Martín Fierro; José Hernández

Literatura hispanoamericana contemporánea del siglo XIX. Lírica y poesía gauchesca. Protesta y crítica social. Figura del gaucho

  • Enviado por: Agu
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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TRABAJO PRÁCTICO PARA CASTELLANO

TEMA: Configuración del gaucho. Saberes, valores y lugar que ocupa en el marco de las relaciones sociales en la que está inscripto.

En el cuento “Martín Fierro”, se desarrolla un argumento que se apoya en tres temas fundamentales: la vida en la estancia (para el gaucho, “edad dorada”), la vida en la frontera y la vida en la toldería. Los dos primeros pertenecen a la primera parte; el último a “La vuelta de Martín Fierro”, que se complementa con el reencuentro con sus hijos. Dentro de estos temas se insertan temas como el amor, la amistad, la mujer, la muerte, el destino, Dios, la eternidad, etc.

El gaucho es un criollo nacido de un mestizaje entre un español y un indio, que habita en la Pampa Humeda, en la última mitad del siglo XIX. Una de las características fundamentales de este personaje es el desarraigo. Su actitud y su situación así lo demuestran. El gaucho se vio en una situación muy particular: no era el nativo de su propia tierra, ya que el nativo era el indio; ni era respetado por los dueños del poder, ya que lo consideraban un vago e incluso prefirieron traer presidiarios de Europa porque los creían más aptos para el trabajo. Además los inmigrantes representaban mano de obra más barata que el gaucho. Entonces sólo le quedaba un camino, vivir de su libertad y su pobreza sin preocuparse por establecerse en ningún lugar.

José Hernández escribió esta obra para dejar bien en claro como era la situación del gaucho; ya que éste era un luchador de los derechos del hombre del campo y de la causa nacional. Es por ello, que tanto él como Martín Fierro se oponen a la organización social de la época. Es decir, están inadaptados a un régimen cuyos dirigentes desprecian al hombre de campo, o les son indiferentes, y solo les interesa su valor como votantes.

No tiene hijos, ni mujer, Él nada gana en la paz

ni amigos, ni protectores, y es el primero en la guerra;

pues todos son sus señores no le perdonan si yerra,

sin que ninguno lo ampare. que no saben perdonar,

Tiene la suerte del güey: porque el gaucho en esta tierra

y adónde irá el güey que no are! sólo sirve pa´votar.

Es interesante observar la actitud del gaucho frente a los gringos y los indios. Desvaloriza a los primeros ya que desconocen las actividades básicas del campo (montar, domar, cazar, etc).

No hacen más que dar trabajo,

pues no saben ni ensillar;

no sirven ni pa carniar;

y yo he visto muchas veces,

que ni voltiadas las reses

se les querían arrimar.

Además los trata de maricas ya que no soportan ni el calor, ni el frío, ni la lluvia; y de tacaños (“si usté no les da, no pitan / por no gastar en tabaco”).

En tanto a los indios, los retrata como agresivos y crueles.

Es tenaz en su barbarie;

no esperen verlo cambiar;

el deseo de mejorar

en su rudeza no cabe;

el bárbaro sólo sabe

emborracharse y peliar.

El gaucho odiaba al indio tanto como la oligarquía odiaba al gaucho. O mejor dicho, el gaucho odiaba al indio porque la oligarquía le había enseñado a odiarlo. Éste aspecto es muy importante para la comprensión del relato.

Martín Fierro es el prototipo del gaucho, se presenta como cantor, individualista, pacífico, astuto, valiente, conocedor de todos los trabajos del campo, y fundamentalmente libre. Las contingencias externas, la injusticia lo van modificando a lo largo de la obra hasta convertirlo en un gaucho matrero. Es decir un hombre que ha cometido delitos, que está en la abstinencia electoral, que huye constantemente de la justicia, etc.

El anda siempre juyendo,

siempre pobre y perseguido,

no tiene cueva ni nido

como si fuera maldito;

porque el ser gaucho... ¡barajo!

El ser gaucho es un delito.

Sin embargo, se arrepiente de sus peleas y le tiene piedad a los muertos.

El gaucho es un ser dotado de virtudes sociales, a pesar de opiniones en contra que lo presentan como antisocial, resentido y anárquico. Esas virtudes son: el respeto por la vida ajena (“el hombre no mate al hombre / ni pelee por fantasía”) aconseja Fierro a sus hijos; el respeto a la propiedad ajena (pues no es vergüenza ser pobre / y es vergüenza ser ladrón”); el respeto a la autoridad (“obedezca el que obedece / y será bueno el que manda”); el respeto a los mayores (“respeten a los ancianos / el burlarlos no es hazaña”). Reclama para el hombre de campo las instituciones básicas (“debe el gaucho tener casa / escuela, iglesia, derechos”). Considera necesario el trabajo como forma de realización personal (“debe trabajar el hombre / para ganarse su pan”); como medio de subsistencia (“el trabajar es la ley / porque es preciso alquirir”); y como modo de inserción en la comunidad (“me he decidido a venir / a ver si puedo vivir / y me dejan trabajar”).

