Miguel de Cervantes

Literatura española del Siglo de Oro. Narrativa y prosa renacentista. Novela. Don Quijote de la Mancha. Argumento y personajes

  • Enviado por: Isa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas
publicidad

MIGUEL DE CERVANTES

Miguel de Cervantes Saavedra, hijo de Rodrigo de Cervantes y Leonor Cortinas fue bautizado el 9 de octubre en la parroquia de Sta. María la Mayor en Alcalá de Henares. Es probable que naciera el 9 de septiembre, el día de la fiesta de S. Miguel, ya que en esa época se solía dar el nombre dependiendo del día de nacimiento. Miguel de Cervantes fue el cuarto de seis hermanos; mayores que él eran Andrés (a veces llamado Juan), Andrea y Luisa y los siguientes, Rodrigo y Magdalena.

En 1551 se trasladaron a Valladolid, residencia entonces de la corte, donde el padre no pudo abrirse camino, ya que muy pronto se llenó de deudas que no pudo pagar, y hubo de recurrir a usureros; sus bienes fueron embargados y fue encarcelado varios meses. Al final, sus protestas de hidalguía fueron aceptadas y fue liberado. Cuando en 1561 la corte se trasladó a Madrid, la siguió la familia de Cervantes, como tantas otras que veían en ella posibilidades de soluciones económicas. Es una época muy poco conocida de Miguel de Cervantes, pues no existen documentos a él referentes; así, atendiéndonos a lo más seguro, no parece que Miguel de Cervantes cursara estudios en ninguna universidad; es probable que asistiera a algún colegio de la Compañía de Jesús (basándonos en el pasaje del Coloquio de los perros), aunque no es posible determinar en qué cuidad. Juan López de Hoyos, catedrático de gramática en Madrid, fue maestro suyo, ya que en 1569 publicó un libro sobre la enfermedad, muerte y exequias de Isabel de Valois, en el cual incluye tres poesías de circunstancias de “Miguel de Cervantes, nuestro caro y amado discípulo”. Esto es lo único cierto que se sabe sobre la formación intelectual de Cervantes que, por otra parte, se adivina bastante extensa aunque algo improvisada. La situación económica de su familia evidentemente no permitió que el futuro escritor estudiara de un modo sistemático y completo, pero su vivísimo ingenio y su desmesurada afición a la literatura suplieron satisfactoriamente esta deficiencia educativa.

El 15 de septiembre de 1569 se hizo público un mandamiento judicial en nombre del rey que condenó a Cervantes a diez años de destierro; la causa era que se le acusaba de haber causado heridas a un tal Antonio de Sigura. El 22 de diciembre de ese mismo año, consta documentalmente que Cervantes estaba en Roma, desde donde solicitaba que en Madrid se le hiciera información de limpieza de sangre, lo que demuestra que tenía un vivo empeño en demostrar su hidalguía, gracias a lo cual se menguaría el rigor de la sentencia producida por el lance con Sigura.

E Roma, Cervantes fue, por muy pocos días, camarero de Monseñor Acquaviva (luego cardenal), y, a fines de aquel mismo año de 1569, ingresó en la milicia, donde fue encuadrado en la compañía de D. Diego de Urbina, del tercio de D. Miguel Moncada. En esta compañía y desde Nápoles, se embarcó en las galeras mandadas por el marqués de Sta. Cruz, que formaron parte de la gran armada que, bajo las órdenes de D. Juan de Austria, derrotó a los turcos en el golfo de Lepanto (7 oct. 1571), donde su actitud heroica (participó estando enfermo de calentura y obtuvo una gran victoria) fue recordada con orgullo por él durante toda su vida. Allí, fue herido de un arcabuzazo en el pecho y en la mano izquierda (que se le quedó anquilosada, defecto que no le impidió seguir siendo soldado); este hecho le valió su apodo de “El manco de Lepanto”.

En Messina, se curó Cervantes, si bien la mano izquierda le quedó, como ya hemos dicho, anquilosada. De 1572 a 1575 tomó parte en varias expediciones navales, y más tarde, con un buen expediente militar, su valiente actuación en Lepanto y en posesión de cartas de recomendación firmadas por D. Juan de Austria y por el duque de Sessa, regresaba a España en la galera Sol, cuando fue apresado junto a su hermano menor Rodrigo por los turcos frente a la costa catalana, a la altura de Palamós, por Arnauti Mamí. Fueron llevados a Argel, donde Cervantes fue adjudicado, en calidad de esclavo, a Dali Mamí, corsario de origen griego. Al encontrar en su posesión, cuando fue hecho prisionero, las cartas de recomendación de D. Juan de Austria y del duque de Sessa. Los turcos creyeron que Cervantes era una persona de categoría por la que podrían obtener un cuantioso rescate. Sus padres se endeudaron y vendieron parte de sus bienes con la finalidad de reunir la suma que los turcos pedían por la libertad de Miguel y de Rodrigo, y sólo lograron allegar lo suficiente para recatar a uno de ellos; y el escritor prefirió que recuperara la libertad su hermano.

