Misericordia; Benito Pérez Galdós

Narrativa española del siglo XIX. Novela realista. Burguesía. Personajes. Narración

  • Enviado por: Chelo Capdevila
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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Misericordia (Benito Pérez Galdos)

CAPÍTULOS 1 y 2

En este primer capítulo de la obra, Benito Pérez Galdós, autor de tan famosisima novela, empieza por describirnos la Iglesia de San Sebastián. Nos dice que tiene dos caras, una situada hacia los barrios bajos, y la otra situada en el señorío mercantil de la Plaza del Angel. La Iglesia, tiene a su alrededor patios cercados con verjas, adornadas a su vez con lindos arbustos.

Cuenta Galdós que por la puerta del norte entra todo el señorío, mientras que la del sur es más menospreciada. En la puerta del norte, es donde se ponen para pedir caridad un grupo de mendigos. Allí estaba concretamente Pulido.

Llego esa misma mañana D. Carlos, señor que acostumbraba a darles limosnas todos los días, y dio una perra grande a cada mendigo. Después, siguiendo siempre el mismo itinerario, D. Carlos se dirigió a la capilla de Nuestra Señora de la Blanca, luego permanecía un buen rato en abstracción de mística para más tarde recorrer todas las capillas y retablos. Después de esto oía dos misas y luego pasaba un rato en la sacristía. Para finalizar salía por la puerta que da a la calle Atocha.

Mientras D. Carlos estaba dentro de la Iglesia, tres mendigas hablaban sobre él. Estas tres mendigas eran Casiana, Crescencia y Flora. Casiana era alta, huesuda y flaca, tenia la cara muy larga y la nariz de gancho, sus labios eran muy delgados y siempre se vestía con pingajos. Pérez Galdós la compara con un caballo viejo, era la más antigua de las mendigas.

Flora, también llamada “ La Burlada”, era una viejecilla pequeña y vivaracha, muy parlanchina. Sus ojuelos eran sagaces y su nariz se reducía a una bolita roja era la más nueva, Galdós la compara con un gato que ha perdido el pelo después de una riña.

Por último Crescencia ( de la que aquí Galdós no nos dice gran cosa ) era ciega y pequeñita y llevaba las uñas largas.

Cuando salían los feligreses de la Iglesia, hubo una pequeña discusión entre los mendigos, al ver que el ciego Almudena y la Casiana recibían más limosna que nadie.

CAPITULOS 3 Y 4

En este tercer capítulo de la novela, el autor nos presenta a otro grupo de mendigos situados también en la puerta de la Iglesia. Eran un ciego, una mujer con dos niñas pequeñas, una vieja y Eliseo Martínez que era cojo y manco.

La vieja se llamaba Benigna pero todos la llamaban Benina. Era muy vieja y no mendigaba siempre, era “temporera”. Callada y humilde, con expresión dulce en la cara, bien criada y modosa. Conservaba más de la mitad de la dentadura y tenía los ojos grandes y oscuros. Sus dedos eran ya muy rugosos.

Cuando la Casiana fue a la sacristía, los mendigos comentaban que ella tenia dinero y aun así pedía limosna.

Después de esta conversación llego D. Carlos preguntando por la Sra. Benina y le dijo que quería que al día siguiente fuera a su casa. Cliseo se presto a acompañarla.

Al día siguiente Benina se fue acompañada de Almudena que era muy feo. Tenia una barba negra, la boca muy grande, sus ojos eran como llagas ya secas y insensibles y tenia las piernas torcidas. Su ropa , aunque estaba sucia no tenia ninguna rotura. Calzaba zapatos negros y llevaba sombrero.

Benina le dijo que necesitaba dinero.

CAPÍTULOS 5 Y 6

La señora Benina y Almudena fueron a casa de este para conseguir dinero y de hecho, lo consiguen quitándoselo a la compañera de piso de Almudena.

Ya con casi todo el dinero en sus manos, Benina va a casa de Paca y esta comienza a preguntarle sobre las comidas que han hecho durante el día, a lo cual Benina responde con una gran facilidad de mentira.

CAPÍTULOS 7, 8 Y 9

En este capitulo, Galdós nos dice que Dña. Paca nació en Ronda, y que la casaron muy joven con D. Antonio María de Zapata que le doblaba la edad y era intendente de ejercito.

Dña. Paquita era derrochadora, ella manejaba el dinero en casa. De ahí la crisis que más tarde, después de la muerte de su marido, sufrió.

Benina trabajaba para ella, pero como le robaba fue despedida pero volvió a su servicio tres meses después. Volvió a ser despedida pero por amor a los hijos de Dña. Paca, volvió.

En el octavo capítulo nos dice el autor que los hijos de Dña. Paca (Obdulia y Antoñito) eran muy malos. El hijo robaba en casa y la hija llegó a escaparse de casa con su novio, casándose a escondidas por que los padres de ambos se oponían al matrimonio.

