Medea; Eurípides

Literatura clásica antigua. Teatro de Grecia. Drama y tragedia griega. Mitología y realidad. Magia. Jasón. Argumento. Tema femenino y mujer

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INTRODUCCIÓN

1.- ¿A QUÉ LLAMAMOS MITO?

“El mito es un relato tradicional que refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano”. Ésta es la definición de mito que nos ofrece Carlos García Gual en su libro Introducción a la mitología griega.

Es una tarea difícil definir al mito, pues implica encerrar dentro de ciertos límites lo que constituyó una realidad y forma de vida de seres humanos de épocas antiquísimas. Se convierte en una labor complicada considerando que el mito, actualmente, lo entendemos más como una historia ficticia ajena a nosotros que como un fundamento de nuestro existir.

Según el diccionario, el mito es la creencia o noción valiosa para una comunidad determinada que la conserva y transmite. Bajo la forma de un relato, el mito ofrece una explicación de fenómenos naturales o evoca supuestos episodios de la vida de los antepasados. Los mitos son casi siempre dramáticos y sagrados, tienen una estructura de cuento y los personajes suelen ser dioses o héroes que sobrepasan el carácter de lo humano y se enfrentan a situaciones sobrehumanas.

Si por algo se caracterizaron fue, precisamente, por formar parte de la vida real de los hombres arcaicos. Conocer el mito significaba conocer la creación y el origen de las cosas. El mito, en su forma primitiva, no es una narración que se cuenta, sino una realidad que se vive. No se trata de una vana fantasía sino de una fuerza culturas muy laboriosa e importante.

La realidad de los mitos radica en el carácter sagrado de éstos: forman parte integrante de la religión; permiten al hombre situarse en el tiempo. Esta connotación religiosa es la que hace que puedan resultar verdaderos para la persona que cree en ellos aunque éstos sean inverosímiles.

Los mitos se transmitieron de generación en generación, primero a través de canciones y poemas, y luego en escritos del género más variado. En la civilización occidental hallamos esos mitos reproducidos en obras famosas de la literatura. Es muy probable que, si no hubiesen existido los grandes escritores clásicos, se ignorase esta mitología. La Ilíada y la Odisea de Homero son las fuentes más célebres. Notables poetas, como Hesíodo y Píndaro, y grandes autores trágicos como, Esquilo, Sófocles y Eurípides, contribuyeron de modo sobresaliente a la transmisión de la mitología griega. Los trágicos aluden al mito y lo manipulan conscientemente. Nuestro conocimiento sobre el mito se produce a través de dichas alusiones.

2.-EL MITO DE MEDEA

Medea era una hechicera hija de Eetes, rey de la Cólquide, y de Idía. Además era sobrina de Circe, la gran maga, de quien heredó todo lo relativo a su magia.

La historia de Medea está estrechamente relacionada con la de Jasón. Éste emprende su viaje con los Argonautas para ir en busca del Vellocinio de Oro, que se encontraba en la Cólquide. El padre de Jasón, Esón, que era el rey de Yolco en Tesalia, es depuesto por su hermano Pelias, quien entonces intenta impedir que Jasón reclame el trono. Con la esperanza de que éste perezca en la expedición, le persuade de emprender la peligrosa búsqueda del Vellocinio. Jasón reúne a los cincuenta jóvenes más nobles de Grecia para que lo acompañen en el viaje a bordo del Argo.

Cuando la nave alcanza la Cólquide, el rey Eetes afirma que no entregará el Vellocinio a menos que Jasón supere una serie de pruebas demasiado duras. Medea, víctima de la acción de Eros y Afrodita, se enamora perdidamente de Jasón y le ayuda a superar dichas pruebas y llevarse el Vellocinio a cambio de que el héroe se case con ella y la lleve consigo, traicionando así a su familia y a su patria.

Medea y Jasón, junto con el resto de los Argonautas, zarpan, perseguidos por los colquidenses, entre los que se encuentra el padre de Medea. Para escapar de la persecución, ésta mata a su hermano Apsirto y dispersa sus restos en el mar, para que, de esta manera, Eetes pierda tiempo.

También se cuenta que Medea, temiendo ser entregada por los griegos para frenar la persecución, tiende una trampa a su hermano para que Jasón lo mate.

A su llegada a Yolco, descubren que Pelias es el responsable de la muerte de los padres de Jasón y éste le pide de nuevo ayuda a Medea para vengarse. Ella, obedeciendo a su amado, convence a las hijas de Pelias de que es capaz de rejuvenecer a las personas. Estas le piden que rejuvenezca a su padre que se encuentra ya en una edad bastante avanzada. Medea les muestra como hacerlo degollando a una oveja y poniendo sus trozos a hervir. Al momento, un cordero joven salta de la caldera de agua caliente. Convencidas las muchachas, repiten el experimento con su padre, pero al carecer de la magia de Medea, no consiguen que resucite, logrando así la maga su objetivo.

Jasón y Medea parten entonces hacia Corinto y allí tienen dos hijos. Pero toda la felicidad se acaba cuando Jasón rechaza a Medea para casarse con Glauce (o Creusa), hija del rey corintio, Creonte, por voluntad de éste. Entonces, el rey ordena el destierro de Medea. Ésta, asegurándose de que el rey Egeo la acogerá en su patria, pide un día más de estancia en Corinto, deseo que le es concedido. En ese día, mata a Glauce, enviándole un vestido envenenado. Cuando ésta se lo pone, creyéndolo regalo de boda y símbolo de reconciliación, se ve envuelta en un fuego abrasador que acaba también con la vida de su padre al intentar socorrerla. Acto seguido, temiendo que se tomaran reprimendas contra ellos, Medea mata a sus hijos y huye en un carro de fuego que le proporciona el dios Helios. Jasón se queda sin esposa y sin hijos haciéndose desgraciado y Medea, finalmente, se suicida.

EURÍPIDES Y SU OBRA MEDEA

Eurípides es uno de los autores dramáticos más importantes de la Grecia Clásica. Medea forma parte de un amplio conjunto de tragedias entre las que se encuentran, por ejemplo, Orestes, Andrómaca, Las Fenicias, Las hijas de Pelias, Las Cretenses, Alcestis, Las Bacantes, etc. La mayoría de sus obras están protagonizadas por mujeres. En Medea, como en muchas otras, trata de dar una visión especial a una historia conocida por todos en aquel entonces. Para ello, se basa en el mito, pero sólo como revestimiento ya que, lo que verdaderamente pretende, de la misma manera que lo hacen sus coetáneos en sus respectivas obras, es crear una especial representación de la vida real. Así, en la obra que voy a analizar, transforma a una hechicera en una heroína emancipada que reflexiona sobre el papel de la mujer en la sociedad y que se siente extranjera fuera y dentro de su propia cultura. El fondo de esta obra es de tal modernidad que podemos encontrarnos con numerosas versiones de ésta en la actualidad. Los valores a los que el autor pretende aludir, siguen aun presentes en la sociedad de hoy en día.

