Miedo

Psicología. Temor psicológico. Fobias. Violencia en las personas

  • Enviado por: Felipe Flores
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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DESARROLLO:

  • El miedo ¿qué es?

  • En primer lugar daremos ciertas Consideraciones históricas sobre el papel del miedo en el dolor La idea del temor como parte de la sensación de dolor no es nueva; el primero en darle relieve a esta relación fue Aristóteles, recuerdan los autores. En 1915, Cannon presentó sus hallazgos sobre el aumento de la secreción de adrenalina en presencia de temor y de dolor. En 1960, los investigadores clínicos intentaron profundizar el conocimiento sobre la relación entre el dolor y las emociones examinando el dolor crónico en pacientes psiquiátricos.

    EL miedo estado anímico de extrema inquietud ante un peligro no definido. El individuo que experimenta angustia se siente desarmado e impotente ante una amenaza vaga, inexplicable e indeterminada.

    El sentimiento de angustia ha sido estudiado en filosofía, psicología y psiquiatría. El filósofo danés Sören Kierkegaard, precursor del existencialismo, inició la llamada `filosofía de la angustia'. Para Kierkegaard, la angustia es la categoría fundamental que define la relación del ser humano con el mundo. En su obra El concepto de la angustia (1844) postuló que “en la angustia experimentamos la nada absoluta”. El filósofo alemán Martín Heidegger afirmó en El ser y el tiempo (1927) que en la angustia se comprende la existencia humana, una “isla que flota en la nada”.

    No obstante, sólo recientemente se ha desarrollado un modelo que vinculó el temor y el dolor con conductas de evitación aprendidas. El aprendizaje de este tipo de conductas tiene lugar cuando un evento indeseable se logra evitar exitosamente a través de determinadas actitudes. Cuando surge la "revolución cognitiva" en las ciencias conductistas se enfatiza el papel de las atribuciones, la eficacia de las expectativas y el control personal. Asumiendo que los individuos elaboran información activamente sobre los procesos internos y los estímulos externos se sugiere un enfoque cognitivo. A partir de allí se considera que la evitación está asociada con la expectativa de que una posterior exposición a un estímulo promoverá dolor y sufrimiento.

    Los autores describen modelos que contemplan distintos enfoques: el instrumental y el cognitivo.

    Es crucial para el espíritu reconocer que uno tiene miedo no sólo de objetos específicos sino también un sentimiento de aprehensión general, que llamó temor. Lo interpretó como la forma que tenía Dios de pedir a cada individuo un compromiso para adoptar un tipo de vida personal válido. La palabra angustia posee un papel decisivo similar en el trabajo del filósofo alemán del siglo XX Martín Heidegger; la angustia lleva a la confrontación del individuo con la nada y con la imposibilidad de encontrar una justificación última para la elección que la persona tiene que hacer. En la filosofía de Sartre, la palabra náusea se utiliza para el reconocimiento que realiza el individuo de la contingencia del universo, y la palabra angustia para el reconocimiento de la libertad total de elección a la que hace frente el hombre en cada momento.

    El miedo intenso persistente hacia un objeto, situación o actividad específica, debido al cual el individuo lleva una vida limitada. La ansiedad que se sufre suele ser desproporcionada con las situaciones reales, y las víctimas son conscientes de que su miedo es irracional.

    La ansiedad fóbica se distingue de otras formas de ansiedad porque ocurre sólo en presencia de un objeto o situación específica, caracterizándose por síntomas fisiológicos como el latido cardiaco acelerado, molestias gástricas, náuseas, diarreas, micción muy frecuente, sensación de ahogo, enrojecimiento del rostro, transpiración abundante, temblores y desmayos. Algunos fóbicos son capaces de afrontar sus miedos, pero por lo general evitan el objeto que les causa el temor, lo que a menudo impide la libertad del sujeto.

    Los psiquiatras reconocen tres tipos principales de fobias: las fobias simples hacia objetos y situaciones específicas, como a ciertos animales (por ejemplo, las arañas o las serpientes), a espacios cerrados o a las alturas; la agorafobia, miedo a espacios públicos abiertos (como el metro o centros comerciales) de los que resulta difícil escapar, o en los que se experimenta agobio, miedo que aumenta hasta que el sujeto es incapaz de salir a la calle, y fobias sociales, como el miedo de sentirse ridículo o sentir vergüenza en público.

