Manifiesto de Sandhurst

Historia de España. Alfonso XII. Restauración monarquía. Bases de Manresa. Semana Trágica. Manifiesto de Alfonso XIII. Franco. Revolución Industrial

  • Enviado por: Naira
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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El manifiesto de Sandhurst

Se trata de un texto histórico de carácter narrativo. Dentro de los motivos lo podemos clasificar como un texto político, en cuanto a su clasificación según el destinatario, a pesar de ser una carta se trata de un texto público.

El autor es el príncipe Alfonso XII, hijo de Isabel II, futuro rey de España que reinaría de 1874 a 1885, comenzando con él la etapa conocida como Restauración de los Borbones.

Podemos encuadrar el texto en el año 1874 cuando termina la I República y se implanta la Restauración.

En el texto el príncipe Alfonso XII expresa su candidatura al restablecimiento de la monarquía constitucional a petición del pueblo pues ha recibido cartas expresando tal opinión. Tras la abdicación de su madre, es el único representante del derecho monárquico en España. Así mismo cita el exilio al que fue condenado junto con su madre tras el reinado de ésta. Establece su deseo de establecer una monarquía hereditaria y constitucional, acepta la existencia de cortes. Finalmente hace una declaración de principios: se declara español, católico y como hombre del siglo liberal.

Para la correcta comprensión del texto se hace necesario la aclaración de los siguientes términos:

Cortes: órgano que abrió sus sesiones en 1810 en San Fernando, Cádiz y que fue posteriormente trasladado a Cádiz en 1811. Su labor se orientó a la destrucción de los fundamentos sobre los que se apoyaba el Antiguo Régimen y a aplicar las ideas de los ilustrados. Su obra legislativa se plasmó en la Constitución de Cádiz de 1812 (esta fecha es citada en el texto, línea 15, “aquellas libres instituciones” refiriéndose a las Cortes9

Monarquía constitucional: es aquella en la que la autoridad del rey está limitada por la constitución.

1840: (línea 15) En 1840 se produce el final de la Primera Guerra Carlista, además del fin de la Regencia de Mª Cristina, abuela del Príncipe Alfonso XII, y el principio de los tres años de Regencia de Espartero, tras la cual se produciría la mayoría de edad de Isabel II y ésta asumiría el control del país.

En 1868 se produce la denominada Revolución gloriosa debido a la descomposición del régimen isabelino. Además la escasa participación que los progresistas habían tenido en el poder produjo un compromiso entre demócratas y progresistas. En el marco rural el malestar y descontento social unido a la mala distribución de la tierra, ya que la condición de los campesinos había empeorado tras las desamortizaciones pues, las tierras conocidas como bienes comunales fueron puestas a la venta y la burguesía se enriqueció a costa del deterioramiento de las condiciones de los campesinos, ya que además se produce un acortamiento en los arrendamientos y los salarios; todo esto provoca que los campesinos se unan a la Revolución. Aunque el ejercitó de Isabel II intenta hacer frente a los sublevados, Madrid se sumó al levantamiento e Isabel II fue derrocada y obligada a exiliarse a Francia, tal y como se cita en la línea 12 del texto. Tras el reinado de Isabel II se produce en España la búsqueda de un nuevo rey, el candidato elegido es Amadeo de Saboya hijo del rey Víctor Manuel II de Italia, el reinado de Amadeo I tuvo una fuerte oposición política por parte de numerosos sectores, las clases tradicionales nobleza y clero quienes apoyaban la causa alfonsina, ya que veían en el nuevo rey un peligro para sus intereses, la nobleza preveía la pérdida de sus privilegios y la Iglesia temía la separación de la Iglesia y el Estado propia de los estados democráticos; los carlistas creían que tras la caída de Isabel II su candidato tenía posibilidades de subir al trono, los alfonsinos empezaban ya ha organizarse en torno a Cánovas del Castillo basándose en la tradición histórica española y en la figura del príncipe Alfonso; así mismo los republicanos constituían también una oposición al reinado de Amadeo I. A la monarquía democrática le salieron demasiados problemas: la idea de la restauración monárquica cobraba cada día más fuerza. Tras la abdicación de Amadeo de Saboya en su nombre y el de sus descendientes se implanta en España la I República. La Primera República supone un deseo de estabilidad democrática tras el fracaso de la monarquía de Amadeo de Saboya. Contribuyeron también circunstancias exteriores, como el triunfo de EE.UU. como modelo democrático, el éxito y la implantación de la República francesa después de numerosos avatares revolucionarios, y la personalidad de líderes extranjeros con fuerte influencia sobre el pensamiento español. Para entender el fracaso de la I república es necesario explicar el sistema cantonalista que fue una de las principales causas del declive, en el texto las nefastas consecuencias de la I República se citan en la línea 3-4 “ (...) puede poner término a la opresión, a la incertidumbre y a las crueles perturbaciones que experimenta España.(...)”. El movimiento cantonalista se basaba en la exigencia de establecer la estructura federal del Estado de abajo hacia arriba, es decir, sobre la federación de unidades más pequeñas hasta la conformación definitiva del Estado, lo que suponía el rechazo a que dicha estructura federal viniera impuesta organizadamente desde las Cortes o por el propio Gobierno central. El resultado de este planteamiento sería la formación de cantones que se extenderían por el sur de la Península. El movimiento cantonalista unido a la oposición de las clases bajas y altas de la sociedad produjo un declive progresivo de la República. En la mente del conservador Cánovas del Castillo comenzaba a tornarse una idea que principalmente consistía en la no-participación del ejército en la vida política, en la Restauración de los Borbones en el poder pues tras la mala experiencia del reinado de Amadeo I la mejor opción, tal y como se cita en la línea 19 del texto, era una monarquía hereditaria constitucional, en un sistema de bipartidismo basado en el modelo bipartidista británico que básicamente consistía en: existían dos partidos, conservadores y liberales que se alternaban pacíficamente y no por medio de pronunciamientos en el poder, cualquier persona que no pertenezca a estos partidos no tiene relevancia en el plano político. El tercer pilar sobre el que se asienta la Restauración sería la presencia de unas Cortes bicamerales y el cuarto la constitución de 1876. Las principales características de esta constitución son: el Jefe del Estado es el rey: la monarquía es hereditaria y la regencia es asumida por su madre o por el padre, En cuanto al Gobierno, todos los actos y mandatos los refrendan los ministros y responden de ellos. Las cortes son bicamerales y tienen en sus manos el poder legislativo. Se produce un equilibrio constitucional de poderes: el Gobierno a de tener confianza de Cortes y rey. El sufragio fue censitario hasta 1890 muerto ya Alfonso XII (1885) cuando se produce el sufragio universal, se reconocen todos los derechos fundamentales pero las leyes reguladas fueron tardías. Los principios de organización política fueron: soberanía compartida y monarquía constitucional, recordemos la cita de Alfonso XII en el texto (línea 3). Tenemos pues que el sistema de Cánovas plantea dos posibilidades: la vuelta de Isabel II o la proclamación de Rey a Alfonso XII. En 1872 abdica Isabel II tal y como se cita en la línea 7 del texto, a sabiendas de que su vuelta al poder era casi imposible y se da un giro en los estudios del Príncipe Alfonso XII enviándolo a estudiar a Inglaterra, concretamente a Sandhurst, se consigue así el apoyo de Inglaterra a la Restauración y se impone el bipartidismo británico como modelo a seguir. Las negociaciones diplomáticas para lograr el reconocimiento de Alfonso XII por parte de las potencias europeas se desarrollaron sin grandes dificultades y en un clima en el que primaban más los intereses y las repercusiones que la simpatía. La Restauración ponía fin a la inestabilidad anterior, pero despertaba recelos en Viena y en la Santa Sede, que pensaban que la solución era unir la causa carlista y el alfonsismo. El canciller alemán Bismarck manifestaba su recelo respecto a la postura del gobierno alfonsino. Inglaterra temía que el nuevo régimen recortase las libertades conseguidas durante el sexenio. Francia mostraba simpatías por la Restauración, este país era refugio de los emigrados políticos. El impulso definitivo a la implantación de la Restauración fue el pronunciamiento de Martínez Campos por el que Alfonso XII era proclamado rey de España. Este pronunciamiento llevado a cabo en Sagunto no fue del agrado de Cánovas pues como ya dije anteriormente él no creía en el ejército como motor del cambio político. Una vez Alfonso XII en el poder se pone en funcionamiento el bipartidismo además de un nuevo sistema electoral. El sistema electoral de la Restauración consistía en: el reparto de cargos públicos a nivel local fue el centro del caciquismo, es decir, existió una enorme manipulación electoral a través de los caciques, empleados por cada uno de los partidos con el fin de asegurarse una mayoría cómoda en las Cortes. Al tiempo, se concedía un número razonable de escaños a la oposición para mantenerla dentro del juego. A los partidos no dinásticos se les impedía toda participación. El sistema estaba condicionado por muchos factores: el desinterés de pueblo hacia el sistema de partidos, el atraso económico, las relaciones de dependencia entre los campesinos y los terratenientes en las zonas rurales y el analfabetismo de la población. Cabe aquí hacer una precisión sobre que eran los caciques que eran las personas que dominaban y controlaban los principales resortes de un núcleo de población concreto sin que forme parte del poder local. El caciquismo funcionaba con un esquema básico: Una vez obtenido el decreto real de disolución, el presidente del consejo y su ministro de Gobernación componían una lista de seguidores a los que debían conceder un escaño. En las negociaciones locales, llevadas a cabo por el Gobierno con el gobernador civil de la provincia, hacía a su aparición el cacique: era el hombre que podía entregar los votos, tanto si era de una provincia como si era de una ciudad o un municipio. El cacique creaba su clientela proporcionando trabajo y favoreciendo económica y socialmente a sus clientes. Se producían negociaciones previas a las elecciones, cuyos resultados solían publicarse en la prensa, incluso con anterioridad a su fecha. Los sistemas más utilizados para la práctica del caciquismo fueron dos: en primer lugar el encasillado, sistema que consistía en la designación, por parte del gobierno de turno, del candidato más idóneo para sus intereses. Además existía el pucherazo que era una práctica por la que se acortaban todas las sendas para alcanzar el mismo objetivo: la imposición del candidato favorable a los propósitos ministeriales. Esto se conseguía a través de coacciones previas para manipular las elecciones, fraude en la confección de listas electorales, falsear el número de votos emitidos, robo, destrucción de actas de las elecciones, adelanto de horas de apertura y cierre de colegios sin previo aviso... En resumen, todo el sistema acabó descansando en el voto rural de zonas atrasadas como Galicia y Andalucía oriental.

Para concluir tras la I República, Cánovas del Castillo propone su sistema político basado en cuatro pilares: el rey, el bipartidismo, las Cortes y la Constitución de 1876, la Restauración tiene lugar en la figura de Alfonso XII, quien en el manifiesto de Sandhurst propone su candidatura. El impulso final de la Restauración tiene lugar por medio del Pronunciamiento de Martínez Campos. El sistema electoral de la Restauración esta caracterizado por todo tipo de manipulaciones de modo que las elecciones son ganadas por el candidato elegido por el gobierno. Posteriormente vemos como poco a poco el sistema de la Restauración se vendrá a bajo, con la muerte de Canalejas caerá el bipartidismo, en 1917 caerán las cortes, la constitución de 1876 será suspendida por el golpe de Primo de Rivera en 1923 y finalmente en 1931, Alfonso XIII tiene que abandonar España y se proclama la II República. Se produce entonces el fin de la etapa conocida como la Restauración.

Las bases de Manresa

Se trata de un texto histórico de carácter narrativo.

El autor del texto es la Asamblea Unió Catalanista.

Podemos encuadrar el texto dentro de la época de la Restauración española, concretamente en el año 1892 fue cuando se aprobaron estas bases.