Para profundizar en todos estos detalles, realizaré un análisis pormenorizado de ésta obra y las que, posteriormente han tratado el mismo tema.

Si queremos adquirir una total comprensión del modo en que trata Eurípides el mito, y más concretamente el de Medea, es necesario tener en cuenta el momento histórico en el que transcurrió su vida, ya que los acontecimientos históricos y sociales influirán notablemente en su visión del mundo y, en consecuencia, en sus obras.

Centrándonos ya en Medea, lo primero a lo que debemos hacer alusión es a la inminente presencia de un pesimismo y un dramatismo muy acentuado. Eurípides es el gran “patético” del teatro. Él ha llevado a un grado supremo de perfección el “suspense” y, sobre todo, la morosidad en el dolor que permite crear una atmósfera de patetismo. Este hecho es debido a que a este trágico, como a muchos otros, le ha tocado vivir en una época de crisis, en la que se tambaleaban las creencias y los ideales mantenidos hasta entonces. Sus tragedias se desarrollan en una atmósfera de ambiente realista. Eurípides pinta a los hombres como son y osa por primera vez presentar los problemas íntimos del hogar, penetrar en las alcobas y poner al descubierto todas las miserias que encierran, como ocurre en Medea, en donde la heroína deja a un lado la grandiosidad para dar paso a una mujer desquiciada, representante de la agonía y víctima de la crueldad del hombre.

Los dioses y sus acciones se convierten en algo secundario, quedando el hombre abandonado en un mundo que ya no está construido de ilusiones y esperanzas.

Eurípides trae a escena grandes problemas morales, éticos, religiosos y políticos del momento. Aparece ahora una preocupación por las pasiones del hombre. Intentó, por vez primera en la literatura griega, un estudio psicológico de la conducta humana, buceando en el corazón del hombre y poniendo al descubierto todas sus flaquezas. Junto a esa preocupación psicológica, podemos encontrar en Medea una sutil descripción de los síntomas externos de toda emoción. Su ansia de realismo alcanza a todos los detalles. Su teatro, por una especie de ley del contraste, es rico en figuras antitéticas. Junto a seres crueles, cínicos, cobardes, asesinos, resplandece el heroísmo inocente de tímidos muchachos y tiernas doncellas o mujeres, que sacrifican su vida por los demás, siendo éste el caso de Medea, que renuncia a todo por ayudar a Jasón y a la que solo le espera la traición y el sentimiento de culpabilidad. Eurípides es un poeta que no confía demasiado en la bondad humana, crea un tipo especial de héroes, y consecuencia de esto son los cambios que se producen en la estructura de la obra respecto al resto de las tragedias de su época; una época en la que el mito deja de ser útil para glorificar el pasado y se centra en mostrarnos las realidades cotidianas, el interior del hombre. Se produce un cambio de “valores” que alcanza en Eurípides su más fiel comprobación.

Esta nueva forma de tratar el mito da paso a numerosas innovaciones en el campo de la tragedia y podemos comprobarlo claramente en Medea.

En cuanto a la estructura externa, es decir, las partes cuantitativas de la obra, sigue el modelo de las tragedias de la época, constando de prólogo, episodio, parte coral entre los episodios y éxodo. La única de estas partes que presenta en Medea una especial caracterización es el prólogo. Éste es un tipo especial de introducción constituida por un monólogo de la nodriza, personaje totalmente ajeno a la trama, que, además de poner en antecedentes al lector (función que tenía el prólogo establecido), anticipa el desenlace de la tragedia.

Los personajes que intervienen son: Medea, la hechicera y protagonista de la obra; Jasón, marido de Medea; Creonte, rey corintio; Egeo, rey a quien pide ayuda Medea; un mensajero y los hijos de Medea. Todos estos personajes son los que participan activamente en la acción. Además de los citados también aparecen la nodriza y el pedagogo, cuya presencia se limita a narrar los hechos que van ocurriendo. En este sentido, desempeñan la misma función que el coro, del que hablaré más adelante.

En cuanto al contenido, la tragedia se centra en el momento en que Medea descubre que Jasón se va a casar con Glauce, hija del rey corintio. A partir de este momento y, conociendo su destino en el destierro, prepara su venganza. Eurípides nos presenta una Medea que se siente extranjera en la tierra en la que vive y en la que vivirá. El autor se levanta contra la habitual división de los hombres en helenos y bárbaros, pues reconoce, superando las fronteras de todos los países, una comunidad de todos los hombres de alma distinguida, a la que pertenece Medea.

Ésta aparece como una mujer víctima del amor que se siente ultrajada, y en esta situación, pone en duda hasta el valor de su propia vida. La heroína representa el modo de vida de las mujeres de aquella época. Se trata de una situación de impotencia, ya que su presencia en la sociedad se limitaba a la complacencia de su marido y a la vida del hogar, rodeadas de una soledad casi absoluta.

“Cuando le pesa la vida doméstica, el hombre sale de casa y libra del fastidio a su alma con algún amigo o con la charla de los de su misma edad; pero a nostras nos constriñe la necesidad de no mirar más que en nuestro propio corazón. Dicen que vivimos en las moradas al abrigo de todo peligro y que ellos combaten con la lanza; pero piensan mal, pues tres veces más me gustaría llevar escudo que parir una sola vez”. Medea

Sin embargo, observamos a lo largo de la obra, cómo a Jasón le es permitido repudiar a su mujer por los intereses propios, ya que su último fin es formar parte de la familia real.

“Entre todos los que respiran y tienen un pensamiento, nosotras, las mujeres somos las más miserables. Ante todo, necesitamos comprar un marido a peso de plata y aceptar un dueño de nuestro cuerpo. Y es esto un mal todavía mayor, y hay mucho peligro en saber si el marido es bueno o malo, porque el divorcio no es honroso para las mujeres, y no podemos repudiar a nuestro marido.” Medea

Hay que destacar la función del coro en la obra. Éste representa un lugar intermedio entre la acción y el espectador. Sin embargo, no puede participar directamente en la obra. En Medea, el coro implora, gime, expone su horror ante lo que sucede, pero no puede evitar la muerte de los niños a manos de su madre. Simplemente desempeña una función mediadora y comentadora. En la mayor parte de la tragedia, el coro se solidariza con Medea, dándole la razón en lo que argumenta, pero no apoya su método de venganza.

