Me dicen Sara Tomate; Jean Ure

Literatura inglesa contemporánea. Narrativa infantil y juvenil. Novela humorística. Psicología del personaje. Problemas de adolescentes. Primer amor

  • Enviado por: Luis Eduardo
  • Idioma: castellano
  • País: Perú Perú
  • 8 páginas

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La búsqueda de la aceptación

Me dicen Sara Tomate es la historia de un pre-adolescente de 12 años llamado Salvatore d'Amato (apodado Sara Tomate), quien piensa que el hecho de no haber dado nunca un beso a una chica es algo deprimente y perturbador. La trama central gira en torno a que Salvatore busca besar Lucy, su amor imposible, por lo que escribe poemas para tratar de conquistarla. La historia se caracteriza por las situaciones cómicas que suceden, debido a la intromisión de personajes que son modelos prediseñados en los chicos de esta edad, como la inmadura sabelotodo (Harmony Hinde), el pendenciero sin cerebro (Kelvin Clegg), el que sabe todo sobre chicas (Stuart Sprague) o la chica objeto sexual (Lucy West).

La autora de la obra es Jean Ure, autora inglesa para niños y jóvenes, cuyas obras más importantes son Plaga 99 y Me dicen Sara Tomate.

El conflicto que presenta el personaje de Salvatore d'Amato es que busca ser aceptado, por Lucy y por los demás (porque cree que él no es normal), pero sus prejuicios le dicen que las cosas que hace (como escribir poesía o el no haber besado nunca a una chica)c se lo impiden porque tiene actitudes de nerd.

Su personaje presenta una lucha depresiva contra el rechazo (sobre todo por la aversión de Lucy hacia él y su poesía) del que es víctima, pero este conflicto se ve opacado por las hilarantes ocurrencias de Harmony Hinde, El Pote y Stuart Sprague (entre otros).

Hipótesis:

  • Los prejuicios de Sara Tomate no le permitían aceptarse a sí mismo como una persona normal hasta que no diese el primer beso.

  • Salvatore tomaba su “problema” de anormalidad como una situación de vida o muerte y si no lograba solucionarlo, se iba a suicidar.

Objetivos:

  • Analizar las actitudes y pensamientos de Sara Tomate para presenciar cuáles eran los prejuicios que tenía.

  • Demostrar que Salvatore podía ser aceptado a pesar de escribir poesía y de no haber besado nuca a una chica, pues su único problema era que se encasillaba a él mismo.

  • Tomar como ejemplo la actitud de Salvatore para comprobar que durante los inicios de la pubertad solemos agrandar nuestros problemas y ahogarnos en un vaso de agua.

Nuestro mayor obstáculo: nosotros mismos

Muchas veces, cuando ante nosotros se presenta un problema, a pesar de que ante nosotros se presenta la posibilidad de salir de él, nuestra mentalidad negativa, o nuestros pensamientos sobre los obstáculos que tenemos adheridos a nosotros, como eternos estigmas, nos impiden salir airosos de cualquier situación riesgosa o comprometedora. Al principio de la obra, Salvatore hace una lista de aquellas cosas por las cuales se le podría considerar anormal (que vendrían a ser sus eternos estigmas):

Tengo una lista de cosas anormales sobre mí:

  • Mi nombre. Salvatore d'Amato. Puede que sea muy apropiado en Italia, pero yo no vivo en Italia sino en Inglaterra. Vivo en un barrio de las afueras de la ciudad, a cinco minutos de la casa de Kelvin Clegg. Él fue quien me puso Sara Tomate.

  • Cuando no me llaman Sara me llaman Salva. Eso debe tener un efecto psicológico. Los padres pueden ser muy crueles con los hijos cuando escogen el nombre. Como los esposos Casas, que le pusieron Armando a su hijo.

    Yo preferiría mil veces llamarme Armando Casas y no Sara Tomate.

  • Segunda cosa anormal: no me gustan los deportes. Sólo la natación pero eso no cuenta. Por lo menos, no en mi colegio. Lo único que cuenta en mi colegio es el fútbol. Bueno, y molestar a la gente, si te llamas Kelvin Clegg.

  • Tercera anormalidad: leo mucho. Eso es algo típico de los nerds. Mi hermana no se lee un libro hace años. Los muchachos le interesan más. Papá dice que está obsesionada con los muchachos. ¡Es demasiado normal!

