Milosevic

Nacionalismo Yugoslavia. Ultranacionalismo Serbia. Totalitarismo. Genocidio. Agitación popular

  • Enviado por: Lin
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  • País: México México
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Agitador populista

Milosevic supo agitar los sentimientos nacionalistas que salpicaban Yugoslavia tras la muerte de Tito, siempre partidario de

la integración, en 1980. Las protestas de Kosovo convirtieron a Milosevic en un líder populista. Con gran habilidad

consiguió convertir a los obreros en huelga que desfilaban por las calles de Belgrado en octubre de 1988 diciéndoles:

"Destruiremos la contrarrevolución en Kosovo y cambiaremos la Constitución serbia". Al poco rato, los obreros

empezaron a gritar "¡Serbia!, ¡Serbia!, ¡Serbia!" y regresaron pacíficamente a sus fábricas. Casi todas las semanas había

manifestaciones públicas, que la prensa oficial calificaba como "el despertar del pueblo".

Fue en aquella época cuando Milosevic empezó a enviar "activistas" a las provincias y demás repúblicas para provocar la

caída de los antiguos equipos dirigentes. El 23 de marzo de 1989 Milosevic hizo aprobar una nueva Constitución para

Serbia, que --violando la Carta Magna yugoslava-- privó a Kosovo de su capacidad de intervenir en los asuntos de la

Federación Yugoslava. En aquel momento Milan Kucan, actual presidente de la Eslovenia independiente, me comentó:

"Mañana nos tocará a nosotros, de manera que antes de que esto suceda nos vamos de Yugoslavia".

Las tensiones nacionalistas ya estallaban. Para conocer la ideología y mentalidad de Milosevic hay que buscar en el

memorándum del año 1986. Si los mediadores internacionales se hubieran tomado la molestia de estudiar el memorándum

con atención, las cosas hubieran ido por otros derroteros. El memorándum fue redactado por un grupo de intelectuales

influyentes y en el mismo se defendía la idea de que la creación de la Yugoslavia federada por los comunistas que ganaron

la guerra fue una conspiración del Komintern contra Serbia.

Agitación en Kosovo: Cien mil serbios ocupan el centro de Pristina en 1989.

Milosevic ya dirige el ultranacionalismo serbio y lidera el "despertar del pueblo"

El memorándum es una queja de la relegación "sistemática e intencionada" de los serbios bajo el régimen del croata Tito y

una denuncia de la discriminación bajo el lema de que "una Serbia débil significa una Yugoslavia fuerte". Esta afirmación

del memorándum se basaba en el hecho de que, en 1974, Tito había promulgado una nueva Constitución federal que daba

una gran autonomía a las provincias serbias de Vojvodina y Kosovo.

Con la tesis de que el sistema comunista se había "burocratizado", el memorándum puso en manos de Milosevic un

argumento para iniciar su campaña por el poder como una "revolución antiburocrática" y adoptó la proposición de un

"referéndum de todo el pueblo serbio" sin tener en cuenta las fronteras. La intención era clara: los serbios tenían que ser

"soberanos" no tan sólo en su propia república, sino en las demás repúblicas donde no eran mayoría.

Ascensión calculada

En 1984 Milosevic empezó de forma magistral un golpe contra Ivan Stambolic, su patrón personal y político, sucediéndole

primero como jefe del partido comunista de Belgrado y como jefe del partido de Serbia en 1987. La mayoría de los

habitantes de la antigua Yugoslavia recuerdan todavía aquellas larguísimas sesiones del octavo pleno de la Liga de los

Comunistas de Serbia en septiembre de 1987 retransmitidas --contra la práctica habitual-- por la televisión estatal, en el

curso de las cuales Milosevic consiguió eliminar al equipo anterior. Con una táctica verdaderamente estalinista y con el

control de los medios de comunicación y de la policía, dos estretegias recurrentes en su trayectoria política, echó del poder

al jefe del partido de Belgrado, Dragisa Pavlovic. Su caída significó al mismo tiempo la caída de Ivan Stambolic, amigo y

compañero de estudios. Milosevic siempre ha actuado igual. Su única máxima ha sido el poder. Es un tipo muy especial, a

quien se le conocen pocos amigos verdaderos. Pero es muy inteligente, habla bien inglés y sabe adaptarse inmediatamente

a las nuevas situaciones y a la tecnología moderna.

