Mercado, modernización ecológica y decrecimiento

Organización socioeconómica. Herramienta ecológica. Instituciones y commons. Desmaterialización. Efecto rebote. Economía crítica. Informe Stern. Decrecimiento sostenible

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  • Idioma: castellano
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EL MERCADO.- El término mercado, a menudo se utiliza para resumir toda una forma de organización socioeconómica: la economía capitalista de libre empresa y libre mercado, y se utiliza tanto para proponerlo como vía de solución de problemas ecológicos, como para señalarlo como culpable último de esa misma crisis.

LA TRAGEDIA DE LOS COMUNES.- La metáfora del acceso a los prados comunes de la Inglaterra medieval (commons) (Garret Hardin), trata de que uno de los ganaderos pensó que le convendría comprar una cabeza de ganado más para llevarla a la dehesa comunal, a la que todos los vecinos tenían acceso, le proporcionaría beneficios y sólo sufriría una pequeña parte de las consecuencias negativas. Pero otro ganadero pensó lo mismo, y otro, finalmente todos os ganaderos hicieron igual, hasta que llenaron el prado de animales, y el deterioro de la dehesa, fue tan grande que nadie pudo llevar a pastar allí a sus animales. Lo que desde el punto de vista parecía racional, cuando se veía desde el colectivo no lo era en absoluto.

El problema ecológico clave para Hardin era el crecimiento demográfico sin control, y la única solución que podía imaginar era establecer unas normas que restringiera la libertad de procrear, y dibuja una progresión histórica de sucesivas pérdidas de libertad. Primero la recolección de alimentos de los cazadores-recolectores, que da paso al vallado de las cosechas, después el cierre de los commons naturales como receptores de residuos. Para él la población debía dejar de regirse por este sistema de bienes públicos de acceso ilimitado: no podemos tener los hijos que queramos.

La ciencia económica, al considerar la crisis ecológica, parte del diagnóstico de Hardin. Por ejemplo Tietenberg, afirma que la atmósfera no es sino unos de los muchos commons y el cambio climático no es sino un ejemplo de la sobreexplotación de los mismos. Y si ese es el problema, parece haber dos tipos de soluciones: o bien la autoridad política controla el acceso a los commons o bien lo privatizamos, e introducimos así la propiedad privada y el mercado para que se racionalice el uso de los bienes naturales.

EL MERCADO COMO PROCESADOR DE INFORMACIÓN.- El mercado es una forma de organizar la sociedad a partir del libre intercambio de bienes y servicios, cuya constante extensión es la característica del capitalismo de los últimos dos siglos. Esta manera de organizarse tiene distintas dimensiones, entre las que destaca una dimensión moral, pero hay otra que explica, sin recurrir a argumentos morales, su enorme capacidad para asignar de forma eficiente los recursos, como cuando en los años 30 del siglo pasado, los economistas austriacos Hayeck y Von Mises se debatían con economistas de inspiración socialista, como Oskar Lange, sobre la posibilidad de organizar eficientemente una economía que no estuviera basada en el mercado. Von Mises es tajante: una economía sin propiedad privada no puede ser racional, porque el cálculo económico se basa en precios, y sin agentes que negocien en un mercado a partir de estos precios libremente de acuerdo con las leyes de la oferta y la demanda, los recursos no se asignan de manera eficiente. Lange opina que esa asignación eficiente, de acuerdo con la doctrina del equilibrio general se daba siempre que los precios fueran iguales al coste marginal en todos los mercados, independientemente que si se había hecho este cálculo mediante el libre intercambio o no. Dadas las preferencias de los consumidores, los recursos disponibles y los conocimientos disponibles, una autoridad centralizada podría calcular esos precios óptimos para una asignación eficiente de los recursos. El argumento de Hayeck señalaba que el conocimiento está dividido en las sociedades entre innumerables agentes, y cada uno de ellos es sabedor de las circunstancias particulares de ese momento y lugar. No solo eso, sino que parte de ese conocimiento es tácito, no comunicable a una hipotética autoridad central planificadora. Solo el mercado y su multitud de intercambios descentralizados, cada uno de los cuales refleja la información local de la que disponen los participantes, permite ir agregando esas señales en forma de precios y cantidades de forma eficiente y en tiempo real.