Para tratar de salir de la crisis en la que se encontraban, Benina se puso a mendigar, pero le dijo a Dña. Paca que trabajaba de asistenta en casa de un tal D. Romualdo. A todo esto, sus hijos ya estaban casados. A Obdulia le iba mal, era pobre. Antoñito también era pobre, pero se había vuelto un chico formal.

CAPITULOS 10 Y 11

Hablando Dña. Paca con Benina, salió como tema de conversación Frasquito Ponte. Dña. Paca dice que es un hombre viejo pero muy elegante, nacido en Algeciras. Buena persona y caballero de principios.

Siguieron hablando y Benina le cuenta a Dña. Paca su encuentro con D. Carlos, que era cuñado de Dña. Paca. Benina le dice que D. Carlos le ha dicho que vaya a su casa cosa que a Dña. Paca no le parece bien, entonces recuerda lo que pasó con la mujer de D. Carlos y con él mismo. Dice que estaban al acecho de que se arruinase para poder comprar las cosas suyas como si fueran gangas. También hablan sobre lo gorrón que era D. Carlos que siempre iba a casa a la hora del café. A todo esto Dña. Paca le pregunta a Benina que para que la ha mandado llamar cosa que Benina no puede contestar porque no lo sabe.

Benina va puntual a casa de D. Carlos, el que la recibe en su despacho. D. Carlos y Benina hablan de lo mal que Dña. Paca administraba el dinero, por eso ahora está en la ruina. Benina le da la razón y D. Carlos saca un libro de cuentas en blanco para que se lo de a su señora.

  • Carlos le dice a Benina que le va a dar doce duros y a Benina se le hace el mundo de día pensando en la cosas que iba a comprar. Pero luego D. Carlos le dice que solo le dará dos duros al mes, que cada día 24 tendrá que ir a recogerlos.

  • CAPITULO 12

    Benina va pensando por la calle que D. Carlos les hubiera podido dar más dinero, pero luego que otros muchos son peores que él. Mientras tanto va pensando que hacer con los dos duros, que si una parte es para Almudena, que si le tiene que dar una parte a la niña (Obdulia), que si tendrá que mentirle a su ama cuando llegue a casa.

    En eso se encuentra con Almudena, al que le devuelve el duro que le había prestado. Almudena quiere convidar a Benina a lo que ella acepta. Almudena le dice que todos los duros de D. Carlos podrían ser de ella si quisiera. Benina se queda extrañada. Este le cuenta a Benina su secreto que está relacionado con su religión el que dice ser Eibrio.

    Al principio la mujer no sabe si confiar en lo que este le dice pero luego acepta. Almudena le dice que tiene que comprar unas cosas que son: candil de barro, una olla de barro con siete agujeros, y todo sin hablar, por que si habla no vale, también tiene que comprar un palo de carrash (laurel) y reunidas estas cosas le cuenta lo que tiene que hacer. Cuando acabe de hacer todo lo que le ha dicho tiene que pedirle al Rey de debajo de tierra lo que quiera y él se lo dará. Pero tiene que decir una oración, a lo que Benina se niega que nunca se la podrá aprender. Almudena poco a poco va convenciendo a la mujer diciéndole que si los ricos tienen tanto, porque no quitarles un poco para los pobres.

    CAPITULO 13

    Estando en el café Benina y Almudena entran la Pedra, compañera de piso de Almudena, acompañada por la Diega y se van directamente a la barra a pedir dos tintas.

    Mientras tanto nos cuentan el pasado de la Pedra, como se quedó huérfana y como se encontró con Almudena, el que le dijo que se fuera a vivir con él y que pagarían a medias el alquiler de la casa.

    Nos hacen una descripción de la Pedra donde nos cuentan hasta el mínimo detalle, luego de la Diega y por último como se quedó ciego Almudena.

    Luego este mismo cuenta su pasado y como abandonó su hogar con unos doscientos duros o doscientos mil. Compró dos borricos y se puso a portear mercaderías.

    También dice que el Todopoderoso de su religión ni le había dado dinero ni mujeres y las pocas que le había dado era para robarle.

    CAPITULO 14

    Le preguntan a Almudena si él veía algo y él responde que en el mundo de acá distinguía masas de oscuridad en medio de la luz. Pero que en el mundo de los misterios lo veía todo. Y empieza a contar una historia de un rey llamado Sandia que se le apareció pudiéndolo ver perfectamente.

