Modernismo y posmodernidad

Movimientos literarios y artísticos. Modernismo. Posmodernidad. Finales del Siglo XIX y principios del XX. Filosofía. Pensamiento. Globalización. Vida social. Anthony Giddens

  • Enviado por: Carlos Manuel Núñez Gómez
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 25 páginas
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MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD

Ponencia presentada para el FORO DE FILOSOFIA “PENSAR EL PRESENTE FILOSOFICAMENTE”

MODERNISMO Y GLOBALIZACION

Las transformaciones del mundo tecnológico han llevado a un cambio general de las percepciones de la misma persona, su entorno y todo lo que hace parte de la vida. La posmodernidad se ha constituido en la forma de pensamiento imperante en el mundo de hoy, y no muy desligado a esto se encuentra el proceso de globalización, que tampoco hubiera sido posible de no ser por los adelantos del mundo de la informática y las telecomunicaciones.

La globalización plantea muchos retos de índole política, jurídica, administrativa. Y ella, si no viene acompañada de la mundialización y profundización de la democracia -la legalidad y la libertad-, puede traer también serios perjuicios. Pero, comparados a los beneficios y oportunidades que ella trae, sobre todo para las sociedades pobres y atrasadas que requieren quemar etapas a fin de alcanzar niveles de vida dignos para los pueblos, aquellos retos, en vez de desalentarnos, deberían animarnos a enfrentarlos con entusiasmo e imaginación. Y con el convencimiento de que nunca antes, en la larga historia de la civilización humana, hemos tenido tantos recursos intelectuales, científicos y económicos como ahora para luchar contra los males atávicos: el hambre, la guerra, los prejuicios y la opresión.

La modernidad no surgió súbitamente en el siglo XVI, sino que desde los siglos XIV y XV ya comenzaba a manifestarse. Se caracteriza por querer desligarse de las creencias y el pensamiento medieval que, dentro de sus principales postulados ponía a Dios en el centro de todo. Así comienzan a surgir diversos pensadores y teorías que precisamente contrariaban o simplemente no aceptaban la idea de un Ser superior, más bien, ponían todo el interés en el ser humano, el cual, a partir de su razón era capaz de progresar y realizar lo que se propusiera por sus propios medios. Es así como se comienza a hablar de la razón instrumental que sólo hace énfasis en el valor operativo del proceso, le permite al hombre controlar y dominar, saber el costo y el beneficio de las acciones, la cual es contraria a la razón contemplativa, que se refería a que todo podía ser conocido a través de la matemática, es decir, que todo podía ser entendido en lenguaje de la.

El acontecimiento estimado por casi todos como punto de partida de la modernidad es la reforma protestante iniciada en la segunda década del siglo XVI por Martín Lutero. Podríamos decidir que la ruptura con la Edad Media la originó el siguiente postulado religioso capital: que el justo vive y se salva individualmente solo por la fe; que las obras no están a la altura de la majestad de Cristo como para redimir los pecados y en consecuencia deben darse solo al servicio del mayor bienestar de los hombres en este mundo. Con este postulado queda separado el reino de Dios y el mundo a cuyo servicio deben estar acciones y obras. Así se produce la separación absoluta del mundo religioso y el mundo secular, quedando este último entregado al mero conocimiento y querer de los hombres, con lo cual nace la época histórica designada con el nombre de modernidad y que en su aurora en el siglo XV ya se anuncia como la vía moderna de aproximarse a lo real, en oposición a la llamada entonces por los doctos vía antigua, la propia de la Edad Media.

En esta sociedad la religión se caracterizaba por la anterioridad y alteridad absoluta de un principio divino como garantía inviolable del hombre. No sólo ese fundamento radicalmente escindido, sino el propio orden mundano quedaban totalmente sustraídos a la exposición humana. La modernidad consiste en la ruptura de esa fundamentación trascendente y la reivindicación de la realidad social como un orden determinado por los hombres.

