María de Zayas

Litearatura española del Siglo de Oro. Novelista. Novelas cortas. Realismo. Relatos de desengaño. Novelas de amor

  • Enviado por: Seviyana
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 16 páginas
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ÍNDICE DEL TRABAJO

  • ESTADO DE LA CUESTIÓN

  • Trabajos sobre Zayas.

  • a) Desconocimiento biográfico.

    b) Traducciones de sus novelas.

    c) Imitaciones extranjeras.

  • Contexto socio - histórico de su época.

  • DESARROLLO.

  • Vida de María de Zayas.

  • Obra de María de Zayas.

  • La novela breve en la primera mitad del s. XVII

  • Las novelas cortas de María de Zayas.

  • El «realismo» de María de Zayas.

  • Pluralidad de acción.

  • Relatos de desengaño.

  • Novelas de amor.

  • CONCLUSIÓN.

  • Desconocimiento actual de la autora.

  • Epílogo.

  • BIBLIOGRAFÍA.

  • Recursos escritos.

  • Recursos electrónicos.

  • 1. ESTADO DE LA CUESTIÓN.

    1.1. Trabajos sobre Zayas.

    Las novelas de María de Zayas tuvieron gran éxito. De la celebridad que alcanzaron dan de la cantidad de ediciones que se publicaron tanto de la primera como de la segunda parte de sus novelas, que conocieron además diversas traducciones extranjeras.

    Se ha indicado que, después de las Novelas ejemplares de Cervantes, fueron las suyas las novelas breves españolas más difundidas en el Occidente de Europa o bien que fue el autor de libros de pasatiempos más leído después de Cervantes, Alemán o Quevedo.

    ¿Cómo es posible entonces que una autora que tuvo éxito en su época haya quedado relegada al ámbito de trabajos literarios muy específicos? ¿Por qué su nombre no ha tenido mayor trascendencia y sólo se conoce en el mundo filológico quedando vedado para un lector profano? No son éstas preguntas fáciles de responder. De hecho sólo podemos conjeturar al respecto.

    Es obvio que no podemos equiparar la brillantez de Cervantes al genio creativo de María de Zayas pero esto no resta ningún mérito a la escritora madrileña. Si su producción literaria nos es relativamente desconocida, no se debe a su falta de genialidad sino que podría deberse a varios factores:

  • Desconocimiento biográfico.

  • El hecho de que se conozcan muy pocos datos fidedignos acerca de la vida de nuestra autora, dificulta el acceso no solo a su obra sino a la influencia que su vida tuvo en ella y viceversa.

    La crítica se encuentra de este modo con un grave problema a la hora de investigar sobre Zayas puesto que el componente biográfico es descartado desde el momento en el que tratamos de indagar acerca de la escritora madrileña.

    El hecho de que muchos de los datos que se nos ofrecen acerca de su vida sean meras especulaciones elucubradas por sus biógrafos y editores, puede haber propiciado un aumento del interés general por otros autores de los Siglos de Oro cuya vida no resulta tan “oscura” ante nuestros ojos.

  • Traducciones de sus novelas.

  • También las traducciones de sus novelas pueden haber propiciado esta situación.

    Las novelas breves españolas gozaron de gran éxito en Francia en el s. XVII. Pero, conforme a un uso frecuente en la época, algunos autores adaptaron novelas españolas sin indicar su procedencia: así se publicaron diversas adaptaciones de Zayas hechas pro Scarron, Boisrobert y D` Ussieux. De hecho, Scarron traduce libremente, suprime los versos, altera los nombres de los personajes y no vacila en introducir digresiones de diversa índole.

    La mayoría de las traducciones inglesas procedían del francés. Las obras de Scarron contaron con numerosas traducciones y con ellas las novelas de Zayas que el autor había adaptado. Así, podemos ver que las obras de la escritora madrileña se encontraban desvirtuadas por las modificaciones a las que habían sido sometidas a la par que desconocidas por no señalarse la procedencia en diversos casos. Y esto también pudo ser motivo de “olvido” de nuestra autora en la memoria del lector que sólo conocía la adaptación francesa o inglesa.

  • Imitaciones extranjeras.

