Marianela; Benito Pérez Galdós

Literatura española contemporánea, siglo XIX. Novela (narrativa) realista. Realismo literario. Personajes. Recursos estilísticos

  • Enviado por: Xuke
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MARIANELA

de Benito Pérez Galdós

Índice

Págs.

  • Argumento 3-4

  • Personajes 5-13

  • Crítica social de Pérez Galdós 13-14

  • Opinión Crítica 14-15

  • Argumento

    La historia comienza con una descripción del lugar, un pueblo situado hacia el norte de España, en los alrededores de Villamojada para ser preciso. Este era un hombre que se llamaba Teodoro Golfín y se dirigía hacia las famosas minas de Socartes. Durante el camino Teodoro se perdió, y empieza a hablarse a si mismo. Le dijeron en Villamojada que cruzara el río y luego que siga adelante, siempre adelante, y así lo hizo “No puedo equivocarme - murmuró -. Me dijeron que atravesara el río por la pasadera… así lo hice después que marchara adelante, siempre adelante […] De modo que por aquí, adelante, siempre adelante. Un rato después, este se topó con un ciego que se llamaba Pablo. Era ciego pero se conocía los alrededores como si tuviera ojos. Entonces este le dijo que el podía guiarle hasta el establecimiento donde se alojaba su hermano Carlos Golfín, ingeniero de las minas. Teodoro era médico y se fue a las minas para quedarse una larga temporada. Durante el camino Pablo fue presentándole el entorno de las minas de Socartes “Ese ruido que usted siente - explicó el ciego, deteniéndose -, y que parece… ¿Cómo se lo diré? ¿No es verdad que parece ruido de gárgaras, como el que hacemos cuando curamos la garganta?” A lo largo del camino Teodoro oyó un canto, un canto que le intrigó y por ello le preguntó a Pablo quién era. Resultó que era la Nela, el lazarillo de Pablo. Llegaron hasta la casa del muchacho y allí se toparon con la Nela, quién guió al extranjero hasta el establecimiento donde se alojaba su hermano Carlos.

    La Nela era una chica que creció huérfana y no gozó de ningún consuelo. Tenía 16 años pero parecía tener 12, “¿Qué edad tienes tú?,- preguntóle Golfín […] Dicen que tengo diez y seis años - replicó la Nela […] ¡Diez y seis años! Atrasadilla estas, hija. Tu cuerpo es de doce, a lo sumo”. Era muy delgada se vestía en harapos andaba descalza “Iba descalza: sus pies ágiles y pequeños”. Francisco, el padre de Pablo, que gozaba de una posición económica muy buena, nunca ha tenido reparo alguno en ofrecerle todo lo mejor a su único hijo.

    La Nela conocía esas tierras como a ella misma y Pablo dice haber descubierto el mundo a través de los ojos de la hija de la Canela “Que estoy en el mundo para ser tu lazarillo, y que mis ojos no servirían para nada si no sirvieran para guiarte y decirte cómo son todas las hermosuras de la tierra”. Durante la estancia de Teodoro, estos dos salían todos los días a pasear por el bosque, y allí fueron hablando de cosas muy íntimas. Pablo le confesó su amor por Marianela, “Te quiero más que a mi vida. Ángel de Dios, quiéreme o me muero.” Y así prosiguieron, revelándose uno al otro lo que ellos sentían.

    El amor que Pablo sentía por la Nela era tan grande que le juraba que nunca se separarían y llegó a prometerle que algún día se casarían “Ya te quitaré de la cabeza esos pensamientos absurdos - dijo el ciego, tomándole la mano -. Hemos de vivir juntos toda la vida”. Teodoro Golfín cuya especialidad era en curar ojos, le hizo varias pruebas a Pablo y algún tiempo después afirmó que tenía esperanzas de recobrar la vista “Nela, tengo que hablarte de una cosa que te hará saltar de alegría […] el doctor dijo después a mi padre: se intentará […] Ese hombre, ese ángel de Dios me ha dado esperanza, muy poca; pero la esperanza parece que se agarra más cuando más chica es”. Aunque las esperanzas eran muy remotas, don Francisco y su hijo estaban muy exaltados, tanto así, que después que don Francisco le contó la noticia a su hermano Manuel, éste le prometió que, si Pablo salía de la operación con éxito, casaría a su hija Florentina con su sobrino.