Martín Fierro fue un gaucho solitario a partir de la etapa de la frontera. Allí, a pesar de convivir con muchos otros, no entabla relación con ninguno. Esa soledad se acentúa cuando cae en la situación de desertor. La amistad con Cruz y el encuentro con sus hijos, son solo una excepción. El destino que Hernández quiso para Martín Fierro fue el de perderse en una soledad sin límites.

Una de las cualidades más importantes del gaucho es la valentía, el coraje, el no quedarse callado y decir (muchas veces a través del canto) siempre lo que siente, absteniéndose a las consecuencias. Interpreta que el habla es un atributo que le dio Dios, para poder expresarse libremente.

Y aunque a las aves les dio,

con otras cosas que inoro,

esos piquitos como oro

y un plumaje como tabla,

le dio al hombre más tesoro

al darle una lengua que habla.

El gaucho en su habla transmite vivencias, experiencias, sentimientos y enseñanzas. Sobre todo a sus hijos, que aconseja para evitar que ellos cometan los mismos errores que él cometió. Es por ello que les dice que deben trabajar; respetar; jamás robar, matar, amenazar, burlarse de los demás; etc.

Un padre que da consejos,

más que un padre es un amigo;

ansí, como tal les digo

que vivan con precaución:

naides sabe en qué rincón

se oculta el que es su enemigo.

Un valor que resalta mucho el gaucho es la amistad. En muchos versos recuerda lo que para el hombre significa, y como se debe actuar con un amigo.

Al que es amigo, jamás

lo dejen en la estacada;

pero no le pidan nada

ni lo aguarden todo de él:

siempre el amigo más fiel

es una conducta honrada.

En el relato diferenciamos tres tipos de amistad:

  • La que se da entre los hombres. Como la que se establece entre Martín Fierro y Cruz.

  • La que surge naturalmente entre padres e hijos (“un padre que da consejos, / más que un padre, es un amigo”).

  • La amistad por conveniencia, por interés. Como la que considera necesaria el viejo Vizcacha, y se la aconseja a uno de los hijos de Fierro (“Hacete amigo del juez, / no le des de qué quejarse / y cuando quiera enojarse / vos te tenés que encoger, / que siempre es bueno tener / palenque ande ir a rascarse.”)

El gaucho valoraba mucho al amor y a la mujer. Aunque Hernández trata estos temas solo circunstancialmente.

CRUZ

¡Quién es de una alma tan dura

que no quiera a una mujer!

Lo alivia en su padecer:

si no sale calavera,

es la mejor compañera

que el hombre puede tener.

La mujer, en la vida del gaucho, se encuentra en segundo plano. Era la encargada de los quehaceres domésticos (cocinar, lavar, cuidar los animales, etc). Mientras que el hombre, se desplazaba libremente por el campo o, como Fierro, con mala suerte es llevado a la frontera.

Además, en el relato, a ninguna se la identifica con un nombre propio.

Todas las cualidades de la mujer se resumen en su gran vocación maternal (“yo alabo al Eterno Padre, / no porque las hizo bellas, / sino porque a todas ellas / les dio un corazón de madre.”).

Sin embargo, predomina la amistad sobre el amor (“la palabra es lo primero, / lo segundo la amistá.”). Y es más fuerte el amor paterno que el conyugal.

Cuando Martín Fierro dice “Yo no tengo en el amor / quién me venga con querellas”, se refiere a su voluntad de no ligarse a ningún vínculo, ni siquiera al del amor, que pueda ser obstáculo de su nomadismo e independencia.

Otro valor importante para el gaucho es la honradez. Es decir, la honestidad, la decencia, el honor de ser una persona con la conciencia limpia, el estar orgulloso de si mismo.

Ave de pico encorvado

le tiene al robo afición;

pero el hombre de razón

no roba jamás un cobre,

pues no es vergüenza ser pobre

y es vergüenza ser ladrón.

A pesar de que en esa época el culto no pudiera practicarse por falta de iglesias, ya Hernández lo dice: “Debe el gaucho tener casa, / escuela, iglesia, derechos”, el gaucho confía continuamente en el auxilio divino (“En su mayor infortunio / pongan su confianza en Dios”) y en la intercesión de la Virgen y de los Santos (“Me hinqué también a su lado / a dar gracias a mi santo: / en su dolor y quebranto / ella, a la madre de Dios, / le pide, en su triste llanto, / que nos ampare a los dos.”).

Algunos de los elementos indispensables para el gaucho eran:

  • El canto letrado con guitarra; ya que al ser analfabeto, encontraba en él su única forma de expresión.

  • El caballo: un hombre sin caballo era la mitad de un hombre. Sobre el lomo del animal se encontraba su habitad, y de las patas para abajo empezaba a perder la comprensión del mundo.

  • El facón: el gaucho consideraba a las armas de fuego instrumentos de cobardes. Por el contrario el facón era instrumento de valientes. Además era su única herramienta y se sentía incompleto sin él.

  • El mate.