Miau; Benito Pérez Galdós

Narrativa Española del Siglo XIX. Novela Realista. Burguesía Madrileña. Nobleza. Crisis del Antiguo Régimen. Ramón Villaamil

  • Enviado por: Chocko
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 4 páginas
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*Resumen del contenido del libro.

Todo empieza cuando al cabeza de la familia Villaamil, Ramón, se queda sin trabajo y empieza a hacer llamamientos a sus amigos para que le coloquen en cualquier puesto o que simplemente le den dinero. Para hacer estos encargos, mandaba a su nieto, Luis Cadalso. El niño de apenas tenia siete años de edad, hacia viajes por todo Madrid, siempre salía con un sobre que escribía su abuelo anteriormente y volvía con el mismo pero con dinero o alguna respuesta.

Mientras hacia esto su abuelo, doña Pura y Milagros, que son hermanas, intentaban aparentar que seguían teniendo dinero, un ejemplo de ello es cuando tienen que empeñar los muebles de una sala de estar y ellas intentan convencer a Ramón que no haría falta.

En los trayectos que realiza Cadalsito, se encuentra con una visión de dios que le aconseja sobre sus estudios y sobre el tema de su abuelo.

Cuando en un principio se ve que la cosa se va a arreglar a parece el padre de Luis, Víctor, buscando un sitio donde dormir. La familia, que siempre ha relacionado a Víctor como problemas, le comenta que se quede por poco tiempo no muy contentos, pero Víctor les paga como si fuera una pensión.

En los días que esta ahí, intenta encandilar a Abelarda con palabras, esta se vuelve loca por celos y pega a Luis, el padre de este lo ve y decide irse a la casa de la tía Quintina con su hijo.

Ramón empieza a ver las cosas claras y en el ultimo momento deja de ser un poco pesimista y se suicida.

*Contexto histórico y social del periodo de la obra

La obra obra transcurre en el S.XIX, en donde aparecen los nobles:

La afluencia de nobles a Madrid comenzó cuando Felipe II decidió fijar su hasta entonces Corte ambulante en esta villa a mediados del siglo XVI. Los nobles se trasladaron a la entonces pequeña población, al amparo de la Corte real, manteniendo estrechos contactos con el Rey, a través del aparato cortesano. Su presencia fue haciendo poco a poco de Madrid una de las ciudades más animadas de Europa, convirtiéndose en el principal foco de atracción social. Pasó así, de ser una población principalmente agraria a girar en torno a la aglomeración de lujo y administración que exigía la Corte. Como consecuencia y aunque la industria era mínima, comenzó a

desarrollarse en su seno un verdadero comercio de lujo (joyerías, bordados de plata y oro, pañerías, sombrererías, etc.).

La llegada a la capital de nobles llevó aparejada, la atracción de capas sociales bajas procedentes de zonas rurales, que venían en busca de un empleo sabiendo de la demanda de sirvientes por parte de la aristocracia. De hecho, el tener mayor o menor número de empleados era un signo de mayor o menor estatus. Como lo era también en otra dimensión el número de coches que se poseyera, o el número de caballos que tiraban de ellos. La nobleza constituyó desde un principio la cúspide social de la capital. Pero no sólo la social, sino también la económica y la política. Sus cargos palatinos les facilitaron los contactos con los centros de poder, formándose fuertes camarillas. Por lo que Madrid seguía siendo en el siglo XIX centro de poder político un foco de atracción para las elites. De esta forma la nobleza madrileña fue monopolizando los altos cargos políticos del gobierno. La gran parte de los escaños del Senado y de los cargos diplomáticos, estaban ocupados por los Grandes de España por derecho propio (como contemplaría la Constitución de 1876), igualmente seguían ocupando los cargos palatinos desde la Edad Moderna, como el de Tesorero real, Secretario real y otros muchos relacionados con la administración de palacio.