    Pablo era un joven sumamente sensible y con una curiosidad intelectual que su padre se había encargado de nutrir con lecturas nocturnas “Anoche leyó mi padre unas páginas sobre la belleza”. Tenía la cabeza repleta de conceptos e ideas que le habían permitido suplir su ceguera. Ahora, estaba tan obsesionado con la belleza que hasta decía que la Nela era la persona más preciosa del mundo, cosa muy extraña para los ojos de los demás que, aunque no negaban que Marianela era una buena persona, creían lo contrario “Sí, tú eres la belleza más acabada que puede imaginarse […] que ha sido capaz de alegrar mis tristes días […] ¿No es verdad que eres muy bonita?”. Días antes de la cirugía llegaron a Socartes don Manuel Penáguilas y su hija Florentina, una joven llena de belleza no sólo exterior sino también de una infinita bondad. Ella era la futura esposa del joven Pablo, aunque Pablo insistía en querer a Marianela como su mujer “Nela, amiga de mi corazón, ¿no sabes lo que mi padre me ha dicho anoche?... Que si recobro la vista, me casaré con Florentina. […] Ya se por qué lloras […] Para mí no hay otra mujer que tú en el mundo”. Con la operación pendiente y tantos movimientos en la Aldeacorba, Marianela y Pablo se distanciaron. Ahora estaba la familia para cuidarlo y Marianela sufría el temor de perder lo único que la vida le había brindado, el amor del joven Pablo. Pasaron los días y todo el pueblo se había enterado del éxito de la operación. Pablo ya veía y su mayor obsesión en su nueva vida era distinguir la belleza de la fealdad. Marianela temía a ser rechazada por su fealdad y decidió alejarse del pueblo y huir con Celipín.

    Florentina, que estaba llena de clemencia y de gratitud hacia Nela, le ofreció y prometió un verdadero hogar junto a la familia si Pablo saliese de la operación con éxito “Pronto ha de venir la Nela a vivir conmigo - dijo Florentina […] y entonces tendrá una cama como la mía, y vestirá y comerá l mismo que yo.”. Unos días después de la operación, Florentina fue a la casa de la Señana, lugar donde residía la hija de la Canela, para decirle que Pablo estaba deseoso por verla y que se vaya con ella “¿Te has olvidado de mi promesa sagrada […] o creías que era broma?”. Esta se negó a ello porque estaba preocupada de que este la deje de querer cuando la vea tan fea y horrenda. Y por eso, la Nela salió corriendo. Teodoro la encontró en la Trascava y la llevó a Aldeacorba a descansar. Ya en casa de los Penáguilas, Florentina cuidaba de la Nela, que se veía cansada y confundida. Una tarde, mientras la prima Florentina cosía un vestido para Marianela, Pablo irrumpió en la habitación y, sin la costumbre de la vista, vio a su prima sin percatarse de la presencia de Nela y el doctor: el joven empezó a hablarle a su prima de su belleza y de la fortuna de haberla conocido. Cuando descubre al doctor y a Nela era demasiado tarde. Marianela turbada por el dolor, el desencanto y la mala vida murió minutos después de confesarle a Pablo su identidad. Florentina que no se perdonó no haber podido ayudarla en vida, cosa irónica, le brindó a Marianela el más bello de los sepulcros.

    Personajes

    • Teodoro Golfín

    Teodoro Golfín es como el hombre ideal para la novela de Galdós, simpático, inteligente y con un carisma asombroso y con un trabajo decente. Médico de ojos.

    Era un hombre de facciones bastas, de fisonomía tan inteligente como sensual, labios gruesos, pelo negro y erizado, mirar centelleante, naturaleza incansable, constitución fuerte, si bien algo gastada por el clima americano. Su cara, grande y redonda; su frente huesuda, su melena rebelde, aunque corta; el fuego de sus ojos, sus gruesas manos, habían sido motivo para que dijeran de él: es un león negro . En efecto, parecía un león, y, como el rey de los animales, no dejaba de manifestar a cada momento la estimación en que a sí mismo se tenía. Pero la vanidad de aquel hombre insigne era la más disculpable de todas l as vanidades, pues consistía en sacar a relucir dos títulos de gloria, a saber: su pasión por la Cirugía y la humildad de su origen. Hablaba, por lo general incorrectamente, por ser incapaz de construir con gracia y elegancia las oraciones. Sus frases, rápidas y entrecortadas, se acomodaban a la emisión de su pensamiento, que era una especie de emisión eléctrica. Muchas veces, Sofía, al pedirle su opinión sobre cualquier cosa, decía: A ver lo que piensa de esto la Agencia Havas .

    Teodoro Golfín es una persona que confía en su suerte y se guía por ella.

    No puedo equivocarme. Me dijeron que atravesara el río por la pasadera ... Así lo hice. Después, que marchara adelante siempre adelante. En efecto; allá detrás de mí, queda esa apreciable villa a quien yo llamaría Villafangosa por el buen surtido de lodos que hay en sus calles y caminos [...] De modo que por aquí, adelante, siempre adelante he de llegar a las famosas minas de Sócrates.

    Teodoro Golfín muestra un carácter y un fuerte poder de decisión al sentirse perdido.

