México después de la alternancia

Historia Política mexicana. Partidos políticos. Elecciones año 2000. Corrupción gubernamental y democracia

  • Enviado por: Alejandro P C
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 10 páginas
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ENSAYO:

México después de la alternancia

Por:

2º de Preparatoria

Colegio Humboldt A.C.

México después de la alternancia

EL 2 de Julio del año 2000, sucedió algo en México que dejaría marcada la historia para siempre...

Las elecciones por un nuevo presidente, dieron como resultado un cambio esperado por todos. El PAN (Partido de Acción Nacional) venció a los partidos de oposición , logrando así que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) saliera por fin del poder, tras una larga cadena de un poco más de 70 años. Esta fecha esperada por todos, se convirtió en una gran lucha de ideas para unos y la esperanza para otros. En muchos casos, lo único que esto originó, fue la división entre varios sectores de índole social.

Actualmente, en México estamos viviendo en medio de una guerra, pero no hablo de una guerra armada donde uno se tiene que quedar en casa, esperando a que caiga o se escuche el estruendo de una bomba, sino hablo de una guerra ideológica, donde el que gana, es aquél que le dice más al otro y se lega hasta el enemigo contradiciendo cada cosa que provenga de él.

Todo esto no es más que un juego, en que los políticos tienen el mejor papel; las situaciones que acontecen y se saben día a día, no son mas que simples “politiquerías”. De hecho, lo que ahora a los jóvenes nos está tocando vivir, es el reflejo de una sociedad que no ha sabido evadir la manipulación política. Es por eso que durante tanto tiempo se temió elegir al candidato de otro partido para ejercer el poder ejecutivo. En la gente había desconfianza, incertidumbre, en ciertas formas hasta temor, porque el hecho de votar por un cambio, era sinónimo de “muerte”, de “inseguridad”. Por eso yo creo que es muy importante que la juventud actual, que somos nosotros, tomemos cartas en el asunto, es necesario que nos informemos de lo que está pasando en nuestro país; si hacemos eso, el cambio como el que se vivió el pasado 2 de julio, se verá reflejado instantáneamente. En realidad, el resultado que ahora estamos viendo, es la forma en como las nuevas generaciones manifiestan su descontento ante la sociedad. Si “nuevos electores” no hubieran hecho uso de su razón conjunta con su derecho al voto, éste presente no hubiera sido una realidad; únicamente se hubiera quedado en un sueño sin su despertar.

La vida sigue su curso, pero de nosotros depende que lo que ocurra sea benéfico o no.

A partir de que existe la “democracia” en México, muchas cosas han tornado su curso, otras han florecido y otras han revivido En la República Mexicana, hacía mucho tiempo ya, que el pueblo no experimentaba una alternancia política, se había vivido siempre bajo el poder de una sola familia, en donde el que gobernaba no era el padre, sino los abuelos. A partir de que México experimentó el cambio de poder, hemos vivido con los ojos abiertos, ya no es tan fácil que nos engañen ni que nos burlen; hace unos años que los mexicanos vivíamos con un vendaje en los ojos, ahora el vendaje se nos ha caído de un ojo y resta por destapar el otro. En la historia de nuestro país, siempre se ha dicho que nos regimos por un gobierno en donde la reina es, la democracia. Pero, ¿qué pasa? ¿en realidad se ejerce aquí en México la democracia? . Lo que está pasando, es que muchos países en éste momento nos está tomando como modelo y nosotros ni cuenta nos estamos dando, pero... ¿por qué?, pues porque estamos distraídos de lo que en realidad está pasando; nos estamos fijando únicamente en lo que nos conviene y/o afecta sólo a nosotros, pero no nos fijamos si lo que estamos haciendo o diciendo nos afecta, no sólo a nosotros y a nuestro entorno, sino a nuestro país también. A ojos de los extranjeros, México, ahora más que nunca, está a prueba, donde lo que está por definirse, es constatar si en realidad existe aquí lo que tanto se predica: la democracia.

Si logramos pasar la prueba a la que ciegamente nos encontramos sometidos, las puertas del mundo se nos abrirán, pero francamente, a como se ven en éste momento las cosas, dudo que la apertura por parte del exterior sea fácil.