En el documento se recogen las atribuciones del poder central y regional catalán. Dentro de las atribuciones del poder central podemos destacar: las relaciones internacionales, las relaciones económicas de España con los aranceles y el ramo de aduanas, la construcción y conservación de carreteras, ferrocarriles, canales y puertos que sean de interés general, los conflictos interregionales. Como atribuciones del poder regional citamos: la lengua catalana será la única que con carácter oficial se utilice en Cataluña y en las relaciones de esta región con el Poder Central, sólo los catalanes podrán desempeñar en Cataluña cargos públicos, Cataluña será la única soberana de su gobierno interior, el Poder legislativo radicará en las Cortes Catalanas.

Para la correcta comprensión del texto se hace necesaria la aclaración de los siguientes términos:

Cortes: Órgano legislativo con ámbito regional en este caso Cataluña.

Arancel: lista o catálogo de impuestos aduaneros aplicados generalmente por el gobierno sobre las importaciones y, a veces, sobre las exportaciones.

Las bases de Manresa aunque no se implantan reflejan una doctrina ideológica que recibe el nombre de nacionalismo. El nacionalismo es una doctrina que considera la creación de un Estado nacional condición indispensable para realizar las aspiraciones sociales, económicas y culturales de un pueblo. El nacionalismo se caracteriza ante todo por el sentimiento de comunidad de una nación, derivado de unos orígenes, religión, lengua e intereses comunes. Para comprender el por qué surge este movimiento en Cataluña debemos tener en cuenta los decretos de Nueva Planta que en la España de principios del siglo XVIII suprimieron el gobierno propio de los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y del principado de Cataluña. Fueron promulgados por Felipe V en respuesta al apoyo que las instituciones de estos territorios habían prestado al archiduque Carlos de Austria más tarde el emperador Carlos VI en la guerra de Sucesión. Obedecen, también, a la tendencia centralizadora que el rey había conocido en su Francia natal. Esta tendencia consideraba que la mejor forma de gobernar sus reinos y territorios era con unas mismas leyes y con unas instituciones similares que fueran totalmente dependientes de la Corona. Estos decretos supusieron la abolición de los fueros por los que hasta entonces se había regido Cataluña. Se eliminó el catalán de la administración pública y supuso un paso decisivo en el proyecto centralizador propio del absolutismo. Las Constituciones tanto la de 1812 como la de 1834 se basaban en el centralismo, lo que implica que los fueros sean supeditados a la constitución.

Debemos buscar los precedentes del catanalismo en la primera mitad del siglo XIX, en torno al desarrollo de una burguesía industrial y al movimiento cultural de la Renaixença, que revindicaba la lengua y los caracteres peculiares de la región, y como consecuencia el descontento por la política centralista llevada a cabo por el Gobierno central. En 1882 se funda la primera asociación unitaria del catalanismo, El Centre Catalá, con la voluntad de agrupar a todos los catalanes que estuvieran dispuestos a colaborar en el engrandecimiento de su país. Su divisa era “Cataluña adelante” y su actividad más importante fue la entrega de Memorial de greuges al rey Alfonso XII en 1885. Este memorial fue presentado directamente al soberano sin pasar por las Cortes, lo que provocó un hondo malestar en la clase política española. Mostró además la debilidad del sistema canovista en la periferia y la incapacidad de los partidos de turno para defender los intereses de la burguesía catalana.

El proyecto de Almirall suscitó una gran oposición en las filas del Centre Catalá, algunos de cuyos miembros crearon una nueva asociación, la Lliga de Catalunya, en la que se integraron hombres de la Renaixença.

En 1891 la Unió Catalanista se proponía integrar a todos los grupos e instituciones que estuvieran dispuestos a trabajar en la propaganda de las ideas regionalistas. Un año después la Asamblea de la Unió aprobó las Bases de Manresa. A través de un texto extenso se establecía la formación de Cortes Catalanas, como se recoge en la Base 7 del texto, el uso del idioma propio como lengua oficial en la Base 3 y que los cargos públicos fueran ocupados sólo por catalanes como se expresa en la Base 4, además de otras competencias. Este texto, sin embargo, no ofrecía soluciones a los problemas del momento ni señalaba el proceso para llegar a su implantación y tampoco influyó en la burguesía industrial ni en las clases populares. Fruto de esa decisión es la publicación en 1894 del Compendi de la doctrina Catalana, por Prat de la Riba, personalidad más destacada en la elaboración de las bases, en el que se afirmaba que España era un conjunto de nacionalidades y que la catalana no era sino una más de ellas.

Con motivo de la crisis de 1898, los empresarios catalanes pidieron a la reina Mª Cristina la implantación de la autonomía administrativa de las regiones y una mejora en la representación corporativa del Parlamento. El desastre colonial había creado buenas condiciones para un acercamiento entre la burguesía, respetuosa con la Restauración y un catalanismo partidario de la acción política. Los recelos de los gobiernos centrales culminaron en 1905 con in incidente desatado por el semanario humorístico Cu-Cut, con motivo de un chiste que los oficiales de la guarnición de Barcelona consideraron insultante. Tras este incidente exigieron al gobierno que los posibles delitos contra la patria y el ejército pasaran a la jurisdicción militar. Los oficiales destruyeron los locales de Cu-Cut y provocaron la caída del Gobierno y la alineación de las fuerzas regionales en torno a la Lliga regionalista. De esta manera nació en 1906 un grupo de fuerzas políticas radicadas en Cataluña, Solidaridad Catalana que se desintegraría un año más tarde debido a la heterogeneidad de intereses que agrupaba. En 1911 se creó la Unión Federal Republicana.

Otro ejemplo de nacionalismo en España fue el que se dio en el País Vasco, un Real Decreto de 1876 puso fin a las exenciones fiscales y militares, de las que había venido disfrutando el País Vasco, si bien se articulaba un nuevo concierto económico entre aquéllas y el Estado español. Esto significó una profunda crisis en la sociedad vasca, ante la cual iban a reaccionar distintos sectores sociales que acabarían convergiendo en torno al ideario nacionalista elaborado por Arana. Al analizar el nacionalismo vasco hay que considerar:

  • El marco político de la zona, apoyado en las instituciones forales y el desarrollo del proceso carlista.

  • El proceso industrializador y las transformaciones sociales que lo acompañaron.

Con la supresión de los fueros en el País Vasco se originó el movimiento del fuerismo, que aspiraba a una política de unión de todos los vascos, al margen de los partidos existentes, que tuvieran como objetivo la autonomía de la zona.

En el terreno cultural, la Sociedad Euskalerria de Bilbao, nacida en 1876, hizo posible la recuperación del euskera como lengua culta, que se llevó a cabo, como en el caso del catalán, gracias a al organización de Juegos Florales, del fomento de estudios lingüísticos y de la propaganda a través de la prensa.

Una de las características más importantes y peculiares del nacionalismo vasco es que fue formulado por una sola persona, Sabino Arana.

Para concluir, debemos tener en cuenta que debido a las regiones donde surgen los principales nacionalismos, ambas zonas industriales que el surgimiento de éstos es una forma de desviar la atención del proletariado de la Revolución contra los empresarios que tendría lugar después, en el movimiento obrero. Así mismo vemos que en ningún momento se defiende la Independencia de Cataluña sino una serie de competencias vemos por ejemplo la afirmación de Prat de la Riba “España es un conjunto de nacionalidades”. Los nacionalismos catalán y vascos no fueron los únicos. Podemos citar también el nacionalismo gallego, el valenciano y el andaluz. Con menor repercusión se dio también el nacionalismo canario.

La Semana Trágica

Se trata de un texto histórico de carácter narrativo, al clasificarlo por materias el texto es político-social y en cuanto al destinatario se trata de un texto público.

El autor del texto es la Asamblea de trabajadores de la Semana Trágica

Podemos encuadrar el texto dentro de la época de la Restauración española, concretamente en la crisis de esta época y dentro de Regeneracionismo. Más concretamente la Semana Trágica de Barcelona tuvo lugar en 1909 durante la Guerra Colonial en África.

En el documento se recoge la protesta del envío de ciudadanos útiles para la producción a la impopular Guerra de Marruecos y el llamamiento a declarar una huelga general.

Para la correcta comprensión del texto se hace necesaria la aclaración de los siguientes términos:

Huelga General: Arma política y utilizada por los anarquistas para conseguir la revolución social.

Durante 1898 España pierde sus últimas colonias: Cuba, Filipinas y Puerto Rico tras la guerra con EE.UU. Perdida toda su importancia en Europa, España ya sólo le quedan las llamadas Guerras de prestigio, donde pretende ganarse un puesto en el reparto colonial y conseguir el reconocimiento internacional. España tras el desastre de 1898 no puede permitirse Guerras lejanas a sus territorios por lo que la única opción se encuentra en África. Comienza así la Guerra de Marruecos por la que se protesta enérgicamente durante la Semana Trágica como vemos en la línea 6 del texto. Tanto en la crisis cubana como la marroquí, los dirigentes del PSOE, como Pablo Iglesias, manifestaron abiertamente su protesta contra la redención a metálico, los burgueses pagan para no ir a la guerra, consideremos las líneas 3 y 4 del texto donde se afirma “sólo los obreros hacen la guerra que lo burgueses declaran” y los abusos de la Ley de Reclutamiento, en suma, contra una guerra hecha por los pobres en beneficio de los ricos. Los intentos españoles de hacer rentables las posesiones del protectorado en el norte de África chocaron con los intereses de los indígenas y de los obreros españoles. Ante la demanda de tropas desde la zona, el Gobierno decidió el 10 de julio de 1909 hacer un llamamiento a la tercera brigada, ciudadanos útiles para la producción con esposas e hijos que alimentar, tal y como se cita en el punto 3 del texto (línea 10).. El embarque de tropas en el puerto de Barcelona provocó los primeros incidentes. Los grupos de izquierda encabezaron un movimiento que desembocó en una huelga general como se cita al final del documento, en principio pacífica. Las autoridades ordenaron la salida de las tropas a la calle la tarde del 26 de julio.

Durante varios días Barcelona quedó aislada y sometida a la acción incontrolada de anarquistas y jóvenes republicanos radicales, que centraron sus iras en la destrucción de edificios religiosos, conventos, centros de enseñanza e iglesias, veamos el punto 3 del Mitin de Tarrasa, donde se manifiesta que la cristianización de las colonias la hagan los curas y frailes que no tienen familia. Se formaron barricadas y de la huelga pacífica se pasó al motín generalizado. La insurrección se desbordó y se combatió duramente. El rechazo a incorporarse a filas para ir a una guerra impopular hicieron salir a la luz las condiciones de las familias obreras, que no podrían desprenderse de ninguno de sus miembros si querían mantener un nivel mínimo de salarios para alimentarse, en el texto líneas 7-9 los obreros se quejan de que la burguesía en lugar de proporcionar los medios de subsistencia a las mujeres cuyos maridos e hijos marchaban a la guerra les daban medallas y escapularios para que rezaran por sus vidas cuando ellas se estaban muriendo de hambre. Los sublevados esperaban que se produjera el contagio al resto de España. El balance oficial dio como resultado cinco muertos entre las tropas y 100 entre los civiles.

Las autoridades practicaron detenciones y procedimientos sumarios contra los presuntos culpables de los hechos. Fueron encarceladas más de 1000 personas y hubo cinco condenas a muerte, aunque la culpabilidad se hizo recaer en un solo hombre Francisco Ferrer Guardia. Era un libertario que había formado la Escuela Moderna, centro de enseñanza laica y racionalista con el objeto de conseguir un hombre nuevo para el futuro y romper con la formación tradicional. Fue condenado por ello y su condena desató una fuerte oposición internacional, considerándola como la eliminación de la escuela laica. El gobierno de Maura tuvo que dimitir.

Las consecuencias de la Semana Trágica tuvieron gran trascendencia y se alejaron de sus propósitos iniciales:

  • El recurso a la violencia como intento de solución de los problemas.

  • La crisis del turno y la monarquía parlamentaria.

  • El desarrollo del nacionalismo y del movimiento obrero catalán al margen de la política.