Miguel de Cervantes organizó e intentó cuatro fugas de Argel, todas las cuales fracasaron; al ser descubiertos, el escritor asumía ante las autoridades argelinas toda la responsabilidad, con lo que descargaba de culpa a sus compañeros y atraía sobre sí mismo mayores rigores, como los encarcelamientos más rígidos, azotes…etc. Finalmente llegaron a Argel dos trinitarios, uno de los cuales, fray Juan Gil, sólo disponía de 300 escudos reunidos por la familia de Cervantes para su rescate, por el que exigían 500. Fray Juan Gil se dedicó a recolectar entre los mercaderes cristianos de Argel la cantidad que faltaba, y la obtuvo precisamente cuando el escritor ya estaba en una galera, para ser llevado a Constantinopla, donde sin duda alguna se hubiera perdido su rastro y hubiera muerto en el cautiverio. Así, gracias al rescate, el 19 de septiembre de 1580, Cervantes quedaba en libertad y el 24 de octubre volvía a España por Denia. En esta ocasión (cuando tenía 33 años) acaba lo que podríamos llamar la vida heroica de Cervantes, que se nos revela infundida por un espíritu aventurero, audaz y viril.

Llegaba a España tras once años de ausencia, sin ningún oficio que le permitiera ganarse la vida, y encontraba en Madrid a su familia en muy estrecha situación económica: su padre ya era muy viejo y aquejado de sordera, su hermana Luisa había profesado carmelita descalza, su hermano Rodrigo se había vuelto a incorporar al tercio de son Lope de Figueroa (morirá en 1600 en la batalla de las Dunas), y con la madre vivían las otras dos hermanas del escritor, Andrea y Magdalena, solteras y de vida poco honesta, inducidas a ello sin dudas por la miseria.

En mayo de 1581, Cervantes fue a Portugal, donde se encontraba Felipe II, con el propósito de pretender algo con que mantenerse y pagar las deudas de su familia. El rey le encomendó una misión en Orán (donde su estancia fue breve), porque era un gran conocedor de la costa norte africana.

En febrero de 1582, en Madrid, Cervantes instaba a D. Antonio de Eraso, del Consejo de Indias, a fin de obtener un empleo en América, que le fue denegado. Ya entonces estaba escribiendo su novela pastoril La Galatea, que aparecerá el año siguiente en Alcalá de Henares.

Entre los años 1582 y 1583 se deben colocar los amores de Cervantes con Ana Villafranca (o Franca) de Rojas, esposa de un tal Alonso Rodríguez, de la cual reconocerá tener una hija, Isabel de Saavedra (aunque hay quien supone que era hija natural de Magdalena de Cervantes, y que el escritor reconoció como suya para ocultar la falta de su hermana). El 12 de diciembre de 1584 Cervantes se casó con Catalina de Salazar y Palacios, natural de Esquivias, donde se celebró la boda, la cual contaba diecinueve años, al paso que él ya tenía treinta y siete. En Esquivias tuvo su primero hogar propio.

En 1587, dejando a su mujer en Esquivias, Cervantes se trasladó a Andalucía con el cargo de comisario real de abastos, cuya misión era la de requisar cereales y aceite, operación destinada a financiar la Armada Invencible. No agradaba esta tarea a Cervantes, quien en dos ocasiones por lo menos, embargó partidas de trigo a la Iglesia, que le valieron sendas excomuniones a pesar de que él sólo cumplía con su obligación. En 1590 vuelve a solicitar un oficio en las Indias, petición que recibe una seca negativa de Felipe II; gracias a esta respuesta, que tanto debió de desilusionarle, tenemos El Quijote.

El 19 de septiembre de 1592, acusado de vender 300 fanegas de trigo sin autorización, fue encarcelado en Castro del Río. Pronto fue puesto en libertad y declarado inocente; pero en 1597 quebró un banco de Sevilla en el cual había depositado lo que había recaudado, y como no pudo rendir cuentas fue recluido en la cárcel sevillana, de la que salió, bajo fianza, a principios de diciembre.

A partir de 1603, ó 1604, Cervantes vive en Valladolid (donde se ha fijado otra vez la corte), y allí tiene su hogar, compuesto exclusivamente de mujeres: su esposa, sus hermanas Andrea y Magdalena, Constanza, hija natural de Andrea, e Isabel, hija natural de Cervantes (o de su hermana Magdalena). Entonces (en 1604 ó 1605) se publica la primera parte de El Quijote, que da un extraordinario prestigio a Cervantes, que, de escritor poco conocido y poco considerado, pasa a ser uno de los ingenios más celebrados, leído y aplaudidos. La fama, aunque no el bienestar económico, ha llegado por fin a Cervantes.

