Malestar en la cultura; Sigmund Freud

Psicología. Evolución cultural. Felicidad. Sentimiento oceánico. Conciencia. Sufrimientos. Placeres. Religión. Superyo, ello y yo

  • Enviado por: Rastanopasta
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Empecemos pues, tratando de recordar lo dicho el día anterior, aunque solo sea en su enlace con lo que Sigmund Freud tratará de indagar en el capitulo que ahora nos concierne.

Al final de la parte tercera, del Malestar de cultura, Freud según entiendo yo, reconoce una serie de principios que le son mas bien originarios al ser humano como ser individual, antes de que tan siquiera podamos hablar de familia, sociedad o cultura. Entre ellos se delimita la libertad, dejando claro la supremacía del sentido de esta libertad en el individuo antes de toda cultura.

No solo entiendo yo, que la libertad es originaria al ser humano sino que se nos es arrebatada, como es lógico, al integrar al sujeto en una comunidad, donde las libertades deben solapar bien sus fronteras con el resto de las libertades de los demás sujetos, si se quiere un bienestar en dicha sociedad.

La cultura no nos llevaría a otra cosa que no sea la pugna por estas libertades, donde el individuo lucha por que no se cometan ciertas injusticias, donde tal tarea hace a la vez progresar a la cultura.

Se puede decir así que Freud, analiza esto, diciendo que el hombre trata de defender la libertad individual contra la voluntad de la masa. Correcto será por lo tanto, intentar reconciliar a ambas partes, donde un equilibrio haga que individuo y cultura sean respetados y coexistan, llegando a conseguir la anhelada felicidad, pero para todos.

Por lo tanto este problema, nos hace pensar, que ya que todo individuo crítica y demanda ciertos puntos sobre la cultura o incluso los hay que la rechazan por completo, posiblemente quepa pensar que ambas partes son inconciliables.

No solo coartada está nuestra libertad en la cultura, sino que también Freud, denuncia un cambio que se nos presenta. Al dejar de ser individuales, y pertenecer a una cultura, ésta es la culpable de la renuncia a las satisfacciones instintuales del ser humano.

Vimos que para Freud hay principalmente tres mecanismos impuestos por la cultura al ser humano para renunciar a dichas satisfacciones instintuales:

  • uno de ser consumidos,

  • otro de sublimación

  • y por ultimo y mas importante para Freud, la insatisfacción de instintos poderosos.

Denominado todo ello, como frustración cultural.

Por lo que nos adentramos en el capitulo que ahora nos concierne, con la ilusión de estudiar la evolución de la cultura, para poder decir cuanto de bueno tiene el desarrollo cultural. Y si este es equiparable al que hubiera sido a la maduración normal del individuo.

En el capitulo cuarto, Freud teorizará en su intento de explicar, de la mas pura forma antropológica, los designios del origen de la cultura, así como de su evolución y posterior cúmulo de consecuencias.

Aquí Freud, (Pág. 81 para la alianza editorial, otras ediciones no me lo sé) pone de manifiesto de manera humilde (como casi siempre deja caer pequeñas marcas sobre cada punto a tratar), la gran dificultad y su brevedad en su disertación.

Se nos presenta la idea de un hombre primitivo, y de sus primeros contratiempos en la vida terrenal. Primeramente el hecho de que en él reside su propia responsabilidad, ya que su destino esta en juego, y no es otro que el mismo el encargado de hacerle frente mediante el trabajo. Por otro lado se comenta la costumbre del hombre prehistórico, a asociarse en grupos, forjando el primer concepto de sociedad, la familia. Está sería la primera comunidad de trabajo en común.

Si nos preguntamos como es posible esta asociación de individuos, que entendemos como familia, por estar constituida por relaciones de sangre directa, no encontraremos otra fundamentación lógica mejor, que la que nos lleva a pensar en la motivación de satisfacción genital. El macho, impulsado de esta forma, le lleva a mantener cerca de sí a los “objetos sexuales” (la hembra). Por lo que respecta a las funciones intuidas por gran parte de los antropólogos, que recaían en la mujer, fueron la atención a su prole, con la consecuente seguridad que la cercanía de la hembra al macho, envolvía a su descendencia. De manera que la hembra iba por tanto a regirse en su elección del macho mas fuerte y apto que le diese dicho cobijo y seguridad.

Establecidas ya las relaciones mas primarias que desencadenan la creación de la familia, veremos que el elemento al que Freud hace referencia como padre y jefe (tótem) cuya voluntad es incuestionable, esta directamente relacionado con la condición de que el hombre debía poseer la fuerza, que tan bien hacia a la familia protegiéndola y tanto anhelaba la hembra encontrar.

