Maximilem Robespierre

Historia de Francia. Siglo XVIII. Revolución francesa. Incorruptible. Ideas. Jacobinos. Política del Terror. Biografía

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JUSTIFICACIÓN DE LA ELECCIÓN DEL PERSONAJE

La elección de Maximilem Robespierre, vino dada por su importancia en la historia de Francia, concretamente, en el episodio de la Revolución de 1789 y las consecuencias que ésta trajo consigo, que estuvieron, en parte, en manos del personaje elegido.

Con ello, Robespierre consiguió o al menos intentó cambiar la historia de su país, Francia, y por lo tanto tiene un espacio importante en esta, el cual según opiniones, es merecedor de grandes estudios.

Es necesario añadir, que la elección del personaje ha venido también ayudada por la atracción que despierta en ciertos grupos de la juventud, que en parte se sienten identificados con lo que en aquel tiempo ocurrió, aunque muchos de ellos sigan, en verdad, un mito.

Debemos decir, que la figura de Robespierre es bastante enigmática y quizás también desconocida, hecho que empuja a querer estudiar su vida, todo lo que en ella consiguió y lo que pretendió lograr, quizá por satisfacer una curiosidad, que sólo se obtiene investigando por cuenta propia.

También es cierto que al estudiar a este personaje, se conoce un poco más a muchos otros personajes que el nombra continuamente y que tiene presentes en su vida diaria, y a los que evoca a la hora de hacer sus discursos y de los cuales ha sacado sus propios ideales y objetivos.

A través de él se pueden aprender infinidad de cosas, como la sociedad que le rodeaba, el hecho de querer llevar a la práctica algo que en verdad es un ideal imposible de cumplir, el como un hombre solitario y poco querido entre sus compañeros, puede acaramelar a toda una sociedad, etc.

Robespierre como persona es alguien interesante, e incluso se puede decir que poco común, ya que vivía en su propio mundo, un mundo completamente idealizado y muy tentador a la vez.

BIBLIOGRAFÍA

  • PRIETO, F. La revolución francesa, Madrid, Istmo, 1989.

  • MADELIN, L. Los hombres de la revolución francesa, Buenos Aires, Vergara, 1989, 3ª edición.

  • SOBOUL, A. La revolución francesa, Principios ideológicos y protagonistas colectivos, Barcelona, Crítica, 1987.

  • TULARD, J. FAYARD, J. FIERRO, A. Historia y diccionario de la Revolución francesa, Madrid, Cátedra, 1989.

  • BIENZOBAS CASTAÑO, J. Las revoluciones burguesas: la revolución francesa, Madrid, Akal, 1994.

MAXIMILIEN ROBESPIERRE

Maximiliem Robespierre nació en Arras en 1758, proveniente de una familia abandonada por su padre (su madre murió cuando él tenía 7 años), pudo estudiar en los oratorianos gracias a las becas concedidas. Él y sus hermanos se criaron con su abuelo materno. A pesar de lo vivido en su infancia, quiso seguir los pasos de su padre y se convirtió en abogado, oficio que desempeñó en Arras en 1789. Su formación se completó con sus lecturas, que se centraban principalmente en Rousseau, algo que le marcaría el resto de su vida, ya que a partir del conocimiento de su obra, comenzó a basar sus ideales e incluso su propia vida en este autor, al que conocería en persona a los 18 años. Partió a Ermenonville, a conocer a su maestro, y de allí salió convertido en un autentico fanático. A pesar de esta admiración nunca se privó de leer a todos los filósofos posibles.

Fue un hombre honesto, recto, triste, con mucho orgullo, delgado, con frente desmesurada, cabellera ondulada, ojos verdes y miopes, nariz achatada, boca abultada. Pequeño, elegante, de costumbres castas y fe absoluta. Poseía una expresión helada y pontificadora. Era elocuente, pero aburrido, le costaba trabajar, era incapaz de improvisar. Sus discursos, siempre escritos por la noche, eran de estilo limado, corregido y recargado. Sus exposiciones solían ser muy largas. Su aspecto en general, provocaba bromas.

Maximilien, creía todo lo que decía, y era el único político, que tenía una doctrina y además la consideraba infalible. Siempre fue un ideólogo, incluso hasta un punto peligroso. Sus ideales pertenecían a la extrema izquierda, pero nunca pareció ser Republicano. Estuvo siempre considerado como un pedante y fue muy criticado durante toda su vida. Nunca fue hombre de acción, razonaba sobre los acontecimientos. Siempre que podían, sus propios compañeros de Asamblea, le daban de lado.

Robespierre se ganó el apodo de “El incorruptible”. Él se consideraba un hombre pobre, que valoraba su dedicación al trabajo,

su preparación intelectual y su conducta moral, siempre perfecta a sus propios ojos. Se consideró siempre superior a la aristocracia por la que sentía verdadera enemistad.