La modernidad es ante todo un proceso de secularización. El lento paso de un orden recibido a un orden producido. El mundo deja de ser un orden predeterminado de antemano al cual debemos someternos y deviene objeto de la voluntad humana. ¿Cómo hacernos responsables del mundo siendo tan escaso nuestro poder de decisión y control? Ya no existe una ley absoluta ni una tradición sagrada que encausen la voluntad humana y son los hombres mismos quienes han de auto limitarse, ¿Sobre qué principios generales puede fundarse el orden social cuando todo esta sometido a la crítica? Preguntas como éstas acompañan el desarrollo de la modernidad y constantemente insinúan la magnitud de los desafíos que plantea un orden producido.

La secularización traslada la política la función integradora que cumplía anteriormente la religión. Si antes la religión consagraba una instancia última en que se fundaban las manifestaciones del orden dado, ahora se atribuye a la política el lugar privilegiado en la producción del orden social.

La modernidad desde su partida nace con la pretensión de ser siempre nueva, siempre moderna, reconociendo la autoridad del hombre capaz de proporcionarse métodos estrictos para conseguir la verdad. Y respecto a la conducta, no reconociendo otra autoridad más que la de su propia conciencia, capaz de mirar y reflexionar dentro de sí para saber cómo conducirse. De ahí que si se ve en la historia el camino que va recorriendo el hombre hasta descubrir su auténtico destino, la modernidad, le parezca a dicho hombre, el lapso de su adultez definitiva y, por lo mismo, el momento en que la historia (entendida esta palabra en su profundo sentido) alcanza su fin.

Así como en el campo religioso, también se ven los cambios en la ciencia, la tecnología, la política, la economía, en la sociedad y también en la cultura la modernidad se hizo presente tratando de romper con todo lo establecido creando algo completamente nuevo que ponía esta vez al hombre en el centro de todo. De esta manera el hombre fue acaparando cada vez mayores conocimientos y así se llegó a un punto en que, en palabras de Max Weber, se “desencantaría” del mundo, es decir que ya no tendría interés por conocer nada nuevo puesto que ya no habría nada más que conocer. La razón acapara todos los ámbitos dejando de lado lo mítico, lo ilusorio y lo misterioso, cerrándole toda cabida en el conocimiento, por tanto todo se vuelve racional, y es a partir de esto que Weber menciona su idea de que el hombre, a partir del proceso de la modernidad se habría desencantado del mundo. Con esto también surge la idea del progreso ilimitado, es decir que el hombre, a través de la tecnología, jamás agotaría las posibilidades de progresar e ir creando cosas infinitamente.

Es así como personajes como Rousseau, Voltaire, Montesquieu, etc. comienzan a ganar un espacio dentro del pensamiento europeo, principalmente por sus ideas de libertad e igualdad para todos los ciudadanos. Estas ideas rápidamente comienzan a transmitirse a otras partes del mundo generando grandes cambios, por ejemplo la independencia de las 13 colonias de Norteamérica tienen un gran contenido ideológico proveniente principalmente de estas ideas. Y no sólo en Norteamérica sino que también en nuestro propio continente estos pensamientos fueron tomados por los criollos y adaptados a su propia realidad.

La revolución industrial juega un papel importantísimo en este cambio llamado modernidad, los cambios que se producen a nivel industrial hacen surgir una nueva forma de concebir el trabajo y las relaciones laborales, las que eran muy distintas antes de este proceso. Todo se vuelve más mecanizado puesto que la producción se haría en forma seriada. Es así como surgen distintas clases sociales, que al modo de Marx, se dividía en una clase dominante (burguesía), quien concentraba todo el capital, y una clase dominada (proletariado), quienes eran los explotados por esta clase que mantenía todo el poder. “El contenido de las transformaciones que la modernidad ha producido se traducen en los logros de la burguesía revolucionaria que puso fin a todas las relaciones idílicas, patriarcales y feudales, que substituyó las relaciones personales feudales por el nexo del dinero, que ahogó los fervores religiosos, los entusiasmos caballerescos y los sentimentalismos filisteos con el agua de los cálculos egoístas, que resolvió el valor de la persona en el valor de cambio, que en ligar de las numerosas libertades reconocidas públicamente estableció la libertad de comercio, que despojó de su halo a todas las ocupaciones honorables, que arrancó de la familia su velo sentimental y que no puede vivir sin revolucionar constantemente los instrumentos de producción”. A partir de esta explicación nos damos cuenta cómo, al parecer de K. Marx, la modernidad trae una serie de consecuencias en las formas de relación social.

