Manifiesto comunista; Karl Marx, Friedrich Engels

Filosofía. Manifiesto comunista. Marx. Engels. Comunismo. Liga de los Justos. Liga Comunista. Movimiento obrero. Proletariado. Burguesía. Lucha de clases. Materialismo. Capitalismo

  • Enviado por: Sandra Martín García
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 17 páginas
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4º Humanidades

Antropología Cultural de Ibero América

“EL MANIFIESTO COMUNISTA”

(K. MARX Y F. ENGELS)INTRODUCCIÓN

En el verano de 1847, la Alianza Comunista, organización obrera procedente de la Internacional del Trabajo, encargó a Marx y a Engels la redacción de un manifiesto breve, que contuviera las bases y fines para dicha asociación. Lo que en un principio fue publicado en forma de credo con el título Fundamentos del comunismo, se cambió a sugerencia de Engels, por el de El Manifiesto Comunista, de la misma manera que su forma literaria.

Los días pasaban sin que el encargo encomendado por el Congreso de Londres se llevara a la práctica. Por ello, el 24 de enero de 1848 el Comité Central de la Liga acordaba dirigirse al Comité de Distrito de Bruselas, encargándole notificar al ciudadano Carlos Enrique Marx, que si el Manifiesto del Partido Comunista, cuya redacción se le había encargado en el último congreso, no llegaba a Londres dentro del periodo acordado, se tomarían sanciones contra su persona.

El Comité Central de la Liga, advertía a Marx de que, si no lo redactaba se sería requisados todos los documentos que dicha organización le había cedido para la composición del escrito.

Tras estas advertencias, Marx empezó a trabajar en el asunto en los primeros días de febrero del año 1848, con colaboración estrecha de Friedrich Engels, filósofo que había fundado en Bruselas con Marx, la Asociación Democrática Internacional y que junto a él salió comisionado de la Liga de los Comunistas. Tras tres semanas de trabajos salía hacia Londres el original del manifiesto, al mismo tiempo que estallaba en París la revolución.

Apareció en una tirada de mil ejemplares en la fecha mencionada, y supuso un paso adelante en la formulación de las tareas comunistas en la revolución alemana, a cuyos responsables pedía luchar contra la burguesía, el feudalismo y el provincianismo. A principio de marzo las autoridades le expulsaron de Bélgica y viaja a París donde crea una Nueva oficina de la Alianza Comunista y redacta los diecisiete Postulados del Partido Comunista, en vísperas de la revolución alemana, que el 13 de marzo triunfa en Viena y el 18 en Berlín.

Desde ahora el proletariado contaba con su teoría, tenia su carta, su programa táctico, su “grito de combate”. La vieja divisa humanitaria y confusionista que venia presidiendo el movimiento obrero, el grito de “todos los hombres son hermanos”, se esfumaba al alzarse, como afirmación de la solidaridad de los trabajadores del mundo, el grito de “¡Proletarios de todos los países uníos!”.

En un primer momento tal folleto, constaba de 26 históricas páginas en las que se intentaba realizar una explicación sucinta de la historia, la actuación programática de los comunistas y sus relaciones con el resto de la clase obrera, y una critica a otras corrientes socialistas.

Sin duda el siglo XIX consolida el poder de la burguesía, que desplaza a la nobleza, y se potencia con el logro de poderes económicos exclusivos para, paulatinamente, adentrase en la adquisición de los poderes políticos y, simultáneamente, los culturales y científicos. Opuestamente, la clase obrera, mayoritaria en número, y también durante este siglo, se organiza y pretende no sólo participar sino lograr un protagonismo relevante, con conciencia de clase proletaria (lo más importante), en los citados poderes; a la vez que se inspira en las doctrinas marxistas y en otras de cariz socialista.

CONTEXTUALIZACIÓN

AUTORES

Karl Marx, (1818-1883), fue un filósofo alemán, creador junto con Friedrich Engels del socialismo científico (comunismo moderno) y uno de los pensadores más influyentes de la historia contemporánea.

Marx nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818 y estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena. Publicó un artículo en la Rheinische Zeitung (Gaceta Renana) de Colonia en 1842 y poco después pasó a ser su jefe de redacción. Aunque su pensamiento político era radical, todavía no podía calificarse de comunista. Las críticas de las condiciones sociales y políticas vertidas en sus artículos periodísticos le indispusieron con las autoridades, que le obligaron a abandonar su puesto en el rotativo en 1843; poco después, el periódico dejó de editarse y Marx se trasladó a París. Los estudios de filosofía, historia y ciencia política que realizó en esa época le llevaron a adoptar el pensamiento de Friedrich Hegel. Cuando Engels se reunió con él en la capital francesa en 1844, ambos descubrieron que habían llegado independientemente a las mismas conclusiones sobre la naturaleza de los problemas revolucionarios. Comenzaron a trabajar juntos en el análisis de los principios teóricos del comunismo y en la organización de un movimiento internacional de trabajadores dedicado a la difusión de aquellos. Esta colaboración con Engels continuó durante toda su vida.