    Mientras Almudena contaba todas las riquezas que había visto las tres mujeres lo escuchaban embobadas. Primero no se lo creían pero luego si. El final de la historia dijo a Mordejai (Almudena) que escogiera entre dinero y mujeres que las dos cosas no se las podía dar. Mordejai escogió a la mujer y el Rey le mostró una diciéndole que la cazara. El Rey desapareció dejando un fuerte olor a incienso. Mordejai estuvo tres meses enfermo y al final se recuperó, para poder ir a la mujer que le pertenecía. Entonces le preguntaron si era Benina y ella se queda muy extrañada. Benina se marcha ya que tiene un poco de prisa, pero aun le da tiempo de escuchar que la Diega y la Pedra tienen un negocio entre manos cosa que a Benina le agrada bastante porque ella en el fondo también se siente negocianta.

    La Pedra coge el libro de cuentas y lo hojea rápidamente luego Benina dice que se lo vende si se lo pagan bien, que se lo deja por dos reales, por fin quedó cerrado el trato con 40 ctms. Con lápiz y todo. Benina sale del café orgullosa por la venta, diciendo que aún había sacado provecho del inútil regalo del monicaco de Trujillo.

    CAPITULO 15

    Después de salir de café Benina se paró a pensar que tenían que pasar por casa de Obdulia, que vivía cerca de allí.

    Bajo de la casa de Obdulia había un establecimiento de burras de leche. Benina se paró un rato allí y estuvo conversando con el ciego Pulido y con el burrero, los que le dos malas noticias, una, sube el precio del pan, otra, ha bajado mucho la bolsa.

    Con estas malas impresiones Benina sube las escaleras descansada pero triste. En el primer piso vive la señora Obdulia, la que abre la puerta a Benina. Iba vestida con una bata de color rosa, de corte elegante.

    Benina pregunta a Obdulia por su marido, la que le contesta que aún no había venido.

    Las dos siguen un rato conversando y en eso que entra en el gabinete el señor Ponte, el que despide a Benina con afectuosos cumplidos para deshacerse de ella.

    Mientras Ponte y Obdulia conversan, Nina entra en la sala y pregunta a la señora si queda combustible (carbón), Obdulia le dice que no lo sabe, que lo mire y que si no hay que traiga.

    Nina va a la cocina y viendo que si que hay se pone ha hacer sus pucheros. Mientras tanto Frasquito Ponte y Obdulia siguen conversando cosas gratas.

    Hacen una descripción de Ponte, dicen que no se sabia su edad porque se había quemado el archivo de la Iglesia donde lo bautizaron. Su cabello se conservaba negro y abundante. Su rostro era de los que llaman aniñados por la expresión de confianza e ingenuidad que se veía en su nariz chica. Miraba siempre con ternura, llevaba zapatos muy viejos que desvirtuaban la estructura perfecta y las lindas proporciones de sus piececitos.

    CAPÍTULO 16

    Nadie con D. Ponte Delgado sabia cuidar mejor de la ropa para que no envejeciera. Sus trajes tapaban su aspecto interior que no era tan favorable como el exterior. D. Frasquito era inofensivo pero al mismo tiempo un inútil. Estaba soltero porque no había encontrado un matrimonio de conveniencia adecuado.

    D. Frasquito había heredado una pequeña fortuna pero en el año 58 empezó a decaer su hacienda, hasta que en el año 68 se vino a la miseria porque no había sabido ahorrar. Al principio pudo sobrevivir con la compasión de sus amigos pero llegó a pasar hambre. D. Frasquito fue capaz de disfrazarse para que ningún madrileño le conociera en la misa.

    Tuvo algunos empleos sin importancia, hasta que en el año 80 perdió su casa y su empleo. Tenia que vivir en los dormitorios de la señora Bernarda, una especie de pensión por menos de una peseta al día. Finalmente encontró un pequeño empleo vendiendo jabón.

    CAPITULO 17

    Ponte prefería gastar su dinero en ropa y cosméticos que en comida. Frasquito pasaba los días en casa de Obdulia, donde la joven le invitaba a almorzar; este se avergonzaba de que su mentalidad se hubiera quedado antigua cuando tertuliaba con Obdulia. Ponte le contaba sus viejas tertulias y tardes en el Teatro del Real. La joven se deleitaba escuchando las historias del viejo aristócrata. Este le contaba las cosas sobre sus viajes a París donde visitó los lugares más exquisitos de la capital francesa. Obdulia envidiaba sus viajes ya que a ella le gustaba mucho viajar. Mientras tertuliaban Benina los llamó para que fueran a almorzar. Frasquito, al sentarse en la mesa, tuvo que disimular el hambre que tenia y comió con moderación.

