Ludwig van Beethoven

Música clásica. Clasicismo. Romanticismo. Sinfonismo. Vida del compositor

  • Enviado por: Poropó
  • Idioma: castellano
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La vida de Ludwig van Beethoven no fue, realmente larga. El gran músico vivió cincuenta y seis años y tres meses; menos tiempo que Bach, Handel, Haydn, Gluck, Liszt, Wagner y Brahms, que conocieron las nieves de la vejez; mas tiempo que quienes se agostaron en la flor de la juventud: Mozart, Schubert, Weber, Chopin, Schumann y Mendelssohn .

Nacio Beethoven junto al Rhin; murio junto al Danubio. Vino a la tierra en Bonn, ciudad de la Alemania occidental, el 16 de diciembre de 1770, y se fue del mundo en Viena, la capital del imperio austríaco, que era también por aquellos días la capital de la música Europea, el 26 de marzo de 1827.

En Bonn paso el artista su niñez y su mocedad; en Viena, la mayor parte de su existencia: alrededor treinta y cinco años. Viena, pues -se ha dicho-, (fue el teatro de su gloria y de su martirio). Pocas veces salió de ella aquel hombre a quien, en verdad, no le faltaron motivos para haberla abandonado sin pena, como luego veremos. Proyecto' viajes (uno-dicen-a España) que no se realizaron. En Baden y en Hungría estuvo temporadas breves, para atender a su muy quebrantada salud. Y, para obtener recursos con que hacer frente a la vida de músico- emprendió una excursión artística, el año 1796, dando conciertos de piano en varias de las principales ciudades alemanas. Ya próximo a la vejez, enfermo y abatido por las armaduras de su sordera, soñó con irse a la dulce Nápoles, buscando en la suavidad del soleado clima, si no remedio, alivio a sus muchos males y tristezas. También por entonces, viéndose pobre y no a gusto en el frívolo ambiente vienés, soñó con trasladarse a la liberal y acogedora Inglaterra, donde se apreciaba ya- y se pagaba bien- la buena música. Pero, ni las soñadas nieblas de Londres, ni el sol ni el mar de la deseada Italia acariciaron jamás su testa poderosa.

Aprendió Beethoven el arte de la música, por dura imposición de su padre, siendo muy niño. Fue en sus primeros tiempos profesor, violinista, concertista de piano. Concertista excelente y profesor distinguido. Pero lo que ha dado la inmortalidad a su nombre, lo que ha llevado a la gloria ha sido su genio de compositor. Genial revolucionario de su arte, este (librepensador de la música), como alguien quiere llamarle, sabe adelantarse a su época; abre en la historia del pentagrama una era;de el parte , en realidad, la música romántica, que equivale a decir: la música moderna. Tiene en el perímetro de su arte una significación pareja a la de nuestro Goya, su contemporáneo, en la pintura. Ambos son los postreros epígonos del clasicismo y los heraldos y anunciadores de todo en cuanto pintura y música, apasionado y vibrante, enardece las vértebras del siglo XIX.

(Antes y después de Beethoven), se dice hoy, cuando nos referimos a los dos grandes ciclos de la música. Antes de el, la puramente clásica; la que comprende a los primitivos y a los cinco eminentes nombres del siglo XVIII: Bach, Handel , Haydn , Mozart y Gluck. Después de el ,la música, que el inicia, animaba por los hervores espirituales del romanticismo , con esas cumbres del ochocientos que se llaman Schubert y Schumann, Chopin y Liszt, Weber y Mendelssohn. Antes de Beethoven, la música que podemos llamar (plana), de composición sencilla, melodía fácil y ritmo muy acompasado. Después del sordo de Bonn, la música , mas rica, mas expresiva y briosa, mas apasionada y honda, de los que siguen el ancho camino abierto por el. Quienes continúan tan opulenta trayectoria son legión. Rarisimo es el músico posterior a Beethoven, que no siente la influencia beethoveniana. El mayor de todos , y el mas original, Ricardo Wagner, lo estudia y se asimila sustancias de su arte.

La critica suele colocar a Beethoven en el segundo lugar cronológicos de las tres cimas que ocupan los tres maestros cardinales de la música. Y así, se dice (Bach, Beethoven y Wagner), cuando se trata de nombrar la trilogía en la que números comentaristas encierran todo el proceso, hasta hoy, del arte del sonido. No esta toda la música, naturalmente, en esos tres grandes nombres. Fuera de ellos, otros grandes nombres hay, con acentos de originalidad vigorosos e inconfundibles. Pero ellos, junto a la clásica elegancia de Mozart y el penetrante romanticismo de Schubert, Chopin y Schumann-el otro excelso trío-, sostienen lo mejor que hasta ahora les ha dado la música a los hombres. Y, para muchos, el mas alto de los siete es Beethovenn.