El 27 de junio de 1605, el caballero Gaspar de Ezpeleta fue asesinado delante de la puerta de Cervantes, y éste, al oír sus gritos fue a socorrerle. Dos días después murió y toda la familia de Cervantes fue acusada y encarcelada. Aunque el encarcelamiento duró sólo un día, el proceso puso de manifiesto la poca honesta conducta de las mujeres de la familia del escritor, llamadas vulgarmente “las Cervantas”, y de las que los testigos afirman que reciben regalos y visitas de caballeros de día y de noche, que Isabel de Saavedra estaba amacenbada con un portugués, etc., hechos que Miguel de Cervantes no podía ignorar y que tal vez consentía.

En 16006 la corte se trasladó a Madrid, y con ella, también la familia de Cervantes. Allí cambió muchas veces de residencia hasta que al final, se estableció en la calle del León.

Movido por unos intereses que al final se frustraron, Cervantes vivió en Barcelona en 1610.

El éxito de El Quijote le dio a Cervantes un nombre y provocó que sus obras fuesen solicitadas. Por este motivo en 1613 se publican las Novelas ejemplares, en 1614 el Viaje al Parnaso, en 1615 la segunda parte de El Quijote y las Comedias y Entremeses, y en 1617, póstumamente, el Persiles.

El 19 de abril de 1616 firmaba la dedicatoria al conde de Lemos del Persiles y Segismunda, y finalmente, el 22 de abril de 1616, muere en la calle del León, esquina a la de Francos.

Debido a su pobreza, la Venerable Orden Tercera (a la que él y su mujer pertenecían) se encargó del sepelio, su cadáver fue enterrado en el convento de las Trinitarias Descalzas de la calle Cantarrana (hoy Lope de Vega) donde reposan sus restos.

  • Cervantes como novelista

Entre las novelas (citadas cronológicamente) figuran: Novelas ejemplares, de 1613 a 1615, y los trabajos de Pesiles y Segismunda, historia septentrional, 1617. Los trabajos son el mejor testimonio, no sólo de supervivencia de los temas novelísticos griegos, sino también de las formas e ideas de la novela española del segundo renacimiento; esta obra se publicó tras el fallecimiento del autor.

Consideramos a Cervantes como puente entre el Renacimiento y el Barroco.

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

INTRODUCCIÓN

El Quijote es la obra maestra de Cervantes. Esta obra ha sabido conquistar el mundo entero, y es quizá, con la Biblia, la obra que se ha traducido a más idiomas. Es una caricatura perfecta de las novelas de caballería, una crítica a las novelas de caballería de la Edad Media. Es una obra muy importante, puesto que representa a los seres humanos, identificando características en los dos personajes principales; esta es una de las razones por la que esta obra siempre estará vigente.

Sus dos personajes principales, Don Quijote y Sancho Panza, encarnan los dos tipos de alma española, el idealista y el soñador, que olvida las necesidades de la vida material para ir en pos de aventuras, y e realista y práctico, aunque bastante fatalista.

El Quijote sobrepasa a la misma poesía de Cervantes, de su teatro, o incluso de las demás novelas largas, la Galatea y El Persiles. Es la cima de la creación literaria cervantina, y se ha considerado como la primera novela universal de todos los tiempos.

RESUMEN DE CAPÍTULOS

  • D. Quijote va a ver a Dulcinea. Encantamiento de Dulcinea.

  • Capítulo VIII.

  • Nuevas a venturas están por llegar desde ahora que emprenden el camino hacia el Toboso nuestros protagonistas D. Quijote y Sancho.

    D. Quijote quiere recibir la bendición y licencia de su amada Dulcinea antes de verse envuelto en alguna otra peligrosa aventura. D. Quijote, que al igual que Sancho, no ha visto nunca a su amada Dulcinea, se la imagina como una dama inigualable en hermosura, que habita en un palacio, viviendo como una reina; por el contrario, Sancho pretende que su amo piense que él la conoció en una pequeña casa del Toboso, mientras ahechaba trigo en las bardas de un corral (algo que enfada profundamente a D. Quijote).

    Más tarde pasan a hablar sobre la fama, algo que todo hombre ansía conseguir, y que a muchos no preocupa el modo de conseguirla. D. Quijote nombra una lista de grandes caballeros que por sus hazañas fueron en su muerte enterrados en grandes pirámides, mausoleos, castillos…etc., pero Sancho, sabiamente, le dice: “¿cuál es más: resucitar a un muerto, o matar a un gigante?”. Ahí llegan a la conclusión de que los buenos cristianos van al cielo o están en los purgatorios, pero la gente religiosa de espíritu cristiano (como fue Jesús) será siempre venerado por sus obras, sus milagros y su misericordia. Hay más frailes en el cielo que caballeros andantes; sabemos que hay mayor número de religiosos, porque aunque son muchos los andantes, pocos son los que merecen el nombre de caballeros. La noche pasó con estas o semejantes discusiones.

    Otro día, al anochecer, divisaron el Toboso. Tanto Sancho como su amo estaban excitados; uno porque vería a su amada, y el otro porque nunca la había visto y le preocupaba pensar qué haría cuando su amo le enviará al Toboso.

