Miguel de Unamuno

Literatura española contemporánea. Generación del 98. Vida y obras. Biografía. Estilo literario unamuniano

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INTRODUCCIÓN

Nosotros con este trabajo dedicado al celebre autor español Miguel de Unamuno, pretendemos dar a conocer lo mejor posible como transcurrió su vida dentro de España y fuera de ella.

También pretendemos que se logre entender en que consiste y cuales son sus obras dando una pequeña síntesis de cada una de las más importantes.

Esperamos que se logre dilucidar por que se dice que Unamuno es el más importante de los integrantes de la celebre generación del ´98.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MIGUEL DE UNAMUNO

Miguel de Unamuno nació en Bilbao en 1864, hijo de un comerciante indiano. Después de cursar el bachillerato en su ciudad natal, se trasladó a Madrid en 1880 a estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre el pueblo vasco, sobre la crítica del problema del origen y prehistoria de este pueblo (1884), en 1891 consiguió la Cátedra de Lengua y Literatura Griega en la Universidad de Salamanca, ciudad en la que vivirá el resto de su vida (de la que fue nombrado rector en 1900) salvo los períodos de éxito y deportación que tuvo que sufrir por sus ideas políticas. Ese mismo año, 1891, contrae matrimonio con Concepción Lizárraga.

En un principio Unamuno se muestra partidario de las ideas positivistas, pero después se inclina hacia el socialismo, y se afilia al partido Socialista en el año 1894. Hacia 1897 experimenta una honda crisis personal que agudiza sus preocupaciones de carácter religioso, como queda reflejado en su diario íntimo.

En 1914 es desposeído del cargo de Rector de la U. de Salamanca, por declararse partidario de los aliados. Seis años más tarde, Unamuno es procesado por escribir un artículo injurios contra el Rey Alfonso XIII Deportado a la Isla de Fuente Ventura en 1924, posteriormente se exilia en Hendanga y luego en París. En 1931 regresa a Salamanca y vuelve a ser nombrado Rector de la Universidad, pero nuevamente es desposeído del mismo, esta vez por el Gobierno de la República, por haber adherido al levantamiento del Gral. Franco. Muy poco después tendría un grave enfrentamiento con el General Millán Astray. Ese mismo año muere en Salamanca, el día 31 de Diciembre.

La personalidad de Don Miguel era extraordinaria. Sus ilimitadas ansias de saber lo llevaron a estudiar lenguas antiguas y modernas (llegó a dominar catorce), filosofía, literatura, historia y religión. Cultivó con éxito la novela y el drama, la poesía y el ensayo. Se ocupaba de la política, de las artes, de literatura hispanoamericana, etc. Sus trabajos docentes lo movían a un continuo diálogo, monólogo, mejer, que tenía lugar tanto personalmente como a través de nutrida correspondencia y de infinidad de ensayos.

A pesar de la oposición que su actitud despertaba, consiguió ejercer una viva influencia en españoles e hispanoamericanos. Todavía hoy sus libros son leídos con avidez por los jóvenes de ambos continentes, que aman en su autor la profundidad y el ingenio, la ruda franqueza en el decir y el estilo personal, la angustia muy humana de su corazón atormentado, la erudición pasmosa.

No era el de Unamuno un espíritu lógico. Desconfiaba, por el contrario, de la inteligencia, y no tenía inconveniente en afirmar posiciones contradictorias. En su novela niebla lo dice enfáticamente: "Yo necesito discutir, sin discusión no vivo y sin contradicción, y cuando no hay fuera de mi quien me discuta y contradiga, invento dentro de mi quien lo haga. Mis monólogos son diálogos". No consideraba que su misión de maestro consistiera tanto en instruir acerca de tal o cual especialidad, cuanto en provocar inquietud. Decía, al respecto, que la octava bienaventuranza era despertar al dormido. Lo que no conseguía aprender con la razón, creía poderlo captar por vía cordial, del corazón, es decir confiaba más en el sentimiento que en la razón. En el fondo, Unamuno fue escéptico pero su duda estuvo siempre acompañado de agonía - lucha -, y esto es lo que hace tan atrayente su posición. No creía siquiera en la capacidad de la razón para alcanzar la verdad acerca de Dios y si tenía fe en él era sólo por vía cordial, no porque estuviera convencido racionalmente de su existencia. Es cierto que encontraba aun menos convincentes los razonamientos de los ateos, según lo dice textualmente en una oportunidad.