En comparación con el modelo de tragedia griega, Medea presenta algunas peculiaridades. La estructuración de los hechos, es decir, la “fábula”, gira en torno a tres procesos: la peripecia, la anagnórisis y el pathos.

La peripecia es un cambio de acción en el sentido contrario al que se espera, un efecto paradójico de la intención, es decir, una acción que emprendida en un determinado sentido alcanza, sin embargo, un resultado opuesto. La mejor peripecia es la que lleva al héroe de la felicidad a la desgracia, y así le sucede a Medea, que, estando felizmente casada con Jasón, descubre que éste la engaña y que tiene la intención de contraer matrimonio con Glauce. El carácter noble y el valor deberían estar presentes en el héroe afectado por la peripecia, ya que si no, no se produciría un efecto trágico (resultaría más bien cómico que un hombre malvado pasase de la dicha a la desdicha). Pero en Eurípides, Medea no aparece como un modelo tan noble sino que está vista a través de una lente que pone de relieve sus ambiciones, su cinismo, su maldad y su cobardía, rebajando la aureola heroica que rodea al resto de los personajes trágicos de la literatura griega. Eurípides consigue este efecto mediante un tratamiento realista del mito. Sin embargo, este hecho no impide que se produzca igualmente un efecto trágico.

El siguiente de los procesos a los que se ve sometido el héroe es la anagnórisis. Ésta constituye la verdadera peripecia y consiste en el paso de la ignorancia al conocimiento. En otras obras, como por ejemplo en Edipo Rey, la anagnórisis tiene lugar a la mitad o al final de la obra, sin embargo, en Medea se produce justo al principio. A comienzo de la tragedia Medea ya ha descubierto que Jasón se casará con Glauce. El conocimiento que el lector tiene de la situación anterior se crea mediante los relatos de la protagonista en los que hace alusión a la felicidad previa a la acción que se desarrolla en la obra. La posible disminución del efecto trágico que pudieran producir estos cambios estructurales se compensa con una mayor intensidad y fuerza dramática en los diálogos. A lo largo de la obra tiene lugar un contraste entre las palabras amenazadoras y rencorosas de Medea y el modo cínico que utiliza Jasón para excusar sus acciones, con argumentos que, tanto para el lector como para la propia Medea, carecen totalmente de valor.

La última fase que debe experimentar el protagonista es el pathos. Dicho proceso es la parte de la tragedia que cobra más importancia en esta obra. Es pathos es una acción destructora y dolorosa que constituye un proceso esencial en la estructura de este tipo de drama. Éste ha de entenderse como un sufrimiento psíquico y moral producido por la inminencia de un mal antes que por el mal mismo. En Medea, la heroína consuma el crimen con pleno conocimiento del vínculo familiar. Ésta no es una de las posibilidades más trágicas, pero aun así, produce un efecto dramático ya que se lleva a cabo una acción que tendrá como consecuencia un mal irreparable.

En concreto, hay un fragmento de la obra que produce un gran efecto catárquico. Se trata de una parte del célebre monólogo en el que la heroína decide dar muerte a sus hijos:

“¡Ay, ay! ¿Por qué me miráis, hijos? ¿Por qué me sonreís con esa sonrisa suprema? ¡Ay! ¿Qué haré? Me desfallece el corazón, mujeres, al ver la mirada alegre de mis hijos. ¡No podré! ¡Olvídense mis anteriores propósitos! Sacaré de esta tierra a mis hijos. ¿Qué necesidad tengo de castigar con la desdicha de ellos a su padre, y de hacerme a mí misma tanto mal? ¡No, jamás lo haré! Renuncio a mis proyectos. Pero ¿voy a sufrir al verme convertida en motivo de escarnio dejando impunes a mis enemigos? Hay que obrar. ¡Oh!,¡Cuán cobarde soy por dejar que se apoderen de mi corazón estas flaquezas! Hijos, entrad en las moradas para que sufra quien no debe asistir a mis sacrificios. No temblará mi mano. ¡Ah! ¡No hagas eso, corazón mío! ¡Deja a tus hijos, miserable!¡Perdónalos! Allá te servirán de alegría, si viven. No, ¡por los vengadores subterráneos del Hades! Jamás dejaré mis hijos a mis enemigos para que los ultrajen. Es absolutamente necesario que mueran. Y puesto que es preciso, los mataré yo, que los he parido. Así está decidido y así se hará.” Medea

Este pasaje puede dividirse en cuatro grandes partes. Una primera en la que Medea, tras hacer entrar a los niños en el palacio, lamenta su propia decisión de darles muerte, después de las penas que ha tenido que sufrir para cuidarles y protegerles. Pero su muerte es necesaria; sigue una segunda parte, en la que, al contemplar a los pequeños, confiesa no tener valor para llevar a término el infanticidio. Pero a continuación reacciona. Viene, finalmente, una última parte en la que, siguiendo la voz de su corazón, parece que va a decidir su perdón pero reacciona y se decide a matarlos. Esto pone al lector en una situación de duda e intriga, que, al conocer el final, provoca un gran efecto trágico.

También cabe destacar el fragmento en el que Medea se muestra arrepentida ante Jasón y le pide perdón. Lo que deducimos de este diálogo es que el orgullo de Medea es capaz de ceder para conseguir sus propósitos y notamos el inmenso dolor que esta acción produce en la protagonista, a la vez que acentúa el alejamiento de al heroína de la típica perfección del protagonista trágico.

LA VISIÓN DE CHRISTA WOLF: MEDEA

Christa Wolf es una novelista y ensayista de la República Democrática Alemana, aunque nació en Polonia. Estudió en las universidades de Leipzig y Halle y después trabajó como lectora y editora de una editorial hasta 1962, año en que se dedicó por completo a la escritura. Muchas de sus novelas están ambientadas en el país en el que vivió. Esta escritora fue miembro del dirigente Partido Socialista Unificado hasta su desintegración en 1989. Algunas de sus obras fuero bastante polémicas.

