Medio Ambiente

Biología. Geología. Ciencias de la Tierra. Ecosistema. Hábitat. Redes alimentarías. Equilibrio ecológico. Flora. Fauna

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Índice:

Ecosistema. Definiciones 3

Componentes de los ecosistemas. Biocenosis y biotopo 5

Biosfera 5

Hábitat y nicho ecológico 5

Producción y productividad 6

Clasificación de los ecosistemas 7

Terrestres 9

Acuáticos 13

Cadenas y redes alimentarias 17

Redes tróficas 19

Equilibrio ecológico. Transito de energía y materia en los ecosistemas 21

Adaptación de los seres vivos al medio 24

Habito de observación y estudio de los seres vivos 27

Observación de la flora 28

Observación de la fauna 29

Actitud responsable en el cuidado del ecosistema 32

Causas y soluciones 34

Bibliografía 35


Ecosistema. Definiciones

Este término fue utilizado por primera vez por Tansley en 1935 con objeto de intentar conceptuar los complejos ambientales integrados por animales y plantas en un medio abiótico.

La difusión del concepto de sistema en otras ciencias hizo que este concepto se extendiera entre la comunidad científica.

En los sistemas naturales tienen lugar intercambios de muchas clases, no sólo entre los organismos, sino también entre el mundo orgánico y el inorgánico. Estos ecosistemas pueden ser de muchas clases, formando una de las categorías de los distintos tipos de sistemas físicos del universo que van desde el universo como un todo hasta el átomo.

A veces la zona que se estudia puede ser muy pequeña, como un árbol caído, pero la verdad es que estas zonas no están tan aisladas del resto, y por tanto no son ecosistemas auténticos. De hecho todo nuestro planeta constituye un solo ecosistema.

Componentes de los ecosistemas

En cualquier ecosistema podemos distinguir entre biocenosis y biotopo.

Hablamos de biocenosis o comunidad para referirnos al conjunto de poblaciones que conviven en un mismo espacio. Población serían los individuos de la comunidad que pertenecen a la misma especie. Y llamamos biotopo a ese espacio en el que conviven un determinado número de poblaciones.

Por tanto, la biocenosis sería el componente vivo del ecosistema, y biotopo sería el componente inerte.

Por ejemplo, en la comunidad del bosque mediterráneo podemos identificar distintas poblaciones, por ejemplo, pinos, encinas, saltamontes, conejos, rebollones, ratones, zorros, lince, águila, etc., que formarían la biocenosis, y el biotopo caracterizado por los elementos no vivos que forman parte del medio, como el agua, el aire, el suelo o las rocas y por una serie de factores físico químicos, como la temperatura, la luz, la humedad, la presión o la salinidad, que forman las condiciones ambientales.

Así, podríamos decir que el ecosistema es el conjunto formado por la biocenosis y el biotopo en que se desarrolla. Es una entidad o sistema formado por todos los seres vivos y factores del ambiente físico, circunscritos a una determinada localización que, al actuar entre sí, dan origen a un todo estructurado o a una unidad con estabilidad funcional.

Biosfera

Llamamos biosfera al conjunto de seres vivos que habitan la Tierra. Sería por tanto la biocenosis del ecosistema Tierra.

Hábitat y nicho ecológico

Cuando hablamos de un ecosistema y de las especies que lo forman, debemos distinguir entre estos dos conceptos.

Hábitat de una especie es el conjunto de lugares donde se suele encontrar habitualmente. Es decir es un lugar físico, palpable.

Nicho ecológico de una especie es el conjunto de estrategias que desarrolla para conseguir alimento, y su rango de tolerancia a los factores ambientales. Podríamos decir que es la función, el oficio que esa especie desempeña en el ecosistema. Es por tanto algo intangible.

Producción y productividad

En ecología, llamamos producción al incremento de la biomasa obtenido en un tiempo dado, normalmente un año.

Biomasa es la suma de la masa de todos los individuos de una población o de una comunidad o biocenosis. En el primer caso nos referimos a la masa de todos los individuos de una especie, y en el segundo a la de todos los seres vivos de un ecosistema determinado.

Productividad sería el cociente entre la producción y la biomasa, y se expresa, habitualmente en tantos por ciento.