En la Asamblea Constituyente era considerado un gran orador. Siempre se mantuvo fiel a sus ideas rousseaunianas, y acabó destacando como defensor de la democracia política y por supuesto de la participación del pueblo, del que se consideraba “el gran defensor” y el único amigo. Probablemente estas fueron las causas que hicieron que se despertaran sobre él, sentimientos contradictorios, como el de asombrar y el de irritar. Consiguió construirse una gran reputación, gracias a ciertos hechos como las intervenciones en favor de negros y soldados sublevados. Siempre fue contrario a la guerra, y lo dejaba notar claramente en sus discursos de la Asamblea. El pueblo era lo único verdaderamente puro y por el que merecía la pena luchar, solo que el pueblo de Robespierre siempre fue un pueblo ideal, algo que el habia creado en su propia mente, pero que en realidad no existía. Siempre se preocupó de proteger a los menos favorecidos, pero sin embargo nunca se acercaba físicamente a ellos, probablemente por que en el fondo le repelían. Esto era una consecuencia del contraste entre su pueblo ideal y el que después se encontraba. Contaba con la enseñanza popular y con la religión depurada para consolidar entre los pobres la virtud, algo que consideraba fundamental como base de toda sociedad sólida.

Maximilien consiguió que los miembros de la Constituyente no pudieran ser elegidos para la Asamblea legislativa. También consiguió la separación dentro de los jacobinos. Se formaron dos grupos: brissotinos (girondinos) y robespierristas. Por todo esto se iban formando a su alrededor, más y más enemigos a su persona y a sus ideales. El hecho principal por el que su reputación se vio claramente dañada, fue el que atacara a la fracción de Brissot, que sí era partidaria de la guerra. Denunció a los partidarios de éste que se habían acercado a la Corte hasta el punto de formar parte del Ministerio, en marzo de 1792.

El jacobino, dejó claro desde un principio que si la Revolución

perdía la guerra, detrás vendría la contrarrevolución; sin embargo, si por el contrario, la Revolución ganaba, vendría la dictadura del general más prestigioso. Tras los fracasos en la guerra, los girondinos quisieron acabar con la Revolución, y Robespierre supo, que si quería salvarla, debia apoyarse en el pueblo. Por esto fue uno de los instigadores de la sublevación del 10 de agosto. Justo antes de esto, fue elegido miembro de la comuna insurreccional, en la que fue su máxima personalidad, hasta que se reunió la Convención, el 20 de septiembre de 1792.

Los girondinos, nunca le perdonaron el haber denunciado a Brissot.

Poco después, considerado el amigo y defensor del pueblo, fue elegido, el 5 de septiembre por París, diputado en la Convención, donde perteneció al grupo de los montañeses. Al día siguiente de que esto ocurriera, Danton era el segundo diputado electo, lo que dejó bastante claro, que en un principio, el segundo elegido se apartó, para que su amigo pudiera salir con éxito de las votaciones. Por lo que podemos decir, que Robespierre, entró en la Asamblea por la amistad de su compañero. No consiguió convertiste en el jefe del grupo, algo que le irritaba bastante, y se tuvo que conformar con ser uno de sus oradores. Algo que nunca dejó de hacer, fue atacar a los girondinos. Para sobrevivir aquí, tuvo que elaborar su plan: convertirse en el hombre de la intransigencia doctrinaria; ningún pacto con los enemigos de los principios, con los traidores a la idea; el día en que la Revolución fuera impulsada, estaría allí para ser su guía. Por todo esto siempre estuvo aislado y fue eclipsado, e incluso llegó a desilusionar a la gente.

Sin embargo, Robespierre, junto a un fanático suyo que consiguió convertirse en su mano derecha, acabó derribando el Comité de su amigo Danton. Este acontecimiento vino dado por el simple hecho de que Saint-Just (el amigo de Maximilien), detestaba a todos los que rodeaban a su maestro, aunque en especial al nombrado anteriormente, por lo que planeó, convenciendo a su compañero de que Danton era un hombre muy peligroso para su

propósito. Saint-Just, consiguió que Robespierre aceptara el reto sin ningún problema, simplemente se aprovechó de las adulaciones con las que rodeaba a su admirado, porque si hay algo a lo que Maximilien no se resistía, era a los halagos.

Tras esto vino la política del Terror. Las provincias sublevadas, eran o serían sometidas. La guillotina se convirtió en un elemento fundamental en todos los rincones del país, y las ejecuciones se aceleraron mucho más a partir de 1793, cuando Robespierre comenzó a entronizarse. Fue una auténtica masacre, en la que daba indicios de auténtica frialdad. Con la frase: “El terror sin el cual la virtud es impotente”, consiguió justificar a todos lo verdugos y a la más exagerada crueldad, ahogando las protestas de las víctimas.

