Mercantilismo

Historia económica del siglo XIX. Dinero. Riqueza. Críticas. Absolutismo. Pensamiento económico. Expansión colonial

  • Enviado por: Melomachuka
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'Mercantilismo'

MERCANTILISMO

ÍNDICE

Introducción 3

Capítulo I . - Contexto Histórico

  • El Mercantilismo 6

  • Expansión Colonial como Factor Histórico 9

  • El Hombre del Renacimiento 11

  • El Pensamiento Económico de la Época 12

Capítulo II . - Ideas Principales

  • Los Temas Esenciales del Mercantilismo 15

  • El Dinero y la Riqueza 15

  • El Dinero y los Precios 18

  • El Dinero y la Tasa de Interés 20

  • El Dinero y la Balanza Comercial 22

  • La Política de la Balanza Comercial 26

  • Población, Trabajo e Industria 27

Capítulo III . - Escritos, Documentos, Aportes, Críticas

  • Mercantilismo Inglés 30

  • Mercantilismo Francés 32

  • Críticas al Mercantilismo 35

  • La Nación: El Príncipe y El Absolutismo 35

  • ¿Cómo Enriquecer La Nación? 37

  • Un Estado Fuerte e Intervensionista 38

Capítulo IV . - Anexos

  • El Neo Mercantilismo 41

  • Biografías 41

  • Glosario 45

Conclusión 50

Bibliografía 51

INTRODUCCIÓN

El Mercantilismo es una doctrina de pensamiento económico que prevaleció en Europa durante los siglos XVI, XVII y XVIII y promulgaba que el Estado debe ejercer un férreo control sobre la industria y el comercio para aumentar el poder de la nación al lograr que las exportaciones superen el valor de las importaciones. El mercantilismo no era en realidad una doctrina formal y consistente, sino un conjunto de firmes creencias, entre las que cabe destacar la idea de que era preferible exportar a terceros que importar bienes o comerciar dentro del propio país; la convicción de que la riqueza de una nación depende sobre todo de la acumulación de oro y plata; y el supuesto de que la intervención pública de la economía es justificada si está dirigida a lograr los objetivos anteriores. Los planteamientos mercantilistas sobre política económica se fueron desarrollando con la aparición de modernas naciones Estado; se había intentado suprimir las barreras internas al comercio establecidas en la edad media, que permitían cobrar tributo a los bienes con la imposición de aranceles o tarifas en cada ciudad o cada río que atravesaban. Se fomentó el crecimiento de las industrias porque permitían a los gobiernos obtener ingresos mediante el cobro de impuestos que a su vez le permitían costear los gastos militares. Asimismo la explotación de las colonias era un método considerado legítimo para obtener metales preciosos y materias primas para sus industrias.

Todas las reflexiones económicas están orientadas hacia la acción más que hacia la construcción de un cuerpo sistemático de ideas o de una teoría económica coherente. Los autores que estudiaremos no teorizan mucho y explican más bien poco. Sus temas son circunstanciales y limitados. Estos autores critican, recomiendan, aconsejan, afirman o desmienten y, por todo ello, es ilusorio buscar entre todas esas ideas una coherencia que no tienen y que tampoco reivindican. Si quisiéramos definir los temas centrales del mercantilismo sólo podríamos hacerlo de un modo indirecto, viendo el contenido de las principales obras y uniendo razonamientos fragmentarios.

Las ideas mercantilistas responden a las situaciones del momento. Sin embargo, para ellos la vida económica está siempre en el primer plano y en sus escritos se expresa la variedad de sus circunstancias, la diversidad de sus personalidades, los conflictos de intereses, etc. El pensamiento mercantilista tiene la riqueza, la complejidad, y las contradicciones de la propia vida económica. Una forma de empezar es preguntarnos ¿cuál es para estos autores la finalidad de la actividad económica y, en consecuencia, de sus recomendaciones? La respuesta simple es que el objetivo de la economía es el aumento de la riqueza de la nación. El gran tema de reflexión es entonces por qué medios enriquecer la nación. Más allá de su diversidad, los mercantilistas comparten entonces una cierta idea de la nación, del Estado y del poder. Pero esto nos lleva a otra pregunta: ¿de qué tipo de riqueza se trata? ¿qué tipo de cosas forman la deseada riqueza nacional? Estos dos temas, la concepción del Estado y la definición de lo que realmente constituye la riqueza, serán algunos de los temas a tratar en el presente trabajo.

CAPÍTULO I

“CONTEXTO HISTÓRICO”

El Mercantilismo

Expansión Colonial como Factor Histórico

El Hombre del Renacimiento

El Pensamiento Económico de la Época

EL MERCANTILISMO

El período del mercantilismo abarca más o menos desde 1500 a 1750, y sirve para denotar una fase de amplias transformaciones sociales que van desde la descomposición de las formas medievales de organización social hasta la expansión y la generalización del comercio internacional y de la economía de mercado. Políticamente, está relacionada con el absolutismo y con el ejercicio por parte de los estados de una política de poder frente a sus vecinos y de expansión colonial en ultramar. Por esa razón el término Mercantilista también es útil, desde Adam Smith, para denotar todo tipo de interferencia dañina, imprudente, burocrática y, por supuesto, inútil en la vida económica.

El mismo término ha servido para aglutinar a todo un conjunto de autores preclásicos que escribieron durante el período y que, aunque desde Adam Smith les llamamos mercantilistas, no siempre fueron partidarios del intervencionismo, muchas veces se opusieron a él, y fueron en muchos sentidos precursores, sino claramente partidarios, del liberalismo económico que luego el propio Smith convertiría en una auténtica doctrina económica y política.

Si hemos de ser rigurosos, los autores mercantilistas no forman una escuela de pensamiento, y tampoco son responsables, como veremos más adelante, de las políticas aplicadas por los gobiernos de su tiempo. Si algo tuvieron en común los autores mercantilistas es que fueron personas influyentes de la sociedad; entre ellos encontramos ministros de su majestad, hombres de estado, consejeros de príncipes, magistrados y abogados. Todos pertenecen a las esferas del poder político, espiritual, financiero o jurídico. En España, por ejemplo, nos encontramos con eclesiásticos y funcionarios de casas de moneda y de contratación. En Francia se tratará de legistas y funcionarios. En Inglaterra serán principalmente comerciantes que se ocupan del comercio internacional. Por ello no es sorprendente que las ideas del mercantilismo nazcan de discusiones sobre problemas económicos particulares para los que se trataron de encontrar respuestas concretas, precisas, y sobretodo prácticas.

A partir de esas ideas básicas se pueden organizar los temas restantes. Estos temas, que estudiaremos en su orden, son, en primer lugar, un conjunto de variaciones alrededor del dinero (dinero y riqueza, dinero y precios, dinero y tipo de interés, tipo de cambio y balanza de pagos). En segundo lugar, están un conjunto de temas relativos a la población, el trabajo y la industria. Para terminar el capítulo, destinaremos un lugar especial a "la aritmética política", que bajo el impulso de William Petty pretende tratar los problemas económicos, por vez primera, "en términos de números, pesos y medidas".

Características fueron:

  • Que la riqueza de una nación se basa en acumular oro y plata. Cuanto más oro y plata tenga un país, el país más poderoso será.

  • La mejor manera de conseguir oro y plata es a través del comercio exterior (con otros países).

  • Para que el comercio exterior dé ganancias es necesario vender mucho -exportar- y comprar poco -importar-.

  • Para comprar poco en el exterior es necesario que el país produzca todo lo que necesita para abastecer a su población.

  • Para producir lo que la población necesita se debe favorecer a las industrias y el comercio, actitud asumida con mucha fuerza por los países como Inglaterra (una de las causas es que su religión, la protestante, consideraba que al hombre que progrese económicamente Dios lo miraba con mejores ojos).

  • De ser posible, se deben hacer más productos de los necesarios dentro del país para poder vender los que sobren al exterior y así, al venderlos, ingresa más dinero al país. Los productos industriales tienen más valor agregado que las materias primas por el trabajo y la tecnología empleados en producirlos.

  • Para que todo lo anterior se cumpla hacía falta que la economía sea controlada por alguien con mucho poder: el Estado controlaba todas las actividades económicas. El Monopolio (mono = solo y poleo = vender) es el nombre que se le da a la economía y el comercio controlado por uno sólo.

  • Transportar la mercadería en buques del país para no pagar a los otros países y fomentar la navegación comercial.

  • 'Mercantilismo'

    EXPANSIÓN COLONIAL COMO FACTOR HISTÓRICO

    Los españoles y los portugueses que descubrieron las nuevas rutas marítimas quisieron mantener el control de los mares y el monopolio sobre posesiones de ultramar. Mas otras naciones europeas quisieron ganar acceso igualmente a las grandiosas posibilidades que ofrecían el Nuevo Mundo y los países asiáticos.

    Los ingleses quebraron el predominio marítimo español al imponerse a la Invencible Armada, y, cruzando el Atlántico, fundaron varias colonias en la costa oriental de Norteamérica. Algunas de estas colonias fueron fundadas por compañías particulares y otras por sectas religiosas. Se establecieron como colonos y se dedicaron al trabajo de la tierra. Lentamente avanzaron hacia el interior, expulsando de sus territorios a los indígenas, los indios piel rojas. Los colonos siguieron sometidos al rey de Inglaterra y a las autoridades inglesas, pero disfrutaron de ciertos derechos propios y de algunas instituciones de autogobierno.

    Los ingleses fueron atraídos por las riquezas de las Antillas, donde se pudieron apoderar de Jamaica. Por otra parte, los mercaderes ingleses se dirigieron al Lejano Oriente para participar en el lucrativo comercio de las especias, joyas, tejidos de seda y algodón. En el año 1600 se fundó la Compañía de Comercio de las Indias Orientales que estableció próspera factorías en Bombay, Calcuta y Madras en la India.

    Los franceses participaron igualmente en la colonización de Norteamérica. Avanzaron por el río San Lorenzo, donde fundaron las plazas fortificadas de Québec y Montreal. Québec llegó a ser la capital de la región que entonces fue llamada Nueva Francia y que más tarde recibiría el nombre de Canadá.

    Los cazadores y comerciantes franceses fueron los primeros en explotar la región de los grandes lagos donde entraron en contacto con los indios de los cuales adquirieron las valiosas pieles que eran altamente cotizadas en Europa. A los cazadores siguieron los soldados y misionero. En 1682 Roberto de la Salle recorrió el interior del continente norteamericano de norte a sur, descendiendo por los ríos Ohio y Mississippi hasta el Golfo de México. Tomó posesión de este vasto territorio y los llamó Luisiana en honor al rey Luis XIV. Las ciudades Detroit, San Luis y Nueva Orleáns fueron fundaciones francesas.

    Los franceses también quisieron participar de las riquezas del Caribe y se establecieron en las islas Martinica, Guadalupe, Tortuga y Haití.