  • Capítulo IX

  • Llegaron al Toboso cuando todos sus habitantes descansaban profundamente. En medio de la oscuridad buscan, por orden de D. Quijote, un alcázar o un palacio donde encontrar a Dulcinea del Toboso, pero topan con la iglesia del pueblo al confundir su torre con la de un palacio. Es entonces cuando Sancho le confiesa a su amo que nunca ha visto a Dulcinea, y le dice que la respuesta que le trajo a su carta, fue simplemente de oídas. Por allí pasaba un labrador cantando, al que D. Quijote preguntó por la princesa Dulcinea del Toboso, éste le contestó que por allí no habitaba ninguna princesa, pero si muchas mujeres que princesas podían ser de sus casas. Tras esto, D. Quijote y Sancho decidieron salir a las afueras antes de que amaneciera, para que más tarde Sancho (que estaba preocupado por si su señor descubría la mentira de la respuesta que de parte de Dulcinea le había llevado a Sierra Morena) regresara al Toboso para buscar a Dulcinea y concertar una cita con su amo.

  • Capítulo X

  • Sancho se dirige hacia el Toboso en busca de Dulcinea, cuando decide sentarse bajo un árbol y pensar en lo que puede hacer para no verse envuelto en un problema con su amo. Decide engañar a su señor como lo hizo anteriormente, aprovechando la locura en la que está sumido D. Quijote. Cuando ve pasar a tres aldeanas sobre tres borricos corre a avisar a su amo de que Dulcinea va a verle montada en un corcel blanco con dos doncellas, las tres vestidas con lujosas ropas con encajes y valiosas joyas. D. Quijote al ver a las tres mozas no da crédito a sus ojos, y confiesa a Sancho que él no ve más que tres simples aldeanas. Sancho continúa con su engaño y se arrodilla ante la supuesta señora Dulcinea del Toboso; las pobres mozas, asustadas, intentan escapar de los dos locos, cuando “Dulcinea” cae al suelo; D. Quijote corre a ayudarla, pero ésta monta veloz su borrica y las otras dos aldeanas la siguen.

    D. Quijote se lamenta de su desdichado infortunio, y piensa que desafortunado nació, y desafortunado morirá. Sancho contento por haber salido bien del enredo, no hace más que aguantarse la risa por las sandeces que dice su loco amo.

    • Aventura del caballero de los espejos.

  • Capítulo XII

  • La noche se dispusieron a pasar amo y escudero bajo unos enormes árboles. Sancho alimentó a Rocinante y al rucio (en este capítulo nos hablan de la amistad que tenían los dos animales), y se echó a dormir. Tiempo después oyeron la llegada de otro caballero andante que se lamentaba de sus desamores cantando un triste soneto. D. Quijote acudió donde estaba el Caballero del Bosque y empezaron a contarse sus desamores. Mientras los dos escuderos se retiraron para no molestar a sus amos y poder charlar libremente.

  • Capítulo XIII

  • Los dos escuderos entablaron una animada charla sobre lo duro que es servir a un caballero andante y lo que obtendrían de ello. Dicen que con el cargo de gobernador de alguna ínsula o algún canonicato quedarán satisfechos; y también hablan de volver a sus respectivos hogares para cuidar de su familia y hacer una vida tranquila disfrutando de la caza y la pesca. A pesar de todo, Sancho confiesa que quiere a su amo, por ser, aunque loco, una bellísima persona sin nunca intención de hacer mal a nadie. Con tanta plática les entra hambre a ambos escuderos, y el escudero del Bosque le ofrece una buena bota de vino y un empanada (Sancho es un gran catador de vinos). Tras una buena comilona los dos escuderos caen rendidos en un profundo sueño.

  • Capítulo XIV

  • Los dos caballeros se contaban sus amores, el uno con Dulcinea del Toboso y el otro con Casildea de Vandalia. Dijo el caballero del Bosque que su misión era recorrer todas las provincias de España haciendo que todos los caballeros andantes reconocieran que nadie la ganaba a ella en hermosura, y que para ello se había enfrentado a otros muchos caballeros que habían osado llevarle la contraria, y que incluso había vencido al gran D. Quijote. Dicho esto, D. Quijote no daba crédito a sus palabras y tras una discusión decidieron batirse en duelo al amanecer y que el vencido debía quedar a disposición del vencedor. Aceptadas las condiciones y llegada la madrugada, los dos escuderos prepararon a los jamelgos y se dispusieron también a luchar (ya que según la tradición mientras los caballeros se batían, los escuderos también debían luchar por el honor de sus respectivos amos). Sancho sintió pánico del otro escudero por sus enormes y horrorosas narices y decidió subirse a un alcornoque.

    D. Quijote se lanzó valeroso contra el Caballero e los Espejos derribándole y dejándole inmóvil en el suelo. Al descubrir su rostro descubrió que se trataba del bachiller Sansón Carrasco, y que su escudero (al despojarse de las narices de pasta y barniz) era Tomé Cecial, ambos compatriotas de Sancho y D. Quijote; aunque D. Quijote se limitó a pensar que era alguien que se parecía enormemente al bachiller Sansón Carrasco, igual que el caballero al que venció tenía un gran parecido con el caballero de la triste figura. Al final, el Caballero de los Espejos reconoció la belleza de Dulcinea y como D. Quijote le mandó, prometió ir de la presencia de Dulcinea a la de D. Quijote y dar cuenta de todo lo que le pidió.