    ¡Bonita situación!¿En dónde estás querido Golfín? Esto parece un abismo. ¿Ves algo allá abajo? Nada, absolutamente nada...; pero el césped ha desaparecido, el terreno está removido. Todo es aquí pedrusco y tierra sin vegetación, teñida por el óxido del hierro... Sin duda estoy en las minas...; pero ni alma viviente, ni chimeneas humeantes, ni ruido, ni un tren que murmure a lo lejos, ni siquiera un perro que ladre... ¿Qué haré? Hay por aquí una vereda que vuelve a subir. ¿Seguirla?¿Desandaré lo andado?... ¡Retroceder!¡Qué absurdo! O dejo de ser quine soy, o llegaré esta noche a las minas do Sócrates y abrazaré a mi querido hermano. Adelante, siempre adelante.

    Teodoro Golfín es un hombre compasivo, bondadoso y con un gran sentido de altruismo.

    Yo no leo la estadística, querida hermana, ni me hace falta para nada tu estadística. Buenos son los asilos; pero no, no bastan para resolver el gran problema que ofrece la orfandad. El miserable huérfano, perdido en las calles y en los campos, desamparado de todo cariño personal y acogido sólo por las corporaciones, rara vez llena el vacío que forma en su alma la carencia de familia...; ¡Oh!, vacío donde debían estar, y rara vez están en la nobleza, la dignidad y la estimación de sí mismo. Sobre esta tema tengo una idea, es una idea mía; quizá os parezca un disparate.

    Teodoro Golfín hombre que se forjó, solo así formo su carácter y da muestra de su modestia.

    Aquí tienes, querida Sofía, un hombre que sirve para todo. Éste es el resultado de muestra educación, ¿Verdad Carlos? Bien sabes que no hemos sido criados con mimo; que desde nuestra más tierna infancia nos acostumbramos a la idea de que no había nadie inferior a nosotros. Los hombres que se forman solos, como nosotros nos formamos; los que, sin ayuda de nadie, ni más amparo que su voluntad y noble ambición, han logrado salir triunfantes en la lucha por la existencia..., sí, ¡Demonio!, éstos son los únicos que saben como se ha de tratar a un menesteroso. No te cuento diversos hechos de mi vida, atañederos a esto el prójimo como a ti mismo, por no caer en el feo pecado de la auto alabanza, y por temor a causar envidia a tus rifas y a tus bailoteos filantrópicos. Quédese esto aquí.

    Teodoro Golfín proviene de otras tierras de Europa para ser exactos y lo relata con su característica sencillez.

    Nosotros, aunque descendemos de las hierbas del campo, que es el más bajo linaje que se conoce, nos hemos hecho árboles corpulentos... ¡Viva el trabajo y la iniciativa del hombre!... yo creo que los Golfines, aunque aparentemente venimos de los maragatos, tenemos sangre inglesa en nuestras venas... hasta nuestro apellido parece que es de pura casta sajona. Yo lo descompondría de este modo: Gold, oro...; find, hallar... es, como si dijéramos, buscador de oro... he aquí que mientras mi hermano lo busca en las entrañas de la tierra, yo lo busco en el interior maravilloso de es universo en abreviatura que se llama el ojo humano.

    • Carlos Golfín

    Este es el hermano de Teodoro Golfín que trabaja de ingeniero en las minas de Socartes. Creció con la ayuda de su hermano. He aquí una descripción de él.

    Su hermano Carlos era un bendito, hombre muy pacífico, estudioso, esclavo de su deber, apasionado por la Mineralogía y la Metalurgia hasta poner a estas dos mancebas 100 codos más altas que su mujer. Por lo demás ambos cónyuges vivían en conformidad completa. O como decía Teodoro, en estado isomórfico, porque cristalizaban en un mismo sistema. En cuanto a él, siempre que se hablaba de matrimonio, decía, riendo: El matrimonio para mí una Epigénesis o cristal pseudomórfico, es decir, un sistema de cristalización que no me corresponde .

    • Marianela

    Marianela niña triste y avergonzada de sí misma, cuenta a Golfín su trágica historia.

    Quiero decir que cuando el ayuntamiento puso por primera vez los faroles en las calles, mi padre era el encargado de encenderlos y limpiarlos. Yo estaba ya criada por una hermana de mi madre, que era también soltera, según dicen. Mi padre había reñido con ella... dicen que vivían juntos..., todos vivían juntos, y cuando iba a farolear me llevaba en el cesto junto con los tubos de vidrio, las mechas, la aceitera... un día dicen subió a limpiar el primer farol que hay en el puente, puso el cesto sobre el antepecho, y me salí afuera, y caíme al río.

    Además de triste, Marianela tampoco tiene una buena apariencia física lo cual la hace más miserable de lo que está.

    Madre mía, a uno solo que me quiere porque no me ve. ¿Qué será de mí cuando me vea y deje de quererme?...; porque, ¿Cómo es posible que me quiera viendo este cuerpo chico, esta figurilla de pájaro, esta tez pecosa esta boca sin gracia, esta nariz picuda, este pelo descolorido, esta persona que no sirve sino para que todo el mundo le dé con el pie? ¿Quién es la Nela? Nadie. La Nela es algo para el ciego. Si sus ojos nacen ahora y los vuelve a mí y me ve, me caigo muerta... él es el único para quien la Nela no es menos que los gatos y lo perros.