Medea no es la única novela de Christa Wolf en la que se trata un tema mítico, sino que también Casandra toma como tema principal el de la antigüedad clásica y es trasladado a nuestro tiempo.

A continuación veremos la forma que tiene Christa Wolf de tratar el mito de Medea, en relación con la obra escrita por Eurípides, analizada anteriormente, y con la sociedad actual.

La primera gran diferencia que encontramos entre las dos obras tiene que ver con el género de la misma. La del autor griego es una obra dramática y, sin embargo, la que vamos a analizar a continuación está escrita en forma narrativa, aunque nos ofrece un especial uso de la narrativa.

El libro está dividido en once capítulos. Cada uno de estos capítulos corresponde a un personaje, repartidos entre: Medea, a la que le son asignados cuatro; Jasón y Leucón, de quienes nos habla en dos capítulos; Agameda, Acamante y Glauce, correspondiéndoles un capítulo a cada uno. Lo que se cuenta en ellos no se pone en boca de un narrador sino que nos expresa directamente las reflexiones y los pensamientos de cada uno de los personajes citados anteriormente e implicados en la trama. La autora nos sitúa en el lugar de un narrador omnisciente y así la obra nos resulta mucho más verosímil que la versión trágica. Vemos el mito desde diferentes puntos de vista, observamos lo que piensa cada personaje y lo ponemos en relación con el resto de la obra. Al tratarse de pensamientos y testimonios de los personajes, no cabe la posibilidad de poner en duda la veracidad de éstos y es por esta razón por la que resulta mucho más real que la obra de Eurípides. Ésta se queda en la superficie, centrándose en los hechos, en lo que todo el mundo puede ver, en definitiva, en lo que nos transmiten el mito y la tradición. Pero Christa Wolf va más allá y busca razones a estos hechos, trata de hacernos ver todo lo que hay debajo de la historia, para ello altera algunos de los acontecimientos pero de manera que no sufre modificación en modo alguno la transmisión mítica, sino que nos ofrece una explicación para la misma.

Se podría decir que Eurípides se quedó con lo que todo el mundo sabía y le dio forma trágica por escrito. Sin embargo, a escritora alemana desciende un nivel más y este hecho plantea algunos cambios con respecto a la versión de Eurípides.

En cuanto a los personajes, introduce nuevos caracteres que hasta entonces tenían escasa importancia.

Tenemos varios medios para conocer a cada personaje: por sus propias reflexiones, ya que de esta manera averiguamos lo que piensa y cómo se comporta ante determinadas circunstancias; y a través del resto de los personajes que constituyen la obra. Cada uno de ellos nos ofrece una visión distinta de un mismo personaje, aunque el que mejor podemos analizar de este modo es el de la protagonista: Medea. Cuando leemos sus reflexiones nos encontramos con una persona sincera, sin propósitos malvados y sabemos que esto es verdad porque se trata de sus propios pensamientos. Se nos presenta una Medea mucho menos temperamental que en la tragedia griega, más calmada y sin maldad. Simplemente es distinta por ser extranjera. Además nos encontramos con una persona muy orgullosa y fuerte pero en ningún momento de la obra la veremos enfurecida ni colérica, al contrario de la visión que nos ofrecía Eurípides en su obra.

La singular estructura de la obra nos permite comprender cada punto de vista, pero esto lo veremos cuando nos adentremos en el contenido de ésta.

El segundo de los personajes que hace aparición

en la novela no es otro que Jasón. También éste tiene

un carácter claramente diferenciado del Jasón de la obra

de Eurípides. En ésta podíamos contemplar un héroe

malvado y embustero. Sin embargo, ahora nos

encontramos con una persona débil y fácilmente

corruptible, que se encuentra cegado por sus propios

intereses y por los de los demás, pero que tampoco

pretende hacer mal alguno, y mucho menos si este fuera

dirigido en contra de Medea. Se trata de un hombre

inocente que desconoce todo lo que ocurre a su alrede-

dor y que pierde bastante importancia en esta obra. Todo

se mueve en torno a él, todo evoluciona y los acontecimientos se suceden sin que él se dé cuenta, simplemente se queda con la visión superficial desconociendo las verdaderas causas de las acciones que se llevan a cabo y sin molestarse en encontrar dichas causas y comprenderlas. Lo único que le importa es su propio bien y su acción retrocede a un segundo plano. Pero de todas formas, en ningún momento se le presenta como un ser maligno.

El tercero de los personajes, en orden de importancia, es Leucón: éste es un corintio que trabaja como segundo astrónomo del rey bajo las órdenes de Acamante, del que hablaremos más adelante. Forma parte del círculo de personas entre las que se mueve Medea. Este personaje, a pesar de ser corintio, se sitúa en una posición intermedia entre sus conciudadanos y como amigo de Medea. Éste trata de ayudarla y, en cierto modo, la comprende, aunque finalmente no podrá hacer nada por su salvación.

Otro de los personajes que cobra especial importancia y que ni siquiera se nos dio a conocer en la obra de Eurípides es el de Acamante. Éste es el primer astrónomo del rey. Se trata de un personaje cuya acción habrá que matizar al tratar el contenido de la obra. Es la persona más influyente en el rey. También es el que más se adentra en todo el asunto relacionado con Medea. Pero de todo esto hablaremos más adelante.

Agameda también es un personaje del que Eurípides no nos había hablado, y aunque en esta obra no desempeña un papel muy importante, nos ofrece una visión de Medea diferente a la de los demás personajes. Al contrario que Leucón ésta es colquidense, sin embargo, se ha introducido rápidamente en la sociedad corintia. Desde que llegó a la ciudad se dedicó, renunciando a sus orígenes y a su orgullo, a introducirse en la vida de los corintios. Como ella misma dice, a los corintios les gustaba que les dijeras lo maravillosos que eran, lo que ellos querían oír y qué mejor que una colquidense hablando mal de sus propios compatriotas.

Agameda era discípula de Medea, sin embargo la odiaba porque, mientras habitaban en la Cólquida a ella la trataba de una forma más severa que a los demás discípulos ya que era hija de una de sus mejores amigas y no quería que la gente pensara que se trataba de favoritismo. Así, Agameda no se sentía importante para Medea, pero cuando llegó a Corinto no solo adquirió popularidad, sino que todos la querían y respetaban.

