Medicina popular

Salud. Psiquiatría mágica. Curanderos y brujos. Religiones animistas: Vudú. República Dominicana

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  • País: República Dominicana República Dominicana
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Medicina folklórica

Se considera como medicina folklórica la automedicalización mediante el uso de recetas ´´'productos de la tierra, ó sea, hiervas o plantas medicinales y la medicalización inducida por vecinos, amigos y familiares mediante el mismo, uno de esos elementos ''.

Las creencias en nuestros ambientes rurales en la medicina ejercida por el curioso o hervidor de aguas, curandero, brujo, partera empírica y ensalmadores tiene una amplia demanda.

Historia de la medicina y su repercusión actual en el concepto de enfermedad

Para tener un idea clara del por qué de los diversas actitudes que determinado grupo sociales tienen hacia la salud y enfermedad es imprescindible conocer los diversos conceptos de enfermedad que se han tenido a través de la historia.

Introducción de los malos espíritus al cuerpo

Interpretación magia que ha acompañado al hombre a través de los siglos y que aun hoy en día prevalece en diversos núcleos sociales en nuestro país y es de esta interpretación de enfermedad de donde se desprende la clasificación popular de enfermedades que son de los médicos y la que no son de los médicos.

Las enfermedades que se aseguran que no son de los médicos, son aquellas en las que se considera son ocasionadas por la intrusión de malos espíritus al cuerpo, por lo tanto estas personas cuando se le presenta un caso como el descrito anteriormente, recuren al curandero o al brujo.

Piedra rayo

Se le atribuye propiedades curativas y son depositadas en las tinajas del agua de la vivienda que se utiliza como consumo diario y en estas ocasiones se le pone en un sitio determinado en el cuerpo donde se encuentra la enfermedad.

Castigo divino

En la revisión histórica de la medicina es el castigo divino o enojo de los dioses. Hay lugares específicos de nuestro país donde el concepto de enfermedad producida por castigo divino esta mas arraigada y podemos señalar en este sentido la región cibaeña.

Cuando la gente observa que a pesar de las oraciones, las cuantiosas donaciones a la iglesia y aun continuaba loa enfermedad y de hoy se desprende otros dos conceptos históricos de enfermedad.

Causantes humanos

El otro concepto de enfermedad es el causado por el llamado mal de ojos, generalmente se dice que un niño tiene mal de ojo cuando esta gravemente deshidratado, otro ejemplo es cuando dicen que se lo chupan las brujas.

Psiquiatría folklórica

La psiquiatría mágica siguió un curso totalmente diferente a la medicina somática. Para frank Alexander los métodos utilizados para la curación de los males, eran apelación, castigo suplica, soborno, intimación, apaciguamiento, confección, y castigo expresado a través de exorcismos rituales mágicos y encantamientos.

Nuestra psiquiatría folklórica tiene tres orígenes arahuacos, españoles y negros, los españoles buscaron la botánica indígena y Antón de villa santa casado con taina fue el primero en fabricar un bálsamo que lleva su nombre obtenido del maguey o zábila.

Al parecer jamás existieron centros psiquiátricos en nuestra isla. Solo se citaban muy pocos casos de pacientes de alcurnia que fueron llevados, en caso de mujeres al convento de santa clara y los hombres a las celdas de la tercera orden anexa a la ruina de la iglesia de san francisco.

La psiquiatría de la republica dominicana explica el comportamiento con categorías estratificadas del conocimiento que trasciende a lo formal, académico y nominal.

La religiosidad popular juega un papel determinante en su cotidianidad en su visión trascendente del mundo a su realidad.

La psiquiatra popular nos ayuda a comprender al dominicano conocernos al fin de definir lo que realmente somos. También podemos comprender que la psiquiatría popular requiere de una población entre ciencia y sociedad, entre ciencia y cultura, entre ciencia e ideología; nos lleva de manera particular a redefinir a la psiquiatría de la ciencia de la salud y cuestionar sus funciones en un país en crisis subdesarrollado y dependiente como el nuestro, incluso, nos lleva a cuestionar nuestro proceso de formación siquiátrica, nuestra practica profesional y nuestro saber científico.