  • Sobre este punto no nos detendremos en exceso puesto que tiene relación con el anterior. Simplemente apuntaremos que también en el caso de las imitaciones extranjeras, muchas veces se perdía el rastro del original que se imitaba. En ocasiones se aludía al tema de una novela de Zayas pero si era un tema frecuente o recurrente en el s XVII, no se prestaba especial atención al hecho de que la autora fuera mujer, española y se llamara María de Zayas. Es decir, en un mundo dominado en todos los ámbitos posibles por el hombre, no era relevante apercibirse del sexo del autor si éste era femenino y, puesto que las imitaciones muchas veces se servían de traducciones, la obra de Zayas se veía sometida a un “doble filtro” del que, difícilmente, podría salir con bien la escritora madrileña.

    Por supuesto, todo lo que hemos dicho no son más que conjeturas puesto que no conocemos los verdaderos motivos por los que esta autora ha suscitado tan poco interés en nuestros días a pesar del éxito que cosechó en su época. Lo único cierto es que sólo en el restringido ámbito filológico nos encontramos de vez en cuando con algún estudio (ya sea artículo o libro) sobre María de Zayas. Y esto no hace

    sino despertar aún más nuestra curiosidad e interés por esta mujer que vivió durante el siglo XVII en Madrid (aunque viajará con frecuencia) y que fue una “adelantada de su época” exigiendo el derecho de las mujeres a la libertad y a la educación y abogando por la igualdad de los sexos en cuestiones amorosas.

    1.2. Contexto socio - histórico de su época.

    Es evidente que el marco socio - histórico en el que se desarrolló la obra de María de Zayas no era el más adecuado para una escritora que defendió con energía el derecho de las mujeres a un trato más justo por parte de los hombres.

    El siglo XVII, en el que ya imperaba una mentalidad patriarcal, se basó en el pensamiento aristotélico que promulgaba que la mujer era un <<animal imperfecto>> para explicar la superioridad masculina. También apelaron a la <<ley divina>> para justificar dicha superioridad: la mujer había sido creada del costado del hombre para que él no estuviese solo y para que fuese su ayudante y aunque también poseía alma y por lo tanto podía salvarse y condenarse igual que el hombre, en este mundo era sensiblemente inferior a él. Pero no solamente era inferior sino que, además, se identificaba a la mujer con la sexualidad y la propensión al vicio.

    Por todo esto, la mujer estaba relegada al ámbito de lo privado y doméstico, siendo excluida de las escuelas y universidades. Su educación, en el mejor de los casos, era encargado a un preceptor casero que sólo le enseñaba los rudimentos de la lectura y de la escritura.

    El discurso público, oral y escrito, de la mujer era duramente condenado por varios predicadores, tratadistas y escritores, quienes pensaban que la liberalidad de su uso se relacionaba con la inmoralidad. El silencio femenino se relacionaba con la castidad, la elocuencia femenina con la promiscuidad. Siendo así el silencio una condición de su género, ¿qué decir de la mujer que rompía este edicto social? ¿Qué decir de la que tomaba pluma y hacía públicos sus escritos, fuera por la circulación de sus manuscritos dentro de un reducido público, como el de un círculo literario, o fuera para un público más extenso por medio de su impresión? En primer lugar, por ostentar su erudición, se hacía blanco de censuras, diatribas, mofas y sátiras. Y esto ocurría porque, al hacer públicos sus escritos, implícitamente buscaba la fama, y la fama era privilegio y condición del hombre, así que la mujer que buscaba la fama pregonaba su

    deshonra y su desvergüenza. Por el mero hecho de hacer públicos sus escritos, la mujer se hacía mujer pública , y, por consiguiente, se exponía a toda clase de invectivas masculinas.

    Por todo lo dicho anteriormente, el feminismo en María de Zayas no puede ser sino un <<feminismo conservador>> que sólo puede ser entendido en el contexto de su tiempo: su deseo principal es defender la honra de las mujeres y por ello insiste en su constancia en el amor. Reprocha a los hombres el denigrar sistemáticamente a las mujeres y, por unas que yerran, condenar a todas.

    Varios críticos mantienen que Zayas no ofrece soluciones, no propone modelos alternativos para mejorar su sociedad y la condición de la mujer. Pero, precisamente, debido a este contexto del patriarcado que la define y la confina, los argumentos defensivos de la escritora madrileña serán los vituperios y vilipendios contra los hombres, el reclamo de letras y armas para las mujeres y la denuncia de la injusticia que permitía la violencia física y psicológica de la mujer. Aunque esto sólo lo comprenderemos si leemos con detenimiento su obra.

