Modernismo y Generación del 98

Literatura Española Contemporánea. Poesía del Siglo XIX. Crisis de la Conciencia Burguesa. Modernismo Exótico. Modernismo Intimista. Rubén Darío. José Martí. Francisco Villaespesa. Eduardo Marquina. Manuel Machado. Pío Baroja. Azorín. Unamuno

  • Enviado por: Javier Torío Caño
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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MODERNISMO Y GENERACIÓN DEL 98:

A finales del siglo XIX aparecen en España las primeras manifestaciones estéticas de carácter renovador que se oponen a las tendencias literarias en boga. El modelo realista que había triunfado durante la segunda mitad del siglo está ya agotado, y la poesía triunfalista hinchada de Campoamor y Núñez de Arce ya no responde a las exigencias del momento. Ante ese panorama se abren paso dos corrientes estéticas: Modernismo y Generación del 98.

La critica se ha preguntado si realmente existe una diferencia clara entre estos dos movimientos que se desarrollaron a principios de siglo. Por una parte, un primer grupo de críticos, entre los que destaca Pedro Salinas, consideran que el Modernismo y 98 son dos movimientos totalmente diferenciados. Otros, como Juan Ramón Jiménez, estiman que los límites entre un movimiento y otro son difusos.

MODERNISMO:

CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO:

A principio de siglo, E.L. Chávarri, veía en el Modernismo una reacción “contra el espíritu utilitario de la época”, contra un “industrialismo” que lesionaba al hombre. Ello nos invita a situar al Modernismo en su momento, en la citada crisis. En efecto, en sus raíces hay un profundo desacuerdo con la civilización burguesa.

Tanto en Hispanoamérica como en España, la pequeña burguesía se ha visto frenada y postergada por una poderosa oligarquía. Los escritores traducen el malestar de aquella clase social y expresan de diversas formas su oposición o alejamiento del sistema. Se produce así la conocida crisis de la conciencia burguesa.

El Modernismo religioso surge en Latinoamérica (1880), primero en prosa y después en verso. Los jóvenes modernistas quieren afirmar sus raíces americanas y revelarse contra todo lo que suena español. Se produce una transformación radical en las letras que se inspira en el romanticismo y el simbolismo y en las literaturas extranjeras.

CARACTERÍSTICAS:

El movimiento modernista supone el rechazo a la realidad cotidiana y surgen dos alternativas:

  • Modernismo exótico: sitúa la acción en espacios irreales. Incorpora: hadas, ninfas, centauros, caballeros, héroes, mitos y tradiciones.

  • Modernismo intimista: es la respuesta del poeta a su melancolía, sus preocupaciones internas y su angustia. Afloran en los poemas de desencanto y pesimismo.

  • Ambos casos comparten:

  • De los románticos adoptan: el descontento ante la vida, la soledad, lo misterioso, la imaginación y la fantasía.

  • Del parnasianismo francés adoptan: la búsqueda de la perfección formal (métrica perfecta, elaboración correcta del verso, etc.).

  • Del simbolismo francés adoptan: la idea de sugestión y los efectos musicales, pues según los simbolistas, la poesía debe abrirse a los sentidos y crear un mundo dominado por la sugestión de las imágenes.

  • La belleza debe conseguirse a través de las imágenes visuales, el color, la música y los efectos sonoros.

  • Entre los metros preferidos destacan el alejandrino y el octosílabo.

  • Gran riqueza léxica.

  • NÓMINA MODERNISTA:

    Rubén Darío: maestro y difusor del movimiento. Su máximo es la belleza absoluta y la perfección formal de la obra de arte.

    La poesía de Rubén Darío suele simplificarse asociándola tan sólo con mundos exóticos, fantásticos e irreales. Pero hay también una vena dolorida. Aunque se suele identificar a Darío sólo con una poesía de evasión y de algo verbal, no le es ajena la vertiente pesimista.

    Aunque en Rubén Darío predomine el verso, hay en sus obras algunas prosas poéticas. Las obras más importantes del autor son: “Azul”, “Los Raros”, “Cantos de Vida y Esperanza”, “Prosas Profanas” y “El Canto Errante”.

    José Martí: padre del Modernismo. Representa el espíritu romántico y revolucionario del ideal modernista.