  • La cuarta rareza: escribo poemas. Eso es tan nerd que no se lo he contado a nadie, ni siquiera al Pote.

  • Me dan miedo las alturas.

  • Me da miedo que me salga un tumor cerebral.

  • Esta se me acaba de ocurrir. Hace unas semanas vi Lassie por televisión y lloré. Mi hermana también lloró, pero eso está bien, porque ella es una chica. Aunque ya tiene catorce años, no se le ve mal que llore. Los chicos supuestamente no debemos llorar.

  • Jean Ure, 2000, páginas 7-8

    Por todo lo que he citado, es claro que Salvatore tiene un problema, aparte del que él mismo piensa tener. Llevado por todo lo que dicen los demás, se acusó a sí mismo de ser nerd, y de tener anormalidades inherentes a sí mismo (las que acabo de citar) que no le permiten desenvolverse como alguien más dentro de la sociedad y dentro del grupo. Sus principales prejuicios eran por su nombre, y por no haber dado nunca un beso a una chica, ni siquiera en la mejilla.

    Cuando no podemos ver las soluciones que son obvias

    Salvatore piensa que la única solución para salir de su anormalidad es dar el primer beso, cuando en realidad tiene un camino mucho más fácil (para él). Enseguida veremos otra supuesta razón de su también supuesta anormalidad, y las cosas que él piensa hacer para solucionarla:

    Si en realidad soy anormal, tal como me temo, es por culpa de mis padres. Ellos sí que son raros. Pero de verdad. Nada más pensemos en mi papá. Dentista. Sólo a una persona retorcida se le ocurre ser dentista.

    Y mi mamá. ¡Ama de casa! ¿Cómo le voy a decir a la gente que mi madre es ama de casa? Yo creo que ni siquiera saben qué significa eso. Es cosa de la época de las cavernas. Las otras mamás son biólogas marinas o administradoras de banco, o trabajan en almacenes. ¿Por qué la mía no?

    Mamá dice que no le queda tiempo para dedicarse a eso, porque está demasiado ocupada con sus clases. El año pasado tomó clases de mecánica y de reflexología. Este año es el de la cocina vegetariana y las antigüedades. Hace horribles comidas como pudín de zanahoria y avena y hojas de repollo. Cuando no está haciendo eso, está buscando antigüedades en todas las realizaciones. ¿Qué más podría esperarse de una que se casa con un dentista? Si no era rara antes, se volvió así después de casada.

    Mamá es agradable. Papá también. No es que yo no los quiera, pero me parece que son extraños. El papá del Pote conduce un camión y la mamá trabaja en un almacén de bricolaje. A eso le llamo normal.

    Por eso mismo el Pote es normal y ha podido besar chicas, pero yo no. ¡Y no es que no haya tratado! Ya estoy decidido. Ahora sí va en serio. ¡Es mi proyecto para este trimestre! Debo:

    • Conocer mejor a las chicas.

    • En lo posible, conseguir una novia.

    • Si no se puede, al menos besar a una chica, de preferencia Lucy West, aunque tampoco me disgustaría Joella Crick o Carrie Pringle.

    • Si todo lo demás falla, me conformo con Nasreen Flynn, aunque no me gustaría besar a una chica que ya haya besado el Pote.

    Jean Ure, 2000, páginas 8-9-10

    Salvatore presenta un problema consigo mismo, no consigue aceptarse a sí mismo y a las cosas que lo hacen distinto de los demás, y que además forman su personalidad. Todos tenemos ciertas características (físicas y también dentro de nuestro ser) que nos hacen distintos los unos de los otros, y algunas son más visibles que otras. Hay personas que se enorgullecen de sus diferencias, otras se avergüenzan de ellas y tratan de hacerlas menos visibles frente a los demás, pero en este momento ese no es el punto.

    El punto es, entonces, que es normal ser diferente, y que la variedad de la especie humana consiste en su normalidad, es decir, su diferencia: el simple y complejo hecho (a la vez) de que ninguna persona es igual a otra, por ser normal. A fin de cuentas, se vuelve algo muy complicado, pero creo que queda claro.

