Modernidad y posmodernidad: una óptica desde América Latina; Roberto Follari

Historia de América. Modernización. Conciencia posmoderna. Iluminismo

  • Enviado por: Adrián Ramazotti
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD: UNA OPTICA DESDE AMERICA LATINA.

ROBERTO FOLLARI.

I. MODERNIDAD, POSMODERNIDAD, MODERNIZACION, MODERNISMO.

POSMODERNIDAD:

El termino es equívoco y vale la pena ir determinando lentamente el concepto.

Partimos de la hipótesis: si hay una “conciencia posmoderna”, ello será porque hay condiciones materiales y sociales que lo posibilitan y constituyen.

Surgen las preguntas:

1- ¿ Se trata de una “actitud” de algunos en esta época o del perfil de la época como tal?

2- ¿ Hace al ámbito de la vida cotidiana o a campos especializados como el arte y la teoría?

3- ¿ Está en ruptura con la modernidad o se trata de su continuidad?

4- ¿ Es el fin de lo moderno, o solo un bache más en su derrotero?

5- ¿ Implica la toma de partido de una actitud crítica, o de aceptación conservadora de lo existente?

6- ¿ Puede haber una admisión de la posmodernidad que impugne los efectos de esta?

Respuestas tentativas:

1- Lo posmoderno aparece a la vez como una época y como una actitud peculiar que algunos asumen dentro de ella.

Hay quienes afirman que existe una actitud posmoderna aunque no haya posmodernidad social-estructural.

Hay quienes sostienen que estarían “objetivamente” dentro de esta sociedad y quienes añaden a esta una toma de conciencia “correlativa” (una “actitud posmoderna”).

2- Antes que Lyotard “hablara” de “condición posmoderna” aplicada a lo social, tenía considerable desarrollo en el arte y la arquitectura. El arte como intuición sensible captó una situación social en curso y la postuló como estilo. Recién en la década del 80 la teoría social dio cuenta de la sociedad como “posmoderna”.

Hay facticamente una sociedad posmoderna con modalidades de vida cotidiana distinguibles de las modernas.

3- La posmodernidad es el rebosamiento de lo moderno, no su superación (aufhebung) recuperante hegeliana, sino una aceptación/profundización (vorwinding) en el sentido de Heidegger. Se trata de la culminación de lo moderno donde esto produce efectos paradojales. La racionalidad instrumental lleva a la saturación sobre esa misma racionalidad, a un debilitamiento de la voluntad política e instrumental. Lo posmoderno no es lo contrario de lo moderno, es la culminación de la modernidad donde ésta, a través de su propio impulso se niega a sí misma.

4- Entre los apocalípticos que hablan de “finales” de un período histórico por moda o radicalidad estetizante y los que se niegan a advertir la profundidad de la crisis, podemos intentar no un vacío “termino medio” sino una conceptualización fundada. Estamos ante una crisis sin precedentes de la modernidad, cuya profundidad y extensión la presentan como estructural, global y prefigura una duración importante (Lo Futurible. J. Xubiri).

5- Una severa confusión se da en el debate sobre posmodernidad cuando se acusa a quienes creen constatar la existencia de una condición histórica posmoderna de ser apóstoles de lo posmoderno. Hay contraejemplos notorios: Lipovetski está lejos de ensalzar la situación que nos expone; lo mismo F. Jameson, Baudrillard, y tantos otros.

Es preciso distinguir entre quienes aceptan que existe una sociedad posmoderna, que hacen su celebración y apología, y quienes la critican o, al menos, vacilan en el decurso de sus textos.

Hay tanta posmodernidad impugnadora y contestataria como complaciente y adaptativa.

El fenómeno social posmoderno como tal, y los autores que lo suscriben/celebran, resultan conservadores. No solo porque las categorías de “progresista/reaccionario” son propias de la modernidad y carecen de sentido aplicadas a lo posmoderno (según Vattimo), sino también porque aún manteniendo la perspectiva anterior la posmodernidad resulta “critica” en muchos aspectos: liquidación de la teleología, crítica del logocentrismo (la palabra como centro), ataque a la representación (también en el sentido político), remoción del concepto de identidad, denuncia de la transparencia.

Las críticas desde la izquierda tradicional guardan sus fundamentos (contornos, calidades diferentes): pérdida de la noción de proyecto global social, acusan de narcisismo.

Estamos ante una situación polifacética y contradictoria; a veces, es el mismo aspecto el que resulta ambivalente. Por ej., el ataque posmoderno a la totalidad ha golpeado contra totalitarismos, centralizaciones, jerarquizaciones que pretendían legislar sobre todo y por sobre todos y ha recuperado socialidad directa, cotidianeidad. Pero no percibe el todo, éste ya no es epistemológicamente estructurable, globalmente formalizable. La crisis arrastra al campo de la desesperanza, al individualismo y al descompromiso con todo aquello que trascienda lo personal.

MODERNIDAD, MODERNIZACION, MODERNISMO

Hay una posición que se refiere a la modernidad en términos del maquinismo y la revolución industrial. Sería según Marx la modificación radical de los modos “tradicionales de la existencia por las oportunidades que ofrecen las grandes ciudades”.