También aparecen los burgueses:

El análisis de la estructura social madrileña y la conflictividad que en ella se produce en el siglo XIX no se puede hacer bajo los criterios de sociedad industrial, más bien están determinados por el fenómeno de la capitalidad, y por la mezcla que en Madrid se produce de la persistencia de formas y contenidos tradicionales del Antiguo Régimen en quiebra, y la emergencia de nuevas formas características de la sociedad clasista en vías de lenta consolidación.

La elite madrileña de mediados del siglo XIX no era enteramente burguesa ya que mantenía pervivencias del Antiguo Régimen, pero tampoco era una ampliación de la nobleza ya que la concesión de títulos nobiliarios no puede ser sacado del contexto político y económico de la España de esa época. Madrid era el centro de la toma de decisiones políticas, aunque ahora haya que limitar esa capacidad centralizadora del Estado liberal del pasado siglo. Por tanto la economía y la sociedad de la capital tenían una naturaleza profundamente extrovertida y se movía más por el impulso del todo nacional que de una dinámica local. La importancia de Madrid como punto de contacto con el resto del mercado nacional y con el exterior hicieron que se convirtiera en el escaparate de las actividades económicas nacionales, como ocurrió con el ferrocarril o con la serie de exposiciones

celebradas durante la segunda mitad del siglo XIX (la Agrícola de 1856 o la de Filipinas de 1887).

Así la economía y la sociedad de la ciudad se diferenciaba con bastante claridad de la economía y sociedad de la capital, sin negar un contacto superficial; estas no corresponden a una estructura capitalista, siendo más industriosa que industrial y más rentista que burguesa, predominando más el comerciante del negocio familiar que el empresario como tal. Por lo tanto, la burguesía de los negocios y la alta burguesía de los negocios fueron un producto de Madrid, tanto a nivel social como económico.

Madrid S.XIX

Cuando en 1561 Felipe II decidió trasladar la Corte a Madrid, quedó marcado el destino futuro de lo que hasta entonces era un reducido núcleo urbano de limitadas funciones. Madrid fue una ciudad imperial de inadecuado emplazamiento geográfico, elemento a tener en cuenta porque al unirse al fenómeno de la capitalidad conllevó a delimitar las funciones de la ciudad y a definir su vinculación con el resto del territorio próximo. La ciudad de Madrid, pues, articuló su dinámica interna sobre la base de su función como capital del Imperio, por lo que una parte importante de la renta que llegaba hasta Madrid se proyectaba hacía la conservación de la estructura imperial.

A lo largo del siglo XIX la capital se convirtió en una pieza básica en la creación del mercado nacional, modernizando sus funciones financieras y acentuando su papel de centro intermediario. Madrid actuó durante el siglo XIX como el centro racionalizado y redistribuido de gran parte del excedente nacional, esquema del cual el resto de la provincia de Madrid apenas participaba. Madrid es capital y ciudad en el complejo juego de la consolidación del sistema liberal en la España del siglo XIX. Esto permite explicar las relaciones de Madrid con el resto de España.

Aunque el capital tiende a concentrarse a lo largo del siglo XIX, la elite económica que domina la llamada economía de la capital no se acopla en absoluto a la economía de la ciudad por estar, dicha elite, escasamente vinculada a ella; resultando que Madrid, si bien centraliza recursos de todo el país, no los absorbe en su propio desarrollo.

Si la revolución industrial del siglo XIX fue superficial en la economía española, que decir de una ciudad como Madrid, en la que se acumulaban desajustes y carencias estructurales de todo tipo. La elite económica no promocionó ninguna iniciativa industrial en la ciudad, ni en la provincia; en cambio, la elite económica madrileña sí colaboró activamente en proyectos industriales fuera de la capital, por ejemplo, la participación de Pascual Madoz en la empresa catalana del textil "La España industrial" y de

Francisco de las Rivas y Ubieta, marqués de Mudela, como uno de los pioneros de la siderurgia vasca.

La alta Burguesía Madrileña

La gran burguesía está formada por aquellos: que trabajan, que se hayan comprometidos en actividades particularmente remuneradas y que disponen de enormes ingresos. Los dos primeros elementos, separan a la gran burguesía de la antigua aristocracia terrateniente. El tercer elemento la separa de las demás burguesías, la pequeña y la mediana.