Slobodan Milosevic, retrato de una ambición que ha llevado la muerte a Europa

Slobodan Milosevic, de 58 años, nació el 29 de agosto de 1941 en Pozarevac, una ciudad industrial en Serbia central. Su

padre era un sacerdote ortodoxo, emigrado de Montenegro a Serbia, y su madre una maestra; ambos se suicidaron con un

intervalo de 12 años. Después de terminar sus estudios de derecho en la Universidad de Belgrado en 1964, el joven y

ambicioso Milosevic se alistó a los 22 años en las juventudes comunistas y poco a poco fue ascendiendo peldaños. En 1974

ya era director de la compañía estatal de gas y luego pasó a ser director de Beobanka, uno de los mayores bancos de

Yugoslavia. Desde Beobanka Milosevic apuntaló su poder. En las elecciones fue comprando votos sacando dinero para

pagar las empresas en quiebra en las que realizaba mítines. Beobanka también fue el banco que rompió la disciplina

monetaria emitiendo dinero de forma masiva sin autorización, hasta el punto que el jefe del gobierno federal se enteraba de

cada emisión a través de la prensa. Más tarde, en 1991, Milosevic traspasaría buena parte de las reservas federales de

dinero de Yugoslavia a Serbia, acto que indignó a Eslovenia y Croacia.

De Serbia a Yugoslavia

Ya presidente de Serbia --con un 80 % de los votos--, Milosevic es nombrado en junio de 1990 presidente del nuevo

Partido Socialista de Serbia (SPS), el antiguo partido comunista. Y ya entonces enarboló Milosevic la dialéctica de

"guerra". "Serbia se encuentra frente a nuevas batallas, no armadas, si bien no hay que excluirlas", dijo el 28 de junio de

1989. A fines de 1990 proclamó en público otra de sus frases mágicas: "todos los serbios deben estar dentro del mismo

Estado". Y en una ocasión fue más lejos: "Serbia bien vale 200.000 muertos".

Con esta retórica inicial, las tres guerras que Milosevic ha desencadenado en la ex Yugoslavia eran previsibles sino

inevitables. En di ciembre de 1992 --en plena batalla en Bosnia-- fue reelegido presidente de Serbia y ya entonces preparó

el asalto al poder yugoslavo. Al principio intentó llevar a cabo este proyecto político apoyándose en los elementos

"yugoslavistas", especialmente dentro del Ejército. Más tarde, los sustituiría por los "panserbios".

Credo sanguinario

Yugoslavia ha cambiado a remolque de Serbia. Según Milosevic, Serbia es allí donde hay serbios y los serbios no pueden

ser degradados en ninguna parte a la categoría de una simple minoría. Este credo ha costado un cuarto millón de vidas y

alrededor de dos millones y medio de refugiados. Milosevic ha utilizado todos los recursos y triquiñuelas para permanecer

en el poder. Cuando la Constitución serbia que él mismo había redactado le impidió presentarse por segunda vez a las

elecciones presidenciales de Serbia, cambió de despacho y se hizo elegir presidente de la nueva Federación de Yugoslavia,

después de haber convertido esa función, puramente representativa, en una posición de poder ilimitado.