    Tras esto, siguieron su camino hacia Zaragoza.

  • Capítulo XV

  • La realidad de la historia es que todo esto era parte de un plan por hacer volver D. Quijote a su pueblo natal e intentar curarle de su locura. Le dejaron salir en busca de nuevas aventuras con la idea de que tras él, saldría el bachiller Sansón Carrasco con su escudero Tomé Cecial (ataviados ambos con máscaras y narices falsas para no ser reconocidos) siguiendo su recorrido hasta dar con él. Llegado ese momento el bachiller desafiaría a D. Quijote en duelo (pensando que sería cosa fácil el vencerlo), con las condiciones de que el vencido se pondría a disposición del vencedor; lo que querían era enviar a D. Quijote de nuevo a su pueblo, de donde no se podría mover durante dos años (algo a lo que no se podría negar por su condición de caballero), tiempo en el que intentarían curarle de su locura con todos los medios posibles.

    Esto claramente no resultó, y D. Quijote siguió su camino, mientras que el bachiller volvía al punto de partida con más de una costilla rota.

    • Bodas de Camacho.

  • Capítulo XX

  • D. Quijote despierta a Sancho que estaba profundamente dormido y se encaminan hacia donde el ruido indica que se están celebrando unas bodas. Al llegar todo es lujos y fiesta con grandes comilonas, danzas, escenificaciones…etc. Se celebran las bodas de Camacho (hombre muy rico) con Quiteria (mujer muy bella). En este capítulo comparan las innumerables riquezas de Camacho con el pobre Basilio.

    Sancho dice que prefiere rendir homenaje a Camacho, que por su riqueza los que le siguen, bien viven. Mientras que D. Quijote se entristece al saber que Sancho es de esos que dicen: “Viva quien vence!!”. Tras esta conversación, siguieron disfrutando de la boda y su banquete.

  • Capítulo XXI

  • D. Quijote y Sancho presenciaban el casamiento de Camacho y Quiteria, cuando apareció el pobre Basilio que con una vara se hirió gravemente (aparentemente). Todos le creían herido de muerte, y él pronunció su último deseo, que no era otro sino que Quiteria le diera su mano como su legítima esposa para poder morir en paz como un buen cristiano, a lo que ella aceptó. Cuando el cura los hubo unido en matrimonio, Basilio se levantó de pronto de forma milagrosa y desveló que todo había sido un engaño para casarse con la mujer que amaba. Los seguidores de Camacho intentaron vengar a su amigo, pero como bien dijo D. Quijote, los que Dios haya unido, que no lo separe el hombre.

    Todos creían que había sido un plan trazado entre los dos amantes. Al final, Basilio y su esposa seguidos de sus amigos y D. Quijote, emprendieron el camino de regreso a su pueblo. Mientras, Camacho pidió que se siguieran celebrando las bodas como si realmente él se desposara.

    • Cueva de Montesinos.

  • Capítulo XXII

  • Tres días se quedaron con los novios, disfrutando y viviendo como reyes. Después, partieron hacia la famosa cueva de Montesinos en busca de nuevas aventuras, guiados por el primo de Basilio (un hombre muy estudioso). En el camino pararon en una posada para pasar la noche y adquirir soga que más tarde necesitarían.

    Habiendo llegado a la cueva de Montesinos, D. Quijote, tras haberle pedido ayuda y apoyo a Dios y a su amada Dulcinea del Toboso, descendió a la oscuridad de la cueva. Una hora después, Sancho y el primo lo sacaron sin sentido; cuando volvió en sí, pidió comida y se dispuso a contarles las cosas tan increíbles que allí había visto.

  • Capítulo XXIII

  • Cuenta D. Quijote a Sancho y al primo todo lo que vio y vivió en el descenso a la cueva de Montesinos.

    Según cuenta, descendiendo encontró un hueco donde decidió descansar; allí, cayó en un profundo sueño, y cuando despertó se encontraba en un lindo prado a las puertas de un alcázar del que Montesinos era el alcaide. Allí todos estaban encantados, y en una magnífica tumba se encontraba el señor Durandarte, al que Montesinos arrancó el corazón cuando murió, y se encargó de llevarlo ante la hermosa Belerma (que todavía lloraba por el difunto en aquel lugar encantado).

    También allí encontró a su Dulcinea del Toboso (en un estado de encantamiento) que sufría necesidades económicas a las que D. Quijote respondió con todo lo que llevaba encima. D. Quijote perdió también la noción del tiempo, pues todo esto que había sucedido en más o menos una hora, a nuestro caballero le parecieron unos tres días (él asegura que vio amanecer y oscurecer durante tres días).