Formación social dominicana y religiosidad popular

La racionalidad fue utilizada para civilizar a nuestros indígenas salvajes a nivel ideológico, fue con la iglesia católica: a través de las conversiones al cristianismo. Las conversiones tenían como objetivo fundamental lograr la integración al orden establecido y satisfacer la demanda de mano de obra para la producción.

Las conversiones servían para legitimar procesos que fueron aceptados con resignación por los nuevos católicos.

La religión católica fue convertida en ideología y la iglesia como institución.

El proceso civiliza torio de saqueo y explotación: hizo posible que en los primeros años, la población original indígena fuera reducida por los cristianos colonizadores a unos pocos, en el primer gran genocidio del nuevo mundo.

La religiosidad popular en nuestro país se a creado con el fin de entender muchas características culturales y comportamientos del dominicano hoy en día.

Religiosidad popular dominicana

Paradójicamente el catolicismo esun instrumento ideológico de la colonización, que contribuyo a esta reelaboración de la religiosidad de los negros; se baso con formas religiosas que les sirvieron como instrumento de unidad, identidad, realización, lucha y liberación.

En República Dominicana existe una expresión religiosa paralela al catolicismo formal eclesiástico, creada por el pueblo para pedir protección a sus dioses y como respuesta a sus necesidades.

Dicha modalidad que incorpora básicamente elementos culturales legados por los indios taínos, los esclavos africanos y el conquistador español es conocida bajo el nombre de religiosidad popular , y es practicada por personas pertenecientes a todos los estratos sociales a lo largo y ancho del territorio dominicano.

Como parte del legado cultural indígena aportado a esta religión, encontramos en ella una división de dioses, "Luases" o "Seres" indígenas, en la que aparecen deidades como Gamao, Caonabo, y Anacaona, entre otras no menos importantes. De la cultura española ha adquirido el uso de imágenes católicas, bautizos, rezos y demás letanías. Del negro africano traído a la América en el siglo XVI, esta expresión religiosa ha adoptado el uso de los tambores, la adoración a los árboles o dendrolatría, los ritos funerarios, bailes y una serie de deidades asociadas a los metales, la guerra, el rayo, el trueno y la centella.

La religiosidad popular dominicana tiene una serie de prácticas y ceremonias propias que son orquestadas por un sacerdote popular, brujo o "curioso", y algunas tienen fechas fijas como las fiestas en honor a la Virgen de la Altagracia (patrona del pueblo dominicano), o las celebraciones a San Miguel Arcángel y a Santiago Apóstol entre otras.

Para las celebraciones y prácticas asociadas a la religiosidad popular, se requiere el uso de una serie de objetos y parafernalia particular, creada por la gran inventiva e imaginería del pueblo, la misma que encontramos en: oraciones impresas (de autores desconocidos), cruces y calvarios adornados artísticamente con papeles de colores y en los altares, lugar preferido para las ceremonias rituales.

Además de la religiosidad popular, el Vudú ocupa un lugar importante en los cultos dominicanos. Legado por los inmigrantes haitianos que vienen al país en busca de mejores condiciones de vida, el Vudú tributa e implora protección a los dioses (Luases) y "Seres", agrupados en tres importantes divisiones: Guedeses, Radás y Petró, estos últimos considerados dioses fuertes. Tiene asimismo un espacio asignado en las celebraciones y prácticas propias del culto social y religioso denominado Gagá, cuyas ceremonias principales se realizan durante la Cuaresma.

La religiosidad popular es en definitiva un medio eficaz que el pueblo dominicano utiliza para expresarse libremente y ser lo que es, aunque en ocasiones sea ignorada por el sistema imperante.