“Precisamente las familias corintias distinguidas me llamaron desde el principio a sus casas bien amuebladas, y les gustaba que yo las admirase de todo corazón y les hablase de las viviendas primitivas en que vivía la mayor parte de la población de la Cólquida. No podía creer que hasta el palacio real fuera de madera, y me compadecía y pagaban tanto mejor cuanto más me compadecían y mejor podían apreciar su forma de vivir; me di cuenta rápidamente” Agameda

Agameda ignora las causas por las que se acusa a Medea y simplemente aprovecha la ocasión para vengarse de su maestra, poniendo al alcance de los corintios acusaciones y testimonios que pueden serles útiles para acabar con nuestra protagonista. Medea, por su parte, no sabe que este odio que siente Agameda es tan intenso. Ésta se une a Presbón para emprender la acusación contra la hechicera.

El último de los personajes que interviene en la obra es Glauce, que, aunque es un personaje esencial en el desarrollo de la tragedia de Eurípides, no interviene en la acción de ésta. En la novela que estamos analizando, nos encontramos con un capítulo dedicado a plasmar los pensamientos de la hija del rey corintio. En esta ocasión, Glauce padece epilepsia. Este hecho hace que obtengamos una imagen de la muchacha aún más frágil. Hubo un tiempo en que Medea fue de gran ayuda para su enfermedad, sin embargo, tras abandonar ésta el palacio, Glauce trata de hacerse a la idea de que ésta no fue nada beneficiosa para ella, trata de odiarla, influida claramente por las opiniones de los demás.

El resto de los personajes que no intervienen en la obra pero que forman parte del argumento son los siguientes:

-Creonte, como ya sabemos, rey corintio y que, a diferencia de la obra de Eurípides, aquí no hace aparición.

-Mérope, esposa de Creonte y, por lo tanto, reina de Corinto.

-Ifínoe, una de las hijas de dichos reyes, que fue asesinada.

-Lisa, es una colquidense, amiga y compañera de Medea y que habita con ella en Corinto.

-Arinna, que es la hija de Lisa.

-Circe, tía de Medea y gran hechicera, que aparece en varios mitos de la antigüedad clásica.

-Presbón, colquidense que alcanza gran fama como organizador de los juegos en Corinto.

-Telamón, uno de los argonautas, compañero de Jasón.

-Pelias, tío de Jasón, y rey en Yolco, tras arrebatarle el trono al padre del héroe.

-Frixo, fue quien regaló el Vellocinio de Oro al rey Eetes.

-Quirón, maestro de Jasón.

-Mérmero y Feres, hijos de Medea y Jasón

-Oistros, escultor y amante de Medea, también corintio.

-Aretusa, amiga de Medea, cretense.

La obra de Eurípides centra su acción en el momento en que Medea descubre

que Jasón la engaña y que se va a casar con la hija del rey de Corinto. Medea se siente traicionada, ultrajada y en torno a esto elabora una cruda venganza contra Jasón y todos los que le rodean, cegada por el odio hacia éste, ya que Medea lo amaba con locura. Y este se convierte en el hecho principal que nos relata Eurípides en Medea.

Sin embargo, en la versión de Christa Wolf, la disposición de los hechos se ve bastante modificada. La historia de amor entre Jasón y Medea pasa a un segundo plano, pierde importancia. Con lo cual, todo lo relacionad con la venganza que pretende llevar a cabo cobra un sentido distinto, no es el centro de la acción.

Quizás, esta historia de amor es lo que vemos si solo nos fijamos en los hechos sin adentrarnos en el mundo de pensamientos que nos ofrece la autora alemana. Ésta ha lograda construir un fondo para lo que todos conocemos, de manera que la importancia de las diferentes acciones llevadas a cabo, va variando según vamos conociendo las reflexiones de cada uno de los personajes.

Todos estos pensamientos empiezan a desarrollarse en un momento en el medio de la acción y poco a poco nos irán revelando el final de la historia.

A lo largo de toda la trama, se alude a los hechos de una forma ambigua y solo al final conseguimos dar forma a la información que vamos acumulando durante la lectura, por ello, es de gran utilidad, para una mejor comprensión de ésta, hacer una relectura de la obra, ya que conociendo el final, adquieren especial significado e interés algunos de los mensajes expresados al inicio y que hasta entonces no considerábamos importantes.

Los acontecimientos giran en torno a las dos ciudades: la acción que se desarrolla en la Cólquida, y que es anterior al momento en que se sitúa la novela; y el crimen de Corinto y sus posteriores consecuencias, estableciendo paralelismos y similitudes que acercarán a las dos ciudades.

La acción que se desarrolla en la Cólquida es muy distinta a lo que nos cuentan Eurípides y el mito y que podríamos resumirlo del siguiente modo: Jasón parte hacia la Cólquida en busca el Vellocino de Oro, necesario para recuperar el trono de Yolco y vengar a su padre, ultrajado por Pelias, tío de Jasón. Aunque también se cuenta que Pelias envió a Jasón a cumplir esta arriesgada misión con el fin de alejarlo lo más posible del trono. Jasón llega a la Cólquida y Medea se enamora locamente de él, por eso le ayuda a conseguir su objetivo, traicionando a su familia y a condición de que el héroe la lleve consigo.

Todo esto es relatado por Christa Wolf de un modo claramente distinto. La situación existente en Yolco queda vagamente planteada en la primera de las intervenciones de Jasón. En ella dice que el Vellocino se trataba de un objeto sagrado, símbolo de fecundidad masculina y que debían recuperarlo, pero en ningún momento explica por qué. Medea, por su parte, opina que el único fin que tenía ese viaje era alejar a Jasón de su patria, como bien nos cuenta una de las versiones de este mito, pero, aunque la hechicera comunica su opinión al héroe, éste no lo tiene en cuenta e ignora las advertencias de Medea. Mientras se llevaba a cabo toda la acción relacionada con los Argonautas y el Vellocino de Oro, los habitantes de aquella ciudad vivían una situación bien diferente a lo que se nos cuenta en el mito.

Esta región no prosperaba, estaba anclada económicamente y los colquidenses hacían responsable a Eetes, rey de la región y padre de Medea, de aquel atraso social. La única solución consistía en proclamar un nuevo rey y para ello, ya que estaba claro que el actual se negaría a abdicar, se trató de instaurar una antigua ley en la que constaba que un mismo rey solo disponía de dos mandatos de siete años cada uno.