Clasificación de los ecosistemas

La clasificación de los ecosistemas está determinada por sus características físicas. Se hace una primera gran división entre los medios terrestres y acuáticos, ya que los factores físicos que influyen en cada uno de ellos es diferente.

En distintos lugares terrestres puede advertirse la existencia de comunidades diferentes de seres vivos junto a diferencias notables en el clima, el relieve, el paisaje y los suelos. En las distintas regiones marinas hay también diferencias notables de profundidad, luz, salinidad, temperatura y corrientes. Como consecuencia, si bien se acepta que no existen ecosistemas perfectamente cerrados en la Tierra y que la Tierra entera tampoco es un sistema cerrado, puesto que al menos recibe luz del Sol, resulta útil para su estudio e interpretación dividir la biosfera en una serie de grandes ecosistemas que reciben el nombre de biomas.

El conjunto de seres vivos que habita en la biosfera recibe el nombre de biota.

Si la superficie terrestre fuera perfectamente uniforme, los biomas estarían determinados por la energía disponible, es decir, por la radiación solar. Los distintos biomas quedarían delimitados por los paralelos geográficos. Es evidente que no ocurre así. La distribución de continentes y océanos, el tipo de rocas, el relieve, la salinidad, y el resto de factores anteriormente citados dan lugar a una distribución geográfica mucho más irregular de los grandes biomas, que pueden ser divididos en biomas terrestres y biomas acuáticos. Cada uno de ellos admite su progresivo fraccionamiento en subunidades menores, hasta llegar a microecosistemas. Los principales ecosistemas terrestres son:

Tundra: La tundra ártica ha sido también llamada desierto polar, debido a su escasa producción. Su latitud circumpolar hace que pase gran parte del año en la oscuridad, a temperaturas muy bajas, sin posibilidad de realizar la fotosíntesis. En el corto verano, la tundra resurge. Las plantas aletargadas florecen rápidamente, y las hierbas y los abundantes líquenes aprovechan la bonanza para crecer lo que permite alimentar a gran cantidad de animales, que suelen ser migratorios. El suelo está congelado, constituyendo el permafrost y sólo la capa superficial se descongela en verano. En el agua procedente de la descongelación se desarrollan multitudes de mosquitos capaces de hibernar y se encuentran la sales minerales que permiten la nutrición vegetal. El ciclo de nutrientes es lento y el frío conserva la materia orgánica producida de año en año.

Taiga: Los bosques de coníferas forman un anillo alrededor de las latitudes más altas del Hemisferio Norte, en Siberia, Rusia, Escandinavia y Canada. Los inviernos son fríos y los veranos son suaves e incluso calurosos.

Se trata de bosques de coníferas de hojas aciculares, perennifolios, capaces de resistir las grandes variaciones de temperatura. Junto a ellas hay algunas especies de caducifolias resistentes. El bosque presenta un aspecto compacto e impenetrable, con escasa luz y muy poco espacio en su interior. Debido a la escasa luz que llega a estas latitudes, especialmente durante el invierno, la producción es muy baja, condicionada por una época de crecimiento. También es bajo el número de especies. Abundan los líquenes.

Bosques caducifolios: Se hallan en zonas templadas, con inviernos fríos y veranos cálidos. Recuerdan a las selvas tropicales, pero su estratificación es menor, al igual que su productividad, como corresponde a una latitud con irradiación solar. El invierno frío determina la principal característica de este tipo de bosque. Los árboles se desprenden de las hojas e hibernan. La biodiversidad es escasa, pero tienen un importante sotobosque formado por arbustos.

La humedad, favorecida por las temperaturas relativamente bajas, permite el crecimiento de musgos y herbáceas. Los nutrientes del suelo son abundantes, lo que favorece la nutrición vegetal por medio de las raíces.

Vegetación mediterránea: El clima mediterráneo se caracteriza por tener inviernos suaves y veranos calurosos y secos. Es el clima propio de la región que bordea al Mar Mediterráneo, California, la zona del cabo en África del Sur y parte de Australia.

La vegetación se enfrenta sobretodo a un verano caluroso y seco, por lo que las plantas disponen de adaptaciones para resistir esta época. Los bosques, debido sobretodo al pastoreo, han sido sustituidos por zonas de matorral o de garriga, en la que dominan las especies arbustivas y herbáceas.