    CAPITULO 18

    Después de devorar el almuerzo que Benina había preparado D. Francisco Ponte siguió contando a la ilusionada Obdulia los viejos veranos en Madrid. Obdulia se lamentaba de no poder poseer todo lo que le contaba Ponte, las cosas, los jardines, las estufas, las tertulias en los cafés…. D. Frasquito la consuela diciéndole que algún día conseguirá todos estos deseos. La joven después de meditarlo piensa que lo primero que debería hacer seria repartir limosna entre todos los mendigos de Madrid. El viejo aristócrata halaga a la joven diciéndole lo bella que es y diciéndole que se parece a Dña. Eugenia de Guzmán, la compara con todas las mujeres bellas y de buen linaje que conoce. Obdulia y D. Frasquito tienen muy buenas relaciones; cuando llega la hora en que Ponte se ha de ir a trabajar, Obdulia se siente sola hasta la jornada siguiente. Benina y D. Frasquito se marchan de la casa hablando los dos.

    CAPITULO 19

    Al salir de la casa, Benina le comenta a Ponte el estado de miseria en que se encuentran ambos, Benina le ofrece una peseta que le había sobrado ese día. Frasquito se resiste a cogerla porque piensa que es una humillación, pero la necesita para pagar la pensión. Finalmente Benina se la puso en la mano y se marchó corriendo. Después de haber hecho las compras marchó a casa de Paca y como ya era un poco tarde la señora empezó a gritarle diciendo que se había retrasado, Benina no tuvo más remedio que darle la razón sin contradecirla. Dña. Paca culpó a Benina diciéndole que no había estado en casa de Obdulia sino emborrachándose. Benina, que había ido a hablar con D. Carlos es interrogada por su ama a ver de que habían hablado y si D. Carlos le había dado dinero para ella, pero como no le dio nada, Dña. Paca enfureció culpando a Benina de haberse quedado el dinero y habérselo dado a Frasquito Ponte. Se sentaron juntas a comer y hablaron sobre que modo podrían pasar de la pobreza a la riqueza de la noche a la mañana. Benina pensó en el conjuro que le había enseñado Almudena para conseguir dinero.

    CAPITULO 20

    Al acostarse junto a Dña. Paca Benina pensó que al día siguiente haría en conjuro que le enseñó en ciego. Se levantó pronto y salió de casa hacia la calle Imperial. Como no tenia dinero se acercó a San Sebastián a mendigar y como ese día había una boda y un funeral Benina sacó 22ctms.

    Benina y Almudena se quedaron hablando y esta le comentó al ciego que mañana sábado harían el conjuro. Al volver a casa Benina encontró a Dña. Paca llorando porque había discutido con un tendero que había ido a cobrar las deudas. Dña. Paca preguntó a la vieja si D. Romualdo les podría ayudar económicamente; Benina no contestó pero al poco rato dijo que iría a ver si D. Romualdo le podía prestar algún dinero. Benina salió de casa en dirección a la pensión de su amiga Bernarda.

    CAPITULO 21

    Benina fue a su posada donde estaban Prieto y la encargada, preguntó por Frasquito pero le dijeron que no había dormido allí porque debía siete noches, quizá había sido recogido en la casa del Comadreja

    Cuando entró Benina en la taberna vio a Luquitas, el hijo de Dña. Paca, que le ofreció un vaso de vino, que lo rechazó mientras le preguntaba por Frasquito, Pitusa la acompañó donde estaba este. Se encontraba con dos mujeres que lo estaban reanimando, pues había caído y le había dado un ataque, quedándose al suelo sin poder moverse. Benina dijo que se lo llevaría a su casa, le pidió dinero a Pitusa que no tuvo más que darle que unas joyas para que las empañara.

    CAPITULO 22

    Benina quería llevarse al enfermo a su casa pero el Comadreja prefería llevárselo al hospital, en medio de esta discusión se levanto D. Frasquito recuperando el conocimiento, cuando vio a Benina a su lado le besó las manos. Esta le preguntó a Frasquito que porque no había pagado la posada de Bernarda y este le contestó que se había gastado el dinero en una fotografía; era la de la Emperatriz Eugenia y quería dársela a Obdulia para demostrarle su semejanza con ella. Cuando Benina salió de la taberna se tropezó con Petra y Carto Ekilo que le ayudaron a subir a Frasquito al coche. La señora de su casa, se llevó un susto al ver que su Nina le traía a tal hombre a casa, lo bueno fue que lo entendió como una obra de caridad y dejó que se quedara. Lo acomodaron en el salón y a Benina sobre la estera. Frasquito le dio las gracias a Dña. Paca. Más tarde la criada fue a comprar y al volver se acostó con su ama, la cual le contó en sueño que había tenido mientras ella no estaba