Las mujeres ancianas de la ciudad fueron quienes pusieron esta información al alcance de los jóvenes colquidenses. Así se comunico la noticia al rey quien accedió a la restauración de esta ya olvidada ley, y ante la sorpresa de sus ciudadanos. El proceso a seguir sería el siguiente: durante un día se pondría a prueba al futuro rey, que en este caso sería Apsirto, hermano de Medea. Pero lo que no tuvieron en cuenta los colquidenses, pero que si estuvo presente en la decisión del rey, es que solo uno de los dos (el rey o su sucesor) debía sobrevivir a ese día, y el afortunado seguiría reinando. De este modo, y al no tener ninguna intención de abandonar el trono, Eetes planeó el sacrificio de su hijo, que quedará juzgado por Medea como asesinato.

Después de que todos estos acontecimientos tengan lugar, Medea no quiere permanecer en la Cólquida y les pide a Jasón y a sus compañeros que la lleven con ellos, a ella y a todos aquellos colquidenses que la quisieran acompañar, alguno de ellos sin saber lo que en realidad había sucedido. Para conseguir su objetivo, Medea ayuda a Jasón a conseguir el ansiado Vellocino, aunque sin el menor interés en que estos puedan o no regresar a Yolco y arrebatar el trono a Pelias. Su única intención es huir de aquel lugar.

Esto explica que la historia de amor entre el héroe y la hechicera esté relegada a un segundo plano. Se trataba más bien de una relación en pro de las circunstancias y la situación en que se encontraba cada uno. Jasón necesitaba a Medea para conseguir el Vellocino y Medea le necesitaba a él para salir de su país. Obviamente, muy pocos conocían los verdaderos hechos que se

sucedieron en la Cólquida y esto facilitara la acusación que se emprende contra Medea. Jasón es una de las muchas personas que desconoce lo ocurrido y se pregunta a sí mismo las causas de esta actitud hostil y distante que mantuvieron los habitantes de aquella región durante su estancia en la misma.

“Dos días después de nuestra recepción, dos días durante los cuales nadie se ocupó de nosotros, el ambiente en el palacio cambió de pronto. Todos parecían sobrecogidos de espanto y, silenciosos y demudados, recorrían los pasillos, no se podía hablar con nadie.” Jasón

“Entonces Medea me hizo saber que quería verme. Aquella misma noche, cerca del Argo. Fue allí y me explicó que me ayudaría a conseguir el Vellocino. Sin darme razones.” Jasón

Ahora trasladémonos a lo que ocurre en la otra ciudad: Corinto. La situación del lugar era similar a la que se daba en la Cólquida. La única diferencia era que los corintios preferían ignorar todo lo que sucedía a su alrededor. Allí la gente ansiaba ser feliz, y su comportamiento iba dirigido a alcanzar este objetivo a toda costa. En consecuencia, tenían la necesidad de convertir en chivo expiatorio a todo el que venía de fuera, a todo el que pusiera en peligro su bienestar y su felicidad. Así, los corintios no eran conscientes de la situación que se daba en torno a la casa real, como muy bien expresa Acamante en la primera de sus intervenciones:

“El bienestar de mis queridos corintios depende directamente de que puedan considerarse los seres más inocentes de la tierra. Es ridículo suponer que las gentes serán mejores si se les dice la verdad sobre ellas mismas”

La situación que se vivía en Corinto era la siguiente: todas las ciudades del Mediterráneo atravesaban tiempos difíciles y Corinto era una de ellas. Dentro de la misma, había una confrontación entro los partidarios del rey y los partidarios de la reina, que por aquel entonces aún tenía potestad, ya que, antiguamente, el poder se transmitía por la rama materna. Al igual que ocurrió en su momento en la Cólquida, las antiguas leyes volvieron a tener valor. Una ciudad vecina ofreció a Corinto la posibilidad de convertirse en una ciudad segura e inatacable mediante una alianza, que establecía como condición que la hija del rey corintio, Ifínoe, se casara con el rey de la aliada y que más adelante ésta sucediera en el trono a su padre.

El partido favorable a la reina no puso ninguna objeción a la propuesta, sin embargo, Creonte se oponía radicalmente a su esposa. No quería que Corinto cayera de nuevo en las manos de una dinastía femenina, ya que este hecho acabaría por perjudicar el futuro y la prosperidad de la ciudad. En vista de la situación, la única salvación propuesta por los partidarios del rey consistía en llevar a cabo el sacrificio de la que hubiera podido ser reina de Corinto, obligados a elegir entre el bienestar y la supervivencia de todos los corintios o la joven sucesora. La segunda opción, a pesar de ser en distinto modo dolorosa, fue la elegida e Ifínoe fue asesinada. Este hecho nunca

vio la luz ya que se hizo creer a los corintios que la pequeña había desaparecido y que posiblemente se encontraría en alguna de las ciudades cercanas esperando ser convertida en esposa de un joven rey. Pero la misma Medea plantea una pregunta: si aquella acción se llevó a cabo por el bien de los ciudadanos ¿qué inconveniente habrían entonces en revelarles la verdad de lo que sucedió?

Aquí podemos notar las similitudes entre las dos ciudades: prácticamente por los mismos motivos se comete un asesinato dentro de la casa real y este acontecimiento es mantenido en secreto. Por ello, Medea suponía un gran peligro, al menos eso tenían en mente los corintios, pero más adelante explicaré por qué.

Como vemos, se establece un claro paralelismo entre las dos ciudades y esto nos hace ver lo equivocados que están los corintios cuando afirman que Medea es diferente, ya que ellos y la idealizada sociedad en la que viven son iguales, esconden, en el fondo, los mismos secretos, pero los orgullosos griegos lo ignoran.

“Naturalmente, mis corintios contemplaban al grupito de inmigrantes como si fueran animales raros, de una forma no claramente hostil ni claramente amistosa.” Acamante

“Sois gentes extrañas, me dice ella, y yo le respondo: Y vosotros también. Nos reímos.” Leucón

En la obra de Eurípides se nos presenta el hecho de que Jasón se casa con Glauce, como algo repentino sin premeditación alguna. Sin embargo, en esta obra se nos cuenta como Creonte, relacionando esto con todo lo explicado anteriormente sobre la situación en la que se encontraba Corinto, busca un rey para la ciudad y, por ello, no dudó en acoger a Jasón en su palacio, con el último fin de que contrajera matrimonio con su hija y así, un honesto y valiente muchacho le sucediera en el trono. Pero se encontraron con un obstáculo: Medea. Ante esta situación, se ven obligados a buscar el modo de deshacerse de ella. Así cuando Jasón y Medea llegan a Corinto, comienza el alejamiento entre ambos.

