Misericordia; Benito Pérez Galdós

Narrativa española del siglo XIX. Novela realista. Contexto histórico. Realismo. Filosofía. Lenguaje. Estilo literario, periodístico. Estructura

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EL LENGUAJE Y

ESTILO DE GALDÓS EN “MISERICORDIA”

  • INTRODUCCIÓN HISTÓRICA

  • En Misericordia, Benito Pérez Galdós narra detalladamente la precaria situación en la que viven Benina y Doña Paca, su señora, rica burguesa arruinada tras la muerte de su marido en el Madrid de finales del siglo XIX. Esta obra (cuya publicación se produjo el año 1897) y su contenido puede enmarcarse dentro de la España de La Restauración, periodo comprendido entre en 1875 y 1902.

    El pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto (29 de diciembre de 1974) puso fin a la I República y preparó la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII, hijo de Isabel II. Cánovas del Castillo, líder del partido alfonsino, fue verdadero artífice de la Restauración pues dispuso con prontitud la vuelta del rey. El futuro monarca había hecho público previamente el Manifiesto de Sandhurst (1 de ciciembre de 1874), en el que el príncipe Alfonso se comprometía a respetar los principios liberales.

  • EL MOVIMIENTO REALISTA, FILOSOFÍA Y LENGUAJE

  • Desde un punto de vista general, en la novela realista la tendencia más predominante es el Positivismo apoyado en la convicción de que a las realidades sociales se las puede aplicar el Empirismo. Al igual que en el Naturalismo, lo científico es determinante sobre el irracionalismo científico más propio del Romanticismo. El triunfo del Positivismo contribuye a una transformación social basada en el desarrollo científico.

      Los autores realistas describen personajes, hechos y ambientes según las pautas que marca el cientifismo de la época. En este contexto el valor de la verdad se identifica con su capacidad de representar el mundo en términos que parezcan reales.

    La nueva novela adquiere un carácter popular, dirigida a los más amplios sectores de la población para crear una conciencia social a la altura de los nuevos tiempos. Esta novela llega más lejos que otras literaturas anteriores: entra en una nueva ética del mundo contemporáneo, una concepción y función dialéctica de la realidad en la que tendrá importancia determinante el Materialismo Histórico de Marx, por esto en las aportaciones de los autores se puede ver la posibilidad de una novela social. En resumen, los objetivos se reducen a la búsqueda de una verdad social que traduzca las necesidades del pueblo.

  • LENGUAJE Y ESTILO DE GALDÓS

  • Galdós es el novelista integral por excelencia. Su prosa es de un realismo que abarca amplísimas cotas, desde la minuciosa descripción de ambientes hasta el análisis psicológico de los personajes.

    Su habilidad para describir ambientes, junto con sus dotes de observador lo convierten en el “pintor literario del Madrid decimonónico”, como lo califica Luciano García Lorenzo. Galdós cuida hasta los últimos detalles la documentación sobre escenarios, costumbres, gentes, etc., según los métodos del Realismo. Calles y plazas de Madrid, barrios, interiores de casas burguesas o humildes, comercios, oficinas, etc., aparecen evocados en sus obras con significativo relieve. Dice F. C. Sáinz de Robles (en su obra “El Madrid de Galdós o Galdós, uno de los cuatro grandes no madrileños, de Madrid”): <<Ni uno solo de los barrios madrileños fue olvidado por Galdós. Diríase que tuvo particular empeño en que sus novelas los exaltaran uno a uno, destacando con mucho bulto sus “distintas fisonomías” y sus “caracteres distintos”, enfervorizando sus sentimentalismos, matizando sus expresiones autónomas, considerando con sutileza su afinidad con las personas que los habitan>>.

    Los personajes de Misericordia poseen, en su inocencia y sencillez, un agudo conocimiento del corazón humano y una gran capacidad de comprensión, que alterna con una rara lucidez. Sus caracteres se basan, en general, en una exhaustiva técnica del retrato, sobre los rasgos físicos y morales, la indumentaria, los gestos, cualquier detalle; y, sobre todo, sobre su lenguaje, poniendo en cada uno rasgos diferentes de habla según su grado de cultura o posición social.