El Manifiesto Comunista

Marx se vio obligado a abandonar París en 1845 debido a su implicación en actividades revolucionarias. Se instaló en Bruselas y comenzó a organizar y dirigir una red de grupos llamados Comités de Correspondencia Comunista, establecidos en varias ciudades europeas. En 1847, Marx y Engels recibieron el encargo de elaborar una declaración de principios que sirviera para unificar todas estas asociaciones e integrarlas en la Liga de los Justos (más tarde llamada Liga Comunista). El programa que desarrollaron —conocido en todo el mundo como el Manifiesto Comunista— fue redactado por Marx basándose parcialmente en el trabajo preparado por Engels y representaba la primera sistematización de la doctrina del socialismo moderno. Las proposiciones centrales del Manifiesto, aportadas por Marx, constituyen la concepción del materialismo histórico, concepción formulada más adelante en la Crítica de la economía política (1859). Según se explica en estas tesis, el sistema económico dominante en cada época histórica, por el cual se satisfacen las necesidades vitales de los individuos, determina la estructura social y la superestructura política e intelectual de cada periodo. De este modo, la historia de la sociedad es la historia de las luchas entre los explotadores y los explotados, es decir, entre la clase social gobernante y las clases sociales oprimidas. Partiendo de estas premisas, Marx concluyó en el Manifiesto que la clase capitalista sería derrocada y suprimida por una revolución mundial de la clase obrera que culminaría con el establecimiento de una sociedad sin clases. Esta obra ejerció una gran influencia en la literatura comunista posterior y en el pensamiento revolucionario en general; ha sido traducida a multitud de lenguas y de ella se han editado cientos de miles de ejemplares.

SITUACIÓN HISTÓRICA

La sociedad industrial

La sociedad europea del siglo XIX fue el resultado de las transforma­ciones económicas iniciadas con la Revolución Industrial y de los cam­bios políticos que se inspiraron en las ideas de la Ilustración y llevaron a la formación del Estado liberal .

Frente a la sociedad estamental apareció una sociedad dividida en clases. Nuevos grupos sociales, y otros procedentes de épo­cas anteriores, configuraron el nuevo entramado social: se consolidó la burguesía, aparecieron los obreros industriales, pervivió la aristocracia, en decadencia, y continuaron existiendo artesanos y campesinos, li­gados a formas productivas tradicionales.

Además, la sociedad dejó de ser eminentemente rural, se produjo un rápido crecimiento de las ciudades y una parte cada vez mayor de la población pasó a ser urbana.

El abandono del campo en busca de trabajo en la ciudad, principalmente por los sectores más jóvenes de la población, y las propias caracterís­ticas del trabajo industrial provocaron cambios que afectaron a las tra­diciones y a los lazos que unían a las familias y las comunidades rura­les y artesanales. Se introdujo un nuevo sistema de relaciones en la vida familiar; laboral y social, de modo que el ocio, las costumbres, la moda, los ritmos de vida y de trabajo, la noción de tiempo y espacio y tam­bién los valores cambiaron radicalmente.

La nueva situación afectó especialmente a las muje­res. La situación laboral y familiar de las mujeres, así como las ideas y los valores asociados tradicional­mente a ellas, iniciaron también una profunda trans­formación.

Una sociedad de clases

La sociedad de clases se configuró tras un largo pro­ceso paralelo a la industrialización y a la extensión de la ideología liberal. Los principios liberales funda­mentaron la igualdad jurídica de las nuevas clases sociales y permi­tían, por una parte, la emancipación de los campesinos aún sometidos a la servidumbre feudal, y por otra, el ascenso social basado en la ca­pacidad y el talento personal para conseguir riqueza. El resultado del proceso fue una sociedad más igualitaria legalmente y más abierta, por­que permitía la movilidad social, pero a la vez la nueva sociedad si­guió siendo muy desigual en el aspecto económico.

Las clases sociales se definieron por la posición económica común de un colectivo de individuos. Se estableció así una sepa­ración básica entre la burguesía, o propietarios de los medios de pro­ducción (máquinas, capital, materias primas, instalaciones), y el pro­letariado, que sólo contaba con el salario que recibía a cambio de ven­der su fuerza de trabajo.

Las duras condiciones impuestas por los propietarios de los medios de producción a los proletarios pusieron en entredicho los principios li­berales y fueron, como veremos, uno de los factores clave que impul­saron los movimientos reivindicativos de los obreros para mejorar sus condiciones de vida.

La burguesía

En la Europa industrializada, la riqueza se encontraba básicamente en manos de la gran burguesía, que compartía en buena parte la riqueza y el poder con la aristocracia terrateniente.

La burguesía controlaba el mundo de los negocios y tenía una influen­cia cada vez mayor en la vida política, pero aspiraba a ennoblecerse, por lo que su comportamiento emulaba el estilo de vida aristocrático: reuniones, banquetes, mansiones de estilo palaciego, etc.

No obstante, la burguesía no era una clase homogénea. Así, tradicio­nalmente se ha distinguido entre:

La gran burguesía, integrada por los grandes hombres de nego­cios y algunos altos funcionarios. Este grupo, ligado a la po­lítica, se sometió a un proceso de aristocratización creciente. Nu­merosos burgueses franceses, británicos y alemanes se ennoble­cieron en este período.