De esta consecución de necesidades y relaciones sociales tan peculiares, primitivas y en mi opinión, totalmente animales, se pasaría a una fase un tanto mas humana como son las alianzas fraternas.

De forma aun muy primitiva, aunque no lo diga Freud, debemos entender la necesidad del macho por ser el mas fuerte, para convivir de mejor manera en la sociedad, pues cuanto mayor fuerza mayor capacidad de hacerse respetar y de que el resto acaten tus ordenes. Por lo que entenderemos mejor que el hijo del macho luchase por romper esa monarquía paternal, en cuanto sus capacidades físicas fuesen aptas. Conflicto al mas puro estilo animal es el que nos presenta nuestros comportamientos originarios.

En el libro de Tótem y Tabú, (que mas tarde MIGUEL disertará). Se explica con detenimiento todo este camino entre la fase primitiva y la fase siguiente de las alianzas fraternales.

Brevemente comentaré sobre esto, que efectivamente quedaría parcialmente anulada la figura del hombre fuerte en individual, o quizás mejor, paliada ya que la asociación de los hijos les haría vencer al padre. La fase totémica de la cultura que llama Freud, no es otra cosa que el contrato fraternal al que se ven obligados a fundar para establecer este nuevo sistema de individuos.

Es el momento de citar dos de los conceptos que Freud utilizará para referirse a las bases de la cultura humana: Eros y Ananké.

En Freud de refleja una recepción de la idea de cultura como fruto de la laboriosidad y de la necesidad. Laboriosidad entendida como el anteriormente citado reconocimiento primitivo del hombre por que es en sus manos en las que reside su destino mas inmediato, como cazar y comer, todo ello, para poder subsistir en una naturaleza difícil, del mundo terrenal.

Por otra parte para el fundador del psicoanálisis, el motor capital de la evolución cultural del hombre ha sido la necesidad real exterior (ananké), que le privaba de las satisfacciones cómodas de sus necesidades naturales y le abandonaba a ilimitados peligros. Lo que le hizo tener que vérselas con la realidad,

  • donde en parte adaptación y dominio de la misma

  • y por otro lado y esencial para su consecución, la sociedad. Reside en la colaboración entre semejantes (Eros) de este sistema fraternal, que fue crucial para la lucha de la humanidad frente a la realidad.

No tardaría en concebirse como dijimos antes, una serie de renuncias a varios impulsos instintivos (Tanatos) que no podían ser satisfechos socialmente en esta asociación fraternal.

Por lo que estos conceptos de Eros y Ananké, la necesidad y el amor, se puede decir según Freud, son los padres de la cultura humana. Ya que la necesidad de dominar el mundo y la regulación de las relaciones sexuales están en el origen de la cultura.

Partiendo de esta aclaración de términos, nos acercamos a la pregunta estrella. ¿Si cada vez nuestra dominación del medio mejoraba y el número de hombres cada vez era mayor como es posible que esta organización o esta cultura pudiese no sernos grata, haciéndonos no ser felices?

En este capitulo no nos soluciona tal dilema, de forma explicita y directa. Auque si que se nos hace entrever una respuesta entre líneas en lo que queda de exposición.

Es de saber por todo ser humano que las relaciones sexuales son placenteras, y que si pudiésemos prolongar en este caso un orgasmo por el resto de la vida, no cabe duda alguna que lograríamos sin mayor complicación tocar con nuestras propias manos la mas excelsa felicidad conocida. También los narcóticos, para Freud y para muchos hombres constituyen grandes momentos de felicidad incluso superior al sexual se atreven a decir casi seguro los heroinómanos. Puesto que nos desprendería estos hábitos, de otras labores necesarias para la vida como: conseguir comida, cobijo, ropaje y otras necesidades no menos importantes para poder al menos vivir, nos es imposible vivir sólo de estas sensaciones fuertes de placer.

En el caso de que el hombre centrase su existencia en estos placeres sexuales, de los que habla ahora Freud, no haría otra cosa que suponernos según dice, una peligrosa dependencia frente a una parte del mundo exterior (el/la amad@). Peligrosa dependencia, (según veíamos en el primer capitulo), el enamorado realiza una especie de contrato con sus sentimientos llamado amor, por el cual está dispuesto a comportarse como si el objeto amado fuese él mismo. Procurando al objeto amado toda atención, como si fuese su vida en ello. El problema que le otorga el carácter peligroso, según comenta Freud, es lo que concierne a los sentimientos del objeto amado, puesto que si no son correspondidos, seguro que todos sabemos que se experimenta el más hiriente de los sentimientos. Fuente de displacer ilimitado.