    En este aspecto, José de Onís distingue cinco grupos entre los personajes que hablan el lenguaje popular en las novelas de Galdós.

    Un primer grupo engloba las gentes del pueblo de Madrid -presentes en Misericordia-, una lengua tradicional que incluye expresiones proverbiales, dichos populares y construcciones propias de la época. Dice Doña Paca “has tenido una mala tentación” (p. 181), por “caíste en la tentación”, o “a buenas horas mangas verdes” (p. 126), o “cuando Fernando VII gastaba paletot” (p. 281). Benina utiliza términos populares, como “trancazo” (p.123), entre otros, denominación de gripe, que hoy también se utiliza.

    Al segundo grupo pertenecen los personajes de las clases altas, menos frecuentes en la citada novela, que usan inconscientemente expresiones del lenguaje popular.

    Al tercer grupo pertenecen personas de clases educadas que en el ambiente familiar se sirven de expresiones coloquiales y populares.

    El cuarto grupo lo forma la clase más baja del pueblo: mendigos, rateros... una jerga compuesta de flamenquismos, gitanismos, barbarismos cultos, popularismos comunes y vulgarismos, muy frecuentes en Misericordia, a veces en las voces de los personajes, a veces en la del propio narrador. Algunos ejemplos son: “ministro pleniputenciano” (p. 185), por “ministro plenipotenciario”; “papelaos” (p. 80), forma vulgar de sufijo aumentativo; o “metimiento” (p. 82), influencia, confianza, pero con el doble sentido de la vulgarización de “metingos” en el sentido de “mangoneos”.

    El quinto grupo lo forman los niños, prácticamente inexistentes en la novela.

    Se podría añadir un sexto grupo, que incluiría el supuesto idioma natal de Almudena. C. Bernaldo de Quirós llama la atención sobre el origen berberisco de la lengua del Sus, donde “apenas se habla el árabe”. Denah Lida señala que “raros son los momentos en Misericordia en que el narrador se interpone para facilitarnos la tarea de comprensión explicando en buen español lo que el ciego dice”. Por tanto, Almudena mezcla español, sefardí, árabe y hebreo, una “melopea arábiga” en la que Almudena crea palabras propias, los “almudenismos”, como muquier (p. 125) por mujer; ilcienso (p. 127) por incienso; o baixo terra (p. 127) en vez de subterráneo.

      Yolanda Arencibia hace un estudio sobre la importancia del recurso del símil empleado por Galdós: estadísticamente recoge unas 62 comparaciones en Misericordia. La mayoría de las comparaciones se producen en la voz del narrador. Comparación como complemento del nombre es “eran sus manos como de lavandera” (p. 77); como complemento del adjetivo, “empezó a dar voces rojo como un pavo (p. 294); por su significación las hay más directamente modales -casi una identificación-, “de su habla y acento he de decir que sonaban como si estuvieran haciendo gárgaras” (p. 191), que también denota una realidad sensorial. La mayoría de las comparaciones son expresivas puras: “no encontraba palabras con que expresar sus ideas, y éstas zumbaban en su cabeza como las moscas cuando se estrellan contra un cristal” (p. 271); otras son depreciativas, irónico-burlonas e incluso demoledoras: “Del cuerpo no he de decir sino que difícilmente se encontrarán formas exactamente comparables a las de un palo vestido, o, si se quiere, cubiertos de trapos de fregar suelos” (p. 191).