Eslovenia libre: En 1991 Eslovenia proclama su independencia. La guerra dura días

y los tanques serbios se ven bloqueados en los puentes y son saqueados

La ambición de Milosevic va a la par de su condición de verdugo sin escrúpulos. Así, por ejemplo, no tuvo reparos en

recurrir a los tanques del Ejército para disolver en marzo de 1991 las manifestaciones de protestas en las calles de

Belgrado. Cuando no utilizió tanques disuadió la oposición, como a finales de 1996 y 1997, cuando salió reforzado de las

manifestaciones de protesta en diversas ciudades del país. El líder de aquellas manifestaciones era el ex periodista Vuk

Draskovic, al que la policía de Milosevic había apaleado y detenido años atrás. Pero Milosevic, después de haber sido

humillado por Felipe González, (que, en nombre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea, le obligó

a anular un pucherazo electoral en las elecciones municipales), logró con mucha habilidad desunir a la oposición. Vuk

Draskovic, que antes tenía pinta de un Rasputin serbio, es ahora vicepresidente del gobierno federal y se presenta con el

cuidado aspecto de consejero aúlico de la monarquía austro-húngara.

En el conflicto actual de Kosovo, lo mismo que en las guerras en Eslovenia, Croacia y Bosnia, el mensaje de Milosevic ha

sido el de siempre: el mundo se ha unido contra Serbia y Serbia tiene que resistir.

Ninguna alternativa

Durante todo este tiempo la situación económica de Yugoslavia y de Serbia, la mayor de las dos repúblicas que componen

lo que ha quedado de la antigua república, se ha agravado. No han sido tan sólo las sanciones lo que ha perjudicado la

economía yugoslava, sino el hecho de que Serbia no ha iniciado la transición del antiguo sistema comunista a la economía

de mercado.

Incluso los que se oponen ahora a Milosevic en Serbia no ven ninguna alternativa. Forzando los acontecimientos en

Kosovo, Milosevic era consciente de las amenazas de la OTAN. Es muy posible que durante meses estuviese convencido

de que la OTAN no iba atacar. Pero aunque los bombardeos son realidad, ha mantenido su línea: sacar provecho de la

situación y presentarla como la prueba irrefutable de la conspiración mundial contra su pueblo.

Una de las tácticas habituales de Milosevic es la de saltarse los acuerdos creando nuevos problemas. Por ejemplo: se

acuerda poner un límite al número de fuerzas armadas serbias en Kosovo, para lo cual sería preciso retirar bastantes

unidades. Inicialmente se retiran las unidades después de haber dejado el armamento escondido. Más tarde los mismos

soldados empiezan a regresar vestidos de civil. La noticia se publica y nadie reacciona. A los pocos días empiezan a llegar

más tropas en uniforme y con nuevo equipo. Después de muchas idas y venidas, los mediadores internacionales consiguen

reiniciar el diálogo con los responsables serbios.

El resultado es que las nuevas negociaciones ya no versan sobre el cumplimiento del acuerdo inicial, sino sobre la forma de

buscar un compromiso a la nueva situación creada por nuevas fuerzas armadas que se añaden a un nivel de fuerzas que,

de entrada, estaba ya por encima del nivel tolerado.

Fuertes y débiles

El mediador estadounidense Richard Holbrooke ha mencionado con admiración la capacidad de Milosevic de sentarse, con

un vaso de whisky en la mano, frente a un ordenador del ejército americano durante la conferencia de Dayton, para ver

cómo se dibujaba, con la ayuda de un programa especial de geografía, el trazado de una nueva carretera que debería unir

el enclave musulmán de Gorazde con la capital de Bosnia-Hercegovina. Milosevic sabe quién es fuerte y quién es débil: la

semana pasada, por ejemplo, no tuvo inconveniente en tratar hasta el límite de la descortesía al ministro de asuntos

exteriores noruego. Pero sabe que no puede hacer lo mismo con Holbrooke.

Milosevic, con sus crímenes, ha cargado de razones a la Alianza Atlántica para intervenir. Pero la razón moral no está

acompañada de la razón legal. La OTAN se ampara en la continua violación yugoslava de distintas resoluciones de las

Naciones Unidas sobre el conflicto de Kosovo. Y no le falta razón. Pero no cuenta con una resolución expresa del Consejo

de Seguridad para intervenir militarmente.