Como parece evidente, Jasón ignora los planes y las intenciones del rey Creonte, aunque no deja de sospechar algo, de percatarse de que hay algo más, pero no sabe el qué.

“Tengo una sensación extraña. Creo que quiere de mí algo concreto” “Creonte cuenta conmigo” Jasón

Cegado por su egoísmo y por su ansia de ser reconocido y llevar una vida digna, accede a casarse con la joven y Creonte logra de este modo su objetivo. Aunque en esta obra no se establece un momento concreto en el que Jasón deje de estar con Medea para contraer un nuevo matrimonio, todo sucede lentamente. Sin embargo, la obra de Eurípides comienza ya haciéndonos conocer este acontecimiento.

Cuando Jasón y Medea llegan a Corinto, y así se nos cuenta también en la obra clásica, se instalan en el palacio, pero más adelante, Medea será expulsada del hogar real para vivir en una pequeña choza adosada al palacio. La razón que ponían los corintios a su alcance consistía en alegar que ésta hizo enfermar a la madre del rey con sus brebajes.

Mientras todo esto ocurre, los habitantes de la ciudad, como en la Medea de Eurípides, adoptan una actitud contra Medea que fácilmente podemos encontrar en la sociedad de hoy en día. Los corintios la mantienen al margen y se comportan de este modo porque Medea es extranjera. Sin embargo, algunos de los colquidenses que llegaron a la región de la mano de Medea no son tratados de igual modo, como es el caso de Agameda y Presbón. Ellos tratan de destruir y deformar el pasado y los hechos que tuvieron lugar en sus antiguos hogares; quieren convertirse en corintios, y, por ello, ceden al racismo y se vuelven en contra de sus orígenes. Se encargaban de hacer saber a los corintios el modo en que vivían en la Cólquida para que se sintieran más superiores aún. Renuncian a sus creencias y a su antigua forma de vivir para tener una vida mejor, al igual que hace Jasón, actitud desencadenante del drama en la tragedia escrita por Eurípides.

Sin embargo, Medea se niega a renunciar a su pasado y se pasea orgullosa por

las calles de Corinto, siendo ella misma. Por eso la temen. Los corintos asociaban el ser diferente y el tener costumbres diferentes a la maldad y tenían miedo de Medea, veían amenazada su felicidad por ella.

Con este hecho vemos que el tratamiento del mito en esta obra tiene un carácter muy actual y de la misma manera didáctico, aunque en la obra de Eurípides también podíamos caracterizarla como en parte didáctica. Notamos como Christa Wolf trata de acercarnos la acción en el tiempo, y la estructura en que se disponen los hechos favorece notablemente al cumplimiento de esta función, ya que, como ya he dicho anteriormente, la creación de un fondo que explique los acontecimientos altera notablemente la concepción de éstos.

En cuanto al tema del racismo, por un lado, Medea es extranjera entre los corintios, pero también lo es entre los colquidenses, ya que su forma de ser, a pesar de tener orígenes comunes, difiere en gran medida de éstos.

“Dijo con amargura que yo me estaba alejando de los colquidense a cambio de nada, y que los corintios no me lo agradecerían nunca.” Medea.

Sin embargo, algunas de las personas que viven en Corinto no adoptan este comportamiento en contra de Medea. Es el caso de Leucón, Aretusa y Oistros, entre los cuales, Aretusa es también extranjera, cretense para concretar más, y Oistros es un escultor amante de Medea. El hecho de que Medea tenga un amante es otra de las grandes diferencias entre ambas obras, ya que incrementa aún más la distancia que se establece en esta novela entre Jasón y la protagonista y continúa restándole importancia a la historia de amor que constituye la base de la obra de Eurípides. Los tres personajes citados anteriormente aconsejan a

Medea apartarse voluntariamente de la vida de los corintios ya que este sería el único modo de poder llevar una vida tranquila y sin enemigos en aquella ciudad. Esto describe a la perfección la actitud defensiva que adoptan las víctimas del racismo. Pero Medea es demasiado orgullosa como para dejarse pisar de ese modo, para dejarse vencer.

“¿Sabes qué es lo único que te hubiera ayudado? Me dijo. Haberte hecho invisible como nosotros, Aretusa y yo. Vivir escondida, no decir nada, no hacer gestos, entonces te tolera. O se olvidan de ti. Lo mejor que podía pasarte. Pero eso no está en tu mano.” Medea

Así, se pone de manifiesto la razón principal del destierro de Medea, como muchas otras cosas, desconocida esta razón por los corintios. Una vez más encontramos un nuevo fondo que explica lo que sucede en la obra escrita por Eurípides. En ella, el racismo y la xenofobia son las causas principales de la expulsión de Medea, siendo el compromiso establecido entre Jasón y Glauce algo repentino.

El acontecimiento que desencadena la acción en la novela de Christa Wolf es el descubrimiento por parte de Medea del secreto que esconde Corinto. La autora alemana nos lo relata del siguiente modo: Medea es invitada a una cena en el palacio y en ella observa que la reina abandona la mesa y desaparece tras una cortina. Medea, intrigada, la sigue y Mérope la conduce por una galería subterránea hasta llegar a una cavidad en donde, tras abandonar la reina el lugar, descubre que se oculta el cadáver de una niña: Ifínoe.

Durante la cena, Agameda ve marchar a Medea tras la reina y cegada por su odio hacia la hechicera, emprende una acusación contra ésta, en la que argumentará que vio como Medea espiaba a la reina Mérope. Cabe destacar que Agameda ignora el pasado que Corinto oculta a sus ciudadanos.

Acamante, el astrónomo del rey, que hasta aquel entonces mantenía una buena relación con Medea, recibe la visita de nuestra protagonista que le cuenta lo que descubrió y que pide explicaciones. Acamante, le reverla el secreto y de este modo, los corinitos tienen ya una excusa para desterrar a Medea de aquel lugar, ayudados por el racismo residente en las mentes de los ciudadanos.

En ningún momento Medea piensa en hacer público su descubrimiento y todo lo que Acamante le había contado, pero desde aquel momento se convirtió en una amenaza para la felicidad tan altamente valorada por los corintios, quienes, obviamente, no iban a dejar que Medea se metiera en sus vidas. Y Acamante sabía que Medea no revelaría nada, pero que debía de ser expulsada, que de todas formas suponía un peligro. De no ser por ella, todo aquel asunto tan doloroso no hubiera vuelto a ver la luz y no hubiera aparecido de nuevo en las memorias de quienes estaban implicados.