Los árboles, dada la benignidad del clima, son principalmente de hoja perenne, como el pino y el cedro, y algunos de hoja caduca. La productividad de la vegetación mediterránea, siendo mayor en el bosque y mucho menor en la garriga.

Praderas, pastizales y estepas: son formaciones propias del interior de los continentes, donde el clima es continental, de estaciones muy acusadas, con veranos calurosos e inviernos fríos. Los árboles son escasos y la vegetación es escasa y herbácea, dominada por las gramíneas. La presión de los herbívoros y los incendios ocasionales explican la ausencia de vegetación arbórea. La producción, considerando la poca biomasa existente, es relativamente alta, y está muy relacionada con la humedad.

Sabana: es un bioma cálido que está bien representada en los trópicos, especialmente en África, la India y Australia. El paisaje de la sabana es abierto, con árboles ocasionales y la sabana Africana sin duda la más representativa, es el hábitat de los grandes rebaños de herbívoros y de los grandes carnívoros que siguen sus migraciones al compás de los ritmos estacionales.

Durante la larga estación seca la sabana destaca por su escasez de vegetación. Con la aparición de las lluvias, el suelo se cubre de plantas herbáceas principalmente gramíneas, que sirven de pasto a los herbívoros. Su producción, así como su biomasa, son bajas comparadas con las selvas tropicales. En la sabana es importante el papel de los incendios naturales, que, si se mantienen dentro de ciertos limites, detienen la deforestación arbórea y favorecen la liberación de sales minerales al suelo. Los suelos en general pobres y el crecimiento vegetal está limitado por la escasez de nutrientes, por la marcada estacionalidad y por la presión que ejercen los herbívoros sobre la vegetación.

Pluvisilva tropical: es cálida y húmeda a lo largo de todo el año, sin apenas variaciones estacionales. Tal estabilidad permite a los seres vivos desarrollarse sin limitaciones a lo largo del año, sin necesidad de adaptarse a cambios estacionales. En estas condiciones se ha desarrollado el ecosistema más rico y productivo de la Tierra. Su diversidad es asombrosa, se llegan a contar doscientas especias arbóreas por hectárea, y sobre algunos árboles grandes de la selva amazónica, se han llegado a contar más de mil especies de insectos. Dada su enorme capacidad de creación de nichos ecológicos, es la gran reserva de biodiversidad del planeta, con millones de especies aún desconocidas.

La pluvisilva tropical, a pesar de su imponente aspecto es bastante frágil a las alteraciones. Su estructura estratificada se caracteriza por la existencia de varios pisos en los que viven árboles altos que compiten por la luz y soportan la existencia de plantas trepadoras epifitas, que se apoyan sobre otras plantas y no sobre el suelo.

La estructura determina que el interior de la pluvisilva sea húmedo y poco luminoso. Los ciclos de los nutrientes son rápidos, las altas temperaturas hacen que las reacciones químicas se produzcan rápidamente y en su mayor parte no se cierran en el suelo sino en distintas alturas en los diversos pisos o estratos. Cuando se desaparece el tapiz vegetal, el suelo resulta pobre y a menudo sufre procesos de delateritización, lo que hace muy difícil la recuperación del ecosistema.

Junto a la pluvisilva tropical típica se encuentra también la estacional o monzónica, en la cual hay una estación seca y otra húmeda, como ocurre en algunas partes de la India y en el sudeste de Asia. En este ambiente la vegetación debe adaptarse a los cambios, la biodiversidad es menor y la productividad desciende con respecto a la pluvisilva tropical típica.

Desierto: son áreas caracterizadas por la escasez de agua, y en consecuencia, de seres vivos. Reciben menos de cien litros de agua por metro cuadrado al año. Su producción es muy baja, la más baja de entre todos los biomas terrestres.

La mayoría de los desiertos son cálidos, como el Sahara y el Calahari. El desierto de Gobi es frío durante el invierno. Dada la ausencia de agua, la escasa vegetación capaz de sobrevivir en el ambiente desértico ha desarrollado mecanismos de adaptación destinados a capturar todo el agua posible. Las hojas de algunas plantas son capaces de captar el agua del rocío y otras son capaces de emitir largas raíces para obtener agua subterránea.