El pueblo, a través de sus prácticas, creencias y celebraciones religiosas, muestra esa fe que habita siempre en la esperanza e imprime ese sello particular a lo que es la cultura dominicana

La religiosidad popular dominicana está poblada de expresiones sincréticas, formadas de elementos católicos y de otros sistemas espirituales como el africano y el indígena.

El mayor conocimiento de estas expresiones permanece como experiencia empírica, pues desdichadamente en nuestro país no existe el suficiente número de estudios sobre tales fenómenos.

Los especialistas en temas folklóricos son pocos, y a esto hay que sumar el escaso incentivo de nuestra sociedad a este tipo de investigaciones. Para complicar la situación, el corpus literario principal que recoge la experiencia popular es de naturaleza oral o escrito por personas que no necesariamente dominan las normas idiomáticas. Eso provoca numerosas complicaciones en el uso de términos y la correspondiente confusión en algunos elementos. Por eso es común hallar en oraciones, invocaciones o leyendas sagradas errores que afectan la comprensión.

San Elías corresponde en la religiosidad popular a un ser que suele aparecer en los textos escritos bajo el título de Barón del Cementerio. Este santo, que no es otro que el profeta Elías de los dos libros de Reyes, en la estampa clásica aparece con la piel obscura.

Dice el Calendario Folklórico Dominicano -valioso documento recogido por Dagoberto Tejeda Ortiz, Iván Domínguez y José Castillo Méndez: «... el Barón del Cementerio se va a identificar con la primera persona que entierran en el cementerio; su color es negro, simbolizado por una cruz blanca, siendo una de las deidades más queridas a nivel nacional por su vocación de ayudar a la gente... Se le conoce también como el Rey del Cementerio. Este poderoso personaje, Jefe de la División Guedé, esposo de Mamá Buyita, padre de Candelina y admirador de Marta la Dominadora, es víctima del problema de lenguaje citado en el párrafo anterior, lo cual provoca una curiosa degradación en su jerarquía.

Resulta que al patrón de la División Guedé le viene el nombre del hecho de que san Elías del Monte Carmelo, Padre de la Orden Carmelita, es considerado varón de Dios (homo Dei en la Vulgata). Pero nótese que la palabra que usa la Biblia es con V: varón, y no con B. En el segundo caso, el vocablo constituye un título nobiliario; en el primero, un término de profunda significación. Varón proviene del latín varo: fuerte, esforzado.

Precisamente por la creencia de que lo masculino es lo fuerte, el miembro de este género recibe el nombre de varón. En la Biblia, sobre todo en el Viejo Testamento, existe la dignidad del varón de Dios para designar a las criaturas -hombres y, con menor frecuencia, ángeles- que muestran un especial temple para la fe.

Tal dignidad recayó en Moisés, Eliseo, David, Igdalías y en el futuro apóstol de Cristo, Elías. El Profeta de Fuego, curiosamente, venció por voluntad de Dios sobre la muerte, pues fue elevado directamente al Cielo en un carro de fuego halado por caballos de fuego. La oración más común a san Elías en el ambiente dominicano, inicia invocándolo con esa alta dignidad.

Cuando a su correspondiente de la religiosidad popular se le cambia la V por la B, el sentido cambia. Un barón, de por sí, no posee ninguna cualidad espiritual. Si el Jefe de la División Guedé es el supremo del camposanto, ¿por qué guarda la investidura de barón, inferior a la del príncipe? Además, al ser Rey del Cementerio que es el título nobiliario correspondiente, resulta contradictorio, e incluso ofensivo, considerarlo barón. Por todo esto, la denominación correcta de este ser ultraterreno es Varón del Cementerio, con uve.

