Metafísica; Aristóteles

Filosofía griega. Sabiduría. Justicia. Ciencia y causalidad en el pensamiento aristotélico

  • Enviado por: Denis Guillou
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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Breve análisis de los capítulos 1 y 2 de la

Metafísica

De

Aristóteles

Capitulo Primero (980 a - 982 a 3)

“Todos los hombres al saber tienden por naturaleza. Y un signo de ello es el amor de las sensaciones, pues aún aparte de su uso son amadas por sí mismas, y sobre todas las otras, las por los ojos. En efecto, no solo en vistas de obrar, sino aún cuando nada nos aprontamos a hacer, preferimos el ver a todas las demás, por así decir. Y la causa es que ésta sensación máximamente nos hace conocer, y hace evidente muchas diferencias” (1)

El párrafo se inicia con una sentencia incisiva: “todos los hombres al saber tienden por naturaleza”. A continuación nos entrega las premisas que lo llevan a emitir tal juicio; nos recuerda que amamos a las sensaciones independientemente de su uso, y que a la que más amamos es la vista, y nos explica que la razón de ese amor es que dicha sensación nos muestra muchas diferencias, es decir, nos hace distinguir, entender, evidenciar mejor las cosas, nos hace, por tanto, conocer, saber.

“Por Naturaleza poseen sensación1 los animales, y de ésta, si bien en algunos de ellos no se engendra la memoria, en otros sí se engendra. Y por eso éstos son más providentes y capaces de aprender, que los que no pueden memorar, siendo inteligentes, pero sin aprender cuantos no pueden oír los sonidos (cual la abeja y eventualmente algún otro género tal de animales). Aprenden en cambio cuantos además de la memoria tienen ésta sensación” (2)

Luego, en ésta segunda parte, señala Aristóteles la directa relación entre las sensaciones (particularmente la audición) y la memoria, la que, señala, hace a los animales providentes y capaces de aprender. De modo que aquí comienza a definir los elementos que configuran el saber.

“Los otros animales de fantasía viven y de memorias, mas de la experiencia poco participan. El género de los hombres, en cambio, de arte y de razonamientos.

De la memoria genérase en los hombres la experiencia, pues las muchas memorias del mismo hecho, consuman la potencia de una experiencia.

Hasta se cree que la experiencia es casi semejante a la ciencia y al arte2, más en los hombres resulta la ciencia y en arte de la experiencia, pues “la experiencia creó al arte” según acertadamente dice Polos, “y la experiencia al azar”.

Y genérase el arte siempre que de muchas nociones de la experiencia se genera un juicio universal sobre lo semejante.

Pues poder juzgar que a Kallias éste, aquejado de ésta enfermedad, esto aquí le convino, y a Sócrates, y singularmente así a muchos, es propio de la experiencia.

Mas que convino a todos los que son tales, definidos por especie una, aquejados de ésta enfermedad (cual a los flemáticos o a los biliosos presas de la fiebre), es propio del arte.” (3)

En el tercer párrafo, enuncia la génesis de la experiencia como producto de repetidas memorias acerca de cosas similares. Enseguida nombra a dos grandes que ocuparán su análisis posterior: La ciencia y El arte. Y así como la experiencia se genera de muchas memorias, el arte, es producto de muchas experiencias, dice el Filósofo griego.

Aquí ya empieza a evidenciarse la estructura argumentativa de Aristóteles, en la que enlaza sentencias difícilmente discutibles, hilvanado lógicamente un argumento cada vez más pesado (por la enormidad de las conclusiones).

Del inicio del primer párrafo saca a las sensaciones como herramienta fundamental del conocimiento, luego las señala como causantes de la experiencia, y finalmente, acusa a la experiencia como generadora del arte y de la ciencia, detallando y ejemplificando, a continuación, las génesis de éstas mismas.

“En relación con la acción, se cree que la experiencia nada difiere del arte, sino que vemos aun que mejor aciertan los expertos, que los que sin experiencia tienen alguna razón.

Y la causa es que la experiencia es conocimiento de lo en cada caso, el arte en cambio, de lo general, más las lecciones, y las generaciones todas versan sobre lo singular. Pues no sana al hombre el médico, si no accidentalmente, sino a Kallias o a Sócrates o a alguno de los hombres que así se digan, al cual acaece ser esencialmente hombre. Si pues sin la experiencia tiene alguien la razón, y conoce así lo universal, más ignora lo singular en él, muchas veces errará de cura, pues curable es lo singular.