La casa natal:

El rigor implacable de la reciente guerra, que ha conturbado y endurecido el alma humana y ha dejado en el suelo de Europa tan crueles y horrendas señales de su paso, lo ha sufrido también el pueblo natal de Beethoven.

Hoy, por desgracia, no es Bonn sino una sombra dolorosa de aquella linda ciudad que, por los días del nacimiento de su preclaro hijo, tenia ya una historia interesante y era centro vivo de cultura y apacible rincón del arte . Podemos, pues, enconciencia, emplear el pretérito, al referirnos a ella. Pertenecía Bonn, en lo geográfico, a la zona del Rhin y, en lo político, al Electorado de Sajonia. Muy próxima a Colonia, la urbe magnifica que posee la mejor catedral gótica de Alemania, de su arzobispado dependía. El arzobispo y príncipe elector Maximiliano Federico la gobernaba, por aquellos finales del siglo XVIII. En un viejo castillo- el castillo llamado de los Electores- funcionaba su Universidad; famosa Universidad, gracias a la cual un renovado enjambre de estudiantes, con su algazara juvenil, imprimía rumor y daba prestigio al sosiego grato de las calles de Bonn.

Las casas no eran grandes. Sus pobladores no pasaban del décimo millar. Lo más bello del lugar estaba en sus jardines y huertos, extensos, bien cuidados. Las aguas del Rhin-(nuestro padre el Rhin), decia Beethoven - ponían su ancha cinta plateada al borde mismo de las casas, en la vecindad de los altos y fragantes tilos. Al fondo, lejano, el panorama de las Siete Montañas brindaba a los ojos, en las mañanas limpias de neblina, bajo el cielo claro, su inmaculado azul de perla. Por las calles de Bonn cruzo el perfil inquieto de Federico Nietzsche, el filosofo atormentado que había de morir loco; y otro insigne nombre alemán del siglo XIX, Roberto Schuman , bajo a la tierra , también loco, en el camposanto de la ciudad renana.

El barrio antiguo tenia en su centro una plaza: la plaza del mercado. Cerca de ella estaba la vivienda de los padres de Beethoven: en los altos del numero 20 de la Bonngasse, palabra que en nuestro idioma significa el callejón de Bonn. La casa, que la guerra ha malherido, era pequeña, de dos pisos, modestisima. En el segundo piso de aquella pobre mansión - una buhardilla de techo muy bajo, aire húmedo y no mas luz que recibía por un ventanuelo - nació el músico.

Convertida la casa, con los años, en museo de Beethoven, decorada sobriamente y enriquecida con valiosisimos recuerdos del hombre cuya vida evocaba, miles y miles de visitantes, en nunca interrumpió cortejo de fervorosa admiración, desfilaban por ella. Reunianse en el museo, instalado en la planta baja, numerosos objetos que nos hablaban de Beethoven; desde su cascado piano de cola y la espineta que tocaba en las horas tristes de su forzado aprendizaje infantil, hasta los retratos y manuscritos de sus últimos días; muebles y ropas de su uso; los instrumentos que le regalo el príncipe Lichnowski; su trompetilla acústica, su pipa; cuadros, libros, cartas...Fieles para recordarle y amarle, los rubios compatriotas de aquel hombre moreno habían recogido aquí y allá, y en su museo lo guardaban, cuanto nos podían traer a la memoria la existencia y la obra de uno de los varones con que se honra la humanidad. La humanidad, hemos escrito. Beethoven, de linaje flamenco, de nacimiento alemán, de formación vienesa, fue, sin dejar de ser por ello profundamente germanico, un artistade aliento universal, de obra universal. Creada en el lenguaje de todos los hombres, que es la música, su obra fue dada al mundo para que todos los seres humanos - todos, sin excepción - la comprendieran y gustaran. Beethoven es mucho más que un gran hombre de su tierra y de su siglo. Es un gran hombre que pertenece al mundo entero y a los tiempos todos. Universal e inmortal, da luz a los hombres y a los siglos.

La familia:

La familia de Beethoven procedía de Flandes. Bravanzon era el abuelo paterno, como el padre y el abuelo de este lo eran. La significación del apellido, llevada a nuestra, es la siguiente: del jardín de las remolachas.