La pequeña burguesía, heredera de los artesanos y comerciantes tra­dicionales, difícilmente podía adaptarse a las nuevas condiciones eco­nómicas. Su situación material era equiparable a la de los obreros y campesinos, de la que sólo les separaba su condición de no asala­riado. Pequeños propietarios de talleres artesanales, tenderos y pe­queños comerciantes tuvieron dificultades para sobrevivir en una eco­nomía cada vez más competitiva. Por ello, en ocasiones se asimilaban a las clases populares, junto a las que intervenían en las agita­ciones de la época.

Además, existió un creciente número de burgueses dedicados al co­mercio y a profesiones que cada vez fueron más reconocidas (médi­cos, abogados, ingenieros) y que recibieron el nombre de profesiones li­berales. Estos burgueses no podían incluirse dentro de los dos grupos anteriores, por lo que surgió una nueva denominación para referirse a ellos: las clases medias.

Este grupo social, cada vez más numeroso, simbolizaba los elementos de­finidores de la nueva sociedad burguesa. El progreso económico, la in­dustria, la cultura y la progresiva extensión del sufragio le permitieron con­solidarse e irradiar a toda la sociedad unos nuevos valores y formas de ac­tuación: el trabajo, el ahorro, la propiedad y la herencia se convirtieron en las claves del progreso material y social, que se salvaguardaba me­diante la cohesión familiar y la defensa del Orden establecido.

El proletariado industrial

Era un grupo social heterogéneo formado, en sus orígenes, por cam­pesinos que abandonaron el trabajo del campo, trabajadores del siste­ma doméstico y artesanos procedentes del sistema gremial en crisis. Además, toda la clase obrera urbana no estaba formada úni­camente por los asalariados industriales, pues, junto a éstos, persis­tieron los trabajadores de los oficios artesanales y del sistema de tra­bajo a domicilio.

Los trabajadores tuvieron que soportar las duras condiciones sociola­borales impuestas por los empresarios y la organización de la producción en fábricas, que dio al proletariado industrial unas características especificas.

La división del trabajo y la adaptación al ritmo de la máquina con-vinieron al obrero en una pieza más del proceso productivo.

- El exceso de mano de obra y la búsqueda del máximo beneficio em­presarial provocaron jornadas laborales de 14 a 16 horas diarias y unos salarios míseros que apenas cubrían las necesidades básicas de supervivencia.

- Las condiciones poco higiénicas e insalubres de los lugares de tra­bajo y de las viviendas y barrios obreros, desprovistos de servicios básicos como el alcantarillado o la iluminación, hicieron aumentar las enfermedades.

- La férrea disciplina fabril provocó la deshumanización del trabajo industrial.

- La incorporación de mano de obra infantil y femenina, principalmente en el sector textil, peor retribuida, dificultaba el acceso de la población obrera a la educación, de­jaba a los niños desatendidos y modifica­ba las relaciones familiares.

- Las relaciones sociales de producción regidas (en aplicación del liberalismo) por la contratación libre entre patronos y obreros, en la que los empresarios impo­nían sus condiciones.

- La ausencia de una legislación social

que protegiese a los obreros ante la en­fermedad o la inseguridad del puesto de trabajo.

Los informes políticos y médicos y la literatura de la época (las obras de Ch. Dickens, por ejemplo) reflejan fielmente las sombrías condiciones de vida de la clase obrera y denuncian problemas como malnutrición, la baja esperanza de vida, el analfabetismo, el alcoholismo, la delincuencia y la prostitución.

Tan sólo capataces y obreros cualificados fueron minorías privilegiadas que escaparon débilmente a este oscuro panorama. La lucha de los obreros por mejorar sus condiciones de vida propició que, a partir de mediados del siglo XIX, y coincidiendo con la segunda fase de la industrialización, se iniciara una lenta mejora de su situación.

Los orígenes del movimiento obrero

El movimiento obrero se fue configurando como la res­puesta de la clase trabajadora a los problemas provo­cados por la industrialización y el capitalismo. A través de un largo proceso de lucha, en el que se ad­quirió la conciencia colectiva de pertenencia a una cla­se con intereses comunes, se fueron manifestando, como veremos, diferentes formas de protesta y reivindicación.

Las doctrinas sociales que aparecieron en esta épo­ca orientaron el movimiento obrero y practicaron un aná­lisis sistemático y una crítica del sistema capitalista que proporcionó a las reivindicaciones obreras un ar­gumento ideológico mucho más elaborado.

Las primeras manifestaciones del movimiento obrero consistieron en re­vueltas violentas y desorganizadas dirigidas contra las máquinas. La mecanización había creado puestos de trabajo, pero su perfecciona­miento contribuyó a hacer innecesaria parte de la mano de obra. Apa­recieron así la hostilidad y las revueltas de los artesanos y obreros fa­briles contra las máquinas. Tales revueltas se conocen como luditas y toman el nombre de Ned Ludd, tejedor al que se atribuye el liderazgo en las primeras destrucciones de telares. Se han de interpretar como una lucha por defender los puestos de trabajo, como un rechazo a los nuevos métodos productivos y como un medio de presión contra los pa­tronos para obtener mejoras salariales y laborales.