    Colbert soñó con crear un gran imperio colonial francés en oriente. Sus ambiciosos proyectos no se realizaron. Sin embargo, los franceses pudieron establecer algunas factorías en la India, como Pondichéry.

    Los Países Bajos (Holanda) eran un país pequeño que conquisto su independencia a través de una prolongada guerra contra España (1567-1648). Durante estas luchas los holandeses pudieron formar una poderosa escuadra que luego les permitió extender su dominio hacia ultramar. Al igual que los otros pueblos colonizadores se dirigieron a los tres continentes extraeuropeos entonces conocidos como: América, África y Asia. En el Nuevo mundo, los holandeses se establecieron en Guyana y en Curaçao y, por algún tiempo también en Norteamérica, donde fundaron la ciudad de Nueva Amsterdam que después de su conquista por los ingleses recibiría el nombre de Nueva York. En África fundaron la Ciudad del Cabo, importante punto para los viajes a los mares asiáticos. Fundaron la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que logró establecer un próspero imperio colonial en las islas de la Sonda.

    La creación de los imperios coloniales produjo profundos cambios económicos en Europa.

    Las nuevas rutas marítimas pusieron fin al monopolio comercial de los pueblos del mediterráneo. Génova, Florencia y Venecia decayeron, mientras que surgían Lisboa, Sevilla, Londres, Amberes y Amsterdam.

    Aumento el volumen del comercio. De Asia llegaban especias, joyas, papel, marfil, porcelana, tejidos, té y café. América proveyó a Europa de productos nuevos, como la papa, el tabaco, el cacao y el maíz. Otros productos americanos importantes eran pieles, madera, azúcar, ron, índigo, oro y plata. De África se sacaban marfil, oro y plumas de avestruz. Pero la mercadería africana más importante era el “marfil negro”, el esclavo. En el curso de los siglos XVI a XVII unos veinte millones de negros africanos fueron reducidos a la esclavitud y enviados a América para trabajar en las minas y las plantaciones.

    El aumento del comercio condujo al perfeccionamiento de las técnicas y prácticas desarrolladas en Italia durante el Renacimiento. Circularon cheques, notas de Banco y letras de cambio. Se generalizó la costumbre de contratar seguros para protegerse contra pérdidas por incendio, naufragio u otros accidentes. En vista de que los negocios requerían cada vez de más capital, los dueños de él se asociaron y formaron sociedades por acciones. Se crearon Bolsas donde se transaban las acciones y otros valores.

    El conjunto de todas estas prácticas y actividades dio origen a un régimen económico que más tarde recibirá el nombre de capitalismo, sistema que se caracteriza fundamentalmente por el control privado de los medios de producción con el fin de obtener utilidades.

    En el orden social el efecto más importante de este desarrollo fue el aumento de la clase media o burguesía que, a medida que pudo conquistar riqueza, prestigio e influencia, trato de obtener también poder político.

    Al mismo tiempo las monarquías lograron consolidar su autoridad y establecer un poder central que se impuso a los poderes feudales locales. A medida que se desarrollaron el comercio y el capitalismo, los gobiernos se esforzaron por controlar las fuerzas económicas y de beneficiarse con las nuevas riquezas. Con este fin siguieron una política económica que recibiría el nombre de mercantilismo.

    El mercantilismo se basaba en la idea de que una nación era rica y poderosa si disponía de una gran cantidad de oro y plata y si no dependía de otra nación para los bienes económicos importantes.

    Bajo la influencia del mercantilismo cada nación trató de vender lo más que podía y de limitar sus importaciones a un mínimun. El gobierno fomentaba la industria nacional, la exportación y las compañías navieras y trataba de desalentar la importación mediante derechos de aduana proteccionista.

    Para el sistema mercantilista las colonias tenían extraordinaria importancia. Las colonias debían proveer a la metrópoli de materias primas y debían servir de mercado para los productos industriales.

    Los mercantilistas consideraban que el comercio entre las naciones era una especie de guerra económica permanente. El intercambio comercial no podía beneficiar a todas las partes de igual manera. Sólo una podía ganar, las otras tenían que perder. Esta política llevó a una intensa competencia entre las naciones. Cada una trato de ampliar al máximun sus posesiones coloniales y de proteger la economía nacional. Entre 1650 y 1800 se sucedieron interminables guerras que obedecieron a, los principios mercantilistas.

    EL HOMBRE DEL RENACIMIENTO

    En cierto modo, la combinación de pensamientos y acción que hemos visto concurrieron en Child o Mun y que más todavía, veremos en Petty, es un fenómeno típico del Renacimiento. La característica más notable del ideal renacentista fue más el polifacetismo que la especialización, es decir, el hombre ideal es el “hombre universal” que debe desarrollar sus capacidades al máximo y en todas las direcciones posibles. Muy cerca de este ideal estuvieron figuras de la grandeza de Leonardo da Vinci, que fue escultor, pintor, arquitecto, músico, ingeniero y científico. Este ideal fue también perseguido aunque en mucha menor escala, por el ferretero francés Montchretien (1575-1621), que, además de ser el autor de un Tratado sobre economía política en 1615, alcanzó fama como poeta menor.

    Al repudiarse la especialización, se desaprobaba también la división de trabajo entre pensadores y hombres de acción. Puesto que los pensadores de antaño no se habían limitado a esgrimir la espada espiritual, tan poderosa en la época, sino que habían exigido obediencia también a los que manejaban la espada temporal, la usurpación del campo del pensamiento por los mismos hombres de negocios dejó a éstos libres de numerosas trabas e hizo posible el ejercicio de un maquiavelismo, bajo el cual era lícito todo lo que pudiera contribuir a la consecución de los propios objetivos.

    EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE LA ÉPOCA

    El que hubiera tantos hombres de negocios que alcanzaran importancia como pensadores de economía tuvo sus efectos sobre la calidad del pensamiento económico. Para su época, e incluso para la nuestra, eran hombres de educación escogida, formación humanista, familiarización con varios idiomas -sin excluir el latín y el griego- y capaces de citar oportunamente a las autoridades adecuadas, cuando les era necesario apoyar en ellas argumentos. Child, el grave hombre de negocios, no dudaba en citar a Hobbes, la oveja negra entre los filósofos de la época, cuando ello convenía a sus propósitos, aunque no sin hacer la salvedad de que: “por muy equivocado que pueda estar en otras cosas”.

    En general, el pensamiento de la época tuvo una orientación eminentemente práctica y política pero, aunque se consideraba basado en la observación de la realidad, descansaba sólo en unos pocos principios generales. Desde el punto de vista empírico, fracasó con frecuencia, debido a la tendencia a interpretar como relaciones causa-efecto, las simples secuencias de acontecimientos que se sucedan en el tiempo. Las equivocaciones en sofismas tipo non-sequitur o post hoc, ergo propter hoc, eran comunes, cuando los autores intentaban hacer hablar a los meros hechos, ya que la observación de los mismos sólo da luz cuando dichos hechos se contemplan como parte de un todo suficiente grande. Los escritores de esta época estaban interesados solamente en unos pocos problemas económicos concretos y no podían disponer ni trataron de construir un modelo económico amplio, que mostrara las relaciones existentes entre las variables más relevantes; tal sistema sólo hubiera podido producirlo la práctica de un conocimiento sistemático. Al preocuparse únicamente y por regla general, de una determinada parte de la economía, faltaba a sus teorías la integración necesaria y estaban llenas de contradicciones.

    En cuanto a los principios generales, se enunciaban con frecuencia en la literatura económica con el único fin de apoyar proposiciones políticas concretas, rara vez se intentó, sin embargo, relacionar el principio general con la proposición política, por medio de un proceso de razonamiento detallado y convincente.

    CAPÍTULO II

    “IDEAS PRINCIPALES”

    Los Temas Esenciales del Mercantilismo

    El Dinero y la Riqueza

    El Dinero y los Precios

    El Dinero y la Tasa de Interés

    El Dinero y la Balanza Comercial

    La Política de la Balanza Comercial

    Población, Trabajo e Industria

    LOS TEMAS ESENCIALES DEL MERCANTILISMO

    Como hemos visto el dinero es el concepto central de las reflexiones mercantilistas. Si hay una recomendación clara de política económica esta es la de acumular la mayor cantidad de metales preciosos mediante la consecución de saldos favorables en los intercambios exteriores. A partir de esa premisa, se pueden deducir fácilmente las relaciones entre el dinero y los precios, entre el dinero y la tasa de interés, y entre el dinero, el tipo de cambio y la balanza de pagos. Además de estas relaciones también haremos mención en este apartado a algunos temas menores sobre la población, el trabajo y la industria.

    EL DINERO Y LA RIQUEZA

    El dinero de la época mercantilista es el dinero-mercancía; es decir, está constituido por metales preciosos marcados, en forma de lingotes o monedas marcadas con un sello que, en principio, garantiza su peso en oro o en plata. Para ordenar la discusión sobre la relación entre "la riqueza de una nación" y el dinero, planteemos para empezar una cuestión básica: ¿es el dinero, para los mercantilistas, sinónimo de riqueza?. Sin lugar a dudas los primeros mercantilistas darían a esta pregunta una respuesta afirmativa. Los mercantilistas llamados bullionistas, principalmente españoles y portugueses de la primera mitad del siglo XVI, se proponen como ambición exclusiva la acumulación y conservación de los metales preciosos en el reino. A ellos les parecía que el valor intrínseco del oro y de la plata, así como su carácter imperecedero, convertían a los metales preciosos en la esencia misma de la riqueza. Por eso proponen, entre otras medidas, la prohibición de exportar el oro y la plata, el cobro de sobre tasas de cambio para las monedas extranjeras, la obligación de pagar las importaciones de bienes en mercancías y no en metales preciosos, la obligación de repatriar las ganancias obtenidas en el extranjero, etc. Todo un conjunto de medidas artificiales, autoritarias, burocráticas e ineficaces.

    Pero ¿por qué razón dinero es sinónimo de riqueza? La respuesta de los primeros autores mercantilistas, es simple: el dinero es riqueza porque es poder de compra. Esto es lo que por ejemplo concluye Davanzati: "todos los hombres desean todo el oro posible para adquirir todas las cosas, para satisfacer todos sus deseos y necesidades, y en suma para ser felices" (Lezione della Monete, 1588). De ahí a pensar que son los bienes, y no el dinero, los que constituye la verdadera riqueza no hay más que un paso, que algunos darían varios años después.

    El dinero, o los metales preciosos, poseen ventajas indudables. Por ejemplo, mientras la mayoría de los bienes son perecederos y difíciles de almacenar, los metales preciosos son duraderos, de valor elevado y divisibles, características todas ellas que los hacen adecuados para efectuar pagos y para la conservación de la riqueza. En todo ese razonamiento se encuentra el reconocimiento explícito de las tres funciones clásicas del dinero: unidad de cuenta, instrumento de cambio y reserva de valor; son precisamente la segunda y fundamentalmente la tercera de estas funciones las que permiten aproximar hasta confundir en lo mismo el dinero y la riqueza.