    Marianela, que es la lazarillo de pablo, describe su trabajo que tiene con el joven pablo.

    Sí, señor; yo le digo todo. Él me pregunta como es una estrella, y yo se la pinto de tal modo hablando, que para él es lo mismito que si lo viera. Yo le explico cómo son las hierbas y las nubes, el cielo, el agua, los relámpagos, las veletas, las mariposas, el humo, los caracoles, el cuerpo y la cara de las personas y de los animales. Yo le digo lo que es feo y lo que es bonito, así se va enterando de todo.

    Marianela admira a Don Teodoro por tener las mismas raíces que ella.

    Don Teodoro tenía menos que tú, porque tú vas a tener 5 duros y con cinco duros todo parece que se ha de venir a la mano. ¡Aquí de lo hombres guapos! Don Teodoro y don Carlos eran como dos pájaros que andan solos por el mundo. Ellos con su gobierno se volvieron sabios. Don Teodoro leía en los muertos y don Carlos en las piedras, y así los dos aprendieron el modo de hacerse personas cabales. Por eso es don Teodoro tan amigo de los pobres. Celipín, si me hubieras visto esa tardo cuando me llevaba del hombro... después me dio un vaso de leche y me echaba unas miradas como las que se echan a las señoras.

    Marianela es una niña que se tienen compasión y no se valora, pero lo por dentro es una persona bondadosa y sentimental.

    Madre de Dios y mía, ¿Por qué no me hiciste hermosa? ¿Por qué cuando mi madre me tuvo no me miraste desde arriba? Mientras más me miro más fea me encuentro. ¿Para qué estoy yo en el mundo? ¿Para qué sirvo? ¿A quién puedo interesar?

    Me quiere como quieren los novios a sus novias, como Dios manda que se quieran las personas... Señora Madre mía, ya vas a hacer el milagro de darle la vista, hazme hermosa a mí o mátame, porque para nada estoy en el mundo. Yo no soy nada ni nadie más que para uno solo... ¿Siento yo que recobra la vista? No; eso no; eso no. Yo quiero que vea. Daré mis ojos para que él vea con los suyos; daré mi vida toda. Yo quiero que don Teodoro haga el milagro que dicen. ¡Benditos sean los hombres! Lo que no quiero es que mi amo me vea, ¡Madre mía!, me enterraré viva, me arrojaré al río... sí, sí; que se trague la tierra mi fealdad. Yo no debí haber nacido...

    Marianela siempre ayudando a los demás, aconseja a Celipín.

    No pienses todavía en esas cosas de remontarte mucho, que eres más pelado que un huevo. Vete poquito a poquito, hoy me aprendo esto, mañana esto otro. Yo te aconsejo que antes de meterte en eso de cuidar enfermos, debes aprender a escribir para poner una carta a tu madre pidiéndole perdón y diciéndole que te has ido de tu casa para afinarte, hacerte como don Teodoro y hacerte un médico muy cabal.

    • Pablo

    Pablo es un joven que a pesar de sus límites trata de ayudar a la gente.

    Soy ciego, sí señor; pero sin vista sé recorrer de un cabo a otro las minas. El palo que uso me impide tropezar, y Choto me acompaña, cuando no lo hace la Nela, que es mi lazarillo. Conque sígame usted y déjese llevar.

    Pablo a pesar de la desgracia de ser ciego, el toma el lado bueno de ésta.

    Sí, señor, de nacimiento. No conozco el mundo más que por el pensamiento, el tacto y el oído. He podido comprender que la parte más maravillosa del universo es esa que me está vedada. Yo sé que los ojos de los demás no son como estos míos, sino que por sí conocen las cosas; pero este don me parece tan extraordinario, que ni siquiera comprendo la posibilidad de poseerlo.

    Pablo es fiel de la religión católica y de su doctrina.

    No, no. No creas desatinos. Nuestra religión nos enseña que el espíritu se separa de la carne y que la vida mortal se acaba. Lo que se entierra, Nela, no es más que un despojo, un barro inservible que no puede pensar ni sentir, ni tampoco ver.

    Pablo, aunque más culto que Marianela, no desprecia ni hace menos ha Marianela por sus conocimientos.

    ¡Ay Nela! Tus disparates, con serlo tan grandes me cautivan, porque revelan el candor de tu alma y la fuerza de tu fantasía. Todos esos responden a una enorme disposición para conocer la verdad, a una poderosa facultad que sería primorosa si estuviera auxiliada por la razón y la educación... es preciso que tú adquieras un don precioso del que yo estoy privado; debes aprender a leer.

    Pablo por su ceguera solo distingue la belleza interior de Marianela.

    Sí, tú eres la belleza más acabada que puede imaginarse. ¿Cómo podría que tu bondad, tu inocencia, tu candor, tu gracia, tu imaginación, tu alma celestial y cariñosa, que ha sido capaz de alegrar mis tristes días?; ¿Cómo podría suceder, cómo, que no estuviese representada en la misma hermosura?... Nela, Nela. ¿No es verdad que eres bonita?

