Migración

Ciencias sociales. Emigración e inmigración. Mivimientos migratorios. Consecuencias. Legalidad

  • Enviado por: Carmen Vv
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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MIGRACIÓN (Emigración e inmigración).


Migración: traslado de población de un lugar de origen o de partida a otro
denominado receptor o de llegada.
Emigración: proceso migratorio estudiado desde el lugar de origen.
Inmigración: el mismo proceso migratorio enfocado desde el lugar de
llegada.



TIPOS DE MOVIMIENTOS MIGRATORIOS.

1º. Según se respete o no la libertad del individuo.

- Las forzadas por el gobierno (Étnicas, políticas,...)
- Voluntarias.

2º. Según la duración en el tiempo. Pueden ser:

- Diarias -> personas que se desplazan par trabajar.
- Estacionales -> se desplazan durante algún tiempo, y saben cuando van a
volver.
- Temporales -> saben que van a volver, pero no saben cuando.
- Definitivas o permanentes -> no se vuelve al lugar de origen.

3º. Según la amplitud del espacio.

- Interiores -> del éxodo rural al urbano, o viceversa.
- Internacionales -> de un país a otro.
- Intercontinentales -> de un continente a otro.




LA INVERSIÓN DE LAS CORRIENTES MIGRATORIAS EN EL SIGLO XX.


Hasta el siglo XX, las migraciones en Europa eran espontáneas, existiendo
libertad de circulación entre los países. En un principio, los
desplazamientos acompañaron a las conquistas militares y, más adelante, con
la creación de líneas regulares de comunicación, es decir, con la revolución
industrial, adquirieron mayor importancia. A esta época pertenecen las
grandes migraciones transoceánicas, que afectaron a los países europeos
(punto de partida) de manera desigual: Inglaterra e Irlanda desplazaron
importantes contingentes a Estados Unidos y a las colonias Británicas,
mientras que los españoles no emigraron en gran número a América hasta los
últimos decenios del siglo XIX y principios de XX.
De 1815 a 1914, más de 35 millones de europeos se expatriaron a
Norteamérica. Sucesivamente, ingleses, irlandeses, alemanes, escandinavos,
polacos, italianos y españoles abandonaron su país, víctimas de los cambios
producidos por la industrialización, suministrando una fuerza de trabajo
abundante a la economía norteamericana en rápida expansión.
A través de las dos Guerras Mundiales y de las crisis de 1929, el flujo
migratorio se reorientó, y, después de 1950, la corriente secular de este a
oeste cedió el paso a una nueva corriente que condujo la migración del sur
(cuenca mediterránea y países africanos) hacia el norte (Europa del oeste y
del norte). Las causas de este movimiento son los desequilibrios del
desarrollo económico entre los países capitalistas avanzados y las zonas
semi o subdesarrolladas. El factor demográfico interviene en segundo lugar.
Por otra parte, la corriente transoceánica del siglo XIX subsiste, pero con
tendencia a cambiar de carácter y a volverse cualitativa: las salidas de
intelectuales o de técnicos constituyen una verdadera fuga de cerebros
(brain drain), debida a las desigualdades de desarrollo científico y técnico
y  que tiende a reforzarlas.







LAS MIGRACIONES ESPAÑOLAS EN EL SIGLO XX.


A lo largo de este siglo, las migraciones de población española han ido
tomando nuevas características. El periodo entre las dos Guerras Mundiales
fue el punto de partida de este cambio, el cual evolucionó y culminó en la
década de los sesenta y se ha estabilizado y sufre cierta regresión en la
actualidad debido a la crisis energética. La conjugación de la presión
demográfica con nuevas coyunturas económicas, produjo dos hechos
determinantes en las migraciones españolas:
-     un cambio de destino de la migración exterior, que se dirigió
principalmente hacia Europa occidental (Alemania, Suiza, Francia...) debido
a la política inmigratoria americana.
-     grandes oleadas de migraciones interiores, normalmente procedentes de
zonas rurales subdesarrolladas, con destino a los núcleos urbanos
económicamente importantes.



LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS.