    Además, los metales preciosos son absolutamente indispensables para reglar los saldos del comercio exterior. Por ello, Tomas Mun (1571-1641), insistirá sobre la necesidad de detentar metales preciosos para las necesidades de los intercambios internacionales. Por la misma razón, el comercio interior debería servir para economizar encajes monetarios y, según Mun, dentro del país el papel del dinero lo puede cumplir adecuadamente los billetes a la orden y las letras de cambio.

    Además de las razones anteriores el Príncipe debe poseer un tesoro, signo de nobleza, de poder, esplendor y, más prosaicamente, porque el dinero es el nervio de la guerra. El Príncipe debe conseguir las armas, preparar la flota, conducir la guerra y todos los gastos deben cubrirse con dinero constante y sonante.

    Finalmente, para muchos mercantilistas, el dinero es la vida y el alma del comercio. Esta idea, extendida en la literatura sin una justificación teórica clara, se apoya en consideraciones intuitivas que reflejan las preocupaciones de los mercaderes. Con frecuencia tal metáfora sirve para identificar dinero y capital; una falacia comprensible cuando la prosperidad pasa por el comercio. Así, abundancia monetaria significa también abundancia de capital para prestar y tomar prestado, para la financiación de las ventas y las compras y para permitir que los negociantes asuman mayores riesgos. Así, unos medios de pago abundantes hacen más fácil la expansión del mercado, mejoran las oportunidades de negocio y las posibilidades de obtener beneficios. ¿Qué otra cosa puede pedir el comerciante? Así se explica también el miedo a una falta de liquidez que también constituye una constante del pensamiento mercantilista.

    De todas formas, como no podía ser de otro modo, pasado el período bullionista empezaron a aparecer numerosas matizaciones. Algunos autores distinguieron muy pronto entre el valor comercial y el valor legal del dinero. Sin duda alguna, El príncipe puede caer en la tentación de multiplicar las monedas, los soles y los escudos, disminuyendo su contenido metálico. En el siglo XVII, muchos mercantilistas se opusieron a estas manipulaciones y sostuvieron que el valor comercial y el valor legal del dinero deberían coincidir (por ejemplo, en España, el padre Mariana en De Monetae Mutatione Disputatio, 1609). Las razones para ello son diversas.

    En primer lugar, como enunciaba la ley de Gresham (1519-1579) "la mala moneda desplaza a la buena". Una vez que sea posible distinguir entre la mala y la buena moneda, se preferirán las primeras para realizar los pagos y las segundas para el ahorro.

    En segundo lugar, la manipulación monetaria sólo es un recurso temporal para aliviar las finanzas públicas. En un primer momento, el Príncipe aumentará sus ingresos a corto plazo retirando la "buena moneda" y poniendo en su lugar moneda depreciada. Pero, más temprano que tarde, los súbditos tendrán la ocasión de devolverle la "mala moneda" (por ejemplo con el pago de los impuestos).

    Por último, si el tipo de cambio no se ajusta al contenido metálico, los comerciantes extranjeros rechazarán las monedas depreciadas como medio de pago. Si, como consecuencia de lo anterior, el tipo de cambio se deprecia, de ello resultará un aumento de los precios de los bienes importados y, eventualmente, una salida de oro del país.

    En resumen, si el dinero constituye la riqueza, sólo se puede tratar del "buen dinero". Tal vez debido a la fuerza de los argumentos en que se apoya, la "Ley de Gresham" es uno de los pocos principio económicos que ha logrado inspirar una metáfora del romancero popular:"gitana que tu serás, como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguno se la queda".

    EL DINERO Y LOS PRECIOS

    La historia económica de la Europa del siglo XVI está marcada, al mismo tiempo, por la entrada de grandes cantidades de oro y plata provenientes del Nuevo Mundo, y por el aumento sostenido de los precios. A Jean Bodin le corresponde el mérito de haber relacionado por primera vez ambos fenómenos y, más concretamente, de haber identificado el primero como la causa del segundo. En los albores del siglo XVI, por razones obvias, los aumentos de precios se produce primero en España y con el tiempo se harán notar en Francia donde la inflación se acelera hacia 1550 y se dura hasta 1690. Todo esto coincide con otro hecho importante: en Europa circulan muchas monedas de dudoso valor. Esto servirá para complicar el diagnóstico sobre las verdaderas causas de la inflación; problema en el que se centrará una de las primeras controversias económicas.

    En 1563 la Chambre de Comptes de París, movida por el deseo de averiguar las causas del aumento sostenido de los precios, encarga a uno de sus miembros, M. de Malestroit, la elaboración de un informe que será publicado con el título de Les Paradoxes sur le faict des Monnoyes (1563). ¿Cuáles son las paradojas de Malestroit? En primer lugar, la inflación que a todos parece algo tan evidente es, para el autor del informe, algo completamente ilusorio. Según Malestroit, la pérdida de poder adquisitivo del dinero en circulación es completamente imputable a la disminución del contenido metálico de la unidad de cuenta.  Este autor se empeña en demostrar que, aunque los precios nominales aumenten, la relación de intercambio entre cada uno de los bienes y el oro y la plata, ha permanecido estable. De modo que la "carestía" sería una ilusión: efectivamente quien compra da más escudos, soles o libras a cambio de los mismos bienes, pero no da más oro o plata. Malestroit concluye entonces que, para evitar esta inflación de unidades de cuenta, lo único que hace falta es aplicar la ortodoxia monetaria de la época manteniendo constante el contenido metálico de las monedas. Malestroit subraya, con su segunda paradoja, que aferrarse a los valores nominales sin tener en cuenta el contenido metálico de las monedas es arriesgarse a sufrir pérdidas de capital; él piensa, con razón, que el rey que percibe sus ingresos en monedas depreciadas no recibe por lo tanto la misma cantidad de oro y de plata que sus predecesores.

    Jean Bodin contestará a tales ideas en su Response aux Paradoxes de M. de Malestroit (1568). Su crítica es, en primer lugar, empírica y, a continuación, teórica. Según las cifras de Bodin, El aumento de los precios de los bienes esenciales (el trigo, la tierra, las viñas, las frutas, etc) es muy superior a la depreciación de las monedas. La inflación no es entonces solamente "nominal" (en unidades de cuenta), sino también real (de los precios en términos de oro y plata). Una vez demostrado que la inflación no es una ilusión, Bodin pasa a discutir sus causas. Para él, la causa principal es la abundancia de oro y de plata. El mayor crecimiento de la oferta de metales preciosos en relación con la oferta de los demás bienes, disminuye los precios relativos del oro y la plata con respecto a los demás bienes, o, en otros términos, aumenta los precios de los bienes en términos de oro y plata. El nivel general de precios (el inverso del valor del dinero), se relaciona entonces directamente con la cantidad de oro y plata existente en el mercado.

    ¿Podemos considerar que esta explicación descansa sobre lo que más tarde se denominará la teoría cuantitativa del dinero? En un cierto sentido sí, ya que el nivel de precios se relaciona con la cantidad de dinero y en esta idea hay una teoría monetaria de la inflación. Sin embargo, también hay que subrayar que otras ideas esenciales de la teoría cuantitativa están ausentes en el pensamiento de Bodin. Este es el caso, en primer lugar, de la secuencia oferta excedente de dinero, demanda excedente de bienes, inflación y, en segundo lugar, de la proporcionalidad supuesta entre el nivel de precios y la cantidad de dinero. El razonamiento de Bodin, en definitiva, no es más que un resultado, avanzado para su época, de la aplicación de un modelo oferta-demanda a una mercancía particular: el dinero.

    A continuación, Bodin analiza las causas del aumento de la cantidad de dinero. El origen está en la balanza comercial; el comercio exterior de Francia con España es fuertemente superavitario y ello se traduce en la importación neta de oro y plata. Además están las transferencias de los numerosos franceses que encontraron fortuna en España y la entrada de capitales de los numerosos banqueros extranjeros que se instalaron en la Francia de la época. Aunque lo esencial del análisis de Bodin se encuentra en el mecanismo monetario, el autor añade otras causas del aumento de los precios, entre las que se cuentan: el despilfarro que resulta de la moda que crea demandas artificiales y cambiantes, el desarrollo de las exportaciones que reduce la oferta interior, los monopolios y las alianzas que frenan la competencia y, finalmente, los príncipes cuyos gastos son excesivos.

    Las consecuencias prácticas de todo el análisis de Bodin son, sin embargo, un tanto deprimentes. Para el autor, en primer lugar, resulta muy difícil luchar contra las causas secundarias de la inflación. En cuanto a la causa principal, el exceso de dinero, el autor no hace más que dejar constancia en su razonamiento las contradicciones del pensamiento mercantilista. Acaso el oro y la plata no son la riqueza del reino; puede ser que la inflación sólo sea el precio a pagar por la prosperidad de los negocios. De todos modos, el exceso de dinero es claramente preferible a la escasez monetaria de los años anteriores. Carece de sentido embarcarse en una política de deflación imposible, por otra parte, de poner en práctica si se desea seguir comerciando con el exterior. Bodin, en consecuencia, no va más allá de oponerse a las manipulaciones monetarias, y expone con convicción pero sin originalidad las ventajas de una moneda cuyo contenido metálico sea estable.

    El gran aporte de Bodin no es práctico sino teórico. Desde entonces, la relación positiva entre la abundancia monetaria y los precios será parte del acervo común del mercantilismo. Esta idea se integra en una visión general del dinero que se resume en la obra de Davanzati. El dinero, para este último autor, es unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor. Como medio de pago y reserva de valor es, al mismo tiempo, vehículo de las transacciones y poder de compra y, en consecuencia, constituye la esencia de la riqueza. Para que la mala moneda no desplace a la buena, el príncipe debe resistir la tentación de depreciarla; no obstante, como un subproducto no deseado, la abundancia de dinero hace aumentar los precios.

    EL DINERO Y LA TASA DE INTERÉS

    Por encima de todo, para los mercantilistas la abundancia de dinero tiene una ventaja indudable: permite la disminución del tipo de interés. Los argumentos se encuentran expuestos con claridad en la obra de T. Culpeper (1578-1662) y particularmente su Traite Contre L'Usure (1621). Cuando el tipo de interés es alto, los mercaderes más afortunados se retiran, ya que para ellos es más seguro y más rentable prestar el dinero que dedicarse directamente a los negocios. Los negociantes jóvenes y endeudados se ven conducidos a la ruina o desmotivados, ya que lo esencial de sus beneficios sólo sirve para cubrir el servicio de los préstamos. De la misma manera, y esto es lo más importante para Culpeper, las inversiones agrícolas disminuyen y el valor de la tierra cae abruptamente. Sin duda este razonamiento, y no es el primero que mencionamos de ese tipo, tiene un cierto sabor keynesiano. El tipo de interés es el rendimiento mínimo requerido por la inversión; si dicho mínimo es muy alto, numerosos proyectos se convertirán en no rentables y serán abandonados; en tanto que, por el mismo motivo, se retirarán los capitales ya comprometidos. Abandonar los negocios se hace más interesante que dedicarse a ellos; como la inversión es cada vez menos rentable, se corre el riesgo de que los créditos terminen financiando en mayor proporción los gastos de consumo.