Aunque las luchas se produjeron desde los inicios de la mecanización, tuvieron su máxima virulencia en Gran Bretaña, entre 1811 y 1817, y se extendieron posteriormente por el continente. En España, por ejem­plo, hubo brotes en Alcoy, en 1821, y en Barcelona, en 1835. La dura represión ejercida contra muchos de los sublevados incluyó la pena de muerte.

La ausencia de leyes que regularan las relaciones laborales y la pro­mulgación de las primeras leyes antiasociativas (la francesa Ley de Le Chapelier y las Combination acts inglesas) provocaron reacciones populares para luchar por su abolición.

Poco a poco, las acciones espontáneas derivaron hacia el asociacio­nismo, con la creación de las mutuas o sociedades de socorros mu­tuos, primeras organizaciones obreras, basadas en la fraternidad y la cooperación. Su finalidad era asistencial: socorrer y proteger a los asociados en situaciones adversas, como enfermedad, invalidez, acci­dente, vejez, paro, etc. El hecho de que contasen con recursos econó­micos permitió mantener a los asociados en los períodos de huelgas.

Desde 1824, fueron apareciendo organizaciones obreras, agrupaciones de trabajadores del mismo oficio y localidad, los sindicatos o trade unions, que ampliaban los objetivos de las mutuas a la consecución de reivindicaciones laborales. En 1830, se creó la primera unión textil de dimensión nacional, la Asociación General para la Protección del Trabajo, creada por John Doherty, que culminó en una federación nacional de sindicatos de diferentes oficios, la Grand National o Gran Sindicato Nacional de Trade Unions, que llegó a reunir 500 000 miem­bros. En su creación, participó Robert Owen, empresario que creía en la organización cooperativa de la producción.

Al estallar las revoluciones liberales, el proletariado había ayudado a la burguesía en su lucha contra las estructuras políticas y económicas del Antiguo Régimen. Sin embargo, el sufragio censitario, que satisfacía las aspiraciones de la mayoría de los burgueses, marginó a los obreros. Este hecho marcó el inicio de la reivindicación política propia para con­seguir el sufragio universal masculino, con el fin de que las reformas para ampliar los derechos sociales se llevasen a cabo desde el Parla­mento.

Este movimiento político fue el eje del carlismo británico, que se inició en 1838 con la presentación al Parlamento de la Carta del pueblo, que con­tenía sus principales reivindicaciones, y originó un gran movimiento de masas, en coincidencia con experiencias análogas en el continente eu­ropeo (revoluciones de 1830 y 1848). El rechazo parlamentario a las pe­ticiones de la Carla, la violencia que adquirieron las huelgas e insurrec­ciones promovidas por el sector más radical y el fracaso de la revolución de 1848 en el continente provocaron la desmovilización definitiva del movimiento cartista. No obstante, con el cartismo quedó demostrado que los trabajadores podían organizarse, y el Estado se vio obligado a iniciar la regulación de las relaciones laborales, por lo que, por ejemplo, se re­dujo a diez horas la jornada de trabajo de mujeres y niños.

En la Europa continental, con un ritmo de industrialización más lento, las organizaciones obreras tuvieron un desarrollo más tardío que en Gran Bretaña, y debieron enfrentarse a una mayor oposición.

Socialismo y anarquismo

Paralelamente a la organización de los obreros, se empe­zaron a difundir, entre 1820 y 1830, las primeras reflexio­nes de intelectuales que criticaban las contradicciones de la industrialización y las injusticias del capitalismo, y for­mulaban modelos alternativos centrados en el igualitarismo y la solidaridad.

Éste fue el inicio de las teorías que dotaron de un sustrato ideológico a las reivindicaciones de los trabajadores. Su evo­lución a lo largo del siglo XIX presenta un desarrollo com­plejo. El pensamiento socialista, utópico primero y científico posteriormente, y el anarquismo constituyen las grandes corrientes de pensamiento que contribuyeron a la consolidación del movimiento obrero.

La lucha de clases

El motor de los cambios históricos es, según Marx, la contradicción y el antagonismo originados entre las clases sociales por la posesión de los medios de producción. A lo largo de la historia, la lucha de clases entre las dominantes, poseedoras de la riqueza y, en el capitalismo, tam­bién de los medi6s de producción, y las dominadas, no propietarias de los medios de producción, era una constante y había provocado el paso de una fase histórica a otra. El capitalismo era una más de las fases de la evolución humana que permitiría llegar al socialismo, en el que no existirían desigualdades sociales ni económicas.

El materialismo histórico

La interpretación de la historia que propuso Marx se conoce con el nom­bre de materialismo histórico. La historia era entendida por Marx como un proceso constante de cambio y desarrollo, en el que la economía cera la base sobre la que se asentaban las sociedades. Según esta interpretación, la forma de organizarla producción y el intercambio de productos condicionaba las organizaciones políticas, la mentalidad y la cul­tura de la sociedad. La modificación de algún aspecto de la organización económica provocaba un cambio en la estructura social, por lo que las causas de las transformaciones sociales había que buscarlas en la modificación de las formas de producción.