Hemos logrado ya, algo que todas las generaciones próximas conocerán a través de la historia. El cambio de gobierno.

En éste caso, podemos hablar de que el hombre que ahora ocupa el puesto de “Presidente de la República”, Vicente Fox Quesada, ha tenido la apertura que nuestro país necesitaba. Esto obviamente no ha sido fácil, pero los cambios y las transformaciones, no se dan de

la noche a la mañana; debe existir un tiempo determinado, para que la planta que se siembra dé frutos y sumada a eso, se tiene que esperar la temporada correcta y propicia para que la planta que ya está lista, luzca los frutos que tanto ha madurado bajo su protección. En éste caso, las circunstancias son las mismas, no podemos esperar lo imposible, en tan pocos días. Tenemos que dejar un espacio para que lo que esperamos, sea tangible y pueda ser visto por todos y para todos. Para que, llegado el momento, podamos todos disfrutar de lo que una vez pensamos que daría frutos.

En el mundo moderno, las guerrillas no son cosas que sólo suceden en los cómics o en las películas. Las guerrillas son tan reales como que lo estamos viviendo ahora, en nuestro territorio, en Chiapas. Aunque ahora la situación se encuentra “calmada”, no quiere decir que las cosas ya hayan terminado, al contrario, considero que las cosas apenas empiezan a salir del escondite donde se encontraban refugiadas. Si de algo se dan cuenta los demás países, es de que en México, aún es difícil solucionar los problemas por medio del diálogo; más no es imposible.


En muchos lugares, al igual que nosotros, también se vive en un ambiente de guerra, ya sea con guerra armada, guerra fría, de baja intensidad o simplemente se encuentran inmersos en una guerra ideológica. Pero el problema al que se encuentra - pienso yo - nuestro país, es al de quedar como un país justo ante los ojos de los demás. Así, si los países que se encuentran en guerra, ven que en México se logró la paz por medio del diálogo, indiscutiblemente les servirá, para pensar tal vez, en la alternativa de cambiar las armas, por el diálogo. Pero en cambio, si esto no se da, México habrá quedado como un país, en donde el poder de la palabra no existe; y su nombre, sólo ocupará un espacio más dentro de los índices de países en conflicto e inestabilidad, política y social.

Algo de lo que realmente podemos apreciar, es el hecho de que nunca antes se había sabido o visto, que un “ciudadano” quiera subir a la tribuna para expresar el sentir de un pueblo. Pero ahora, después de tantos años en que no conocimos lo que era la verdadera democracia, llegamos a un punto en que nos podemos plantear la esta pregunta: en verdad, ¿existe en México la democracia?... es algo muy difícil de contestar, puesto que hace aproximadamente un año, supimos que el ir a una casilla para votar, sí sirve y que si ejercemos verdaderamente nuestro derecho al voto, sí podemos lograr que los cambios surjan, sin embargo también vemos que gente de la que depende nuestro gobierno, se pelea por permitirle o no, al Sub-Comandante Marcos subir a la tribuna a decir algo en nombre de diez mil indígenas.

A decir verdad, dentro de la Constitución Mexicana, no existe hasta ahora, un artículo que prohiba subir a la tribuna, a una persona que represente al pueblo. De hecho, para eso se hicieron las tribunas, para permitir a alguien que exprese una demanda en representación del pueblo.

Y si el problema radica en que no se permite subir a alguien que no tenga un cargo dentro del gobierno, pues entonces la solución está en hacer una reforma a la Constitución Política; finalmente, éste documento ha sufrido hasta ahora más de 100 cambios, ya que el art. 135º habla de que la Constitución puede ser reformada cuando ésta lo necesite.

Los cambios no sólo son para mal, existen los cambios que benefician y los que perjudican, pero en mi opinión, el mexicano casi siempre está indispuesto a cambiar; tal pareciera que nos da miedo el enfrentar las cosas cara a cara. Por eso, esta etapa en la que estamos viviendo, en este lapso de nuestro país, lleno de cambios, chocamos con muchas cosas. Es como si regresáramos a la época del México Revolucionario en pleno siglo XX I.