    Entonces, el hecho por el que Sara Tomate cree ser diferente, es en realidad algo de lo que él se pondría orgulloso, ya que eso lo hace normal como cualquier otro. Su verdadero problema está en él mismo, en sus propios obstáculos mentales que atentan contra su sentimiento de igualdad para con los demás.

    Cuando nos ahogamos en una vaso de agua

    Durante esta edad, las personas suelen tomar cualquier problema como pretexto para deprimirse, como en el caso de Salvatore, aunque aquí esta depresión se vuelve casi imperceptible por las situaciones jocosas, como ya había señalado anteriormente. Personalmente, no creo que si Salvatore no hubiera sido invitado a la fiesta de Joella Crick se hubiera suicidado. Siempre solemos darnos valor para algo, pero llegado ese momento, no hacemos nada de lo planeado, pero ése tampoco es el punto ahora.

    A lo que me estoy refiriendo es a que cuando nos proponemos firmemente una solución para una problema, si en el fondo esta salida nos parece inalcanzable o ciertamente muy difícil, nos proponemos otra en caso de fallar (Sara Tomate se había propuesto suicidarse) que suele ser muy dura o drástica, con el fin de aumentar nuestra convicción y darnos ánimos para lograr nuestra meta. Sé que suena contradictorio, pero es lógico, porque como no queremos recurrir a la solución alterna tenemos una mayor convicción sobre lo que vamos a lograr. Los problemas hormonales de esta edad, así como nuestro cambio interior y exterior, contribuyen a una medida más drástica de lo normal, por el desequilibrio emocional que estamos viviendo. Salvatore se sentía Superman aquel día en que se propuso dar un beso a una chica, porque estaba dispuesto a acabar con su supuesta anormalidad de una vez por todas.

    Cuando por fin logró su cometido, su alivio fue tremendo, porque ya se consideraba normal, pero también porque si no lo hubiera logrado, tampoco se habría suicidado, y para colmo de males sería un cobarde aparte de anormal.

    ¡Lo logré! ¡Lo logré! ¡Besé a una chica! ¡Soy normal! ¡Yujuu!

    Ya no tengo que pensar en morirme, lo que me parece muy bueno, porque habría sido un terrible inconveniente para papá y mamá. Papá habría tenido que sacar tiempo libre de su trabajo para ir a mi entierro y mamá habría tenido que ir a comprarse un vestido negro. También supongo que me habrían extrañado un poco. Mi hermana no. Creo que ella se habría puesto contenta porque yo ya no volvería a cogerle su espuma limpiadora. Mamá habría llorado, y eso no me gusta porque se le hincha la cara. En resumen, fue mejor así. (...)

    El sábado pensé que ya era hora de ir haciendo mi testamento. Les dejé todas mis cosas a papá y a mamá, salvo los libros, que eran para Harmony. Me parecía que ella era la única persona que los apreciaría de verdad.

    Jean Ure, 2000, páginas 146-147

    A pesar de que la propuesta que se había hecho Sara Tomate sobre lo que haría si no lograba besar a una chica no tuvo mayor influencia en la forma como logró su cometido (pues hubiera asistido a la fiesta de Joella Crick aunque no se hubiera propuesto nada a cambio), el simple hecho de haberse propuesto esto como “solución alternativa” hizo que Salvatore se sintiera mejor aún consigo mismo, pues causó que parezca que se salvaba de caer en un abismo inmenso, además de que analizó la posible situación de haberse suicidado y no le gustó para nada.

    La obra Me dicen Sara Tomate me divirtió mucho mientras la leía, pues ocurren muchas situaciones graciosas, aunque éstas también hicieron más difícil mi trabajo en el ensayo, ya que tuve que indagar un poco más allá para poder llegar al trasfondo psicológico del problema de Salvatore d'Amato. Para concluir, solamente me queda por decir que, aunque no parezca, esta historia es un ejemplo de que a veces nosotros nos vemos engañados por nuestros sentimientos, y que antes de que lo sepamos nos enteramos que ya hemos aprendido a amar a una persona viendo más allá de un rostro o un cuerpo bonito, y sintiéndonos atraídos por la parte interior de aquel ser, aunque lo que es un poco “irreal” en la historia es que Sara Tomate aún es muy joven para querer a alguien por su forma de ser.