    • Sofía

    Sofía es una mujer hasta un cierto punto contradictoria, por el siguiente comentario.

    ¡Zapatos a la Nela! Y yo pregunto ¿Para qué los quiere? Tardaría dos días en romperlos. Podrías reírte de mí todo lo que quieras... bien, yo comprendo que cuidar tanto a Lilí es una extravagancia..., pero no podrían acusarme de falta de caridad... alto ahí..., eso sí que no te lo permito. Y en lo saber practicar la caridad con prudencia y tino, tampoco creo que me eche el pie adelante persona alguna... No consiste, no, la caridad en dar, sin ton ni son, cuando existe la seguridad de que la limosna ha de ser bien empleada. ¡Sí querrás darme lecciones!... Mira, Teodoro, que en eso sé tanto como tú en el tratado de los ojos.

    Sofía es malhumorada en ciertas situaciones como cuando la tratan de entrar en razón.

    Ya tenemos nuestro filósofo en campaña. ¿Qué sabes tú lo que yo he hecho, ni lo que he dejado de hacer?

    Sofía es estricta, pero lo hace para cuidar a Marianela.

    ¡Eh... Nela!. No te alejes mucho; que te vea yo para saber lo que haces.

    Sofía también muestra su lado tierno, su lado compasivo, y siente tristeza por Marianela.

    Atrasadilla está. ¡Qué desgracia! Y yo me pregunto: ¿Para qué permite Dios que tales criaturas vivan? Nada, nada más que darle de comer, vestirla... hasta cierto punto... ya se ve..., rompe todo lo que le ponen encima.

    Ella no puede trabajar, porque se desmaya; ella no tiene fuerzas para nada. Saltando de piedra en piedra, subiéndose a los árboles, jugando y enredando todo el día y cantando como los pájaros cuanto se le pone encima convirtiese pronto en jirones...

    Sofía con su característica frialdad y poca sutileza cuanta lo sucedido a la mamá de Marianela.

    Es decir, que se suicido. Era una mujer de mala vida y peores ideas, según he oído contar. Nos han dicho que se embriagaba como un fogonero. Y me pregunto: esos seres tan envilecidos que terminan un vida de crímenes con el mayor de todos, que es el suicidio, ¿Merece la compasión del género humano? Hay cosas que horripilan; hay persona que no deberían haber nacido, no, señor, y Teodoro podrá decir todas las sutilezas que quiera, pero yo me pregunto...

    • Florentina

    Esta retratada en el libro como una virgen, tanto en su física como en su interior bondadosa y tierna.

    ¡Cielos divinos! Allí estaba, dentro de un marco de verdura, la Virgen María inmaculada, con su propia cara, sus propios ojos, que al Mirar reflejaban toda la hermosura del ciel […] ni pudo apartar sus ojos de aquella aparición maravillosa.

    Su belleza exterior es inconfundiblemente igual que la de la Virgen María.

    Sus ojos, de admirables proporciones, eran la misma serenidad unida a la gracia, a la armonía, con un mirar tan distinto de la frialdad como del extremado relampagueo de los ojos andaluces. Sus cejas eran delicada hechura del más fino pincel, y trazaban un arco sutil. En su frente no se concebían el ceño del enfado ni las sombras de la tristeza, y sus labios, un poco gruesos, dejaban ver, al sonreír, lo más preciosos dientes que han mordido manzana del paraíso.

    Su ternura y bondad es inigualable.

    Pronto ha de venir la Nela a vivir conmigo - dijo Florentina […] y entonces tendrá una cama como la mía, y vestirá y comerá l mismo que yo […] Yo he hecho a la Virgen una promesa sagrada: he prometido que si da la vista a mi primo, he de recoger al pobre más pobre que encuentre, dándole todo lo necesario para que pueda olvidar completamente su pobreza, haciéndole enteramente igual a mí por las comodidades y el bienestar de la vida. Para esto no basta con vestir a una persona, ni sentarla delante de una mesa donde haya sopa y carne. Es preciso ofrecerle también aquella limosna que vale más que todos los mendrugos y que todos los trapos imaginables.

    Tal era la juventud de Florentina que se les surgían ideas muy extrañas, ya que decidir ser partidaria de los comunistas es algo muy infrecuente. (Ya que no sabían las consecuencias que había causado en otras partes del mundo por ejemplo Rusia.) Aunque esto puede ser considerado como un acto de bondad.

    Es cosa que no comprendo… ¡Que algunos tengan tanto y otros tan poco!... me enfado con papá cuando le oigo decir palabrotas contra los que quieren que se reparta por igual todo lo que hay en el mundo. ¿Cómo se llaman esos tipos, Pablo?

    Esos son los socialistas, los comunistas […]

    Pues esa es mi gente. Soy partidaria de que haya reparto y de que los ricos de a los pobres todo lo que tengan de sobra. […]¡Pobre Mariquita tan buena y tan abandonada!