Otras adaptaciones consisten en minimizar agua, reduciendo la superficie de las hojas o almacenando grandes cantidades de ella en su interior, como ocurre en los cactus, que disponen de ambas adaptaciones. Otra característica fundamental consiste en brotar y cumplir rápidamente sus ciclos reproductores aprovechando la mínima lluvia.

En los biomas acuáticos podemos distinguir entre aguas continentales y aguas oceánicas.

Aguas continentales: a pesar de que las aguas epicontinentales constituyen solamente menos del tres por ciento de la masa de agua del globo, han sido estudiadas intensamente. Su importancia para los ecosistemas terrestres es incuestionable. La limnología es la ciencia que estudia los ecosistemas y finalmente se ha incluido en ella el estudio ecológico de los cursos de agua.

Un lago, desde el punto de vista temporal, es un breve accidente ocasional condenado a la desaparición por colmatación de sedimentos. La longevidad de un lago depende de sus dimensiones y del aporte de sedimentos por parte de los ríos condicionado a su vez por las características litológicas de la cuenca. Las cuencas formadas por materiales silícicos, poca solubles, aportan pocos sedimentos mientras que las cuencas calcáreas o arcillosas ceden mayor cantidad de materiales.

Un lago es un ecosistema definido, del que es posible conocer sus entradas y sus salidas de materia y energía, así como su evolución a lo largo del año y largo plazo. Los embalses son lagos artificiales y también pueden ser sometidos a este tipo de estudio.

Los lagos y embalses son ecosistemas frágiles debido precisamente a que están constituidos con agua dulce, pobre en solutos, y, en consecuencia en nutrientes. Las aguas de un lago en estas condiciones se dicen que son oligotróficas, es decir, pobres en nutrientes. La aparición de mayor cantidad de nutrientes puede alterar profundamente la dinámica del ecosistema, produciendo su eutrofización.

Los ríos son corrientes de agua permanentes y en renovación constante, obviamente mucho más rápida que la de los lagos. La gran diferencia que supone esta rapidez en la renovación de las aguas hace que se trate de ecosistemas que sufren antes los impactos ambientales que reciben y se recuperan más rápidamente de ellos. El estado de un río depende muy directamente del clima y de los ecosistemas terrestres que atraviesa.

Desde el punto de vista de la traducción tanto los ríos como los lagos son ecosistemas poco productivos, dado que sus aguas son en general oligotróficas.

Mares y océanos: El 71% de la superficie de la Tierra está ocupada por los mares y océanos, constituidos por agua salada hasta una profundidad media de 3900m aproximadamente. En conjunto, constituye un ecosistema inmenso tan desconocido todavía que se ha llegado a decir que conocemos la luna mucho mejor que los océanos de nuestro propio planeta.

El océano no es una masa uniforme de agua. Hay grandes diferencias entre unas y otras zonas oceánicas tanto horizontal como verticalmente. La distancia a la línea de costa permite diferenciar entre la zona nerítica, más cercana y rica en nutrientes, y la zona pelágica, cuya producción biológica es menor debido a que dispone de menor cantidad de nutrientes.

En la dimensión vertical, la luz determina la existencia de una zona fótica donde la luz va disminuyendo hasta los 200 m de profundidad, donde solo llega la luz azul, y a partir de ahí una zona afótica, carente de luz. La presencia de luz permite la actividad fotosintética y su ausencia obliga a los seres vivos de las regiones oscuras del océano a alimentarse de forma heterótrofa de los residuos que caen de la zona superficial.

La existencia de comunidades asociadas a las emanaciones volcánicas en los fondos oceánicos, aunque significativas desde el punto de vista del estudio de los ecosistemas al no basarse en la energía luminosa, cuantitativamente no es más que una anécdota si se compara su producción con la del resto del océano.

Las zonas oceánicas más productivas son zonas bien iluminadas y ricas en nutrientes, condiciones que se dan en las zonas costeras y en mares muy someros, donde la luz llega a iluminar el fondo.

El otro factor que influye de forma importante en la producción del ecosistema oceánico es el afloramiento de corrientes frías y ricas en oxígeno y nutrientes. Muchos de los principales bancos de pesca mundiales se hallan asociados a estos afloramientos de agua fría en la superficie.