    2. DESARROLLO.

    2.1. Vida de María de Zayas.

    Se conocen muy pocos datos fidedignos acerca de la peripecia personal de doña María de Zayas y Sotomayor. La crítica en general acepta que nació en Madrid, afirmación que aparece ya en la primera edición de sus novelas.

    Puede postularse que pertenecía a una familia noble. Esos orígenes aristocráticos justificarían, por lo menos en parte, el talante altivo e ideológicamente conservador del que, con frecuencia, hace gala doña María. No sabemos si permaneció soltera, si se caso o se metió a monja y se desconoce asimismo la fecha de su muerte. A ese respeto, parece que ninguna de las dos partidas de defunción, una de 1661 y otra de 1669, aportadas sin demasiado convencimiento también por Serrano y Sanz pertenece a la escritora. Si conservamos, en cambio, algunos testimonios que permiten reconstruir el mapa de las amistades y preferencias literarias de doña María, basándonos en los

    poemas que compuso en elogio de Miguel Botello (1621 y 1622), Juan Pérez de Montalbán (1624 y 1639), Francisco de las Cuevas (1626), Antonio del Castillo de Larzábal (1632) y Lope de Vega, en cuyo homenaje póstumo participó en 1636.

    En justa correspondencia, compusieron poemas para publicarlos al frente de sus Novelas amorosas, entre otros, Alonso de Castillo Solórzano, Ana Caro de Mallén y Juan Pérez de Montalbán. Participó en certámenes poéticos y academias literarias madrileñas.

    En 1632, fecha de la publicación del Para Todos de Montalbán, era ya conocida como poeta, había terminado su comedia y había redactado una primera versión de sus novelas que contenía únicamente ocho relatos.

    Sus viajes y estancias en Nápoles, Valladolid, Zaragoza no pasan de ser conjeturas que sus comentaristas, en especial Amezúa, han deducido de los cargos que desempeño su padre o de alusiones y descripciones que la escritura introduce a lo largo de su obra narrativa, sin embargo, como apunta Illera, nada puede afirmarse con seguridad de lo que fue su vida. Martínez del Portal considera probable que hacia 1635 fijara su residencia en Zaragoza, donde coincidiría con Castillo Solórzano que vivió en esa ciudad entre 1635 y 1637. Lo único cierto es que allí se publicaron sus dos colecciones de relatos, en 1637 y 1647. Sin embargo, a partir de esa última fecha se desconoce

    cualquier otro dato, es - en palabras de Amezúa - <<como si se la hubiera tragado la tierra>>.

    De la celebridad que alcanzó dan fe la cantidad de ediciones que se publicaron tanto de las primeras como de las segunda parte de sus novelas.

    Su obra ha conseguido mantener el interés del público durante más de tres centurias y, aunque probablemente ese interés haya estado suscitado a lo largo de todos esos años por motivos diversos - desde la pasión barroca por la acción trepidante y sorprendente, pasando por la afición dieciochesca a las historias licenciosas, hasta el vértigo pasional exigido por los lectores románticos -, no es menos cierto que todos ellos se sustentan en un acicate que les es común, nos estamos refiriendo, como ya se habrá adivinado, a la manera con que es tratada en estos textos la condición social de la mujer en la España barroca, aspecto que continúa siendo atractivo para la investigación literaria en la actualidad.

    Orgullosa de su pertenecía a la nobleza, desprecia a la plebe y habla con particular rencor de los criados. Acepta plenamente el orden establecido y, cuando después de

    1640, comprende la decadencia de su país, vuelve los ojos al pasado, añorando los tiempos gloriosos de los Reyes Católicos, de Carlos V y de Felipe II cree firmemente en la capacidad intelectual de las mujeres, defiende su derecho a la cultura y a desempeñar cargos de responsabilidad, y escribe, sobre todo sus Desengaños, movida por el deseo de defender el buen nombre de las mujeres y advertirlas de los engaños masculinos.