La plusvalía

En el análisis de la sociedad capitalista, Marx descubrió el origen de las desigualdades sociales: el enriquecimiento de los empresarios estaba motivado por la apropiación indebida de una parte del beneficio produ­cido y no retribuido por el trabajo del obrero, la plusvalía. Esta situación injusta conducía a un inevitable enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado.

La sociedad comunista

Para acabar con la explotación ca­pitalista, Marx proclamó la necesi­dad de que el proletariado prota­gonizara una revolución que le permitiera conquistar el poder político y económico, y organizar un Estado obrero al servicio de los trabajadores. El nuevo Estado, la dictadura del proletariado, era considerado por Marx una fase de transición, en que se aboliría la propiedad privada y se socializa­rían los medios de producción. Con ello, desaparecerían las dife­rencias sociales y surgiría una nue­va sociedad igualitaria. La ine­xistencia de clases sociales haría innecesario el Estado y la nueva sociedad, la sociedad comunista, se organizaría en comunidades de producción y consumo, donde cada miem­bro recibiría según sus necesidades y aportaría según sus capacidades. Junto al aspecto teórico de su obra, Marx llevó a cabo una actividad práctica orientando a las organizaciones obreras de la época, y defen­dió la creación de partidos obreros. Su influencia en el movimiento obre­ro se ha mantenido hasta épocas recientes.

Los partidos obreros

La defensa que Marx había hecho de la actuación política de los obreros propició la creación de partidos políticos obreros, independiente y enfrentados a los partidos inspirados por la burguesía. Estos partidos aparecieron estrechamente relacionados con los sindicatos y fueron la vía de los obreros para participar directamente en la vida política, e in tentar conquistar y ampliar sus derechos políticos y sociales.

En 1875, se fundó en Alemania el primer partido de estas características, el Partido Socialdemócrata alemán (SPD), que se configuró como un moderno partido de masas, compuesto por un gran número de militantes. En pocos años, se convirtió en la organización obrera más poderosa, adquiriendo un importante peso político que facilitó la conquista de una legislación social avanzada en el periodo anterior a la Primera Guerra Mundial. De hecho, aunque su programa contenía lo' principales postulados del marxismo, daba mucha importancia a la vía para alcanzar reformas político-sociales.

Su influencia se extendió también a otros ámbitos: creó y dirigió las secciones sindicales, en estrecha colaboración con los objetivos del partido, y tejió una compleja red de escuelas, cooperativas, ateneos populares, casas del pueblo, asociaciones recreativas y publicaciones. DE esta forma, favoreció la difusión de la cultura entre la clase obrera y atendió parte de las demandas sociales de las clases populares ante la inhibición del Estado.

El modelo ideológico y organizativo de la socialdemocracia alemana sirvió de ejemplo a otros países europeos, en los que se crearon organizaciones similares. Tal es el caso de España, donde, en 1879, Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) del que surgió la Unión General de Trabajadores (UGT) en 1888.

En Gran Bretaña, a diferencia del caso español, el Partido Laborista (1906) apareció como brazo político de los trade unions y tuvo también un rápido crecimiento.

En Francia, las principales asociaciones políticas se agruparon, en 1905, en la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO). En el movimiento sindical, que fue muy potente, alcanzó una especial relevancia la Confederación General del Trabajo (CGT) en la que predominaba la tendencia anarquista .

ANÁLISIS DE LAS IDEAS PRINCIPALES Y SECUNDARIAS

El libro consta de cuatro capítulos claramente diferenciados por los autores del Manifiesto que comentamos ahora brevemente:

El primero “Burgueses y Proletarios. Presenta el final de un proceso histórico motivado por la lucha de clases. Analiza la evolución de la historia y se detiene en el periodo capitalista, causante de la explotación imperante de los burgueses sobre los proletarios y, a la vez, generador de la conciencia de clases los últimos. Los Proletarios desplazaran a los burgueses; es el resultado de la inevitable revolución obrera. El análisis histórico pues, es diacrónico “Proletarios y comunistas”.

En el segundo capitulo ya de análisis sincrónico, expone la modalidad de estructura y organización necesarias de la sociedad comunista en todos sus aspectos. Propone la lucha política y la conquista del poder, para lo que expone formas de actuación.

En el tercer capitulo, “Literatura socialista y comunista”, se critican ciertas corrientes socialistas y se propone el debate ideológico como modelo de análisis, entendimiento y clasificación.

Finalmente, en: “Actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de la oposición”, cuarto capitulo, se exponen las líneas de actuación de los partidos comunistas en el solar que se ubican y en cada nación.

El primer capítulo al que ya antes hemos hecho referencia es “Burgueses y Proletarios”. Éste comienza afirmando: "Toda la historia de la sociedad humana, hasta el día, es una historia de luchas de clases: esclavos y patronos, patricios y plebeyos , barones y siervos en una palabra: opresores y oprimidos". Es decir, hablando en términos precisos, toda la historia escrita.