Claro que al plantear esto no pretendo que se proceda a corregir todas las oraciones, estampas y novenas que se acumulan en las vitrinas de la boticas, así como tampoco que se haga una cruzada alfabetizadora para instruir cada 16 de febrero a los devotos que asisten a los cementerios. Simplemente hago la observación para quienes estamos obligados a utilizar de forma correcta la palabra escrita

VUDÚ: VIAJE A LOS MISTERIOS DE HAITÍ


En pleno caribe, entre tópicas palmeras y playas de aguas cálidas existe un país símbolo de magia y misterio. Compartiendo isla La Española con la paradisíaca República Dominicana, pocos turistas se aventuran a cruzar la frontera haitiana. Haití es el país de los zombies, el vudú y la magia. Una experiencia excitante solo para los viajeros más audaces.

  A finales de marzo de 1995 el presidente Bill Clinton visitaba Haití para presidir el "cambio de guardias" de las tropas norteamericanas por las de la ONU en el país. Mas de 4000 haitianos se dieron cita en la Plaza del Palacio Nacional de Puerto Príncipe para asistir al acto encabezado por el presidente Jean-Bertrand Aristide, repuesto en el poder de Haití con la intervención de 20.000 soldados norteamericanos en octubre de 1994.

Cuando el presidente norteamericano terminaba su discurso sobre la intervención militar en la isla caribeña, una paloma blanca se posó junto a su micrófono, lo que produjo que miles de personas estallasen en gritos y aplausos ante tan diáfana "señal de aprobación" de los dioses.

Los loas del vudú habían aceptado a Clinton. Y con esa "inocente coincidencia" miles de haitianos dejaron a un lado su rencor por el nuevo invasor blanco, acatando los deseos de los dioses. Y es que el vudú es el principal poder en Haití. Y nadie osará contrariar los deseos de los loas, o lo que se interprete como dichos deseos.

Desde el dictador Duvalier, hasta el General Cedrás, ningún dirigente haitiano se ha atrevido a descuidar la todopoderosa influencia de la magia y religión vudú en Haití, y el presidente Aristide no es una excepción.

A pesar de haber sido sacerdote católico, el pasado 19 de julio y tras haberse entrevistado con varios houngans (sacerdotes) y mambos (sacerdotisas), anunciaba oficialmente la construcción de un gran templo vudú en la capital. De esta forma Aristide igualaba la religión vudú a otras religiones, al otorgar a los vuduistas una "catedral" equiparable a las iglesias bautistas, los templos masones, o las parroquias católicas que abundan en Haití.

Cualquier turista puede disfrutar en Haití de las playas caribeñas de Cabo Haitiano, de paisajes tropicales como los de Hinche, de monumentales ciudades como Jacmel o de las cálidas aguas del Lago Enriquito, pero si quiere comprender la esencia, sentimiento e historia del pueblo haitiano, deberá dejar a un lado sus prejuicios occidentales y sus esquemas racionales, para adentrarse en el abstracto e impredecible mundo de la magia, los zombi y el vudú. Una ruta alternativa para viajeros audaces dispuestos a enfrentarse a lo irracional, lo incomprensible y lo inenarrable.

RELIGIONES ANIMISTAS: VUDÚ

  • ORIGEN Y EXPANSIÓN

Las rices del vudú se encuentran en Dahomey, zona de origen de los Yoruba. Al igual que otras religiones africanas, las creencias de esta tribu eran fundamentalmente animistas. Al importarse la mano de obra negra a América (s. XV) se importó igualmente la religión, x lo que estos cultos se dan también en el continente americano. Entre los primeros esclavos llegados, debería haber un numero importante de sacerdotes del culto, los cuales seguirían practicando sus ritos en secreto, simulando abrazar la religión de los americanos para, en realidad, extender sus creencias, disfrazados bajo una apariencia cristiana. Así, los nuevos esclavos se encontraron con una religión de origen africano ya organizada, a la cual pudieron añadir su propio rezo.

En el nuevo mundo, los dos primeros tipos de ritos quedarían sin sentido, mientras que el tercero, practicado por cuadernos a hechiceros y perdiendo bastante su primitivo carácter, se convertirá en una reafirmación de la identidad del africano frente a las oposiciones del americano.