  • El desarrollo del incendiarismo y del anticlericalismo

Entre los políticos de la Restauración existirá la idea de que los movimientos populares de reforma conducían al desorden violento y no solucionaban los problemas contra los cuales se alzaban: la Guerra de Marruecos.

Para terminar: el intento de mandar ciudadanos a la impopular Guerra de Marruecos produjo una rebelión de carácter popular que tuvo repercusiones de todo tipo en la política. La Semana Trágica traería consigo la dimisión del Gobierno de Maura que daría un palo más a la ya acabada Restauración, cada vez estaban más cerca de la Dictadura. Tras múltiples desastres como el de Annual donde unos 6000 hombres fueron masacrados, y también tras múltiples victorias la Guerra de Marruecos, en 1925 se produjo la unión de fuerzas de Gran Bretaña y Francia con España y tras una larga preparación técnica, las tropas de España y Francia realizaron un desembarco en Alhucemas y el líder marroquí se rindió a Francia. La Guerra no terminaría hasta 18 años después de los acontecimientos de Barcelona, en julio de 1927.

Manifiesto de Alfonso XIII

Se trata de un texto histórico de carácter narrativo, al clasificarlo por materias el texto es político y en cuanto al destinatario se trata de un texto público.

El autor del texto es el rey Alfonso XIII que reinó en España de 1902 a 1931.

Podemos encuadrar el texto dentro del final de la dictadura de Primo de Rivera y la posterior implantación de la 1ª República. Concretamente la fecha de este manifiesto es el 14 de Abril de 1931

Podemos distinguir como ideas principales del texto como consecuencia de las elecciones se produce un comunicado del rey en el que se marcha del país pero sin renunciar a sus derechos, y manifiesta su intención de irse para no provocar una Guerra Civil.

En el documento se recoge la comunicación realizada por el rey Alfonso XIII sobre su deseo de abandonar España. Las razones que lo llevan a tomar tal decisión hay que buscarlas en la crisis de la dictadura de Primo de Rivera y en las responsabilidades que se le exigen por su apoya al dictador. Después de aceptar la dimisión de Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII trató de retornar el sistema oligárquico de la Restauración, restableciendo el viejo sistema constitucional como último intento de salvar la monarquía. Designó, como si nada hubiese pasado, al general Berreguer, uno de los máximos responsables en el desastre de Annual, para presidir un nuevo gobierno. Sin embrago, la monarquía se había ido quedando sin aliados. Alfonso XIII, a quien precisamente había protegido la dictadura de Primo de Rivera de unas posibles implicaciones en aquel desastre de Marruecos, había perdido la consideración de buena parte de la jerarquía militar, que juzgaba negativamente la actitud del monarca hacia el general dictador.

El rey Alfonso XIII manifiesta que hubiera podido defender sus derechos en forcejeo contra los que le combaten y que decide exiliarse para evitar una contienda civil, no obstante es que la rapidez con que el rey se deshizo de Primo de Rivera y su muerte en el exilio se consideró en el ejército como una bajeza y un menosprecio para el estamento militar.

Al abandono del ejército se unen las condiciones socio-económicas pues la dictadura del cirujano de hierro no había logrado solucionar los problemas estructurales. Estas circunstancias van a favorecer las firmas de un pacto entre la oposición republicana (pacto de San Sebastián de agosto de 1930). El resultado de este acuerdo fue la unión de las aspiraciones republicanas con las del nacionalismo catalán, llegando al compromiso de que la futura República presentaría un Estatuto de autonomía para Cataluña. Otro acuerdo importante fue la necesidad de entablar relaciones con las organizaciones obreras más importantes, PSOE y CNT, para atraer el apoyo obrero a la causa de la República. La caída de la monarquía se produjo como se señala en el texto en la línea primera por unas elecciones municipales celebradas en 1931, sin embargo, con anterioridad se habían producido algunos intentos de proclamar la República. El capitán Fermín Galán en 1930 en Jaca al frente de su guarnición proclamó la República siendo detenido por las fuerzas gubernamentales, condenado a muerte y ejecutado dos días más tarde de iniciada su rebelión. El segundo intento tenía que ser apoyado por una huelga general. El general Queipo de Llano, acompañado de un grupo de oficiales y un puñado de civiles, ocuparon el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid. Madrid no secundó la convocatoria de huelga general y los sublevados tuvieron que optar por la huida hacia Portugal. Como hemos dicho las elecciones municipales convocadas en abril de 1931 fueron decisivas, Los resultados con un triunfo de los partidos republicanos hizo que se convirtieran en un plebiscito (le preguntan al pueblo) sobre la monarquía. El ejército y la guardia civil no intervinieron para restablecer el orden ni reprimir a las masas. El conde de Romanones se entrevistó con Alcalá Zamora, que le exigió la salida del monarca del territorio español. El día 14 de abril es proclamada la República. Alfonso XIII abandonó apresuradamente el Palacio Real el día 14 rumbo al exilio. No volvería a España con vida.

En definitiva la salida del rey del país logra evitar posibles enfrentamientos civiles como era su deseo según manifiesta al final del primer párrafo. El paso de la monarquía a la República se realizó, pues, de forma pacífica con el respaldo de las urnas. Y aunque Existían grupos poderosos que no tenían predilección por la República, ni menos aún por un régimen democrático: la Iglesia, el ejército, las fuerzas de seguridad, los propietarios agrarios e industriales o los financieros no se movilizaron a favor de la monarquía. Con la proclamación de la Segunda República, los intereses de las masas, de la España Real, iban a aparecer en la escena política por primera vez en el siglo.

Se inicia una nueva etapa en la Historia de España que continuará hasta 1939 aunque desde 1936 se verá inmersa en la Guerra Civil. Tras las elecciones fue nombrado presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. En la primera fase (1931-1933) en la que el presidente del gobierno fue Manuel Azaña, el Gobierno de izquierda realizó muchas reformas que se vieron frenadas en la segunda fase (1933-1936) durante el Gobierno de derecha presidido por Alejandro Lerroux en colaboración con CEDA, en 1936 el Frente Popular obtiene la victoria, se elige como nuevo presidente de la república a Manuel Azaña y se pretende continuar con el proceso de reformas de la primera etapa, el estallido de la Guerra Civil frena los planes de la República.

En conclusión la caída de la monarquía se debió al fuerte descrédito del monarca y la marcha del rey sin renunciar a ninguno de sus derechos posibilitará en el futuro el restablecimiento de la monarquía en España en la figura de su nieto, el príncipe Juan Carlos de Borbón. (Juan Carlos I)

LLAMAMIENTO DE FRANCO.-

Nos encontramos ante un texto histórico - narrativo, de carácter político y destinatario público.

Con respecto al autor del mismo, puede verse que es Francisco Franco Bahamonde, Comandante General de Canarias, soldado africanista con una brillante carrera militar conseguida durante la Guerra de Marruecos que finalizó en 1927 y además fue un político español, jefe del Estado (1936-1975), responsable del régimen autoritario (franquismo) que se inició durante la Guerra Civil (1936-1939) y concluyó con la muerte del titular.

Con respecto al contexto en el que se encuadra, es claramente la 3ª fase de la II República Española, concretamente el día 18 de julio de 1936, iniciando la Guerra Civil Española (1936 - 1939).

Con este texto, Franco llama a los Españoles para levantarse contra el régimen existente (políticos explotadores) dadas las circunstancias del momento: anarquía en el campo, huelgas, vulneración de la Constitución, etc. Así pretende conseguir la paz, fraternidad y justicia .

En este texto es necesaria la aclaración del término Constitución para su comprensión. Una Constitución es una ley o conjunto de leyes fundamentales que regulan la estructura de los principales órganos del Estado, sus competencias, responsabilidades y relaciones, así como los derechos y deberes del ciudadano. En el texto, se hace referencia a la Constitución de 1931.

Con este llamamiento Franco pretendía sublevarse contra el sistema republicano y boicotear el proyecto modernizador de la República: acabar con la democracia, defender los intereses de la Iglesia, de las patronales agrarias e industriales, imponer la supremacía del ejército sobre el poder civil y suspender la descentralización del Estado. Para comprender dicha sublevación hay que recordar que con la II República entran en el gobierno unos partidos de izquierda que inician una reforma que abarca todos los ámbitos: sociedad, educación, agricultura, ejército, religión, etc atentando contra los privilegios e intereses de la aristocracia, la Iglesia y el ejército. Por ello, el triunfo de las derechas durante la 2ª etapa de la República frenó el avance de estas reformas, que como se alude en el texto, Franco interpretaba como anárquicas y revolucionarias. Sin embargo, éstas se reemprendieron durante la tercera etapa con el triunfo del Frente Popular (coalición de izquierdas). Los planes para derribar a la República se iniciaron en el momento de conocer los resultados de las elecciones, tas las que los generales derechistas de dudosa lealtad fueron separados y relegados a diferentes destinos. Entre ellos figuraban Mola (director de la conspiración) destinado a Pamplona, Goded destinado a Baleares y Franco que fue destinado a Tenerife. Los tres eran africanistas con amplios méritos de guerra. Antes de incorporarse a estos destinos tuvieron una reunión en Madrid con otros generales que estarían implicados en el alzamiento. También los conspiradores monárquicos alfonsinos y carlistas buscaban el apoyo de Mussolini. La trama fue extendiendo sus tentáculos y propició el asesinato del monárquico Calvo Sotelo. Mola fue ganando adhesiones para su plan: un levantamiento militar coordinado que aceptaría el mando del general Sanjurjo, exiliado a Portugal. El objetivo era acabar con el Gobierno del Frente Popular y sustituirlo por un Directorio militar. El 17 se inició el alzamiento en el Marruecos español, momento en el que Franco lanza el presente manifiesto. Las guarniciones se sublevaron en espera de la llegada del general Franco desde Las Palmas (había abandonado su puesto en Tenerife, con la excusa de la muerte del General Balmes, con lo que se desplazó en avión sin problemas y sin levantar sospechas), que habría de hacerse cargo del mando de las tropas de África. Fue transportado hasta Tetuán en una avioneta (Dragon Rapide). Cuando Franco aterrizó en Tetuán la sublevación había triunfado en Melilla, Ceuta, Larache y el propio Tetuán.

El 18 se produjeron los primeros focos de sublevación en la Península a instigación de Emilio Mola, que contaba con el apoyo de las tropas carlistas.

El llamamiento realizado por Franco tuvo éxito en la zona Oeste: Aragón occidental, Navarra, Canarias y Baleares (excepto Menorca). La rebelión fracasó en Madrid, en parte del País Vasco (que quedó dividido), Santander, Asturias, Cataluña, la parte oriental de Aragón, Valencia, Castilla La Mancha, Andalucía oriental. En Toledo los alzados se refugiaron en el Alcázar a la espera de ser liberados.

El país se dividió en dos zonas enemigas: el bando nacional y el bando republicano. El primero representaba al mundo rural católico tradicional, a los grandes propietarios agrarios, a los empresarios capitalistas, los pequeños propietarios castellanos, vasco-navarros agrupados en los requetés (defensa del catolicismo) y las clases medias de la zona nacional. Por otra parte, encontramos al bando republicano. La división correspondía a la España urbana e industrial de poblamiento más denso (leal) y la España rural (sublevados). Andalucía occidental era una zona predominantemente agraria dominada por el latifundio en lo económico y por el anarquismo en lo social. En esta zona la mayor parte de la población era hostil a los rebeldes. Las regiones industriales del país y las ciudades más importantes en la zona leal a la República salvo Sevilla. Dada la importancia que adquirió el aprovisionamiento exterior de armamento, la ventaja inicial de la República en el campo industrial quedaría de hecho neutralizada. También existían en la zona republicana zonas predominantemente rurales como Castilla La Nueva y el este de Aragón.

Los nacionales fueron apoyados por los fascistas cuyo apoyo fue inmediato (envío de aviones italianos y alemanes) y de la dictadura portuguesa de Salazar. Por otra parte, las potencias democráticas (EEUU, Francia y Reino Unido) se mantuvieron neutrales.