Tradicionalmente, la emigración exterior española se dirigía a América,
alcanzando su máximo antes de estallar la Primera Guerra Mundial, con cifras
muy altas (151.000 emigrantes en 1913). Los cambios cualitativos
en el demanda profesional, añadidos al sistema de cupos implantando por
muchos países americanos, fue la causa más importante del cambio en la
dirección del flujo migratorio español.
A partir de mediados del sexto decenio, la dirección migratoria hacia los
países de Europa occidental ya estaba claramente dibujada. Este cambio de
sentido, además de las causas citadas, vino determinado por varios factores
concurrentes: por un lado, el desarrollo industrial español seguía



siendo insuficiente para absorber toda la mano de obra disponible, tanto
rural como urbana; por otra parte, la reconstrucción de la industria europea
tras la Segunda Guerra Mundial, motivó la creciente demanda de mano de obra
extranjera por partes de determinados estados. A esta demanda no sólo
respondió España, sino también Polonia, Italia, Yugoslavia, Grecia, Turquía,
Portugal, etc.
Esta emigración estaba compuesta por una población preponderantemente
masculina, en edad activa y con escasa o nula preparación profesional. Se
dirigió especialmente a Alemania, Francia, Suiza, Holanda y Bélgica,
atraídas por unos sueldos comparativamente altos para trabajos que no
requerían una preparación inicial. Actualmente, los emigrantes ocupan los
trabajos que la gente del país no quiere realizar y los puestos más bajos de
la industria, en la que sólo pueden ascender de categoría los trabajadores
autóctonos convirtiéndose de este modo los emigrantes en una subclase.
Otra característica de esta emigración es que generalmente no era familiar
ni se realizaba de forma  definitiva, como ocurrió en América. Se trataba de
mano de obra joven que emigraba individualmente y que regresaba después de
unos años cuando había conseguido unos ahorros. Las divisas que traían los
emigrantes, junto con las del turismo, sirvieron y sirven a España para
equilibrar su balanza de pagos. El gobierno español no sólo no impidió la
fuga de mano de obra sino que la propició, ya que, por un lado mitigaba el
paro y, por otro, aumentaba las divisas.
En los inicios de los años setenta, la emigración no sólo no se desarrolló
como en los años anteriores, sino que el saldo migratorio fue negativo; en
estos años, los efectos de la crisis económica se hicieron sentir
considerablemente, y apareció el paro a nivel europeo con cotas que no se
habían dado desde antes de la contienda mundial. Los primeros afectados
fueron los emigrantes; muchos españoles con intenciones de emigrar, no lo
hicieron, y 110.000 emigrados regresaron a su tierra natal. La competencia
entre la mano de obra extranjera y la autóctona, tuvo como consecuencia
que algunos países como Suiza, consultara a la población, mediante
referéndum, sobre la aceptación o no de inmigrantes.






LOS INMIGRADOS EN LAS ECONOMÍAS EXTRANJERAS.

Las condiciones de trabajo destinadas a los inmigrados son escandalosas, en
ocasiones inhumanas: discriminación en la empresa entre nativos e
inmigrados; para obtener una puerta de
trabajo; sobrecargos en el horario impuesto sin que tenga medios para
combatirlos; fraudes eventuales a nivel de los salarios, etc. Los inmigrados
no sólo obtienen los peores trabajos, sino que éstos  existen porque hay
inmigrados.
Es evidente la separación entre obreros del país e inmigrantes, sea cual
sea su origen, llegándose a encontrar dos mercados de empleo distintos. Si
bien la cualificación media de un obrero es inferior a la del nativo, no se
justifica una desproporción tan grande entre los salarios de uno y de otro.
Por otra parte, la urgente necesidad de trabajo por parte del inmigrado le
lleva a aceptar salarios muy bajos situando la media salarial a niveles
inferiores, lo que ha motivado frecuentemente la hostilidad de los obreros
del país receptor. Este antagonismo se ha visto favorecido por las
acusaciones frecuentes y sin fundamento en las que se considera que los
emigrados son los culpables del aumento del paro, cuando no de actos
delictivos y ataques diversos a la convivencia desarrollándose incluso
teorías racistas acerca de ellos. La intervención de los sindicatos obreros
intentando la convergencia de los intereses de los obreros, sean o no
inmigrados, supone un freno a este proceso, aunque el problema sigue
existiendo soterradamente.

Ventajas e inconvenientes de la migración.