    Tiene también notable importancia el uso de la metáfora en la novela. La mayoría de ellas hacen referencias a la geografía madrileña, como la del Sr. D. Carlos que alude al caballo de la Plaza Mayor (p. 68), la de Benina sobre el estanque del Retiro (p. 90), o la de Almudena, que se refiere la fuente de los Tritones (p. 256). Algunas de ellas adquieren matices irónicos, como las que se suceden durante una conversación en casa de la señora Paca (p. 287). El párrafo entre las pp. 63 y 64, según Luciano García Lorenzo, es una reiterada metáfora galdosiana, de tono algo oscuro y forzado, para esconder la crítica directa a las clases medias, y para declarar su irritación contra la hipocresía religiosa del clericalismo. “Los mendigos son como guardia de alcabaleros (cobradores de impuestos) [...] en la puerta de la iglesia”.

    Son muchos otros los recursos empleados por Galdós en Misericordia, como el uso de metonimias; ejemplo de ello es la de la p. 77, “uñas de cernícalo”, <<con la que caracteriza la rapacidad y la suciedad de las manos de los mendigos y también la astucia para localizar y sorprender a las presas cerniéndose sobre ellas>> (García Lorenzo). Significativo también el uso de eufemismos, como el que Galdós emplea aprovechando los hábitos lingüísticos de Almudena, “gran púa” (p. 95); o de numerosas referencias bíblicas; el uso de neologismos de origen anglosajón, como “match” (p. 292) o “sport”; o del portugués, como “ainda mais”, -además- (p. 279). El conocimiento de Galdós en la heráldica le hace emplear epítetos como sínople (verde), gules (rojo) y azur (azul) en la p. 278. También incluye tecnicismos artísticos. Otro reflejo del conocimiento popular de la lengua de Galdós es la utilización en la p. 250 de la personificación y sustantivación de la acción a través de un nombre propio, “Andana”, entre otros recursos.

    Es ocasiones, Galdós hace uso de una cierta ramplonería, para adaptar el lenguaje a las características propias de los personajes: ramplón, cuando el personaje lo es; ridículamente engolado, cuando se trata de un pedante; coloquial, tierno, etc., según lo requiera la ocasión. Cuando habla el novelista, su estilo es espontáneo, antirretórico, totalmente opuesto al recargamiento romántico. En su conjunto, la prosa de Galdós es de una gran expresividad, ágil, plagada de sus rasgos típicos, con un gran poder de sugestión.

    En determinados aspectos, la técnica y el estilo de Galdós son de una extraña modernidad en la época, como la utilización del monólogo interior, según Ricardo Gullon, la reproducción de los pensamientos de un personaje, a la vez que imita su fluir natural y en ocasiones incoherente, recurso frecuente en la novela contemporánea.

    La intención crítica completa estos rasgos del realismo galdosiano, aunque en esta ocasión no adopta la forma de tesis, sino la del exhaustivo retrato con la ironía como principal instrumento.

     Los temas que ocupa la novela realista son cotidianos, tomados de las realidades diarias del pueblo. El escritor se convierte en el dibujante de la sociedad. Antes de la creación de la novela se convertían en fundamentales la observación y la experimentación. La descripción de ambientes, calles y personajes (como es el caso de Misericordia) se torna en imprescindible, con fines didácticos.

  • ESTRUCTURA DE LA OBRA

  • Externamente, la novela está compuesta por 40 capítulos y un final. Galdós en este libro continúa en un capítulo la acción iniciada o desarrollada en el anterior para comenzar la siguiente, en ocasiones, cuando ya dicho capítulo ha avanzado considerablemente. El autor abre en muchos capítulos, al final de los mismos, la puerta que conduce a los siguientes, pero dando sólo el primer paso de un camino que quedará inmediatamente interrumpido, prácticamente, toda la obra se realiza allí.

  • EL ESTILO LITERARIO DE GALDÓS Y EL ESTILO PERIODÍSTICO

  • Galdós, aparte de su producción literaria, colaboró en diversas publicaciones periódicas en su vida: La Nación (1865), El Debate (1868), Revista de España (1871) y La Ilustración de Madrid (1872). Calificado como el más fecundo renovador de la novela española, el de más rica inventiva, el creador de mayor número de individualidades, su experiencia periodística se hizo notar claramente en sus obras. El interés, la concisión y claridad, la proximidad con el lector, la corrección lingüística, la trascendencia de los hechos, los contenidos humanos... estos indiscutibles elementos propios del género periodístico son muchas veces llevados a las novelas galdosianas. Las completas descripciones de lugares, ambientes y personajes podrían remitir a los relatos propios de revistas, periódicos y folletines de la época.