    Su desencanto (y en ocasiones resentimiento) ante los hombres y ante el amor, su deseo de desengañar a las mujeres de defender su buen nombre, explican que María de Zayas haya sido considerada por muchos críticos, como Sor Juana Inés de la Cruz, como una defensora temprana de las tesis feministas. También en este caso el riesgo de caer en los siglos XV y XVI y que en XVII aparecía ya trivializada. Ni siquiera fue la primera mujer que defendió en España la capacidad intelectual de la mujer, pues ya a mitad del siglo XV una monja, Teresa de Cartagena, había sostenido estas teorías.

    María de Zayas trata el tema con unos presupuestos mucho más conservadores de lo que a primera vista podría parecer. Su deseo principal es defender la hora de las mujeres. De ahí que insista en su constancia en el amor y reproche a los hombres el denigrar sistemáticamente a las mujeres.

    2.2. Obra de María de Zayas.

    Compuso diversos poemas que le dieron cierta celebridad antes de la aparición de sus Novelas. Algunos fueron versos de alabanza de sus contemporáneos, otros poemas amorosos o satíricos, que incluyó en sus novelas o en su obra dramática.

    Celebró en un soneto a Felipe IV y redactó una composición para la IXª condesa de Lemos, lamentando la ausencia de su marido. También participó con sus versos en certámenes. Es posible que buena parte de sus poemas no se haya conservado puesto que nunca hizo de ellos una edición independiente.

    Se ha conservado una comedia suya, en manuscrito, Traición en la amistad, de la que Montalbán alabó sus <<excelentes coplas>> y se ha supuesto que compuso otras muchas perdidas o anónimas.

    Su comedia no está exenta de interés pero carece de acción y es difícil que pudiese triunfar, en este sentido, en el escenario. Nada prueba que María de Zayas compusiese otras comedias. Pronto, a juzgar por las declaraciones de Montalbán, inició la redacción de novelas breves, como también Lope y el mismo Montalbán, entre otros, habían

    hecho, género para el que estaba mucho mejor dotada que para la comedia. Conviene, por lo tanto, hacer una introducción sobre la novela breve en el s. XVII.

    2.2.1. La novela breve en la primera mitad del s. XVII

    María de Zayas debe su celebridad a la novela breve de tipo amoroso. El género cobra particular importancia en España entre 1620 y 1640, pero sus orígenes son muy antiguos.

    En el mundo occidental se ha señalado como primera novelita de amor la historia de Afrodita y Ares narrada en la Odisea (canto VIII), La Historia de Psiqué, contenida en el Asno de Oro de Apuleyo, es el más claro precedente de la intercalación, en relatos de índole diversa (en este caso satírico), de pequeña novelas amorosas, como encontramos en la España de los siglos XVI y XVII.

    El uso de “nova” o “novella” (originariamente <<novedad>>, <<noticia>>) para designar un relato breve es antiguo: está ya documentado en Raimon Vidal (primera mitad del siglo XIII) e incluso anteriormente en antiguo francés. Los escritores italianos, y particularmente Boccaccio, lo toman del provenzal. En Italia y en Francia el término se impuso muy pronto pero encontró mayor resistencia en Inglaterra y en España.

    El término novela, contenía cierto matiz peyorativo, que hizo que se ensayaran otras denominaciones, como la de patraña utilizada por Timoneda (1567). Cervantes funde la antigua y la nueva denominación al dar el título de Novelas ejemplares a su colección (1613). Pero el término no se impuso definitivamente: Céspedes y Meneses prefiere llamar historias a sus novelas (Historias peregrinas y ejemplares, 1623). María de Zayas lo utiliza el título de su primera colección, pero opta por sustituirlo por maravillas en el interior del texto y por desengaños en su segunda obra.

    Las Novelas ejemplares de Cervantes inician la larga serie de novelas breves españolas del siglo XVII. Con Cervantes la novela breve se ha convertido en un género muy distinto al que había acuñado Boccaccio: ha aumentado su extensión, hasta el punto de que cada novela cobra entidad e independencia, por lo que el autor prescinde del marco introductorio. Desaparece la noción de relato construido en torno a un único

    suceso. Se incorporan elementos y técnicas procedentes de otros géneros, como la novela bizantina y picaresca, etc.

    Tras Cervantes, se multiplican las ediciones de novelas breves españolas, con frecuencia llamadas moderadamente novelas cortesanas.