    Sancho, tras escuchar la historia, no puede más que tomarle por loco y ruega porque su señor recobre el juicio y la razón algún día.

    • D. Quijote en la venta.

  • Capítulo XXIV

  • D. Quijote, Sancho y el primo se dirigían a una ermita a para la noche; en esa ermita habitaba un ermitaño que aún pobre, solía recibir a invitados. De camino a la ermita se encontraron con un hombre cargado de armas, que les prometió contarles donde las llevaba y mil historias más si iban a pasar la noche con él a la venta; D. Quijote aceptó la invitación y tras pasar por la ermita (donde no les ofrecieron más que agua barata) se dirigieron a la venta. Por el camino se encontraron con un paje, un joven de unos dieciocho años de cara alegre que se dirigía a la guerra. Después de charlar con él, D. Quijote le invitó a ir con ellos a la venta, a lo que el mozo aceptó. Más tarde llegaron a su destino donde D. Quijote preguntó por el hombre que antes habían visto.

    • Desencantamiento de Dulcinea.

  • Capítulo XXXIV

  • Los duques deciden burlarse de D. Quijote y de Sancho mediante una cacería en el bosque. Para ello mandan a unos hombres para que se hicieran pasar por demonios y monstruos para asustar al caballero de la triste figura y a su escudero.

    Le cuentan a D. Quijote que Montesinos les envía para que le revelen la forma de desencantar a su querida Dulcinea del Toboso. Sancho queda desconcertado después de escuchar toda la historia, porque él sabe que el encantamiento de Dulcinea fue invención suya desde un principio.

  • Capítulo XXV

  • Llegan Merlín y Dulcinea a la presencia de D. Quijote, Sancho y los duques, con la noticia de que ya han encontrado la forma de desencantar a la bella Dulcinea. Dulcinea quedará desencantada cuando Sancho haya recibido tres mil trescientos azotes. Sancho al principio se muestra totalmente en contra de semejante barbaridad, pero convencido por las súplicas de Dulcinea y los duques, y la tristeza de su amo, decide aceptar imponiendo una serie de condiciones: que recibirá esos azotes en un tiempo indeterminado (cuando él los quiera recibir), que no habrá de correr sangre con esa penitencia, y que se le avisará de los azotes que le faltan y, por supuesto, que le sobran.

    • Sancho gobernador de la ínsula.

  • Capítulo XLII

  • Sancho y el duque mantienen una conversación sobre la ínsula y como Sancho debe gobernarla. Más tarde aparece D. Quijote y le da a Sancho innumerables consejos sobre cómo debe él gobernar la ínsula para ser un buen gobernador durante mucho tiempo, un gobernador justo y querido.

  • Capítulo XLIII

  • Sancho cree que podrá ser un buen gobernador, aunque no recuerde todos los consejos que D. Quijote le da. El hidalgo trata de enseñarle buenos modales sobre como ir limpio, hablar apropiadamente o no disputar los linajes. A D. Quijote no le queda más que desearle muchísima suerte y le da un última consejo, que consiste en que deje de utilizar los refranes de forma inapropiada en momentos que no debería pues no se corresponden con lo que está pasando.

  • Capítulo XLIV

  • D. Quijote queda muy triste tras la partida de Sancho con sus sirvientes hacia la ínsula (ya que se había convertido en su gran compañero). Trató de darle todos los consejos (ya dichos anteriormente) por escrito, pero éstos fueron a parar a manos de los duques.

    Esa misma noche, después de que Sancho hubiera partido hacia su ínsula, D. Quijote no era capaz de conciliar el sueño. En su desvelo escucha a una joven tañir un arpa cantando un romance confesando su amor hacia el hidalgo, a lo que D. Quijote responde diciendo que él es hombre de su amada Dulcinea del Toboso.

    • D. Quijote quiere hacerse pastor.

  • Capítulo LXVII

  • Tras sufrir una gran derrota, D. Quijote iba a contando a Sancho en su camino sus desgraciados amores, acordándose de Dulcinea y de Altisidora (una mujer enamorada del hidalgo, que probablemente ahora estaría llorando su ausencia.

    D. Quijote y Sancho caminan por un prado, del que recuerda D. Quijote que allí había numerosos pastores y pastoras tiempo atrás (distorsiona la realidad pues allí fue donde fue arremetido por unos toros). D. Quijote le dice a Sancho que podían hacerse pastores y así gozar de la vida de éstos: bebiendo agua de manantiales, teniendo pastoras a su alrededor…etc.; al oír todo esto Sancho decide que él también quiere hacerse pastor, y le dice a su amo que probablemente el bachiller Sansón, el cura, el barbero…etc., también quisieran acompañarles en esta tarea.

    Al final del capítulo D. Quijote al oír a Sancho quejarse de su mala vida con diferentes refranes, le vuelve a recordar que no es bueno decir refranes que no vienen a cuento, y que un solo refrán es suficiente para plasmar sus pensamientos y sentimientos. Para su nueva vida D. Quijote piensa que sería mejor cambiarse de nombre y decide que él sería el pastor Quijotiz, y Sancho, el pastor Pancino.

