Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Arquitectura renacentista española del siglo XVI. Felipe II. Juan de Herrera. Museos

  • Enviado por: Alejandro Gómez morán Ballesteros
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Museos

Coincidiendo con la celebración del IV centenario de la construcción del monasterio se inauguraron en su recinto dos museos monográficos: el de arquitectura y la pinacoteca

Monasterio de San Lorenzo del Escorial

Museo de pintura

De aspecto y decoración semejante a las Salas Capitulares; sus solados son de mármoles blancos y grises. El Salón mayor mide 16 x 9,5 metros, conocido como el Salón de Honor.

A la entrada de los Museos nos recibe la impresionante obra de Doménico Theotokopuli "El Greco", "El Martirio de San Mauricio".

La pinacoteca se completa con nueve salas:

Sala I: Escuela Alemana y Flamenca, siglos XV y XVI. Sala II: Miguel Coxcie. Sala III: Tiziano. Sala IV: Escuela Veneciana e Italiana. Sala V: José Ribera. Sala VI: Escuela Española, siglo XVII. Salas VII: Escuela Italiana. Sala VIII: Escuela Italiana, Flamenca y Holandesa. Sala de El Greco.

La primera sala y sus dos saletas contienen obras flamencas y alemanas de los siglos XV y XVI; en la primera destacan un gran Paisaje con San Cristóbal, de Joaquín Patinir (1480­1524), la Creación, fragmento de El Jardín de las Delicias, réplica del ala del tríptico de este titulo en el Museo del Prado, de El Bosco (1453/62­1516) y un tríptico de Gérard David (1450/60­1523) con La Piedad en el centro y San Juan Bautista y San Francisco en los laterales. También son interesantes la tabla de Marinas El Cambista y su mujer, firmada en 1538, inspirada en una composición similar de Quintin Metsys que se exhibe en el Louvre, una inquietante versión de Las tentaciones de San Antonio, de la escuela del Bosco, un tríptico de la escuela de David y una obra de escuela flamenca sobre Los desposorios de Santa Catalina de interesantes detalles (plegados, bordados, arquitectura). La primera de las saletas la preside un gran Calvario de paño gótico del siglo XV en regular estado, entre vitrinas con pequeñas acuarelas de Durero que representan estudios de historia natural. La segunda saleta contiene una gran obra, Los Improperios (Ecce Homo) del Bosco, flanqueada por un lienzo de su escuela sobre Las tentaciones de San Antonio y un precioso cuadro de la Virgen con el Niño, de Quintín Metsys (1465­1530).

Monasterio de San Lorenzo del Escorial

La segunda sala ofrece, además de acceso al bello patio de los Mascarones, varias obras interesantes de un pintor poco conocido que trabajó asiduamente para Felipe II y el monasterio; nos referimos al flamenco Miguel Coxcie, entre cuyas obras destacan el gran tríptico de la Predicación, Prendimiento y Martirio de San Felipe, además de otras obras de menor formato suyas y de su

escuela.

Las dos siguientes piezas contienen una completa y valiosísima muestra de la pintura veneciana del renacimiento. Así en la sala tercera podemos admirar obras tan valiosas como la Huida de Egipto y la Oración del Huerto, de Tiziano, y la Samaritana y el Descendimiento, de El Veronés, además de una copia auténtica del original de Corregio sobre los Desposorios de Santa Catalina, otra del Noli me tangere, de Veronés, realizada por Lucas Jordán (del que también puede verse una Adoración de los Reyes), una obra de la escuela de Tiziano sobre los Improperios y otra de Sánchez Coello, copia de Tiziano.

La sala cuarta se sitúa en una espaciosa dependencia que se corresponde con el Salón del Trono de la planta principal; contiene obras notables de los tres grandes artistas venecianos de la segunda mitad del siglo XVI. Del perfecto colorear de Tiziano tenemos excelentes muestras en La Sagrada Cena, Jesús en casa de Pedro, Ecce Homo, San Juan Bautista, La Magdalena y el Entierro de Cristo; de los grandes apoteosis del Veronés podemos admirar una soberbia composición de la Anunciación presidiendo una de las cabeceras del salón y un Descendimiento de su estilo, y del tercer grande de esta generación, El Tintoretto, podemos ver su peculiar composición y luminosidad en el gran lienzo del Nacimiento de Cristo que copreside el salón y también en una obra que representa el Desmayo de la reina Esther ante Asuero. Otros pintores venecianos, o influidos por esta escuela, están

presentes en este salón, así Bassano (influido por Tintoretto) con La Partida de Abraham y Jesús en Emmaus, Palma el Joven con dos obras de San Jerónimo y el Bautismo de Cristo que se le atribuyen, Federico Zúccaro (influido por Veronés y Bassano) del que se muestran dos bellas obras: La Adoración de los Pastores y la Adoración de los Reyes. Algo distante de todo lo anterior-escuela, cronología, estilo-encontramos un cuadro de Guido Reni sobre Cristo cargado con la cruz.