Con respecto al bando republicano (Los Rojos) recibieron la ayuda de la URSS de forma tardía, también recibieron ayuda a través de la frontera francesa que fue abierta de forma intermitente. Por otra parte recibieron ayuda de las brigadas internacionales, que eran unidades de voluntarios extranjeros de diversas nacionalidades integradas por soldados veteranos de la IGM, obreros, estudiantes e intelectuales que vinieron a España para luchar contra el fascismo.

El bando nacional asumió el control militar de las localidades. Se creó la Junta de Defensa Nacional en Burgos que asumió la dirección política. Franco representaba el máximo poder político y militar. Porque Había obtenido el apoyo militar de Hitler y Mussolini, transportó las tropas desde Marruecos a la Península, su avance hacia Madrid fue más rápido y espectacular, por la liberación del Alcázar (símbolo de los nacionales). Posteriormente el bando de la Junta (29-11-1936) lo convierte en Jefe del Gobierno del Estado (máxima autoridad política). Por otra parte, la Junta de Defensa Nacional (1936) fue sustituida por la Junta Técnica del Estado. Y a finales de 1936 Franco es nombrado Caudillo y se asume el siguiente lema: “Una Patria, un Estado, un Caudillo”.

En la España republicana, se dio una sucesión de presidentes en el gobierno y el pueblo pedía armas para enfrentar a los sublevados. En los lugares donde fue derrotado el alzamiento su fracaso se debió a la resistencia de la clase obrera armada, la lealtad de la policía, la guardia civil y la guardia de asalto. La contrarrevolución de los rebeldes propició el desarrollo de la revolución (tan criticada por Franco en el documento) como respuesta al alzamiento militar. Las autoridades catalanas con Lluis Companys aceptaron participar en un Comité de Milicias Antifascistas. La defensa armada de la República se hizo compatible con la revolución social. Los comités empezaron a hacerse cargo de los servicios públicos como el abastecimiento de agua y alimentos, servicios de tranvías, teléfonos, etc. Se establecieron controles en las carreteras y se colectivizaron las tierras y las fábricas. Las transformaciones revolucionarias no tuvieron el mismo alcance en todas partes. El desbordado Estado republicano se dedicó a intentar encauzar las medidas revolucionarias con el fin de recuperar la iniciativa, organizar el esfuerzo para la guerra y erradicar las peores secuelas de la revolución, como los asesinatos incontrolados. Promulgó una serie de decretos como la militarización de las milicias, la regularización del funcionamiento de las industrias incautadas y la supresión del pago de rentas agrícolas que ya habían sido abolida espontáneamente y el establecimiento de tribunales populares para acabar con la impunidad con la que se había dado muerte a los considerados enemigos de clase por parte de quienes habían dado su apoyo al alzamiento. Los asesinatos en la zona republicana fueron fruto de la desarticulación del Estado que tuvo lugar durante los primeros meses de la guerra. La desaparición eventual de la policía, la Administración y la Justicia dio paso a la actuación de partidas armadas incontroladas. Los ataques anticlericales habían venido siendo una constante en las revueltas urbanas desde 1935. Los actos de represión cometidos en el bando sublevado respondían a una actitud consciente de las autoridades rebeldes que pretendían crear una atmósfera de terror ejemplarizante y de paso eliminar al adversario político. Las barbaries de un bando eran ampliamente difundidas en el otro y viceversa. Una semana después de comenzar el alzamiento estaban prácticamente delimitadas con claridad las dos zonas. La mayor parte de la oficialidad se había sumado al alzamiento, de modo que los efectivos del ejército del territorio republicano habían quedado desorganizados. En lugar del ejército regular, aparecieron milicias formadas con los restos del ejército, la policía y guardias leales y los civiles pertrechados con el armamento recogido en las calles y en los cuarteles.

Una vez sofocado el alzamiento en las principales ciudades se constituyeron columnas de milicianos que marcharon a las poblaciones vecinas a sofocar la sublevación. Desde Barcelona partieron columnas hacia Aragón encabezadas por Buenaventura Durruti personaje emblemático del anarquismo. Los aparatos de mar y aire de que disponía el ejército españolen los años treinta resultaban anticuados y se conservaban en mal estado. Ante la toma inminente de Madrid el Gobierno se trasladó a Valencia. La resistencia en la ciudad fue encomendada a la Junta de Defensa de Madrid presidida por Miaja. De forma análoga se libraron importantes batallas en otros puntos del país como las del Jarama, la de Guadalajara, de Brunete, Belchite, Teruel y la batalla del Ebro, que destaca por ser la más sangrienta.

Las causas atribuidas a la pérdida de la guerra por parte de los republicanos hay que buscarlas en aspectos exteriores como la inhibición de los gobiernos democráticos. Tras la caída de Cataluña, Gran Bretaña (impulsor de la “no intervención”) comenzó a negociar con Franco. Días más tarde Francia y Gran Bretaña reconocían el régimen de Franco siendo criticados por el líder laborista Atlee. También EEUU condenó la inhibición de las potencias democráticas en el conflicto español.

En conclusión, el fin de la guerra conllevó la destitución, persecución o eliminación de los vencidos. Algunos se exiliaron a América o a Francia aunque en la segunda, la invasión nazi durante la IIGM acabó con ellos o fueron enviados a campos de concentración. Este exilio sumió a España en un empobrecimiento cultural. El Gobierno emanado de las urnas fue sustituido y cayó la democracia española. Por otra parte, la guerra provocó enormes pérdidas humanas y materiales en el país. Las consecuencias económicas fueron durísimas: una larga posguerra (no superada hasta 1950), el aislamiento internacional y la postración económica. España, excluida por su régimen (franquismo) de la ayuda económica (Plan Marshall) y los beneficios del proceso de formación de la Comunidad Europea, no pudo seguir a las demás naciones europeas tras la IIGM. Serían necesarios cuarenta años más para recuperar los postulados del proyecto modernizador de la II República, claro está, bajo otro contexto diferente.

El régimen político de la Restauración y sus fundamentos sociales

LA Restauración es una etapa de la Historia española en la que se produce el restablecimiento de los Borbones en el trono en la figura de Alfonso XII pero además es un sistema político creado por Cánovas del Castillo y que se basará en el bipartidismo (conservadores y liberales).Podemos distinguir cinco etapas en la Restauración española:

  • 1ª Etapa 1874-1885 (hasta la muerte de Alfonso XII)

  • 2ª Etapa 1885-1902 (Menoría de edad de Alfonso XIII, regencia de Mª Cristina.

  • 3ª Etapa 1902-1923 (Mayoría de edad de Alfonso XIII)

  • 4ª Etapa 1923-1930 (Dictadura de Primo de Rivera)

  • 5ª Etapa 1930-1931 (Gobierno provisional de Berenguer)

El proyecto de Cánovas del Castillo planteaba dos posibilidades: que subiera al trono la reina Isabel II o que el rey fuera el príncipe Alfonso XII. En ambos casos el proyecto se basaba en el principio de la conciliación: que nadie temiese el restablecimiento de la monarquía como institución. En octubre de 1872 Cánovas del Castillo encabezó el movimiento encaminado a la abdicación de Isabel II y la proclamación de Alfonso como rey de España.

Las negociaciones diplomáticas para lograr el reconocimiento de Alfonso XII por parte de las potencias europeas se desarrollaron sin grandes dificultades y en un clima en el que primaban más los intereses y las repercusiones que la simpatía. La Restauración ponía fin a la inestabilidad anterior, pero despertaba recelos en Viena y en la Santa Sede, que pensaban que la solución era unir la causa carlista y el alfonsismo. El canciller alemán Bismarck manifestaba su recelo respecto a la postura del gobierno alfonsino. Inglaterra temía que el nuevo régimen recortase las libertades conseguidas durante el sexenio. Francia mostraba simpatías por la Restauración, este país era refugio de los emigrados políticos.

En otoño de 1874 Cánovas del Castillo toma la decisión de convertir en rey al príncipe Alfonso y lo convirtió en cadete de la Academia Británica de Sandhurst, con esta opción mostraba a la monarquía británica como referencia para los alfonsinos. Cánovas propuso en este manifiesto político los principios de la futura proclamación de la monarquía y presentaba ante la opinión pública el proyecto de Restauración dinástica en la persona del rey Alfonso de Borbón. El manifiesto retrasó un primer pronunciamiento del general Martínez Campos, pero no logró impedir su consumación posterior.

El pronunciamiento de Martínez Campos a finales de 1874 contó con notable apoyo militar. Su objetivo era ayudar a que naciera un régimen cuya tutela sería patrimonio de ese ejército que proclamó como rey a Alfonso XII.

Cánovas mostró su desacuerdo con el pronunciamiento pues su intención era que el ejército no interviniera en el gobierno del país. Sin embargo la acción de Sagunto fue considerada por los conservadores como el impulso sin el cual la Restauración podría haber quedado en un proyecto frustrado.

La España de la Restauración reproduce una estructura de partidos que han sufrido una reorganización durante el sexenio. La referencia es el modelo bipartidista británico, al que se impone una disciplina parlamentaria hasta entonces insólita. Los antiguos moderados y progresistas cambian su nombre por el de conservadores y liberales y actúan en las Cortes fijando las normas de convivencia y el juego de partidos. Pero estos grupos políticos no representaban a una sociedad real ni a colectivos sociales concretos ya que marginaban al proletariado. Las características de estos grupos son:

  • Se trata de partidos de notables, principalmente procedentes de ciudades grandes o capitales de provincia.

  • Son partidos parlamentarios que obedecen a un líder. Entre los elegidos por el Parlamento salen los ministros y altos cargos del gobierno.

  • Practican la promoción personal a través del uso de la retórica parlamentaria dominando escaños en el Congreso y en el Senado.

En el sistema de la Restauración, el reparto de cargos públicos a nivel local fue el centro del caciquismo, es decir, existió una enorme manipulación electoral a través de los caciques, persona que domina y controla los principales resortes de un núcleo de población concreto sin que forme parte del poder local; unas veces estaba encarnado en un eclesiástico, canónigo o sacerdote secular y otras veces eran los dueños de la tierra quienes controlaban los recursos del voto, empleados por cada uno de los partidos con el fin de asegurarse una mayoría cómoda en las Cortes. Al tiempo, se concedía un número razonable de escaños a la oposición para mantenerla dentro del juego. A los partidos no dinásticos se les impedía toda participación. El sistema estaba condicionado por muchos factores: el desinterés de pueblo hacia el sistema de partidos, el atraso económico, las relaciones de dependencia entre los campesinos y los terratenientes en las zonas rurales y el analfabetismo de la población.

El caciquismo funcionaba con un esquema:

  • Una vez obtenido el decreto real de disolución, el presidente del consejo y su ministro de Gobernación componían una lista de seguidores a los que debían conceder un escaño.

  • En las negociaciones locales, llevadas a cabo por el Gobierno con el gobernador civil de la provincia, hacía a su aparición el cacique: era el hombre que podía entregar los votos, tanto si era de una provincia como si era de una ciudad o un municipio.

  • El cacique creaba su clientela proporcionando trabajo y favoreciendo económica y socialmente a sus clientes.

  • Se producían negociaciones previas a las elecciones, cuyos resultados solían publicarse en la prensa, incluso con anterioridad a su fecha.

Con el pucherazo se acortaban todas las sendas para alcanzar el mismo objetivo: la imposición del candidato favorable a los propósitos ministeriales. Esto se conseguía a través de coacciones previas para manipular las elecciones, fraude en la confección de listas electorales, falsear el número de votos emitidos, robo, destrucción de actas de las elecciones, adelanto de horas de apertura y cierre de colegios sin previo aviso... En resumen, todo el sistema acabó descansando en el voto rural de zonas atrasadas como Galicia y Andalucía oriental. Otra de las prácticas llevadas a cabo en la época de la Restauración fue el encasillado: sistema que consistía en la designación, por parte del gobierno de turno, del candidato más idóneo para sus intereses.