Los seres vivos del medio marino se dividen en plancton, necton, y benton. Llamamos organismos planctónicos a aquellos que viven flotando en la zona superficial. Organismos nectónicos son aquellos que se desplazan voluntariamente nadando y organismos bentónicos son aquellos que viven enterrados o semienterrados en el fondo marino.

Las zonas litorales: Es significativo que gran parte de las áreas más productivas de los océanos sean zonas litorales. Una de las causas es el intercambio de calor debida al afloramiento de corrientes frías procedentes del fondo. La otra es la presencia de sedimentos ricos en nutrientes, procedentes de los ríos y de la erosión costera.

Las zonas litorales presentan una diversidad enorme y gozan de una actividad vital sorprendente. Las mareas determinan la existencia de una zona intermareal, entre el nivel de la pleamar y el de la bajamar, de características muy especiales, ya que dos veces al día queda cubierta y descubierta por el agua, ciclo que exige a los seres vivos presentes ser capaces de vivir sin agua.

Por encima de la zona intermareal queda la zona de rompiente, donde el oleaje bate contra la costa. Si la costa es rocosa, los organismos deben fijarse fuertemente a las rocas para no ser arrastrados por el oleaje, y aun así, en este tipo de costa siempre hay fragmentos de algas arrastrados por el agua.

Bajo la zona intermareal los organismos están permanentemente cubiertos por el agua y el ambiente es más estable.

Las costas rocosas son más ricas en seres vivos que las arenosas. Las algas que se fijan a las rocas proporcionan hábitats a muchos organismos y eso no ocurre en las costas arenosas donde la ausencia de un sustrato firme impide la fijación de las algas. En las costas arenosas abundan los animales excavadores capaces de ocultarse bajo la arena durante la marea baja. Las olas y las mareas condicionan la vida litoral de forma que las especies se disponen en bandas paralelas a la línea de costa. Las especies que son capaces de resistir mejor los impactos del oleaje se dispone más cerca de la superficie o en la zona intermareal mientras que las menos resistentes permanecen en zonas más profundas. Las olas y las mareas proporcionan también, mediante los procesos de lavado y aporte de nutrientes las condiciones que hacen que la producción literal sea mucho mayor que la del medio marino, sobre todo cuando las mareas son intensas.

En los fondos de fango cercanos a la costa, donde se acumulan sedimentos producidos por la acción geodinámica del mar, se extienden las praderas acuáticas donde abundan fanerógamas marinas como Posidonia hasta los cincuenta metros de profundidad que proporcionan hábitat a multitud de especies animales.

En los países tropicales abundan las costas de manglares. Se puede considerar que el manglar es un auténtico bosque de rivera marino. Favorece la acumulación de sedimentos, que a su vez colaboran en la extensión hacia el mar de las raíces, y merece la consideración de ser uno de los ecosistemas más ricos y productivos de la biosfera.


Cadenas y redes alimentarias

Para realizar sus funciones vitales, los seres vivos utilizan energía que obtienen del Sol o de la materia orgánica. Los organismos toman directamente del medio o de otros seres vivos todo aquello que necesitan para nutrirse. Las interacciones que se producen entre los componentes de una comunidad se denominan relaciones alimentarias.

Así podríamos definir una cadena trófica es la secuencia de organismos de un ecosistema que se alimentan unos de los otros.

Definimos niveles tróficos como cada una de las posiciones que se pueden distinguir en una cadena trófica. Por ejemplo, el nivel trófico de los organismos que realizan la fotosíntesis, el nivel trófico de los animales que se nutren de plantas y el nivel trófico de los animales que se alimentan de otros animales.

Según el tipo de materia que requieran los diversos organismos, la forma de aprovecharla y el lugar que ocupen en la cadena alimentaria, podemos distinguir los niveles tróficos siguientes:

- Productores: forman materia orgánica a partir de materia inorgánica y de la energía. Si esta energía proviene de compuestos químicos se llaman quimioautótrofos, y al proceso quimiosíntesis. Si proviene del Sol se llaman fotoaútrofos, y al proceso fotosíntesis. Pertenecen a este nivel las plantas, las algas y las bacterias quimiosintéticas y fotosintéticas.

- Consumidores Son organismos heterótrofos que consumen materia orgánica viva de otros seres vivos. Existen tres tipos.