Es así como se van imponiendo diversos sistemas económicos, en especial uno que ha prevalecido durante décadas, a pesar de sus grandes crisis. Nos referimos al capitalismo, que es un sistema que va a prevalecer durante toda la época moderna, donde el mercado es el que controla todo y el Estado es un simple observador.

Para no desviarnos del tema retomaremos lo que mencionábamos anteriormente con respecto al cambio que se produce en el hombre. A partir de las ideas ilustradas las personas fueron creando una autoconciencia que no existía anteriormente: el hombre se va volviendo cada vez más conciente de sí mismo y de sus capacidades para crear cosas nuevas y autodeterminarse. Va volviéndose cada vez mas confiado de sus capacidades debido a todo el descubrimiento científico que va produciendo. El hombre va descubriendo sus capacidades y se da cuenta que se diferencia de los demás seres de la naturaleza por gozar de razón.

A pesar de todas estas cosas, que podríamos denominar como positivas, la modernidad va cayendo en crisis a medida que avanza el tiempo. Surgen diversos autores, con ideas nuevas, que van a contrariar ciertos aspectos que se fueron derivando a partir de este proceso. Un caso de esto es lo que señala Giddens, al decir que con “la modernidad se produce una separación entre el tiempo y el espacio”, con esto se refiere a que la modernidad ha abierto espacios ilimitados a nivel global, lo que permite que ahora nos podamos comunicar de diversas maneras con sujetos ausentes, sin necesidad de recurrir a la interacción cara a cara. A la vez este mismo autor se refiere a la desarticulación que producen elementos como el dinero, el cual permite las transacciones entre agentes separados por el tiempo y el espacio. Pese a ello no se puede dejar de mencionar que a todo esto la sociedad moderna siempre está en continuo cambio, a diferencia de las sociedades premodernas que siempre estaban ligadas a lo tradicional. Los avances logrados permiten que los nuevos conocimientos se vayan aplicando a la sociedad, al mismo tiempo que ésta los asimila y los aplica a su propia realidad.

En el siglo XIX, F. Nietzsche con su frase célebre “Dios ha muerto” sentó las bases que en el siglo XX permitieron reconocer la veracidad de su idea al darse cuenta de que la gente va perdiendo la fe en esta supuesta modernidad y se da paso a un nuevo proceso que se llamó la posmodernidad. El progreso tan esperado fue perdiendo su dirección y los resultados que se pensaban de éste tampoco fueron los esperados. Es así como los pensadores que surgen con la postmodernidad fueron tan negativos en su pensamiento. El hombre ya no creía en nada, con todos los procesos históricos que se fueron desarrollando a lo largo del siglo pasado (las dos guerras mundiales, crisis económicas, etc) las personas fueron perdiendo la credibilidad en los cambios. La modernidad había llegado a tal extremo que se llegó a pensar en su fracaso y de pasada llevó al desencantamiento del hombre, esto fue lo que Nietzsche llamó nihilismo.

Otra cosa importante de destacar en Nietzsche es su concepción de lo Apolíneo y lo Dionisiaco, es decir, los extremos de la realidad. Por una parte lo bello, lo racional, el orden, la mesura, etc, representado por el dios griego Apolo, y por otra parte, la otra cara de la moneda, representada por Dionisio el cual personifica la mística, la embriaguez, la pasión, la euforia, etc. Así, este último se acerca a aquello que se había perdido con la modernidad e intenta rescatarlo a partir de que el hombre rompa con todas las barreras.