La consolidación del bipartidismo se logró gracias a la existencia de los partidos conservador y liberal, cuyos líderes serán Cánovas y Sagasta, respectivamente. El modelo se inspira en la tradición del parlamentarismo británico de la Inglaterra victoriana y en la monarquía francesa.

En 1885, coincidiendo con la muerte de Alfonso XII, los dos partidos de turno llegaron a un acuerdo sobre la rotación de poderes, haciendo causa común ante cualquier pretensión de asalto al Estado, tanto desde izquierda como desde ultraderecha. Este Pacto de El Pardo garantizará la estabilidad del régimen y permitirá superar las crisis del final del siglo.

El sistema canovista coincidió también con un renacimiento de la industria textil en Cataluña, el auge de las industrias extractivas en el País Vasco y de la exportación de materias primas , aspectos que sientan las bases de la industria pesada.

La Revolución Industrial en España

España a pesar de sus esfuerzos y sus éxitos puntuales, se distanció notablemente de las naciones modernas. Incluso durante todo el primer tercio del siglo XX pareció que se perdía el tren de la modernización económica, ya que el país no acababa de desprenderse de unas estructuras socioeconómicas arcaicas que obstruían el avance del progreso y el bienestar.

La introducción de formas capitalistas sobre una economía campesina atrasada y una incipiente industria propiciaron una injusta distribución de la riqueza en el campo y en las ciudades, lo que generó fuertes tensiones sociales entre las clases propietarias y los trabajadores.

El centralismo borbónico del siglo XVIII fue heredado en gran parte por el liberalismo de decimonónico. Sin embargo, el desarrollo industrial se localizó puntualmente en las regiones periféricas del nordeste, en Cataluña y en el País Vasco. El desequilibrio entre un centro atrasado y poco poblado donde residía el Gobierno y una periferia rica e industriosa, sometida a las directrices de un grupo de políticos que no atendían los intereses de las provincias que creaban la riqueza de la nación, se plasmó en el enfrentamiento entre proteccionistas y librecambistas.

Entre los motivos del atraso económico español podemos considerar más importes los siguientes.

  • Los efectos devastadores de la Guerra de la Independencia en la economía, el comercio colonial que no pudo dinamizar el desarrollo en el caso español.

  • Los intentos de potenciar la transformación productiva durante la última fase del reinado de Fernando VII se vieron interrumpidos durante la guerra.

  • Se establece la libertad de contratación y comercio de materias primas, así como la libertad de empresa y contratación laboral, tras la suspensión definitiva de los gremios.

  • Se transforma la propiedad privada a partir de las desamortizaciones de bienes eclesiásticos de 19 de febrero de 1836 y de 2 de septiembre de 1841, y de la abolición del régimen señorial, que confirma la propiedad de la nobleza.

  • A mediados de siglo se consigue el despegue de la industria textil, diversos ensayos en la industria siderúrgica, la creación de las primeras sociedades anónimas y la proliferación de instituciones financieras, además del impulso de la extracción minera y la creación de las infraestructuras ferroviarias.

  • El proceso de modernización está condicionado en gran parte desde el exterior: dependencia tecnológica, escasez de fuentes de energía y de algunas materias primas lo que explica el atraso del desarrollo industrial español. Las inversiones extranjeras y nacionales provienen del capital privado, que aprovecha la debilidad de la Hacienda pública para obtener concesiones altamente favorables.

Tenemos que citar una serie de consecuencias del atraso económico español:

  • Los efectos devastadores de la Guerra de la Independencia en la economía, el comercio colonial que no pudo dinamizar el desarrollo en el caso español.

  • Cuando las potencias industriales dan el salto a otros continentes en una frenética carrera por apropiarse de los mercados y las materias primas de Asia y África, España queda relegada: España es ya una colonia europea.

  • España no participó en la Primera Guerra Mundial, una contienda entre imperios modernos que se convirtió en un conflicto internacional. Durante los años de la guerra, la economía española vivió el espejismo de obtener unos mercados amplios.

  • Cuando termina la guerra y se vuelve a una coyuntura económica normal, se manifiestan nuevamente los desequilibrios de una estructura empresarial que seguía descansando en sociedades de tipo familiar, mientras en el resto del mundo se habían configurado enormes grupos empresariales y financieros (trust)

El surgimiento de los nacionalismos periféricos

A lo largo del s. XIX aparecen en España núcleos de intelectuales y grupos políticos que diferencian públicamente las particularidades que caracterizan las zonas periféricas de la Península, frente al Estado tradicional unitario. Estas peculiaridades se designaban con el concepto de nacionalismo y ofrecían respuestas a problemas históricos, como el desarrollo del capitalismo y la construcción del Estado Liberal.

Los factores que explican la aparición de estos nacionalismos son distintos. En su génesis cabe destacar la presencia de una lengua y unas costumbres propias, y en su desarrollo se encuentran procesos de renacimiento cultural, que pretenden extender el uso del idioma y recuperar una historia propia. A esto hay que añadir una respuesta regional al modelo de Estado centralista postulado por el liberalismo, el desarrollo de la industrialización y la riqueza económica de la zona, y la mayor o menor participación de las clases populares en estas formulaciones.

Cataluña

Debemos buscar los precedentes del catalanismo en la primera mitad del siglo XIX, en torno al desarrollo de una burguesía industrial y al movimiento cultural de la Renaixença, que revindicaba la lengua y los caracteres peculiares de la región, y como consecuencia el descontento por la política centralista llevada a cabo por el Gobierno central.

Durante el sexenio revolucionario se manifiesta por la vía del federalismo. Los sectores más intransigentes eran partidarios de la federación, pro construida desde la base, es decir, desde una separación de Cataluña que permitiera después realizar el pacto federativo con los demás Estados españoles. Por ello los federales redactaron las Bases para la constitución del Estado de Cataluña e intentaron proclamar el Estado Federal Catalán en 1873.

Esta situación cambiará de forma sustancial con la Restauración, cuando el catalanismo se constituya como un movimiento0 político por influencia de Almiral.

En 1882 se funda la primera asociación unitaria del catalanismo, El Centre Catalá, con la voluntad de agrupar a todos los catalanes que estuvieran dispuestos a colaborar en el engrandecimiento de su país. Su divisa era “Cataluña adelante” y su actividad más importante fue la entrega de Memorial de greuges al rey Alfonso XII en 1885. Este memorial fue presentado directamente al soberano sin pasar por las Cortes, lo que provocó un hondo malestar en la clase política española. Mostró además la debilidad del sistema canovista en la periferia y la incapacidad de los partidos de turno para defender los intereses de la burguesía catalana.

El proyecto de Almirall suscitó una gran oposición en las filas del Centre Catalá, algunos de cuyos miembros crearon una nueva asociación, la Lliga de Catalunya, en la que se integraron hombres de la Renaixença.

En 1891 la Unió Catalanista se proponía integrar a todos los grupos e instituciones que estuvieran dispuestos a trabajar en la propaganda de las ideas regionalistas. Un año después la Assemblea de la Unió aprobó las Bases de Manresa. A través de un texto extenso se establecía la formación de Cortes Catalanas, el uso del idioma propio como lengua oficial y que los cargos públicos fueran ocupados sólo por catalanes. Este texto, sin embargo, no ofrecía soluciones a los problemas del momento ni señalaba el proceso para llegar a su implantación y tampoco influyó en la burguesía industrial ni en las clases populares.

Con motivo de la crisis de 1898, los empresarios catalanes pidieron a la reina Mª Cristina la implantación de la autonomía administrativa de las regiones y una mejora en la representación corporativa del Parlamento. El desastre colonial había creado buenas condiciones para un acercamiento entre la burguesía, respetuosa con la Restauración y un catalanismo partidario de la acción política.

El hecho más significativo del momento fue la publicación del manifiesto del general Polavieja. El texto, con marcado sentido regeneracionista, responsabilizaba a los partidos políticos de la situación del país y proponía una serie de reformas para acabar con el caciquismo, reorganizar el ejército y proceder a la descentralización de la Administración. Los sectores económicos se adhirieron al proyecto, constituyendo una Junta Regional. A partir de este momento se marcó una disensión en el catalanismo entre la Junta, los puristas intransigentes y los posibilistas, que pretendían atraer a su programa a los burgueses y a los empresarios.

En 1901 se llevó a cabo un pacto electoral que fundía todas las iniciativas catalanas en un nuevo partido, la Lliga regionalista. El éxito fue total, y desde entonces la Lliga se presentó como un partido dispuesto a revindicar los derechos de Cataluña para conseguir la autonomía dentro del Estado español.

El nacionalismo vasco

Un Real Decreto de 1876 puso fin a las exenciones fiscales y militares, de las que había venido disfrutando el País Vasco, si bien se articulaba un nuevo concierto económico entre aquéllas y el Estado español. Esto significó una profunda crisis en la sociedad vasca, ante la cual iban a reaccionar distintos sectores sociales que acabarían convergiendo en torno al ideario nacionalista elaborado por Arana. Al analizar el nacionalismo vasco hay que considerar:

  • El marco político de la zona, apoyado en las instituciones forales y el desarrollo del proceso carlista.

  • El proceso industrializador y las transformaciones sociales que lo acompañaron.

Con la supresión de los fueros en el País Vasco se originó el movimiento del fuerismo, que aspiraba a una política de unión de todos los vascos, al margen de los partidos existentes, que tuvieran como objetivo la autonomía de la zona.

En el terreno cultural, la Sociedad Euskalerria de Bilbao, nacida en 1876, hizo posible la recuperación del euskera como lengua culta, que se llevó a cabo, como en el caso del catalán, gracias a al organización de Juegos Florales, del fomento de estudios lingüísticos y de la propaganda a través de la prensa.

Una de las características más importantes y peculiares del nacionalismo vasco es que fue formulado por una sola persona, Arana, que se inserta en la reivindicación de la tradición y ofrece una plataforma de actuación política adaptada a las nuevas circunstancias políticas y sociales resultantes del proceso industrializador en la zona. Su teoría viene definida por la afirmación de la raza, la defensa de las costumbres, el catolicismo, el antiespañolismo, la proclamación de la independencia de la nación vizcaína, Guipúzcoa, Álava y Navarra. Él fue quien acuño el término Euskadi para designar a la patria común de todos los vascos.

En 1893 Arana reunió a un grupo de amigos en Larrazábal y les presentó su ideario nacionalista, comenzó a fundar una serie de asociaciones para llevar a cabo sus proyecto: el Bizkal-Buru-Batzar, embrión del Partido Nacionalista Vasco. La represión gubernamental no se hizo esperar. Arana permaneció en la cárcel desde septiembre de 1895 hasta enero de 1896. En años sucesivos fue perfilando su tesis a través de una amplia campaña de propaganda, que le llevaría al triunfo electoral en 1898.

Pero la actitud represiva del Gobierno frenó el crecimiento y Arana cambió sus postulados hacia la formación de una liga de vascos españolistas. A partir de 1903 el sucesor de Arana, Zabala, se volcó más en esfuerzos organizativos que en planteamientos teóricos nuevos. Por este camino se logró un fuerte crecimiento, y en 1907 el nacionalista Ibarreche fue elegido alcalde de Bilbao. En 1911 se abrieron al mundo sindical con la creación de la solidaridad de trabajadores vascos, y a partir de 1915 contaron con representación parlamentaria.

Los nacionalismos catalán y vascos no fueron los únicos. Podemos citar también el nacionalismo gallego, el valenciano y el andaluz. Con menor repercusión se dio también el nacionalismo canario.