Mas con todo pensamos que el saber y el entender están más presentes en el arte que en la experiencia, y más sabios juzgamos a los hombres de arte que a los expertos, como atribuyendo más sabiduría a todos según el saber.

Y esto porque unos conocen la causa y los otros no. Pues los expertos saben sí el que, mas no el por qué. Los otros, en cambio, conocen el por qué y la causa.” (4)

Aristóteles explica ahora la diferencia entre el que tiene experiencia y el que sabe. Por una parte, quien posee la experiencia, el artista, sabe cómo hacer lo que le compete, pero desconoce las causas que configuran lo que él busca, sólo sabe que si hace esto, logrará esto otro, mas no sabe por qué. Dice el filósofo estagirita que la sabiduría, o más literalmente, el saber y el entender, están más cerca del artista que del experimentado, pues, como veremos más adelante, el conocer o entender las causas es capital para el saber.

“Por lo cual también estimamos más dignos y de más saber a los obreros artesanos que a los obreros manuales, y más sabios, porque conocen las causas de lo que se produce, pensando, pues, que no por más activos son más sabios, sino por tener una razón y conocer las causas.

Los otros como algunos de los inanimados, que si bien obran, sin saber hacen lo que hacen, cual quema el fuego, operando los inanimados por una cierta Naturaleza y los artesanos manuales por costumbre.

En general, signo que distingue al que sabe y al que no sabe, es el enseñar, y por esto tenemos al arte por más ciencia que la experiencia: unos, en efecto, pueden, los otros no pueden enseñar.

Además, de las sensaciones, a ninguna consideramos sabiduría. Son empero éstas, máximamente dominantes en los conocimientos de los singulares. Mas no dicen el por qué de nada, cual por qué es cálido el fuego, sino que cálido.

Es, pues, verosímil que quien inventó un arte cualquiera fuera de las comunes sensaciones fuera admirado por los hombres, no sólo por ser útil en parte lo inventado, sino como sabio y diferente de los otros.

Y habiéndose inventado muchas artes, refiriéndose unas a lo necesario, y otras a la conducta y fruición, siempre se juzgó más sabios a éstos que a aquellos, por no ser para uso sus ciencias”. (5)

Aquí es donde ratifica, el hijo de Nicómaco, lo dicho anteriormente, e introduce la capacidad de enseñanza como muestra de la verdadera sabiduría, pues quien no sabe el por qué no puede enseñar.

Agrega también aquí, otro elemento diferenciador de la experiencia y el saber, pues dice que la experiencia se obtiene a través de las sensaciones(de ver que las cosas así ocurren), las causas en cambio, no pueden ser sentidas (ni vistas, ni oídas...), sino solamente comprendidas(vistas con los ojos de la razón).

“De donde constituidas todas las de tal cualidad, fueron inventadas las que ni se refieren al placer ni a lo necesario, y primero en aquellos lugares en donde primero se gozó de ocio. Por lo cual en Egipto se constituyeron las artes matemáticas, pues allí se permitió el ocio a la estirpe sacerdotal”. (6)

En éste párrafo, relaciona directamente la lejanía del hacer práctico (o vulgarmente conocido como ocio) y el nacimiento de las artes. Por lo que se puede inferir, el estado ocioso es caldo de cultivo3 para la génesis del arte.

“Se ha dicho en los libros éticos4 cuál es la diferencia del arte y de la ciencia y de los otros hábitos del mismo género. El fin en cuyo mor ahora hacemos este razonamiento es éste: que todos piensan que lo que se llama sabiduría versa sobre las primeras causas y los primeros principios.

De suerte que, como anteriormente se ha dicho, créese que el experto es más sabio que quienes tienen sensaciones, cualesquiera que sean, y el hombre de arte más que los expertos, y más que el artesano manual, el maestro, y que las ciencias especulativas son más sabiduría que las productivas. Que la sabiduría por ende es una ciencia, de ciertos principios y causas, es evidente.” (7)

Aristóteles hace la conclusión de este capítulo enunciando primero, el producto de los raciocinios anteriores, y luego el producto final: la sabiduría es una ciencia de principios y causas.