    Una baja tasa baja de interés es considerada entonces algo favorable al comercio. Pero esa es sólo una condición necesaria y no suficiente para la prosperidad de los intercambios. Thomas Mun, se encargará de señalar con justicia, que un tipo bajo de interés puede no ser más que el reflejo de un comercio deprimido y en consecuencia de una baja demanda de capitales. Con esta excepción, los mercantilistas piensan que una baja tasa de interés es el resultado de la abundancia monetaria. Muchos años más tarde se descubrirá que todo el argumento para defender esta conclusión está basado en la incapacidad de distinguir entre el concepto de dinero, el de capital y el de fondos prestables. A riesgo de simplificar, podemos decir que, para los mercantilistas, esos tres conceptos distintos se funden en una y la misma cosa: la riqueza (influencias teológicas aparte). Si la nación posee mucho oro y plata ( es decir, dinero), la inversión será abundante (acumulación de capital), y el crédito barato (fondos prestables).

    Pero, ¿qué debe hacer el gobierno si se encuentra con una situación de escasez monetaria? Si eso ocurriera la ley debe suplir al mercado. Culpeper, por ejemplo, pide que se limite severamente el tipo de interés autorizado con el fin de poder competir con los holandeses que se benefician de tasas más bajas que los ingleses. La exigencia de un respaldo legal es, con una frecuencia comprensible, la única respuesta de los comerciantes en el conflicto que les enfrenta al poder financiero. Ambos intereses, los del banquero y el mercader, son claramente contrapuestos y los mercantilistas se preocuparán por distinguir con claridad entre la tasa de interés (legítima) y la usura (abusiva); una distinción artificial que sólo es un síntoma de las limitaciones del análisis.

    EL DINERO Y LA BALANZA COMERCIAL

    En el siglo XVI, el pillaje de los tesoros y la explotación de las minas del llamado Nuevo Mundo, constituye para Europa la fuente esencial de metales preciosos. España y Portugal, como puertos destacados de entrada, fueron también la cuna de los primeros autores bullionistas quienes se empeñaron en defender que el oro y la plata deberían permanecer dentro de las fronteras del reino. Por eso fueron también los países más intervencionistas. Para los países que no contaron con la suerte de tener un acceso directo a las fuentes de metales preciosos, la única forma de conseguirlos estaba en los excedentes de la balanza comercial. Como afirma Montchrestien: "necesitamos del oro y la plata y no teniéndola de nuestro cuño, debemos conseguirla de los extranjeros"(Traité...). En suma, como el oro entraba en España y Portugal, era necesario que los déficit comerciales lo hicieran salir.

    En un primer momento, el saldo favorable de los intercambios comerciales se consiguió mediante una política de prohibiciones, restricciones y controles. Prohibiciones de exportar metales preciosos, obligación de cada mercader de exportar primero para importar después, tentativas de establecer controles burocráticos y restricciones administrativas adicionales (gracias, por ejemplo, a la Office of Royal Exchange en Inglaterra), etc.

    Sin embargo, en el siglo XVI, la explosión de los intercambios internacionales debilitará progresivamente la eficacia de tales disposiciones. La emergencia de un mundo financiero especializado, la generalización de las letras de cambio, los privilegios acordados a las grandes compañías (entre ellos el de exportar oro) y, de un modo general, la imposibilidad material de controlar unos flujos comerciales siempre crecientes, son todos procesos que terminarán por arruinar el poder de la administración. Así se impone la idea de que, si el comercio es deficitario, el oro saldrá inevitablemente del reino.

    En consecuencia, ¿cómo evitar la salida de oro? ; ¿qué hacer si el desarrollo del comercio agrava y convierte el problema en algo crucial?. Alrededor de estas cuestiones generales se enfrentarán G. Malynes, Edward Misselden (1603-54) y Thomas. Mun en una de las controversias más fructíferas de la historia del mercantilismo.

    Con la crisis comercial de los años 1620, aparece en Inglaterra una generación de autores bullionistas de la que Gerald Malynes es el representante más importante. Malynes buscó la razón del déficit comercial en los mecanismos de cambio (de acuerdo con la tradición bullionista). Su razonamiento es, a grandes rasgos, el siguiente. En un sistema de dinero mercancía, la paridad viene dada por el contenido metálico respectivo de las distintas monedas y el tipo de cambio debe ajustarse a ello (es, por supuesto, una cuestión de equidad, lo otro sería un fraude). La paridad de las monedas asegura el equilibrio en los flujos de dinero, ya que una vez alcanzado el tipo de cambio adecuado, según nuestro autor, no se producirá ningún movimiento de dinero, ya que no existirá la posibilidad de obtener ganancia alguna del intercambio de monedas o mediante la exportación o importación de especies.

    Ahora bien, las monedas inglesas se encuentran subvaloradas: su precio se sitúa por debajo de la paridad y, precisamente por eso, se pueden obtener ganancias exportándolas; eso precisamente explicaría la salida de oro. La salida de oro, por su parte, hace bajar los precios en Inglaterra y los aumenta en el extranjero, con lo que se degradan aun más los términos de intercambio británicos. La gran hipótesis implícita de Malynes es que las funciones de demanda, tanto doméstica como extranjera, son inelásticas a los precios. Por eso puede decir que el resultado será un déficit en el valor de los intercambios de las mercancías que, además, constituye la contrapartida contable de la salida de dinero. Por todo eso, Malynes concluye, "el abuso del tipo de cambio", es decir la sobrevaloración de la moneda inglesa, es la causa del déficit comercial.

    Por supuesto, Malynes no es tan ingenuo como para desconocer que si hay déficit en los intercambios será inevitable la salida de dinero. Su explicación es la siguiente: "el déficit comercial crea una demanda excedente de créditos sobre el exterior para reglarlo, esto hace aumentar el precio de las letras de cambio sobre el exterior y en consecuencia bajar el tipo de cambio. Puede ocurrir que éste baje hasta el punto en que resulte menos costoso reglar el déficit directamente en oro, con lo que se alcanza el punto de salida del oro". En este mecanismo los intermediarios financieros, que venden créditos sobre el exterior, tienen interés en venderlos caros. Acelerando entonces la depreciación y la salida de metales preciosos. Pero, aunque el segundo mecanismo refuerza al primero, no es la causa del déficit. Esta se encuentra, como hemos dicho, en el "abuso del cambio" y Malynes lo resaltará con vehemencia: "así, vemos claramente que el desequilibrio de los bienes se debe al abuso del cambio que gobierna las monedas, que son a su vez las que gobiernan los bienes" (El Centro del Círculo del Comercio, 1623, cap.3).

    Las conclusiones políticas de Malynes se deducen directamente: hay que retornar a un estricto control de cambios, la Office of Royal Exchange debería supervisar todos los intercambios y prohibir las transacciones que no respeten la paridad. Los intereses de los mercaderes y comerciantes deben supeditarse al interés general.

    Contra este análisis reaccionarán E. Misselden y T. Mun. Básicamente, estos dos últimos autores invierten el razonamiento de Malynes para rebatirlo; es decir sostienen que son los movimientos comerciales los que causan las variaciones del tipo de cambio y de los flujos monetarios.

    Misselden, en Free Trade or, The Meanes To Make Trade Florish. Wherein, The Causes of the Decay of Trade in this Kingdome, are discovered (1622) y el Círculo del Comercio (1623) es el primer autor en emplear sistemáticamente la expresión "balanza comercial", aunque para él esta se limite a los intercambios con solamente un país. En su esquema sólo hay balanzas particulares y no hay lugar para una balanza global. Por otra parte, en Misselden, el criterio voluntarista y "ético" de Malynes (hay que buscar y el mantener un tipo de cambio justo), cede su lugar a un punto de vista "mecánico": el de la balanza. En este marco de análisis, la secuencia de mecanismos es precisamente la contraria de Malynes. Cuando, por ejemplo, los intercambios con otra nación son excedentes, los créditos sobre el exterior son superiores a las deudas de los extranjeros y el tipo de cambio se aprecia, hasta el punto en que se hace rentable para el otro país reglar sus deudas en oro. En consecuencia, el tipo de cambio fluctuará alrededor de la paridad, entre los puntos de entrada y de salida de oro, según que los intercambios sean excedentarios o deficitarios. El problema político no es entonces el de mantener artificialmente la paridad con el fin de impedir las salidas de oro, sino el de situarse en las condiciones que permitan conseguir un excedente comercial.

    Por su parte, Thomas Mun, en su obra póstuma, England's Treasure by Forraign Trade, retoma, generaliza y precisa los argumentos anteriores. Mun distingue cuidadosamente entre el balance global y los balances particulares. Los balances particulares con tal o cual país eran en la época objeto de una atención política particular, ya que el equilibrio o el excedente se buscaba y definía para cada socio. Mun, al contrario, insistirá en que lo que realmente importa es el balance global y que no es reprochable que el comercio con tal o cual país sea deficitario, siempre que conduzca a excedentes globales; por ejemplo, esto ocurrirá cuando se importan materias primas que después de transformadas se reexportan como productos terminados o, incluso, cuando se importa barato para exportar los mismos bienes a mayor precio.

    Las conclusiones de Mun se expresan en la forma de una auténtica ley económica: existe una relación causal entre la balanza global y los flujos de metales preciosos: "no entrará ni saldrá un tesoro mayor que el del saldo de la balanza comercial". Mun concluye lógicamente que la parte del stock mundial de metales preciosos en manos de cada país depende de la situación de su balanza comercial y no tanto de que el país tenga minas o colonias. Es difícil no mencionar el ejemplo de España, deficitaria e incapaz de conservar su oro, y Mun no dejará de analizar el caso.

    Pero, si el excedente comercial aumenta la cantidad de dinero y, como sabemos desde J. Bodin, esto conduce a la inflación, ¿no puede ocurrir entonces que esto termine por invertir el signo de la balanza comercial?. Consciente del peligro, Mun propone políticas muy matizadas de acompañamiento (diríamos hoy) para controlar los precios. Allí donde Inglaterra se encuentre en posición de monopolio, se deben seguir una política de precios relativamente elevados; por el contrario, en los otros sectores los precios deben ser el resultado de la competencia. En todo caso, los precios no deben, en ningún caso, desincentivar la compra y deben ser suficientemente bajos para evitar que aparezcan competidores. Pero, ¿qué hacer entonces para evitar las consecuencias nefastas de la cantidad de dinero sobre los precios? Según Mun, la solución es sencilla: invertirlo en la industria; el superávit comercial permitirá obtener un excedente que, si se utiliza con juicio, llevará al reino a un círculo virtuoso de enriquecimiento general.

