras románticas de los maceros de evasiva mirada.

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La primera cámara destaca por el sepulcro de mármol blanco de la infanta Luisa Carlota de Borbón con su estatua orante de tamaño natural en bronce dorado, obra de Ponzano, así como el de los duques de Montpensier: la infanta Luisa Fernanda, hermana de Isabel II, con su esposo Antonio de Orleans, y sus dos hijas Cristina y Amalia, que son recordadas por sendas estatuas de mármol de evidente aire ausente. Destaca también en esta cámara el cuadro del altar: el Descendimiento de la Cruz, de Cagliari.

Tras la segunda cámara con doce sepulcros vacíos, en la tercera se halla un mausoleo suntuoso pero de desproporcionado tamaño para las dimensiones de la cámara en el que reposan los restos de la infanta doña María Teresa de Borbón (hermana de Alfonso XIII) y don Luis de Baviera (con su segunda esposa). La cuarta cámara es de disposición similar a la segunda, con algunos nichos ocupados.

En la quinta cámara se encuentra el sepulcro de don Juan de Austria, hijo natural de Carlos V y glorioso vencedor de los turcos en la batalla de Lepanto. Esta última faceta guerrera es la que refleja su túmulo sobre el que yace con armadura de guerra, con la espada entre las manos; "un hombre fue enviado por Dios, y cuyo nombre era Juan ". La obra fue modelada por el madrileño Ponzano y esculpida en mármol de Carrara por un buen escultor italiano en los últimos años del pasado siglo.

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La sexta cámara contiene la rotonda conocida popularmente como "la tarta", mausoleo de forma poligonal con 60 nichos destinados a los infantes niños. Lo más interesante, artísticamente, de esta cámara es un cuadrito bellísimo de la Sagrada Familia con San Juanito, en el que todos contemplan al Niño dormido; es obra de fines del XVI, acaso la única obra que pertenece a los tiempos de la construcción del monasterio en este nuevo panteón de Infantes. En esta misma sala hay una puerta que sirve de acceso al jardín.

Las siguientes salas dan ya la vuelta al edificio; en ellas se encuentran los enterramientos más antiguos: esposas de Felipe II, el príncipe Carlos, las dos esposas de Carlos II, el príncipe Baltasar Carlos (el inmortalizado por el cuadro de Velázquez que se conserva en el Prado)...

En la última de estas salas hay una salida que, mediante una escalera, comunica con las Salas Capitulares. Entre ambas dependencias habrá que pasar por la dependencia conocida como Platerías, lugar donde se trabajaban los materiales más preciosos utilizados en la ornamentación del monasterio; a destacar la bella bóveda de sillería de esta sala.