Para los países proveedores, la salida de emigrantes hace menos agudo el
problema del paro y sirve de válvula de seguridad a su economía. Las
transferencias de fondos contribuyen a equilibrar la balanza de pago de
estos países. Los emigrantes que regresan aportan a veces una formación






profesional elevada, pudiendo contribuir así al desarrollo económico de su
país.
Inversamente, estos mismos países proveedores de emigrantes se despojan de
su principal riqueza: los hombres jóvenes, principal fuerza viva de un país.
La hemorragia migratoria puede tomar proporciones inquietantes como sucedió
en Grecia. Por otra parte, un país donde la emigración aumenta se vuelve
cada vez más dependiente del país de acogida. Pueden llegar a establecerse
vínculos comparables, en casos extremos, a los de las colonias con su
metrópoli.
Para los países receptores, las ventajas económicas son muy importantes:
mejora de la capacidad de producción, regulación del mercado del empleo
favorable a los empresarios, promoción de los trabajadores nacionales, etc.
La ventaja demográfica no es tampoco desdeñable. En el plan social, los
riesgos de disturbios raciales pueden llegar hasta casos extremos, como los
guetos de América de Norte.
Más allá de esta contabilidad comerciante, finalmente artificial, late el
problema de las desigualdades del desarrollo económico que se manifiesta a
través de las migraciones internacionales: desigualdades e incluso
contradicciones entre países. La necesidad de una estrategia unificada, pero
policéntrica del desarrollo socioeconómico, se plantea en la actualidad de
una forma dramática a nivel mundial.



LOS MOVIMIENTOS MIGRATORIOS INTERIORES.

En España, los movimientos migratorios interiores sobrepasan en importancia
y cantidad a los exteriores. Son estas migraciones las que, a largo plazo,
modifican las estructuras económicas y poblaciones de un país, sentando las
bases de lo que será su futuro, tanto en el desarrollo territorial como en
el económico.
Las migraciones interiores españolas vienen caracterizadas desde siempre
por varios factores, sobresaliendo entre ellos el éxodo rural, elemento
despoblador de muchas provincias y de formación de grandes




concentraciones en los núcleos urbanos. La corriente migratoria del campo a
la ciudad ha sido un fenómeno destacado a partir de la Primera Guerra
Mundial. Anteriormente ya existía, pero su volumen era muy escaso y se
localizaba exclusivamente en la región mediterránea. Desde 1880, existía una
migración rural procedente sobre todo de  Aragón, Valencia y Murcia hacia la
zona industrial catalana, que era absorbida en su totalidad. Madrid también
atraía al escaso flujo migratorio, pero no podía integrarlo totalmente por
carecer de industria. A partir de 1914, las migraciones interiores se
aceleraron debido fundamentalmente a la crisis de las regiones agrícolas y a
la demanda de mano de obra industrial por parte de los núcleos urbanos.
El sentido de la emigración es claro. Se emigra de los núcleos más pequeños
hacia las entidades más grandes. La corriente migratoria del campo a la
ciudad ha sido determinante en las migraciones interiores. En 1900, la mitad
de los españoles vivían en núcleos de uno a 5000 habitantes y las tres
cuartas partes en localidades de hasta 20.000; en la actualidad, los
porcentajes han descendido al 22,5 y al 44,6% respectivamente. Por otra
parte, la concentración en núcleos de más de 100.000 habitantes, ha pasado
de 8,9 a 36,7 % entre estos dos periodos. El grado de concentración urbana
y, por consiguiente, de éxodo rural, ha sido espectacular.
Pese a su carácter general, ni el proceso de urbanización afecta del mismo
modo a todo el territorio, ni el éxodo rural es el mismo en todas las
provincias. También cabe señalar que cada ciudad ejerce una atracción
distinta y motiva de diferente forma a los emigrantes. La población que
emigra tiende a dirigirse a los núcleos mayores, donde existe mayor mercado
de trabajo. El hecho de que no haya muchas ciudades grandes hace que las
pequeñas pierdan a su vez población y las grandes concentraciones urbanas la
aumentan cada  vez más, produciéndose grandes desequilibrios demográficos.

La migración interior de los años 1960 #8211; 1970.

La oleada migratoria mayor y más importante comenzó hacia 1960 y terminó a
partir de 1973, a causa de los mismos factores que acabaron con la migración
exterior, es decir, la crisis y el paro a nivel internacional. La diferencia
básica entre ellas es que estos emigrantes ya no regresan a su tierra, sino
que fijan su residencia en la ciudad receptora y, una vez asentados y con
empleo, el cabeza de familia lleva a su familia consigo.