    CAPITULO 23

    Don Frasquito iba mejorando y Dña. Paca estaba muy contenta, mandó a Benina a hacer la compra y le dijo que tendría que comprarle algo para D. Romualdo, esta se negó antes les tendría que tocar la lotería. Cuando la criada marchó, hombre y mujer se quedaron hablando, mientras Benina iba pensando que Pulido seria el único que le podría vender un billete de lotería. Fue a buscarlo y le compró un numero. Como encontró a Pulido cerca de la casa de Obdulia, decidió ir a visitarla para decirle lo de Frasquito, esta, que se estaba preparando para salir quiso ir a verlo, pero Benina le aconsejó de que no lo hiciera. Salieron las dos de casa, una hacia un lado y la otra hacia otro. Por casualidad Benina se tropezó con Petra y Diega, las que le dijeron que Almudena quería verla, le dijeron donde estaba y esta se encaminó hacia él. Cuando ya estuvieron juntos Almudena se enfadó porque Benina cuidó de D. Frasquito y no de él, porque él la quería, tan grande fue su enfado que la persiguió a garrotazos.

    CAPITULO 24

    El ciego con dicha persecución cayó al suelo y empezó a llorar como un niño y después se incorporó y llamó a su amiga. El ciego le pidió perdón y le contó a Benina lo mucho que la quería y como llegó a enamorarse de ella por medio de una leyenda marroquí del Rey Sandia, Almudena quería que Benina le demostrara su amor dejándolo todo y marchándose a vivir con él a Jerusalén. Benina trató de decirle que no le quería porque ella era veja y que no podía dejar a su señora, además no pudo evitar reírse mientras el se lo decía. Así que no se dejó seducir y como persona vio los inconvenientes y lo mejor era dejarlo. Lo dejaron estar, entonces el moro le dijo que para que se cumpliera el conjuro que le enseñó el otro día tenia que ser hombre. Benina se enfadó con él.

    CAPITULO 25

    El moro no desistía en ganar la voluntad de Benina y coincidiendo que los medios para enriquecerse eran los más eficaces se arrancó otra historia de su imaginación de la cual Benina no perdió detalle. Tenia que abrir un hoyo en la tierra y estarse dentro de él 40 días, en paños menores, y meditar. Benina preguntó se en aquel agujero podrían caber los dos, el moro le contestó que sí. Después de pasar lo 40 días tenia que escribir un papelito con palabras mágicas, lanzarlo al aire y esperar rezando a que cayese, allí donde cayera, habría un tesoro. Benina después de oír esa increíble historia decidió marcharse, pero Almudena con fervor y furia se lanzó sobre ella y no la dejó marcharse. Benina le pidió que la soltara, cuando el moro se calmó un poco siguieron caminando juntos, pero en un despiste del moro, echó a correr y lo dejó solo. Al llegar a casa se encontró con grandes cambios, causados por Frasquito Ponte. Dña. Paca, muy contenta de su nuevo huésped, pidió que Benina hiciera para él la mejor cena, pero Benina enfadada hizo sopas de ajo. Después de cenar se acostaron a dormir.

    CAPITULO 26

    Mientras las dos mujeres discutían Paca afirmaba que ella era muy generosa, pues dejaba que los pobres le robaran. Decía que lo único que Dios no perdona era la hipocresía y que ella siempre llevaba el alma en el rostro. Dña. Paca después le dice a Benina que la conciencia no la dejara dormir porque es de las que saben disimular sus maldades y después le dice que no le dirá Frasquito nada para desprestigiarla, pues este la llama ángel, Benina ataca diciéndole no por llamarla ángel eso signifique nada. Total, la pelea no acabo muy bien. A media noche Dña. Paca se encontraba mala y tuvo que llamar a Benina que le hizo una taza de tila para tranquilizarla y la acomodó como a un niño. A la mañana siguiente, volvieron a hablar de lo que habían soñado: Benina había soñado con un toro negro, y eso significa que descubrirá un tesoro escondido. Entonces se acordó de el conjuro de Almudena. La señora le dijo que las paredes de arriba y abajo hacen un poco de ruido cuando pisa fuerte, así pues envió a Benina a que hiciera una prueba y oyeron un retintín metálico.

    CAPITULO 27

    Al día siguiente iba Benina con la cesta bojo el brazo pensando en las historias del pobre Almudena. Mas lejos de la Puerta de Toledo encontró a Burlada y esta le dijo que se había trasladado de domicilio, Benina le preguntó por Almudena y esta le contestó que le había visto junto a la fuente, pero que no sabia donde vivía. Burlada le comentó a Benina que “al punto” le darían de comer. Se fue a unas viviendas de gitanos y dejó a la encargada del alquiler un recado para cuando llegar Almudena. Buscó al moro entre el campo, pero como no lo encontró volvió a casa, allí la esperaba Dña. Paca con alboroto para contarle que D. Romualdo había estado allí. Lo malo es que no pudo hablar con él, porque pensándose que seria alguien que quería cobrar le dijo a la chiquilla que le dijera que no se encontraba en casa, entonces D. Romualdo dijo que había venido a buscarla para hablar de un asunto muy importante.