“Medea sembraba la agitación en un momento poco apropiado, eso se lo dije.” Acamante

Acamante conocía todo lo que había ocurrido en la Cólquida y se sentía identificado con la hechicera por haber vivido una situación similar, pero ésta se comportaba como si se estuviera enfrentando a los que llevaron a cabo el sacrificio de su hermano, eso la ponía en contra de Acamante.

Por otro lado, a los corintios se les planteó otro problema: necesitaban otra acusación contra Medea que les permitiera seguir manteniendo en secreto todo el asunto que se había desencadenado. Como solución a esto, la acusaron de haber sido ella quien mató a su hermano en la Cólquida Y puesto que este hecho también había sido llevado en secreto en la Cólquida, nadie la podrá defender, aunque, por ejemplo, Acamante es consciente de que Medea no asesinó a su hermano.

“Dicen que Medea mató a su hermano. ¿Y si así fuera? A quién perjudica eso ahora. Sin embargo, parece beneficiar a muchos, a demasiados, no puedo desconocerlo” Jasón

“La carga que habíamos echado sobre Medea era mayor de lo que habíamos imaginado” Agameda

“La odio. Cómo la odio. Que matara a su hermanito, lo creo. Es capaz de todo. Alguien como ella tiene que atraer sobre una ciudad todos los males que los dioses enviar, tiene que desaparecer sencillamente, como si nunca hubiera estado aquí” Glauce.

“Ella exigió de mí que dijera públicamente lo que sabía; que no era la asesina de su hermano.” Acamante

Así, se extiende el rumor de la acusación y esto fomenta aún más el racismo del pueblo y este hecho colmará, ya no sólo en la expulsión de Medea sino en la expulsión de todos los colquidenses que vivían entonces en Corinto.

A partir de este momento se tratará de culparla de todos los males que tienen lugar en Corinto, incluso cuando ella no tiene nada que ver con el asunto. Así es víctima de numerosas acusaciones. Por ejemplo, se la culpa de haber incitado a las mujeres colquidenses durante un ritual, a cortarle los genitales a Turón, cuando ella trató de impedirlo e incluso hizo todo lo posible por ayudar a la víctima, haciendo que cesara la hemorragia.; o cuando se la acusa de se la causante de la peste que había brotado en la ciudad, etc.

“Dicen que fue ella quien trajo a la ciudad la peste. Prudentemente, con perífrasis, hablo de la necesidad de los seres humanos de trasladar a otro su propia carga” Leucón

Los hechos empiezan a acumularse y se llega a una situación en la que ya se han olvidado las verdaderas causas del destierro de Medea y en la que la xenofobia se convierte en el único argumento de todos los corintios.

En cuanto a la venganza que elabora Medea, existen algunas diferencias entre lo que nos cuenta Eurípides y lo que nos cuenta Christa Wolf. El primer hecho que debemos destacar es que en la versión de Eurípides, la venganza se dirige exclusivamente a Jasón y es llevada a cabo por una Medea malvada y llena de rabia, sin embargo, en la novela que estamos analizando, esta venganza va dirigida a todos los corintios y el motivo no es que Jasón haya traicionado a Medea y la haya abandonado, sino la marginación que sufre la hechicera y el mal trato que recibe de los corintios desde que llega a la ciudad.

La primera acción realizada por Medea consiste, en ambas obras, en el envenaenamiento de Glauce por medio de un vestido que elabora. de este modo la joven, al ponérselo, muere abrasada y se tira al pozo del patio de palacio. Su padre también muere a causa del veneno del mismo vestido, al ir a abrazar a su hija.

La segunda parte de la venganza constituye la mayor diferencia existente entre las dos obras. En la obra del trágico griego, medea mata a sus hijos para hacer sentir culpable y desgraciado a Jasón. Sin embargo, en esta novela son los corintios los que matan a los hijos de Medea. La venganza se traslada desde el personaje de Medea hasta sus propios enemigos. Éstos matan a los pequeños para vengar la muerte de Glauce y Creonte y, por si no fuera suficiente, harán creer a las generaciones posteriores que la autora de estos crímenes fue su propia madre y así nos lo cuenta Medea:

“Y, al parecer, los corintios no han terminado aún conmigo. Qué dicen. Que yo, Medea, he matado a mis hijos. Que yo, Medea, quise vengarme del infiel Jasón. Quién lo creerá, me pregunto. Arinna dice: Todos.¿También Jasón? Él no tiene nada que decir. ¿Y los colquidenses? Todos han muerto, salvo las mujeres de las montañas, y ellas se han vuelto salvajes.”

De nuevo vemos aquí como se nos ofrece una explicación a lo que todos nosotros conocemos. Mediante la lectura de esta novela vemos lo que ocurre det´ras del telón de la obra de Eurípides y, en general, del mito.

En conclusión, Medea es una persona sencilla, cuyo espíritu no alberga ninguna maldad, simplemente trata de adaptarse al lugar en el que vive, siendo ella misma, sin renunciar a su orgullo y, sobre todo, sin resignarse. Pero se convierte en una extrajera

tanto para los Corintios como para los colquidenses ya que ella siente que los ha traicionado y que continúa haciéndolo porque no les pudo dar lo que les había prometido, ellos no se imaginaban que llevarían ese tipo de vida en corinto, marginados por los habitantes de la ciudad, cuyo complejo de superioridad les impide mezclarse con las otras gentes.

“Le pregunté cuál creía que era la causa de nuestra decadencia. Ella pensaba que la respuesta era evidente. Es vuestro sentimiento de superioridad, dijo. Os cosideráis superiores a todos y a todo, y eso deforma vuestra visión de lo real y también de lo que sois realmente. Tenía razón y su frase resuena todavía en mis oídos.” Leucón

Finalmente creo que lo que este libro pretende es acercar en el tiempo unas costumbres y unas creencias que siguen presentes en la sociedad actual, ya que los hechos que se nos cuentan bien podría ocurrir el día de hoy.

Sin embargo, me parece necesario, para una óptima comprensión de la obra, el realizar anteriormente una lectura de la tragedia de Eurípides que trata el mismo tema, o al menos, tener conocimiento de lo que cuenta el mito, para así ser conscientes de todas las novedades e innovaciones que aporta Christa Wolf.

“Hubieras podido convertirte en uno de los nuestros, dije. Y ella: ¿Lo crees realmente, Acamante? No, no lo creo.” Acamante

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