    La novela breve surge tardíamente en España pero durante más de veinte años se convierte en uno de los géneros más cultivados.

    En España predominó la novela amorosa, en general de aventuras. El elemento esencial de estas novelas es la acción: los personajes están supeditados a ella, y, por lo tanto, son someramente trazados. La aventura amorosa y los obstáculos que se oponen a la pasión ocupan en general el escenario.

    La novela del siglo XVII no pretendía reflejar la realidad, lo que a ningún contemporáneo habría parecido digno de interés. Pero muestra numerosos aspectos de la vida de la época. Así, el sorprendente dinamismo de la novela guarda cierta relación con el de muchos españoles de entonces.

    Los autores adoptan elementos de dispar procedencia y, buscando admirar al lector, no rehúsan recurrir a lo maravilloso, a la magia o al milagro.

    El autor se introduce a menudo en el relato para enjuiciar la conducta de sus personajes, lamentar sus errores o exponer las enseñanzas deducibles de su novela.

    A esta somera caracterización fácilmente explicable por las ideas psicológicas de la época, se añade que, en la novela corta española, el personaje ocupa un lugar secundario frente a la acción, lo que explica que en ocasiones se le someta a un comportamiento incoherente para plegarse a las exigencias de la intriga, sobre todo si se trata de un personaje secundario.

  • Las novelas cortas de María de Zayas.

  • María de Zayas publica dos colecciones de novelas enmarcadas, cada una de ellas compuesta por diez novelas. El marco no ofrece en principio gran novedad: un grupo de amigos y amigas se reúne en casa de Lisis para acompañarla en su convalecencia de unas fiebres cuartanas y deciden entretenerse durante cinco noches, narrando novelas. A los dos relatos se añaden bailes, músicas, canciones e incluso alguna representación

    dramática. Pero la autora intenta conferir una mayor densidad al marco al introducir en él una pequeña trama que corre paralela al desarrollo de los saraos: los amores no son correspondidos de Lisis y don Juan, la aparición de don Diego, pretendiente de Lisis, su discusión con don Juan - puesto que éste aunque prefiere a Lisarda, no desea perder el amor de Lisis - y finalmente la promesa de matrimonio de Lisis y don Diego.

    La vinculación entre marco y novelas es distinta en la segunda parte. La relación entre la historia narrada y el carácter del personaje del marco que la cuenta es escasa, salvo en la primera novela y tal vez en novena, en la que la única religiosa del grupo, doña Estefanía, cuenta un desengaño que es un verdadero relato hagiográfico y un milagro mariano al estilo medieval.

    Evita María de Zayas el término novelas. Sólo lo utiliza en el título de su primera colección, probablemente para beneficiarse del éxito alcanzado por las novelas cervantinas. Pero en el interior de esta obra utiliza sistemáticamente el término maravilla y en la segunda llama a sus relatos desengaños.

    El Pinciano veía como un elemento esencial de la obra literaria el suscitar la admiración. No puede suscitar la admiración un hecho o personaje trivial, de ahí el carácter extraordinario de sus historias. Lo extraordinario puede fácilmente parecer increíble y, por lo tanto, perder toda posibilidad de influencia sobre el lector. Sólo lo verdadero conmueve y es imitable. La novelista, consciente de esta dificultad, pone especial interés en acrecentar las apariencias de veracidad de sus obras. Diríase que, entre los distintos tipos de fábulas aceptadas por Aristóteles, la verdadera y verosímil , María de Zayas opta, como hace por esos mismos años en Francia Corneille, por la historia inverosímil aunque verdadera o al menos intenta presentarla como tal. Intenta crear la impresión de veracidad en sus novelas, situándolas en un marco geográfico familiar para los contemporáneos, introduciendo un cierto número de costumbres de la época o de los países, aludiendo a acontecimientos o personajes históricos.

    Incluso los elementos más fantásticos se intentan justificar. No era increíble para los contemporáneos la posibilidad de pactos con el demonio, frecuentes en la literatura moralizante medieval, sobre todo en los milagros marianos.

    María de Zayas utiliza dos veces el pacto de un hombre con el demonio para conseguir sus propósitos amorosos (I, 10 y II, 9).