Otro fenómeno que aparece con la modernidad es la famosa globalización, Se Considera que la globalización es algo bueno, que ayuda en las relaciones con las demás partes del mundo y nos permite estar en constante conocimiento, sobre todo en nuestro país que por su ubicación geográfica muchas veces es ignorado por otros países. Sin duda que en nuestro caso la globalización ha aportado rasgos positivos en lo antes mencionado. Pero en otros aspectos también ha sido algo negativo puesto que nos invaden con la cultura de otras partes, especialmente la Norteamérica, que en definitiva las vamos adoptando como propia. En ese sentido encontramos que las propias raíces se van perdiendo. Pero es a partir de esto que surgen los movimientos nacionalistas que intentan reivindicar los valores locales y se resisten tanto a una globalización de mercado como de pensamiento.

La idea de modernidad funcionó en su momento pero llegó un período en que las cosas se escaparon de las manos. Esto por varias razones. La sociedad fue evolucionando; los ideales que se tenían en un principio no dieron el fruto esperado, y el progreso, finalmente, siguió una dirección que tampoco se había considerado. Es así como los pensadores más contemporáneos tienen una visión cada vez más crítica de la modernidad, llegando incluso a afirmar que este proceso simplemente había llegado a su fin con la postmodernidad.

Como se sabe, lo propio del hombre a partir del siglo XVII y XVIII es la adquisición de una serie de convicciones que constituyen lo llamado moderno, convicciones centradas en cierto modo en torno a lo siguiente:

a) La creencia absoluta en la exclusividad de la razón para conocer la verdad, siendo que todo conocimiento venido de la fe y de la tradición es mera intuición no comprobada.

b) La aspiración a que estos conocimientos se traduzcan en formulas de tipo físico-matemático o sea que se pueden comprender fácilmente por cualquier persona y sean objetivas, pues todo lo meramente subjetivo es desechable porque se considera ajeno a lo real y que a su vez es común a todos los hombres.

c) El concepto de que lo real no sólo es lo susceptible de matematizarse o experimentarse, de hecho real es para los modernos, no solo accesible a las matemáticas y a las ciencias experimentales, sino también la poesía y el arte en cuanto a producto de lo imaginario puesto a la vista de todo el mundo.

d) El postulado de libertad del hombre para regir su destino, de ahí la obligación de combatir toda forma de monarquía absoluta y de poder económico de grupos. El concepto de autonomía, o sea de darse cada hombre sus propias normas éticas, es fundamental.

e) La creencia en la superioridad absoluta del hombre por sobre todos los otros seres de la creación.

f) El pensar que la democracia es la mejor forma de construir una sociedad.

La palabra moderno, como se sabe, deriva de la voz modo, y modo o moda es lo que está de paso, a la espera de la aparición de algo todavía más nuevo y así hasta el infinito. Podemos decir, según Heidegger, que el hombre moderno vive devorado por el afán de las novedades. Típicas de la modernidad son las vanguardias, sobre todo en la pintura y la literatura; así, por ejemplo, el impresionismo es rápidamente reemplazado por el expresionismo, éste por el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el creacionismo, el surrealismo, etc.