    • Regreso a la aldea.

  • Capítulo LXXI

  • Cuando Sancho y su amo regresaban a su aldea, oscureció; ambos decidieron hacer un alto en el camino hasta que amaneciera. Entonces Sancho toma la decisión de darse los azotes necesarios para desencantar por fin a Dulcinea del Toboso, aunque al final hace de su penitencia una farsa, ya que cuando llevaba unos pocos golpes empezó a dar con la soga a un árbol cercano sin que a él le rozara lo más mínimo. D. Quijote, después de que Sancho hubiera “recibido” mil azotes, le mandó para porque le veía sufrir mucho.

  • Capítulo LXXII

  • Nuestro caballero y s escudero repostan en un mesón, cuando entra D. Álvaro Tarfe. Al darse cuenta de quien es D. Quijote decide hablar con él para limpiar su nombre de las falsas historias que han circulado sobre él y Sancho. Debía reconocer que nunca antes había visto a D. Quijote y a Sancho.

    Después de esto prosiguieron su camino hacia la aldea, durante el cual, Sancho simuló darse los azotes que quedaban para romper el encantamiento de Dulcinea.

    • Agüeros en el camino de vuelta.

  • Capítulo LXXIII

  • Por fin Sancho y D. Quijote llegan a su aldea donde todo suceso que oye D. Quijote lo considera un mal agüero, todo lo que ve o escucha parece indicarle que jamás volverá a ver su amada Dulcinea del Toboso, lo que Sancho intenta convencerle de que es una sandez.

    Saludan a sus amigos, a los que cuentan su intención de hacerse pastores, todos le llevan la corriente aunque no le dan ninguna importancia.

    Se ponen en camino a casa de D. Quijote con sus amigos, allí le esperan su sobrina y su ama. La mujer de Sancho, Teresa, va con su hija a ver a su marido, al que no encuentra, ni por asomo, con la planta de un gobernador.

    D. Quijote saluda a su ama y sobrina, que lo único que quieren y desean es que el hidalgo se quede en la aldea y descanse en paz, pues así quizás cure su locura.

    • Muerte de D. Quijote.

  • Capítulo LXXIV

  • D. Quijote cayó enfermo con una calentura que le mantuvo unos seis días en cama. Sus amigos no se apartaban de su cabecera y lloraban su cercana muerte. Antes de morir, durante un sueño, le fue dado el don de recobrar su razón y juicio, y ya se hizo llamar de nuevo D. Alonso Quijano el bueno (en este capítulo se ve claramente la fuerte crítica a los libros de caballerías como Amadís de Gaula). Cuerdo, decide hacer su testamento en el que lega su hacienda a su sobrina Antonia Quijano, sus dineros a Sancho, su fiel escudero, y algo más a la Iglesia…etc. Todos estaban contentos de recibir algo, aunque por supuesto penaron la muerte de D. Quijote, una persona que misteriosamente volvió de ser loco a cuerdo con toda facilidad.

    Con la muerte de Alonso Quijano el bueno acaba este libro, y dice Cide Hamete que así se evita que nadie pueda continuar falsamente la historia del caballero de la triste figura, D. Quijote de la Mancha, nuestro hidalgo caballero…o Alonso Quijano, como ustedes prefieran llamarle.

    PERSONAJES

    D. QUIJOTE

    D. Quijote es el representante del idealismo en este libro, es también un ideal ético de la vida. Su locura, debida a la lectura de los libros de caballerías, D. Quijote tuvo siempre la aspiración de ser un personaje literario, un caballero andante que defiende la justicia. D. Quijote es una mezcla de idealismo (lo que representa) y realidad (ya que a veces invierte los papeles con Sancho). Imita a modelos como, por ejemplo, Amadís de Gaula (que es nombrado en la misma obra). Es una genial mezcla de vida vivida y vida soñada.

    Como ya hemos dicho en la introducción esta obra representa al mismo ser humano y sus relaciones.

    D. Quijote es un hombre docto en letras y en armas, sus ideales son los que le llevan a la locura; esa locura le lleva a un punto en el que su propia vida no le importa nada, lo único importante para él es la aprobación de su amada Dulcinea. Es también una buena persona, que como dice Sancho, no quiere mal a nadie. Defiende a los desvalidos, y no tiene miedo a las consecuencias.

    SANCHO PANZA

    Es un pobre campesino pacífico y tranquilo, al que lo que más interesa es comer y beber (vivir un vida acomodada). Sigue a D. Quijote, porque aunque le cree un loco, ve recompensadas sus ambiciones como gobernador de una ínsula al servirle como escudero. Aunque cree que su amo es un loco, le quiere por lo buena persona que es. Sancho representa la realidad, el mundo natural, siempre en contraposición al idealismo de su amo, aunque como ya he dicho anteriormente, hay momentos en los que esto se invierte y adoptan las posturas inversas. El principal objetivo de Sancho es llegar a ser alguien importante. Es un hombre humilde y bonachón.