EL MERCADO COMO HERRAMIENTA ECOLÓGICA.- Estando de acuerdo con Hardin, Hayeck y Von Mises, la asignación de recursos a partir de autoridades centralizadas, como en el socialismo planificado, no es eficiente. Vamos a relacionarlo con el medio ambiente. Imaginemos que un gobierno trata de reducir las emisiones de azufre de un numeroso conjunto de empresas. Una opción sería el command and control. La autoridad especifica un límite por instalación, con fuertes sanciones económicas asociadas. Otra posibilidad sería establecer un impuesto sobre la producción de estas empresas, pero ¿cómo calcular ese límite o ese impuesto? Si se es demasiado exigente, podría hacer imposible la existencia de la empresa, si se es demasiado suave, se perdería parte del potencial de reducción de emisiones de algunas de estas empresas, además estas condiciones pueden cambiar rápidamente.

La alternativa basada en el mercado parte de considerar la atmosfera como un commons, solo que ahora los agentes económicos poseen parte de esa atmósfera en forma de derechos de emisión por una cantidad de contaminante. Cada empresa puede elegir entre hacer uso de esos derechos, adquirir más a otros en un mercado específico si los necesita, o vender parte de los que tiene., es decir puede que le resulte más beneficioso reducir su nivel de emisiones y vender parte de sus derechos, o tal vez prefiera emitir más , pero tendrá que comprarlos.. Este tipo de políticas, parece haberse mostrado eficaces, en casos como el llamado, programa lluvia ácida norteamericano, que consiguió hacer descender las emisiones totales de SO2 más de cuatro millones de Tm, a una fracción del coste estimado originalmente. Los mercados ecológicos suelen organizarse de tres modos, que comparten el carácter básico de la intercambiabilidad de derechos por dinero. Los créditos por reducción se otorgan con una certificación administrativa previa a aquellas instalaciones que reducen sus emisiones por debajo de una línea de base; estos créditos pueden venderse a empresas que no alcanzan este nivel obligatorio, para que los descuenten de sus emisiones. Los programas basados en medidas de emisiones tratan de facilitar el intercambio entre empresas de emisiones superiores e inferiores a un nivel predeterminado, sin que medie ningún proceso de certificación

Por su parte, los programas de límite e intercambio definen un límite agregado de emisiones que se divide en unidades de permisos de emisión. El reparto inicial de estos permisos se suele realizar entre las fuentes de contaminación existentes. Cada instalación debe disponer de permisos suficientes para su nivel de emisiones, siempre con la libertad de comprar y vender estos derechos

Pero, ¿con qué reglas se reparten los permisos iniciales? Se puede hacer sobre la base de la trayectoria pasada de las empresas, o con información actualizada, o bien con una subasta inicial de los permisos. Puede restringirse o flexibilizarse el comercio de derechos por zonas geográficas o en determinados momentos; y también se pueden ahorrar derechos o pedirlos prestados, de derechos futuros, Además hay que considerar las reglas que permiten formar parte del programa unos u otros puntos de emisión; las instituciones que facilitan el intercambio; los procedimientos de verificación, información, sanciones y ejecución, etc. Cada decisión que se tome en el diseño del programa puede tener consecuencias muy relevantes en su funcionamiento y eficacia. Y desde luego ningún mercado puede ser eficiente cuando lo que se comercia en el es puro aire caliente (hot Air), que podrían llegar a negociarse en mercados de emisiones como EU-ETS (European Unión Emisión Trading Scheme), con los que la UE ha tratado de implementar eficientemente el Protocolo de Kyoto. En este acuerdo se estableció que los derechos se asignarían a todos los países a partir de sus niveles de emisión de 1989/1990, pero después de la firma del protocolo ha habido en países sobre todo en Rusia y Ucrania un fuerte colapso de la producción de estos países y un aumento de la contaminación, de modo que sus derechos no consideran derechos reales y su intercambio en ES-ETS distorsionaría gravemente las emisiones de gases de efecto invernadero.

En resumen, los mercados son, en sentido Hayekiano, algo así como grandes calculadoras descentralizadas. En muchos casos en contra del sombrío diagnóstico de la tragedia de los comunes, podemos encontrar muchos casos de instituciones tradicionales que han funcionado durante siglos, superando la alternativa “mercado o gobierno” y ofreciendo otras vías posibles y eficientes de gestión colectiva de recursos.

