Marcel Proust

Literatura francesa universal contemporánea siglo XIX y XX. Narrativa y poesía romántica. Existencialismo. Biografía. Obras literarias. Estilo proustiano

  • Enviado por: Pedro Tucto Bustamante
  • Idioma: castellano
  • País: Perú Perú
  • 7 páginas
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Marcel Proust

Valentin Louis Georges Eugène Marcel Proust, conocido como Marcel Proust (París, 10 de julio de 1871 - 18 de noviembre de 1922), fue un escritor francés, autor de la serie de siete novelas En busca del tiempo perdido, una de las obras más destacadas e influyentes de la literatura del siglo XX.

Biografía

'Marcel Proust'
E
n 1894 publica Los placeres y los días, una recopilación de poemas en prosa, retratos y relatos largos en un estilo decadente. Ilustrado por Madeleine Lemaire, dueña del salón que Proust frecuenta con asiduidad junto con su amigo Reynaldo Hahn, el libro le trae a Proust una reputación de diletante mundano que no se disipará hasta la publicación de los primeros tomos de En busca del tiempo perdido.

En el verano de 1895 emprende la redacción de una novela que relata la vida de un joven preso de pasión por la literatura en el París mundano de finales del siglo XIX. La novela sólo es publicada de manera póstuma en 1952 por Bernard de Fallois bajo el título Jean Santeuil. La publicación consiste en una organización y edición de múltiples fragmentos, pero no constituye de ninguna manera un conjunto acabado. Allí evoca Proust notablemente el "Caso Dreyfus", del cual fue uno de los actores apasionados. Es asimismo uno de los primeros en hacer circular una petición favorable al capitán francés acusado de traición y en hacerla firmar por Anatole France. Hacia 1900 abandona la redacción de la novela.

Se vuelca en ese entonces hacia la obra del esteta inglés John Ruskin. Este intelectual que prohibió que se tradujera su obra mientras viviera es descubierto por Proust a través de la lectura de artículos y de obras como Robert de la Sizeranne y Ruskin et la religion de la beauté. La muerte de Ruskin en 1900 es aprovechada por Proust para iniciar la traducción de su obra. Para este fin emprende varios peregrinajes ruskinianos al norte de Francia, a Amiens y sobre todo a Venecia, en donde reside una temporada con su madre. El hecho está registrado en Albertina desaparecida.

Los padres de Marcel juegan un rol determinante en el trabajo de traducción: el padre lo acepta como un medio de poner a trabajar a un hijo que se rebela contra las funciones sociales y que acaba de dimitir del trabajo no remunerado en la biblioteca Mazarine. La madre influye más aún: Marcel no domina el inglés, así que ella realiza una primera traducción palabra a palabra del texto. A partir de allí Proust puede "escribir en excelente francés ruskiniano", como anota un crítico ante la aparición de la primera traducción. Aun cuando las dos primeras traducciones (siendo Sésame et les lys, de 1906, la segunda) son alabadas por críticos como Henri Bergson, la elección de las obras traducidas no resulta eficaz y constituye un fracaso editorial. Es esta, sin embargo, la etapa de la carrera en donde se afirma la personalidad de Proust. En efecto, acompaña sus traducciones de un abundante aparato crítico, con largos y ricos prefacios casi tan extensos como el texto mismo y con múltiples notas. A medida que traduce a Ruskin toma distancia Proust de las posiciones estéticas del autor inglés. Es esto particularmente evidente en el último capítulo de su prefacio a la primera traducción, en donde alterna entre la admiración y la confesión de distancia con respecto a las traducciones anteriores.

Tras la muerte de sus padres su frágil salud se deteriora en demasía a causa del asma. Vive recluido y se vuelca en su trabajo. Su obra principal, En busca del tiempo perdido, se publica entre 1913 y 1927, siendo el primer tomo publicado por su cuenta en la Editorial Grasset. Rápidamente, sin embargo, la editorial Gallimard reconsidera su rechazo inicial y acepta el segundo volumen: A la sombra de las muchachas en flor, por el que recibe en 1919 el premio Goncourt. Su homosexualidad, inconfesable en la sociedad de la época, está latente en su obra. Trabajó sin descanso en los seis libros siguientes de En busca del tiempo perdido hasta su muerte en 1922, víctima de una bronquitis mal tratada.

Obras

  • Los placeres y los días (1896)

  • La Biblia de Amiens, traducción libre de la obra de John Ruskin: The Bible of Amiens (1904)

  • Sésamo y Lys, traducción libre de la obra de John Ruskin: Sesame and Lilies (1906)

  • En busca del tiempo perdido

    • Por el camino de Swann (1913)

    • 1919 - A la sombra de las muchachas en flor (volumen 2 de En busca del tiempo perdido,) Premio Goncourt

    • El mundo de Guermantes I y II (1921-1922)

    • Sodoma y Gomorra I y II (1922-1923)

    • La prisionera (póstuma, 1925)

    • La Fugitiva (póstuma, 1927)

    • El tiempo recobrado (póstuma 1927)

  • Parodias y misceláneas

  • Crónicas (1927)

  • Jean Santeuil (póstuma, 1952)

  • Contra Sainte-Beuve (póstuma, 1954), ensayo

Los placeres y los días (fragmento)