Su preocupación religiosa era constante e intensa. Julián Marías lo reconoce ampliamente: "La obra entera de Unamuno está inmersa en un ambiente religioso; cualquier tema acaba en él por mostrar sus raíces religiosas o culminar en una última referencia a Dios". Esta preocupación ha de relacionarse con la que siempre tuvo por el destino del hombre. La inmortalidad del ser humano era en él motivo de inquietud angustiosa: "La cuestión humana es la cuestión del saber qué habrá de ser mi conciencia, de la tuya, de la del otro y de la de todos, después que cada uno de nosotros se muera". En el extenso ensayo del sentimiento trágico de la vida, Unamuno plantea como tema central precisamente éste de la vida del hombre más allá de sus días terrenos. E incluso en las novelas y en las poesías suele hacerse presente este problema que Unamuno, heterodoxo como era, no solucionó de acuerdo con la verdad cristiana.

Estos problemas de índole filosófica y religiosa traspasan toda la obra del Rector de Salamanca con un característico sello meditabundo. La reflexión, ya ingeniosa simplemente, ya profunda y original, se hace presente en todo instante a través de la compleja creación unamuniana. Nada en ésta queda limitado a lo meramente anecdótico ni circunstancial; el autor en su tarea de maestro, aprovechaba el más ínfimo escrito para adoctrinar, para sembrar inquietudes, para lanzarse "Contra eso y aquello", según reza en expresión muy típica al título de uno de sus ensayos. Aun la poesía de Unamuno se alza como un monumento ideológico cargado de metafísica. Incluso, de modo explícito, pedía en un poema esta densidad de pensamiento:

Mira, amigo, cuando libres

al mundo tu pensamiento

cuida que sea ante todo

denso, denso.

Y cuando sueltes la espita

que cierra tu sentimiento

que en tus cantos este mane

denso, denso.

Y el verso que nos encancies

de tu sentir los anhelos,

de tu pesar los cuidados

denso, denso

Mira que es largo el camino

y corto, muy corto el tiempo

parar en cada posada

no podemos

Dinos en pocas palabras

y sin dejar el sendero

lo que más decir se pueda,

denso, denso

Con la hebra recia del ritmo

hebroso queden tus versos,

sin grasa, con carne prieta,

denso, denso

Esta densidad de pensamiento pone en su poesía un dejo filosófico. Por otra parte, aun sus más abstrusos ensayos están empapados de la íntima personalidad del autor.

Esta doble situación caracteriza del modo curioso la literatura unamuniana que es a la vez muy lírica y muy objetiva. Cada uno de los poemas podría llevar como epígrafe alguna frase de los ensayos, así como éstos de alguna manera, servirían de losas a aquellos.

Como Poeta, Unamuno alcanzó singular renombre por los libros Rosario de Sonetos Líricos, El Cristo de Velásquez y Romancero del destierro. En 1953, Federico de Onis publicó el Cancionero, diario poético de Unamuno, que contiene composiciones escritas entre 1928 y 1936. No amaba el autor la poesía sensual y esto explica su oposición a Rubén Darío. Prefería más bien la creación que buscaba el alma de las cosas. Su producción es, consiguientemente, algo seca y desnuda, un tanto aristosa. No hay blanduras en sus sonetos ni en sus romances, ni tampoco en los endecasílabos blancos con que construyó El Cristo de Velásquez. Encabalgamientos inesperados, onomotopeyas duras, un léxico salpicado de nombres propios y expresiones vascuences se juntan para dar a menudo a estos poemas sabor de prosa. El autor los ama así, precisamente porque contienen su pensamiento; son sus hijos e irán por el mundo sin ornamentos retóricos ni defensas rítmicas. No faltan en ellos alusiones sentimentales a su esposa y a los demás miembros de la familia. La evocación de Salamanca es notable:

Alto Soto de torres que al ponerse

Eras las encinas que el celaje esmaltan

dora a los arouyos de sulumbre el padre

sol de Castilla;

bosque de piedras que arrancó la historia

a las entrañas de la tierra madre,

remanso de quietud, yo te bendigo,

¡mi Salamanca!