El movimiento obrero

La introducción de máquinas en la industria textil en el primer tercio de siglo provocó en toda Europa una serie de campañas de protesta en las que fueron q0uemadas las máquinas y destruidas las fábricas. Las primeras organizaciones obreras surgieron en Cataluña, donde se estaba desarrollando la industria textil, comenzaron formarse sociedades de ayuda mutua que trataban de cubrir las necesidades de los afiliados en caso de pérdida de trabajo. Las cuotas de los afiliados permitían auxiliar temporalmente a las familias caídas en desgracia. En 1840 se creó en Barcelona la Asociación mutua de Tejedores. Con la ayuda de un crédito municipal pudo incluso crear una fábrica donde se colocaban a los obreros despedidos por participar en huelgas. Se organizaron así las primeros huelgas para obtener subidas salariales. Durante la década moderada, las organizaciones obreras fueron disueltas e ilegalizadas. Se iniciaba entonces una época de clandestinidad, interrumpida por breves períodos de signo progresista en los que las organizaciones sindicales eran toleradas fugazmente. Así fue como en la Revolución de 1854, reaparecieron las asociaciones obreras que habían participado activamente en el levantamiento de Barcelona. La federación Unión de Clases, que agrupaba a todo tipo de obreros textiles, reclamó el establecimiento de contratos colectivos y el reconocimiento legal al derecho de asociación. Pero la vuelta de subida al poder de los moderados supuso el retorno a la clandestinidad. En septiembre de 1868 cuando se destronó a Isabel II, la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), que se había fundado cuatro años antes, decidió aprovecharse de la atmósfera democrática reinante en España, La revolución democrática había restablecido la libertad de asociación, de prensa y de palabra. El enfrentamiento de las posturas anarquistas y socialistas en la AIT se introdujo en España. En octubre llegó a Madrid Giuseppe Fannelli. Allí primero y en Barcelona días después se reunió con reducidos grupos de jóvenes a quienes dio a conocer la AIT y las ideas centrales del pensamiento anarquista. Para ello sólo disponía de unos cuantos periódicos y algunas copias de estatutos obreros. La difusión de estas ideas fue rápida: En 1870 un congreso general de sindicatos reunido en Barcelona fundaba la Federación Regional Española de la Internacional, influida por las ideas de Bakunin. La ruptura internacional entre el anarquismo y el socialismo se iba a consumar en 1872. También en España ambas tendencias tomarían desde entonces caminos separados, y esta división debilitaría al movimiento obrero español.

Durante la Restauración, siguiendo las ideas marxistas de participar en la acción políticaa, se fundó clandestinamente en Madrid (1879) el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), su fundador fue Pablo Iglesias, el partido tuvo unos inicios difíciles y carecía de respaldos importantes. Hasta 1910 el PSOE no obtendría su primer diputado en Cortes. En 1888 el Gobierno legalizó los sindicatos y se fundó entonces en Barcelona la Unión Genaral de Trabajadores (UGT), la organización sindical socialista, que, iba a tener muy poca aceptación en Cataluña, su influencia sería mayor en Madrid, Vizcaya o Asturias.

Fue precisamente en España, donde la población rural era mayoritaria, el país donde más iba a arraigar el anarquismo. A lo largo del siglo habían existido numerosas revueltas campesinas en el Sur que reflejaban el malestar existente en el campo. La falta de un programa claro y de medios de acción definidos habían convertido estas protestas en actos puntuales, aislados. La llegada de las ideas anarquistas dotó a los campesinos de un programa claro y sencillo, comprensible para una población analfabeta, recelosa y mal nutrida. Frente a la participación en política, acorde a las ideas socialistas, los anarquistas incidían n la necesidad de una acción sindical directa a través de la huelga. En los años setenta se produjeron huelgas en el campo y en las ciudades. En 1883 la policía anunció el descubrimiento de una sociedad secreta, la Mano Negra, que supuestamente había tramado un plan para exterminar a los terratenientes. Los grupos anarquistas desmintieron cualquier relación con este grupo y rechazaron las imputaciones, no se sabe si tal organización existió o fue pura invención. Fuera o no cierto, el caso es que, excusándose en su persecución, la policía multiplicó las detenciones, se practicaron torturas para logran confesiones y se dictaron algunas sentencias de muerte. El anarquismo rural fue desarticulado y pasó a funcionar clandestinamente. En las dos décadas finales de siglo, el anarquismo internacional dio paso a la denominada propaganda por el hecho. En España los actos terroristas desarrollados entre 1890 y 1900 respondían más a venganzas por tortura o sentencias judiciales que a intentos de destruir el Estado eliminando a los dirigentes políticos. A principios de siglo, la UGT aceptó formar parte del Instituto de Reformas Sociales promovido por el Gobierno en 1904. su intención era influir positivamente en al adopción de medidas sociales que favoreciesen a los trabajadores. Esta colaboración se repetiría más adelante, en la época de la dictadura de Primo de Rivera. Sus resultados fueron muy limitados y el descrédito del sindicato socialista fue en aumento. En julio de 1909 la protesta de los obreros portuarios de Barcelona, debido al reclutamiento de jóvenes soldados que iban a ser embarcados en la Guerra de Marruecos, derivó en una insurrección general. El ejército tardó una semana en dominar la ciudad. En la búsqueda de responsabilidades sobre la Semana Trágica, el Gobierno acusó a Francisco Ferrer, un maestro anarquista que había abierto un escuela Moderna. Sin pruebas se le declaró culpable y fue fusilado. La conmoción y las protestas sobre este suceso alcanzaron resonancia internacional; al año siguiente se fundó en Barcelona la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), interesado tan sólo en la defensa de los intereses obreros. Se organizó con una estructura federal en la que se daba mucha importancia a las diferentes representaciones locales. El sindicalismo atrajo inmediatamente a los anarquistas que rehusaban la participación en la política “burguesa”, a lo largo de la segunda década del siglo, la identidad de medios y de fines permitió una fusión de hechos entre ambas tendencias. La CNT se convirtió en una organización anarco-sindicalista durante los años de la Primera Guerra Mundial, la neutralidad española convirtió al país en centro exportador de suministros. El aumento de la demanda generó fortunas fabulosas a los productores pero encareció notablemente el coste de vida, y en particular algunos productos básicos como el pan. Las subidas salariales logradas por las huelgas quedaban anuladas por la subida de los precios. En 1916 la CNT llegó a un acuerdo con la UGT, y tras fracasar sus peticiones de solucionar el problema del coste de la vida, impulsaron una huelga general que paralizó la capital durante un día. A pesar del éxito de la convocatoria, la situación no mejoró. En 1917, se convocó una huelga que debería celebrarse en agosto, durante la época de la siega de los campos. La huelga, que coincidió con otros movimientos de protesta contra el Gobierno fue derivando hacia reivindicaciones políticas. En el comité de huelga, la representación era exclusivamente socialista. El movimiento tuvo un seguimiento muy desigual y se mostró carente de coordinación. A finales de ese año llegaron a España las noticias de los sucesos de Rusia. Los bolcheviques habían expropiado a los terratenientes y habían extendido el control obrero sobre las fábricas. Estos acontecimientos parecían mostrar que la revolución estaba cada vez más cerca. Durante los años siguientes, 1918-1920, conocidos como el trienio bolchevique, las huelgas en el campo, ahora sincronizadas, se sucedieron una detrás de otra. Se produjo un enorme éxito, que fue todavía mayor cuando el Gobierno decretó que la jornada de ocho horas entraría en vigor a finales de ese mismo año. Alarmados por el progreso sindical, la patronal catalana, con el apoyo de las autoridades militares decidió combatir a al CNT. Se crearon grupos de sindicatos libres, en realidad pistoleros a sueldo y gángster, para asesinar a los sindicalistas más moderados. Los miembros más radicales de la CNT decidieron dar respuesta a estos asesinatos. Entre 1919 y 1923, fecha del golpe de Estado de Primo de Rivera iniciado en Cataluña, el clima de violencia y asesinatos en las calles convirtieron Barcelona en el “Chicago español”. Como resultado la CNT fue prácticamente desarticulada. Como en muchos otros casos, la aplicación de la llamada ley de Fugas, que permitía abatir a los detenidos que supuestamente intentaban fugarse, convertía los asesinatos en ejecuciones legales sin juicio.

El desastre del 98

A las pocas semanas del triunfo revolucionario en la Península (1868), se produjo en Cuba una sublevación de carácter independentista. Con el Grito de Yara, empezó una intensa lucha contra la autoridad española presidida por Céspedes. La revolución se extendió por toda la isla debido al apoyo de esclavos negros y de los propietarios de pequeñas plantaciones.

La respuesta y la soluciones políticas fueron lentas, debido a los intereses enfrentados sobre el negocio del azúcar. Pese al llamamiento del honor de la patria el gobierno español mostró problemas derivados de la revolución de Septiembre y su incapacidad para resolver el apoyo antillano.

La guerra duraría de 1868 a 1878 y se pueden distinguir varias etapas:

  • El mandato del general Dulce que trató de combinar la acción militar con la negociación.

  • La guerra de desgaste. Impuesta desde España para intentar aplastar la revuelta de Cuba. Ni los españoles ni los independentistas fueron capaces de inclinar la balanza a su favor, sino que la lucha condujo a la escisión de las filas de los revolucionarios. Céspedes fue sustituido por Bethencourt.

  • La etapa de apoyo exterior que permitió a las sublevados mantener la lucha. Las aspiraciones de EEUU sobre la isla de Cuba eran claras, como lo eran los motivos comerciales de Gran Bretaña. Ninguna de las naciones podía incorporarse sin arriesgarse a la guerra. Cuando se inició la guerra en 1868, EEUU se ofreció a comprar la isla, jugando al mismo tiempo con la neutralidad y el apoyo a los sublevados, ya que pensaban que podían obligar al gobierno español a librarse de aquellas tierras.

Desde los puertos estadounidense de la costa atlántica se organizaron numerosas expediciones con hombres y material de apoyo para los rebeldes. Las autoridades españolas apresaron y ejecutaron a algunos de ellos. La opinión pública de EEUU exigió al gobierno español una indemnización, la liberación de los detenidos y las disculpas internacionales, España accedió a ello con el fin de evitar otro conflicto militar. La guerra contra EEUU quedaba aplazada, aunque ya se anunciaba la crisis de 1898.

En torno a 1898 se produjeron una serie de cambios en el mundo que modificaron el status colonial. El primer ministro británico lanza la teoría de la redistribución colonial. De esta manera el imperio británico impuso su dominio en África y Asia frente a Francia y Portugal, pero no pudo hacer lo mismo con EEUU. En este año España perdería definitivamente su papel de potencia colonial en el contexto internacional.

La Paz de Zanjón firmada en 1878 entre los sublevados cubanos y Martínez Campos puso fin a la contienda pero no aportó soluciones políticas para las colonias. En la reorganización política inmediata, los españoles crearon la Unión Constitucional y intentaron mantener a Cuba lejos de cualquier intento separatista. Por su parte, los cubanos se unieron a el Partido Liberal, al tiempo que los independentistas se exiliaron a EEUU, aunque su actividad militar no cesó hasta que fueron desarticulados en la Guerra Chiquita.

En la década de 1880 la intransigencia de los españoles fue mermando la autonomía colonial, lo que contribuyo a engrosar las filas de los separatistas.

Ante el continuado fracaso reformista, en febrero de 1895 se inició una nueva guerra en Cuba con el Grito de Bayre. Desde sus bases los combatientes por la independencia cubana iban a realizar un notable esfuerza bélico. Con la llegada de líderes como Máximo Gómez y José Martí, las capacidades de los sublevados crecieron notablemente. El Gobierno español mandó a La Habana a Martínez Campos. La situación allí era difícil: la sublevación se extendía formando verdaderas agrupaciones guerrilleras, la posibilidad de refuerzos de la metrópoli era aleatoria y el estado material lamentable. A nivel político se enfrentaban los radicales y los independentistas y el apoyo civil era escaso.

La estrategia militar de Martínez Campos consistió en controlar las vías de comunicación y los centros productores de la isla. Ante el fracaso fue sustituido por Weyler. Con la muerte de Cánovas y la vuelta de Sagasta, fue nombrado gobernador de Cuba el general Blanco. Entonces comenzaron las soluciones políticas y el camino hacia la autonomía.