Dentro de la gran burguesía de la Restauración se pueden distinguir:

La "alta burguesía de los negocios", aquella que se enriqueció en las contratas de ferrocarriles, de servicios públicos o de suministros militares. Implicada en negocios de índole variada, orientada progresivamente a actividades bancarias. En un nivel análogo podría encontrarse la naciente burguesía industrial.

Otro sector sería la llamada "gran burguesía colonial"

Los sectores aludidos de la alta burguesía se caracterizaban fundamentalmente por su fuerte poder económico, procedente de la posesión de algunas de las principales fuentes de riqueza del país: las contratas, el comercio, la industria y la banca. Dentro de la alta burguesía coexistía el profesional de alta categoría, el indiano, y el financiero al que correspondía el máximo prestigio. Hay dos elementos que sabían utilizar a la perfección, trabajo y corrupción.

La alta burguesía aspiraba a entroncar con la nobleza para consolidar su prestigio social; la aristocracia de escasa hacienda deseaba también fundirse con las sólidas fortunas burguesas que vendrían a apuntalar con sus caudales las amenazas de ruina. La mujer fue un elemento indispensable para el mantenimiento de unas relaciones sociales que tenían como marco el salón, la tertulia, la comida, el teatro,…

El banquero decimonónico se siente burgués, comerciante de dinero. Los banqueros no crean el capital, pero sí su circulación. ¿Podríamos extraer un tipo (arquetipo) de banquero, válido para todo el siglo y para tantas figuras y figurones como hubo?. Indudablemente no. Se les mira y admira por su dinero, pero se les envidia por su suerte. Cada uno ha llegado a la riqueza por caminos distintos. Dentro de un concepto burgués, el dinero es el valor primario que sitúa al individuo. En la escala de valores que crea, los banqueros ocupan los más elevados puestos, la jerarquía suprema.

Nos encontramos con el fin de la sociedad estamental. Es una sociedad clasista, de tipo abierto, de base económica, han surgido los nuevos ricos. Galdós lo simboliza en el avaro D. Francisco Torquemada de la obra Fortunata y Jacinta, que terminará por instalar sus oficinas en un palacio de la calle de Silva.

Otro tipo de burgués es el indiano, como ejemplo señalamos a D. Juan M. de Manzanedo y González, el clásico hidalgo, santanderino y pobre, que hizo fortuna en La Habana de los años 1823-1832, y que más tarde obtendría distinciones nobiliarias. Algunas de las fortunas que allí se hicieron fueron a través de la trata de esclavos, aunque lo más frecuente es que se hubiera creado fortuna con el azúcar, el tabaco y los curtidos.

También en Madrid se centralizaban los giros con ultramar para las necesidades de la Hacienda o las correspondientes a las colonias gallega, asturiana y vasca. Para las operaciones mercantiles eran preferidos los bancos catalanes.

Los hay que se han hecho ricos como asentistas del ejército de la Independencia o de las guerras carlistas, y luego de las coloniales. En este sentido, aquí podríamos citar a Remisa, Aguado, Bertran de Lis, Mendizábal…Todos ellos negociaron en cereales, forraje, vestuario. Muchos de ellos intervinieron en política para hacer los encargos, y siguieron interviniendo para cobrarlos.

A veces, un comerciante se elevó desde la tienda de tejidos o de productos de ultramar a la Banca. Citemos a D. Romualdo Céspedes, filántropo, y D. Andrés Caballero, comerciante sólido, director del Banco de San Fernando en 1833 y reelegido hasta 1837. O a Joaquín de Osma, con título ducal, que importaba guano del Perú.