Miras a un lado, allende el tormeslento,

de las encinas del follaje pardo

cual el follaje de tu piedra, inmoble,

denso y perenne.

Y de otro lado, por la calza Azmuña,

ondea el trigo, cual tu piedra, de oro,

y entre los surcos al morir la tarde

duerme el sosiego

Duerme el sosiego, la esperanza duerme,

de otras cosechas y otras dulces tardes,

las horas al correr sobre la tierra

dejan su rastro.....

Sobre la novela tenía Unamuno ideas harto personales. El hombre, su tema externo, debía ser lo único en la creación novelística; la descripción del paisaje quedaba por consiguiente, excluida. Sólo en su primera novena, Paz en la guerra, se hace referencia a la naturaleza. Las restantes contienen sólo aquellas descripciones externas indispensables para ambientar al lector. Los títulos mismos nos ponen ante este interés apasionado del autor por el ser humano: Nada menos que todo un hombre, El Marqués de Lumbrea (integrantes ambas, junto con Dios madres, del libro Tres novelas ejemplares y un prólogo); San Manuel Bueno, mártir; Abel Sánchez; la Tía Tula. Decía que él no escribía novelas sino nívolas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OBRA DE MIGUEL DE UNAMUNO.

La obra de Unamuno es variada y multiforme: novela, lírica, teatro, ensayo, comentarios de paisaje, de crítica, estudios filosóficos, políticos, patrióticos, artísticos, libros de viaje, artículos periodísticos, conferencias. A pesar de la variedad, es posible reconocer una unidad de contenido: el afán metafísico del ser personal y del ser de España.

Las novelas vienen a ser una encarnación literaria de sus principales ideas y sentimientos: el sentido de la vida y del arte, el anhelo de inmortalidad, la teoría de los ``entes de ficción´´, la relación entre creador y criatura.

Son un modo de dar más vida y dramatismo a su pensamiento. Sin embargo, los personajes no son una simple proyección de los pensamientos del autor: viven por sí mismos, en forma independiente y personal, movidos por sus propias pasiones, por el dolor, la angustia, la incertidumbre, el amor, el desasosiego, el fracaso. Lo fundamental no es, por tanto, ni la descripción de ambientes ni el conflicto psicológico, sino la mostración de una personalidad dinámica que se va haciendo a sí misma a medida que vive su propia historia, es decir, su existencia novelesca. Al personaje lo conocemos en su evolución, inestabilidad, contradicción, ambigüedad. Todo lo que sucede en el cosmos narrativo no es independiente de la naturaleza profunda de los personajes. Por eso, no interesa la determinación concreta de un lugar y de un tiempo, y cuando esta se da, solo responde a una intima necesidad de ambientar las situaciones que se viven. Títulos como Nada menos que todo un hombre revelan cual es el centro de la creación unamuniana: el ser humano. Podríamos decir que solo en su primera novela, Paz en la guerra, Unamuno hace referencia al ámbito externo a los personajes: Bilbao durante la guerra carlista.

En Amor y pedagogía, Unamuno critica la educación positivista, ya que toda la enseñanza paterna encaminada a hacer de un muchacho un genio demuestra su fracaso, al terminar este suicidándose. Abel Sánchez, presenta una versión contemporánea del Caín bíblico a través de Abel y Joaquín, dos amigos, pero en el fondo dos rivales irreconciliables. En La Tía Tula, el tema de la maternidad y de la convivencia familiar se encarna en dos hermanas, Rosa y Gertrudis, "siempre juntas como un solo valor". Unidas incluso por el amor de Ramiro, el esposo de Rosa, y, más tarde, el viudo sostenido él y por sus hijos por la abnegación y sacrificio de la Tía Tula.

Niebla, una de las mejores novelas de Unamuno, expresa el fracaso, el hastío de lo cotidiano, la abulia. Su protagonista, Augusto Pérez, es una significativa representación de las ideas personales del autor. En la obra realidad y ficción se confunden, pues el personaje novelesco es tan real como su creador. Si Augusto Pérez es un ente imaginario, soñador e inventado por el autor, éste es un sueño de Dios. Así se lo dice el protagonista al autor, cuando éste no le permite seguir viviendo, pues ya ha determinado su muerte.