    También el lenguaje periodístico toma diferentes recursos del género literario. El periodismo de cualquier época incurre en determinadas ocasiones en una “literarización épica” al tratar información de actualidad, más frecuentemente en los textos deportivos y en los titulares. Esta tendencia, según Lázaro Carreter, es peligro latente para el lenguaje periodístico.

    Son corrientes, por tanto, el empleo masivo de sustantivos y verbos de significación bélica (“Se trata de golpear a la burguesía con el potente puño de la unidad”) o la utilización excesiva de hipérboles o epítetos. Es corriente un abuso desmedido de metáforas (“Huerto sin vallado”, título de un artículo de opinión en el que se analizan las reacciones de las fuerzas políticas tras la tregua de ETA: el titular compara la situación con un huerto sin vallas por el que se puede entrar pisoteándolo todo); uso de personificaciones, metonimias -deportivas-, paradojas e ironías. El uso poético del lenguaje potencia el contenido, es capaz de sugerir al lector información no explícita y captar poderosamente la atención de lector, pero no debe caer en la exageración y el recargamiento cubriendo la objetividad prioritaria de la información.

  • LA VISIÓN DEL LECTOR DE MADRID EN MISERICORDIA

  • El lector de cualquier época asiste, de la mano de Nina, Almudena y sus compañeros, a un recorrido con todo detalle del Madrid de finales del siglo XIX con una claridad comparable a la de un documento cinematográfico o fotográfico, un Madrid al que Galdós llegó en 1862. Un Madrid que, calificado por L. García Lorenzo, “don Benito vio crecer, elegante y burgués al norte y al oeste y miserable al sur; un Madrid frívolo y al mismo tiempo dramático, brillante y también miserable; un Madrid protagonista de la decimonónica España y héroe y anti héroe, simultáneamente, del mundo novelesco galdosiano” (p. 17).

    Una parte importante de Madrid está en Misericordia: Galdós recorre lugares que están en el casco antiguo de la ciudad, en torno a la plaza Mayor, que simboliza mucho la parte de Madrid antigua y tradicional, construida hace más de un siglo y junto a la Puerta del Sol. En el pasado esta zona era muy frecuentada por los pobres y por gente de las clases bajas, un lugar lleno de comedores públicos y albergues para los mendigos. En la actualidad, esto ha cambiado y esta zona se ha convertido en lugar plenamente histórico.

    Benito Pérez Galdós empieza Misericordia describiendo la parroquia de San Sebastián. Esta iglesia fue destruida en la Guerra Civil y ahora se conserva una reconstrucción diferente a la que Galdós usó para inspirarse. La localización de ésta tal como Galdós la hace está en la p. 61: “Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián... mejor será decir la iglesia... dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la plaza del Ángel.” Galdós la califica como fea pero risueña, en el fondo fea, vulgar y cochambrosa.

    Actualmente, su aspecto es el de una iglesia moderna, no demasiado ostentosa, con fachadas hechas de ladrillo y no tradicionalmente de piedra. No ha cambiado mucho desde que Galdós la describió salvo en que la calle Cañizares ya no da a los barrios bajos de Madrid, sino a barrios de clases medias. No hay vidrieras en la iglesia y los tejados están hechos de tejas.

    La calle Imperial, lugar al que se muda Doña Paca según disminuían sus ingresos, estaba considerada de peor clase que las anteriores en las que doña Paca había vivido, en la periferia madrileña.

