Metrópolis; Fritz Lang

Cine europeo siglo XX. Ciencia ficción. Angustia vital. Deshumanización. Expresionismo

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METRÓPOLIS

de Fritz Lang

FICHA TÉCNICA:

Director: Fritz Lang

Productor: Erich Pommer.

Producción: UFA.

Guión: Thea von Harbou y Fritz Lang.

Fotografía: Karl Freund, Günter Rittau y Eugene Schüfftan.

Música: Gottfried Huppert.

Decorados: Otto Hunte, Erich Kettelhut, Karl Vollbrecht y Walter Schultza-Middendorf.

Vestuario: Aenne Willkom.

Intérpretes: Brigitte Helm, Alfred Abel, Gustav Froelich, Rudolf Klein-Rogge, Heinrich George, Theodro Loos, Erwin Bisbanger, Fritz Rasp, Olaf Storm, Hanns Leo Reich, Heinrich Gotto, Margarte Laner, george John, Max Dietze, Walter Kühle, Artyhur Reinhard, Erwin Vater, Greta Berge.

Duración: 170 minutos aprox

SINOPSIS:

En la ciudad de Metrópolis del año 2000, la sociedad está dividida en dos clases, la élite (ociosos que sólo buscan el placer) y los desesperados trabajadores (individuos desgraciados condenados a la desdicha). Intentan sublevarse y María será la que les dará esperanzas sobre un futuro mejor. El amo de la ciudad ordenará al científico Rotwang que haga un robot con las facciones de María para llevar a los obreros a una rebelión suicida. María escapará y junto con el hijo de Fredersen salvarán a los niños de los obreros. Éste acabará siendo el mediador entre los obreros y su padre.

FRITZ LANG:

Friedrich Christian Anton Lang, que era su nombre de pila, decide abandonar la carrera de arquitectura y dedicarse a las artes. Ingresa en la escuela de Artes y Oficios de Munich, aunque no tarda demasiado tiempo en emprender un viaje sin rumbo que le lleva a los confines del continente asiático y el norte de Africa. En 1913 se instala en París donde vive de los diseños y dibujos que realiza para publicaciones periódicas. Al estallar la Primera Guerra Mundial es detenido y tras escabullirse entra en el ejército austríaco, donde perdió el ojo derecho. En esta época comienza a escribir sus primeros relatos y guiones al entrar en contacto con el director alemán Joe May. Unos años más tarde, estando en Berlín, Lang conoce a Erich Pommer, uno de los productores más importantes de su tiempo. Junto con éste trabajó en como lector y escritor de guiones. Con él participa en el rodaje de "Las arañas". En 1919 lleva a cabo una de sus obras más características por el expresionismo de sus escenas, "El gabinete del doctor Caligari". A esta obra le seguirían otras como "El doctor Mabuse" y "Las tres luces". La carrera de Lang como director cinematográfico es todo un éxito y en 1923 rueda "Los Nibelungos" y tres años después "Metrópolis". Con la aparición del sonido realizó "M, el vampiro de Düsseldorf". Ante llegada de los Nazis dirige "El testamento del doctor Mabuse", un análisis crítico de la situación y el partido en tono policíaco. Sin embargo, el ministro de cultura, Goebbels, se percata del mensaje. En lugar de reprenderle, le ofrece a Lang la hacerse cargo de la dirección de la industria cinematográfica. En 1934 se traslada a Hollywood y allí adquiere la nacionalidad estadounidense. Allí rueda "Furia" y otros muchos filmes. A pesar de su genialidad como director tendría que adaptarse a las exigencias de los productores. A finales de los cincuenta la política de McCarthy le obliga a regresar a Alemania, desde donde emprende un viaje a la India. Allí realizó "El tigre de Esnapur" y "La tumba India". En Alemania volvió una vez más a trabajar en Los crímenes del doctor Mabuse". Tras un breve tiempo en su país natal decide volver a Estados Unidos, donde se asienta en Los Angeles y pasa los últimos años de su vida.