    • Familia Centeno

    Se puede decir que esta familia es la estereotipada familia de aquella época, en la que mandaba el hombre y se preocupaba por nada más que por el trabajo y el dinero. Ni la educación era lo suficientemente primordial para que cambiasen de opinión. Por ello ha obligado a los hijos ya sea mayor o pequeño, hombre o mujer, a quedarse en el establecimiento de Socartes y trabajar, sin recibir ninguna educación adecuada.

    He tomado 32 reales para el refajo de Mariuca… A Tanasio le he puesto los seis reales que se le quitaron… Sólo nos faltan 11 duros para los 500… […] En cuanto al pasto intelectual, la Señana creía firmemente que con la erudición de su esposo, el señor Centeno, adquirida en copiosas lecturas, tenía bastante la familia para merecer el dictado de sapientísima, por lo cual no trató de alimentar el espíritu de sus hijos con las rancias enseñanzas que se dan en la escuela. Si los mayores asistieron a ella, el más pequeño viose libre de maestros y engolfado vivía durante doce horas diarias en el embrutecedor trabajo de las minas, con lo cual toda la familia navegaba ancha y holgadamente por el inmenso piélago de la estupidez.

    Entre estos, el más pequeño, Celipín, decide escaparse de casa e ir a la ciudad donde este quiere recibir la educación que reciben los niños de su edad.

    ¡Córcholis! Puesto que mis padres no quieren sacarme de estas condenadas minas, yo buscaré otro camino; sí, ya veras quién es Celipín.

    No lo puedo remediar. Ya ves cómo nos tienen aquí. ¡Córcholis! No somos gente, sino animales. A veces se me pone en la cabeza que somos menos que las mulas […] No Celipín no sirve par esto… Les digo a mis padres que me saquen de aquí y me ponga a estudiar, y responden que son pobres y que yo tengo mucha fantesía. Nada, nada; no somos más que bestias que ganamos un jornal.

    La familia Centeno está considerada “La familia de piedra” debido a lo misterioso, y callados que son. Aún así, el más pequeño de todos, Celipín, no pierde esperanzas y sigue queriendo salir de las minas e ir a estudiar y convertirse en un verdadero varón aunque a veces se le puede considerar como arrogante, por lo confiado que está.

    Todos los hombres listos somos de ese modo - observó Celipín con petulancia -. Verás tu qué fino y galán voy a ser cuando yo me ponga mi levita y mi sombrero de una tercia de alto. Y también me calzaré las manos con eso que llaman guantes, que no pienso quitarme nunca como no sea sino para tomar el pulso… Tendré un bastón con una porra dorada y me vestiré…, eso sí, en mis carnes no se pone sino paño fino… ¡Córcholis! Te vas a reír cuando me veas.

    Con esto también se puede decir que Celipín vive en un mundo de la fantasía, y que no se para a pensar sobre todo lo que tiene que sufrir para llegar hasta tal punto.

    La Señana, cuyo nombre deriva de la Señora Ana, es como la gobernadora de la familia, una señora muy, por así decirlo, tacaña, y que no se lleva bien con casi ningún miembro de la familia.

    Daba la Señana muy pocas comodidades a sus hijos en cambie de la hacienda que con las manos de ellos iba formando; pero como no se quejaban de la degradante y atroz miseria en que vivían, como no mostraban nunca pujos de emancipación ni anhelo de otra vida mejor y más digna de seres inteligentes, la Señana dejaba correr los días. Muchos pasaron antes de que sus hijas durmieran en camas; muchísimos antes de que cubrieran sus lozanas carnes con vestidos decentes. Dábales de comer sobria y metódicamente, haciéndose partidarias en esto de los preceptos higiénicos más en boga; pero la comida en su casa era triste, como un pienso dado a seres humanos.

    […]

    Las relaciones de esta prole con su madre, […] era de una docilidad absoluta.

    Mariuca y Pepina

    Estos son dos personajes que casi no intervienen en la historia, pero aun así, el libro incluye una breve descripción de ellas.

    Las dos hembras, Mariuca y Pepina, no carecían de encantos, siendo los principales se juventud y su robustez. Una de ellas leía de corrido; la otra, no, y en cuanto a conocimientos del mundo, fácilmente se comprende que no carecería de algunos rudimentos quien vivía entre risueño coro de ninfas de distintas edades y procedencias, ocupadas en un trabajo mecánico y con boca libre. Mariuca y Pepina eran muy apechugadas, muy derechas, fuertes y erguidas como amazonas, Vestían falda corta, mostrando media pantorrilla y el carnoso pie descalzo, y sus rudas cabezas habrían lucido bien sosteniendo un arquitrabe, como las mujeres de la Caria. El polvillo de la calamina, que las teñía de pies a cabeza, como los demás trabajadores de las minas, dábales aire de colosales figuras de barro crudo.

    Tanasio

    Otro personaje que tiene poca importancia en la historia pero también hay una descripción de él.