- Consumidores primarios: Son los que se alimenta directamente de los productores, como muchos de los mamíferos, que comúnmente llamamos herbívoros, y los insectos.

- Consumidores secundarios: Son los organismos que se alimentan de consumidores primarios. Por ejemplo los animales, carnívoros que se alimentan de herbívoros.

- Consumidores terciarios: Son los organismos que se alimentan de consumidores secundarios, por ejemplo animales carnívoros que se alimentan de otros animales carnívoros.

- Descomponedores: Son los organismos que se alimentan de materia orgánica procedente de los desechos o restos de los seres vivos que hay en el ecosistema. Transforman la materia orgánica en materia inorgánica que se libera en el medio, cerrando de este modo el ciclo de la materia en el ecosistema. Son ciertas bacterias y hongos.

Redes tróficas

Las cadenas tróficas son tan raras que en la realidad no existen. Las liebres no siempre comen hierba, pueden emplear otros vegetales para alimentarse, y, en todo caso, la hierba está formada por distintas especies de plantas. Además la hierba también es comida por las vacas, las ovejas, los caracoles, los saltamontes, etc. Los zorros no se alimentan exclusivamente de liebres y las liebres tienen algunos otros depredadores además de los zorros. Es así como el flujo de materia y energía deja de ser lineal, para convertirse en una intrincada y compleja red de relaciones tróficas, incluso en un ecosistema pequeño, con pocas especies, denominada red trófica.


Equilibrio ecológico. Transito de energía y materia en los ecosistemas

La materia y la energía que contiene un ecosistema fluye a lo largo de las cadenas tróficas, y es utilizada por todos los organismos del siguiente modo.

La materia se obtiene gracias a la fotosíntesis (y en menor medida, a la quimiosíntesis) mediante la cual los productores capturan y transforman energía luminosa (o de otros compuestos químicos inorgánicos) almacenándola en compuestos orgánicos, producidos a partir de dióxido de carbono y agua.

Parte de esa energía la utilizan, mediante la respiración celular, para realizar sus funciones vitales. Otra parte, almacenada en su propia materia orgánica, puede pasar a los siguientes niveles de la cadena trófica. Así, los consumidores primarios obtienen su materia y su energía a partir de la materia orgánica de los productores. Igual que estos, utilizan una parte de la materia consumida para obtener energía mediante la respiración celular, y así poder realizar sus funciones vitales. Otra parte es utilizada para producir materia propia y así poder crecer. Otra parte es excretada sin que los organismos de este nivel trófico obtengan beneficio.

Este proceso se repite entre todos los eslabones de la cadena trófica. Así, la materia consumida va transformándose en materia propia de los organismos de cada nivel de la cadena trófica.

Finalmente, los organismos descomponedores transforman la materia orgánica procedente de los desechos o restos de otros organismos en compuestos inorgánicos, que pueden ser reutilizados de nuevo por los productores.

De este modo, la materia circula de forma cíclica en el ecosistema. Los compuestos inorgánicos del medio son transformados en materia orgánica por los productores, introduciéndose así, en los ciclos biológicos. Y esta materia orgánica es de nuevo transformada en materia inorgánica por los descomponedores.

Estas rutas que siguen los átomos de los elementos al pasar de la materia inorgánica a la materia orgánica de los productores, y después de los consumidores y los descomponedores para pasar a formar de nuevo materia inorgánica reciben el nombre de ciclos biogeoquímicos.

Con la energía, en cambio, no ocurre lo mismo, ya que una parte de la energía almacenada en la materia orgánica es consumida por los organismos para realizar sus funciones vitales, por lo que no puede pasar a los siguientes niveles de la cadena trófica.


Adaptación de los seres vivos al medio

Muy frecuentemente, a la hora de explicar cómo han surgido las adaptaciones de los organismos a su medio ambiente se cae en errores lamarckistas planteando o defendiendo ideas del tipo “la función crea al órgano” o “la herencia de los caracteres adquiridos”, en lugar de hablar de “variabilidad de la descendencia” y “selección natural”.

Las teorías actuales sobre la diversidad de los seres vivos se recogen en la teoría sintética de la evolución o neodarwinismo, y se rechaza la capacidad de adaptación de los seres vivos al medio.

Así, la teoría sintética de la evolución rechaza el principio de la herencia de los caracteres adquiridos, y afirma que las variaciones sobre las que actúa la selección natural se heredan según las leyes de la genética.