  • DESARROLLO

Culto animista en el que se mezclan la ofiolatría (culto a las serpientes), el falismo (adoración del fallo imagen del órgano masculino como símbolo de la fertilidad y de la fuerza productiva de la naturaleza) y las prácticas mágicas. Es una extraña combinación de la brujería africana y algunos elementos de la liturgia cristiana.

Los muchos dioses y demonios del vudú son espíritus benéficos o maléficos de los muertos; pueden ser invocados para proteger a un individuo o causar daños a un enemigo.

Los creyentes de esta religión rinden culto tanto a espíritus de los muertos como a los de ciertos animales y vegetales, así como a entidades que personifican las fuerzas de la naturaleza

El panteón Yoruba consta de siete dioses principales;

  • Shango; dios del fuego y del rayo

  • Orula; dios del destino

  • Ogun; dios de la guerra

  • Elagua; dios de los viajeros

  • Obatala; dios del bien

  • Yemaya; diosa de las aguas y del mar

  • Eshu; dios de la venganza.

  • La doctrina vudú sostiene que puede atraerse la enfermedad o incluso la muerte sobre un individuo, practicando ciertos ritos con un objeto que el interesado haya tocado o con una imagen de cera que pretenda simularle.

    Hasta el siglo pasado, el sacrificio principal era el de una muchacha blanca, pero hace ya tiempo, fue sustituido por el de un cabrito, también sacrifican perros negros, caballos, gallos y gallinas.

    Hay sacerdotes y sacerdotisas, llamados papaloi y mamaloi. La iniciación es larga y difícil. El jefe de un círculo de sacerdotes lleva el título de “rey”.

    Las ceremonias secretas, dirigidas por un sacerdote o sacerdotisa, se celebran a la luz de la luna, en torno a las hogueras encendidas en la selva, es parte esencial del rito. Los fieles en este estado de éxtasis devoran la carne de los animales recién sacrificados.

    El africano que reza para conseguir un espíritu protector que le ayude y proteja frente al blanco, está entrando en contacto con los espíritus de sus antepasados muertos, está tendiendo un puente entre América y África, reconstruyendo así los lazos rotos por el blanco.

    La magia Vudú es una de las más antiguas y sin duda la más poderosa que existe. Tiene sus inicios en el África Baja; en las tribus de los Zulúes, Bebes y Mandingas.

    En 1571 con la llegada de los esclavos africanos a América, la religión Vudú se establece en Haití.

    A los antiguos esclavos africanos, no se les profesar llevar su religión libremente por ser considerada como ritos paganos. Así que para poder realizar sus ceremonias, los Vudú de la parte blanca ocultaron sus ritos en el Cristianismo y así poder hacer sus ofrendas a los Loa.

    Los Vudú de la parte negra, por el contrario, quedó limitada a unos cuantos que se ocultaron por miedo a ser descubiertos. Ellos pasaron su tradición de padres a hijos; reuniéndose en secreto para hacer los trabajos de llamamientos con Mantras, y corporizando de los Veves (dibujos), a los Loas.

    Con el continuo traslado de esclavos por Centroamérica, el Caribe y el Sureste de los Estados Unidos; comenzaron a formarse comunidades Vudú; ubicándose las más importantes en Haití, Nueva Orleáns y Johhanesburg. Estas comunidades comenzaron a trabajar en conjunto, logrando así concentrar toda la fuerza y el poder del Vudú.

    Ceremonias vudú

     En el Vudú se adora a los "Loa" o seres superiores; tanto en la parte blanca como el la parte negra.

    En las ceremonias de adoración a los Loa, se forman reuniones de agradecimiento y se les hacen ofrendas de bebidas.

    Esto es muy común en Haití, confundiéndose a veces con ceremonias de otras religiones. Recordemos que junto con la llegada de los esclavos africanos al continente Americano, llegaron también muchas otras religiones; y algunas de ellas se mezclaron y confundieron entre sí.