Las ambiciones de EEUU sobre Cuba se manifestaron con mayor insistencia desde 1887, cuando, algunos políticos pidieron la anexión de Cuba, invocando razones militares y económicas. La guerra de 1895 sirvió a EEUU como oportunidad para apoyar a los cubanos sublevados y buscar a espaldas algunos acuerdos en beneficio propio. Esta táctica la mantuvo hasta 1896 , aunque sin resultados positivos, por lo que fue creciendo la presión interna por distintos medios para llevar al país a un intervención directa. España intentó contrarrestar el peligro de la intromisión norteamericana con un frente internacional, compuesto por potencias internacionales, pero fracasó en sus intentos. En una desconcertante decisión para las autoridades españolas, el presidente norteamericano envió un crucero “el Maine” al puerto de la Habana. Un accidente produjo una explosión y el hundimiento del buque y la muerte de los tripulantes. La prensa estadounidense culpó a España y el Congreso aprobó la declaración de guerra a nuestro país.

La guerra tuvo un desenlace rápido pues España carecía de una marina moderna capaz de enfrentarse a la de EEUU. Tampoco tenía recursos para sostener una guerra en una zona tan alejada. El Gobierno español era consciente de ello, pero no le quedaba otra salida y temía un exaltación patriótica. La rendición provocaría en el país una alternativa revolucionaria. Tras la declaración de guerra la escuadra norteamericana destruyó las flotillas españolas. El Gobierno español solicitó la mediación de Francia y firmó la Paz de París (diciembre de 1898) por la que los norteamericanos impusieron a España la independencia de Cuba y la renuncia a Puerto Rico y Filipinas. Ante la dificultad de sostener su imperio en el Pacífico, España tuvo que vender a Alemania los archipiélagos de las Carolinas y las Palaos y a EEUU algunas islas des archipiélago de las Joló.

En puerto Rico, la anexión de EEUU tuvo algunos defensores, al igual que la anexión de Cuba a partir de 1892. Pero el movimiento con más partidarios era el autonomismo dentro de la órbita de España, sobre todo por parte de la Asamblea del partido Autonomista. Esta formación política consiguió la autonomía en 1896. Durante la guerra entre España y EEUU este último ocupó Puerto Rico (1898).

En filipinas, José Rizal intentó canalizar las aspiraciones independentistas contra España con la creación de la Liga Filipina, mientras, otro candidato, Andrés Bonifacio, creaba una organización secreta, Los Hijos de la Patria. Cuando se descubrió la conspiración, comenzó una guerra de guerrillas, que fue atajada por una dura represión española; José Rizal fue ejecutado. En 1898, la flota norteamericana hundió los barco españoles en Cavite y los soldados de EEUU ocuparon Manila.

Crisis de la Restauración Española.-

El año 1898 fue el año del desastre colonial y el punto de disolución del sistema de la Restauración. Para los detractores, el desastre mostraba la incapacidad de la monarquía de Sagunto, la inoperancia de los partidos, los desequilibrios entre el centro y la periferia y las divisiones en el seno de la opinión pública.

Como principal detonante de la crisis de la Restauración tenemos el nacimiento del regionalismo movimiento ideológico que surge como resultado de la crisis del 98' y la pérdida de la supremacía de España sobre Cuba y Filipinas. Se manifestó la necesidad reformar los problemas que afectaron a España. Su idea base era el rechazo del sistema político de la Restauración, la oligarquía y el caciquismo. Tuvo dos manifestaciones: dentro del sistema (Fco. De Silvela) o desde fuera (Joaquín Costa).

El programa regenerador ideado por Joaquín Costa debía sustituir la política de la Restauración que protegía los intereses de la oligarquía y emprender obras hidráulicas, construir carreteras y escuelas y hacer una redistribución de la tierra que se debía llevar a cabo mediante la captación del voto de las masas neutras. Costa pretendía conciliar capital y trabajo, buscando el apoyo de las clases medias para acabar con la guerra entre obreros y patronos, desarrollar la educación, la europeización, la autonomía social y la política hidráulica y forestal. Había que fomentar el colectivismo agrario estimulando los bienes comunales intentando marginar a los oligarcas, socialistas y anarquistas. La reforma social pretendía evitar la revolución y se requería un cirujano de hierro que supiera conducir la nación hacia el progreso, pero fracasó porque Costa quiso hacer del regeneracionismo un partido político independiente. La desaparición de Canovas y los problemas de la Restauración endurecen los ataques de Costa, el cual atraerá a los futuros dictadores y a la izquierda republicana de los años 20.

Además de la postura de Costa, existió otro grupo de escritores cuyas características comunes serán la preocupación por España, la denuncia del alejamiento entre la política oficial y la vida real, la búsqueda de las señas de identidad nacional y la toma de conciencia del atraso respecto a Europa. Se trata de la Generación del 98. Los autores más significativos fueron Unamuno, Machado, Valle-Inclán, Azorín, Baroja o Maeztu.

La crisis del turno que se produjo entre los conservadores dirigidos por el sucesor de Manuel Silvela, Antonio Maura y los liberales de Montero Ríos y Moret. El objetivo de Maura consistía en revitalizar la política por medio de una reforma del gobierno local y de las leyes electorales, que era el fin prioritario del Regeneracionismo. La revolución desde arriba se plasmó en la Ley Electoral de 1907, que nunca llegó a aprobarse. En ella, la introducción del sufragio corporativo que se pretendía entregaría a los municipios españoles a manos de una oligarquía de caciques.

La crisis de 1909, con la Semana Trágica de Barcelona, la actuación en Marruecos y la suma del Partido Liberal a las protestas de los revolucionarios europeos por la ejecución de catalanistas forzaron la dimisión de Maura y su sustitución por el liberal Segismundo Moret. Finalmente, el destino de Maura fue presidir gobiernos de coalición en momentos de crisis.

Por lo que respecta al partido liberal, a la muerte de Sagasta en 1903, las disputas por hacerse con el poder provocaron una gran confusión, por lo que se permitió que el rey eligiese un jefe de gobierno entre las distintas facciones. Finalmente se decidió por José Canaleja, pretendió llevar a cabo un programa regeneracionista para ganarse el apoyo de una clase obrera demasiado volcada en el socialismo. Favoreció el arbitraje estatal en convenios salariales, legisló sobre convenios de trabajo , seguros obreros y compensaciones por accidentes. Canalejas también fracasó en su intento de implantar el liberalismo, pues tuvo que enfrentarse con movimientos huelguísticos graves y fue asesinado en 1912.

Desde el desastre de 1898, España se había convertido en una potencia de segunda fila, vinculada por sus intereses a Europa y el norte de África y que no estaba ligada por tratados a ningún otro país, por lo que era una nación aislada. En el estallido de la Primera Guerra Mundial, con el atentado de Sarajevo en 1914, ocupaba la presidencia del Consejo de Ministros Eduardo Dato, quien se apresuró a declarar la neutralidad española. La sociedad, ante el vaivén político se dividió entre aliadófilos (intelectuales de izquierda) y germanófilos ( partidos de derecha).

Pero mucho más trascendente que el mero conflicto ideológico fueron las repercusiones económicas y sociales que la guerra tuvo en la Península. Su situación como país neutral permitió a España aprovecharse y comerciar con ambos bandos. Las potencias en conflicto tenían la necesidad de artículos alimenticios de primera necesidad, tejidos destinados a los soldados, metales y minerales estratégicos. Todo ello se lo proporcionó España, el comercio español con el exterior pasó a ser ampliamente favorable. Los beneficios conseguidos sin esfuerzos fueron muy elevados para los sectores naval, minero y siderúrgico, potenciando con ello el dominio de los mercados y los bancos del País Vasco y de la industria textil catalana.

Esta etapa expansiva fue mal aprovechad, ya que no se invirtieron los beneficios en la modernización de infraestructuras, y por otra parte se produjeron graves problemas sociales, entre ellos la escasez de pan en las grandes ciudades por la exportación de trigo y por la especulación con este alimento imprescindible.

Las ventajas de la producción de un país neutral se desvanecieron con la paz. Las navieras vascas cerraron, se clausuraron 140 fábricas textiles catalanas; los campesinos se lanzaron a buscar trabajo en una industria en declive desde 1918. La tensión social y sindical iba en aumento, Romanones, que en diciembre de 1915 había sustituido a Dato, tuvo que enfrentarse a las primeras manifestaciones de lo que luego serían los tres componentes de la crisis de 1917: : el problema militar, la oposición catalanista y la conflictividad social.

Una de las preocupaciones que habían llevado a Cánovas a diseñar el régimen de la Restauración tal t como lo hizo fue terminar con la presencia activa de los militares en la vida política a través del pronunciamiento. Sin embargo, la Guerra de Cuba, el Desastre del 98 y el catalanismo político supusieron la reaparición en escena del ejército. Los militares regresan no ya como grupo de políticos amotinados dirigidos por un general, sino como jóvenes oficiales que desde la crisis de 1898 reclamaban para el ejército un papel protagonista como única fuerza sana dentro de un sistema corrupto.

Estructuralmente el ejército era un inmenso cuerpo burocrático, cuya mayor preocupación era la promoción interna de sus miembros. Sólo los grados más elevados disfrutaban de un buen nivel de vida y podían intervenir en política. La Guerra en Marruecos propició la aparición de dos sectores distintos en las fuerzas del Estado: los africanistas, que ascendían con rapidez por méritos en acción y los que subsistían en pequeñas guarniciones de la Península, intentando hacer frente con sus reducidos salarios a la subida de los precios ocasionada por la neutralidad en la guerra. Para defender sus intereses de cuerpo y profesionales, comenzaron a organizarse unas Juntas Militares de Defensa. Reclamaban cambios en el sistema de ascensos, y se mostraban partidarios de la escala cerrada o rigurosa antigüedad, como se venía haciendo en artillería o ingenieros; criticaban los favoritismos y exigían una mejora en sus condiciones económicas. La protesta de las Juntas empezó en el otoño de 1916, pero la crisis llegó a su punto culminante en el verano de 1917.

La crisis del sistema social de la Restauración se basó en la evolución y el conflicto de tres bloques sociales:

  • La oligarquía continuó dominando la política a través del caciquismo, duramente atacado por el intento de Maura de realizar una revolución desde arriba para terminar con la corrupción política.

  • La burguesía, por su parte, buscará el pacto con los grupos políticos en el poder.

  • Finalmente en el proletariado habrá que distinguir entre dos grupos: el campesinado confuso y desorganizado y el proletariado urbano, a la vanguardia de las reivindicaciones de clase. Algunas de ellas cristalizaron en proyectos de ley o decretos gubernamentales como la creación de un Instituto de Trabajo que nunca llegó a realizarse.

Sobre la problemática situación del final de la Restauración se sitúa la crisis de 1917, año que los contemporáneos también percibieron como un hito en el sistema de la Restauración. Se produce entonces una triple crisis: crisis militar, crisis política y crisis social.

El origen de la crisis militar se encuentra entre las reivindicaciones militares sobre la remuneración, promoción y ascenso que provocó la formación de las Juntas de Defensa. Se produjo un choque contra el poder civil, los gobiernos de García Prieto y Eduardo Dato. Se consiguió la aprobación de la Ley de Reforma Militar. Se apoyo a los gobiernos civiles contra los que habían protestado. El ejército se convirtió en el represor de los conflictos sociales. Tras el desastre de Annual en la Guerra de Marruecos, se produjo una vuelta de los militares al poder con la Dictadura de Primo de Rivera entre 1923 y 1930.

A las repetidas protestas lanzadas por los militares contra le sistema de la Restauración se sumaron los mauristas, socialistas y los regionalistas catalanes, se produce una crisis política Para analizar esta situación es necesario mencionar brevemente algunas de las repercusiones de la Primera Guerra Mundial en Cataluña, entre las que destacan la crisis de la Bolsa, la expansión del sector textil y siderúrgico y la creación de grandes beneficios al aumentar el sector comercial, el capital y los servicios bancarios. Pero el reverso de la moneda era la situación de los trabajadores industriales, el aumento del coste de la vida y el estancamiento de los salarios, todo ello unido la incremente de la llegada de inmigrantes desde Aragón, Valencia y Murcia.