La corriente migratoria es atraída por la expansión industrial del eje
formado por Madrid, Barcelona y Bilbao. Los emigrantes no buscan
exclusivamente un empleo, sino que aspiran a mejorar su nivel socioeconómico
y a conseguir mayores prestaciones, tanto para ellos como para su familia.

1901 #8211; 1970:Tendencias migratorias.

Observando el saldo migratorio interprovincial se pueden extraer varias
tendencias determinantes de la migración interior española:
-     En las tres primeras décadas del siglo el saldo migratorio fue
negativo, lo que indica una buena coyuntura. En los años 1930 #8211; 1940
el saldo cambió de signo volviéndose negativo como consecuencia de la crisis
económica que siguió a la guerra civil, con la destrucción de recursos
productivos y el estancamiento de la movilidad demográfica. La corriente
migratoria exterior se dirigió a Sudamérica (Argentina y Brasil
fundamentalmente), zona que no intervino en la II Guerra Mundial y que
incluso se benefició de ella.
-     El periodo 1960 #8211; 1970 tiene un saldo migratorio favorable a la
emigración exterior. Fue el periodo de mayor migración a Europa, aunque no
tuvo la importancia cuantitativa de las migraciones interiores: el saldo
migratorio absoluto al exterior ascendió a 492.926 personas en 1951 #8211;
1960, mientras que sólo Madrid recibía 686.554.
-     Las corrientes migratorias se dirigieron principalmente a Madrid y
Barcelona, pero no a toda la provincia, sino especialmente a sus áreas
metropolitanas. La densidad del perímetro urbano de Barcelona y Madrid pasó
respectivamente de 6.303 y 2.801 habitantes/km2 en 1950, a 8.633 y 4.082
habitantes/km2 en 1970.
A los polos de atracción de Madrid y Barcelona se unieron posteriormente
las Vascongadas y la zona levantina. Las primeras, que en 1940 eran una zona
de emigración, llegaron a convertirse en el tercer foco de atracción
migratoria, después de Madrid y Barcelona, alcanzando en 1960 #8211; 1970
un saldo neto de 447.299 personas. Las áreas metropolitanas de Barcelona,
Bilbao, Madrid y Valencia constituyen el 25% del total de la población
española.





CONSECUENCIAS DE LAS MIGRACIONES INTERIORES ESPAÑOLAS.

Básicamente, estas consecuencias pueden resumirse en dos:
-     Un grave desequilibrio territorial entre las diferentes provincias del
Estado motivado por la existencia de unas zonas superpobladas que, a la vez,
son las más industrializadas y las más potentes económicamente. Estas zonas
empezaron a sufrir, desde hace unos años, las consecuencias de esta
aglomeración: suburbios con equipamientos insuficientes y mal asfaltados,
falta de escuelas y hospitales, medios de transporte deficitarios, etc. A
estos problemas deben añadirse los inherentes a cualquier gran ciudad
europea: ruidos, contaminación, falta de espacio,... Por el contrario,
existe un claro proceso de desertización en el resto del Estado, donde
existen zonas donde el despoblamiento alcanza cifras alarmantes (Extremadura
tiene una densidad media de 28 hab./km2). Esta despoblación repercute
decisivamente en la economía de la zona, ya que falta en ella la población
en edad activa.
-     La segunda gran consecuencia ha sido el cambio de calificación
económica del país. En 1950 España era un país fundamentalmente agrícola,
con una población activa en este sector de 48,8% sobre el total de la
población activa; en 1970, ésta quedó reducida a un 29,2% y en 1980 ésta ha
descendido a un 18,9%. Por el contrario, la industria y el sector de
servicios ocupaban en 1980 el 44,6 y el 36,5% de la población activa
española respectivamente.
Este proceso ha tenido unas consecuencias nefastas para la agricultura
española. Por una parte, ha provocado un gran descenso de la capacidad
productiva agrícola; por otro, España ha pasado de ser un país exportador de
productos agrícolas, a tener actualmente un balance negativo en la
importación - exportación de dichos productos en lo que se refiere a cambios
monetarios. Finalmente, la gran industria capitalista ha entrado en la
agricultura española dominándola. El campo ha pasado a depender
estrechamente de las fábricas de materias primas y abonos, de las empresas
de comercialización y de las industrias de maquinaria agrícola sin estar aún
suficientemente racionalizado. La progresiva desaparición de la mano de obra
agrícola junto a los bajos precios de los productos comprados