Este riesgo, nombrado como peligrosa dependencia, no a pasado desapercibido e innumerables sabios se han pronunciado sobre esta peculiar forma de vida consistente en amar. La mayoría de ellos trataron de disuadir a los hombres de esta elección. Es el caso del pesimista Schopenhauer quien retrata una concatenación de a lo que lleva el amor. Aun así no desapercibidas quedan sus palabras, que recojo brevemente:

Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre... La vida del hombre no es más que una lucha por la existencia, con la certidumbre de resultar vencido (…) Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas

El amor, cuyo origen hallamos en un conocimiento que va más allá del principio de individuación, conduce a la redención, al abandono completo de la voluntad de vivir, o sea, de toda volición en general.

No es menos interesante su concepción de la libido:

El genio de la especie empuja, pues, al macho hacia su hembra, mediante el imperativo categórico del deseo, para asegurarse su propia y egoísta perpetuidad.

(Aquí vemos claramente la discrepancia con Freud, desvinculada totalmente de ese egoísmo)

Por lo tanto, la pasión erótica no es más que una siniestra tentación a la que el sabio habrá de hacer frente con las armas de la castidad y el ascetismo. Así, la negación del querer-vivir puede consistir en esta particular renuncia al amor que tiene como meta el separarse la voluntad del individuo de la de la especie, para acabar con la existencia de esta última y alcanzar ella (la del individuo) la liberación

Como vemos estas palabras extraídas de este filósofo polaco, constituye la fracción de sabios a los que Freud hace referencia tras mostrarse contrarios al estilo de vida cuyo eje es el amor.

Dejando a un lado este gran sabio, retomemos diciendo que la solución de una pequeña minoría, logra hallar la felicidad por medio del amor. Lo que en jerga coloquial se conoce como “cambiar el chip”, fue lo que les sucedió a estos individuos quienes sometieron a grandes cambios psíquicos en la función erótica.

Su cometido es liberalizar el amor, en lugar de focalizarlo en un objeto que daría lugar a la nombrada situación de peligro. Como hacerlo, radica en transformar el instinto en un impulso coartado en su fin, lo que hace que estos individuos que eligieron el amor como motivación de vida, no tengan sexo, y amen a todos por igual en una disgregación de lo que fue el amor en el principio con su carácter genital y monógamo.

San francisco de Asís fue un gran indagador en el tema como convicción personal, donde una cierta concepción ética, pretende poner en práctica una disposición de amor universal por la humanidad y por el mundo. Siempre por supuesto, tratándose de un santo, con la libido, bien coartada y liberada de lo que es su concepción del amor.

Rápidamente Freud no deja un segundo más, para adelantar sus dos principales objeciones al respecto:

El primer argumento es que un amor que no discrimina, pierde valor, y es injusto frente al objeto, ya que según éste, no todos los seres humanos merecen ser amados. Lo que desde mi punto de vista es bastante discutible (y que no elaborare un nuevo discurso que nos haga terminar la clase mañana).

Sea como sea aquel impulso amoroso que formo la familia es aun influyente en la cultura, ya sea en su forma primitiva (con la satisfacción sexual directa) como su transformación (en un cariño coartado en su fin).

Sea como sea la función de ambas concepciones del amor, demandan una unión creciente de seres, que supere la superfluosidad de la comunidad de trabajo a la que al principio del capítulo hace referencia.

El lenguaje emplea el término “amor” tanto:

  • Como familia fundada por necesidades genitales.(funda nuevas familias)

  • Que como sentimiento positivo entre padres e hijos, hermanos y hermanas(de fin inhibido, cariño, funda amistades)

Otras ideas tratan de unificar ambas concepciones anteriormente citadas.

Sobre esto opina Lévi-Strauss, ya que sostiene que "la prohibición del incesto", marca el nacimiento de la cultura: "En verdad nos equivocaríamos si concibiéramos lo que puede ser una organización social elemental sin darle como base la prohibición del incesto (...). Sólo así se puede situar el pasaje de la naturaleza a la cultura."

Dicha prohibición tiene para Lévi-Strauss dos consecuencias:

a) Los deseos sexuales reprimidos hallan su vía de expresión al ser sublimados a través de la actividad cultural humana.

b) La aparición de mujeres prohibidas dentro de los clanes, obliga a sus miembros a establecer contactos fuera de su grupo de origen (exogamia).

Establecida entonces, dicha prohibición como determinante de la cultura, cabe preguntarnos acerca de su historia. Al respecto, el señor Lévi-Strauss nos sugiere no emprender tan infructuosa tarea, ya que considera que los orígenes de las costumbres y reglas sociales están perdidos y que debemos tomar a estas últimas como lo que son mitos.

Tras esta intervención del antropólogo Lévi, dejamos paso a la relación entre el amor y la cultura. Donde Freud, nos dice literalmente: que el amor se opone a los intereses de la cultura, que a su vez lo amenaza con sensibles restricciones.