    Aunque algunos de estos elementos mágicos tuviesen un apoyo en las creencias de su época, suponían, en cierta medida, una introducción de la fantasía en un marco cotidiano. Es posible que, muy a pesar suyo, estos elementos mágicos, procedentes en algunos casos de los viejos relatos medievales, contribuyeran al éxito de la autora en el siglo XVIII, en el siglo de la novela gótica.

  • El <<realismo>> de María de Zayas.

  • Durante años se alabó el realismo de las novelas de María de Zayas y en general de la novela breve castellana. Era opinión frecuente en los críticos españoles e incluso en críticos extranjeros. En los últimos veinte años se han revisado estas opiniones y se ha insistido en la total ausencia de realismo de estos relatos.

    La novela breve española parece realista comparada con las novelas caballerescas o con las extensas novelas bizantinas o <<históricas>>. Pero no es la realidad lo que interesa a los autores, salvo pequeños detalles que permiten acercar la obra al lector y favorecer su identificación con la aventura vivida por los personajes.

    Es interesante, en este sentido, el uno que María de Zayas hace de las descripciones. Cada novela transcurre en una ciudad de las dependientes de la Corona española (aunque los protagonistas masculinos fácilmente se desplazan de un lugar a otro), pero no existe ningún interés por mostrar sus peculiaridades, como tampoco en los novelistas contemporáneos.

    Tampoco interesa a la autora trazar individuos perfectamente perfilados. Sus personajes están supeditados a la acción y, aunque se ha apuntado el sabor psicológico de sus relatos, no existe interés por su individualización. En cambio, destaca la autora por su habilidad para pintar con fuerza ciertos estados anímicos, especialmente el carácter irresistible de la pasión amorosa o el desencanto de la mujer enamorada descuidada por el marido.

    María de Zayas sigue las tendencias de su tiempo pero desarrolla considerablemente la estética de la admiración. Le interesa lo extraordinario y no rehuye, antes al contrario, lo extraño y lo desagradable. Todo esto explica que algunos críticos hayan hablado del <<romanticismo>> o <<prerromanticismo>> de su obra.

  • Pluralidad de acción.

  • Muy pronto desapareció la vieja sencillez del relato boccacciano (que era, en general, también la del cuento medieval), centrado en torno a un único suceso. La novela breve española, como la mayoría de las novelas largas de la época, tiende a la pluralidad de acción.

    Se piensa, además, que la diversidad de elementos es esencial para suscitar el placer estético (como había mostrado el Ariosto). La afición a los extensos relatos picarescos o bizantinos favorecía también esta tendencia. La diversidad de peripecias se sentía como un enriquecimiento del relato. María de Zayas muestra particular predilección por este procedimiento. Casi todas sus Novelas amorosas y ejemplares incluyen, al menos, dos sucesos diferentes. En algunos casos la

    historia lo requería, como en La burlada Aminta (I, 2), el relato de la burla de Aminta y su ulterior venganza. Pero esta estructura bimembre aparece incluso en relatos que no parecían exigirla. Aventurarse perdiendo (I,1) nos cuenta las desventuras de Jacinta con don Félix y luego con Celio.

  • Relatos de desengaño.

  • Si María de Zayas acepta muchas de las convenciones de la novela breve de su tiempo, quiebra, en cambio, uno de los tópicos más persistentes en la literatura de gran divulgación de la época (la comedia y la novela): la del final feliz (El imposible vencido, I, 8, y El juez de su causa, I, 9), otras tres terminan con una boda con un nuevo pretendiente, tras un profundo desengaño (La burlada Aminta, I, 2; El desengaño amando I, VI; Al fin se pega todo, I, 7). La mayoría de sus protagonistas acaban huyendo del mundo y buscando la tranquilidad en un convento. Sobre todo los Desengaños terminan indefectiblemente con la muerte de la protagonista o su encierro en un convento.

  • Novelas de amor.

  • El amor es el motor esencial de sus novelas. No ahorra detalles para describir todos los elementos del cortejo amoroso: paseos por la calle de las damas, serenatas nocturnas, billetes amorosos, regalos a los criados para conseguir su complicidad, etc. El amor surge a la vista de al dama o el caballero, es un sentimiento que se impone a la voluntad, sin que nada pueda resistirle.