Javier Solana, secretario general de la OTAN

Característica distintiva de Milosevic es su deslealtad. Toda su carrera política está sembrada de los "cadáveres políticos"

de sus ex aliados. El número de generales y altos funcionarios de seguridad que ha consumido es incontable. Slobodan

Milosevic se apoyó desde sus comienzos en dos columnas de poder: las fuerzas armadas (y en especial, las fuerzas

especiales de la policía) y los medios de comunicación. La policía especial se ha convertido en un segundo ejército de

Serbia, que dispone de todo tipo de armamento pesado y equipo sofisticado. Sus miembros están tan bien entrenados

como pagados: sus salarios y los del ejército son pagados a costa de la inflación.

La mafia familiar

Mira Markovic, la esposa de Milosevic, también es su principal consejera. Con Markovic, una intelectual marxista, cuyas

invectivas contra Occidente aparecen con frecuencia en la prensa controlada por el poder, Slobodan Milosevic ha tenido

dos hijos: Marija, que dirige una emisora de radio y televisión, y Marko, propietario de una discoteca y fanático de los

coches deportivos que recientemente apareció en la prensa debido a que pegó a un periodista que había escrito sobre el

nacimiento de un hijo bastardo. Un hermano de Milosevic está al frente de la embajada más importante de Yugoslavia: la

de Moscú. Uno de los biógrafos críticos de Milosevic, Slavoljub Djukic, escribe que "es un típico técnico del poder y

maestro consumado en conseguir convertir las numerosas derrotas serbias en victorias y en atraerse el fervor popular". El

líder de la oposición, el ex neomarxista Zoran Djindjic, está convencido de que para el Milosevic actual, "el objetivo

prioritario no es ni Kosovo ni Serbia, sino mantener el poder".

La mafia de la familia Milosevic es reconocida en toda Serbia. Milosevic ha ido deshaciéndose de todos sus colaboradores.

Se cargó a Borisav Jovic, el hombre que le ayudó a dinamitar la antigua Yugoslavia, al ex primer ministro y milonario

Milan Panic, a quien ridiculizó en la conferencia de paz de Londres, y al ex presidente yugoslavo Dobrica Cosic, uno de

los autores del memorándum.

Slobodan Milosevic también se distanció de Radovan Karadzic, el jefe que dirigió la carnicería étnica en Bosnia, pero, pese

a sus purgas y vaivenes, su popularidad en Serbia no ha caído. Este corresponsal, tras haber pasado semanas en Kosovo y

haber contemplado el horror en directo, ha hecho repetidas veces la misma experiencia con los civiles serbios. Primero les

pregunta por la crisis y recibe una avalancha de argumentos patrióticos que esa persona ha oído en la televisión. Pero, tras

desviar la conversación, el civil serbio reconoce que lo más preocupante es la crisis económica. Y al final surgen otras

palabras como "mafia", "crimen organizado", "la discoteca", "los coches de carreras" y "las novias de Milosevic junior". Y

entonces "Slobo", nombre con el que sus súbditos llaman al dictador, ya deja de ser "Slobo".

Un bombardero B-52 despega de la base de Fairford, en Gran Bretaña

Los serbios --y Milosevic-- han sido siempre muy capaces de llevar a cabo una excelente política de propaganda y

desinformación. Un botón de muestra: alguien ha puesto en Internet una página en la que aparece un cuadro estadístico de

la población de Kosovo. Según ella, actualmente viven en Kosovo 1.378.980 habitantes, de los cuales sólo 917.000 son

albaneses y 221.000, serbios. Según el censo de 1991 elaborado por la Oficina de Estadística de la antigua Yugoslavia en

Kosovo vivían 1.954.747 personas, de las cuales 1.607.690 eran albanesas y 195.302, serbias. El "genocidio estadístico"

orienta sobre los objetivos que persigue la represión serbia en Kosovo.

Serbia ha avanzado hasta ahora a cualquier precio. Milosevic nunca negocia ni dialoga, ejecuta. Ha perdido las guerras

pero ha logrado limpiezas étnicas a gran escala. Con los bombardeos de la OTAN se verá si el verdugo de los Balcanes

sabe claudicar o lleva al suicido a su nación.