El gobierno dice que somos una República Federal y no capitalista, pero, no es como vivimos en realidad, o al menos en la cabeza de muchos mexicanos; donde los ideales que se persiguen, tienen más que nada, tendencias capitalistas; como en los tiempos del Ché Guevara. Muchos no peleaban mano a mano, pero muy dentro de ellos, sus mentes les decían que estaban con él. Así ahora, muchos no compartirán el campo de batalla, con los Zapatistas, por ejemplo, pero al menos el pensamiento sí está con ellos. Porque el que ellos hayan salido de Chiapas, para entrar a la ciudad de México después de tanto tiempo de estar escondidos, no significa que el movimiento empiece a causar problemas nuevamente, sino lo contrario; esto significa que ahora, con la apertura que existe en una persona dentro de nuestro gobierno la causa va tomar otra vez forma y empezará a formar la unidad junto con el gobierno.

Además, dentro de los problemas que aún persisten, no sólo desde que cambiamos de gobierno, sino desde que llegaron los conquistadores a las tierras de México, encontramos el abuso de poder y la interminable explotación al indio. Son ellos tal vez, la parte de la población que menos y que más han experimentado el cambio de gobierno en nuestro país; porque ellos han vivido desde siempre bajo el yugo de un gobierno que no les ofrece nada, ni siquiera la garantía de que van a estar bien.

¿Cómo es posible que los indios de Chiapas, viviendo en el estado más rico de la República, sean la gente más pobre y que más sufre de la población? Esto es injusto, por eso en cuanto a ese lado, no siento aún que exista ya un cambio por lo cual todos los mexicanos debamos sentirnos orgullosos y contentos. Por ejemplo: en Colombia, Nicaragua, Ecuador y Brasil, ya se reconoce la autonomía de los pueblos y de los derechos indígenas; cosa que aquí en México, todavía está por verse.

En Colombia, existen 575 000 indígenas, las cuales representan el 2% de la población; sin embargo, ellos ocupan el 23% del territorio nacional. Aquí en México, vemos que eso es claramente imposible, la urbanización crece cada vez más y más, y los grupos indígenas se ven desprotegidos a causa de la falta de leyes que garanticen su seguridad y su autonomía como grupos étnicos que son. Por supuesto que hay leyes que protegen al individuo, al igual que hacen conocer los derechos del mismo, pero, si, muchos de ellos ni siquiera los conocen, ¿cómo podemos esperar que hagan valer esos derechos? Así que, aunque el gobierno diga o acepte reconocer los derechos indígenas en la Constitución, ¿quién se va a encargar de velar por estos derechos que el gobierno otorga, para que al final sean realmente cumplidos? Para esto debe haber flexibilidad por parte del gobierno, pero no hablo de la flexibilidad en donde se ofrece un poco de dinero y se es “flexible” al aceptarlo, no; hablo de la flexibilidad en donde el que desea hablar, es escuchado, en donde el que desea triunfar, es impulsado, en donde el que cae, es levantado y no pisoteado, en donde el que quiere soñar, es comprendido y no despertado...

Si los indígenas quisieran hacerse ricos, ya hubieran sacado ventaja de las tierras y las hubieran explotado, ¿no es así?; pero ellos lo que quieren no es ser mejores o ser ricos, porque ya lo son, lo que ellos quieren, es ser libres y vivir en paz. ¿Quién no quiere vivir en paz?. Ellos lo único que desean, es ser respetados y ser tomados en cuenta.

Yo creo que la alternancia en México, aún se encuentra en ese proceso, y como los Zapatistas, (“los hombres sin rostro”), la identidad nacional, se encuentra olvidada, confundida y apartada, cubierta. Y hasta que en México, no sea una misma la situación de todos y cada uno de los mexicanos, las máscaras seguirán ahí, cubriendo el rostro de una cultura, mostrando únicamente lo que nadie quiere ver, lo más pequeño, lo menos relevante. Sólo hasta el momento en que todos nos quitemos las máscaras y dejemos aparte la falsa idea de que el cambio llega solo, entenderemos finalmente que es hasta entonces cuando podremos decir con orgullo que:

¡En México, sí existe la democracia!