Más aún Augusto Pérez en cuanto ente de ficción, en cuanto encarnación de una idea, reconoce ser más real que su autor, pues su vida novelesca fluye fuera del tiempo y del espacio histórico, para ser recreada, revivida en cada lectura por cada lector. De este modo nunca morirá. En cambio el hombre, el creador, para quien el tiempo fatalmente avanza, se extinguirá algún día y su existencia terrenal habrá indeclinablemente cesado.

Con está obra, Unamuno no se propuso hacer una novela en el sentido tradicional del género, sino una nivola, término que emplea uno de los personajes de la obra, Víctor Goti, a través del cual se manifiesta el pensamiento del autor: "mi novela no va a ser novela, sino... ¡nivola! Invento un género, e inventar un genero no es más que darle un nombre nuevo, y le doy las reglas que me place".

Otras novelas de Unamuno: San Manuel Bueno, Mártir, una de sus obras más significativas; Tres novelas ejemplares y un prólogo, El espejo de la Muerte, Un pobre hombre rico o el sentimiento cómico de la vida, etc.

En las poesías Unamunianas, predomina un trasfondo evocador de ideas, sentimientos, emociones, en concordancia con el espíritu de Unamuno sobre la textura musical, colorida y sinestésica, rasgo que lo aleja de la lírica modernista de Rubén Darío. La poesía de Unamuno es intensa, profunda, de gran fuerza interior, expresiva, de un hablante sumamente personal que manifiesta sus inquietudes religiosas, su cariño por su tierra natal, sus hombres y su paisaje, su amor por la familia, sus sentimientos ante el arte. Cualquiera situación intensamente vivida, se transmutan en imágenes poéticas que plasman, a través del lenguaje, la fugaz emoción la experiencia de un momento, la intuición reveladora.

Aunque Unamuno escribió poesías desde muy joven, las empezó a publicar en edad madura, a los cuarenta y tres años y no ceso de acudir al verso hasta el momento de su muerte. En 1907 aparece poesías, un libro impregnado de místicas inquietudes, de cariño a la tierra natal, de visiones de arte. Siguen en 1912, Rosario de sonetos líricos, y, en 1920, su mejor obra lírica: El Cristo de Velázquez, un extenso poema nacido de la emocionada contemplación del cuadro del pintor español. José María Cossío lo ha reconocido como "el más importante poema religioso escrito en castellano desde nuestros grandes siglos literarios".

El poema constituye una exaltación del amor divino, centrado en la imagen de Cristo, fuente de amor y de perdón.

En Teresa, 1924, crea, al estilo de Gustavo Adolfo Bécquer, una romántica historia de amor y de muerte entre Rafael, el joven enamorado, y Teresa, la amada muerta. La huella de Bécquer a lo largo del libro es clara y deliberada, hasta en versos como: "Dios mío, que solos estamos los vivos".

De Fuerteventura a París y romancero del destierro, completan la producción poética de Unamuno. En el primer libro critica con fervor al gobierno de Primo de Rivera; pero, fundamentalmente, expresa su soledad en el destierro mientras descubre poéticamente el paisaje de la isla de Fuerteventura. El mar, no descrito hasta entonces por el autor, le trae reminiscencias de su niñez, de su hogar y de su tierra natal.

El segundo en gran parte, también es una apasionada diatriba contra la política imperante en España; aunque hay poemas de intensa emoción lírica, evocadores del paisaje isleño o bien sugerentes de un temple melancólico y solitario. Así en Vendrá de noche, expresa el misterio y el silencio nocturnal e la muerte.

En 1953 apareció una obra póstuma, Cancionero, considerada como el poemario más nutrido y acaso el más representativo de Unamuno.