La sala quinta está dedicada íntegramente al gran artista español José de Ribera, el más genuino e importante de nuestros pintores tenebristas del siglo XVII, dominador de una pintura mezcla de luz y de tinieblas en la línea del realismo barroco impuesto por Caravagglo. Los doce cuadros de la sala representan a Esopo, San Jerónimo en oración, San Antonio, San Jerónimo, Jacob con el rebaño de Laban, San Jerónimo en penitencia, San Francisco, Entierro de Cristo, San Juan Bautista, El filósofo Crisipo, San Onofre y San Pablo.

La sala sexta la forman una habitación, con azulejos y luz directa del jardín, y dos saletas. La estancia se corresponde con las habitaciones de Felipe II de la planta superior y en ella se cuelgan cuadros de pintura española del siglo XVII: La túnica de José, de Velázquez; La Virgen y el Niño, de Alonso Cano; La Presentación y San Pedro de Alcántara, de Zurbarán; el Nacimiento de la Virgen, de Valdés Leal; dos retratos de Carreño (doña Mariana de Austria y Carlos II), San Felipe Apóstol, de Herrera Barnuevo; David triunfante, de Montiel, y una preciosa Inmaculada de escuela española.

La primera saleta de esta sección es una amplia estancia, con ventanas al jardín de la Reina, en la que lo primero que descubrimos es el impresionante cuadro del Martirio de San Mauricio y la Legión Tebana, obra maestra de Domenico Treotocopuli, El Greco, pintada para la iglesia del monasterio y crucial en su carrera, pues con ella quería grangearse el favor de Felipe II. El propio pintor entrega personalmente el cuadro en El Escorial-tras dos años de trabajo-el 16 de noviembre de 1582, pero cuenta la crónica que al rey no le gustó el cuadro por lo que ordenó su sustitución por otra obra sobre el mismo tema que encarga a Romulo Cincinnato (tasador, por cierto, del cuadro del Greco) y que todavía está colgado en la capilla de San Mauricio de la basílica. Contra lo que pudiera creerse, Felipe II era conocedor perspicaz, circunstancia que debió valorar El Greco, pero el pintor había violado en este cuadro la norma suprema del gusto de la Contrarreforma al elevar el estilo por encima del contenido, ya que en lugar de concentrar la atención en la decapitación de los mártires, El Greco subrayó el momento en que San Mauricio y sus compañeros deciden morir por la fe, y las elegantes posturas y gestos lánguidos del grupo se consideraron como una distracción del acontecimiento principal. Esta circunstancia y el hecho de que la obra se destinara a El Escorial, fortaleza del catolicismo, inclinarían al rey a marginar este cuadro, una de las más extraordinarias obras de la pintura universal que hoy podemos admirar presidiendo el Salón de Honor dedicado a la gloria del rey fundador, pues a fin de cuentas fue Felipe II quien encargó, pagó, conservó y, seguramente, admiró esta joya (en el momento de encargar este cuadro al pintor, Felipe II ya poseía un gran cuadro de El Greco: la Adoración del Nombre de Jesús que se conserva en la sala siguiente).

En la misma sala también se destaca una obra valiosísima del pintor flamenco Roger Van der Weyden, un Calvario de apaciguado dramatismo en el que están presentes las constantes del artista: gusto por la simetría, escrupulosidad en los detalles, brillantez de colores, plasticidad expresionista que recuerda las esculturas del final del gótico, patetismo y la luz adecuada para armonizar el conjunto. También llama la atención la magnífica copia que, por encargo de Felipe II hizo Miguel Coxcie en 1569 del Descendimiento de Van der Weyden que hoy puede admirarse en el Museo del Prado. Completan la dotación artística del salón un precioso tapiz del siglo XVI que reproduce, con ciertas licencias, el tríptico del Jardín de las Delicias, del Bosco. Bajo él puede admirarse una arqueta de hierro, también del XVI, labrada con refuerzos y medallones de bronce dorado y grabado con figuras mitológicas y alegóricas.

La saleta segunda, contigua a la anterior, agrupa al resto de obras del Greco que conserva la pinacoteca. Entre ellas destaca sobre manera la que aún sigue bajo el título del Sueño de Felipe II, mulo impropio que los especialistas rechazan, pues en realidad el cuadro representa la Adoración del Santo Nombre de Jesús ("en el Nombre de Jesús toda rodilla se dobla en los cielos, en la tierra y en los infiernos", tal como reza un pasaje de la Epístola de San Pablo a los Filipenses). En realidad el cuadro presenta una Alegoría de la Liga Santa en la que están reproducidos los tres protagonistas de la alianza: el rey Felipe II, el dux de Venecia y el papa Pio V; junto a ellos aparece una figura de rostro idealizado con las manos sobre la espada que pudiera representar a don Juan de Austria, comandante de la escuadra aliada en Lepanto que había muerto en 1578 y enterrado en El Escorial al año siguiente. Es una pintura densa y prodigiosa que el pintor realiza entre 1577 y 1579; está firmada en cursiva griega sobre una piedra del ángulo inferior izquierdo.