INSTITUCIONES Y COMMONS.- No siempre donde no hay propiedad privada, ni coerción estatal, los commons se deterioran. Elinor Ostrom mediante investigaciones como “el gobierno de los comunes” nos muestra ejemplos donde instituciones, a veces a lo largo de siglos, han regulado colectivamente el acceso a los recursos de uso común (CPR). Institución según Douglas North se trata de las reglas de juego de una sociedad, las restricciones que dan forma a las interacciones humanas, incluyendo las reglas formales y las pautas informales.

Se estima que hay al menos 500.000 grupos para el aprovechamiento de cuencas hidrográficas, zonas forestales, etc. afectando a un total de entre 8 y 15 millones de hogares, siendo uno de los ejemplos preferidos de estos grupos El Tribunal de Aguas de la Vega Valenciana, con sus normas de utilización de regadío, que pervive desde hace más de un milenio. Este tribunal está compuesto por un síndico o representante de cada una de las comunidades de regantes, se reúnen todos los jueves en la Plaza de la Virgen de Valencia para dirimir los conflictos ente los agricultores de la Vega. Usan normas y reglas para diseñar un complejo sistema de reparto asociado a la extensión de la Tierra poseída, la posición del regante en la red de acequias y las condiciones y volumen de agua disponible. Este tribunal decide si se han quebrantado las reglas, hurtando agua en tiempo de sequía, alterando los turnos de riego, desidia en el mantenimiento de las acequias, etc. Las sanciones se miden como en la Edad Media en sueldos, las impone el síndico de la comunidad a la que pertenece el infractor, y tienden a ser moderadas.

Elinor Orstom propone las siguientes características de estas instituciones:

  • Límites claramente definidos.- Tanto de los individuos u hogares como los del propio CPR

  • Coherencia entre las reglas de asignación de suministro y las condiciones locales.- Las reglas de asignación, no pueden obviar las condiciones locales

  • Acuerdo por elección colectiva.- La mayoría pueden participar en las modificaciones

  • Seguimiento.- Controladores que comprueben las condiciones del CPR

  • Sanciones graduales.- Dependiendo de la gravedad y el contexto de la infracción, se sanciona gradualmente a los beneficiarios que violan las reglas de funcionamiento

  • Mecanismos de resolución de conflictos.- Los beneficiarios y sus representantes tienen acceso rápido a escenarios locales de bajo coste para resolver conflictos entre beneficiarios, o entre beneficiarios y representantes

  • Al menos un mínimo de reconocimiento de su derecho a organizarse. El derecho de los beneficiarios para diseñar sus propias instituciones no es puesto en cuestión por autoridades gubernamentales externas

Esto está muy bien, pero el problema es que en un mundo basado en el mercado, la tecnología y la empresa privada, la gestión colectiva de los recursos naturales se enfrenta a grandes dificultades.

MODERNIZACIÓN ECOLÓGICA.- A comienzos de los años 70 Erlich y Holdren, en debate con Barry Commoner propusieron la idea de la pseudoecuación IPAT, en la que el impacto ambiental (I) es el resultado de tres factores: la población (P), la riqueza o Afluencia (A) y la tecnología (T), de tal manera que I = PAT. Aunque hay distintas versiones de esta ecuación, la adoptada como base de la ecología industrial es:

Impacto ambiental = población x PIB/persona x Impacto ambiental/Unidad de PIB por persona

Por tanto, para reducir el impacto ambiental tendríamos tres estrategias no necesariamente excluyente: reducir la población o al menos su crecimiento, reducir la renta per cápita o conseguir que cada unidad de renta per cápita suponga un menos impacto ambiental, mediante la ecoeficiencia. Ésta es la baza que juega la teoría de la modernización ecológica, que quiere ser tanto normativa (modelo de crecimiento económico sostenible gracias al diseño y tecnología ecoeficiente) como descriptiva.

La modernización ecológica describe las mejoras medioambientales como económicamente factibles y en el contexto de las expectativas de un desarrollo económico continuado, la modernización ecológica describe a los actores políticos como constructores de nuevas y diversas coaliciones para hacer la protección ambiental políticamente factible.