    Tanasio era un hombre apático. Su falta de carácter y de ambición rayaban en el idiotismo. Encerrado en las cuadras desde su infancia, ignorante de toda travesura, de toda contrariedad, de todo placer, de toda pena, aquel joven, que ya había nacido dispuesto a ser máquina, se convirtió en poco a poco, en la herramienta más grosera. El día en que semejante ser tuviera una idea propia, se cambiaría el orden admirable de todas las cosas, por el cual ninguna piedra puede pensar.

    • Manuel Penáguilas

    El padre de Florentina, que es descrito así:

    Era un hombre de edad madura, mediano de cuerpo, algo rechoncho, de cara arrebolada y que parecía echar de sí rayos de satisfacción como el sol los echa de luz; pequeñas piernas, un poco largo de nariz y magnificado con varios objetos decorativos, entre los cuales descollaban una gran cadena de reloj y un fino sombrero de fieltro de alas anchas.

    Es un hombre muy clasista, no le gusta que su hija coma moras silvestres, ni que se comporta como una niña de clase baja.

    “¡Dale!... ¿Y qué gusto le encuentras a las moras silvestres? […] ¿No te he dicho que eso es más propio de los holgazanes del campo que de una señorita criada en la buena Sociedad… Criada en la buena Sociedad.

    ¿Te parece bien que corras de ese modo detrás de un insecto como los chiquillos vagabundos?...

    Y también se ve que es muy estricto y que se preocupa mucho por su reputación.

    • Francisco Penáguilas

    Es el padre del ciego pablo. Es un hombre bondadoso, que lo daría todo por satisfacer a su único hijo que no tiene ese don de poder percibir la realidad.

    Don Francisco Penáguilas, padre del joven, era un hombre más que bueno: era inmejorable, superiormente discreto, bondadoso, afable, honrado y magnánimo, no falto de instrucción. Nadie le aborreció jamás; era el más respetado de todos los propietarios ricos del país, y más de una cuestión se arreglo por la mediación, siempre inteligente, del señor de Aldeacorba de Suso. La casa en que les hemos visto fue su cuna. Había estado de joven en América, y al regresar a España sin fortuna, entro a servir en la Guardia civil. Retirado a su pueblo natal, donde se dedicaba a la labranza y a la ganadería, heredó regular hacienda, y en la época de nuestra historia acababa de heredar otra mayor.

    • Mi padre. Yo le rogaré que te enseñe. Ya sabes que él no me niega nada.

    Crítica Social de Pérez Galdós

    De lo que aparece en el libro Marianela, se puede decir que Galdós era un socialista y comunista. Y resulta que lo era. El libro de Marianela, nos revela la verdad espantosa de la sociedad que existía en aquella época. En el libro hay una gran diferencia entre ricos y pobres, y eso es lo que nos quiere decir Galdós a través de su libro, junto con muchas otras críticas indirectas algunos de los que son suposiciones mías.

    La idea principal que nos quiere transmitir Galdós, es la de la diferencia descomunal que existe entre los ricos y los pobres. Galdós cree en la igualdad, cree en que todos deberíamos de tener lo mismo, cree en que debe de haber un reparto igual entre lo que tiene un rico y un pobre. Este dice en su libro que los ricos deberían de dar lo que tienen de sobra para los pobres. “¿Por qué esta bendita Nela no tiene un traje mejor? […] yo tengo varios y le voy a dar uno, y además otro que será nuevo […] Es cosa que no comprendo… ¡Que algunos tengan tanto y otros tan poco!... me enfado con papá cuando le oigo decir palabrotas contra los que quieren que se reparta por igual todo lo que hay en el mundo. ¿Cómo se llaman esos tipos, Pablo?

    Esos son los socialistas, los comunistas […]

    Pues esa es mi gente. Soy partidaria de que haya reparto y de que los ricos de a los pobres todo lo que tengan de sobra. […]”

    De esto también se puede decir que Galdós trata de emitir hacia nosotros, la idea de que son los niños el futuro de la sociedad, es la siguiente generación la que va a cambiar toda esta sociedad. Esto es debido a que fue Florentina la que pronunció estas palabras de clemencia y afecto.

    También hay una señal muy vaga de que Galdós este criticando el atraso socio-económico y político en España debido a que se repite la siguiente frase muy a menudo a lo largo de la historia. “De modo que aquí, adelante, siempre adelante”. Francisco Caudet nos explica esta frase en su libro El parto de la modernidad. La novela española de los siglos XIX y XX. Madrid, Ediciones de la Torre, 2002, págs. 9-17. “Porque es la divisa del avance, del progreso y de la modernización, tan necesarios para superar el atraso socio-económico y político en que se hallaba sumida la España decimonónica.”

    Galdós nos habla también del “positivismo” de las aldeas. Este positivismo se refiere al egoísmo, en realidad, Galdós está alabando a la ciudad y censurando las aldeas.