    Sus mujeres son particularmente activa en cuanto a amor se refiere. No rehúsan recorrer el mundo, bajo disfraces masculinos o de esclava (como en II,1), par buscar al amante infiel, sobre todo si han sido deshonradas.

    Se ha observado el fuerte componente erótico del amor en sus novelas, lo que les da cierto aire de novedad y de autenticidad. María de Zayas presenta los efectos del amor en sus protagonistas como una pasión arrolladora, a la que nada puede detener, Las muchachas acceden fácilmente, pese a la importancia que tiene para ellas el sentimiento del honor, a las solicitudes de sus pretendientes, bajo promesa de matrimonio.

    En el fondo María de Zayas parece intuir la fuerza de la pasión pero al mismo tiempo lanza sobre ella una mirada desengañada: en los hombres es sólo un deseo que causa hastió una vez satisfecho; sólo las mujeres son indefectiblemente fieles y tenaces en sus sentimientos.

    El sentimiento de frustración que descubre la autora al considerar la situación de las mujer, unido a su fuerte sentimiento del honor, hace que la única solución que vea para ellas sea la huida del mundo, el refugio en el convento como religiosa o como laica. Es la actitud que toma Lisis al final de la obra.

    No se ha pensado que esta solución, en apariencia puramente negativa, no lo era tanto para su tiempo, Un hecho es incontestable: muchas mujeres escritoras españolas del siglo XVII pertenecen al mundo religioso. Unos años después, la monja mejicana sor Juana Inés de la Cruz declarará haber adoptado el estado religioso por “la total negación que tenía la matrimonio”. Es una sociedad que endurecía sus posturas tradicionales, que alentaba en los hombres los recelos ante las “bachilleras”, no parece que una mujer pudiese fácilmente compaginar la vida doméstica con las letras. El convento ofrecía a las mujeres interesadas en el estudio un ambiente mucho más propicio que el matrimonio. Algunos conventos de la época contaban con mujeres de gran cultura. Añadamos a esto la idea pesimista que María de Zayas tiene del amor de los hombres y tal vez comprenderemos mejor lo que suponía en su momento la solución propuesta por la autora.

    3. ConclusiÓn.

    María de Zayas es una hábil novelista. Sabe manejar con soltura tonos distintos, desde el chiste y la ironía hasta lo fantástico, onírico e incluso lo truculento. Con un estilo - salvo excepciones - sencillo, logra conectar al lector con las peripecias de sus personajes. No era su intención pintar personajes de carne y hueso pero, en ocasiones, logra con gran perspicacia captar los estados anímicos de sus protagonistas.

    Imbuida profundamente de aristocratismo y conservadurismo, ve el mundo de su época con ojos desencantados, descubriendo tras las grandes ideas y las palabras altisonantes el engaño.

    Pese a su ortodoxia estricta y su horror del pecado, tuvo particular intuición de la naturaleza humana, supo comprender el amor en su fuerza irresistible, en sus inclinaciones eróticas. No es extraño que esta novelista del desengaño, que se proponía ante todo advertir a las mujeres e inculcarles un ideal de huida del mundo, lograse persistir más que ningún novelista contemporáneo, salvo Cervantes, Mateo Alemán y Quevedo, a lo largo de casi dos siglos. Pues, tras sus creencias conservadoras y convencionales, existen impulsos y contradicciones, de los que seguramente la autora no era plenamente consciente, que supo reflejar en muchas de sus creaciones. De ahí que algunos de sus relatos, después de los de Cervantes, descuellen en un género que rara vez superó el tópico y el convencionalismo.

  • Desconocimiento actual de la autora.

  • Lo único que podemos concluir a estas alturas de nuestro trabajo es que, en general, encontramos un gran desconocimiento de María de Zayas, en todos los sentidos. Con respecto a su vida, está plagada de conjeturas y, aunque conocemos gran parte de su obra, la crítica literaria parece no haber reparado en su figura hasta hace relativamente poco tiempo.

    Puede que esto se deba a la reivindicación feminista de Zayas, teniendo en cuenta que durante el Renacimiento y el Siglo de Oro comenzaron y se multiplicaron los discursos sobre las condiciones de la mujer perfecta (Luis Vives y Fray Luis de León formulan sus célebres conceptos de la mujer irreprochable y perfecta). El modelo será

    “La perfecta casada” de Fray Luis que valoraba cosas como que la mujer viviera casi y exclusivamente para complacer al marido y ser una buena ama de casa.