No tenían la familia origen noble, a pesar del van que precede al apellido. El van holandés, como declaro Beethoven en cierta ocasión, no es privativo de la nobleza.

Ludwig van Beethoven, cantante de oficio y hombre de buenas prendas, nació en Amberes (según la generalidad de los autores); en malinas (según otros), el año 1712. Era hijo de un sastre. A los 10 y 8 años de edad trasladase a Lieja, y dos o tres después instalase en Bonn. En Lieja enseño el canto, y en Bonn entro como músico al sueldo de trescientos escudos anuales, y de la cual, en 1761, fue, por lo visto, no daba suficientes ingresos para sostener un hogar con decoro , acudió al negociejo de una taberna, y en 1738, antes o después, que esto no hemos podido averiguarlo, de hacerse expendedor de vinos, se caso con Maria Josefa Poll, muchacha modesta, en la que tuvo mas de un hijo, y la cual, para vergüenza propia y desdicha de su esposo, no tardo en combertirse en la primera consumidora de los caldos que allí se vendían.

Un hijo de este matrimonio, Juan, vino al mundo en marzo de 1740. Como el padre, fue cantante, si bien de calidad más baja, y, como la madre, llego a tener, pero de modo mas acentuado aun, el denigrante y degradante vicio de la bebida. No heredo de su progenitor, que era excelente persona, sino la afición al canto y el volumen de la voz. Voz que el vino se encargo de quebrar pronto, y afición que, llevaba al terreno de lo profesional, solo permitió a su dueño, casado y con varios hijos, vivir en las angosturas de una pobreza, al parecer, irremediable.

El abuelo de Beethoven nuca pudo ver a su disipado hijo en el camino de la regeneración. A los disgustos que ya le había dado su incontinente esposa, y que la obligaron a recluirla en una casa de salud de Colonia, sumaronse los que le daba Juan, lamentable continuador de las maternas debilidades.

Entristecido por tantos sinsabores, falleció el viejo músico un día de 1773, cuando su nieto no contaba todavía tres años; cuando nadie podía adivinar aun el futuro radiante de aquel pobre niño nacido de la unión de un borracho con una mujer tísica. A los oídos del niño llegaron, sin duda, las voces que hablaban cariñosamente de las excelencias del muerto, y así, con razón, pudo decir Beethoven, andando el tiempo: Mi abuelo fue un hombre de honor. Y también, con orgullo, la frase dulcemente melancólica: Mi abuelo querido quien tanto me parezco...

Sin la complacencia de su padre, que juzgo disparatada aquella boda, Juan, guapo mozo, se caso el 12 de noviembre de 1767 con María Magdalena Keverich, hija de un cocinero y viuda de un ayuda de cámara. La mujer era buena e inteligente - supo probarlo- y no carecía de encantos físicos; pero, según se vio, no aportaba al matrimonio ni salud ni dinero. La pareja tuvo descendencia más larga que lucida. Se dice que, de siete hijos, cuatros, marcados con la triste tara de los padres - el alcoholismo y la tuberculosis -, murieron a poco de nacer. Tres salvaron, con mayor o menor dificultad, la pendiente de la infancia, y llegaron a ser hombres. El mayor, maestro músico, ya veremos como sufrió en la sangre la ley de la Herencia. De los otros dos, Carlos y Juan, al primero, nacido en septiembre de 1774, lo mato la tisis el 15 de noviembre de 1815. Juan, que nació en 1776, sobrevivió a Luis en cuatro años.

Consumida por la pobre vida que llevaba junto al bárbaro marido, sufriendo groserías y desplantes del beodo, sin mas consuelos que los que podía darle su hijo, el músico, corazón noble y delicado que la adoraba, compartiendo su dolor y sus lagrimas, murió la medre un día de julio de 1787. Acababa de regresar el hijo del corto viaje de estudio que hiciera a Viena. En la casa, desordenada por los embates de la miseria, puso la muerte una sombría y áspera soledad. Quedaron solos, sin las dulces y pálidas manos de mujer que los unían, el viudo y los tres huérfanos. Cuatro desgraciados, privados ya de todos, porque les faltaba, desde aquel día, el único bien que habían tenido: el calor y el amor abnegado de la enferma. Sintieron los cuatro entonces la frialdad del vacío que los rodeaba. Seguían juntos; pero cada uno de ellos, allá en el fondo de su alma, se vio ya separado de los otros.