La burguesía es una pequeña cantera que se enriquece con la especulación en Bolsa. La industria, al no existir apenas, no pudo servir de arranque salvo para los que venían de afuera o afuera se instalaban. Una de las firmas bancarias era la del francés Jaime Méric, a quien se le debía la gran fábrica de chocolates de la Compañía colonial de Pinto. Negociando con su dinero en los ferrocarriles y obras públicas hicieron su fortuna D. Nazario Carriquiri, el marqués de Campo y otros tantos. Otro caso sería el de León Cappa, que logró su fortuna con el carbón de Utrillas.

¿Cómo hicieron cada uno sus millones?. Los hubo de todos los tipos, desde los que ahorraron hasta los que se lo montaron a lo grande desde el principio, sin miedo a las trampas.

Y en el apartado histórico destacamos:

El deseo de los liberales de acabar con el antiguo regimen y crear un estado moderno, con la burguesía como núcleo, culmina en la Revolución de septiembre de 1868, llamada la “Gloriosa”, con la que comienza en España una nueva situación política.

Destronada Isabel II, se sucede el sexenio revolucionario, una etapa progresista en la que se proclamo la I república. Se restaura de nuevo la monarquía con Alfonso XII y se implanta un sistema de partidos turnantes: los conservadores y los liberales se alternan cada cuatro años en el gobierno.

  • El país se incorpora muy lentamente a la industrialización y a los movimientos obreros que se producen en ella. La clase social predominante es la burguesía, clase media que esta entre la aristocracia y el proletariado y los campesinos.

  • Por otra parte, los avances técnicos del siglo XIX cambiaron la vida y las costumbres, pues surgieron numerosos inventos que, además, proporcionaron gran prestigio a las ciencias.

*Enumeración y análisis de los personajes

  • Luis Cadalso.: Es huérfano por parte de madre. Es muy inocente, tímido, bueno y esta enfermo, por eso ve a dios y además es muy torpe estudiando.

  • Ramón Villaamil.: Era un funcionario honesto, que le gusta su trabajo. Le faltaba dos meses para jubilarse y le echaron de su puesto, ahora tiene que pedir a sus amigos que le presten dinero o le coloquen en cualquier lado. Además es honrado y bueno con su nieto.

  • Doña Pura y Milagros.: Son hermanas que el único objetivo que tienen es el de aparentar a costa de afrontar la supervivencia diaria trampeando, por ejemplo, acudiendo a la opera.

Son grises, mediocres y sin ninguna altura moral.

  • Ponce.: Es el novio de Abelarda, es el complemento a Pura y Milagros, a parte de proporcionarles las entradas para el teatro, es muy mediocre, mucho mas gris y sin aspiraciones en la vida.

  • Abelarda.: Tiene un contraste entre la mediocridad de existencia de su madre y su tía. Es la novia de Ponce y la hija de Ramón y Pura.

  • Víctor.: Es el padre de Luis. No es muy bien recibido en la familia Villaamil por su carácter.

*Valoración personal del libro

Este libro me ha sorprendido. En principio parecia muy pesado pero luego después se ha puesto muy interesante. Además me ha gustado ver como era Madrid en el S.XIX.

También he podido ver como era la Burguesía, como actuaba, (en el caso de los Villaamil, en aparentar que tenían dinero y lo estaban pasando mal), su forma de pensar, sus costumbres y como se ayudaban unos a otros (aunque luego se cansen de ser solidarios como cuando el señor Cucúrbitas deja de enviar dinero a los Villaamil).

La obra en si esta muy bien.

*Bibliografía

Para realizar este trabajo he empleado los siguientes libros:

  • Miau de Benito Pérez Galdos.

  • Libro de Lengua, 4º E.S.O. Con este libro he podido documentarme acerca del Madrid del XIX.

  • También he utilizado la enciclopedia Encarta para el contexto histórico

  • Y la pagina de la Universidad Complutense.

INDICE

RESUMEN DEL CONTENIDO_________________PAG1

CONTEXTO HISTORICO____________________PAG1-6

ANALISIS DE LOS PERSONAJES_______________PAG6

VALORACION PERSONAL____________________PAG7

BIBLIOGRAFIA____________________________PAG8

TRABAJO SOBRE MIAU

MIAU DE GALDOS

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