Merengue

Baile folklórico dominicano. Música tradicional dominicana. Estructura musical. Coreografía. Variantes

  • Enviado por: Luimy
  • Idioma: castellano
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¿Cuál es el Origen del Merengue?

En 1854, aparecen las primeras noticias sobre el merengue, en el periódico ¨EL OASIS¨, en un artículo calzado por ¨ingenuo¨, seudónimo que empleaba el poeta Eugenio Perdomo, en lo que se refiere en su obra Música y Baile, en Santo Domingo del historiador Emilio Rodríguez Demorizi: ¨Y cuando dan principio al merengue, el uno toma la pareja contraria, el otro corre de un lado para otro porque no sabe que hacer, éste tira del brazo a una señorita para indicarle que a ella toca merenguear, aquel empuja la otra para darse paso, en fin, el más elegante trastorna una figura y hace recaer la falta sobre su pareja, todo es una confusión, un laberinto continuo hasta el fin de la pieza. En este párrafo, se empieza a manifestar la élite urbana, intelectuales como Manuel de Jesús Galván y Ulises Francisco Espillat, quienes recibirían la irrupción del merengue como un baile indecente, danza maldita, de figuras ridículas. Afirmaban como descripción de su coreografía, al señalar que ¨no pueden decir que es la manera más cómoda de bailar, porque tiene que hacer mucha fuerza para llevar la pareja tan cerrada, el brazo levantado más alto que la cabeza, llevando la mano de la señorita a la espalda sobre sus hombros. Dicho artículo hacía un llamado a desterrar ¨este detestable baila de tan poco gusto¨, en el inicio de lo que Rodirguez Demorizi calificaría como la campaña poética contra el merengue. En otro texto posterior de ¨ingenuo¨, al parecer admitiendo la rápida profusión del nuevo ritmo, se apelaba a bailarlo por lo menos decentemente, debido a que en caso contrario, las fiestas correrían el riesgo de quedarsen sin la presencia femenina, ya que los padres se negarían a permitir la presencia de sus hijas. Al momento de hacer su aparición el merengue , la tumba constituía el baile preferido, siendo considerado de la danza nacional y cuya coreografía se representaba: ¨Todos los danzantes se colocan en fila, de dos en dos, como colegiales que son llevados de paseo; los hombres de un lado, las mujeres del otro. Desde que la orquesta da la señal, ellos operan un cuarto de conversión y se dan el frente. En ciertos momentos indicados por las variaciones del clarinete, el bailador danza con su compañera o los dos, el uno frente al otro, se entregan a poses y balanceos que en uno de nuestros bailes públicos harían erizar los mostachos de los guardias municipales y poner a los ejecutantes en el violón. Terminada así la primera figura, cada joven deja a su caballero para tomar a aquel que se encuentre más cerca de ella. ¨Cuando cada mujer ha bailado sucesivamente con todos los hombres presentes, la tumba ha terminado, con sentimiento general, a menos que no se la repita, es decir, por lo menos un minuto. Como puede verse, este era el baile que estaba desplazando el merengue. De este modo, la sensualidad y la proximidad física con que se practicaban los movimientos del nuevo baile, mortificaban sobremanera a los virulentos críticos del merengue. En términos más duros, se asocia este baile con un origen demoníaco. Para los partidarios de la tumba y opositores al merengue, la solución del problema se encontraba en expulsar del país -poéticamente hablando- a ¨ochocientos merengueros¨ en el velero EL MERENGUE. La campaña contra el merengue escenificada en Santo Domingo en 1855, se reinicia en Santiago en 1875, encabezada por Ulises Francisco Espaillat. Este enfoque aspiraba al predominio de danzas como la polka, la mazurca, la cuadrilla y el vals. De maneras finas y europeas, frente a la penetración que ya se observaba en el salón, del fatal merengue. Bajo este aspecto de vista se repudiaba la llegada del merengue ¨a la buena sociedad¨, y además se lamentaba la suplantación de los instrumentos de cuerda de fabricación vernácula, con los que se amenizaban las fiestas populares, por el ínsipido y horripilante acordeón¨. Para el señor Espaillat de ínfulas aristrocratizantes, el bailar merengue ya formaba parte del catálogo de males nacionales, entre los cuales consignaba el comer el ¨debilitante sancocho¨, la afición por las peleas de gallos y dejar para mañana lo que se podía hacer hoy. Entre los primeros merengues citados por