Esto teoría puede concretarse en dos puntos de esta teoría, la variabilidad de la descendencia y la selección natural.

La variabilidad de la descendencia se debe a las recombinaciones genéticas que se producen durante la meiosis, a las mutaciones, y al hecho de que los cromosomas se agrupen al azar en los gametos y que estos se unan al azar. Todo esto explica cómo de una misma pareja de progenitores salen descendientes diferentes entre sí. En los organismos con reproducción asexual la variabilidad sólo es debida a las mutaciones.

La selección natural actúa eliminando unos caracteres y manteniendo otros. Los genes responsables de estos últimos son los que pasan a la generación siguiente.

Los caracteres durante la vida, al no comportar cambios genéticos, no se heredan. En definitiva, la selección natural, actuando sobre la variabilidad genética de una especie, determina que genes perdurarán. Por tanto no son las especies las que se adaptan al medio, sino que es el medio el que selecciona que individuos de la especie tienen mayor capacidad o probabilidad de difundir su descendencia.

Otra idea importante de la teoría sintética es la necesidad del aislamiento reproductivo de las poblaciones para la formación de nuevas especies.


Habito de observación y estudio de los seres vivos

La observación y descripción de los seres vivos son técnicas de trabajo imprescindibles para el estudio de los seres vivos en su medio natural.

Para conocer un ecosistema es necesario conocer los seres vivos que viven en él, en su biotopo. Ello supone una observación periódica y exhaustiva, junto con una determinación cuidadosa de las especies que forman las diferentes poblaciones.

Observación de la flora

La vegetación, es decir, el conjunto de productores, es fundamental en el ecosistema. Es tan grande su influencia que, muchas veces, una especie vegetal es particularmente visible, además de por su gran tamaño, por ser la más numerosa. Esta especie recibe el nombre de dominante, y su nombre se aplica a la biocenosis o al ecosistema. Por ejemplo, se habla de un pinar, un hayedo, un encinar, que pueden definir tres ecosistemas diferentes.

La observación de la vegetación de un ecosistema es más fácil que la de la fauna debido a su inmovilidad. En los ecosistemas terrestres es necesario determinar:

- El porte de la vegetación. Se distingue, popularmente, entre vegetales de porte herbáceo y de porte leñoso. Estos últimos pueden ser, según su tamaño, matas, de menos de50 cm de altura, como el tomillo, arbustos, de mayor porte y ramificados desde la base, sin tronco, como las zarzas. Las jaras y las carrascas; y árboles, con tallo principal simple, el tronco, que se ramifica a partir de una determinada altura.

- Las especies y las comunidades existentes: para ello es necesario servirse de las guías apropiadas.

- La densidad o lo que es lo mismo, el número de especies de cada una de las poblaciones. En este apartado, para las plantas pequeñas, es útil el muestreo con bastidor.

En los ecosistemas acuáticos, además de identificar los vegetales de gran porte, como algas pluricelulares o fanerógamas acuáticas, es necesario es necesario estudiar las plantas microscópicas que constituyen el fitoplancton. Para ello es necesario emplear técnicas de estudio adecuadas, como las mangas de plancton.

Observación de la fauna

Es más compleja que la observación de la flora, por el evidente hecho, de que los animales tienen movilidad.

Para su estudio suele diferenciarse entre microfauna y macrofauna, atendiendo a su tamaño. La observación de la macrofauna es más difícil, ya que, por un lado, existen menos ejemplares, menos individuos en cada población, y por otro, se muestran más huidizos ante la presencia del hombre. Por ello, generalmente se observan de modo indirecto, observando:

- Las huellas de sus pisadas, que podemos encontrar en los suelos despejados y blandos,

- Las huellas que dejan en los árboles y sus ramas, al pasar, al mordisquearlas. Por ejemplo, la ardilla pela la corteza en espiral u el lirón deja pequeños hoyos alargados.

- Los restos de alimentos, bien sean frutos mordisqueados, señales en las hojas medio comidas o en los tallos.

- Los restos de los propios animales, como “camisas” de culebras, plumas de aves, pelos en forma de vellones, hasta cuernos de cérvidos y huesos de animales muertos.