Estos dos párrafos sintetizan de entrada la lucha de clases: burguesíaproletariado, exponiendo que esta lucha no ha sido todavía abolida por la sociedad burguesa. Como bien indica este primer capítulo, Marx y Engels van a intentar explicar tanto el origen de la clase burguesa, como su posterior desarrollo. Para ellos la burguesía se originó “de los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los <<villanos>> de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primero elementos de la burguesía”.

La burguesía iba creciendo en proporción directa con los adelantos culturales, científicos y económicos de la sociedad; el descubrimiento de América y la colonización de África hicieron que un pequeño comercio creciera y, que junto a la invención de la maquina de vapor y la revolución industrial se convirtieran en una nueva forma de ver la economía y la sociedad.

En el libro perfectamente se expone ese cambio que se produjo, pasando de el régimen gremial de producción a las manufacturas de la clase media industrial. Más tarde estas manufacturas iban a dejar paso a los grandes magnates de la industria. “La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenia por venerable y digno de piadoso acatamiento[...]. La burguesía desgarró los velos emotivo y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares”. Aunque al explotar el mercado mundial y convertirse en un factor cosmopolita llevaron todos los adelantos de la burguesía hasta los lugares y naciones salvajes que desconocían dichos medios de producción,...

Pero estas aplicaciones burguesas no se limitaron a los países más alejados de Occidente sino que aquí empezó a haber un cambio en el campo que se fue ampliando hasta llegar a ciudades. Se crearon ciudades enormes, intensificaron la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arrancaron una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. La burguesía va aglutinando en su persona cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país.

Este crecimiento progresivo y ascendente era demasiado bonito para que surgiera algún problema no previsto de antemano. La superproducción se empezó a registrar por todas las sociedades con una producción abundante pero carentes de una salida de dichos productos. Desde el punto de vista comunista la salida que dan a este problema el la destrucción de fuerzas productivas y la conquista de mercados nuevos que adquiera la producción saliente, siempre intentando aprovechar al máximo el rendimiento de las extensiones productivas existentes. “Es decir, que remedia unas crisis preparando otras mas extensas e imponentes y mutilando los medios de que disponen para precaverlas.[...] Y la burguesía no solo forja las armas que han de darle muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas: estos hombres son los obreros, los proletarios”. Y como sabemos esta es la única clase que se va a oponer al ascenso de la burguesía mediante métodos violentos y revolucionarios.

Marx y Engels se introducen, tras este planteamiento, en lo que van a ser los métodos de asociacionismo, y la vida en sí de la clase proletaria: riquezas, hijos, familia y sus prejuicios: la moral, las leyes, la religión,...

Los autores califican al movimiento proletario como “...movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa”.

Como se ha podido apreciar en lo expuesto, este primer capítulo intenta el discernir las grandes diferencias existentes entre estas dos clases contrapuestas.

El segundo libro se titula “Proletarios y comunistas”: El tema de éste va a ser claro, la relación que debe haber entre los proletarios y un partido político, el partido comunista. La diferencia entre el partido comunista y los demás partidos obreros existentes es casi inexistente, al no considerarse aparte. El partido comunista y los comunistas no tienen intereses propios y no profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario. Aunque se quieren marcar algunas diferencias presupuestas: Reivindican y destacan las actuaciones del proletariado, y que siempre se basarán en el interés de un movimiento enfocado en su conjunto.

Su objetivo primordial e inmediato es idéntico al que persiguen los demás partidos proletarios “formar conciencia de clase y derrocar el régimen de la burguesía, llevar al proletario a la conquista del poder” es decir: abolir la propiedad privada”.

La política capitalista es la establecida por los burgueses y este capital es, para Marx y Engels “un producto colectivo y no puede ponerse en marcha mas que por la cooperación de muchos individuos”.

Los burgueses van a criticar a el comunismo por el hecho de colectivizar a las mujeres, ya que los primeros piensan que ellas no son más que un simple instrumento de producción y, según los autores, no advierten que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.

La única solución que se saca de esta lucha proletarioburgués es la llegada del proletariado al poder, “para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todo los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas”.

El tercer capítulo resume la “Literatura socialista y comunista” realizando un estudio tanto de el socialismo reaccionario, del socialismo burgués o conservador, como del socialismo y el comunismo crítico - utópico. Por ello creo que es importante el transcribir alguno de los fragmentos mas significativos de este apartado: “La aristocracia francesa e inglesa, que no se resignaba a abandonar su puesto histórico, se dedicó, cuando ya no pudo hacer otra cosa, a escribir libelos contra la moderna sociedad burguesa [...], no le quedaba más arma que la pluma”. Según Marx es así como nació un socialismo, el feudal, pero que “movía a risa por su incapacidad para seguir la marcha de la historia moderna”. En esta línea de crítica Marx y Engels llegan incluso a hablar de un socialismo clerical, al ir estos, del brazo de los señores feudales y del socialismo feudal existente.

En la segunda parte de este capítulo, se nos habla de un socialismo conservador. Marx y Engels discrepan firmemente de estos dado que el socialismo que anhelan los moderados es el que en esos momentos existe, es decir, unas condiciones de vida “depuradas de los elementos que la corroen y revolucionan: la burguesía sin el proletariado”.