    Podemos hacernos una idea de la situación de opresión de la mujer en esta época. Así que podemos suponer que esto ayudaría al desinterés por su obra. Sin embargo, sabemos que el éxito de Zayas fue notable en su época así que... ¿Por qué no ha continuado ese éxito hasta nuestros días? ¿Es posible que su figura se viera eclipsada por otros autores de la época?.

    Quizá sea especular en exceso por nuestra parte pero... ¿es posible que su olvido se haya visto motivado por el hecho de ser una mujer que se introdujo en un espacio sociocultural que no le correspondía por su sexo?.

    Es cierto que, posteriormente, otras autoras tuvieron mayor fortuna literaria. Podemos citar a modo de ejemplo a Gertrudis Gómez de Avellaneda o sor Juan Inés de la Cruz. Pero no olvidemos que estas autoras pertenecen al siglo XIX. Siglo en el que, debido a la eclosión del Romanticismo, comenzó a valorarse el tipo de escritura que reivindicaban las mujeres desde hacía tanto tiempo, Además, en el caso de sor Juana, se vio “obligada” a meterse en un convento par remitirse al ámbito (aún reducido) cultural que su sexo le permitía.

    En cualquier caso si algo está claro es que María de Zayas ha sido relegada al “marginal” ámbito de la investigación específica. Y esto, además de un error, es verdaderamente triste porque creemos que se trata de una escritora que tenía mucho que decir y que aportar en la historia de nuestra literatura. Por tanto, merecía mejor suerte.

    3.2. Epílogo.

    Juan Pérez de Montalbán, dice de María de Zayas:

    “Dulce sirena, que la voz sonora

    Apolo te presto desde su esfera,

    de la Acidalia diosa verdadera

    imagen, por quien Marte tierno llora...”

    Como una “dulce sirena” la atracción por la enigmática persona de María de Zayas y su paradójica voz nos ha llevado por caminos “laberínticos” a la hora de intentar comprenderla cultural y literariamente e, igualmente, intentar posicionarla social e ideológicamente. Zayas, mujer que se hace pública en un espacio literario institucionalizado como dominantemente masculino, se enfrentará a un problema de representación...

    La posición de Zayas es totalmente ambigua alzándose como una presencia atractiva y al mismo tiempo desafiante. Cuestiona los límites sociales y culturales que la determinan a esta situación resulta peligrosa ya que la mujer no es sólo una víctima pasiva de la opresión masculina sino que sabe aprovecharse de esta opresión para reconstruirla como una forma de poder introduciéndose en un mundo reservado a los hombres.

    En las novelas de Zayas hay mujeres que se vengan de los hombres con sus propias manos, doncellas que aborrecen en matrimonio porque les resta libertad, y damas que requieren amor usurpando al caballero el papel activo que la literatura les había reservado siempre. Sus novelas, cargadas de erotismo, violencia y humor, rompen el horizonte de expectativas de los aficionados al género en una actitud que se parece a la que mantuvo Cervantes en sus Novelas ejemplares (1613), sintetizando el naturalismo celestinesco con el idealismo pastoril.

    Si la literatura amorosa de entretenimiento solía culminar con el feliz matrimonio de los protagonistas, muchas de las novelas de María de Zayas comienzan precisamente en este punto, en este matrimonio estilizado por la literatura, con el fin de que el lector lo vez descomponerse ante sus ojos. Su propósito es denunciar la inconsistencia del amor masculino, advertir de sus engaños y mostrar sin melindres cómo el cortejo se convierte siempre en desamor y éste frecuentemente en malos tratos.

    ( Yllera, pags 49 - 50)

    Walter Pabs, “La novela corta en la teoría y en la creación literaria. Notas para la historia de las antonimias en las literaturas románicas”, versión española, Madrid, Gredos, 1972, pág 29, n, 10.

    La denominación de novela cortesana fue acuñada por Amezúa.

    Evidentemente sus relatos no son verdaderos pero la autora se esfuerza en presentarlos como tales.

    Por ejemplo: Valbuena, Amezúa o Rincón.

    A ello habría que añadir El jardín engañoso (I, 10) de carácter distinto.

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