En su teatro Unamuno crea un mundo dramático pleno de universalidad, en el cual los personajes viven con intensidad sus pasiones y conflictos íntimos. Excede, por tanto, todo localismo de tiempo y espacio. Fedra actualiza el personaje de Eurípides y destaca lo universal humano sobre lo anecdótico circunstancial; Sombras de sueño plantea la monotonía de lo cotidiano, la estrechez de una isla, la soledad del aislamiento, de una joven mujer que, ansiosamente, espera que haga realidad su imaginario héroe de leyenda; El Otro revive el tema del odio de su novela Abel Sánchez; El hermano Juan o el Mundo es Teatro moderniza la figura de Don Juan, pero presentándolo desde la perspectiva singular del `98. Otros de sus dramas: La Esfinge, Soledad, Raquel, etc.

Los ensayos de Unamuno tratan de los más variados temas: literarios, filosóficos, históricos, religiosos, patrióticos, políticos, filológicos, de arte, de moral. Escritos, generalmente, en primera persona, indican que todas las problemáticas están planteadas desde la perspectiva de un yo, entradas en Unamuno, autor real: "Hay quien investiga un cuerpo químico; yo investigo mi yo concreto, personal, viviente y sufriente. ¿Egotismo? Tal vez; pero es de tal egotismo el que me liberta de caer en egoísmo".

Desde su personal punto de vista, entrega lo que él considera su verdad, a veces, contradictoria y, otras, paradójica. Por ello, sus reflexiones no presentan soluciones, sino más bien sugieren, inquietan, concitan a despertar la conciencia dormida del lector.

En torno al Casticismo analiza la cultura y tradición españolas para explicar la actitud de los hombres del 98. Vida de Don Quijote y Sancho traduce las ideas y sentimientos de Unamuno, al considerar, desde la perspectiva del 98, la figura del Quijote como símbolo del alma de España y encarnación del espíritu inmortal del hombre. Más aun, Unamuno recomienda ponerse en marcha para "rescatar el sepulcro de Don Quijote" y, mientras se avanza, desenmascarar al mentiroso, al ladrón, al que dice tonterías, a la muchedumbre impávida.

Del sentimiento trágico de la vida, en los hombres y en los pueblos, su ensayo filosófico más importante, plantea el problema de la inmortalidad y el conflicto irresoluto entre razón y sentimiento. Según te decíamos, como el hombre no puede prescindir de ninguno, ambos no pueden conciliarse y deben estar en pugna permanente. La razón conduce al escepticismo, mientras que el sentimiento sostiene las ansias irrefrenables de vivir. La irreconciliación provoca, según Unamuno, "el sentimiento trágico de la vida".

En La agonía del cristianismo, el término agonía está tomado en su significado etimológico de lucha. Aquí Unamuno nos revela al desnudo su propia alma y manifiesta que el móvil de una verdadera vida religiosa es la lucha, el desasosiego, incluso la duda.

Y terminamos destacando algunos de sus otros ensayos: Recuerdos de Infancia y Mocedad, Cómo se hace una novela, Lecturas españolas Clásicas, La lengua española en América, Temas argentinos, La vida es sueño, Soliloquios y conversaciones, Contra esto y aquello, Mi religión y otros ensayos,

ESTILO GENERAL DE LA OBRA

La obra de Unamuno es, sobre todo, la manifestación literaria de sus ideas, las cuales no proceden en forma exclusiva de un proceso intelectual, sino de experiencias hondamente vividas: el sentido de la vida, el misterio de la muerte, la búsqueda de una personalidad definida, los problemas del nacer y del morir, la inmortalidad, el sentimiento de Dios, la realidad de España, la esencia de su patria, el devenir de la historia, la fama. Por ello, todos sus escritos llevan el sello inconfundible de la personalidad del autor.

Una de las preocupaciones de Unamuno es la propia existencia, "el hombre concreto de carne y hueso", la imagen que cada uno crea y, al mismo tiempo, destruye a medida que el tiempo avanza. Las meditaciones sobre la vida humana dan ha Unamuno un puesto eminente en la filosofía española. Su pensamiento es vitalista, esto quiere decir que, para Unamuno, el gran tema de la filosofía es el ser humano, con sus anhelos y sus angustias. Y, con ello, el problema de Dios y de la inmortalidad, lo único que daría sentido a la existencia. Se debatió sin cesar entre su razón, que le llevaba al escepticismo, y su corazón, que necesitaba desesperadamente a Dios.