Por último, este libro termina exponiendo las ideas claves socialismo y del comunismo crítico - utópico, aquí realiza una pequeña síntesis de referencias a sistemas socialistas y comunistas que había habido antes de 1848, principalmente por Francia, con movimientos como los <<Falanstarios>> citando a personajes claves como: Saint - Simón, Fourier y otros. Aunque según ellos, la trascendencia de este socialismo está en contraposición y discordancia con el desarrollo histórico de la sociedad.

El <<Manifiesto>> termina con una “enseñanza” acerca del comportamiento que debe haber desde el partido comunista y hacia los partidos de la oposición. La posición es clara, siempre sin olvidar sus objetivos concretos, apoyan cualquier movimiento que vaya encaminado a derrocar o, al menos, a hacer frente al sistema tanto social como político reinante (sociedad burguesa). A modo de ejemplo cita varios ejemplos representativos en distintos países, en los que se pueden apreciar los pactos realizados, aunque las diferencias ideológicas fueran abismales ( con el caso concreto de Francia) .

El tema principal que hay que recalcar es la propagación del comunismo, bases del mismo y información tanto histórica como conceptual. Así como, exponer las diferentes características del comunismo y clases sociales.

El libro no es demasiado extenso cosa que no significa que carezca de un gran contenido. El libro esta dividido en las siguientes partes:

  • Burgueses y proletariado.

  • Proletariado y comunistas.

  • Literatura socialista y comunista.

  • El socialismo reaccionario.

  • El socialismo conservador o burgués.

  • El socialismo y el comunismo crítico-utópico.

  • Posición de los comunistas frente a los diferentes partidos de la oposición.

  • En cada apartado los autores reflejan las contrariedades a la que estaban expuestos los grupos sociales, tanto los de más alto rango social como los menos favorecidos socialmente. Reflejan exhaustivamente la evolución de cada clase social y gracias a este testimonio toda la población que carecía de una educación pudo conocer hechos y evoluciones históricas de clases cercanas a ellos.

    Hay que recalcar objetivamente que la estructura del libro esta bastante conseguida y que gracias a esta estructuración el lector puede asimilar mucho mejor lo que los autores quieren reflejar.

    OPINIÓN Y VALORACIÓN PERSONAL

    La obra de Marx es producto de la situación propia que se vivía en el siglo XIX, es comprensible que su intuición lo haya llevado a pensar que la situación que vivía el proletariado a raíz de la revolución industrial no podía mantenerse así por mucho tiempo pero de todos modos, su conclusión resulta apresurada y poco científica, de hecho parece alejarse de su propia filosofía dialéctica puesto que en su obra el propone el fin de la evolución social. El mismo Marx que criticó al socialismo utópico parece haber caído en el mismo error de pensar que tenía una fórmula del devenir de la historia, el bienestar general y el fin de la lucha de clases, las bases de su teoría son también mera intuición, no se basan en hechos concretos ni en lógica pura. El tan solo hecho de que la burguesía haya acabado con el feudalismo no es motivo suficiente para afirmar con tal certeza que el proletariado daría lugar al comunismo, otra observación es que Marx suponía que al cambiar las relaciones de producción o fuerzas de producción, (cosas que tampoco define claramente) también cambian los parámetros políticos, religiosos, jurídicos, etc., pero su teoría sobre el nacimiento del comunismo y la dictadura del proletariado no supone ningún cambio en las fuerzas productivas como tal, las fuerzas productivas siguen siendo las mismas creadas por la burguesía en aquella primera revolución industrial. La revolución en esta teoría se da pues, porque el proletariado iría poco a poco convirtiéndose en una mayoría organizada, educada, comunicada y descontenta con el sistema lo cual lo haría reaccionar contra él.

    Lo que Marx nunca vio, y ese fue su peor error, es el hecho de que el capitalismo fuera capaz de evolucionar y moderar su forma de acción para superar las crisis sociales y por ende lograr estabilidad, como bien dijo Bobbio “…A pesar de los conflictos que la sacuden, obedece a una especie de orden preestablecido y goza las ventajas de un mecanismo, el mercado, orientado a mantener el equilibrio mediante un ajuste continuo de los intereses en competencia” (Bobbio,2002,p.77). El nunca pensó en que la clase proletariada pudiera ser capaz de prosperar en el sistema capitalista y pasar a una clase media al igual que otros grandes capitalistas pudieran también caer en esta clase debido a la competencia, en la práctica esto fue lo que ocurrió y el grueso de la población pasó ha ser integrante de esta clase media y no hay nada que de mas estabilidad a los sistemas que una gran clase media, puesto que las diferencias entre clases se hacen mas leves y se disminuye la pugna social; la clase media no ha de odiar ni a los pobres ni a los ricos. Así vemos que desde la época de Marx hasta la actualidad, lejos de desaparecer el capitalismo, se ha hecho mas estable que antes y mucho mas difícil de extinguir, también se puede observar que aun a pesar de cambios muy relevantes en las fuerzas productivas realizados en las ultimas décadas, no se han modificado radicalmente las relaciones sociales ni las ideas filosóficas o jurídicas.