    En Haití para encintrar el Vudú, es necesario adentrarse en las montañas; aunque es posible encontrar algo en Puerto Príncipe y otras regiones del país.

    Todavía en la década de los ochenta el hecho de dar servicios médicos en un campo de la República Dominicana bastaba para recibir el atributo de héroe. Además de las limitaciones con que se desenvolvían los sub centros de salud, que obligaban al galeno a “hacer de tripas corazón”, estaba el ingrediente idólatra agregado por los campesinos a este“especiaserhumano”.
    El médico ejercía sobre la gente casi igual autoridad que un alcalde.

    Era como un “enviado de Dios”; conocido de todos; tenerlo de invitado a comer en la casa era un privilegio para el anfitrión, y más aún el hecho de sostener una sólida amistad con éste.
    En comunidades del Suroeste tan lejanas de la civilización, como se podría decir de Juan de Herrera y La Maguana, para la década de los ochenta, donde también el servicio de transporte era precario, discurre la vida de un médico capitalino, quien, a pesar de todo lo consabido, se prestó diligente para realizar sus servicios allí.


    Son muchas las situaciones que ocurren, alguna de las cuales a veces dan la voluntad de irse de regreso a casa; pero es ese cariño especial de la gente que hace que el médico se aguante y se quede en el pueblo. En lugares como éste en muchas ocasiones el médico se torna folclórico por necesidad, para que pueda haber una adecuada comunicación entre él y su paciente.

    “La práctica de la medicina en nuestro país, mientras más lejano es el sitio de la Capital se torna más folclórica, el médico se ve echando, no solamente de las herramientas que aprendió de la universidad, sino del saber popular; que ensalman, que preparan unas tisanas, les hacen una serie de indicaciones a los pacientes, de acuerdo a la usanza popular”, expresa Vicente Correa, un médico a quien el destino lo llevó a su pasantía a las tierras del sur.

    Al principio, el doctor Correa tuvo que valerse de la enfermera, pero luego, se vió en la necesidad de aprender este dialecto: “Un hombre que llega, -doctor tengo un dolor vaginal (a los hombres les da dolor vaginal allá en el Sur); entonces yo trataba de corregirles, explicándoles que era en el bajo vientre, pero no valía la pena; -doctor tengo jumera-, entonces tenía que preguntarle, qué desde cuando tenía la jumera”.

    Básico es asumir el vocabulario común para lograr un entendimiento: ofensa del sentido (dolor de cabeza), jervores (acidez estomacal), curso volteado (hemorroide), gases y arcadas (molestias dolorosas abdomino-torácicas con náuseas e intento de vómito), estar corriente (tener diarrea), estar trancado (estar estreñido o constipado), jumeras (mareos), aventado (distendido del abdomen), dolamas (dolores musculares), entre otras.


    Es importante la relación médico paciente para obtener una pronta recuperación. Al margen de las pastillas, las inyecciones o el suero, está la parte sicológica y la confianza que el médico obtenga de su paciente. Esta es parte del tratamiento mismo, y de ella dependerá el resultado.


    Con las ocurrencias del diario vivir, el galeno consagra su talento en sus Crónicas del doctor Correa; situaciones que formaron parte de su vida y la de los actores que intervienen en cada escena.


    Son casos que pueden ser cotidianos, y más aún cuando se tiene un temple medio amistoso, dotado de un arsenal de características simpáticas, que le convierten en el centro de atención y también en cómplice de muchas hazañas.
    Si bien es cierto que este médico está lejos de ser un hombre cabalístico, le tocó experimentar ciertas “casualidades” que se dan cuando se está entre gente creyente de ciertos arrojos maléficos, en ocasiones fruto de una cultura mágico religiosa, como respuesta de lo desconocido.

    Para creer no sólo hay que ver, basta con escuchar; es así como el mal agüero se apoderó de una sala de emergencia en una policlínica de La Maguana, que hizo salir despavoridos a todos los que estaban presentes, menos al paciente porque estaba mal herido y no podía ni moverse.