Las siguientes son algunas dificultades que puede presentar la modernidad:

a) ¿Cómo articular una pluralidad de voluntades individuales, en principio ilimitadas, en una voluntad colectiva que por definición establece limites? La articulación de pluralidad y colectividad es justamente la pretensión de la democracia. La multiplicidad de los pueblos realmente existentes, o sea la heterogeneidad de la sociedad, contradice la homogeneidad que presupone al nivel conceptual la soberanía del pueblo. Vale decir la idea de soberanía popular evoca un pueblo ya existente cuando en realidad esta identidad recién ha de ser creada. La democracia, como principio de legitimidad, presupone una identidad que la democracia como principio de organización nunca puede producir como algo permanente y definitivo.

b) ¿Puede la política, en tanto aspecto parcial de la vida social, representar a la sociedad en su conjunto? Una premisa de toda teoría democrática moderna es la posibilidad de elaborar mediante medios específicamente políticos una representación de la unidad. Tal comunidad se constituye de modo explícito por referencia a una voluntad general.

c) Existe una contradicción ente los criterios universalistas de la democracia y los rasgos particulares del estado nacional. La sociedad moderna se funda en la soberanía ilimitada a la voluntad general de los hombres y simultáneamente en la institucionalización de valores determinados. Mientras que la democracia descansa sobre una ciudadanía cosmopolita no aceptando otro limite que el reconocimiento del orden constitucional, el estado nacional esta conformado por una población preseleccionada a base de categorías casi naturales.

d) La contradicción consiste en la búsqueda de una identidad histórica en una época eminentemente futurista. Si la modernidad se caracteriza por la ruptura con la tradición la cuestión de la identidad en cambio es proyectada al pasado. La unidad es antepuesta a la política como un dato previo. Para ello se suele reducir la rica diversidad de elementos y alternativas a la historia única lineal de la cual han sido borradas todas las encrucijadas y discontinuidades el resultado es una identidad ficticia porque está basada en un pasado artificial homogenizado con el fin de legitimar el presente y además una identidad cerrada con escasa capacidad para modificarse de acuerdo a las innovaciones del proceso social.

La historia de los aborígenes en su relación hacia la modernidad comienza con la llegada de los españoles al “continente nuevo”. La búsqueda de un camino occidental hacia la India estaba cargada de pretensiones comerciales e imperiales, esperanzas milagrosas en el espacio terrenal y una mirada doble hacia atrás y hacia un futuro temeroso e incierto. La victoria sobre los moros no creó un

Imperio poderoso que traspasó el horizonte conocido; la clave del descubrimiento del “nuevo mundo” que inicia la época moderna más bien resultó de un instinto conservador: de haber encontrado un camino marítimo a la India se habría abierto la posibilidad de mantener el viejo orden y conquistar un nuevo espacio para el poderío español en decadencia.

Los conquistadores no eran los pioneros de la modernidad y España no fue una fuerza iluminista que prendía la luz descubriendo América. Al contrario fue un poder sacudido por las guerras contra los moros, empobrecido y fraccionado en un mundo medieval y renacentista que, buscando desesperadamente una salida, abre el espacio que luego será el escenario de la modernidad y en la cual España jugará solamente un papel secundario. En un primer momento a la naturaleza americana y a los pueblos aborígenes se enfrentaron hombres con una historia de 700 años de guerra, desesperanzados, fanáticos, aventureros, soñadores y guerreros. Después de las primeras décadas de la conquista marcadas por el genocidio también vinieron gentes de la “otra España”, hombres de cultura fina, voceros del renacimiento y defensores de los derechos de los indígenas, reproduciendo una mezcla extraña del propio mestizaje español.

POSMODERINDAD

Hablar hoy en día de posmodernidad tiene la ventaja de ser un tema de moda, rodeado de cierto aire de misterio o de cosa prohibida, y que atrae la atención del público en general. Tiene la desventaja, en cambio, de ser un término muy amplio, en el que cabe de todo. Es un término negativo, parásito del de "modernidad". Algunos autores se niegan a aceptar que la modernidad haya pasado, e insisten en que este movimiento de cambio terminará siendo absorbido por los valores que dejaron bien plantados los ilustres filósofos franceses y alemanes del siglo XVIII. Otros, en cambio, sostienen que el proyecto de la modernidad está agotado, y que algo nuevo (no sabemos exactamente qué) surgirá de los cambios que está provocando la tecnología y la globalización.