El factor cuatro (o factor 10), es una propuesta de Wezsäcker y Lovins en el marco de la modernización ecológica en la que nos encontraríamos que en la ecuación IPAT se dobla el PIB per cápita pero se divide por dos el impacto ambiental mediante el uso de tecnologías, programas e incentivos a la ecoeficiencia.

Muchas de las tendencias de la economía moderna parecen ser compatibles con la sostenibilidad centrada en la tecnología y las transformaciones de la economía. Entre ellas el peso creciente del sector servicios frente a l primario y el industrial, pero no está tan claro, pues las nuevas tecnologías de los servicios, como por ejemplo la producción de equipos o redes de telecomunicaciones tiene una huella ecológica muy importante y además se pueden producir efectos rebote de varios tipos incluso para revertir la tendencia a la reducción del uso de recursos.

La tesis de la modernización ecológica tienen una ventaja: podrían medirse empíricamente, aunque no es sencillo, pues no solo medimos una economía monetaria, sino que lo hacemos en términos de magnitudes físicas.

DESACOPLAMIENTO DISTINTO DE DESMATERIALIZACIÓN.- ¿Cuántos recursos naturales y cuántos desechos generamos al aumentar una unidad de producto económico? Si la respuesta fuera la unidad o mayor que ella, al aumentar la escala de la economía, la extracción de recursos aumentaría en la misma proporción, sería cada vez más insostenible, si fuera menor que la unidad se habría desacoplado hasta ese punto el crecimiento económico y el uso de residuos, y fuera cero o menor que él estaríamos ante un proceso de desmaterialización.

La evidencia disponible apunta a un desacoplamiento sin desmaterialización, cada vez hace falta menos materiales por unidad de crecimiento, en la economía española hay una clara tendencia a la baja de la relación entre el PIB y materiales. A escala mundial el enorme crecimiento del PMB va muy por encima del empleo de combustibles fósiles, metales y madera, pero todos los indicadores terminan estando entre un 25 y un 50 % por encima de sus valores de 30 años antes.

EFECTO REBOTE.- Imaginemos que conseguimos reducir la factura de la luz con el uso de bombillas de bajo consumo, ahorrando emisiones de CO2 y una parte de nuestra renta, pero con el dinero ahorrado nos vamos de vacaciones al Caribe gracias a los vuelos baratos... El resultado agregado será un incremento en nuestra huella ecológica. Este es el denominado efecto rebote o paradoja de Jevons. Las mejoras tecnológicas que incrementa la eficiencia en el uso de recursos pueden llevar al consumo agregado del mismo, porque esta eficiencia reduce su coste, lo que hace subir la demanda. El resultado neto depende de muchos factores: ¿cuál es el factor de ahorro de la nueva tecnología o proceso?, ¿Se trata de ahorro para consumidores o para productores?

LA ECONOMÍA CRÍTICA.- En la región hindú de Orissa, la empresa minera Vedanta planea extraer 3 millones de bauxita al año de la montaña Niyamgiri, que para la tribu de los Dongria Kondh es una montaña sagrada, donde habita su Dios de la verdad, y para los ecologistas es un atentado contra la diversidad vegetal que recubre dicha montaña. ¿En qué lenguaje de valoración se puede describir el problema? ¿Cómo los implicados pueden llegar a un acuerdo? La ciencia económica proporciona desde hace décadas el lenguaje hegemónico para describir el mundo, sus problemas, las opciones políticas disponibles para ellos, y los estándares para elegir entre ellos., pero este es un lenguaje de los posibles, y la traducción de todo bien o valor a una expresión monetaria puede no ser legítima. Por tanto hablamos de lenguajes que no pueden ser comparados (inconmensurables).

La economía ambiental emplea como una de sus herramientas la traducción de bienes inconmensurables en valores complementarios comparables. Como no suele haber mercados para que la gente intercambie esos bienes, ¿cómo puede hacerlo? Se puede hacer por medio de una valoración contingente, que es una especie de encuesta para ver cuanto estaría dispuesto a pagar la gente por no perder un determinado bien ambiental, o hacer una subasta: proponer un precio inicial, pedir una respuesta “si o no” y subir o bajar hasta descubrir un precio más aceptable. Hay una versión de esto denominada “de consenso” que consiste en pedir una respuesta única de si o no a un solo valor extraído de un listado de diversos precios a un gran número de entrevistados.