    Hoy día, ni el doctor Correa sabe a ciencia cierta a qué le salieron corriendo; lo cierto es que esa madrugada salvaron sus vidas por ser precavidos.

    En esta obra se destaca una crucial necesidad de humanizar el servicio médico, porque, sin ser su intención, y la es, pone de manifiesto el gran dilema que a diario viven los dominicanos, causa principal de muchas pérdidas de vidas, como lo constituye la “negligencia médica”.


    La mala práctica médica en nuestro país tiene orígenes desde las universidades, donde se observan estudiantes con notas muy mediocres, y aún así se les permite continuar con estas carreras, y luego se les doctora para ejercer esta delicada profesión.


    En uno de sus relatos encontramos a “José el carpetoso”, un caso típico ocurrido en un barrio de la capital: un joven de quince años, pelotero, de cuerpo atlético, a quien el diagnóstico de un galeno le confina a vivir hasta los dieciocho años porque su corazón “era muy grande”. En la espera de su muerte se refugió en la bebida alcohólica, dejó de ser pelotero y se “zambulló en esa piscina”; llegan los dieciocho, pasan los veinte, los veinticinco, y José el carpetoso nada de morirse.
    Después de una larga vida transformado en un desastre al fin le llegó la esperada muerte; pero, la necropcia observó: muerte por mío cardiopatía alcohólica. Esto suele pasar en países subdesarrollados como el nuestro, donde la gente no tiene acceso a una segunda opinión médica, a veces ni a una primera, y en ocasiones esa primera suele ser “medio machucada” por pertenecer a una clase social de ningún ingreso económico.

    Deficiencia medica

    “Desde hace años, los servicios de salud en este país son una calamidad, por la falta de recursos; un país pobre no puede ofrecer una medicina de último nivel, una medicina óptima, entonces se debería trabajar más en la prevención.
    A pesar de los avances científicos en nuestro país no tenemos un servicio médico adecuado y siempre se ha trabajado con mucha precariedad en los servicios públicos de salud”.


    No sólo lo dice el doctor Correa, a quien le tocó trabajar con las manos para resolver algunas emergencia, durante sus años de médico pasante, también lo muestran las caras tristes y afligidas por la desesperanza, que a diario se observan en hospitales públicos del país.


    Consagrado a su labor, lleno de vivencias y con la esperanza de seguir publicando sus testimonios vividos, el doctor Correa queda como ejemplo de uno de esos héroes de todos los días, totalmente inadvertido, que nacen para servir a los demás y que se entregan en cuerpo y alma a su profesión como el mejor de los mortales.

    Índice

    • Medicina Folklórica

    • Historia de la medicina y su repercusión actual en el concepto enfermedad

    • Intrusión de los malos espíritus al cuerpo

    • Piedra Rayo

    • Castigo Divino

      • Psiquiatría Folklórica

    • Formación social dominicana y religiosidad popular

    • Religiosidad popular dominicana

    • Vudú viajes a los misterios de Haití

    • Religiones animista: vudú

    • Origen y expansión

    • Desarrollo

    • Ceremonias vudú

    • Deficiencia medica

    Bibliografía

    • Medicina folklórica y atención primaria

    José Rodríguez Soldevilla, Luciano Martínez Persia, José santos Domínguez, Ligia Leraux, Rafael Delancor.

    Serie Salud y Medicina Popular.

    • Religiosidad Popular y Psiquiatría

    portadora de misterios, nigua.

    “muchos no son los que son, pero muchos somos lo que somos”

    P.29-32

    • Religiosidad Popular y Psiquiatría

    formación Social Dominicana y Religiosidad Popular

    P.35-38

    • Salud y Sociedad I

    • Vudú Dominicano y Medicina Popular

    Martha Ellen Davis

    • Vudú y Magia en Santo Domingo

    Cesar Mella