    CAPITULO 28

    Benina se encontró con un viejo que tenia varias niñas enfermas, esta, tuvo compasión de él y le preparó un puchero, más gente fue la que se acercó a comer y por suerte para Benina alguien le dijo donde estaba Almudena. No se lo pensó dos veces y fue a llevarle comida, cuando lo vio y se le acercó, el pobre moro no quería comer, sola tocar la guitarra. Al final, Benina lo convenció diciendo que si comía, tal vez, se casaría con él.

    CAPITULO 29

    Benina regresó a su casa i Frasquito había mejorado bastante poniéndose muy contento por la visita de Obdulia. Volvió a salir en busca del morito al día siguiente, todos los pobres se echaron encima suya para pedirle limosna, pues la habían confundido con una señora rica, la pobre mujer no tuvo más remedio que darles algo, más tarde se encontró con una mujer llamada Basilisa amiga de Burlada, estas mujer se llevo a Benina a su casa para que viera la situación de miseria en que vivía, así que Benina le dio una peseta. Después se dirigió hacia donde estaba el moro, le dio de comer, pero bajo del vertedero donde se encontraban había una multitud de gitanos, maleantes y demás que empezaron a tirarles piedras. Tuvieron que huir de aquel lugar.

    CAPITULO 30

    Almudena fue alcanzado por una piedra en la cabeza que le produjo una herida grave. Cuando por fin lograron huir de la lluvia de piedras un guarda los protegió llevándolos a su casa, allí curaron al ciego, el cual quedó bajo su protección hasta que el moro se recuperara. Después de dejar allí al moro, Benina se fue a hacer la compra y después llegó a su casa donde Frasquito estaba muy bien y entonces le dijo a Dña. Paca que ya estaba en condiciones para irse. En ese momento apareció la criada de Obdulia la cual dio la noticia de que estaba muy malita, así que envió a Benina hacia allí. Esta, para sacar dinero para poder mantener a Frasquito y al moro tuvo que ponerse a pedir limosna porque ella pagaba a los señores el cuidado de Almudena. Al volver un día a su casa se encontró con que Dña. Paca acompañada de Frasquito, había salido a visitar a Obdulia y además le dijo la portera que había venido a buscar a su señora un tal D. Romualdo, no se lo podía creer, lo había inventado ella misma ¿Como podía ser real?

    CAPITULO 31

    Cuando el ciego moro se recuperó de su herida, se puso otra vez a pedir, pues las necesidades aumentaban, así pues decidieron mudarse a San Andrés. Una mañana Benina vio que el curita joven morito salía del Rectoral con otro sacerdote, hablando de ella, luego el morito se le acercó y le aconsejó que entrara en Misericordia, pues era muy mayor para andar pidiendo, Benina estaba muy confusa, pues él le hablaba del otro sacerdote, tal como Benina se lo había imaginado, le entraron ganas de correr tras él y hablar, lo es que no lo encontró. Muy triste volvió a casa, pero no dejaba de pensar que el sacerdote que ella había inventado existía de verdad. Así pasaron los días, y mendigando no conseguía nada, cuando ya nada podía ir peor, un guardia la arrestó por pedir y la llevó a un recogimiento de mendigos pese a sus resistencias, sus lloros y sus súplicas. Por el camino fue pensando en la pobre de Dña. Paca, seguro que sufriría al ver que su Nina no regresaba, a lo mejor igual la despedía, pero a Benina acabó por no importarle, cuando llegó al sitio y vio a todos los que allí se alojaban, dejó de preocuparse.

    CAPITULO 32

    Aquella noche, Dña. Paca y D. Frasquito, no pudieron dormir, apenas cenaron, y luego pasaron la noche escuchando ruidos a ver si volvía Benina, pero no volvió, a la mañana siguiente, más tranquilos, se durmieron en un sillón, y la hora de comer, los vecinos les trajeron restos. Mas tarde llamaron al timbre, al principio se alegraron por si era Benina, pero al ver a D. Romualdo se asustaron pensando que iba a decirles que Benina había muerto, para su suerte, no fue así, al principio Dña. Paca no podía quitarse de la cabeza a su Nina, pero al decirle que iba a recibir una herencia se le fue inmediatamente, no hacia mas que dar gracias a Dios. D. Romualdo le dijo que no se preocupara por Benina, que ya aparecería. Dña. Paca, se puso tan contenta y emocionada que necesitó un vaso de agua de la emoción que le causó.