Como la naturaleza, la inteligencia tiene sus espectáculos. Nunca las auroras, nunca los claros de luna que me han hecho delirar tan a menudo hasta las lágrimas, han sobrepasado para mí en apasionada ternura ese amplio incendio melancólico que durante los paseos del final del día, matiza tantas aguas en nuestra alma, que el sol cuando se pone, hace brillar en el mar. Entonces precipitamos nuestros pasos en la noche. Más que un jinete al que aturde y embriaga la velocidad creciente de un animal adorado, nos entregamos temblando de confianza y alegría a los pensamientos tumultuosos a los que, cuanto más los poseemos y los dirigimos, sentimos pertenecer cada vez más irresistiblemente. Es con emoción afectuosa que recordaremos el campo oscuro y saludaremos las encinas llenas de noche, como el campo solemne, como los testigos épicos del impulso que nos arrastra y que nos embriaga. Elevando los ojos al cielo, no podemos reconocer sin exaltación, en el intervalo de las nubes aún conmovidas por la despedida del sol, el reflejo misterioso de nuestros pensamientos: nos hundimos cada vez más rápido en el campo, y el perro que nos sigue, el caballo que nos lleva o el amigo que se ha callado, más aún, cuando a veces no hay ningún ser viviente a nuestro lado, la flor de nuestra solapa o el bastón que revolotea alegremente en nuestras manos febriles, reciben en miradas y en lágrimas el tributo melancólico de nuestro delirio. "

ARGUMENTO O COMENTARIO

Ese fin del siglo XIX produjo una literatura que tenía en la belleza de la palabra y en un mundo de vaguedades y personajes etéreos sus mejores logros. El joven Marcel Proust se incorpora a la literatura precisamente en ese momento y acoge ese afán sutil por la belleza en Los placeres y los días, su primer libro, en el que, por debajo del «cestillo de flores» que quiere ser, aparecen soterrados los temas que iban a convertir su narración mayor, A la busca del tiempo perdido, en la gran novela del siglo XX. En los relatos, poemas y prosas poéticas que forman Los placeres y los días, surgen aquí y allá esos temas: desde el cálido beso de la madre hasta la idea de culpa por una sexualidad que no se adapta a las normas sociales, pasando por la fina ironía con que el autor contempla el mundo aristocrático que le rodea, en el que aspira a insertarse, y del que en A la busca del tiempo perdido se convertirá en el crítico más acerado. Los placeres y los días se acompaña en esta edición de varios relatos y prosas pertenecientes a esa etapa inicial de Proust, unos publicados en revistas, otros olvidados por su autor, que en su mayoría nunca hasta ahora se habían traducido al español; fueron «olvidados» por distintos motivos, pero, sobre todo, porque la excesiva «claridad» a la hora de exponer amores condenados o culpabilidades criminales obligó a un Proust joven a guardar bajo llave lo que podía escandalizar y lo que terminó estallando en A la busca del tiempo perdido.

Por el camino de Swann (fragmento)

“M

ucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan prestos, que ni tiempo tenía para decirme:"Ya me duermo". Y media hora después despertábame la idea de que ya era hora de ir a buscar el sueño; quería dejar el libro, que se me figuraba tener aún entre las manos, y apagar de un soplo la luz; durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre lo recién leído, pero era muy particular el tono que tomaban esas reflexiones, porque me parecía que yo pasaba a convertirme en el tema de la obra, en una iglesia, en un cuarteto, en la rivalidad de Franciso I y Carlos V. Esta figuración me duraba aún unos segundos después de haberme despertado: no repugnaba a mi razón, pero gravitaba como unas escamas sobre mis ojos sin dejarlos darse cuenta de que la vela ya no estaba encendida. Y luego comenzaba a hacérseme ininteligible, lo mismo que después de la metempsicosis pierden su sentido los pensamientos de una vida anterior; e asunto del libro se desprendía de mi personalidad y yo ya quedaba libre de adaptarme o no a él; en seguida recobraba la visión, todo extrañado de encontrar en torno mío una oscuridad suave y descansada para mis ojos, y aún más quizá para mi espíritu, al cual se aparecía esta oscuridad como una cosa sin causa, incomprensible, verdaderamente oscura. Me preguntaba qué hora sería; oía el silbar de los trenes que, más o menos en la lejanía y señalando las distancias, como el canto de un pájaro en el bosque, me describía la extensión de los campos desiertos por donde un viandante marcha de prisa hacia la estación cercana; y el caminito que recorre se va a grabar en su recuerdo por la excitación que le dan los lugares nuevos, los actos desusados, la charla reciente, los adioses de la despedida que le acompañan aún en el silencio de la noche, y la dulzura próxima del retorno."

ARGUMENTO O COMENTARIO

"Por el camino de Swann" está formada por tres partes: "Combray", "Unos amores de Swann" y "Nombres de tierras. El nombre". La primera parte es de ritmo lento, con mucho detalle en las descripciones y nos cuenta de una forma más o menos autobiográfica los acontecimientos más destacados de la infancia de Marcel Proust.

En la segunda parte pasa lo mejor, sobre todo con Odette. Swann se enamora de Odette por un motivo tonto, y ésta al final le amarga la existencia. Aunque esta segunda parte se titule "Unos amores de Swann", en realidad el único amor es Odette. En la tercera parte, Proust vuelve a relatarnos detalles de su infancia. Además de tener importancia en esta parte los lugares como Venecia, Florencia, etc. que se destacan por su riqueza cultural en monumentos y obras artísticas. Lo que realmente importa en esta última parte, es que Proust se encuentra en sus caminatas por los campos Elíseos con la hija de Swann y Odette. Ella era Gilberta, que era acompañada por una dama que siempre la estaba leyendo "Debates", y Proust se hacía acompañar por Francisca. Los padres de Gilberta no estaban contentos de esta amistad de su hija, y los padres de Proust no estaban tampoco contentos con la esposa de Swann. Una mujer de mala fama, desde trabajar para alcahuetas hasta lesbiana.

Todo esto no importó a Swann que se casó igual con ella a riesgo de no ser aceptada esta unión entre su círculo social. La dama de los "Debates" parece ser que tampoco es trigo limpio, voy a ver si en la segunda obra continúa la primera.