Galván, en 1855, figuran títulos como: ¨Ay Cocó¨, ¨Los Pastelitos¨, ¨EL Morrocoy¨, ¨La Juana Aquilina¨, ¨La Cadena¨, ¨El Carlito cayó en el pozo. Algunas de estas composiciones son atribuidas al músico dominicano Juan Bautista Alfonseca (1810-1875), a quién Pedro Henríquez considerado como un músico de gran cultura y de genial instinto popular y a quién un significativo número de personas identifican como uno de los padres del merengue. Según Rodríguez Demorizi, manifiesta que una de las piezas más populares, fué ¨La Juana Aquilina¨, que quizás su origen se relaciona con un hecho que figura en los archivos policiales: ¨En 1855 el díscolo Juan Hernández llegó a casa de Juan Aquilino, donde se bailaba, y promovió un ruido desorden rompiéndole el cuatro en la cabeza a uno de los músicos. De ahí probablemente, nace la letra del merengue. La folklorista y escritora Flérida de Nolasco, apoyada en la versión transmitida por el historiador Federico Henríquez y Carvajal, atribuye la autoría de dicho merengue a Alfonseca, en su obra LA MUSICA EN SANTO DOMINGO Y OTROS ENSAYOS, publicada en 1939. Una de las versiones más generalizadas acerca del origen del merengue, La cita Pedro Henríquez Ureña en su ensayo sobre ¨Música Popular de América ¨, es la que atribuye su nacimiento en el fragor de las luchas de Independencia frente a Haití, el hecho acaeció luego de la batalla de la Talanquera, librada por las tropas dominicanas contra los haitianos, en 1844. Se relata que el abanderado dominicano, Tomás Torres, huyó del campo de combate, llevando consigo la enseña tricolor. En la noche, al hacer el recuento de las incidencias de la confrontación bélica y celebrar el triunfo nacional ¨los soldados cantaron con una melodía nueva, un canto típico para burlar la conducta la conducta del abanderado fugitivo, originando una composición satírica que decía: ¨Tomá juyó con la bandera Tomá juyó de la Talanquera; Si juera yo, yo no juyera; Tomá juyó con la bandera¨. Esta versión fue ofrecida por primera vez , recogiendo una tradición oral, por el periodista Santiago Rafael Vidal, en su artículo ¨Música vernácula¨, que acompaña el albúm musical de Julio Alberto Hernández, en 1927. Desde sus orígenes hasta nuestros días el merengue ha sido un registro fiel de los acontecimientos históricos más sobresalientes de la vida nacional, de la rica y variada dinámica cotidiana de la sociedad, de las costumbres, de las alegrías, y vicisitudes del pueblo dominicano. El señor Rodríguez Demorizi, afirma también, que la dominicanidad del merengue es indudable. Nació en los primeros años de la República de 1844 a 1855, como una modalidad de la danza. Resistió los empeños de destierro de los jóvenes de EL OASIS. Pervivió en una época de tan intenso nacionalismo como fue el período de la Restauración y finalmente, al desaparecer el sonoro cuatro sustituido por el acordeón, ocupó el primer rango en nuestros bailes populares, de donde pasó triunfalmente a la fiesta aristocrática. El merengue ha sido asociado con diferentes bailes, de los cuales se ha afirmado que ha recibido influencias, o que ha sido una derivación o desarrollo particular de los mismos. Del mismo modo se ha planteado el movimiento inverso, viéndose en el baile nacional dominicano la forma primitiva de otras danzas. Mientras Flérida de Nolasco define el merengue como ¨una danza pobre y de invención vulgar¨ y de ¨una modalidad de danza que no es estrictamente autóctona, pues existe con pocas variantes en otros países de América y aparece en España en Epoca Antigua aunque indeterminada¨, el señor Rafael Damirón indica en una conferencia publicada bajo el título ¨De Nuestro Sur Remoto¨, en 1947, que la MANGULINA ¨es lo que hoy se denomina MERENGUE, y cuyo origen se atribuye a cierta región del Cibao; pero no es así: ésta data de más de cien años en la parte Sur de la República. Esta última opinión, que relaciona a la mangulina con el merengue, haciendo figurar a éste como salido de la matriz de aquélla, es compartida por el musicólogo dominicano Esteban Peña Morel, quien a su vez veía en la primera, una danza derivada de los ¨aguinaldos¨y ¨jalcos¨de las Islas Canarias. Por otro lado, Enrique Deschamps, en 1907, encuentra que el merengue , ¨que es la misma (danza) en Cuba y Puerto Rico, aunque con distinto nombre y ligeras variantes en el número de sus compases¨, constituye la versión primitiva de la denominada danza puertorriqueña.