Nunca tuvo ningún inconveniente en sacrificarlo todo, incluido la amistad, por cumplir su misión, ya que él se creía la encarnación de la Libertad, de la República, de la Revolución; y por lo tanto, los que son enemigos suyos, son enemigos también de todo lo demás. Y esto se demuestra observando que guillotinó a Brissot y a todos sus amigos de infancia y juventud. Lo peor de todo esto es que lo hacía obedeciendo a su conciencia, es decir, que nunca tuvo remordimientos. Era frío incluso para eso.

Debemos destacar los tres dogmas de Robespierre: el Terror que sostiene la Virtud, la existencia del Ser Supremo y la igualdad de los derechos. Todos debían someterse a este triple dogma, y quien no lo hiciera, como Danton, era considerado un “mal ciudadano”, y por supuesto, todo el que llevara este adjetivo, debía ser expulsado de la ciudadela (consejo recibido de su admirado Rosseau).

Algunos de los que le rodeaban, entre ellos Saint-Just, consiguieron hacerle creer que era un profeta de Dios, e incluso a veces, un dios.

Tras votar la muerte del rey en 1792, que él consideraba como una operación política necesaria, se produjo la total separación entre

montañeses y girondinos, y Robespierre intentó la exclusión de estos

últimos.

Seguidamente tomó otra determinación bajo la presión popular, causada por la crisis de subsistencia, y esta fue buscar el apoyo de los sans-culottes, defendiendo la idea sansculottista de que el derecho a la existencia es anterior al derecho de propiedad. Se trata de crear en ellos expectativas de que la democracia jacobina, sería una democracia social. Sin embargo esto no le lleva a negar la propiedad, y todo lo que propone para resolver el problema de la subsistencia, es la defensa de la competencia atacando a los acaparadores. Verdaderamente tampoco se sentía identificado con este grupo, él quería un derecho de propiedad limitado, simplemente los utilizó como apoyo en un momento duro, cosa que Robespierre solía hacer bastante a menudo, cuando tenía problemas. Finalmente acabó perdiendo el apoyo de los sans-culottes, a causa de la ejecución de los hebertistas y esto supuso su caída.

El 27 de julio de 1793, fue invitado a participar en el Comité de Salvación Publica, y accedió. Se esforzó claramente en evitar la separación de los republicanos, y eliminó a los exaltados.

Otra cosa de la que estaba claramente en contra, era del ateísmo, siempre trató de desbaratar la campaña que separaba a los católicos de la Revolución. Por supuesto seguía buscando el suprimir la desigualdad social, cosa altamente difícil en la situación de Francia de aquellos momentos.

Continuó buscando de manera involuntaria, nuevos enemigos en el espacio político, denunciando el doble peligro de las facciones de derecha e izquierda, a pesar de acusar al grupo al que en un principio había pertenecido.

En marzo de 1794, parecía dirigir por completo el país, y por lo tanto, decidió ejecutar a los indulgentes, porque a pesar de estar en contra de la guerra, en ningún momento dudo en matar a alguien si no tenía sus mismos ideales y era necesario, algo realmente irónico,

ya que si estaba en contra de la guerra, debía estar también en contra de esta práctica.

Volvió a tener otro problema grave, al ser acusado de aspirar a la dictadura, al aparecer en el papel de presidente de la Convención, en el cortejo de la fiesta del 20 de pradial (8 de junio) de 1794. Es evidente que las cosas para Robespierre se iban complicando y cada vez tenía menos amigos e incluso simplemente simpatizantes. Esto se reflejó en que todos los que iban en su contra o pretendían sustituirlo, se unieron contra él. Maximilien, cansado y enfermo, dejó de asistir al Comité y a la Convención, el 24 de pradial (12 de junio), hecho que dejó el camino libre a sus enemigos.

El 27 de julio, ordenaron su detención y la de sus amigos, sin embargo, el jacobino, tratando de evitar darles el placer de asesinarle, se pegó un tiró, desgraciadamente, sólo se rompió el maxilar, por lo que fue guillotinado en la Plaza de la Revolución el 10 de termidor (27 de julio) de 1794.

Y aquí acaba la historia de Maximilien Robespierre, francés que intentó cambiar la carrera de su país, basándose en espejismos y en ideales que nunca podrían ser llevados a cabo, por el simple hecho de que sólo existían en su cabeza, y no supo ganarse a la gente, ya que según pasaban los años, se iba formando más y más enemigos en su entorno.

ÍNDICE

Justificación del personaje………………………………………… 3

Maximilien Robespierre……………………………………………4

Bibliografía……………………………………………………….10

MAXIMILIEN

ROBESPIERRE

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