Sea cual sea el futuro de esta cuestión disputada, lo cierto es en las últimas décadas (estamos hablando aproximadamente de 1975 para acá) existe un cierto "malestar" o incomodidad sobre el papel que la filosofía desempeña en la cultura. Posiblemente el movimiento comenzó en la tradición filosófica angloamericana (Estados Unidos, Canadá e Inglaterra), más que en la continental (Europa), pero hoy en día han llegado a coincidir. Aunque no está de más señalar que los orígenes más lejanos de este terremoto (si lo podemos llamar así) se encuentran en la Alemania de F. Nietzsche, de E. Husserl y de Heidegger. En la filosofía anglo norteamericana todo era paz analítica hasta que llegó L. Wittgenstein. El impacto de sus Investigaciones Filosóficas, publicadas póstumamente en 1953, golpeó de tal forma los cimientos del viejo edificio de la filosofía que las cosas nunca volvieron a ser como antes

Según la imagen moderna, heredada del Renacimiento, la filosofía tiene el importante papel de "fundamentar" nuestras creencias. Así como no podemos iniciar la construcción de un edificio si no hemos puesto unos fundamentos sólidos, tampoco la cultura o el edificio de nuestras creencias se sostendrían sin las dilucidaciones que nos proporciona la filosofía. Incluso hablamos de un edificio de las ciencias, en cuya base está invariablemente la metafísica, inseparable, desde luego, de la lógica, instrumento del pensar correcto.

Para comenzar a hacer relación entre la modernidad y la posmodernidad se genera una gran disputa acerca si la modernidad ha terminado o no y si ella es diversa de la posmodernidad o,si al revés, la posmodernidad es sólo uno de los tantos modos de darse la modernidad. Pasamos también a ilustrar la importancia del paso de la modernidad a la posmodernidad con un problema antropológico y médico concreto de vital importancia: la desaparición de la angustia en el hombre posmoderno y la presencia invasora de la ansiedad. Y no se trata solamente de un problema de interés exclusivamente médico; sino que importa a todo el que quiera comprender el momento histórico, pues toca algo céntrico del ser humano.

¿Qué entendemos por posmodernidad? Las interpretaciones son múltiples y frecuentemente contradictorias. Se ha agotado la modernidad? dando inicio a una nueva época o no existe tal mutación y se trata más bien de una crítica al interior de un proyecto incluso de modernidad? En todo caso, es por referencia a la modernidad que reflexionamos nuestra situación.

La posmodernidad no cree en una división sujeto/objeto, porque ya no concibe la realidad como una estructura íntima recia, maciza, que va gradualmente haciéndose a sí misma y mostrándose en el transcurrir de la historia, sino que solo concibe lo que ocurre como una serie de eventos, cada uno de los cuales, cumplido su papel, da lugar al próximo. Según los posmodernos, lo que creemos ver del mundo es una sucesión de escenarios mostrados por la tecnología y que van quedando rápidamente obsoletos en la medida que el proceso de la técnica acostumbra la mirada a esperar siempre lo que sigue, con la certeza de que será mas seductor y que su entretención durará tanto como la técnica tarda en fabricar algo distinto y todavía mas fascinante. Lo que queda atrás no tiene valor histórico; no es el proceso que activamente va concibiendo lo nuevo, sino que es algo viejo, anacrónico, desechable.

Nuestro paso por el mundo consiste en participar en una serie de eventos que suceden unos a otros a lo largo del tiempo, que pueden ser entretenidos, displacenteros o absurdos, y que solo tienen la delgadez de lo que su nombre dice: un simple evento, pero cuyo atractivo, propio de los eventos, uno de ninguna manera se querría perder.