- Las madrigueras, distinguiendo entre las de zorro, conejo, tejón, etc.

- El canto de las aves, que nos permitirá conocer las especies y por ello las poblaciones existentes.

- Las egagrópilas, observables junto a los árboles y que son desperdicios de la comida de rapaces, principalmente, consistentes en restos indigeribles como pelos, plumas y huesos, que son regurgitados y expulsados al exterior por la boca.

Para observarlos directamente deberemos movernos con cautela por el entorno, y debemos disponer del equipo adecuado, como prismáticos, etc.

También podemos hacer trampas para capturar pequeños mamíferos como topillos, musarañas, ratones, etc., recordando que después debemos devolverlos al medio

Respecto al medio acuático, para observar el fondo y los animales nadadores es necesario servirse de aparatos que nos permitan esta observación, como cámaras subacuáticas, gafas, etc.

Para observar la microfauna de un modo sistemático es necesario delimitar un territorio pequeño, o un microhábitat, como un árbol caído, un matorral, etc.

Debes fijarte detalladamente en todos lo animales que aparecen. Debes ser capaz de definir el número de poblaciones, el número de individuos de cada población y las posibles redes tróficas que se establecen.

Para ello debes ayudarte de guías de clasificación, lupa de 8 ó 10 aumentos, pinzas para recolectar animales de cuerpo duro y un pincel fino para recolectar animales de cuerpo blando, una espátula para rascar cortezas,, escarbar en el musgo, en el suelo o bajo las piedras. (Siempre intentando dañar lo menos posible al ecosistema, y devolviendo musgo, piedras, etc. a su situación anterior.).

Para que la observación sea significativa debemos anotar todo lo observado, en fichas estandarizadas, tratando de identificar el animal avistado mediante guías naturalistas.

Actitud responsable en el cuidado del ecosistema

Llamamos medio ambiente al conjunto de factores bióticos y abióticos que se producen en un ecosistema y a las interacciones entre estos factores físicos y los factores sociales, económicos, políticos, culturales y estéticos. Por tanto medio ambiente es una forma de entender la naturaleza desde el punto vista del hombre.

Las sociedades humanas interactúan con el medio natural. Como consecuencia se produce un efecto mutuo. Se denomina impacto ambiental a la modificación, tanto directa como indirecta, que cualquier actividad humana concreta provoca sobre el medio que la rodea.

Son impactos ambientales, por ejemplo, construir una autopista, o dejar los restos de comida en el campo tras la excursión. Un impacto ambiental no tiene por qué ser necesariamente negativo; así ocurre, por ejemplo, cuando se restaura una zona quemada con vegetación autóctona.

Si los impactos ambientales constituyen agresiones al medio capaces de originar una situación que repercute negativamente en nosotros, se habla de problema ambiental. Por ejemplo, la contaminación urbana es un problema ambiental provocado por continuos y variados impactos ambientales.

Causas y soluciones

Los principales causantes de los impactos ambientales son:

- La población que crece de forma exponencial y necesita cubrir sus necesidades de alimentación, agua de riego y agua potable, etc.

- El modelo de consumo que, en los países desarrollados, derrocha materia y energía y genera gran cantidad de residuos.

- Las tecnologías que cada vez elaboran productos que el medio ambiente tiene más dificultad para devolver al estado natural.

Cada uno de estos factores tiene diferente importancia según el contexto social y según la ideología desde la que se analice.

La solución a los problemas ambientales depende de todos y cada uno de los ciudadanos. Algunas formas de acción individual son:

- Participación política. Hay problemas ambientales que sólo pueden abordar los gobiernos, como evitar que las industrias liberen contaminantes al medio o como educar a la población. Pero los ciudadanos pueden influir en los gobernantes por ejemplo con su voto o su crítica y apoyar a las organizaciones que luchen por solucionar estos problemas.

- Cambios en el estilo de vida personal que pueden reducir el impacto ambiental:

- Reducir el consumo de materiales y de energía. Por ejemplo, utilizar el transporte público o evitar adquirir objetos innecesarios.

- Reutilizar los objetos para darles la máxima utilidad. Como devolver las botellas de vidrio para que la empresa envasadora las limpien y las rellenen de nuevo.

- Facilitar el reciclaje de papel con latas, como botellas, etc. depositándolos en los contenedores específicos.


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