    COMENTARIO

    CAPÍTULO XX: la encantada Dulcinea.

    Este capítulo, del que el resumen podemos encontrar en la página 5, se divide en las siguientes partes:

    • Cuando D. Quijote y Sancho se van debajo de un árbol, y el hidalgo manda a su escudero a la ciudad del Toboso en busca de la sin par Dulcinea, su amada, a la cual deberá pedir que le concierte una cita con su amo.

    • Sancho desesperado porque su amo no se de cuenta del engaño al que le mantenía, se para en el camino para pensar qué puede hacer para salir bien parado de esta situación.

    • Por el camino se acercan tres aldeanas a lomos de unas borricas, y cuando Sancho las ve corre a avisar a su amo. Sancho le dice a D. Quijote que allí llega su señora Dulcinea montada en un asombroso caballo y bellísima, acompañada de sus doncellas; D. Quijote al que no le parece ver más que tres simples aldeanas piensa que su doncella ha caído en un encantamiento. D. Quijote intenta ser caballeroso con las mozas, pero no recibe más que insultos de ellas.

    • Por último D. Quijote se lamenta de su infortunio en amores, ya que lo más importante para él es conseguir los favores de su amada.

    Los recursos literarios utilizados en este texto (y algunos a lo largo del libro, que son característicos) son:

    • Alteración del orden lógico de las frases con finalidad embellecedora. Hipérbaton. “…tiene tomados los caminos todos…”.

    • Utilización de numerosos adjetivos para resaltar una única cualidad.

    • Repetición de enlaces sin necesidad, para facilitar la compresión del texto.

    • Utiliza la antítesis.

    • Uso de extensas enumeraciones “…encantamientos, como dependencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores…”

    • Utilización de comparaciones.

    • Metáforas. “…la luz del sol de hermosura… Dulcinea”

    • Multitud de personificaciones. (a lo largo del libro, debido a la locura de D. Quijote se trataba a los molinos como gigantes…etc.)

    En el comentario de este capítulo deberíamos incluir parte de la biografía de Cervantes (que no voy a escribir de nuevo, ya que la encontramos desde la página 1 de este trabajo), y hablamos también de la sociedad de la época. Cervantes fue un escritor que hizo de puente del Renacimiento al Barroco, dos épocas totalmente diferentes. Una época gloriosa que terminó en una época de decadencia política y económica en España. A pesar de esto, no podemos decir que la literatura sufriera el mismo proceso, ya que la literatura del Barroco (s. XVII) en España fue espléndida entre las haya, con autores tan importantes como Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes…etc.

    Las puertas de España seguían cerradas a Europa como en el reinado de Felipe II, cosa que no favorecía a la recuperación del país, y trajo consigo una oleada de pesimismo, inseguridad que se plasmó en sus artes.

    El Renacimiento fue una época vista de una forma optimista, antropocéntrica, ya que todo se centraba en la figura del ser humano; por el contrario, con la llegada del Barroco esto cambió, se volvió a una concepción pesimista de la vida y teocéntrica…fue como una vuelta a lo medieval. Lo que caracterizaba al Renacimiento era su naturalidad y elegancia en el estilo, y por el contrario, en el Barroco, todo era oscuro, retorcido y lleno de fuertes contrastes.

    La concepción de la vida y la muerte era también diferente en las dos épocas, debido quizás al cambio brusco que supuso la entrada del Barroco en España. La vida para el hombre Renacentista era algo que había que disfrutar plenamente, ya que la juventud, el amor, las riquezas, los lujos…etc., se iban con la llegada de la muerte; el hombre barroco concebía la vida como algo que hay que disfrutar moderadamente, porque cree en el más allá, su apoyo es Dios en todo momento, una parte importante de su vida, al contrario que en el Renacimiento, el amor era algo eterno en el barroco, algo que ni la muerte podía hacer desaparecer.

    Esto es todo lo que puedo decir sobre el comentario de este capítulo. Y si he hecho una pequeña comparación entre el Renacimiento y el Barroco es porque no le sitúo en ninguna de las dos épocas concretamente, sino como puente entre ambas.

    OPINIÓN PERSONAL

    Este libro es una gran obra universal. En mi opinión es uno de los mejores libros de literatura española que he leído; aunque al haber leído sólo una selección de capítulos quizás no lo haya disfrutado al máximo, ya que en muchos capítulos hacen referencia a historias de capítulos anteriores que quizás no has leído. A pesar de esto, me parece una maravilla dentro de la literatura española, un libro irrepetible con un argumento interesante. Si lo lees con atención, te das cuenta de que la personalidad de cada personaje es diferente a la de los otros, es como si representaran grupos diferentes, parte de lo que encontramos en la vida real.

    Los dos protagonistas, tanto D. Quijote como Sancho se hacen querer, es decir, se establece un vínculo de afecto entre los protagonistas y el lector, al que divierten las aventuras de ambos, las locuras del hidalgo y las incorrecciones de Sancho.

    Este es un clásico que recomiendo a todo el mundo que lea.

    3