    CAPITULO 33

    Fue don Frasquito quien se lo dio, entonces, D. Romualdo se acordó de que un pariente de este también había muerto, nada más y nada menos que una pensión vitalicia les había dejado. Dña. Paca y D. Frasquito no podían estar más felices y radiantes, pero al pensar en su Nina se volvieron a poner tristes. El cura, que negó haber dado limosna a Benina, les dijo que la vio pidiendo, a ella y a un moro, el estado de frustración de Paca, iba aumentando, ¿Su Nina pidiendo?, no lo podía creer, y menos con un moro, al final no le importó. “Que se traiga al moro a casa con nosotros” pensó, la cuestión era recuperarla a ella. Mil besos y gracias le dieron a D. Romualdo por haberles traído tan buenas noticias, pero cuando se fue, su estado de confusión volvió a surgir ¿Y si lo habían soñado? ¿Y si D. Romualdo no apareciera mañana con los papeles de la herencia? D. Frasquito se desmayó.

    CAPITULO 34

    Gracias a Paca y las chiquillas se repuso pronto. La noche la pasó bien y la mañana siguiente se lo pasó mejor, D. Romualdo le trajo la herencia y ellos no cabian dentro de sus cuerpos de lo alegres que estaban. Dña. Paca pensaba en su Nina y se prometió a si misma no disfrutar del dinero hasta no poder disfrutarlo con ella, así que mando a comprar a una chiquilla. D. Frasquito, muy alegre, salió a dar una vuelta para que le diera el aire, y aunque prometió no malgastar el dinero, lo hizo. Al pasar por una especie de droguería hizo una buena compra y ordenó que la llevaran a casa de Paca. Luego, pagó sus deudas y fue a comer donde iba siempre, fue un poco avergonzado por su aspecto y porque debía dinero, pero se disculpó echando las culpas a su enfermedad y se sentó a comer en un rincón apartado. Pidió ración doble y se quedó mirando a la gente que había mientras le servias, sobretodo a un tipo muy elegante que le miraba descaradamente.

    CAPITULO 35

    Decidido Frasquito a llamar la atención de ese señor, fue él el que se le acercó y se sentó a su lado, había oído hablar de lo de la herencia y quería asegurarse. A Frasquito no le pareció mal que se sentara a su lado, incluso le pidió ayuda para saber donde habían casas de huéspedes baratas. Ese hombre se le puso a hablar de escudos heráldicos, ahora que eran ricos se lo merecían, pero no, Frasquito no le aseguró nada. Poco a poco se fue sentando más gente a su mesa, no todos le caían bien a Don Frasco, incluso a uno estuvo a punto de sacudirle, pero las cosas se serenaron cuando Nina apareció en su conversación. Un señor, afirmó que la había visto y que sabia donde estaba, así pues se lo dijo a Don Frasquito, un poco desilusionado por saber que iba con un moro pidiendo y que ahora estaba en el Pardo, se preocupó por sacarla de allí, cuando acabó de comer salieron y acordaron no decir nada a Dña. Paca, y hacer todo lo posible por sacarla de allí.

    CAPITULO 36

    A Dña. Francisca no le habían dicho nada de que su Nina estaba encerrada, y ella seguía muy apenada por que no la encontraba, sus hijas y nueras la visitaban muy a menudo, porque por eso de la herencia, todos querían aprovecharse. Su hija Obdulia no hacia más que redecorar la casa con plantas y cuadros, y a su madre le parecía bien que se pasara el día regándolas. Su nuera, Juliana, fue a hacerle una visita, y como tiene un carácter muy fuerte, estuvo toda la tarde hablando con Dña. Francisca, “comiéndole la bola” de como tenia que administrar el dinero. Después de conseguir su propósito, se llevó las sobras de la cena de a noche, a Frasquito y a Obdulia no les parecía bien que se dejara llevar con sus egoístas ideas. Pero no hicieron nada por impedirlo. Juliana había convencido a Dña. Paca para que contratara a un criada, ella misma se la había buscado, era su prima Hilaria.

    CAPITULO 37

    Como Obdulia no quería ser menos que Juliana, convenció a su madre para que contratara a una criada, y la pobre Paca así lo hizo. Se llamaba Daniela y era muy eficaz, Hilaria llegó esa misma noche, con una orden de Juliana para que obedeciera Dña. Paca, esta obedeció, la pobre, estaba tan mareada que ni se acordaba de su Nina. En manos de las dos criadas Obdulia y Francisca se sentían muy a gusto y pensaban que como no las echaron de menos antes que no las tenían. Juliana, que no le pareció bien que entrara la criada se calló y empezó a buscar un buen piso donde pudieran vivir las cuatro, porque Don Frasquito ya se había trasladado; de todas formas, iba muy a menudo a visitarlas, un día, tal como les dijo, pasó a caballo. Luego se reunió con sus amigos, con tan mala suerte que cayó, pero no se hizo mucho daño. A Benina y a Almudena, los habían dejado salir ya, Benina tenia miedo por si Dña. Paca la recibía mal, pero en el fondo sabía que no seria así. Supo lo de D. Romualdo, y también supo que eran ricos.