    Modernismo en España:

    Francisco Villaespesa: sus obras expresan melancolía y sentimentalismo. Combina temas mitológicos con símbolos a veces macabros. Obras: “Flores de Almendro” y “Los Conquistadores”.

    Salvador Rueda: precursor del Modernismo por sus imágenes coloristas y sugerentes y por sus innovaciones métricas. Obras: “Poesías Completas” y “Artículos”.

    Eduardo Marquina: canta al amor, al dolor, a los grandes gestos históricos, al la vida tranquila, a la naturaleza, etc. También poemas de temas religiosos. Obras: “Vendimias”, “Canciones del Momento” y “Juglarías”.

    Manuel Machado: poemas andalucistas, populares dedicados a los toros, la guerra o el cante jondo. También es autor de sonetos de gran espiritualidad y fe. Obras: “Alma”, “Cantares”, “Cante Jondo” y “El Mal Poema”.

    LA GENERACIÓN DEL 98

    CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO:

    La época que abarca desde 1874 hasta 1931 es conocida como la Restauración. Se distinguen tres etapas:

  • 1874-76: formación de un ministerio-regencia presidido por Cánovas.

  • 1876-97: el sistema se estabiliza y se establece el turno de partidos en el poder.

  • 1898-1931: pérdida de las primeras colonias.

  • La generación del 98 toma su nombre en alusión a la fecha de la pérdida de las últimas colonias. Es un movimiento español formado por jóvenes escritores que se caracteriza por proponer la renovación estética de la literatura anterior y la regeneración sociocultural del país.

    A partir del desastre colonial surge la conciencia de pobreza, la miseria y la injusticia social, y con ello la urgente necesidad de un cambio en la estructura del poder, pues la Restauración (el régimen vigente) no convence a nadie.

    Azorín, Maeztu y Baroja, movidos por sus ideas revolucionarias publicaron en 1910 el “Manifiesto de los Tres”, en el que denuncian la realidad del país, la desorientación de la juventud, la falta de valores, etc. No encuentran la acogida que esperaban con la publicación y el fracaso les conduce hacia el idealismo y su interés se centra en la renovación espiritual del país.

    CARACTERÍSTICAS:

  • Europeísmo y gusto por lo castizo: intenta hacer frente a los problemas nacionales.

  • Sobriedad: huyen de la retórica y la grandilocuencia (claridad y sencillez).

  • Subjetivismo: la evolución del problema de España les lleva a la subjetividad.

  • Idealización del paisaje: se sublima el paisaje castellano y se convierte en el símbolo del alma española.

  • Preocupación por los problemas de España: el género “ensayo” se convierte en la principal fuente de divulgación ideológica.

  • Reflexiones filosóficas: al interiorizarse la crisis del país, reflexionan el sentido de la vida, el tiempo, la existencia de Dios.

  • La Generación del 98 es considerada una generación literaria porque cumple los requisitos que según Julius Petersen deben existir:

    1.- Nacimiento en fechas próximas.

    2.- Mantenimiento de relaciones personales entre ellos.

    3.- Participación conjunta en actos, celebraciones, etc.

    4.- Formación intelectual semejante.

    5.- Acontecimiento generacional que los aglutine.

    6.- Presencia de un guía ideológico.

    7.- Inquietudes y experiencias semejantes.

    8.- Lenguaje generacional.

    9.- Anquilosamiento de la generación anterior.

    De acuerdo con la “división de la crítica”, se han propuesto los siguientes corolarios:

  • Noventayochistas y modernistas constituyen una misma “generación histórica”.

  • Sin embargo, es lícito hablar de un “grupo del 98” dentro de aquella generación; grupo homogéneo, sobre todo en su juventud.

  • Es inexcusable atender a la evolución de los autores, desde sus coincidencias juveniles hasta su progresiva divergencia.

  • NÓMINA MÁS PAUSIBLE DEL GRUPO:

    La compondrían en principio: Baroja, Azorín y Unamuno. Cabe destacar también a Azorín. Suele mencionarse como precursor a Ángel Gamiret.

    Pio Baroja: quizá uno de los aspectos más interesantes de su aportación literaria reside en su teoría sobre la novela. Ésta es la idea que Baroja tiene sobre la novela: una pieza literaria en la que cabe absolutamente todo. No ha de extrañar, pues, encontrar en sus textos reflexiones filosóficas, confesiones políticas, humorismo, aventuras y duras críticas sociales.