    El aspecto que la calle presenta en la actualidad es el de una calle típica del Madrid antiguo, con la calzada estrecha, todavía con adoquines, con fachadas de edificios de ladrillo viejo, gastado; con unos balcones de hierro forjado que dan a la calle, unos cerca de los otros.

    La calle del Mediodía Grande es nombrada en el libro porque Benina le dice a doña Paca que su yerno duerme en las “casas de dormir” cuando tiene los tres reales que cuesta la cama.

    Esta calle del Mediodía Grande era muy conocida en su época por la abundancia de hosterías humildes y casas de dormir frecuentadas por los más pobres. En la actualidad, esta calle ha cambiado significativamente, sin comedores o albergues para los pobres en ella. Ahora es una calle tranquila, desconocido entre bastantes madrileños su pasado histórico.

    Benito Pérez Galdós siente un tremendo amor y afecto al Retiro. Este parque situado en pleno centro de Madrid, significa para él prácticamente el símbolo que representa Madrid. Allí, muchas personas reman con pequeñas barcas y dan de comer a los patos, resgo tiernamente costumbrista.

    Otro lugar significativo para Benito Pérez Galdós es el café de la Cruz del Rastro. Su descripción en el libro es: “El local era una taberna retocada, con ridículas elegancias entre pueblo y señorío; dorados chillones; las paredes pintorreadas de marinas y paisajes; ambiente fétido, y parroquia mixta de pobretería y vendedores del Rastro, locuaces, indolentes, algunos agarrados a los periódicos, y otros oyendo la lectura, todos muy a gusto en aquel vagar bullicioso, entre salivazos, humo de mal tabaco y olores de aguardiente.”

    La crítica que Galdós hace del café es clara. Lo critica por la decoración, por la clientela y por el ambiente que se respira. Actualmente, el café ha cambiado totalmente, pricipalmente la decoración, sin dorados llamativos ni paisajes pintados.

    La calle de San Millán comienza en la calle Duque de Alba y termina en la calle de Toledo, descrita por Galdós en torno a las otras descritas. Las fachadas de las casas están hechas de ladrillo y recubiertas de piedra. Hay muchos balcones, característica que indica la antigüedad de la calle.

    La calle Orellana, donde vivió Antoñito, el hijo de doña Paca, es una calle de estilo tradicional, reflejado, por ejemplo, en el letrero de una pastelería que en lugar de tener los actuales neones, es de madera. Los marcos de las ventanas todos tienen molduras de escayola, tradicionalmente antiguo, así como la profusión de balcones.

    Los distritos de Hospital más miserables del Madrid de entonces como Inclusa y la Latina están descritos en Misericordia. Uno de ellos Inclusa era el que batía todos los índices de mortalidad.

    Calles con nombres de hermosas o espeluznantes leyendas de personajes históricos y de onomástica religiosa: Mesón de Paredes, la Plaza del Ángel, la calle de Toledo, el puente de Segovia, la calle de la Cabeza, el Campo Nuevo, las Cambroneras, una pequeña excursión a El Pardo, siguiendo aguas arriba el Manzanares, y dejando atrás la cuesta de la Vega y la de San Vicente son algunos ejemplos.

    Los escenarios de los diálogos son los cafés y las tabernas, los figones y las miserables casas para dormir, las tiendas y los cajones comerciales de ciertas plazas, las iglesias, los oratorios, los cementerios. Dice Sáinz de Robles: “A Galdós le atrajo indiscutiblemente el encantador comercio matritense y sus no menos encantadores protagonistas. No hay obra galdosiana en la que no puedan espigarse docenas de noticias acerca de tal comercio, a veces comercio inventado, a veces comercio real, y a veces, entreverado de invención y realismo”.

    Cuando Galdós escribe Misericordia elige más lo malo que lo bueno de la clase media; la ilusión por un positivo futuro español, teniendo como protagonista a esa clase, se ha enfriado y las ideas del autor, con 54 años, ya no serán las mismas que cuando sólo contaba con la mitad. Y es que en España habían sucedido muchas cosas en ese paréntesis.

  • BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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