    CAPITULO 38

    Cuando Nina entró en su excasa creyó estar soñando, también penso que se había equivocado, pues veía mil y una maravillas, supo que no se equivocó cuando vio a Juliana, con tan mal carácter como siempre, esta le dijo que no entrara, que estaba muy sucia y que Dña. Paca no quería verla, pero cuando vio a Obdulia le dijo que entrara sin pensárselo, de todas formas se quedó en la puerta del comedor. Permaneció hablando con su ama una rato, Benina intentaba convencerla de que estaba con el moro por caridad, y que debería hospedarlos en su casa. Paca le dijo que ni siquiera podía hospedarla a ella, que volviera otro día cuando ya se hubieran mudado, pero sin el moro claro. Benina no pensaba abandonarlo así pues se fue de la casa muy decepcionada y triste, cuando salió a la calle se puso a llorar, el pobre Almudena trataba de consolarla pero no lo logró.

    CAPITULO 29

    Al final se tranquilizó y se secó las lagrimas, se dio cuenta de que tenia hambre y con el duro que le dio Juliana los dos se fueron a comer a una fonda. Más tarde alquilaron una habitación para una noche, pero no durmieron muy bien, Almudena no dejaba de rascarse y a la pobre Nina no la dejó dormir. A la mañana siguiente lo sacó a la calle a ver si del aire fresco se le pasaba, dieron una vuelta y fueron a casa de Juliana a por la ropa de Benina, por el camino el moro insistía en que se casaran y fueran a vivir a Jerusalén. Al llegar, Juliana quiso ver el aspecto del moro y al enterarse de que tenia picores le comunicó en seguida que eso era la lepra, se compadeció de Benina, pues seguramente se contagiaría. Ahora ya se podía despedir de Dña. Francisca, no la vería ni por casualidad, lo único, que Juliana le dijo que le darían los restos de comida, como no, a larga distancia de la criada. Hablando ellas llegó Antonio y les comunico la caída de D. Frasquito también les dijo que últimamente iba loco diciendo cosas sin sentido.

    CAPITULO 40

    Benina estaba muy triste, pero se sentía bien interiormente, sabia lo injustas que habían sido con ella, pero siguió a delante con la moral muy alta, volvió a alquilar otra habitación y se duchó y se cambió, se sintió muy bien, y se fue a llevar a Almudena a que lo sanaran; entonces, por casualidad vio como se mudaban su señora y criadas, no pudo evitar ponerse a llorar otra vez, quería mucho a Dña. Paca y no era justo lo que le había hecho, la vio muy desfavorecida y coja, con muy mal aspecto, y eso la afligió más, se acordó de lo alegre que estaba cuando ella la cuidaba. Dña. Paca llegó a tenerla miedo a Juliana, más que miedo admiración y respeto, por eso se dejaba dominar tan fácilmente, de todas formas, a veces si que lograba sacarle algo, por ejemplo el darle dos reales diarios a Nina, además de las sobras de la comida. En eso llegó D. Frasquito, delirando como siempre, no quisieron abrirle la puerta pero Hilaria que venia de comprar la abrió y entonces Frasquito aprovechó para entrar, subió por las empinadas escaleras muy enfadado porque alguien le había faltado al respeto, subió gritando verdades y dentro de la casa todavía se las dijo mejor. Alguien había corrido la voz de que él había intentado coquetear con Benina, y eso le ofendió mucho, por otra parte le grito a Dña. Paca lo ingrata que había sido con esta por eso ahora ya no podía moverse, de tanta ingratitud que llevaba dentro. Juliana lo cogió por las solapas y lo echó al portal, allí las criadas lo enviaron a la calle, pero un mal calculo de donde ponía el pie hizo que cayera por las escaleras “esta más muerto que mi abuela” exclamó Juliana.

    FINAL

    La pobre Dña. Paca ya estaba totalmente dominada por Juliana, se había vuelto a mudar para vivir todos juntos. Ultimamente Juliana, que presumía de no haber sufrido ninguna enfermedad, empezaba a tener pesadillas, delirios y desvaríos. Se pensaba que sus mellizos se le estaban muriendo, y sin pensárselo dos veces, en uno de sus arrebatos fue a buscar a Benina, tardó mucho en encontrarla y cuando la halló, vio que vivía en una casucha con Almudena. Benina, no iba a por las sobras de la comida y se estaba perdiendo el dinero. Juliana fue a llevárselo, Nina lo aceptó, y le comunicó que la estaba alimentando D. Romualdo. A la mañana siguiente volvió a aparecer, le pedía que la curase de su enfermedad, que solo tenia que decirle que sus hijos estaban buenos, Benina lo dijo, y Juliana, muy agradecida, se fue.