Otras dos piezas maestras de la colección de Grecos de la sala son los lienzos que representan a San Ildefonso (en la tablilla figura aún la identificación de San Eugenio, descartada ya por todos los especialistas) y San Pedro, obras ambas fechables hacia 1610­1614, en las que la pincelada es suelta y fluida, fina en unos puntos y cargada en otros, pero en ningún caso trabajada. Especialmente deslumbrante es el lienzo de San Ildefonso por el virtuosismo mostrado en el rico detalle de la casulla y la mitra, los blancos brillantes de su alba y guantes, detalles todos ellos que asombrarían ejerciendo indudable influencia en el joven Velázquez. Por último, también encontramos dos versiones de las numerosas que ejecutó El Greco sobre la figura de San Francisco.

Completan la sala dos valiosas pinturas en la onda estética del Veronés que representan el mismo asunto de la Adoración de los Reyes y un precioso tapiz flamenco de la serie Las Esferas, salido de talleres bruselenses en el siglo XVI. La salida de esta sala pone fin a la visita de los museos, reintegrándonos al patio por una puerta inmediata a la que nos sirvió de entrada.

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Museo de arquitectura

Está instalado en la llamada por Juan de Herrera Planta de Bóvedas. Dividido en once salas, se muestran en ellas reproducciones de los planos usados en la construcción del Monasterio, costo de las obras, herramientas usadas, las qrúas que llevaron las priedras a lo más alto del edificio, y la

importancia que los diferentes oficios tuvieron en la fábrica de El Escorial.

Durante siglos las bóvedas comprendidas entre la torre de las Damas y los muros de la Basílica estuvieron destinados a trasteros y almacenes. La instalación ha respetado la arquitectura original sin perder, incluso, el aspecto tenebroso del lugar, marco su gerente para exhibir planos, trazas, documentos, herramientas e iconografía que nos ponen en evidencia el esfuerzo gigantesco que supuso la construcción del monasterio.

La primera sala nos presenta dibujos grabados de los artífices de El Escorial: Juan de Herrera, Antonio de Villacastín... La segunda sala ofrece documentos de gran valor: la instrucción de 1572 firmada por el rey Felipe II ("Yo el Rey"), diarios de las obras de fray Juan de San Jerónimo, nóminas y esquemas de estimaciones de costes de las obras. La tercera sala exhibe las trazas de Juan de Herrera y sus seguidores en forma de croquis, planos, apuntes, estudios e incluso un elemento auténtico de la estructura de madera original perteneciente a la galería de Convalecientes. La sala cuarta está ocupada por grabados primitivos que se refieren al monasterio completo, o a detalles de secciones, plantas o elementos como el sagrario o el retablo mayor. También se ofrecen reproducciones del monasterio en la sala quinta, tanto imágenes rigurosas de Gómez Navia como interpretaciones románticas de Brambilla; en el centro de la sala puede verse una reproducción al natural de la primera piedra del edificio. Tras pasar ante una maqueta del monasterio se llega a la sexta sala, donde unos paneles explican las obras de sustitución de las viejas estructuras de madera de la techumbre y de la nueva cubrición con empizarrados y emplomados, trabajos que se terminaron en 1968 y que, además de mejorar y sanear el estado de las techumbres, aleja el riesgo de incendio, desgracia que ya ha padecido el monasterio con cierta frecuencia a lo largo de sus cuatro siglos de historia. También se expone en esta sala un pequeño y antiguo cuadro de cobre aparecido bajo las cubiertas sustituidas.

Volviendo atrás por la galería ya recorrida, pueden visitarse las salas interiores que ofrecen detalles curiosos sobre la construcción del monasterio. La sala séptima presenta las herramientas utilizadas (cucharillas de cantera, punteros, serretas, cazos de emplomado, sierras, fijas de cantero, paletas de albañil, punteros de replanteo, trepas, escantillones de cantero y algunas otras más). En la sala octava tienen cabida algunos de los materiales usados: el granito (de las cercanías del monasterio), la cerámica y la pizarra (usada por primera vez en España). La sala novena se dedica a la carpintería, presentándose una maqueta a escala de la armadura del capitel de la torre de las Damas y sus planos, así como muestras de carpintería de taller (puertas, abrazaderas, clavos...). En la sala décima pueden verse muestras de trabajos de diversos oficios entre los que destacan la colección de llaves y los materiales empleados (oro, plata, hierro, vidrio...). Por último, la sala undécima nos presenta las espectaculares máquinas que hicieron posible el milagro de El Escorial: grúas y poleas que podemos imaginar en acción, gracias a un viejo grabado reproducido en forma de mural en una de las paredes de

la sala.

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