Si nos alejamos un poco hacia atrás para ver la macro estructura argumentativa del primer capítulo podemos ver que al inicio(1) nos señala a los sentidos como importantes para el saber, luego (2) nos dice que las sensaciones y la memoria nos hacen aprender, después (3) cómo la memoria genera la experiencia y cómo esa experiencia constituye lo que provechosamente hace el hombre con lo que aprende, es decir, arte y ciencia. En los párrafos siguientes (4 y 5) desnuda la importancia del arte (como sabiduría) por sobre el técnico quehacer manual del experimentado. Posteriormente (6) menciona brevemente las condiciones para la génesis de la ciencia, dejando abierta una ventana hacia el mejor entendimiento de la diferencia entre ciencia y arte en la Ética Nicomayea, y finalmente (7) formula la conclusión arrastrada de los anteriores razonamientos.

Capítulo Segundo (982 a 4 - 983 a 23)

“Puesto que la ciencia investigamos, esto es lo que se ha de examinar: la ciencia de cuáles causas y de cuales principios es sabiduría.” (A)

En el segundo capítulo, Aristóteles inicia su discurso de una forma diferente a la del primer capítulo; Ahora define desde un principio lo que abarcará su tratado.

“Si se toman los juicios que tenemos acerca del sabio, acaso a partir de esto se haga más claro lo investigado.

Pensamos primero, (1) que el sabio sabe todo cuanto es posible, sin tener ciencia singularmente de ello. Luego, que (2) quien puede conocer lo arduo y no fácil de conocer para el hombre, éste es sabio. Pues el sentir es común a todos, por lo cual es fácil y nada sabio. Además (3) al más riguroso y (4)capaz de enseñar las causas juzgámoslo más sabio en cada ciencia. Y de las ciencias, (5) la que en mor de ella misma y gracias al saber es preferida, es más sabiduría que la que en mor de sus efectos, y (6) que la más rectora es más sabiduría que la subsirviente. Pues no debe el sabio someterse a órdenes, sino ordenar, ni obedecer éste a otro, sino a éste el menos sabio.

Tantos y tales son los juicios que acerca de la sabiduría tenemos.” (B)

“De éstos (1) lo de saber todo necesariamente es inherente a quien máximamente tiene la ciencia universal, pues éste sabe de algún modo todos los sujetos, (2) y también es casi lo más arduo de conocer para los hombres, lo máximamente universal, pues es lo más remoto de las sensaciones. (3) Pero las más rigurosas de las ciencias son las que máximamente versan sobre lo primero, pues las de menos elementos son más rigurosas que las que se dicen de una suma de ellos, así la aritmética más que la geometría.

Mas por otra parte (4) capaz de enseñar, ciertamente, es la ciencia mayormente especulativa de las causas, pues los que enseñan son los que dicen las causas de cada cosa. (5)Y la más rectora de las ciencias, y más rectora que la subsirviente, es la conoce en mor de qué se ha de cumplir cada acción.” (C)

Con el fragmento “B” Aristóteles entrega los juicios que tiene luego de los anteriores razonamientos, que versan la supremacía de la ciencia del saber por sobre las otras, y luego en el fragmento “C”, de una manera deliciosamente ordenada y metódica, justifica los juicios anteriores, amparado por lo que antes hemos convenido.

“Más esto es el bien de cada cual, y en general lo óptimo en la Naturaleza toda.

Por todo lo dicho, el nombre en cuestión recae en la misma ciencia, ella ha de ser, por tanto, especulativa de los primeros principios y causas. También el bien en efecto, esto es, aquello en mor de lo cual, es una de las causas.”

Luego recoge lo anteriormente señalado para darle el nombre de Bien. Y dictamina en función de la razón, que es la misma ciencia, el nombre de ese bien, y lo señala como una de las causas.

“Que no es productiva, es evidente si consideramos a quienes primero buscaron la sabiduría, porque por la admiración principian hoy los hombres, y principiaron originalmente a buscar la sabiduría, admirados en un conocimiento de las cosas insólitas más próximas y a la mano, y progresando así paulatinamente e investigando acerca de cosas mayores cual las afecciones de la Luna y el Sol y de los astros, y acerca de la génesis del Universo. Mas quien está perplejo y admira, reconoce que ignora (es también por esto que quien ama mitos es de algún modo filósofo, porque el mito consta de hechos maravillosos) de suerte que si por huir de la ignorancia buscaron la sabiduría, evidentemente por el saber mismo buscaron la ciencia, y no en mor de cierta utilidad.