    Las fobias simples, especialmente el miedo a ciertos animales, comienzan en la niñez y se pueden mantener en la edad adulta, mientras que la agorafobia suele comenzar al final de la adolescencia o en la primera juventud; las fobias sociales tienden a relacionarse también con la adolescencia.

    Luego de haber echo una reseña tanto teórica como repercusiones, tenemos que entender que el miedo se puede generar en distintas situaciones como acoso sexual, ante un asalto, algún peligro, etc. Esto trae como consecuencia la des estabilidad corporal, uno de sus efectos o síntomas como la taquicardia y escalofríos entre otras. Produciendo como efecto la Ansiedad, temor anticipado de un peligro futuro, cuyo origen es desconocido o no se reconoce.

    El rasgo central de la ansiedad es el intenso malestar mental, el sentimiento que tiene el sujeto de que no será capaz de controlar los sucesos futuros. La persona tiende a centrarse sólo en el presente y a abordar las tareas de una en una. Los síntomas físicos son tensión muscular, sudor en las palmas de las manos, molestias estomacales, respiración entrecortada, sensación de desmayo inminente y taquicardia.

    2. La violencia en las personas.

    Los niños americanos ven televisión por un promedio de tres a cuatro horas diarias. La televisión puede ser una influencia poderosa en el desarrollo de un sistema de valores y en la formación del comportamiento. Desgraciadamente, una gran parte de la programación actual es violenta. Cientos de estudios sobre los efectos de la violencia en la televisión en los niños y los adolescentes han encontrado que los niños pueden:

    volverse "inmunes" al horror de la violencia;

    gradualmente aceptar la violencia como un modo de resolver problemas;

    imitar la violencia que observan en la televisión;

    identificarse con ciertos caracteres, ya sean víctimas o agresores.

    Los niños que se exponen excesivamente a la violencia en la televisión tienden a ser más agresivos. Algunas veces, el mirar un sólo programa violento puede aumentar la agresividad. Los niños que miran espectáculos en los que la violencia es muy realista, se repite con frecuencia, o no recibe castigo, son los que más tratarán de imitar lo que ven. El impacto de la violencia en la televisión puede ser evidente de inmediato en el comportamiento del niño o puede surgir años más tarde y la gente joven puede verse afectada aun cuando la atmósfera familiar no muestre tendencias violentas.

    Esto no indica que la violencia en la televisión es la única fuente de agresividad o de comportamiento violento, pero es un contribuyente significativo.

    Los padres pueden proteger a los niños de la violencia excesiva en la televisión de la siguiente manera:

    prestandole atención a los programas que los niños ven en la televisión y mirando algunos con ellos;

    estableciendo límites a la cantidad de tiempo que pueden estar viendo televisión;

    Señalándoles que aunque el actor no se ha hecho daño ni se ha muerto, tal violencia en la vida real resulta en dolor o en muerte;

    negándose a dejar que los niños vean programas que se sabe contienen violencia, y cambiando el canal o apagando la televisión cuando se presenta algo ofensivo, explicándoles qué hay de malo en el programa;

    No dando su aprobación a los episodios violentos frente a sus hijos, enfatizando la creencia de que tal comportamiento no es la mejor manera de resolver un problema;

    Contrarrestando la presión que ejercen sus amigos y compañeros de clase, comunicándose con otros padres y poniéndose de acuerdo para establecer reglas similares sobre la cantidad de tiempo y el tipo de programa que los niños pueden mirar.

    Los padres deben de también tomar ciertas medidas para prevenir los efectos dañinos de la televisión en temas tales como los asuntos raciales y los estereotipos sexuales. La cantidad de tiempo que los niños miran televisión, no importa el contenido, debe de ser moderada, ya que impide a los niños el llevar a cabo otras actividades de mayor beneficio, tales como el leer y el jugar con sus amigos. Si los padres tienen dificultades serias estableciendo límites o mucha preocupación sobre cómo su niño está reaccionando a la televisión, ellos deben de ponerse en contacto con un psiquiatra de niños y adolescentes para que los ayude a definir el problema.