El abismo que parece separar lo moderno de lo posmoderno, mostrando la casi desaparición de un sentimiento tan humano como la angustia por el sentimiento de ansiedad, lo cual es muy significativo, pues mientras el primero arranca de la raíz de lo que en el lenguaje clásico se le ha llamado el principio de la individualización, el segundo sólo se refiere a la vivida fugacidad del tiempo, y al existir preocupado y a veces desesperado por encontrarse siempre listo para no perderse al acontecer que se avecina y así sucesivamente a lo largo de la vida. No se busca, en el caso del postmodernismo, que el acontecer próximo tenga especial trascendencia, sino sólo que sea distinto del ahora, y por distinto entretenga o fascine, aunque para aburrir luego, asomando entonces otra vez la ansiedad por participar en lo que sigue.

LA MODERNIDAD SEGÚN ANTHONY GIDDENS

Hemos escogido a Anthony Giddens para sustentar lo que se ha dicho anteriormente de acuerdo al siguiente postulado: “La modernidad es un orden post-tradicional, sin que por ello haya que confundirlo con un marco social en el que las seguridades y hábitos de la tradición han sido reemplazados por la certidumbre del conocimiento racional. Sin duda, la razón critica moderna atraviesa la vida social, tanto, como la conciencia filosófica y constituye una dimensión existencial del mundo social contemporáneo. La modernidad institucionaliza el principio de la duda radical e insiste en que todo el conocimiento toma la forma de hipótesis”, es decir, que la modernidad no busca acabar con lo tradicional, sino, buscar una conciencia filosófica en donde se analicen las características del contexto social y cultural en el que nos desenvolvemos actualmente partiendo de lo ya establecido. La modernidad se origina en el proceso de diferenciación y limitación frente al pasado.

En las condiciones de modernidad, todas las exigencias del conocimiento son inherentemente circulares. Las ciencias sociales presuponen una circularidad (la cual constituye las instituciones modernas) en donde las pretensiones de validez del conocimiento que ellas producen son “revisadas”, en un sentido practico, mientras circulan dentro y fuera del entorno que ellas mismas se describen.

Muchos de los fenómenos frecuentemente denominados postmodernos verdaderamente conciernen a la experiencia de vivir en un mundo en el que la presencia y ausencia se mezclan en formas históricamente desconocidas.

En la modernidad en ocasiones se entra a analizar lo ya establecido y se comienza a verificar de una manera práctica si lo establecido es verdaderamente valido y cumple el fin deseado, estos resultados pueden ser en ocasiones abrumadores.

En sociedades industrializadas sobretodo, dice el autor, pero también en cierto sentido en el mundo en general, hemos entrado en un periodo de alta modernidad que ha roto las amarras de la seguridad de la tradición, y lo que por mucho tiempo fue “un punto de ventaja” ahora ya no lo es.

Podríamos decir que la postmodernidad es ese punto en el que hemos perdido y desviado la esencia de lo que es modernidad. En muchos casos el “intento de empujar a la sociedad en una determinada dirección resultara que la sociedad avanza correctamente, pero en dirección contraria”.

Aunque existen otras razones para hacerlo, éste es uno de los factores en el que el autor fundamenta la noción de realismo utópico; Utópico porque aunque no fuera el propósito gracias a la modernidad nació la postmodernidad.

La modernidad es esencialmente globalizadora, en donde las consecuencias de este fenómeno son la creación de una realidad en la que los riesgos y los peligros adquieren un nuevo carácter.

Giddens plantea a la modernidad como una sociedad en riesgo porque en esta pueden presentarse problemas nunca antes vistos por generaciones anteriores, como riesgos acarreados por la globalización, tales como, la negociación internacional de armas nucleares, a una catástrofe ecológica o un cambio inadecuado de estilos de vida.

La modernidad puede producir diferencia, exclusión, marginalización y pérdida de la identidad cultural.

Pero para nosotros este riesgo de la modernidad ese temor a que se desviaran los ideales modernos, puede ser la llamada postmodernidad. Así como la modernidad nace cuando se pierde lo tradicional, la postmodernidad nace cuando se desvirtúa la modernidad.