    Si contrastamos la teoría de Marx con la de Adam Smith, vemos que este último estuvo mas cerca de la realidad a pesar de los fallos del mercado que no pudo prever. Smith describe de la siguiente manera la interacción de los individuos en el mercado:

    “El hombre casi siempre tiene la coacción de recibir ayuda de sus semejantes, y es inútil que la espere de su benevolencia solamente. Es mas probable que lo consiga si puede inclinar a su favor el egoísmo de ellos demostrándoles que les interesa hacer lo que el les pide… No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura alimento sino la consideración de su propio interés… Todo individuo… ni pretende promover el interés público ni sabe cuanto lo está promoviendo… lo único que busca es su propio provecho, y en ese, como en otros muchos casos, una mano invisible lo lleva a promover un fin que no estaba en sus intenciones… Al buscar su propio interés, promueve el de la sociedad mas eficazmente que si realmente pretendiera promoverlo”(Mankiw,2002, p.7) .

    Como vemos, la teoría de Smith se traduce en la intervención mínima del Estado para promover el bien social, hecho que solo podría darse en un mercado idóneo de competencia perfecta, mientras que Marx pretendía la publitización de lo privado o un Estado máximo encargado de toda la economía del país, no obstante, su fin último era el No-Estado que tendría lugar después del fin absoluto de las clases, al no haber clases, la presencia del Estado ya no se justificaría. Ambos modelos para poder funcionar requieren unas condiciones ideales que no se dan en la sociedad por eso es que ninguna de las dos se pudo dar como se postulaba en la teoría. En la teoría de Smith es inevitable el surgimiento de un Estado de injusticia y desigualdad a causa de los mismos fallos de mercado, mientras que en la de Marx es imposible la libertad puesto que el Estado tiene el control absoluto sobre todo. El ser humano es demasiado complejo de entender para poder abstraer el funcionamiento social y adecuarlo a una forma de gobierno, por otro lado, mientras las personas sean gobernadas por personas, siempre aquellos en el poder gobernarán según sus propios intereses y los intereses de un gobierno nunca serán acabar con el Estado que es su principal fuente de poder. Así se ha demostrado a través de la historia; en el comunismo llevado a la práctica, no se ha llegado nunca al No-Estado y tampoco ha surgido de la dictadura del proletariado como tal por consecuencia de revolución industrial, por el contrario, se llego a implantar el comunismo militarmente y supuso un enorme y poderoso Estado opresor.

    Ambas teorías dicotómicas en el fondo persiguen el fin del Estado pero desgraciadamente esto no se puede lograr ni de una ni de otra forma y lo mejor que se puede en la práctica es combinar las dos, de este modo se reparan los fallos de mercado y la desigualdad extrema pero también se garantizan ciertas libertades y derechos individuales, un buen sistema de gobierno actualmente es aquel que sepa combinar adecuadamente la intervención del Estado con la acción civil. Según la teoría de sistemas que ha prevalecido en los últimos años, se estudian las relaciones entre las instituciones políticas y el sistema social como una relación Demanda-Respuesta; la función de las instituciones políticas es dar respuesta a las demandas provenientes del ambiente social, podemos ver que esta representación no contradice ninguna de las dos teorías. El sistema de gobierno perfecto aún no ha sido desarrollado y es posible que nunca logre desarrollarse, pero sin embargo, se ve una evolución relevante dentro del mismo capitalismo que cada vez se perfecciona más y aprende de las crisis que sufre continuamente.

    JUSTIFICACIÓN DEL LIBRO ESCOGIDO

    He escogido el libro de Marx y Engels, “EL MANIFIESTO COMUNISTA” porque hace no mucho leí un artículo que giraba en torno a la vida de Marx y me llamó mucho la atención; trataba sobre la situación de extrema pobreza en la que había vivido el filósofo durante gran parte de su existencia; habiendo leído algunas hazañas y sobretodo, habiendo oído hablar tanto de esta obra, consideré necesario sumergirme de una vez por todas en su lectura.

    Así, una vez concluida, uno entiende perfectamente los motivos que le llevaron a redactar semejantes principios; y a pesar de mi anterior crítica, supongo que cualquiera en su misma situación hubiera llegado a conclusiones parecidas. Carecer de comida, de ropa; tener que empeñar tu abrigo en pleno invierno para comprar papel y así sacar adelante tu obra... no poder mantener a tu familia; todos estos motivos en conjugación con su cultivo personal, fueron el tensor objetivo que llevaron a Marx a conformar sus teorías; y a la vez, son el legado de cientos de años de luchas necesarias, y de pensamientos que no en vano, nos enseñaron que verdaderamente, del caos, puede nacer el cosmos. Así pues, entendiendo la época en la que nació, las circunstancias del nueva Estado y añadiendo las circunstancias personales de nuestro autor, se puede ver claramente los motivos que le impulsaron a alcanzar esa ideología, en verdad necesaria en su época; pues para el cambio de una sociedad es necesario un pensamiento radical que la combata; este fue su precursor.

    BIBLIOGRAFÍA

    • Marx Karl, Engels Friederich. (2000) Manifiesto comunista. Libros en Red, Colección

    Filosofía y Teoría Social.

    • INTERNET

    • Enciclopedia GEL

    • Enciclopedia Encarta

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