    Las ideas de Misselden y Mun son características de la versión "comercialista" del mercantilismo inglés. Misselden trabajaba para la compañía Merchant AdventureMun era miembro de la East Asian Company. No sorprende, entonces, que los dos autores esperen el excedente comercial de la libertad de comercio de las grandes compañías. Esto es, de la libertad para exportar el oro siempre que permita desarrollar los negocios; para importar si eso permite exportar más; para comprar caro en el extranjero si eso permite vender aun más caro a otro país. Esta visión del comercio, dinámica y no solamente contable, es la que corresponde a la actitud de los comerciantes poderosos con mentalidad de conquistadores.

    LA POLÍTICA DE LA BALANZA COMERCIAL

    A menudo se asocia mercantilismo con proteccionismo. Sin embargo, en esta afirmación puede ser objeto de muchos matices. Como observa Keynes, (en su apéndice Sobre el Mercantilismo de la Teoría General, y después de haber subrayado las ventajas de un excedente comercial): "No se puede decir que se obtiene el máximo excedente de la balanza comercial mediante el máximo de restricciones a las importaciones. Los primeros mercantilistas insistieron vivamente sobre este punto y a menudo combatieron las restricciones comerciales ya que a la larga tales restricciones se habrían convertido en un obstáculo para una balanza comercial favorable". Los grandes comercialistas ingleses, como acabamos de ver, eran mucho más favorables a la libertad de comercio, eso sí, acompañada de una política aduanera moderada.

    En la época, nada de lo anterior impide la existencia de una verdadera política comercial. En primer lugar, el Estado debe, a través de una potente flota, garantizar la seguridad de los barcos mercantes. En segundo término, hay un largo catálogo de medidas que ayudarán a maximizar el excedente comercial. Por ejemplo, evitar exportar las materias primas (hay que transformarlas y exportar productos finales); o bienes de subsistencia (no hay que depender del extranjero para alimentarse); desestimular las importaciones de bienes de lujo (se parecen demasiado a los metales preciosos, pero carecen de utilidad); reservar el transporte internacional a los nacionales (es un elemento "invisible" de la balanza comercial y no hay que dar facilidades a la competencia); incitar a los comerciantes extranjeros instalados en el territorio a consagrar sus ganancias a la compra de productos nacionales (por razones obvias); al contrario, incitar a los comerciantes nacionales en el extranjero a repatriar sus ganancias; exportar los bienes con mayor contenido de mano de obra (para favorecer el empleo) y, eventualmente, obligar a trabajar a los pobres e indigentes, preferiblemente para la exportación.

    El que esto sea o no proteccionismo es algo relativo. En los países dominados comercialmente, estos consejos toman la forma de un auténtico proteccionismo, con restricciones cuantitativas a los intercambios, derechos de aduana prohibitivos, subvenciones a las exportaciones. El poder de la nación está en juego en la conformación de un tesoro. Además, se hace valer la necesidad de proteger a las industrias nacientes, o a los sectores claves. También se debe proteger el empleo. En definitiva, el liberalismo comercial, como casi todo, una prerrogativa de quienes pueden permitírselo.

    POBLACIÓN, TRABAJO E INDUSTRIA

    Si para los mercantilistas el dinero es la riqueza, la abundancia de brazos es una forma muy cercana al dinero. Un tesoro y una población importante se presentan a menudo como los dos pilares del poderío nacional. Para Montchrestien, los hombres son incluso el elemento esencial: "de estas grandes riquezas, dice, la más grande es la incomparable abundancia de hombres". Pero los mercantilistas también ofrecen matizaciones y precisiones al respecto. En primer lugar, la población no debe sobrepasar la oferta de bienes de subsistencia, como menciona por ejemplo Botero (en Las causas de la grandeza y la magnificencia de la ciudad, 1588). Una población numerosa crea, sin duda, condiciones económicas favorables en el mercado de trabajo debido a su influencia sobre los salarios. Pero también es necesario que tal población encuentre un empleo; en caso contrario se convierte en una carga y en un peligro. Son numerosos los mercantilistas que consideran el paro, no sólo como una pérdida de producción potencial, sino como la fuente de hábitos de ociosidad de relajamiento y finalmente de la decadencia de la nación. Para muchos hay que obligar a las personas a trabajar.

    El intervencionismo aparece ahora en el mercado de trabajo. Es necesario emplear a la población, pero hay que hacerlo racionalmente. En ese campo, el estado debe "disponer con juicio que cada uno vaya al oficio adecuado" (Montchrestien). De ahí la idea de desarrollar la enseñanza, controlar el aprendizaje, reglamentar la organización de los talleres. Para muchos mercantilistas existe sin duda un óptimo de población. Si la población es insuficiente, hay que atraer obreros del extranjero; en caso contrario, hay que estimular la emigración hacia las colonias, lo que además tiene la ventaja de eliminar "mentes calientes" y de crear demanda en el exterior.

    En general los mercantilistas no se interesaron demasiado por desarrollar la producción interior. En este caso fue también Montchrestien quien subrayó la importancia de la iniciativa individual, de la búsqueda de beneficios y de la división del trabajo como motores de la economía. También fue él el primero en insistir sobre el papel esencial del progreso técnico. El progreso técnico alivia la carga del trabajo, disminuye los costes hace bajar los precios y, en definitiva, aumenta la productividad. La agricultura es para él, sin duda alguna, la base de la prosperidad, pero el sector privilegiado del progreso técnico es el industrial. En la industria y el comercio los beneficios son mayores que en la agricultura. Finalmente, el progreso técnico influye sobre la organización del mercado; el empresario que innova goza de un monopolio lo que aumenta sus ganancias. Esta situación será modificada por los nuevos productores atraídos por las ganancias excepcionales o por nuevas invenciones. Por primera vez se establece una relación entre innovaciones, beneficios y progreso.

    Al final del período mercantilista, se relacionan los tres conceptos, población, empleo e industria con el concepto de balanza de la industria. Nicolás Barbon (1640-1698) en su Discurso Sobre el Comercio (1690), subraya que la compra de bienes extranjeros significa la compra de mano de obra extranjera (y a la inversa). Una buena política comercial debe entonces ser tal que el total de salarios ingleses pagados por los extranjeros (a través de las exportaciones), sea superior que el de los salarios extranjeros pagados por los ingleses (a través de las importaciones). Como se puede ver, la idea consiste en hacer financiar al extranjero el empleo y las subsistencias nacionales. El propio Barbon propone evaluar las exportaciones por la cantidad de trabajo incorporado en su producción y juzgar la política de importaciones de materias primas en función del empleo que ellas permiten.

    CAPÍTULO III

    “ESCRITOS, DOCUMENTOS, APORTES, CRÍTICAS”

    Mercantilismo Inglés

    Mercantilismo Francés

    Críticas al Mercantilismo

    La Nación: El Príncipe y El Absolutismo

    ¿Cómo Enriquecer La Nación?

    Un Estado Fuerte e Intervencionista

    MERCANTILISMO INGLÉS

    AUTORES

    THOMAS MUN

    OBRAS:

  • “DISCURSO SOBRE EL COMERCIO INGLES EN LAS INDIAS ORIENTALES”

    • Critica a la corona de la actitud comercial monopólica de “la compañía de las indias orientales”

    • “LA RIQUEZA DE INGLATERRA POR EL COMERCIO EXTERIOR”.

      • Critica a la corona de la actitud comercial monopólica de “la compañía de las indias orientales”

      • Enfoca el Comercio Exterior es un medio que va a facilitar el enriquecimiento de los estados (Balanza Comercial )

      • Balanza Comercial => Capital => como Stock de Bienes

      • Señala que un empleo eficiente del capital traería como consecuencia una balanza comercial positiva y esta es favorable para los países

      • Señala una política de precios para el comercio exterior (Si el país tiene un monopolio o un cuasi monopolio debe elevar los precios y si el país no tiene monopolio tiene que bajar los precios para competir).

      • El dinero, el estado esta de acuerdo con que todos los estados tengan un tesoro fuerte pero que no perdiera de vista que en una circunstancia de excepción en un periodo dado no se supla un bien necesario (Aparato productivo eficiente para emergencias ).

      • Es importante acumular riquezas no debiera ser mayor al resultado de la balanza comercial que las exportaciones sean mayor que las importaciones, Equilibrio de la balanza comercial (positiva)

      • Hace diferenciación entre Balanza Comercial Particular y Balanza Comercial General.

      BCp Balanza Comercial Particular = de país a país

      BCg Balanza Comercial General = del país con el resto del mundo

      Acumulación de oro y plata amonedado

      • No esta de acuerdo con atesorar del país y ponían a circular la moneda de los otros países en las actividades comerciales la moneda de otros países en las actividades comerciales por las represalias

      • No esta de acuerdo con las Repatriación de utilidades o beneficios del comercio exterior. Tenían que invertirse en el país y obligar a las compañías extranjeras a invertir en el país con sus beneficios puede haber regalías.

      THOMAS MORO

      OBRA:

    • “UTOPÍA”

        • Critica al sistema social e injusticia social

        • Critica al capitalismo naciente

        • Estaba n contra del lujo y del ocio

      JOSIAH CHILD

      OBRA:

      1. “NUEVO TRATADO DEL COMERCIO”

    • Gran preocupación por la balanza comercial

    • No se debe estar tan seguro, se debe tener cuidado en relación a los resultados que presente una balanza comercial debido a las manipulaciones de la información o datos (maquillaje) Existen empresas no gubernamentales que se dediquen a esto.

    • Recomienda en función de la balanza comercial positiva los países deberán aplicar las siguientes políticas:

      • Incrementar y mejorar el facto trabajo

      • Incrementar el capital comercial

    • El comercio debe hacerse cómodo y libre

    • Atraer el consumo de nuestros productos por parte de otras naciones

    • Obligaciones del Estado

    • Debe ser responsable de regular las tasas de interés

    • El estado debe favorecer promover la agricultura

    • Favorecer a los trabajadores

    • Favorecer a los terratenientes

    • Se debe favorecer proteger e impulsarlo que tenga mercado sin importar la calidad

    • Favorecer las colonizaciones ( mercado seguro con consecuencia)

    • MERCANTILISMO FRANCÉS

      JEAN BODIÑO

      OBRAS:

    • La Republica 6 libros

      • El alza de los precios se debe al incremento de la moneda

      • Predominio de los Monopolios

      • Las consecuencias de los desastres y devastaciones

      • Los gastos de los Príncipes y los Reyes

      Recomendaba:

      • Combatir el lujo

      • Combatir los monopolios

      • Para liberar el comercio basta con liberar las prohibiciones

      • Aumentar los aranceles de exportación para aquellas cosas que eran imprescindibles para otros países

    • La teoría cuantitativa del dinero

      • Con tasas moderadas facilitar la entrada de materias primas al país

      • Con aranceles altos obstaculizar la salida de materia prima

      • Incrementar los aranceles de importación de mercancía (manufacturas)

      • La población debía ser grande porque en ello va a depender la riqueza de un país.