Ya sabiendo el concepto de postmodernidad para nosotros, podríamos decir que esta nace gracias a la perdida de nuestro rumbo y de una estructura, como se afirma en el libro “las consecuencias perversas de la modernidad”.El problema es que la modernización perdió el rumbo de su organización social y ahora no encuentra el camino para volver a esa estructura y con el paso del tiempo será mas difícil esa búsqueda.


CONCLUSION

El proceso de transformación de la sociedad occidental involucra un cambio continuo de maneras de concebir el mundo y de actuar sobre él. Cuando hablamos de los tiempos modernos podemos ingenuamente pensar que se trata de una época en la que los errores del pasado han sido superados, y que la manera de vivir y pensar actuales son superiores. Pero esa idea de progreso histórico y espiritual es en realidad una creencia característica de lo que nosotros llamamos ¨moderno¨. Cuando pensamos en la modernidad creemos que estamos hablando de una forma de ver el mundo exclusivo de occidente que se genero cuando termino la Edad Media. Pospuesto que si hay algo especifico de nuestra época que nos separa y distingue del pasado medieval y antiguo, pero en realidad nuestra situación actual es fruto de un proceso que se inicio en la antigüedad.

¿Qué es modernidad? Básicamente racionalidad. Ya los griegos habían vivido un proceso de transformación en el que las ideas y los patrones culturales de su pasado se vieron revolucionados por la filosofía en las ciudades. Se trata del famoso paso del mito al logos, en el que se cultivo la esencia de la racionalidad occidental.

El análisis de M. Weber y de otros filósofos de diversas tendencias ha hecho evidente que la idea misma de modernidad se encuentre en crisis. Los fenómenos del nazismo y el estalinismo alrededor de la segunda guerra mundial se han convertido para muchos filósofos y en los ejemplos mas claros del resultado de aplicar una idea de racionalidad mal concebida. Pero esos fenómenos sociales extremos no son los únicos que han sido expuestos a la critica. La sociedad occidental se ha desarrollado en los últimos siglos de tal forma que el modo de vida de los hombres en las sociedades industriales avanzadas se ha visto seriamente determinada por el imperio de la técnica. La realizaciones de la racionalidad instrumental se han convertido en el símbolo del vaciamiento del sentido del hombre moderno, más que en fuente de felicidad humana así como los filósofos de los orígenes de la modernidad pensaron un mundo y una sociedad y determinaron con sus ideas el desenvolviendo histórico de occidente, los pensadores contemporáneos también nos han obligado a hacer un alto en el camino, haciéndonos pensar en nuestra manera de vivir y actuar. La filosofía, como siempre, se convierte en una toma de conciencia y en un esfuerzo de autorreflexión de cada época y sociedad, pues al surgir de la sociedad misma, no tiene otro remedio que volcarse sobre ella para pensarla, señalando las fuentes de la infelicidad. Y si bien, en los últimos tiempos la filosofía se ha acostumbrado a no ofrecer soluciones mesiánicas a los dramas del hombre contemporáneo, su trabajo interpretativo es un síntoma claro de que a pesar de sus eventuales deficiencias, la racionalidad occidental puede pensarse así misma críticamente señalando sus limites, y eso es lo que la hace tan valiosa.


BIBLIOGRAFIA

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-BERIAIN, Josexto (comp.), Las consecuencias perversas de la modernidad. Barcelona: Anthropos, 1996. 283 Pág.;modernidad y auto identidad, capitulo I por Anthony Giddens.

Secularización: El hombre deja de ver a Dios como un ser supremo y coloca como prioridad las cosas terrenales.

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Como se sabe, evento es un acontecimiento o suceso imprevisto o de realización incierta o contingente.

Anthony Giddens “las consecuencias perversas de la modernidad”, Barcelona: Anthropos, 1996. Pág. 95.

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Doctrina o sistema optimista que parece irrealizable en el momento de su formulación.

Anthony Giddens “las consecuencias perversas de la modernidad”, Barcelona: Anthropos, 1996. Pág. 78.

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