EL EXPRESIONISMO ALEMÁN:

El cine alemán adoptó muchos de los principios de este movimiento pictórico y literario, al tiempo que conectaba con la tradición romántica del siglo XIX. Esto se manifestó en el empleo expresionista de los decorados, las luces y la interpretación, así como en la recurrencia a historias fantásticas de locos, vampiros, asesinos, etc., que para algunos autores significaron una premonición del nazismo en la turbulenta Alemania de la posguerra. Directores como Robert Wiene (El gabinete del doctor Caligari), Fritz Lang (M, el vampiro de Düsseldorf) o Friedrich W. Murnau (Nosferatu, el vampiro) son ejemplos de cineastas influidos por el expresionismo.

METRÓPOLIS:

Este film, una increíble mezcla de fantasía y terror se considera uno de los clásicos de la ciencia ficción de todos los tiempos. Conociendo el argumento del film, resulta ridículo etiquetar esta película de este género ya que de alguna manera es un presagio de lo que pasaría años después. De algún modo, esta película tiene pues una cierta áurea premonitoria, no solo por las computadoras que se encuentran en el despacho del señor Fredersen, sino porque nos muestra una sociedad futurista e industrializada, tal y como la conocemos hoy en día.

Es un film de concepción estética muy imaginativa, tanto de planos como de decorados. Gracias a éstos últimos y a una iluminación cuidadísima, el espectador puede perfectamente comprender esa ciudad tan peculiar que presenta el cineasta. A la vez, también ilumina lo necesario, lo que quiere que se vea, dando un toque dramático y pesimista a los planos. Gracias al sonido refuerza el efecto trágico, contrastando silencio y ruido en una misma secuencia. Mediante estas técnicas, Fritz Lang pretende provocarnos incomodidad, nerviosismo, tensión y miedo ante la tragedia. Porqué al fin y al cabo, el director quiere mostrarnos su visión acerca del futuro: un futuro negativo donde la imposición de la mecanización supone la perdición.

En el film vemos como los avances tecnológicos podrían acabar desembocando en la creación de un robot que acabaría suplantando los trabajadores, idea nada descabellada por parte del directos ya que en los últimos años cientos de trabajadores se han encontrado en la calle con la llegada de la robótica en las fábricas.

Pero no solo esto, el robot acabaría siendo un invento que se va de las manos del hombre (situación recurrente en películas de terror como Frankestein, Dr. Jekyl y M. Hide..) que provocaría situaciones caóticas.

Se plantea incluso la superioridad de la máquina frente al hombre de tal manera que le acabaría destruyendo. Este miedo ha sido compartido posteriormente por distintos filósofos tales como Marx.

Así pues en esta película vemos presentada la tecnología como un instrumento para deshumanizar y controlar a las masas, y la causa de la destrucción del individual.

Pero a mi parecer la calidad del film, hasta ahora indudable, pierde su fuerza al llegar al final.

Un desenlace desolador, desconcertante inverosímil que nada tiene que ver con la trama de la película o con lo que se supone que quiere llegar a comunicar.

Después de habernos presentado la fatalidad de la industrialización acaba con un final sumiso. Con la frase, “No puede haber entendimiento entre las manos y el cerebro si el corazón no actúa como mediador” encuentra el remedio a un problema sumamente delicado. El director no se cuestiona sobre la división de clases o la sumisión de los trabajadores (que trabajan 10 h diarias) ni pretende cambiarlo, sino que se opta por continuar con el sistema de la estratificación social introduciendo únicamente un elemento nuevo: el mediador.

Tampoco debemos olvidar que la novela en la que se basa el filme es de Thea von Harbour, cuyos guiones están impregnados de evidentes influencias pro nazis.

Pero desde luego, no es mi intención entrar en divagaciones políticas acerca del mensaje de la película, por que aunque no esté de acuerdo con ellas, respeto la voluntad del director, sin que esto perjudique a la opinión que tengo sobre el film. Y es que, desde luego, estoy completamente de acuerdo con los que dicen que Metrópolis es uno de los grandes clásicos.