      MAXIMILIEN DE BETHUNE, Duque de Sully, nombrado por el Rey Enrique IV

      Hizo reformas en el sistema fiscal Francés representa el mercantilismo agrario. decía que “la agricultura y el pastoreo eran los mameyes de Francia”

      Estaba de acuerdo conque el estado aplicara una serie de controles a la actividad económica

      ANTOINE DE MONTCHRETIEN

      • Diagnostico los problemas de Francia para afrontarlos

      • El mundo económico estaba movido por

        • El interés personal

        • División del trabajo

        • Intercambio

      • Reconoce que un país sin industrias es un país sin riquezas

      • Monedas y precios los precios deben ser establecidos por el estado

      • El estado debe reglamentar la economía tomando en cuenta la iniciativa privada (concepto de capitalismo)

      • El estado debe promover las colonizaciones

      • El estado debe prohibir la salida del país de oro y plata

      • El comercio de un país debe sustentarse en el comercio internacional

      • Impedir la salida de materias primas y la entrada de manufacturas

      JEAN BAPTISTE COLBERT, Ministro de Luis XIV

      • Incrementar el ingreso nacional se conoce como (Colbertismo-Mercantilismo Francés)

      • Creo las industrias reales (del estado) con el fin de que lo que se genera estrictos controles de calidad bajos costos

      • Fundo compañías comerciales

      • Implanto una política Aduanera para favorecer la exportación de la mercadería francesa y obstaculizar la importación de manufacturas

      • Aplico políticas a favor de la industria y con el sacrificio a la actividad agrícola

        • Prohibición de exportación de cereales y trigos

        • Se instalaban una serie de aduana internas para obstaculizar la circulación de los productos agrícolas dentro del país

      • Se reglamento la actividad agrícola

      • El sector agrícola estaba en crisis se produce sobre oferta de mano de obra rural

      El Mercantilismo no fue aplicado en España

      Ya que no hubo una política orientada hacia la producción de bienes. Para abastecerse y abastecer a América hacía falta una cantidad muy grande de productos que ese país no podía producir. Debido a esto tuvo que comprar productos manufacturados a Inglaterra, Francia, Holanda, principados de Italia, etc. con parte del oro y la plata que le llegaba de América; el resultado fue que España se empobreció desde el siglo XVII por gastar casi todos sus metales preciosos que fueron a otros países que sí se enriquecieron. Es así que España entra en decadencia en el siglo XVII y es Francia el país más poderoso de esa época, la potencia mundial.

      'Mercantilismo'

      CRÍTICAS AL MERCANTILISMO

      La Nación y la Riqueza.

      El espíritu del mercantilismo se opone claramente a las ideas medievales. Esto se traduce en que desde el siglo XVI la política será una cuestión separada de la religión, la economía un tema distinto de la justicia, y los negocios de la moral. Pero si la economía política se deshizo de la tutela de los valores trascendentes fue sólo para integrarse mejor en el marco político de la nación y del estado.

      LA NACIÓN: EL PRÍNCIPE Y EL ABSOLUTISMO

      A comienzos del siglo XVI aparece la obra de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) y con ella surge una nueva teoría del estado considerado como un poder superior conducido por el príncipe. Según Maquiavelo, los Estados nacen de la violencia y con frecuencia deben mantenerse gracias a ella. Por esa razón resulta que las reglas de la eficacia política, por supuestos en nombre de los intereses superiores del Estado, contradicen las enseñanzas de la moral y de la iglesia. Con mucha frecuencia, El príncipe se verá "obligado, para mantener su Estado, a obrar en contra de la caridad, en contra la humanidad, y en contra de la religión" (El Príncipe, p.125). "Siendo como son", los hombres utilizarán su libertad para actuar en contra de los intereses del Estado y esto nos conducirá al caos social y, finalmente, a la disolución de la Nación. El papel del Príncipe consiste entonces en obtener, establecer y garantizar la prosperidad de la ciudad. Para ello, debe conquistar, conservar y aumentar su poder. Estos últimos son los objetivos de la política. Por encima de las metas y fines de cada persona se debe anteponer "la razón de estado". Siempre que sean adecuados a los fines para los que están destinados, "los medios se considerarán honorables y adecuados. El vulgo no juzga más que lo que ve y lo que le ocurre; y en este mundo no hay más que lo vulgar; el número pequeño no cuenta cuando hay en que apoyarse en el gran número" (p.126). Así, Maquiavelo, el padre de la razón de estado nos aporta la primera pieza del absolutismo.

      Por su parte Jean Bodiño (1530-1596), en Los Seis Libros de la República (1576), tratará de construir su teoría del estado sobre el concepto de soberanía. Para Bodiño, la soberanía es la esencia de La República, el principio mismo del Estado. Para que exista la soberanía deben existir, a un mismo tiempo, un marco jurídico (la ley) y una autoridad (el orden). Tal soberanía, indivisible, absoluta y perpetua es una prerrogativa exclusiva del monarca y se impone al pueblo por intermedio del gobierno. Sin embargo, Bodiño era un absolutista matizado que no dejó de advertir sobre los peligros de una soberanía sin límite; estos límites deben estar, según Bodiño, en la ley divina y en la ley natural. Sin embargo estas ideas nos puede hacer caer rápidamente en contradicciones; así, por ejemplo, si según la ley divina, la voluntad del monarca no refleja la voluntad de Dios, nadie podrá, por hipótesis, erigirse en juez del soberano. Los límites a la soberanía propuestos por Bodiño son, en muchos casos, más retóricos que efectivos y el poder del soberano es absoluto. Sin embargo, como veremos más adelante, la ley natural sí que puede suponer un límite efectivo a lo que puede y no puede conseguir el monarca en el ejercicio de sus poderes soberanos.

      Más tarde, Thomas Hobbes (1588-1679), en el Leviathan (1651), en el que estudia con detalle la guerra civil inglesa que llevó a la ejecución de Carlos I, concluye que las grandes desgracias de la sociedad ocurren cuando las personas no saben a quién obedecer; cuando la soberanía desaparece. Cuando esto ocurre, la sociedad puede regresar al "estado de naturaleza"; es decir, a esa situación en la que cada quien puede hacer todo lo que considere útil para su supervivencia o su felicidad, en la que es permanente la amenaza para la vida y para los bienes de cada quien, y donde la vida de los hombres es "solitaria, miserable, sucia, animal y breve". Afortunadamente, en este como en muchos otros casos, el mal trae consigo parte del remedio. El "miedo constante a la muerte" lleva a todos al convencimiento de que, para salir del "estado de naturaleza", es necesario que cada quien convenga en ceder sus derechos a una autoridad superior, a la que será confiada la soberanía, que promulgará las leyes necesarias para conseguir la paz civil y que garantizará su observancia por medio del uso de la fuerza. La obediencia voluntaria al soberano asegura entonces la supervivencia y la prosperidad de la ciudad. Cada uno de los miembros de la sociedad se reconoce en su representante, y este, una especie de Dios mortal, consigue y representa la unidad de la nación.

      En resumen, según el cuerpo doctrinal del absolutismo, el príncipe, garante del orden civil y de la unidad nacional, es la autoridad absoluta y la condición necesaria para la prosperidad de la nación. La vida económica se desarrolla entonces bajo su dirección, su control y su protección. Estas ideas políticas del siglo XVI y XVII harán parte del ambiente intelectual del mercantilismo. Los mercantilistas, en consecuencia, escriben para definir, expresar y defender los intereses de la nación y utilizarán toda su capacidad de persuasión para dirigirse a aquel que los encarna: el príncipe. La nación y el príncipe son las referencias esenciales, los pretextos para pensar y escribir, y la justificación última de sus consejos y recomendaciones.

      ¿CÓMO ENRIQUECER LA NACIÓN?

      Algunas veces se ha dicho que el mercantilismo está basado en una falacia de composición: si algo es bueno para una persona (por ejemplo un mercader), también es bueno para la sociedad en su conjunto (es decir, para la nación). La Nación, como el comerciante, se enriquece cuando hace beneficios; es decir, cuando vende más y más caro de lo que compra. Además, estas ganancias del intercambio con otras naciones se suman unas a otras y pueden acumularse en stock monetarios de metales preciosos. El enriquecimiento se concibe entonces como una acumulación de la riqueza por excelencia: los metales preciosos. Los mercantilistas no entienden la riqueza como bienestar o como mejora en los niveles de vida de los súbditos, más bien de lo que se trata es de construir e incrementar un patrimonio. De ahí que los dos temas principales del mercantilismo sean precisamente el dinero y balanza comercial.

      Tampoco el mercantilismo reconoce ventajas mutuas y compartidas entre las naciones que participen del comercio internacional. Más que socios comerciales que buscan acuerdos mutuamente favorables el mundo del comercio se conforma entre naciones rivales. El comercio entre mercaderes y, por analogía, entre naciones, se percibe necesariamente como un juego de suma cero, nadie puede ganar a menos que otro pierda. Los mercantilistas no ignoran que un país sólo puede conseguir un excedente en el comercio internacional a costa de los déficit de otros. El objetivo de enriquecer la nación es entonces conflictivo; para que unos prosperen otros deberán empobrecerse; la riqueza propia se obtiene en detrimento de la fortuna de los vecinos. Por esos motivos, no es sorprendente que, junto con la diplomacia y con la guerra, las políticas económicas de la época se integren dentro de una estrategia general de poder. Aunque para nosotros resulte chocante, tampoco sorprende la agresividad nacionalista y a menudo xenófoba de los mercantilistas. A. de Rojas, un mercantilista español dirá, por ejemplo, que la riqueza: "se debe buscar adquirirla por todos los medios sin excepción, incluso por la fuerza de las armas: he aquí una máxima invariable y susceptible de demostración". También se puede citar la fórmula del más ilustre mercantilista francés, Antoine de Montchrestien (1576-1621): "Todo lo extranjero corrompe".

      Pero no debe perderse de vista que las ideas del mercantilismo sirvieron de caldo de cultivo al liberalismo que luego alcanzo su auge en la economía clásica. A la agresividad y el conflicto con el extranjero se opone la solidaridad y la cooperación al interior del país. Al contrario de lo que ocurre entre las naciones, para muchos mercantilistas, excluyendo excepciones notables que veremos más adelante, dentro del mismo país el interés privado y el interés colectivo no están en conflicto. El enriquecimiento de un individuo no constituye un obstáculo al enriquecimiento de otros. Todo lo contrario, la prosperidad individual se puede extender sin limitación dentro de las fronteras nacionales. Los métodos del éxito se pueden copiar, y a través de la copia se generalizan. Así, encontramos en los mercantilistas una concepción elemental de la solidaridad económica.