al agricultor, hacen que este sector se vaya sumiendo cada vez más en una
crisis de difícil solución.
En la actualidad, el flujo migratorio interior ha descendido
considerablemente, aunque sigue existiendo con una importancia considerable.
En 1978, la provincia de Barcelona recibía cerca de 76.000 emigrantes,
Madrid 68.000 y Vizcaya más de 20.000, mientras que en 1982 las cifras eran
de 32.700, 43.500 y 12.600 respectivamente. Los motivos de este descenso son
debidos fundamentalmente a la crisis económica que
atraviesa el país y a sus consecuencias: inflación, paro, reducciones de
plantillas, etc. En las grandes ciudades resulta en la actualidad
problemático encontrar un empleo, el coste de la vida es superior al del
campo, escasean las viviendas y su precio es muy elevado. Pero como la
diferencia económica y social entre el campo y la ciudad sigue existiendo y
acentuándose cada vez más, la migración continúa fluyendo hacia las ciudades
y, de seguir así, España tendrá en un futuro no muy lejano unas ciudades
macrocefálicas, superpobladas y contaminadas, junto a grandes extensiones
desérticas y abandonadas. Con la potencialización del campo y de las zonas
rurales y unos equipamientos suficientes para sus necesidades, las
migraciones internas dejarían de existir.



LA INMIGRACIÓN ILEGAL.

En los últimos años del siglo XX, numerosas personas, procedentes de países
pobres, se introducen ilegalmente en un país, ante la dificultad de hacerlo
de forma legal. La necesidad de introducirse en el país rico les hace correr
riesgos y, con frecuencia, caen en manos de mafias organizadas. Este es el
caso de norteafricanos que atraviesan el estrecho de Gibraltar en
0;pateras1;, para quedarse en España o pasar a otros países.
Algunos de estos barcos son detenidos y sus ocupantes devueltos a sus países
de procedencia, y no es infrecuente que algunas pateras naufraguen y parte
de sus ocupantes mueran ahogados.
Los inmigrantes ilegales se ven obligados a vivir y a trabajar
clandestinamente. Carecen de documentación y suelen ser empleados por
empresarios poco escrupulosos, que les pagan salarios muy bajos, o acaban
cayendo en la delincuencia para sobrevivir.



EVOLUCIÓN DE LAS CIUDADES ESPAÑOLAS MÁS POBLADAS (población total).

1960   1970 1980
Madrid     2.298.410         3.095.518            3.239.979
    Barcelona    1.567.267                 1.735.858             1.755.490
     Valencia     511.797                    645.536               770.123
Sevilla     447.220                   542.413                628.331
    Zaragoza     332.782                  470.843                599.040
Bilbao     302.858           404.103                448.842


EVOLUCIÓN DE LAS PROVINCIAS MENOS POBLADAS (población total)

                               1960               1970               1980
        Ávila      236.695                205.559                  173.684
      Palencia      230.370               200.459             175.823
      Teruel       212.844                172.420                  142.658
     Segovia       193.963                164.398                  141.697
Guadalajara       181.704              149.459                  132.019
        Soria       145.365                116.469                    94.512



EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA POR SECTORES DE ACTIVIDAD (porcentaje de
cada sector sobre el total de la población activa).


                           1960                  1970               1980
Agricultura y pesca      41,3                             29,2              
         18,9
           Industria     31,4                             38,1              
         44,6
                 Servicios     27,3                            32,7         
              36,5





DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN ACTIVA POR PROVINCIAS Y SECTORES.

            S.Primario               S. Secundario S. Terciario
     Madrid     2,4                                     39,1                
              58,3
  Barcelona       2,9                                     58,7              
                38,2
    Valencia      14,8                                    43,7              
                41,4
      Sevilla      21,5                                    32,2             
                 46,2
   Zaragoza      18,1                                     41,4              
                40,4
     Vizcaya      6,2                                     52,6              
                41,1

        Ávila     50,3                                    20,0              
               29,5
     Palencia     28,5                                   32,4               
              38,9
      Teruel      40,9                                   30,3               
               28,6
     Segovia     34,7                                    26,5               
              38,6
Guadalajara      30,2                                   38,0                
              31,6
       Soria       35,1                                    29,7             
                35,1






BIBLIOGRAFÍA:  Enciclopedia 0;Gran Larousse Universal1; tomo 14,
apuntes y libro 3º ESO (ANAYA) de Geografía.