Se trata de la modernidad de las nacientes metrópolis que Baudelaire saludó de modo ambivalente y cuya “culminación” se cumpliría en el mundo tecnologizado de los siglos XIX y XX.

Otra interpretación de lo moderno ubica su inicio desde el siglo XVI como fin del medioevo: final de la legitimación teológica del poder político; aparición de la vida urbana como centro económico y cultural; individualización de lo económico e ideológico; desplegamiento de la noción de “razón” en todos los campos de la existencia social (necesidad de racionalización creciente de los procesos de producción y acumulación económica). Surgimiento de la ciencia empírica moderna (Copérnico, Galileo), aparición de la Gnoseología; sintetizar la filosofía con la ciencia de la época.

La revolución industrial del siglo XIX es una radicalización de las tendencias existentes desde el XVI.

Con respecto a estas características de lo moderno que planteo Berman es importante tener en cuenta las sugerencias de Heidegger, figura central en la discusión sobre posmoderno y el tema del “fin de la metafísica”. No el Heidegger “antropologizado” de “El Ser y el Tiempo”.

Tan “natural” se vuelve esa, forma de pensar lo real como objeto de manipulación instrumental, que Habermas en un intento de mezclar lo trascendental y lo empírico, propuso hacia 1920 que el interés constituía el marco trascendental de ordenación de la experiencia posible, en términos de apriorismo kantiano. El mismo Habermas ha caracterizado la modernidad en base a dos operaciones: a) la del sistema (economía y estado burgués) del mundo-de-lo-vivido con la separación entre expertos y legos; b) las preferidas suposiciones de la intersubjetividad vivida en tres esferas autónomas: moral, ciencia y arte.

La “racionalización “ del mundo -que Habermas había analizado en los términos clásicos de la crítica de Francfort- irá minando las formas clásicas de legitimación a la vez que disminuyendo el espacio de la interacción comunicativa.

Dentro de la reivindicación del campo del lenguaje que hace en su particular recepción de Marx y Freud, nos encontramos ante la necesidad de recuperar una situación de comunidad lingüística ideal.

Los sujetos, movidos por el interés práctico donde en un sentido emancipatorio, puedan retomar la discusión sobre fines y el modelo de sociedad que desean.

Para Habermas, por la valoración que hace de las filosofías de la conciencia y de la acción racional, no se trata de acabar con la modernidad, sino por lo contrario de hacer valer sus mejores promesas.

Esas propuestas de la modernidad se dan con el Iluminismo, en su búsqueda de fundar una orientación racional de la acción. Por eso el tema del Iluminismo ha estado en el centro de la discusión sobre moderno y posmoderno.

La expresión “modernización” (no siempre deslindada de la de “modernidad”), se refiere no a una época, sino a un proceso. La modernización no hace “al llegar a la época moderna”, sino a los grados más altos de la racionalización científico-terminológica que caracteriza a tal época. Es un término más ligado a procesos contemporáneos, de plazos más bien breves, lo que conlleva su presencia más directa en el debate político acerca de los modelos de sociedad deseable.

No es lo mismo la modernización de la época de Baudelaire que la del presente en Alemania o en Japón. Además de esa problemática ligada a los niveles de desarrollo diversos de las formaciones sociales, cabe distinguir “regiones” de la modernización: la economía, la sociocultural, etc.. Estas regiones se vinculan entre sí, pero no dentro de una temporalidad unívoca y homogénea.

Por ej. es posible postular la modernización económica como opuesta a la cultural (neoconservadorismo estadounidense y sus seguidores los neoliberales latinoamericanos), a la inversa , apoyar la cultura sin adherir a la económica.

El “modernismo” puede referir a quienes hicieron la exaltación de la modernidad, significado excesivamente genérico en las esferas del arte y el pensamiento.

Sin embargo, aquello denominado modernismo ha sido bastante más vasto y contradictorio: han formado parte de él expresionismo, el futurismo, la música atonal, el cubismo, el constructivismo en cine y teatro, etc. No estamos ante un movimiento unívoco, sino ante una serie de ramificaciones que se entrecruzan y diferencian; solo en un sentido muy genérico pueden responder a un mismo nombre. Todo eso, sucedido a fines del siglo XIX y principios del XX, sobre el fondo de una historia social complejizada que es la que da lugar a las nuevas formas artísticas, y en base al uso de los diferentes medios que van surgiendo a través de las cambiantes tecnologías.

En cuanto a la valorización positiva o negativa de la modernidad, hay en el modernismo diversas variantes.

El Modernismo estuvo unificado por la acción de “vanguardia”, por ser rupturista y renovador en la forma, y por plantear para el arte una función privilegiada de la crítica social del presente (dicha crítica podría implicar la aceptación o la denigración de la modernidad).

Distinguimos el modernismo de la simple aceptación y apología del modo de vida “proyectual” que distingue a la modernidad y del apoyo a la funcionalización del mundo por la racionalidad instrumental, y el “progreso” científico-técnico.