      Si la fuente de la riqueza se adquiere a través del comercio, ¿qué papel juega entonces la producción interna? ¿los bienes producidos son o no  parte de la riqueza?. Sobre este tema, los mercantilistas tendrán ideas encontradas. Para Montchrestien en casa de los trabajadores industria y prosperidad son sinónimos. Sin embargo, muchos mercantilistas sólo tuvieron en cuenta la producción interior como una forma de orientar los intercambios internacionales. Para éstos últimos, producir es, en primer lugar, producir para exportar más e importar menos. La producción podrá ser una fuente de riqueza, pero sólo una fuente indirecta a través de su influencia sobre la balanza de pagos.

      UN ESTADO FUERTE E INTERVENCIONISTA

      Para los mercantilistas los estados que prosperan son los estados poderosos. La fuerza es la mejor garantía de éxito de los intereses individuales,   el comercio exterior sólo prospera cuando la armada del príncipe protege al mercader, y cuando, eventualmente, la expansión colonial y la guerra abren nuevos mercados. Del mismo modo, el comercio interno sólo se desarrolla cuando impera la paz civil y está protegida la propiedad privada.

      Tal vez fue Montchrestien el autor que defendió con mayor convicción la omnipresencia del Estado, y quien llevó más lejos el argumento de su necesaria autoridad. En el Traitè de Economía Politique (1615) desarrolla este tema abundantemente. Las áreas de intervención del Estado que menciona Montchrestien pertenecen al fondo común del mercantilismo: la ley, el orden, la seguridad, la garantía de la propiedad, la seguridad del comercio, etc. Pero el autor también aporta argumentos originales: el Estado debe velar por el pleno empleo, ya que el paro es un desperdicio de recursos y crea un déficit de riquezas que deberá ser cubierto comprando en el extranjero. Por ello hay que obligar a las personas a trabajar y se deben crear talleres con ese fin. Sus argumentos serían luego recuperados por William Petty, para defender que el estado "debe poner su máxima atención en utilizar la fuerza laboral y mantener en orden sus aptitudes". En caso de necesidad los parados deberían emplearse en "... construir una pirámide inútil en la llanura de Salisbury, trasladar piedras de Stonehedge a Towerhill o hacer cosas semejantes, ya que, por lo menos, esto mantendría sus mentes disciplinadas y obedientes y sus cuerpos aptos para realizar trabajos provechosos cuando fuera necesario" (citado por Grampp). El estado debe jugar también un papel en la formación de las personas a través del desarrollo de la enseñanza y como responsable de la educación de los huérfanos. Además, el Estado debe también intervenir en la industria protegiendo las invenciones, creando monopolios gracias a los privilegios que conceda, etc. En materia de comercio exterior, el estado debe proteger los bienes que produzca o pueda producir la nación, pero debe defender la libertad de comercio en lo que se refiera a los bienes que la nación no produzca. Finalmente, el estado debe estimular la colonización, ya que ésta permite reabsorber los excedentes de población, aumenta la demanda de bienes y da acceso a nuevas fuentes de materias primas. Las ideas de Montchrestien son representativas de la corriente mercantilista francesa. Pero también se encuentran en Barthelemy de Laffemas, el consejero de Enrique IV y, en cierto modo, se anticiparon a la política económica que luego seguiría Colbert.

      Resultado del Fracaso Total

    • Sobre estimación del dinero

    • Concepción simplista de la Balanza Comercial

    • Descuido de la agricultura (abandono)

    • Preponderancia del Estado manejando la economía particular

    • CAPÍTULO IV

      “ANEXOS”

      El Neo-Mercantilismo

      Biografías

      Glosario

      EL NEO-MERCANTILISMO

      El sistema de librecambio, que prevaleció durante el siglo XIX, empezó a perder fuerza a principio del siglo XX, al replantearse los elementos filosóficos del mercantilismo que originaron el Neo-Mercantilismo. Se volvieron a imponer fuertes aranceles a la importación, por razones políticas y estratégicas y se fomentó la autarquía económica como sistema contrapuesto a la interdependencia comercial de los países. Esta tendencia volvió a cambiar de signo más tarde, pero fue asociada con el nacionalismo y la competencia estratégica que provocaron, entre otras causas, la I Guerra Mundial, demostrando de esta forma que el mercantilismo tenía una fuerte base política.

      BIOGRAFÍAS

      Adam Smith: Economista escocés. Hijo de un interventor de aduanas, a la edad de catorce años ingresó en la Universidad de Glasgow, donde fue discípulo de Francis Hutcheson, profesor de filosofía moral. Graduado en 1740, ganó una beca en el Balliol College de Oxford, en el que adquirió formación en filosofía. Ejerció la docencia en Edimburgo, y a partir de 1751, en Glasgow, como profesor de lógica y filosofía moral. En 1759 publicó Teoría de los sentimientos morales, obra profundamente influida por el utilitarismo de Bentham y Mill en la que describía la formación de los juicios morales en el marco de un «orden natural» de ámbito social, y sobre cuyos principios basaría su posterior liberalismo económico. Smith veía en el comportamiento humano la presencia de una dualidad entre razón e impulsos pasionales. La naturaleza humana, individualista y racional al mismo tiempo, empuja al hombre tanto al enfrentamiento como a la creación de instituciones destinadas a la consecución del bien común. Así mismo expuso la creencia en una «mano invisible» armonizadora de los intereses individuales en el marco de la actividad colectiva. En 1763 abandonó Glasgow y aceptó (por recomendación de David Hume) un empleo en Francia como preceptor del joven duque de Buccleuch, hijastro del canciller del Exchequer Charles Townshend. En Francia conoció a Turgot, Quesnay y otros economistas fisiócratas y enciclopedistas de la época. Residió principalmente en Toulouse y París, ciudad desde la que tuvo que regresar a Londres debido al asesinato del hermano del duque de Buccleuch. En el curso de una corta estancia en Ginebra conoció a Voltaire. En Francia inició la redacción de su obra más importante, la Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones (An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations), dividida en cinco libros, que terminó de escribir durante seis años en su pueblo natal de Kirkcaldy, cerca de Edimburgo, y publicó después de una estancia de tres años en Londres, en 1776. Su principal aportación teórica es el análisis del mecanismo mediante el cual el libre juego de mercado (tanto escala interna como en las relaciones comerciales con otros países) entre los diversos sectores de la economía genera el máximo beneficio económico del conjunto. Como consecuencia, se mostró siempre contrario a cualquier intervención o regulación de la actividad económica, reduciendo el papel del Estado al de garante de las reglas del juego. Se opuso al mercantilismo al considerar la riqueza de una nación como la producción anual de bienes y servicios («las cosas necesarias y útiles para la vida»), en lugar de las reservas de metales preciosos, y a la escuela fisiócrata al descartar la tierra como el origen de toda riqueza y proponer en su lugar el factor trabajo. A este respecto, Smith incidió en la especialización como el determinante de la capacidad de una sociedad para aumentar su productividad, y en consecuencia, su crecimiento económico. Estableció una teoría del valor de un bien que distinguía entre su valor de cambio (capacidad de ser intercambiado por otros bienes) y su valor de uso (utilidad que aporta). Con respecto al valor de cambio, su medida era el trabajo útil incorporado en su obtención; es decir, que una mercancía tiene un precio natural determinado por el coste de producción medido en trabajo, y un precio de mercado. En situación de libre competencia, este último convergería hacia el primero. Completó su análisis con una teoría sobre la distribución de la renta que distinguía entre tres categorías de rentas (salarios, beneficios del capitalista y rentas de la tierra), para sostener a continuación que los salarios eran fijados por las leyes de la oferta y la demanda, aunque reconoció la existencia de un valor mínimo de subsistencia por debajo del cual ya no podían descender.

      William Petty: Segundo Conde de Shelburne y Primer Marqués de Lansdowne; Político británico. Fue secretario de Estado (1766-1768) y primer ministro (1782-1783). Por su liberalismo con respecto a las colonias americanas y a la cuestión de Irlanda fue apartado de diversos cargos, y finalmente su gobierno cayó en 1783.

      Juan Bodiño: Pensador francés. Jurista de formación, Bodin ocupó diversos cargos (abogado en el Parlamento de París desde 1560, procurador del Tercer Estado en los Estados Generales de 1576…) en la época en que Francia se desangraba por las guerras civiles entre católicos y protestantes (hugonotes). Buscando el modo de superar este clima permanente de violencia -que además debilitaba a Francia en su relación con otras potencias-, Bodiño abrazó un tercer partido, llamado de los «políticos», que proponía la tolerancia religiosa y el reforzamiento de la autoridad del Estado como árbitro que garantizara la paz entre las comunidades enfrentadas. En consecuencia, y aunque había apoyado anteriormente a la Liga católica, acabó reconociendo como rey al hugonote navarro Enrique IV, cuya conversión al catolicismo puso fin al conflicto mediante una solución de compromiso (1593). Entretanto, Bodiño había plasmado las ideas que sustentaban su postura en un libro fundamental para la historia del pensamiento político occidental: Los seis libros de la República (1576), publicado sólo cuatro años después de la gran matanza de hugonotes de la Noche de San Bartolomé. En ellos acuñó el concepto de soberanía como el poder único, perpetuo, absoluto e indivisible que impone el orden en un Estado impidiendo la guerra entre sus súbditos; bajo ningún concepto consideraba legítima la insurrección contra el soberano, pues estimaba que siempre era preferible la tiranía a la anarquía. En un terreno más concreto, sus propuestas conducían a un reforzamiento del poder monárquico, razón por la que se le puede considerar un precursor teórico del absolutismo de Luis XIV. No obstante, el tipo de Estado que Bodiño propugnaba incluía varios límites frente a la arbitrariedad del soberano, como la obligación de respetar las leyes divinas y naturales, o la prohibición de imponer nuevos tributos sin consentimiento de los representantes de los contribuyentes. Aunque estas precisiones hagan el sentido general de su obra un tanto ambiguo, no cabe duda de que el pensamiento de Bodiño fue un paso fundamental en la definición del moderno Estado nacional. Bodiño fue también un mercantilista, partidario de un sistema de protección estatal para la industria nacional. Pasa por ser el creador de la teoría cuantitativa de la moneda, que sitúa el origen de la inflación de precios en un aumento de la cantidad de dinero en circulación. No obstante, dicha doctrina había sido enunciada algunos años antes por los escolásticos tardíos españoles (Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado), que relacionaron la «revolución de los precios» con la llegada de metales preciosos de las colonias de América.

      François Quesnay: Perteneciente a una familia de ricos propietarios de tierra, estudió medicina y ejerció como médico y cirujano. Formó parte de la corte de Versalles como médico ordinario del rey y de Mme. de Pompadour, viviendo en palacio.  En pago a sus servicios obtuvo títulos nobiliarios y tierras. La administración de estas tierras le indujo a plantearse problemas económicos a los que abordó con la visión cientifista - fisiológica propia de un médico de su época, prestando una atención especial a los aspectos circulatorios. En 1757 conoce a Mirabeau y la explica sus ideas económicas. Mirabeau queda deslumbrado, según él mismo confiesa más adelante. Esa conversación con Mirabeau es considerada la fecha de nacimiento oficial de la Escuela Fisiocrática. Quesnay es reconocido como maestro indiscutible de la Escuela, que le proporcionó fama y gloria. 