    En cuanto a la técnica de construir una novela, afirma que la espontaneidad y la observación son dos palabras clave.

    La realidad inmediata le proporciona una serie de escenarios, personajes e impresiones que, combinados, formarán el entramado inicial de lo que después se convertirá en una novela. Baroja considera que la novela ha de tener una finalidad en sí misma.

    Las novelas de Baroja giran en torno a la evolución existencial de un solo personaje, el protagonista de la obra, y junto a él aparecen otros personajes que aportan datos acerca del personaje central.

    La estructura narrativa es simple, sin subtemas o complejidades internas, y la falta de conflicto externo se subsana por medio de frecuentes diálogos, descripciones de lugares e historias particulares, a veces complejas, de los personajes secundarios.

    Su estilo, breve, claro y preciso, contrasta claramente con la prolijidad retórica de la generación literaria anterior.

    La producción novelística de Baroja es muy extensa: “Vidas Sombrías”, “Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox”, “Camino de perfección”, “César o nada”, “Las inquietudes de Shanti Andía” y “Memoria de un hombre de acción”.

    Baroja también escribió las siguientes trilogías: “La lucha por la vida”, “Tierra vasca” y “La raza”.

    Los personajes barojianos se ven abocados, en su mayoría, al fracaso. Son criaturas indóciles, errabundas, inquietas, que se desploman como fantoches.

    La angustia vital que destilan los personajes barojianos no es más que la angustia e impotencia social del propio autor. Baroja vierte en los personajes sus propias preocupaciones filosóficas, religiosas y políticas. En sus reflexiones sobre la construcción de la novela, Baroja no sólo defiende la tesis de que los personajes son un desdoblamiento del propio autor, sino que éste tiene derecho a intervenir vivamente en la novela.

    Los personajes femeninos de sus novelas no son nunca atractivos.

    El amplio repertorio de curas y anarquistas muestra su interés por el tema religioso y político.

    Azorín: también se une a la corriente de innovación narrativa del 98. Partidario de las tramas argumentales mínimas, considera que la novela se debe limitar a describir el ambiente y las sensaciones e impresiones de los personajes protagonistas. Además, la verosimilitud se ha de conseguir por medio de fragmentos que transmitan al lector las sensaciones experimentadas por el personaje en un momento determinado y no por la acumulación de detalles dispuestos cronológicamente.

    Si a esta forma de concebir la novela añadimos el gusto por la descripción minuciosa la frase escueta y el estilo sobrio, tendremos una muestra perfecta de la aportación azoriana al terreno literario.

    Las novelas de Azorín se pueden dividir en cuatro etapas:

    Primera etapa: muestra el predominio de elementos autobiográficos y de impresiones suscitadas por el paisaje. El protagonista es Antonio Azorín (conciencia de su creador). Obras: “La voluntad”, “Antonio Azorín” y “Las confesiones de un pequeño filósofo”.

    Segunda etapa: abandona los elementos autobiográficos, si bien continúa reflejando sus propias inquietudes en los personajes. Obras: “Doña Inés” y “Don Juan”.

    Tercera etapa: marcada por el vanguardismo y por el drama personal. Obras: “Félix de Azorín Vargas”, “Superrealismo” y “Pueblo”.

    Cuarta etapa: vuelta a la narrativa tras un periodo marcado por la contienda civil. Obras: “El escritor”, María Fontán” y “La isla sin aurora”.

    Unamuno: la aportación más notoria de Unamuno a la teoría de la novela se manifiesta en la renovación de la técnica narrativa, en la creación de lo que él llama “nivola” que se caracteriza por:

    • renunciar a cualquier preparación previa e ir disertando en todo lo que se representa.

    • Suprimir las descripciones y situaciones.

    • Presentar al protagonista en su lucha existencial.

    • Promover el diálogo hasta el punto de que adquiera una importancia fundamental en la narración.

    Esta técnica, junto con el monólogo interior, la aplica en “Niebla”, “La tía Tula”, “Abel Sánchez” y en “San Manuel Bueno, mártir”.

    Los personajes unamunianos son el “alter ego” del autor. En ellos vierte sus inquietudes, angustias y problemas personales hasta el punto de ahogarlos en su propia existencia.