Otro de los grandes problemas del lenguaje económico en su descripción de los problemas social-ecológicos es que su magnitud más relevante políticamente, el PIB, excluye por definición gran parte de los bienes y servicios que circulan en una sociedad dada (trabajos domésticos, cuidado de niños, etc.)

El INFORME STERN.- En este informe se dictamina que las consecuencias del cambio climático tendrían costes muy superiores que su prevención. Su publicación supuso para muchos la primera vez que el cambio climático se podía tomar verdaderamente en serio, puesto que venía asociado a cifras monetarias y métodos econométricos. En este cálculo se computan del mismo modo (monetariamente) la pérdida de salud y vidas por un lado, y la reducción en el consumo y la producción en otros.

En la ecuación de Stern , nos encontramos por un lado, los costes de invertir en nuevas tecnologías, o no invertir en las viejas para prevenir que la emisión de gases de efecto invernadero sobrepasen un determinado nivel, en libras o dólares, y en el otro los costes del cambio climático, donde hay parámetros financieros como el precio de los alimentos, pero también otro tipo de parámetros como son la destrucción de ecosistemas y comunidades humanas, la enfermedad, etc., que generalmente se consideran incalculables. Estos los coloca Stern juntos con una fórmula que denomina “equivalente a una reducción en el consumo,” a la cual asigna un precio.

DECRECIMIENTO SOSTENIBLE.- El planeta es finito. Si no conseguimos una economía desmaterializada, parece evidente que en algún punto la escala de una economía en permanente crecimiento superará la capacidad de carga del planeta. Un punto que posiblemente hemos atravesado ya. Esta contradicción se hace más aguda cuando constatamos la profundidad que alcanzan las raíces de la idea de crecimiento en nuestra civilización actual. Las constantes de los últimos 60 años tienen un papel central en la aplicación sistemática del conocimiento técnico y científico para lograr el desarrollo. La combinación de los objetivos del desarrollo con el lenguaje de la economía, hizo que el crecimiento económico cristalizara como el gran objetivo consensuado por casi todos los dirigentes políticos, económicos e intelectuales.

Decía el economista J.M Kaynes que “las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando aciertan como cuando se equivocan, son más poderosas de lo que suele pensarse: De hecho poco más que eso gobierna el mundo. Las personas prácticas que se creen exentas de cualquier influencia intelectual, son normalmente los esclavos de algún difunto economista”.

Uno de estos difuntos economistas que podrían orientarnos en la vía del decrecimiento sostenible es N. Georgescu-Roegen, y su imagen de la economía como una actividad entrópica, que le lleva a rechazar la misma idea de desarrollo sostenible como nociva y a proponer un programa bioeconómico. Siguiendo esta misma línea, frente a la ideología del crecimiento, autores como S. Latouche, proponen una estrategia de decrecimiento sostenible, siendo la primera medida que proponen salir de la economía como imaginario-hegemónico, con su mandato de crecimiento permanente, por ejemplo partiendo de las ideas básicas de las seis R: reevaluar, reducir, reparar, reutilizar, redistribuir y reciclar.

PROPUESTAS DE LATOUCHE.-

  • Reducir la jornada al mínimo posible

  • Reducir nuestra huella ecológica de modo que sea igual o menor a la suma de los recursos de la Tierra

  • Internalizar los costes del transporte

  • Relocalizar todas las formas de actividad

  • Regresar a una agricultura a pequeña escala

  • Estimular la producción de bienes relacionales (cuidados de niños, masajes, etc.)

  • Reducir el despilfarro de energía en sus tres cuartas partes

  • Imponer fuertes impuestos al gasto en publicidad

  • Decretar una moratoria sobre la innovación tecnológica, a falta de una evaluación en profundidad de sus logros y una reorientación de la investigación científica y técnica según los nuevos objetivos

La ciencia económica ha entendido tradicionalmente los resultados nocivos de la producción y el consumo como externalidades, es decir aquellos costes y beneficios que los agentes económicos no incorporan a sus transacciones, pero que otros sufren. Latouche afirma que la clave de su programa de decrecimiento está en la internalización de las externalidades

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Mercado, modernización ecológica y decrecimiento

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