Cinco años después torna a pasar la muerte por la casa de Bonn. Se lleva al padre, corriendo diciembre de 1792. El músico, que, de vuelta de Viena, pudo cerrar los ojos de su madre, no se encuentra ahora en la ciudad natal. Otra vez en Viena y esta vez fijada allí su residencia, estudia con ahínco y fe el oficio de sus antepasados, el que su padre le obligo a aprender. Juan Beethoven muere, pues lejos del hijo que va a hacer famoso y glorioso, que va a llenar de luz eterna, su oscuro apellido flamenco.

La infancia:

Tristisima infancia la de Beethoven .

Enterado de que había existido un niño prodigio que dando conciertos por Europa, proporcionara no poco dinero a sus progenitores - en este caso, sus explotadores -,un niño que , hombre ya, luchaba duramente con la vida, encerrado su genio de músico en la fragilidad de un cuerpo enfermo queda nombrado Mozart-, el alcoholizado y codicioso padre de Beethoven, soñando con áureas monedas que pudieran costearle mas y mas jarras del sabroso mosto, quiso también explotar a su hijo , y , adivinando en el a un genio musical- en esto no se equivoco - le puso a estudiar el arte del sonido cuando el pobre niño no tenia aun los menores rudimentos escolares. La instrucción que recibió luego el niño en el colegio de la Nengasse fue escasisima. Aprendió a leer y a escribir, y en eso quedo todo. Lo que le interesaba al padre no eran las letras, sino las notas; no el vehículo de la cultura, sino el medio - medio (sonoro)- de extraerle al publico su dinero. Había que hacer que las pequeñas manos tan pequeñas, tan débiles, tan desamparadas mantuvieran, ellas solas a la familia, arrancando de un clave voces armoniosas.

Es monstruoso lo que tantas veces se ha contado; pero tan cierto como monstruoso. El niño, antes de cumplir sus cinco años, pasaba horas y horas enteras, días y días de agobiador transcurso, sentado ante la espineta o cogido al violín, estudiando a la fuerza y tragándose las lagrimas. Se le obligaba a trabajar en inacables jornadas, lejos del sol y del aire, de la alegría y del juego, sin que una mano piadosa acariciara amorosamente la pobre frente fatigada. El niño lloraba, se caía de sueño, se sentía enfermo, se doblaba de cansancio... Todo, inútil. El padre, con el castigo de llanto empezaron ya a concentrarse demasiado pronto...en las sombrías amarguras de su mundo interior.

El niño fue presentado al publico a los ocho años. No los había cumplido aun cuando se le llevo a la sala de conciertos de la Academia Musical de Colonia. Día: el 26 de marzo de 1778. Un niño precoz)- decían los programas . Una criatura de seis años) - tenia ocho: le quitaban dos, para hacer todavía mas raro el prodigio- se adelantaba, infantilmente emocionado, al auditorio y con ingenua gracia interpretaba sonatas de Haydn, Mozart y Clementi.

A los doce años en 1782 tocaba el niño como violinista en la orquesta de Su Excelencia el Pricipe Elector, y poco después pasaba a ocupar el cargo de organista adjunto. Se publicaron por entonces tres sonatas suyas: sus primeras obras.

Tenia, así que ganarse la vida; tenia que ayudar con su sueldo de ciento cincuenta florines a los gastos de la casa. De este modo se le fue a Beethoven la infancia: ganando su pan y el de sus hermanitos; trabajando duramente para que a su padre no le faltara el vino. Niñez triste, con fondo de hogar sórdido; un hogar ensombrecido por la desgracia y carcomido por la miseria.

Los maestros:

Fue su primer maestro el trashumante oboísta Tobias Pfeiffer, musiquillo de mala muerte. Aprovechando una corta estancia en Bonn, dio al niño unas lecciones de clave el año 1779.

Llegaron después otras breves lecciones: las del organista flamenco Van der Eden, y en seguida, por el año 1780, un nuevo organista, Cristian Gottlied Neefe, se encargo de la orientación y la educación artística de aquel que, tiempo adelante, seria un revolucionario de la música. Hombre bien preparado para la enseñanza, bondadoso, paciente instruido, Neefe procedía de la escuela de un discípulo de Rameau: Marpurg, el gran tratadista.

Beethoven, que asta entonces no había hecho sino estudiar empíricamente la técnica del cave, el violín y el órgano, comenzó a vislumbrar, junto a Neefe, los claros y dilatados horizontes de su arte. Gracias al maestro descifro las difíciles fugas del Clavecin bien templado, la obra de Bach necesaria para los ejercicios de todo aprendiz. Con el estudio el contrapunto. El le inicio ya en los secretos de la composición.