    Se ha declamado mucho contra el positivismo de las ciudades, plaga que, entre las galas y el esplendor de la cultura, corroe los cimientos morales de la sociedad; pero hay una plaga más terrible, y es el positivismo de las aldeas, que petrifica millones de seres, matando en ellos a toda ambición noble y encerrándolos en el círculo de una existencia mecánica, brutal y tenebrosa. Hay en nuestras sociedades enemigos muy espantosos; a saber: la especulación, el agio, la metalización del hombre culto, el negocio; pero sobre éstos descuella el monstruo que, a la callada, destroza más que ninguno: la codicia del aldeano.”

    Esto se ve reflejado en el pensamiento de la Señana ya que no deja que sus hijos estudien ni vayan a la escuela, y es precisamente aquello lo que está criticando Galdós, que los padres no dejen a los hijos estudiar porque ellos piensan que les enseñan basura. Galdós había dicho que España sufría de un atraso socio-económico que fue debido a este acto por parte de los padres de aquella época.

    Ahora viene una idea que he supuesto que nos quiere transmitir el autor. Hay un famoso decir inglés que viene de cientos de años atrás y que lo puede decir todo.

    No man is an island entirely into himself, every man is part of the main […], don't ask for who the bell tolls, it tolls for thee”

    Esto es solo un pequeño fragmento de la cita por John Donne y con solo eso, se podría describir toda la historia de Marianela. Esta cita nos quiere decir que nadie es una isla por si misma, cada uno es parte de una pieza que forma nuestra sociedad, si uno el otro no podría vivir. En el caso de Marianela, la Nela es la víctima de la que todos son responsables de su muerte. La última frase dice que no preguntes por quien suena la campana, suena para ti. Se puede decir que en aquellos tiempos, nadie se preocupaba por los demás, y simplemente se ocupaba uno de su propia vida ignorando lo que ocurre en el mundo de afuera que le esta afectando aunque este no se de cuenta.

    Opinión crítica

    Marianela es un libro que está escrita y basada sobre la realidad social de aquella época, y eso es bueno ya que nos está contando una historia muy hermosa y a la vez nos muestra la realidad cruda de aquella época. Es como matar a dos pájaros con una piedra.

    El lenguaje que utiliza para expresarse es más culto que coloquial pero aún así, se puede entender, o sea que tampoco es algo fuera de lo normal como el “Lazarillo de Tormes”. También se puede notar algo del castellano antiguo. “Hallose”, “Moviese”

    Literario: “Tras el breve crepúsculo vino tranquila y obscura la noche, en cuyo negro seno murieron poco apoco los últimos rumores de la tierra soñolienta.”

    Técnico:El examen catóptrico que hice ayer no me indica lesión retiniana ni alteración de los nervios de la visión. Si la retina está bien…”

    Omnisciente: Moviòse entonces ligero vientecillo, y Teodoro creyó sentir pasos lejanos en el fondo de aquel desconocido o supuesto abismo que ante si tenía. Puso atención y no tardo en adquirir la certeza de que alguien andaba por allí.”

    Coloquial:Pues yo no oigo sino ruido de gárgaras.

    -dijo el doctor riendo

    -así parece desde aquí... Pero no nos retracemos que es tarde. Prepárese usted a pasar otra alegría.

    -¿otra?

    Si señor Y esta al llegar a la mitad, se divide en dos."

    Culto: Estamos en la ultima zona de explotación y hemos de atravesar algunas galerías y túneles, bajar escaleras, pasar trincheras, remontar taludes, descender el plano inclinado; en fin, recorrer todas las minas de Sócrates desde un extremo que es este, hasta el otro extremo, donde están los talleres, los hornos, las maquinas, el laboratorio y las oficinas.”

    Vulgar: Es usted un majadero al suponerse de que yo sirvo para algo.”

    También se puede decir que es culto debido a la cantidad de recursos que utiliza.

    Símil

    “...parece esto el cráter de un volcán apagado...”

    “..parecía la petrificación de una orgía de gigantescos demonios...”

    “...guapa como una estatua...”

    Personificación

    “...las piedras preciosas...”

    Epíteto

    “...tranquila y oscura la noche...”

    “...chimeneas humeantes...”

    “...negros que parecían carbón...”

    Metáfora

    “...un carpintero de los ojos...”

    “...este pasadizo esófago...”

    HIPÉRBOLE

    “...el alma inundada de bondad...”

    En su libro Galdós reparte por igual las descripciones con las conversaciones. Esto hace que la historia no sea tan pesada. También fue bueno emplear ciertos toques humorísticos para que cuando uno lea no se quede dormido.

    Pues bien - añadió el.-: anoche leyó mi padre unas paginas sobre la belleza. […] Ese libro - dijo la Nela, queriendo demostrar suficiencia- no será como uno que tiene padre Centeno, que llaman… Las mil y no sé cuantas noches.”

    En fin para acabar solo quisiera decir que es un libro espléndido y que se lo aconsejaría a cualquiera que esté interesado en leer un libro.