Y lo acaecido da testimonio de lo mismo, pues existiendo ya casi todas las artes que se aplican a las necesidades, a la holgazana y a la vida, se principió a buscar ésta sabiduría. Es evidente, pues, que no la buscamos persiguiendo otra utilidad. Como decimos libre al hombre que vive en mor de sí mismo y no de otro, así también la sabiduría es como la única libre entre las ciencias, pues ésta es la única que es en mor de sí misma.”

Que no es productiva, nos dice el Filósofo Griego, y no lo menciona como algo negativo, como podría pensarse; Muy por el contrario, el hecho de que no es en mor de algo útil, señala que significa que no tiene otro objetivo que sí misma, y eso la hace libre.

“Por ello con justicia podría pensarse que su posesión no es propia del hombre, pues de múltiples maneras es esclava la Naturaleza de los hombres, de suerte que, como Simonides dice: “un Dios sólo puede tener este privilegio” y no sería digno del hombre sino de buscar la ciencia que le fuese proporcionada.

Ciertamente si los poetas dicen cosa digna de consideración y si la naturaleza divina es susceptible de celos, es verosímil que el celo de los dioses recaiga sobre el que busca la sabiduría y sea (como todos los soberbios) desventurado.”

Es tanta la superioridad, la magnificencia de esta ciencia, que Aristóteles nos invita a suponer que quizás sea privilegio de los Dioses los que probablemente reservarían castigos tremendos para quienes osaran aspirar a ella...

Mas no caben celos en la divino, sino más bien que, según dice el proverbio, “mucho mienten los poetas”

...pero el mismo nos baja de esa suposición asegurando la imposibilidad de esa actitud divina, y con aire un poco sarcástico señala que mucho mienten los poetas...

“Ni es menester pensar que otra ciencia es de mayor dignidad que la sabiduría. En efecto, la ciencia más divina es también la de mayor dignidad, mas la sabiduría sería la única ciencia doblemente divina, pues divina sería la ciencia que máximamente un dios poseería, y la ciencia si alguna hubiere, de lo divino. Mas sólo a la sabiduría ha caído en suerte lo uno y lo otro, pues según todos piensan, dios es una se las causas y un cierto principio, y, además, dios solamente o máximamente, poseería una ciencia tal. Si, pues, todas son más necesarias que ésta, ninguna es mejor.”

Sin embargo, Aristóteles deja situada a la sabiduría en el status de ciencia divina, y por lo tanto la de mayor dignidad. Termina por reiterar que todas las otras ciencias son prácticas, útiles, pero ninguna es mejor.

“Es menester empero que la posesión de la sabiduría convierta de alguna manera en su contraria la disposición, origen de su investigación. Pues como dijimos, principian todos los admirados si algo es como es, como ocurre con las marionetas automáticas o los giros del sol, o la inconmensurabilidad del diámetro, pues parece ser admirable, a todos los que aún no han visto la causa, que algo no pueda medirse con lo mínimo. Mas es menester concluir en lo contrario, y en lo mejor, según dice el proverbio, como además ocurre en estos casos una vez que se ha comprendido, pues nada admiraría tanto a un geómetra como que el diámetro resultase conmensurable.”

Finalmente, nos advierte que el horizonte en nuestra búsqueda de la sabiduría no se limita al asombrarse, paso que es necesario, pero no el único. De alguna manera profetisa que debemos llegar a la conversión contraria del origen de nuestra investigación, de nuestra búsqueda, pues en el asombro, la maravilla que nos invita a saber, es la ignorancia de las causas que lo determinan.

“Queda dicho, pues, cuál es la naturaleza de la ciencia de la ciencia buscada y cuál es el objetivo que debe alcanzar la búsqueda y la investigación íntegra.”

Y, al igual que en el primer capítulo, nos menciona las conclusiones que hemos obtenido, y, en cierta forma, deja constancia de los pasos avanzados hacia la nueva ciencia.

1 “ððσððσðð ð Acción de sentir, sensación, percepción, || Acción de comprender o entender; conocimiento o noción”. Diccionario Griego - Español, Florencio I. Sebastián Yarza, editorial Sopena.

2 “ððððð : Arte, oficio, profesión, habilidad manual” Diccionario Griego - Español, Florencio I. Sebastián Yarza, editorial Sopena.

3 Bio. Dicho que se refiere a ser un medio apto, óptimo o adecuado.

4 Ética Nicomayea.