Como Neefe dirigía por entonces el teatro de Bonn, donde se cantaban las operas de aquel tiempo, Beethoven le ayudaba, ensayando con los cantantes. En 1784 se le dio el cargo de suplente de Neefe. En aquel teatro oyó el imberbe estudiante el Orfeo y el Alceste, de Gluck, Las Dana ides, de Saliera, las operas cómicas de Gretry, algo de Monsigny, de Paesiello... Música alemana, alternando con la italiana y la francesa.

Por los mismos días agregaba Beethoven a los estudios que hacia bajo la direccion de Neefe, la lectura de poetas y filósofos. Se puso así en contacto con el genio polifacético de Shakespeare (su ídolo) con la inspiracion apasionada de Schiller y de Klopstock, con el vigor mental de Juan Rousseau. Años mas tarde, ensancho su educación literaria, leyendo a Homero, a Platon, a Plutarco, a Ossian, a Goethe...

No tardo Neefe en que aquel niño, de tan ricas dotes naturales para la música, llamado en ella a un altísimo destino- no erraba en sus vaticinios el agudo profesor- malograría su temprana fuerza creadora , si no se le ponía en el ambiente donde pudiera con entera amplitud desarrollarla. Bonn era sitio mezquino, estrecho, para alas que tan magnifico vuelo prometían.

El 30 de marzo de 1783 un periódico, recogiendo la noble iniciativa de Neefe en favor de su discípulo, llevaba a la letra de molde el nombre de quien no tenia a la sazón sino doce años y unos meses, y solicitaba para el ayuda generosa. La llamada del Magasin der Musik era esta:

Luis van Beethoven, muchacho de talento pivilegiado, toca el piano con maestria, descifra muy bien y ejecuta con destreza el Wobltemperierte Klavier de Juan Sebastian Bach. Su profesor, Cristian Neefe, le ha instruido en el bajo continuo y actualmente le da lecciones de composicion. Por encargo de dicho señor, se han gravado en Mannhein nueve variaciones para el pianoforte, escritas por el pequeño artista, sobre una marcha de Ernesto C. Dressler. Este genio infantil necesita una ayuda que le permita viajar , ya que , si continua como ha empezado, llagara a ser un segundo Mozart

Siempre recordo Beethoven con cariño a su maestro: tal vez el unico que merezca rigurosamente ese titulo de maestro de Beethoven: jamas dejo de agradecerle cuanto hizo por el . De su puño y letra son estas palabras que, enviadas un dia desde Viena, Neefe leyo, seguramente, conmovido y orgulloso: Una vez mas os doy las gracias , por los consejos que me disteis para sobresalir en mi arte. Si algun dia triunfo, la mayor parte de mi triunfo sera vuestro, porque os debo todo lo que soy...

Primeros amigos:

En los días de su infancia conoció Beethoven a quien, cuatro años mayor que el, seria mas tarde un segundo doctor alemán: Franz Gerhard Wegeler. Wegeler, joven dueño de un buen humor que le acompaño siempre en la vida, bien relacionado entre lo mejor de la sociedad de Bonn, condujo al esforzado y desconocido musico a una casa de rumbo, a una mansión señorial: la de la viuda del consejero áulico Von Breuning. Esta dama recibía afablemente a toda persona culta y con aficiones artísticas, aunque su posición social no alcanzara, propiamente hablando, el calificativo de brillante. Créese que el adusto, cabizbajo, poco educado hijo de la triste Magdalena Keverinch, en las reuniones de la señora de Breuning, de las que se hizo concurrente asiduo, limo un tanto sus artistas ásperas y adquirió ciertos hábitos de sociabilidad y diplomacia .En casa de la amable señora, en donde a la música se le rendía culto fiel, Beethoven un mozo prematuramente amargado, con razón , por las sombras de su suerte tuvo, gracias a su arte, y no mas que a su arte, lo que pudiéramos llamar sus primeros éxitos; desde luego, sus primeros aplausos, no de cortesía, sino francos y efusivos , los recibió en aquellas veladas. Allí conoció a Leonora, la dulce hija de la señora de la casa, y le dio algunas lecciones de música. Probablemente fue Leonora luego, esposa de Wegeler quien despertó en el las emociones iniciales de amor. Otra de las personas fue Fernado Waldstein. El conde presto su apoyo en la hora oportuna.

Regalo un piano a Beethoven. Estuvo atento a lo que pudiera hacerle falta...