      David Hume: Este filósofo escocés es considerado un precursor de Adam Smith, de quien fue amigo personal. Hume analizó las fuerzas que impulsan la actividad económica, el deseo de lucro y de acumulación. Considera que no debe adoptarse ninguna medida de tipo redistributivo para que no desaparezcan los estímulos individuales, imprescindibles para el funcionamiento del sistema económico. Criticó las teorías mercantilistas y fisiocráticas imperantes en su tiempo. Atacó a los terratenientes considerando que no contribuían al aumento de la riqueza nacional. En sus escritos trató también sobre otros temas económicos como la teoría monetaria, la teoría del interés, la política fiscal y el comercio internacional.

      Richard Cantillón: Banquero, economista y demógrafo irlandés. Afirma que la tierra y el trabajo son los principales factores de la producción. Es autor de Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general (1755), considerada por los tratadistas como el primer estudio sistemático de economía política.

      Sir Josiah Child: Empresario y economista inglés, gobernador de la Compañía de las Indias Orientales. Es el más destacado mercantilista británico. Considera que para mejorar la competitividad internacional del país es necesario que los salarios y los tipos de interés se mantengan bajos. Para que los salarios se mantengan bajos es conveniente que haya muchos trabajadores. Para que los tipos de interés se mantengan bajos es conveniente que haya mucha moneda circulando.

      GLOSARIO

      Balance: Demostrativo contable de la situación económico - financiera de una empresa, en un período de tiempo determinado.

      Balanza Comercial: sección de la balanza de pagos en la cual se registra el valor de las exportaciones e importaciones que realizó una país durante un periodo de tiempo.

      Balanza de Pagos: Cuenta que contabiliza todas las transacciones que se realizan -tanto reales como financieras- entre un país y el resto del mundo en u periodo determinado. Se compone de cuenta corriente y Cuenta de Capitales.

      Banco: Institución financiera de intermediación que recibe fondos en forma de depósito de las personas que poseen excedentes de liquidez, utilizándolos posteriormente para operaciones de préstamo a personas con necesidades de financiación, o para inversiones propias. Presta también servicios de todo tipo relacionados con cualquier actividad realizada en el marco de actuación de un sistema financiero.

      Capitalismo: Sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción. Las decisiones son tomadas descentralizadamente por lo s agentes económicos individuales, quienes buscando maximizar sus beneficios se guían por las señales de precios que emite el mercado, el cual funciona libremente sin ningún tipo de regulación, o intervención externa de él. La asignación de los recursos productivos se realiza libremente por la operación de un mercado libre en que los precios responden alas fuerzas de oferta y demanda.

      Comercio Exterior: Intercambio de bienes y servicios que se realiza entre unidades económicas de diferentes países. De esta forma se aprovechan las ventajas de la especialización de cada país, en las actividades que puede desarrollar con mas eficiencia relativa.

      Competencia: Disputa que realizan los oferentes de u bien para atraer a los potenciales compradores. Generalmente s asocia el grado de competencia con el numero de oferentes, afirmándose que si hay muchos productores en la disputa existe un alto grado de competencia. Sin embargo, la teoría económica muestra que aun cuando haya pocos oferentes, existirá competencia si no hay barreras a la entrada. La competencia es la base de la economía de mercado, ya que se afirma que a través de ella los mercados establecen un precio que compensa los recursos y riegos incurridos por el productor.

      Competencia perfecta en la oferta: Tipo de competencia en que ninguna de las empresas en un mercado tiene una importancia significativamente mayor que las demás. La importancia puede medirse por el tamaño de la empresa o por la preferencia que pudieran tener los consumidores por el producto que ésta ofrece.

      Competencia imperfecta en la oferta: Tipo de competencia en que una o algunas pocas de las empresas en un mercado tienen una importancia 2significativamente mayor que las demás.

      Compra: Acción en la cual se adquiere un bien o servicio mediante el pago de cierta cantidad de dinero.

      Deflación: Situación económica en que los precios se disminuyen por una falta de demanda. Ya que los comerciantes tienen que vender sus productos para cubrir sus costes fijos, bajan los precios. Con precios bajando, la demanda se disminuye más, porque no merece la pena comprar si mañana todo será todavía más barato. Por eso, los precios bajan aún más, etc. Al final, la economía se derrumba.
      Causada principalmente por una falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo

      Demanda: cantidad de un bien o servicio que uno o varios agentes económicos desean adquirir en un periodo de tiempo y a un precio establecido, manteniendo constantes todas las demás variables que puedan afectar su decisión.

      Economía: Sistema de producción y distribución de la riqueza destinado a crear el bienestar global o individual de los miembros de una sociedad o nación.

      Economía de mercado Orden económico en lo cual todo acto económico (producción, precios, condiciones de intercambio) se determinan sólo por oferta y demanda. Es, por tanto, el sistema más justo y eficiente de suministro y distribución de bienes. Se basa en mutualidad e igualdad. Sin embargo, nunca puede ser social, sino sólo justo en respecto al intercambio. Los marcos sociales tiene que imponer la comunidad, tanto como ha de impedir la formación de monopolios y cárteles

      Equilibrio general de mercados: Situación ideal propuesta por la teoría económica en que todos los mercados de una economía alcanzan simultáneamente el equilibrio o la igualdad entre la oferta y la demanda o entre las disponibilidades y los requerimientos de recursos y mercancías de cada uno.

      Equilibrio de un mercado: Situación en que en un mercado se da la igualdad entre la oferta y la demanda o entre las disponibilidades y los requerimientos de recursos o mercancías de éste.

      Exportaciones: venta de bienes y servicios de un país al extranjero.

      Fusión: Cuando una o más sociedades se disuelvan, sin liquidarse, para ser absorbidas por otra o para crear una nueva. La absorbente o la nueva compañía adquiere los derechos y obligaciones de lo sociedad o sociedades disueltas al formalizarse la fusión.

      Honorario: Retribución que se paga por el trabajo o ejercicio de una profesión.

      Importación: Acción de introducir en país bienes producidos en el extranjero para su uso o consumo interno.

      Impuesto: Cobro obligatorio que el Estado o las colectividades locales realizan respecto de los recursos de los agentes económicos, sin asignación previa a un gasto preciso.

      Inversión: Es la aplicación de recursos económicos al objetivo de obtener ganancias en un determinado período.

      Ley de Gresham: Dice que una moneda "mala" reemplaza una "buena". Puesto que todos preferimos retener el dinero "bueno", gastamos el "malo" primero. Se puede verlo con billetes sucios que circulan con una velocidad mucho mayor que los nuevos y limpios. En consecuencia, una moneda que pierda valor, reemplazaría la "buena" en los negocios en un proceso automático.

      Mercancía o Mercadería: En un sentido general, sinónimo de bien. En su acepción mas restringida corresponde a aquel bien en cuyo comercio se especializa un intermediario determinado.

      Moneda: Medio de cambio de una unidad de valor, definido por referencia a la ubicación geográfica de las autoridades monetarias responsables.

      Monopolio: Empresa que se constituye en el único oferente de un producto o servicio, y que por su condición puede fijar el pecio y la cantidad que desea vender. El monopolista puede lograr ganancias mayores que aquellas generadas por la competencia perfecta.

      Monto: El valor en unidades de una moneda o la cantidad de una transacción.

      Oferta: Cantidad de bienes y servicios que uno o varios agentes económicos están dispuestos a vender por periodos de tiempo a precio fijado, dejan constantes todas las variables que puedan afectar su decisión.

      Oligopolio: Situación de un mercado en que la competencia es imperfecta del lado de la oferta debido a la existencia de un número muy limitado de vendedores.

      Patrimonio: Es el valor líquido del total de los bienes de una persona o una empresa. Contablemente es la diferencia entre los activos de una persona, sea natural o jurídica, y los pasivos contraídos con terceros. Equivale a la riqueza neta de la Sociedad.

      Préstamo: Cantidad que se otorga por un espacio de tiempo acordado y que está sujeta a reembolso en uno o varios vencimientos.

      Producción: Actividad que se desarrolla para la elaboración de bienes y servicios o para generar recursos productivos y financieros que se utilizan en un proceso de producción de bienes y servicios.

      Riqueza: valor de mercado de conjunto de activos que posee una persona. La riqueza incluye los activos físicos, los financieros y el capital humano que posee cada individuo. La riqueza de una nación es la cantidad total de bienes, servicios, recursos productivos humanos y naturales que posee un país. La riqueza representa el valor presente de los flujos de ingresos netos que el conjunto de activos genera.

      Venta: Acuerdo mediante el cual una de las partes se compromete a traspasar una mercancía o un derecho, y la otra debe cancelar un precio mutuamente convenido.

      BIBLIOGRAFÍA

      • El Desarrollo del Pensamiento Económico, H.W. Spiegel

      • Breve Historia Universal, Ricardo Krebs

      • Diccionario Económico Comercial, Editorial Nobel

      • Términos Económicos de Uso Habitual, Editorial Universitaria

      • Enciclopedia Encarta 2004, Microsoft

      CONCLUSIÓN

      El mercantilismo tuvo gran éxito al estimular el crecimiento de la industria, pero también provocó fuertes reacciones en contra de sus postulados. La utilización de las colonias como proveedoras de recursos y su exclusión de los circuitos comerciales dieron lugar, entre otras razones, a acontecimientos como la guerra de la independencia estadounidense, porque los colonos pretendían obtener con libertad su propio bienestar económico. Al mismo tiempo, las industrias europeas que se habían desarrollado con el sistema mercantilista crecieron lo suficiente como para poder funcionar sin la protección del Estado. Poco a poco se fue desarrollando la doctrina del librecambio. Los economistas afirmaban que la reglamentación gubernamental sólo se podía justificar si estaba encaminada a asegurar el libre mercado, ya que la riqueza nacional era la suma de todas las riquezas individuales y el bienestar de todos se podía alcanzar con más facilidad si los individuos podían buscar su propio beneficio sin limitaciones. Este nuevo planteamiento se reflejaba sobre todo en el libro "La riqueza de las naciones" (1776) del economista escocés Adam Smith.

      El primer requerimiento para un acuerdo de libre comercio es la eliminación de todas las tarifas, cuotas, y convenciones comerciales bilaterales o multilaterales que inhiban la libre operación de los mercados internacionales. Cada nación debe tener la libertad de vender sus bienes en la otra, y cada nación debe estar abierta a los productos de la otra. Desgraciadamente, el afán de proteccionismo está muy arraigado entre las naciones. Esta reminiscencia de un mercantilismo anacrónico reaparece cuando una nación obtiene una ganancia o ventaja en los precios en un producto o línea de productos particular.

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