La preocupación por España es otra de las temáticas fundamentales de la producción unamuniana. De acuerdo con las ideas europeizantes de los escritores de la generación del 98, la actitud inicial de Unamuno es de rechazo hacia España, como puede apreciarse en su celebre frase "¡Muera Don Quijote!". Pero luego, al reconocer la esencia de su patria, revelada a través del paisaje castellano, de la intrahistoria, de la literatura, de las genuinas tradiciones y del lenguaje, Unamuno desecha este afán europeizante de exclusivo progreso material y científico. Por el contrario, ahora considera que España debe transmitir al resto de Europa su profundo sentido religioso, su preocupación por las verdades eternas, es decir, debe imponerse en su espíritu, en su alma a Europa para españolizarla

 

 REFERENCIAS CRITICAS

1.- "Miguel de Unamuno es hoy la personalidad literaria más grande de España. Es posible que Baroja le supere en amplitud de experiencia externa; Azorín, en el arte refinado, exquisito; Ortega y Gasset, en sutileza filosófica; Ayala, en elegancia intelectual; Valle Inclán, en eurítmica gracia. Hasta en vitalidad tiene que cederle el primer lugar a ese abrumador atleta de la literatura, Blasco Ibáñez. Pero Unamuno descuella sobre todos en la altura de su propósito y en la lealtad y en la seriedad conque, como Don Quijote, ha servido durante toda la vida a su inasequible dulcinea."

Salvador de Madariaga

Versión inglesa de J. E. Crawfort Flitch "El sentimiento Trágico de la Vida"

2.- "El más importante poema religioso escrito en castellano desde nuestros grandes siglos literarios"

María de Cossío

Se refiere a "El Cristo de Velázquez"

3.- "El Otro quedará como ejemplar acabado del arte dramático de Unamuno y será timbre glorioso en los anales del teatro español. Más de una vez lo he dicho. Este teatro, apenas representado, tenido casi por los "por los hombres del teatro" salvaría en lo porvenir a nuestro tiempo de una nota demasiado persistente de frivolidad"

Diez Canedo

En la reseña de "El sol"

4.- "Estéticamente, la obra está narrada deprisa, sin descanso alguno, buscando el final, el desenlace; sin que por ello esa rapidez rompa la angustiosa sensación de monotonía y lentitud desesperante de la lectura"

G. Fabra

Se refiere a "La tía tula"

5.- "Bufonada dolorosa y novela malhumorística"

Jean Cassou.

Se refiere a "Niebla"

6.- "Me parece una equivocación y proclamo que me ha gustado del libro únicamente el tratado de Cocotología que Unamuno escribe a modo de apéndice.

Jiménez Ilundaín

Se refiere a "Amor y pedagogía"

7.- "La novela es un acierto digno de admiración y de aplauso, por su tema y por el humorismo con que el autor lo trata"

El uruguayo Rodó

Se refiere a "Amor y pedagogía"

8.- "Unamuno (es), probablemente el primer español contemporáneo que conoce bien, desde dentro el pensamiento europeo y se articula con él..."

Julián Marías

9.- "Unamuno es el despertador de su nación, siempre aguijoneando y excitando, impulsando e infundiendo vida. A él debe España, más que a ningún otro, el haber resurgido de su apatía. Sin los mazazos y mandobles de Unamuno el espíritu español no sería lo que hoy es y significa para Europa".

R. Sampablo  

CONCLUSIONES

Gracias a este trabajo podemos concluir que, Miguel de Unamuno, es uno de los más grandes escritores de la generación del ´98, una de sus mayores influencias vienen de la filosofía pesimista (Nietzche) alemana.

Su vida se caracteriza por la gran ambición de adquirir conocimientos, hecho que se visualiza por el estudio de lenguas que realizó y el doctorado que obtuvo.

Su personalidad estuvo marcada por la influencia política de la época, a la cual atacó y le significó la deportación de Salamanca y la perdida de la rectoría de esta universidad pero a la cual, volvió y aquí, en Salamanca, fue donde vivió toda su vida hasta su muerte el 31 de Diciembre de 1936.

 BIBLIOGRAFIA

-CRECER POR LA PALABRA 4ºAÑO DE EDUCACION MEDIA.

-GUIAS DE CASTELLANO.

-INTERNET.

-ARTES Y LETRAS DEL MERCURIO.