En primavera de 1917, el movimiento obrero, tras la alianza de la CNT y UGT y el éxito de la huelga general de 24 horas del 18 de diciembre de 1916, confluyó con la aparición de las Juntas de Defensa, el desprestigio del rey por sus intromisiones anticonstitucionales y la división en camarillas irreconciliables de los partidos dinásticos. Todo ello proporcionó los aspectos clave de la crisis constitucional. Los dirigentes de la Lliga pasaron a la ofensiva política, ya que contaban con el apoyo de la burguesía catalana, las clases medias urbanas y con la potencial ofensiva de obreros y Juntas Militares. Pensaban, por tanto, pasar a la acción: declarar incapaces a los partidos del sistema y crear un contrapoder: la Asamblea de parlamentarios. Cambó, consciente de la delicada situación política del país, solicitó la reapertura de Cortes y , ante la negativa de Dato, convocó en Barcelona una Asamblea de parlamentarios con la intención de reunir a todos los sectores políticos descontentos para tratar de plantear unas nuevas bases sobre las que desarrollar la vida política española. Pero Cambó tuvo más dificultades de las previstas. A la Asamblea sólo asistieron 71 parlamentarios, una de las mas notables ausencias fue la de Maura, que continuaba con su política de criticar el sistema, pero sin adoptar ninguna medida al respecto. Cambó se entrevistó con el rey y consiguió que la Lliga entera en un gobierno de coalición, destruyendo así el turno del sistema canovista y acabando con el gobierno de Dato.

Finalmente cuando en 1916 los precios comienzan a dispararse, las organizaciones sindicales CNT y UGT vieron la necesidad de actuar de forma táctica contra la inestabilidad económica que se cernía sobre las clases populares, se produce entonces la crisis social. Acordaron una huelga general contra el alza de precios de las subsistencias. A pesar del éxito de la huelga, del paro generalizado y sin incidentes, 1917 se presentaba como un año negro para las perspectivas obreras. Para preparar la huelga hubo numerosos contactos entre los políticos. La huelga, en la que también participó la CNT, dio lugar a graves incidentes de orden público y el Gobierno terminó recurriendo a la intervención del ejército.

La dictadura de Primo de Rivera

El 23 de Junio el rey le comentó al ministro de Instrucción Pública que consideraba inevitable la formación de un gobierno militar, lo cual hace pensar a los historiadores que el rey conocía o estaba informado del proyecto de secesión militar.

Desde finales de junio se forma el núcleo central de los conspiradores, que van a buscar apoya dentro y fuera del ejército. El detonante para el golpe fueron los incidentes producidos en Málaga el 23 de agosto entre las tropas que iban a ser embarcadas para Marruecos y la crisis ministerial del primero de septiembre. Desde este momento, Primo de Rivera aceleró los preparativos para la acción, y superando las indecisiones de última hora de muchos de los comprometidos, declaró el estado de guerra en Cataluña e inició la sublevación, que finalmente triunfó. A Cataluña se fueron sumando las demás provincias. El rey recibió la dimisión del Gobierno, entregando el poder al general Primo de Rivera, hecho que, según parece deducirse de la documentación existente, debía tener ya decidido con anterioridad.

El general golpista llegó a Madrid el día 15 y comunicó a los generales que habían apoyado su deseo de formar un Directorio Militar. Alfonso XIII sancioná la formación de Gobierno, compuesto por ocho generales de brigada todos ellos en calidad de vocales . El presidente del Ejecutivo juró su cargo requisito formal por el cual el rey quedaba libre de la responsabilidad de su gobierno, manteniendo con ello las apariencias de la legalidad constitucional. El mismo día se decretó el estado de sitio y las Cortes quedaron disueltas: el ejército ocupó el primer plano de la política española.

Directorio militar (1923-1925)

Se propuso solucionar los problemas que habían conducido al fracaso del sistema anterior, - orden público, nacionalismo, responsabilidades políticas, Marruecos- y acabar con el caciquismo.

La colaboración policial de algunas organizaciones cívicas aconsejó que por Real Decreto de 17 de septiembre de 1923 se instituyese el Somatén nacional, a semejanza del existente en Cataluña. Su función primordial acabaría siendo la salvaguardia de la justicia y la paz frente a cualquier conato revolucionario. La represión alcanzó a la CNT, a los nacionalismos, a la prensa y a los intelectuales.

En cuanto a los nacionalismos, se prohibió el uso de la lengua y bandera catalana en actos públicos y se cambiaron los nombres de las calles. Se produjo el cese de las diputaciones provinciales. La Lliga sufrió un duro golpe con esta situación, pues parte de la burguesía catalana mantuvo su apoyo a la política económica de la dictadura. A medio plazo, la gestión primorriverista sirvió para radicalizar el catalanismo e incrementar las filas del republicanismo.

En el País Vasco se clausuró el periódico del PNV, Aberri. El régimen dictatorial aparentó haber diluido los problemas nacionalistas, pero en realidad enfrentó a las instituciones monárquicas con el nacionalismo.

Directorio civil (1925-1929)

Coincidiendo con el triunfo en Marruecos (Alhucemas 1925), la dictadura vivió sus mejores momentos. El esfuerzo se dirigió a crear un régimen distinto, era preciso introducir los fundamentos institucionales correspondientes: el partido de la Unión Patriótica y la Asamblea Nacional Consultiva, que debería preparar una nueva constitución. Esta asamblea se compuso de 400 miembros de la Unión Patriótica. Tras año y medio de reuniones elaboró un anteproyecto de constitución en la que no se reconocía ni la soberanía ancional ni la división de poderes; sólo la soberanía compartida del rey t las Cortes, heredada de la Constitución 1876. La representación nacional se realizaría a través de una cámara única, en la que la mitad de los diputados eran de elección corporativa o nombramiento real y elr esto era elegido por sufragio universal. Lo que acabó por arruinar a la dictadura fue su propiua incapacidad para encontrar una fórmula política distinta de los regímenes anteriores.

En cuanto a la política económica se realizó un gran esfuerzo por aumentar la renta nacional y por emjorar su distribución. Se combatió la cirisi económica resultante de la Guerra de Marruecos y se reactivó y regeneró todo el sistema económico. Se organizó un Estado corporativo, se decretaron medidas proteccionistas para la industria: el monopolio de petróleos y la actuación en Telefónica. Las mejoras en infraestructuras y obras hidraúlicas eran aspectos del plan pensados para reactivar la economía. Se creó en 1927 CAMPSA cuyo fin principal será ocuparse de la compra de yacimientos, del transporte y del refinado del crudo. En Telefónica, Primo de Rivera moderó su nacionalismo ya que el capital que le permitía tener recursos tecnológicos necesarios procedía de ITT. El esfuerzo más importante se dirigió a la creación de infraestructuras capaces de permitir el desarrollo del país. Los ferroccarriles recibieron nuevos impulsos con el Estatuto ferroviario de 1924, dirigidos tanto a nuevas cosntrucciones como a la mejora del material existente. Se proyectó construir unos 7000 km de carreteras. Otra área favorecida fue la hidraúlica, se ideó la creación de las confederaciones hidrográficas, destinadas al aprovechamiento energético de riego y transporte de las cuencas fluviales para triplicar en un breve plazo de tiempo los riesgos existentes.

Se aumentaron los centros construidos, el analfabetismo descendió, crecieron las escuelas normales de los maestros y aumentó el salario de éstos. Este sector también sufrió graves recortes de libertad. Recortes en al libertad de cátedra lo que produjo enfrentamientos con el dictador. Se favoreció la enseñanza privada y religiosa y se intentó equipara los títulos universitarioos de los jesuistas de Duesto y los Agustinos de El Escorial a los otorgados por las universidades públicas.

Etapa de descomposición y crisis (1929-1930)

Los intelectuales republicanos se integraron desde 1925 en el Partido de Acción republicana. La universidad mentuvo constante oposición al régimen. A miguel de Unamuno su enfrentamiento con la dictadura le valió el destierro a Fuerteventura. La oposición estudiantil fue en aumento. Caballod de batalla de la dictadura fue el intento de reforma universitaria, mediante el Real Decreto de 19 de mayo de 1928, por el que se restringuía la libertad de cátedra y se equiparaban los títulos privados a los públicos. Los choques entre estudiantes y fuerzas públicas alcanzaron un gran nivel de virulencia. El Directorio cerró la universidad, lo cual produjo el apoya de los profesores a los alumnos y se radicalizó el conflicto.

En cuanto a los nacionalismos, las prohibiciones iniciales sobre el uso de la lengua y las manifestaciones autóctonas se vieron respondidas por el desarrollo del nacionalismo insurreccional, pero tuvo poco éxito debido al desarrollo económico que tuvo lugar durante la dictadura.

Las fuerzas armadas se alinearon detrás de Primo de Rivera en 1923. Pero no todos los militares estaban satisfechos, debido a la política de Marruecos y el autoritarismo del dictados en su pretensión de aplicar un sistema de ascensos por méritos de campaña a todos los cuerpos, que atacaba la promoción por antigüedad o escala cerrada. El movimiento más destacado del período es el episodio de la Sanjuanada impulsada por los políticos liberales y algunos republicanos. En 1925 se reunieron en el Café Nacional de Madrid numerosos oficiales, entre ellos Weyler y formaron Juntas para conseguir fondos que financiasen la rebelión. Los jóvenes eran los más activos. Se les impusieron fuertes multas, como a Romanones, Weyler y Gregorio Marañón. El problema de los ascensos a partir de julio de 1926 produjo grande descontento entre los artilleros. Un nuevo complot se tradujo en el levantamiento de Ciudad Real que fracasó rápidamente.

La agitación social en los primeros años fue escasa, debido a la favorable coyuntura económica de la que disfrutaba el país. En 1927 se creó la FAI (Federación Anarquista Ibérica) en la que existía una mayoría partidaria de la insurrección. La dictadura prohibió el Partido Comunista, aunque de hecho se siguieron publicando algunos de sus periódicos. En cuanto a los sindicatos libres, tuvieron el apoyo del Gobierno y consiguieron dominar gran parte del sindicalismo barcelonés. El movimiento católico se sintió marginado. La oposición a la dictadura, en suma, estuvo compuesta por los partidos de turno, republicanos, algunos sectores del ejército, intelectuales, comunistas y anarquistas. La dictadura no prohibió ningún partido ni actuó con crueldad respecto a los opositores, e incluso la censura no se comportó con dureza en más que en contadas ocasiones.

El final de la dictadura

En 1928 el régimen comenzó su decadencia debido a la confluencia de varios factores:

  • Primo de Rivera y su incapacidad para crear un régimen nuevo y sólido. La oposición era creciente como también lo eran las conspiraciones armadas contra el sistema. Por esto toma la decisión de abandonar el poder.

  • A lo largo de 1929 reaparecen los conflictos sociales que parecían haberse extinguido: huelgas y conspiraciones militares. Temiendo estos acontecimientos, el dictador eligió abandonar el poder y salir del país, murió poco tiempo después.

Las consecuencias de la Dictadura fueron varias:

  • Produjo la aniquilación de los partidos de turno.

  • Ocasionó la crisis de los partidos monárquicos reformistas.

  • Creó la Unión Patriótica, germen de ascenso de los sectores vinculados al catolicismo social y político (Acción nacional, CEDA)

  • Deterioró la institución monárquica y el ejército lo que provocará el advenimiento de la República y la división interna del ejército.

  • Cambió la correlación de fuerzas políticas, dejando a republicanos y socialistas como las últimas reservas disponibles en el espectro de los partidos.

Aportó a la dictadura de Franco el Movimiento Nacional, la creación del funcionario estable, la importancia concedida a cuestiones económico-sociales, la consolidación de un verdadero ejército, el de Marruecos. La dictadura no fue sólo el germen del franquismo, sino también la que le dio el triunfo.

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